jueves, 30 de octubre de 2008

"La Sombra del Vampiro" (Drácula)


Se viene la Noche de Brujas... ¿Que mejor manera de festejar el Halloween que con un cuentito de Terror? ¿Y que tal del mismisimo Conde Dracula, el Rey de los Vampiros? El siguiente cuento corto se me ocurrió despues de leer la excelente novela homonima de Bram Stoker "Dracula". Espero les guste, gente...


LA SOMBRA DEL VAMPIRO


(Escrito por Federico H. Bravo)


El cielo sobre mi cabeza llovía a cantaros. Parecía que las nubes se estuvieran a punto de abrir directamente sobre mí. Unos relámpagos, alargados y gruesos, desfilaban de vez en cuando en aquel oscuro cielo nubloso y mientras todo eso sucedía, yo, pobre peregrino de un largo camino por recorrer, sentía que había perdido mi senda.

En verdad, la noche y la tormenta me habían sorprendido en mitad de mi recorrido por aquellos tupidos bosques rumanos, unos bosques de árboles grandes y enredados unos con otros, de ramas gruesas y firmes. Mientras mi caballo galopaba a toda velocidad por aquel tortuoso recorrido de mil demonios, mi corazón se sobrecogía de espanto de solo pensar que no había una mísera posada en tan solo kilómetros a la redonda.

Había perdido toda esperanza de hallar algún lugar en donde reposar mis jóvenes huesos, cuando de repente, la luz de un relámpago me iluminó algo a solo metros mas delante de donde me encontraba.

Como revelándoseme súbitamente, un inmenso castillo de grandes torreones góticos se erguía desafiante, ante la tormenta.

Como no era de desaprovechar las oportunidades que Dios me solía dar (bendita sea esta) alcé las riendas de mi fiel corcel y me dirigí directamente a ese sitio. Unas luces que salían de varias ventanas en sus escarpadas paredes, me indicaban que el castillo estaba habitado por alguien efectivamente. Solo deseaba que ese alguien fuera un alma bondadosa y caritativa que, al menos, se compadeciera de este pobre sacerdote que yo era, un joven sacerdote encargado por el Vaticano para visitar al obispo de Rumania.

Me detuve entonces delante de una gran puerta de roble, enmarcada con una arcada de roca sólida. Todo el castillo (o lo poco que la luz de los relámpagos me dejaba ver de tanto en tanto) tenía un aspecto entre lúgubre y atemorizador. Algo en mi interior me dijo que no era buena idea estar ahí, pero el hecho era que, mojado como yo estaba y tiritando de frío, sin duda alguna eran indicativo mas que suficiente que no podía menospreciar la mano que el Señor me legaba ahora, en aquellos momentos.

Así pues, me apee del caballo y sosteniendo las riendas, levanté la aldaba y la hice estrellar contra la puerta dos veces.

El sonido de la llamada provocó ecos en el interior del castillo. Permanecí de pie allí, esperando, aguantando la lluvia que caía sobre mí y mojaba mis hábitos de sacerdote… aguardando que alguien se dignara de salir a prestarme auxilio.
Esto no tardo mucho en suceder, pues mis prontos oídos escucharon sobre el clamor de la lluvia y los relinchos de mi caballo, un inconfundible sonido de pasos que provenía del interior del salón recibidor de tan lúgubre fortaleza. Casi por instinto, mi mano se giró hacia el interior de mis ropas y palparon mi gran crucifijo de plata, el cual descansaba colgado alrededor de mi cuello y era un regalo que el viejo obispo de Verona, Italia, me había hecho cuando lo visité hace unos años atrás.

La puerta se abrió entonces, con un chirrido que presagiaba un gran misterio y muchos temores. Mi caballo, nervioso por alguna extraña razón hasta el momento, pegó un relincho mas fuerte que de costumbre y se soltó de mis manos, huyendo encabritado hacia el bosque cercano, evidentemente aterrado por algo.

-Déjelo – me dijo una voz extraña, con un marcado acento eslavo o rumano, justamente desde la puerta abierta del castillo – Con este clima, no va a salir a mojarse mas, mi buen amigo. Déjelo…

Me volví, listo para enfrentar al dueño de aquella voz. Se trataba de un curioso hombre, casi un anciano, vestido íntegramente de negro. Tenía el cabello del mismo color y unos pequeños bigotes, muy finos, sobre una gran boca reluciente. Por de mas, el singular aspecto del extraño sujeto era de una palidez extrema, como si sufriera de alguna afección de algún tipo.

El hombre me sonrió, extrañamente afable, y me preguntó si yo solicitaba asilo en su castillo. Debido al terrible chubasco que caía de punta del cielo, asentí y le agradecí el humilde gesto, penetrando cuando me hizo señas, en el interior de un seco salón recibidor.

-Mis pertenencias estaban en el caballo – dije yo, algo apenado – Le pagaría por tan buen servicio, buen hombre, si pudiera recuperarlas…

-Ah, no se haga problema, amigo – replicó el sujeto, cerrando la puerta del castillo con pesadez. Cuando lo hizo, se produjeron ecos que resonaron por un largo rato en cada rincón de aquel sitio. Era en efecto, un castillo muy enorme, con columnas largas y gruesas que se elevaban hasta un techo abovedado de estilo gótico – No se preocupe – siguió insistiéndome, mientras me dirigía una calida sonrisa que no se condecia mucho con un rostro como aquel, tan pálido a las luces de las velas de los candelabros repartidos por entre algunos rincones – Mi casa será la suya todo lo que dure la tormenta, mi amigo… y por lo que veo de sus ropas, es usted un sacerdote, ¿o me equivoco?

-No se equivoca usted, mi buen señor. Sacerdote es lo que soy… Ahora, respecto a si soy uno bueno o no, bien, dice el Señor: “Mis obras hablan por si mismas”.

Mi misterioso anfitrión sonrió, divertido, ante aquello.

-Me tiene que perdonar usted. No conozco tanto las Sagradas Escrituras como mi buen amigo sacerdote – dijo, haciéndome señas de que le siguiera por una gran puerta – Pero lo que este viejo conde sabe y mucho, es de hospitalidad. Venga conmigo, humilde joven, a calentarse ante este hermoso fuego dispuesto en mi chimenea. La noche en estas montañas suele ser muy fría, ¿sabe?

Asentí, siguiéndolo, hasta un amplio salón bien amueblado. Había ahí una chimenea en la pared izquierda de la habitación, con un fuego enorme crepitando. Mientras me acercaba a calentarme allí, le di las gracias al humilde conde que me había permitido pasar al interior de su castillo esa noche.

-Estoy muy agradecido con vuestra hospitalidad, señor conde… A propósito, no sabía que estaba ante un gran noble. Sigo lamentándome que mi caballo se perdiera con todas mis pertenencias.

El conde rió, alegre, y me hizo señas de que me sentara junto al fuego, alargándome con una de sus manos blancas una silla. Mientras lo hacia, me llamó de sobremanera la atención sus uñas, tan largas y tan desentonantes en un hombre de aspecto tan varonil como el suyo.

-No se preocupe, buen amigo, y descanse usted. Recupere fuerzas. Además, doy gracias a la naturaleza, que con su enloquecido clima, me ha traído tan agradable compañía. Hace mucho que estoy solo en este gran castillo, ¿sabe usted? Oh, pero ya hablaremos de mí mas adelante… por favor, siéntese.

Obedecí. El conde, con unos ojos tan claros como el cielo, me miró, estudiándome detenidamente. Me sentí un poco incomodo. Algo en su mirada me llamaba la atención. Sus ojos eran muy grandes y muy singulares. Como dos cristales azulados clavados en un cráneo humano no muy grande pero tampoco, muy chico.

-Quisiera, ante todo, saber el nombre completo de tan ilustre señor, mi benefactor, si no es mucha molestia – pedí, suspirando mas calmado, pero inquieto por algo que no podía definir en mi interior.

-Vea usted. Mi nombre es muy antiguo en realidad y se lo debo como regalo a mis antepasados, puesto que todos se llamaban casi igual – sonrió, mientras que con una mano se acariciaba su fino bigote – Soy el Conde Drácula.

Cuando dijo su nombre, dos grandes relámpagos surcaron el cielo fuera, iluminando la habitación a través de un ventanal cercano.

-Drácula – repetí, lentamente – Un nombre muy peculiar, si me permite usted notarlo, señor.

Como toda respuesta, el Conde Drácula sonrió. Creo que nunca había dejado de hacerlo, en realidad.

-Muy bien. Le estoy muy agradecido por su hospitalidad, Conde Drácula. No se que haría yo sin usted.

-Ah, mi joven amigo, exagera usted… Pero descuide, este viejo noble sabe aceptar un buen cumplido. ¿Así que es sacerdote? ¿Qué hace un sacerdote cristiano tan joven como usted cabalgando en una noche tan horrible como esta en estos lugares?

-Me dirigía a ver al señor obispo de Rumania – me expliqué – Desde la Santa Sede me encomendaron esta tarea de llevarle una nota muy importante. Gracias al Señor, dicha nota, lacrada en una carta, la llevo conmigo entre mis ropas. Me temo, empero, que el agua de la lluvia la haya arruinado.

-No se aflija, mi buen sacerdote… Déjeme ver esa carta. Quizás podamos secarla un poco ante este fuego.

Rebusqué entre mis ropas y saqué un gran sobre lacrado. Estaba húmedo, pero gracias a Dios, no tan mojado como yo creía. El Conde Drácula tomó el sobre son sus dedos largos y finos, y lo observó detenidamente, admirándolo.

-Bueno, ya ve usted – me dijo – No esta tan mojado después de todo.

Asentí. El conde jugueteó con la carta dándola vuelta tras vuelta, mirándola gracias a la luz que el fuego de su chimenea despedía, hasta devolvérmela, con el ceño levemente fruncido.

-¡Pero que tonto soy! Mi buen amigo sacerdote seguramente deberá pasar la noche en mi castillo y no le he ofrecido alojamiento – se llevó una mano a la cabeza, en un cómico gesto de sorpresa – Perdóneme, joven. Ahora mismo le voy a decir a mis sirvientes que le preparen una cómoda habitación en uno de los pisos de arriba… Espero que no le moleste a usted dormir cerca de las estrellas.

-En absoluto, señor Conde. Dormir cerca de las estrellas ofrece el consuelo de dormir cerca de Dios. Lo aceptare gustoso.

El Conde Drácula asintió, curiosamente divertido por algo que yo desconocía. Cuando dije la palabra “Dios”, su rostro tan singularmente pálido hizo una mueca de ironía que capté perfectamente, pero que me fue imposible entender.

¿Pertenecía acaso, mi cordial anfitrión, a otro tipo de creencias religiosas? Tenia ganas de inquirirle respecto a esto, pero me abstuve de hacerlo por buen gusto hacia su hospitalidad.

El conde me repitió que ya mismo se iba a hablar con sus sirvientes y que mi habitación estaría lista mas pronto de lo que yo me imaginaba. Desapareció por una gran puerta colocada a la derecha del salón y me quede solo, por primera vez en aquella infausta noche de tormenta, en aquel castillo extraño.

Un miedo irracional y tenaz se apoderó de mí en ese momento. Mientras permanecía sentado ante el fuego, calentando mis ropas, diversos sonidos provenientes de algunas partes del lugar llenaban mi fértil imaginación de variados fantasmas. Los desterré a todos e hice algo que suelo hacer para calmar esos nervios tan impropios para alguien de mi edad: saqué mi gran crucifijo y me puse a rezar.

Rezar siempre me calmaba el alma y regocijaba el espíritu. Esta vez no ocurrió así. Era extraño, pero fue como si todo el castillo sintiera repulsión a mis rezos. Mis Aves Maria y mis Padrenuestros de alguna forma no fueron respondidos con el clásico eco que harían en tamaña fortaleza y podría jurar que sentí… sentí como si algo helado e invisible pasara por la habitación, rozándome con su ala de frialdad el cuerpo.

-Estas cansado y agotado después del viaje – me dije, guardando mi cruz – Es eso. Calmate. ¡No querrás darle una mala impresión al señor conde!

Pero por alguna razón desconocida, el clima tenso no se esfumo. Ni siquiera cuando el Conde Drácula regresó, sonriéndome afablemente y anunciándome de que mi cuarto estaba listo y mi cama preparada.

Me acompañó hasta allí. Subimos por unas largas escaleras; él a la cabeza sosteniendo un candelabro lleno de velas y hablándome, de tanto en tanto en cada parada, de la singular historia del castillo en que vivía.

-Este sitio es muy antiguo, mi buen amigo… data de los tiempos de las invasiones Turcas. Es una fortaleza sólida, como puede usted apreciar – al decir esto, se detuvo ante una pared y le dio unos golpecitos – Es sólido como una roca y acogedor como el seno de una lujuriosa mujer… Oh, perdone usted, no quería ofenderlo con ese comentario tan fuera de lugar.

-Para nada me ha ofendido, señor – repliqué – Tiene usted toda la razón. ¿Por qué cree que me ofendería por eso? Si este castillo significa mucho para usted, por algo será… Además, es admirable que un lord tan humilde como usted viva solo en este lugar. ¿No ha disfrutado jamás de compañía alguna en semejante sitio?

-Vea usted… Son escasos los visitantes que atraviesan el valle que rodea mi castillo – me informó, mientras entrábamos en el que seria mi cuarto – En realidad, pocos son los que llegan hasta aquí. No los culpo. Y es que vivo en una zona tan desolada… me encantaría vivir en otro sitio y muchas veces me lo he planteado.

-¿Y por que no lo hace? Me imagino que el dinero no es problema para un ilustre personaje como usted…

-Oh, por el contrario, no es ese el problema – el Conde Drácula meneó la cabeza – No, mi buen amigo sacerdote, no es ese el problema. Es, sencillamente, que como un viejo sentimental que soy, me veo impedido de abandonar las tierras que pertenecieran a mi familia durante siglos. ¡Si, dije bien, siglos! Han sido siglos enteros desde que los Drácula han vivido en estas tierras… Tierras obtenidas después de sangrientas conquistas.

Hizo una pausa y me miró, con aquellos ojos suyos cristalinos.

-Lo siento, joven amigo. No quiero molestarlo ni incomodarlo con historias antiguas. Este es su cuarto. Dígame que la parece. Espero que este bien para, al menos, pasar la noche.

Ante la atenta mirada del conde, inspeccioné la alcoba. Era grande y acogedora. Una gran cama se encontraba empotrada contra la pared sur, con cortinajes de lo que parecía ser seda. Cerca, una ventana se abría hacia el cielo todavía nublado, en donde los relámpagos cruzaban de vez en cuando, recordándome que la tormenta estaba allí.

Lo único que realmente me molesto de todo aquello (y que no mencioné al conde por cortesía) es el hecho de no encontrar ningún espejo en aquel sitio.

Un cuarto sin espejos.

Era algo curioso.

-Me encanta – dije, no muy convencido. La sensación de desasosiego y de temor por algo desconocido volvió a aferrarse de mi alma. ¿Pero que la provocaba?

-Ah, me alegro de que sea de su agrado – el Conde Drácula se frotó las manos, complacido – Tengo, empero, una pregunta que hacer a mi buen amigo sacerdote: ¿Ha comido algo usted ya?

-Debo confesar que desde que partí en el viaje, no he probado bocado.

-¡No se hable mas! Debe usted cenar bien antes de dormir e intentar pasar una buena noche en mi castillo. Le diré que: le avisare a mis sirvientes y preparáremos una buena cena para ambos. ¿Qué dice?

-Que es mucha deferencia para mí señor conde. No quiero incomodarlo…

-¡Tonterías! Espere y vera… le encantara la comida de Transilvania, ¡Ah, ya lo creo que si!

-Transilvania – repetí, algo confundido.

El Conde Drácula pareció perplejo.

-Perdóneme usted. Ese es el nombre que hace años le daban a estas tierras. ¡Que tonto que soy! Ignoro que la situación del país ha cambiado en estos últimos… años. Es por no salir tanto del castillo. De todas formas, usted me ha entendido bien – otra vez la sonrisa, pero ahora, me mostraba los dientes – Oh, mi joven amigo sacerdote, cuando se llega a una edad como la mía, se tiende a olvidarse uno de algunas cosas… Basta ya de perder el tiempo. Voy a avisar a la servidumbre de que prepare la cena. Baje usted dentro de algunos minutos.

Dicho esto, salió de la alcoba dejándome solo.

Algo me llamó de sobremanera la atención mientras el conde me sonreía con la boca abierta pero me detuve de mencionárselo por respeto y cortesía: sus dientes.

Eran tan o igual de blancos como su pálido rostro, pero lo más llamativo eran sus caninos. Eran largos y curiosamente afilados, como colmillos de algún animal salvaje. Comprendí que quizás el conde sufriera alguna malformación congénita y no era de caballeros y de buena hospitalidad andar retrucando defectos ajenos, por lo que me felicité por no decir nada a ese respecto.

***

La cena con el Conde Drácula fue lo mas extraño que he visto en mi vida.

Bajé, como él me lo pidió, un buen rato después y me condujo al salón comedor de su castillo. Era otra habitación grande, con una mesa larga y en donde se habían dispuestos unos platos y unos cubiertos, junto con velas para iluminarnos. Había también, botellas de vino tinto.

Apenas me senté a la mesa y el conde me trajo la cena, comprendí que sucedía algo muy extraño allí.

Drácula había mencionado tener sirvientes que disponían de sus necesidades. Bien, ¿Dónde era que estaban? ¿Por qué no les veía las caras? Desde mi llegada al castillo, solo el señor conde había sido el único sujeto que mis ojos cansados habían visto. Ahora allí, sentado ante una gran mesa puesta para dos, era el conde mismo quien me servia la comida, algo impensado para un lord de su categoría. ¿No debería servirnos de comer uno de sus criados?

Así se lo manifesté, de la forma más humilde que podía encontrar para decírselo, a lo que obtuve como respuesta las siguientes palabras:

-Tendrá que excusar a mis sirvientes, mi joven amigo sacerdote… Ellos solo se mueven en el área de la cocina o haciendo los cuartos cuando sus ocupantes no están. Sé que le parecerá raro, pero aquí es una costumbre muy normal.

No dije nada más. Tenia hambre y puesto que la comida que estaba ante mí era sencillamente sabrosa (pollo muy en su punto, pastel de anchoas noruego y una ensalada muy fresca) me dediqué a comer despacio, deleitándome con los sabores exquisitos que mi paladar captaba.

El conde ocupó su lugar delante mío pero a pesar de que su plato estaba cargado con la misma cantidad de comida que el que yo tenía, no probó ni un solo bocado. Solo se dedicaba a mirarme como yo deglutía la cena, silenciosamente. Sus ojos cristalinos fijos en los míos.

En la noche, eso fue otra cosa llamativa para mí. Otra vez me vi en la necesidad imperiosa de manifestárselo…

-Coma usted tranquilo, joven amigo. De mi cena me ocupo yo – respondió, acariciándose el fino bigote otra vez – No se preocupe si no me ve probar bocado… tal vez no tenga tanta hambre esta noche, ¿Quién sabe?

Era muy extraño, pero no volví a mencionar nada respecto al tema.

-Pruebe el vino – me dijo el Conde Drácula, estirando su mano blanca y sosteniendo una de las botellas llenas de vino tinto – Es cosecha personal. Tengo unas grandes bodegas en los sótanos de mi castillo. Mas tarde o mañana, en todo caso, le llevare a conocerlas si así lo gusta.

Había algo tan lúgubre en el tono de su voz que casi me atraganté. Pensar en bodegas en los sótanos de aquel castillo me produjo una sensación de pánico irrefrenable. Accedí al pedido del conde no sin antes avisarle que tuviera en cuenta mis investiduras sacerdotales. Él se rió de aquello y comentó lo siguiente:

-Pero… ¿Me va a decir que los sacerdotes cristianos no beben nunca? Perdone mi conocimiento no del todo exacto de las Santas Escrituras, pero… ¿No es el vino la sangre de Cristo?

Cuando dijo la palabra sangre observé un sobresalto casi involuntario en su semblante. Los dientes afilados, aquellos colmillos suyos, relucieron con cierta extraña fuerza a la luz de las velas. Parecían dientes de marfil.

-Si, es cierto. Ahora que lo menciona…- tercié – Es la sangre de Cristo. Pero, señor conde, es mas un decir que una realidad. El vino es vino y la sangre…

Callé. Cada vez que la palabra “sangre” era pronunciada, el Conde Drácula se mostraba más ávido y deseoso por alguna extraña razón. Noté en su rostro una turbación sin igual y me miraba con mucha atención… o mejor dicho, miraba mi cuello.

-¿Se encuentra usted bien? – inquirí, preocupado.

-¡Ah, si, si! No se inquiete ni alarme. Creo que mi palidez le preocupa, ¿no es verdad? – suspiró – Es un mal físico que llevo conmigo por muchos años. No tiene cura, desgraciadamente, y es el responsable de mi palidez. Veo que usted se esta afligiendo. ¡No se aflija por mí, joven amigo! A pesar de eso, soy todavía fuerte como un toro y puedo, incluso, entablar una batalla cuerpo a cuerpo con el más ruin de los enemigos.

Mientas decía esto, hacia gestos con sus brazos muy cómicos. Me hizo sonreír, pero note algo igual de perturbador en cada una de sus palabras. Todo en él era perturbador. Un conde, solitario, en mitad de un gran castillo, que no duda en abrirle la puerta a un desconocido que llega en una noche de lluvia… Un conde vestido todo de negro y con unos peculiares desarrollos anormales en sus caninos, como si estos hubieran crecido como colmillos…

Era raro.

Finalicé mi cena luego de un rato. El conde, por lo contrario, no había probado bocado bajo ningún motivo. Después de todo esto, me levanté y me disculpé por no poder permanecer más rato con él. Me caía de sueño y deseaba descansar.

-Mi buen amigo… es libre de subir a sus aposentos. ¿Conoce el camino? – al ver que asentía, se apresuró a decir: - ¡Entonces que duerma bien! Quizás nos veamos por la mañana.

Partí rumbo escaleras arriba, a la alcoba. Cuando llegué, cerré la puerta detrás de mí. No se por que, pero corrí el cerrojo. Algo en todo el clima y en la sola presencia de Drácula hacia que me estremeciera.

Un conde vestido de negro que no comía alimentos.

Misterios y más misterios.

Me contenté con pensar que mañana a la mañana, apenas el sol despuntara por el horizonte y las lluvias cesaran, vería las cosas sin halos de terror infundado. Aquella noche había sido larga y muy extraña y el vino del conde me había provocado tal soñolencia que comencé a desvestirme lo más rápido que pude para meterme entre aquellas suaves y sedosas sabanas.

-Tendré que conseguirme un caballo nuevo para llegar a destino – me dije, reflexionando – Me pregunto si el conde tendrá caballos…

Cavilando todas estas cuestiones, creo que comencé lentamente a dormirme.

***

Me desperté quizás bien entrada la noche.

Fuera, la lluvia había cesado. El cielo se había abierto y la luz de la luna se asomaba a veces, por entre los nubarrones, iluminando con un tenue resplandor espectral el cuarto donde yo reposaba.

Todo estaba calmo y quieto, y acostado como estaba en mi cama, observe el primer hecho que me hizo despertarme del todo en tan solo unos segundos: un pálido resplandor verdoso salía de debajo de la puerta del dormitorio.

Era un fenómeno extraño y singular. Se trataba de una luz tenue y casi podría decirse, fantasmal. Sobresalía por los rincones de la puerta y competía con la iluminación blanca e inmaculada de la luna.

“Que extraño”, fue lo que pensé.

El resplandor se vio súbitamente mermado hasta desaparecer y por unos segundos, siempre recostado en mi sitio, espere a ver que era lo siguiente que sucedía. ¿Estaría el conde del otro lado de la puerta con algunas velas?

El silencio era pesado. Solo podía oír mi corazón latiendo a todo ritmo. Fue entonces que vi otra cosa más rara que la luz verde: una curiosa niebla vaporosa se estaba colando en la habitación.

Lenta, soñadoramente, casi como si fuera humo de alguna clase, la niebla entró por los goznes de la puerta, por sus costados… penetró por cada resquicio de ella y comenzó a flotar ondulantemente hacia donde me encontraba.

Con los ojos bien abiertos, contemplé como la niebla daba vueltas sobre si misma en al aire, giraba y adquiría caprichosas formas, en cada momento. A veces asemejaba una cara, otras, una mano… a veces la figura de un hombre.

“Estoy soñando”, me dije, pero no, no estaba soñando. Todo aquello sucedía y estaba yo plenamente consciente.

La niebla entonces se condensó. Era otro fenómeno peculiar, pero se condensó en una sola columna ante mi cama. Observé, mudo del asombro, como cada una de sus partículas se juntaba lentamente una con la otra y formaba algo más sólido y más físico que la peor de las pesadillas que los hombres tienen.

Cuando el proceso terminó, una figura tan real como yo mismo se encontraba de pie allí, mirándome, con dos ojos que eran carbones encendidos brillantes. Vestida toda de negro, su piel relucía bajo la luz lunar y de su boca abierta, un par de colmillos filosos surgían, ávidos por clavarse en la carne.

A pesar de que mis ojos lo estaban contemplando, no lo podía creer. Es mas, me negaba.

¡Era el Conde Drácula en persona! A pesar de que su rostro estaba como transmutado por una feroz expresión demoníaca y de animal, todavía podía reconocer al amable noble que me había ayudado esa noche.

¡Era él! ¡Aquella extraña criatura ante mí era él!

Un gemido o algo similar escapó de mi boca. El conde se me acercó entonces. Se movía casi sin hacer sonido alguno… es mas, creo que… se deslizaba como una sombra hacia mí.

Era como una sombra en todo caso. Una sombra siniestra de la cual, solo las manos y el rostro eran el único punto reluciente en él. Con esas mismas manos largas y huesudas, ahora extendidas ante él como garras, se disponía a aferrarme del cuello y acercarme a su rostro, en donde los ojos, antes cristalinos y gráciles, eran ahora dos rajas de rojo furioso.

-Quédese quieto – dijo la voz de Drácula, susurrante y medio ronca – No le dolerá si no lucha.

Reaccione. Me levanté de golpe y mi mano voló de inmediato al crucifijo de plata que tenia todavía colgado en mi cuello y el que había estado siempre cubierto por mis ropas. Lo saqué y lo exhibí en toda su gloria ante la luz tenue de la luna… delante mismo de las narices de Drácula.

La reacción que el hombre (estoy muy errado en llamarlo así; eso no era un hombre como yo creía) tuvo no se hizo esperar. La sola visión de aquel emblema sagrado fue como un chapuzón de agua caliente para él en plena cara. La frente se le arrugó y retrocedió a una velocidad descomunalmente anormal, hasta pegarse a la pared mas alejada del dormitorio.

Gruñía, presa de un dolor terrible, mientras seguía abriendo la boca y mostrándome, cual animal rabioso, sus colmillos filosos.

-¿¿Qué clase de demonio infernal es usted?? – inquirí, poniéndome de pie de un salto de la cama y todavía sosteniendo la cruz delante de mí, a modo de protección.

-¡¡¡Márchese!!! – siseó la voz del conde, dejando traslucir ira. Se cubría los ojos con las manos - ¡Si aprecia su estupida vida, aléjese de mi vista y de mi castillo!
¡¡FUERA!!

Mis piernas se movieron automáticamente el conde gritó. Salí del dormitorio como estaba vestido (con la poca ropa que tenia encima) y huí a las corridas, bajando a trompicones por las escaleras. El salón recibidor no tardó en aparecer ante mí y mientras me precipitaba de igual forma a la puerta de entrada, sentí cerca (detrás mío en realidad) pasos rápidos y apresurados… veloces.

¡¡Drácula me perseguía!!

Abrí la puerta de entrada de un manotazo. El frío aire de la noche me paralizo por completo, convirtiéndome en una estatua helada en la entrada. Ante mí, se abría el agreste y lúgubre paisaje del bosque que rodeaba el castillo, oscuro y aterradoramente silencioso.

Mis piernas se abotagaron y permanecí unos minutos allí, dudando que hacer a continuación; mas una mirada hacia mis espaldas me confirmaron que era mejor, mucho mejor, arriesgarme a la noche y a los bosques quizás infestados de lobos que a lo que me deparaba si me quedaba un minuto mas en ese sitio.

A través de las escaleras por donde yo había bajado, una sombra inmensa y aterradora se deslizaba a por mí. Una sombra siniestra que venia flotando a una velocidad increíble.

Grité y me arrojé a la oscuridad del bosque, corriendo todo lo que mis piernas daban. Tropecé dos veces y la cruz de me cayó de las manos. No me quedé a buscarla. Corrí y corrí internándome mas en el bosque, mientras los lobos, que sin duda vivían allí, comenzaron aullar cerca, muy cerca de donde me encontraba.

***

Dicen que me encontraron inconsciente a la orilla de un río pequeño, a la mañana siguiente.

Dos pobladores de una villa cercana me recogieron, preocupados, y me trajeron a esta posada, en donde amargamente, dejo constancia de lo acontecido en tinta y papel, de modo que si mis terribles sospechas son ciertas, quizás no pase de esta noche.

Mis historias del castillo lúgubre y el enigmático y aterrador Conde Drácula, lejos de ser tomadas a broma por los lugareños, fueron un motivo de cierto estupor y miedo por parte de quienes escucharon mi relato. Para mi asombro, me dijeron que era verdad lo que me había pasado; que efectivamente, al que yo había visto y del que casi había sido victima, era del infausto Conde Drácula, el Vampiro.

Hicieron hincapié especial en esta palabra, precisamente. Vampiro.

¡El conde era un vampiro!

Yo, un joven sacerdote católico, había estado siendo acogido inocentemente por una criatura salida directamente del infierno. Una criatura que aquella noche, de no haber tenido entre mis manos mi crucifijo, se habría saciado con mi sangre.

Presa del temor y de la desolación, comencé a pensar si realmente el terror ha pasado. Si lo peor ya ha concluido y soy un afortunado por haberme salvado la vida y el alma de tan siniestro ser. Hay algo que me dice que no es así… Las palabras de un lugareño fueron una bofetada directa a mis ánimos hoy mismo.

-Nadie escapa a la Sombra del Vampiro – dijo, triste – Es así como le digo. Mas tarde, más pronto, él vendrá por usted.

¡Tengo miedo de pensar que me sucedería apenas eso ocurriese! Es por eso que anoto todo lo que me ha ocurrido en estas escuetas hojas. Mi narración puede servir quizás para advertir a otros de no pasar jamás por estos parajes desolados y abandonados de la mano de Dios, donde los Hijos del Demonio se pasean a sus anchas por sus valles, robando la sangre de las personas…

¡Oh, que tragedia! ¿Hay algo que pueda hacer para escapar de este terrible destino? He rezado a Dios con todas mis fuerzas por la salvación de mi alma. Ahora, que la noche cae sobre el pueblo, rezo más fuerte que nunca por que este manuscrito vea la luz. Quizás pueda llegar al Vaticano con él… o quizás me preceda. ¡No lo sé!

…Algo se esta moviendo en la ventana del cuarto donde me alojo… Es curioso, es como una gran sombra… ¡Si! Me he fijado, es como la sombra de algo que aletea furiosamente contra el vidrio de la ventana… ¿Qué podrá ser? ¿Acaso…?

¡¡Horror!! ¡Es él! ¡Ha entrado! Parece que es mentira de que los vampiros necesitan de invitación para pasar a una vivienda… ¡¡Esta aquí!!

La figura, alta y esbelta del conde se esta alzando ante mí… ¡Dios, esos ojos rojos!

Me esta mirando… sus colmillos…. Se acerca… manos grandes, como garras… ¡Esta gruñendo!

…Debo… ¡Dios, protege mi alma!

***

“El siguiente manuscrito fue encontrado abandonado y a medio quemar sobre la mesa del dormitorio que el desaparecido Hermano Ambrosio, sacerdote de la Iglesia Católica, ocupara en el pequeño pueblo de Deville, cerca de una vieja zona conocida anteriormente como Transilvania. Adjunto a mis notas el presente manuscrito que creo que será de su interés particular dado que usted esta muy familiarizado con estos temas tan especiales, estimado profesor Van Helsing. Si tal obra es real o es parte de una mera farsa inventada, eso yo no lo sé. Usted sabrá darme las correctas respuestas acerca de si esto es cierto o no.”

Afectuosamente suyo, Abraham Stoker


FIN

viernes, 24 de octubre de 2008

"Angel: El Regreso" (Capitulo 7)

VII

El Gran Final

Edificio de la Corporación Buher.
De noche
.

El momento había llegado.

Las estrellas ya estaban alineadas. Todo estaba listo para el ritual.

Una compuerta en la azotea del edificio se abrió, al mismo tiempo que una plataforma movida por motores neumáticos subió el círculo de celdas de los demonios prisioneros a la cima. En el centro de todos ellos, sobre su pedestal, el medallón aguardaba a ser activado…

Buher, vestido con un traje de etiqueta, como si fuera a asistir a una fiesta de gala, presidió todo desde el interior de su panorámica oficina privada. Bebía Champagne de una copa y a la vez, fumaba un puro encendido mientras se deleitaba con la visión de sus planes finalmente realizados.

Era la hora.

¡Pronto, el Triunvirato arribaría a la Tierra!

Pronto, sus más oscuros sueños de inmortalidad, se harían realidad.

***

Gunn estacionó la camioneta en la entrada del rascacielos. Tanto Ángel como Spike y él descendieron del vehículo, contemplando el lugar.

-Tengo una pregunta, oh, gran líder – dijo Spike - ¿Sabes como le hacemos para entrar ahí?

-Me extraña que seas tú quién me pregunte semejante cosa – Ángel levantó su espada. Comenzó a caminar hacia la puerta – ¿Por donde más entraríamos, si no fuera por la puerta principal, por supuesto?

Spike sonrió.

-¿Sabes, peach? Ya no me caes tan mal, después de todo.

***

El amuleto se activó.
Una terrible ola de energía salió de él. Envolvió a los demonios en las celdas y les succionó toda la vitalidad… luego, canalizó y drenó ese mismo poder infernal hacia el cielo estrellado de la noche, justo encima mismo del edificio.

Como un velo que se rasga, el aire nocturno se partió por la mitad, hendido; dejó paso a un impresionante agujero de fuego perpetuo que giraba locamente en espirales, abriéndose en un eructo obsceno para darle paso a unas entidades terribles que moraban mas allá del Mas Allá…

En su oficina, Buher alzó su copa y brindó.

-¡Loado sea el Triunvirato! – dijo - ¡Bienvenidos, Maestros! ¡Bienvenidos a su nuevo hogar permanente!

Del gigantesco hoyo de fuego, brotaron tres titánicos rostros asexuados compuestos del mismo material. Con ojos similares a piras ardientes, contemplaron la ciudad que tenían por debajo con una expresión de deleite…

La sonrisa jubilosa que el empresario tenia plantada en la cara en ese momento, murió de improviso en cuanto la puerta de su despacho se vino abajo de un golpazo. Volando hacia el interior, un guardia de seguridad se derrumbó en el piso, la nariz rota e inconsciente.

-Buenas noches, Sr. Buher – dijo Ángel, entrando primero con su espada en alto – Hemos venido a buscar algo que no le pertenece… y que queremos que nos devuelva.

Spike y Gunn, que terminaron de dar buena cuenta del resto del personal de seguridad de la Corporación, no tardaron en seguirle. Se plantaron los tres en el centro de la sala, cubriendo toda posible salida e impidiendo cualquier escape por parte del hombre de negocios.

Buher los sorprendió a todos al sonreír, sereno.

-Vaya, vaya, vaya… ¡Miren nada mas! – rió - ¡El gran Ángel en persona! – extendió una copa de Champagne hacia él - ¿Gustas acompañarme? ¡Será un inmenso placer brindar por el máximo triunfo de mi vida!

-¡Lo único que vamos a brindar va a ser la flor de patada que te daremos en el trasero, maldito hijo de puta! – masculló Spike. Su rostro adquirió su aspecto demoníaco en un santiamén. Gruñó, lleno de ira - ¡Personalmente, me voy a entretener en arrancarte la cabeza y luego colgarla en mi departamento, como trofeo!

-Oh, inspiradoras palabras las tuyas, chico. Ya lo creo que si – el empresario dio una fumada a su habano. Exhaló satisfecho el humo por la nariz – Para desgracia tuya y de tus amigos, eso NO va a suceder nunca, me temo.

Estiró una mano y presionó un botón de su escritorio.

-Un gusto conocerlos, en verdad.

De inmediato, se encendieron las lámparas ultravioletas de la oficina. Tanto Ángel como Spike retrocedieron, sus cuerpos echando humo. Corrieron hasta la salida de la habitación y allí se quedaron, a salvo de la destructora luz anti-vampiros, pero totalmente imposibilitados de entrar y de detener al hombre.

Gunn tragó saliva. No quedaba otra más que ocuparse él de todo. Así lo haría…

-¡Detenga todo esto, ya mismo! – le dijo al empresario, levantando su hacha amenazante.

-Ah, Sr. Gunn… que curiosa coincidencia verlo aquí. No importa. Sea cual sea el motivo por el que acompaña a estos dos zánganos, ya es demasiado tarde para detener nada… - Buher se volvió hacia la ventana de su despacho - ¡La hora del Triunvirato ha llegado! Mientras hablamos, los tres Señores del Infierno se disponen a unírsenos para el banquete… ¡Se alimentaran de esta Tierra y nadie podrá evitarlo!

-¡En tus sueños, maldito! – Gunn se abalanzó contra él – Ultima advertencia, Buher. ¡Termínalo o te parto en dos!

-¿De verdad lo haría, Sr. Gunn? – Buher levantó una mano y le apuntó con una pistola que había sacado de un cajón – Veamos si es tan valiente con una bala en mitad de su cuerpo…

-¡¡Cuidado, Gunn!! – gritaron Ángel y Spike, desde la puerta. Los dos intentaron entrar para salvarle, pero apenas pusieron un pie en la sala, empezaron a arder de nuevo. Tuvieron que recular, a pesar de ellos mismos.

El ruido del disparo retumbó en toda la habitación. Un agujero de bala apareció en el hombro del muchacho…

-¡¡GUNN!! – gritó Ángel, impotente.

Gunn se desplomó en el suelo, herido. Su hacha cayó a un costado en donde Buher, avanzando hacia él, la pateó lejos de su alcance.

-¡¡Aaaaaay!! – chilló en el piso, retorciéndose de dolor. Tenía una mano apoyada sobre su herida, de la que emergía muchísima sangre.

El empresario se paró encima de él; apuntó su pistola directo a su cráneo y miró a la pareja de vampiros apostada en la puerta, con una sonrisa demencial.

-Díganle adiós a su amigo – dijo.

…Su dedo se tensó sobre el gatillo…

-¡¡NOOOO!! – aulló Ángel, transformando su rostro por el de vampiro y lanzándose contra él. Ignorando las terribles quemaduras que las radiaciones provocaron en su cuerpo, embistió a Buher justo cuando disparaba. La bala se desvió de su trayectoria, rebotó en una pared y fue a dar contra las lámparas ultravioletas…

Todas estallaron, apagándose.

-¡No, no, no! – gritó Buher, mientras fue el turno de Spike de arrojarse contra su cuerpo. Libres de la luz que los aniquilaría, los dos vampiros se pudieron mover con total libertad por el cuarto.

-¡Esta va por Illyria, hijo de puta! – dijo Spike, dándole un puñetazo directo a la mandíbula - ¡Y esta va por Charlie! – le dio otro puñetazo - ¡Y esta otra, va de regalo, cabrón! – volvió a golpearlo.

El empresario escupió dientes y sangre, pero el rubio no estaba saciado todavía. Lo tomó de su corbata y lo estampó contra su escritorio; lo empujó por él, a continuación, tirandolo hacia el piso.

El hombre cayó hecho un guiñapo.

-¡Este mal parido no nos molestara mas! – Spike se dio vuelta hacia Ángel. El moreno estaba asistiendo al herido Gunn - ¿Cómo se encuentra?

-Vivo, pero tiene que ver urgente a un medico – dijo el otro, ayudando al muchacho a sentarse. Presionó una mano sobre la herida, de la cual seguía saliendo sangre.

-Ay, ay, ay… ¡Mierda! Duele… duele como mil demonios.

-Shhh. No hables, Charles. Quédate quieto…

-Odio arruinar buenos momentos, pero creo que tenemos un Apocalipsis que evitar, cabezón – Spike se acercó al ventanal del despacho de Buher y echó un vistazo al cielo sobre ellos…

Allí arriba, el Triunvirato no se veía ya tan feliz. Los tres rostros titánicos de fuego puro ahora observaban con disgusto el edificio donde ellos se encontraban. Sabían, de alguna manera, que estaban arruinando sus planes…

…Un fuertísimo temblor de tierra los sacudió…

-¡Están por aplastarnos! – le gritó Spike a Ángel, mientras se sostenía de donde podía - ¡Estoy teniendo un Deja Vuh con lo de Sunnydale! ¡Es el colmo! – varios muebles se cayeron de lugar. En la distancia, algunas ventanas se rompieron - ¿¿Alguna idea de última hora para salvarnos??

-Se me esta ocurriendo algo – Ángel corrió hacia el escritorio de Buher – Le he visto tocar aquí para activar las luces, a lo mejor, tal vez… - contempló la hilera de botones que estaban ahí - ¡Cruza los dedos! Creo que sé lo que esto va a hacer.

-¿¿Tenemos otra opción??

-Si. Morirnos.

-¡Prefiero el plan A, entonces!

Ángel presionó un botón.

En la azotea del rascacielos, la plataforma automatizada con los demonios prisioneros descendió bruscamente al interior… tanto, que los motores neumáticos que controlaban su movimiento chirriaron y explotaron, en una lluvia de chispas eléctricas.

El círculo de celdas se rompió. Una a una, cayeron como fichas de domino y arrasaron incluso el pedestal con el amuleto. Sacado de su posición central, el medallón se desactivó… parando el canal de energía demoníaca que mantenía el portal abierto…

-¡No, no! ¿¿Qué han hecho?? – gritó Buher, poniéndose de pie con dificultad y estampándose contra el ventanal de su oficina - ¡No!

Roto el ritual, los tres rostros de pesadilla del Triunvirato perdieron poder. El agujero de fuego por donde habían aparecido comenzó a colapsar, sin más…

Una de las caras de los Amos del Infierno se volvió hacia el edificio, rebosante de furia. Habló y cuando lo hizo, una siniestra sentencia fue echada.

-¡BUHER! ¡NOS HAS FALLADO!

NOOO! – aulló el empresario, aterrorizado.

El Triunvirato explotó. Su deflagración fue tal que el cielo sobre Los Ángeles se iluminó como si fuera de día, por espacio de un segundo…

La onda de choque de la detonación golpeó el rascacielos, un instante después; los vidrios de todas las ventanas se rompieron en miles de fragmentos cortantes, hacia su interior. Ángel y Spike se colocaron sobre Gunn, sirviéndole de escudo ante la mortífera lluvia, pero Buher no tuvo tanta suerte: cientos de pedazos de vidrios partidos volaron sobre él, hundiéndose en su carne y acabando con su vida.

…Cuando cayó al piso, lo hizo para nunca más levantarse…

Todo había terminado.


Continuara.....

martes, 21 de octubre de 2008

"Angel: El Regreso" (Capitulo 6)


VI

El demencial plan de Buher


Departamento de Spike
Al otro día
.

El volver a ver a Ángel de regreso en la ciudad y en sus vidas alegró muchísimo a Gunn cuando se enteró de la noticia. Lamentablemente para él, dicha felicidad se vio truncada cuando acudió al departamento de Spike el día siguiente de que la pareja se enfrentara al demonio y a los vampiros en las ruinas de Wolfram & Hart…

Sentado en un sillón y consternado, escuchó todo los pormenores del relato de sus amigos. Cuando estos acabaron de contárselo todo, se sumieron en un amargo silencio que duró un largo rato, cavilando sobre lo que les ocurriera y lo que realmente significaba…

-Aquí pasa algo muy extraño – declaró Ángel, rompiendo el silencio. Estaba de pie en el centro de la habitación, con los brazos cruzados – Comúnmente, los vampiros no cazan demonios, ni mucho menos, se los llevan como en apariencia parecen haberlo hecho nuestros amigos de ayer por la noche.

-Concuerdo contigo – agregó Spike, con una lata de cerveza en la mano – Ese bicho de anoche se veía feroz… demasiado para mi gusto – dio un sorbo a su bebida – ¿Con qué propósito te llevas a un demonio que puede partirte en dos de un mordisco? No tiene ningún sentido.

-¿Y si simplemente estaban buscando adoptarlo de mascota? – aventuró Lorne. Todos le dirigieron una mirada seria – Eh… era una broma, chicos. Nada mas – se disculpó, levantando las manos – Como ven, tengo que decir cosas graciosas… no veo mucha utilidad para mí en este grupo, así que… - se encogió de hombros, amargado.

-Como fuera – continuó Ángel – El caso es que aquí hay algo que no huele bien y no me gusta ni medio. Todavía no se bien por qué… no del todo, pero no me gusta.

-¿Y qué se supone entonces que haremos ahora, gran líder? – Spike miró al otro vampiro socarronamente – Tú eres el de los grandes planes. Ilústranos, luv. ¿Cómo seguimos?

Ángel lo miró, un tanto ceñudo.

-Hay que salir a buscar información – dijo, decidiendo obviar el tono del rubio para con él – Volver al campo de la acción – los observó a todos – Si Wesley estuviera aquí, diría lo mismo. Tenemos que recabar información. Hay que salir a la calle y recolectar todos los datos que podamos sobre ese grupo de vampiros en particular. Es la única manera de averiguar el motivo que los impulsó a llevarse a ese demonio… y para qué.

-Eso déjamelo a mí – intervino Gunn, poniéndose de pie – Tengo contactos que podemos usar para el caso… Gente que me debe algunos favores y esas cosas…

-Excelente. Suena como un comienzo – Ángel señaló a Spike – A ti te toca ir con él.

-¿Yo? ¿Para qué?

-Apoyo logístico. Conoces las calles de la ciudad como nadie, ¿no? Y además, corrigeme si me equivoco pero… ¿No que lidiabas con la escoria de esta ciudad desde hace cinco años? – sonrió, socarrón ahora él también – Bueno, Spikey, es hora de utilizar esos talentos tuyos.

-Que gracioso – el rubio terminó su cerveza y arrojó la lata en el piso. Lorne puso los ojos en blanco, disgustado – Ok, Charlie… seré tu compañero. Al mejor estilo Pulp Fiction.

-Travolta no era rubio en esa peli – le recordó Gunn.

-Y su compañero tenia cabello, si mal no recuerdo… lo que no es tu caso – señaló la calva del muchacho.

-¡Hey!

-Sin ánimos de ofender, amigo.

-Lorne, también necesitaremos de tu ayuda – prosiguió Ángel. El demonio verde se emocionó al instante, al oír aquello.

-¡Lo que sea! Ya me estaba aburriendo de tan solo andar contando chistes malos en toda esta historia…

-Necesitamos que uses tus contactos… suponiendo que todavía los tengas.

-Angelito, puede que yo ya no sea el Rey del Espectáculo, pero aun tengo lo mío – Lorne rebuscó en el bolsillo de su pantalón. Extrajo un teléfono celular y comenzó a marcar números – Yo me encargo de los llamados. En Hollywood hay unos cuantos productores que me deben demasiado… - esperó un momento, hasta que alguien lo atendió del otro lado - ¿Joss? ¡Hey, viejo, soy yo! ¿Te acuerdas de mí? ¿Eh? ¿Cómo que quién habla? ¡Lorne! – dijo, retirándose de la sala para charlar en otra parte del departamento.

Ángel miró a Illyria.

-Tú vienes conmigo – sentenció.

-Ten mucho cuidado con este tipo, pet – le susurró Spike al oído a Illyria, cuando cada uno comenzó a dirigirse a lo suyo – Se hace el inocente, pero es tremendo… yo lo conozco.

La diosa primigenia no dijo nada. Ni siquiera asintió. Pero de todas maneras escuchó con atención el consejo del vampiro.

-En marcha, gente – dijo Ángel, saliendo del departamento – A ver si podemos averiguar algo.

***

Pasaron un par de días…

El grupo de vampiros contratados por Buher hicieron su trabajo y lo hicieron bien. Durante todos esos días, se dedicaron a recorrer la ciudad de Los Ángeles entera tras la caza y pesca de todo tipo de demonios. Aun así, a pesar de que se movieron con todo el sigilo que pudieron, Ángel y sus amigos les seguían la pista…

Si bien no pudieron averiguar la gran cosa respecto a ellos (al parecer, eran mercenarios entre los vampiros; se vendían y trabajaban al mejor postor por un precio) no les perdieron pisada en ningún momento. Algo se traía entre manos quién los hubiera contratado, con todo aquello y de seguro, no era nada bueno…

…Algo que quizás, tuviera sus consecuencias y para lo que todos deberían estar preparados…

***

Ciudad de Los Ángeles.
Por la noche
.

Ángel caminaba por la terraza de un edificio, de patrulla. A su lado, Illyria le acompañaba completamente callada.

-Mucha quietud para mi gusto – le dijo él - ¿Ves o sientes algo fuera de lo normal?

-¿Normal? Veo y escucho gente… huelo vida que no se parece a la que conocí cuando gobernaba este mundo – replicó ella – Siento la agonía de los mortales en cada uno de los poros de esta cáscara que ocupo… ¿Eso es algo normal para ti?

-Pues… si… eso creo, je.

Illyria hizo una mueca. Volteó la cabeza para mirar hacia el horizonte, como ofendida.

Él la estudio con atención. Le era imposible no estremecerse ante su presencia, pese a que no lo delatara mucho. Era aterrador reconocer el cuerpo de Fred bajo el dominio y la transformación que, a gusto de aquella presencia antinatural de la época de los primeros demonios, le había hecho…

Fred.

Aquél pensamiento le llenó de angustia. No quería pensar en ella, no ahora, cuando andaban tras algo muy importante que requería de toda la concentración que pudiera tener, pero… pero no podía negar que cada vez que miraba a Illyria, de alguna forma u otra, el recuerdo de otro de sus mas grandes fracasos (salvar la vida de Fred) lo abofeteaba con fuerza.

Sacudió la cabeza, para despejarse. No era momento de sumirse en la miseria…

Algo pasó volando sobre sus cabezas. Tanto el vampiro como su compañera se agacharon y vieron una oscura figura provista de alas como de dragón, a cierta distancia de donde se encontraban…

-Bingo – dijo, haciéndole señas a Illyria para que le siguiera. Caminando hacia la dirección en la que la extraña criatura se había dirigido, descubrieron que se detuvo sobre una cornisa que daba a un callejón.

Escondiéndose detrás de un inmenso tanque de agua, la pareja pudo estudiarla mas detenidamente; su aspecto era similar a un murciélago, pero de tamaño gigante. Estaba provista de alas membranosas y sobre su cabeza peluda asomaba una pequeña cresta de cuernos, tímidamente.

-Un demonio – susurró a Illyria.

La bestia voladora abrió una fauce repleta de colmillos filosos para bostezar. Era obvio que se disponía a buscar un lugar en donde anidar para descansar…

Su calma se vio imprevistamente rota cuando desde el callejón, un dardo de alguna clase salió disparado en contra de ella. Dio un chillido, sorprendida, e intentó remontar vuelo pero fue inútil: el narcótico del dardo, fuere lo que fuere, le hizo efecto de forma rápida.

El demonio cayó, convertido en una piedra viviente. Se desplomó en picado al callejón. Ángel aprovechó aquel suceso para acercarse al borde de la terraza y espiar en esa dirección…

Su curiosidad fue bien recompensada: Moviéndose a toda prisa, unas figuras furtivas se aprestaban en envolver a la criatura caída con cadenas y grilletes para a continuación, arrastrarla hasta un gran camión negro en donde la encerrarían.

-Son ellos – dijo, reconociéndolos enseguida - ¡El grupo de vampiros mercenarios! ¡Al fin damos con ellos en persona!

-¡Despacio, despacio! – decía en ese momento a sus hombres el líder del grupo, supervisando como introducían al demonio en el camión - ¡Dije despacio, inútiles! ¡Tengan cuidado con esa ala que no esta plegada! – gritó - ¡Si dañan la mercancía, el señor Buher se enfurecerá!

-Buher – repitió Ángel, en susurros.

-¿Lo conoces? – preguntó Illyria, ya a su lado. Miraba a los vampiros con aprensión.

-No, pero a lo mejor los demás si – rebuscó en los bolsillos de su gabardina negra. Sacó un teléfono celular – Sigue observándolos y no les pierdas de vista – le dijo a su compañera – No me tomara mucho preguntarle a… ¿Illyria? – levantó la vista. Ella ya no estaba acompañándolo. Se había arrojado sin perder mas tiempo al callejón, aterrizando delante de los vampiros, lista para liquidarlos - ¡Illyria! ¡Alto! ¡Maldita sea! ¡¡Esperame!!

Pero la diosa no lo escuchaba. Sin mostrar emoción alguna más que el enojo, los enfrentó…

-¡Criaturas insolentes! ¡Les ha llegado la hora! – dictó, caminando hacia ellos.

Con rugidos de furia, la atacaron. Illyria recibió todos y cada uno de sus golpes sin perturbarse. Nada podía dañarla y aquello, menos que menos…

Abriéndose paso entre todos como un Leviatán, la diosa se los sacó de encima con un violento empujón. Luego, volvió toda su atención al líder del grupo…

-¡Tú! ¡Es a ti a quien quiero, insecto! – dijo, amenazante - ¡Me dirás ahora mismo quien es tú jefe!

El vampiro retrocedió. Illyria avanzó hacia él. Estiró una de sus blancas manos y lo atrapó por el cuello…

-¡Habla ya! ¡Dime lo que quiero saber o te arrancare la traquea!

¡ZACK!

Otro vampiro, saliendo de la cabina del camión, llevaba entre sus manos el rifle de los dardos paralizantes. Al ver como su líder estaba a punto de ser asesinado por la mujer, no lo dudó ni un segundo: cargó el arma y apuntó…

…Directo al cuello de Illyria…

-¿Con esto pretendes detenerme? – la diosa primigenia se extrajo el dardo de un tiron. Lo apretó con su puño hasta hacerlo trizas - ¿Con esta tontería intentas acallar mi furia? ¡Sanguijuela insolente! ¡¡Ahora conocerás mi ira!!

Illyria se encaminó hasta él, dispuesta a masacrarlo… y de repente, la sustancia del dardo también hizo efecto en ella.

…Se derrumbo, totalmente inmóvil…

-¡¡Illyria!! – gritó Ángel, saltando al callejón y corriendo adonde yacía ella.

-¿Esta bien, jefe? – le preguntó el vampiro del rifle a su líder.

-¡Retirada, retirada, imbecil! – dijo éste - ¡Aprovechemos ahora y salgamos de aquí ya!

Todos los vampiros corrieron al camión. Subieron y se pusieron en marcha, escapando a toda velocidad del lugar…

A Ángel no le importó.

Agachándose en el suelo, levantó el cuerpo inerme de Illyria.

…Respiraba…

Todavía respiraba.

Estaba viva, pero era más que claro que la sustancia usada para dejarla así no era natural.

Para nada.

Aquello escapaba a las posibilidades de Ángel. Cargando con su cuerpo, el vampiro moreno se la llevó de regreso al departamento…

***

Departamento de Spike.
Un momento más tarde
.

Illyria yacía acostada en una cama, los ojos cerrados y las manos apoyadas en su regazo.

“Dios, por favor… ella no… a ella no”, pensó Spike, sentado a su lado.

-Si tan solo me hubiera esperado… - escuchó decir a una voz a su espalda. Apretó los puños, con ira. Otra vez el Capitán Cabezadura y su rutina de “la echada de culpas” ¡Otra vez en el papel de victima, dando lastima!

Era el colmo.

Se dio vuelta y lo enfrentó.

-¡Claro que es TÚ culpa! ¡Grandísimo imbecil! – le espetó - ¡Mira cómo ha acabado por tus estupidos planes! ¡¡Idiota!!

El grito de Spike salió como un rugido de furia animal de su alma. Ángel bajó la vista, abochornado. Ni Gunn ni Lorne, que también estaban presentes, atinaron a decir nada.

-¿Qué no te cansas de traer solo desgracias a nuestras vidas, eh? – siguió el rubio - ¿Qué no te bastó con haber permitido que mataran a Fred que ahora Illyria también debe seguir por el mismo camino? ¿Eh? ¡¡Respondeme, carajo!!

-Es mi culpa – fue lo único que pudo admitir Ángel – Debí haber sido yo, no ella.

Spike no lo aguantó. Lo aferró de las solapas de su traje y lo empujó contra una pared… lo estampó contra ella, literalmente.

-¡Cinco años! ¡Pasó cinco años inmóvil! ¡Sin comer, sin beber, sin hablar! ¿Y sabes por qué? ¿Eh? ¿¿Lo sabes?? – le gritó en la cara, mientras lo sacudía - ¡Claro que no lo sabes! ¿Cómo podrías saberlo, si mientras ella estaba convertida en estatua tú te paseabas por el ancho mundo como un bloody dandy? ¡Pues te lo diré! – acercó mucho mas su rostro al del otro vampiro. La ira teñía su piel, comúnmente blanca y pálida, de un rojo furioso - ¡Tenia miedo! ¡Si, ella, la súper diosa azul! ¡La que rigió este mundo en el Principio del Tiempo! ¡Tenia miedo! Simplemente se vio sola, sin Wesley a su lado para guiarla y se aterrorizó. ¡Estaba horrorizada hasta el tuétano! ¡Nuestro mundo es para ella una pesadilla incomprensible! Para ella, a su modo, la única forma de combatir ese miedo, la única vía de escape y de evasión fue la de cerrarse en una celda en si misma. ¿Y sabes, idiota, qué fue lo que la decidió a abandonarla? ¿Lo que la motivó a decidirse a enfrentar la realidad tal cual es? ¿¿Lo sabes?? – volvió a sacudir a Ángel. El negó con la cabeza, mudo - ¡Yo! ¡¡Yo!! ¡Yo le hablé y la convencí de que valía la pena salir adelante, de que tenía que enfrentar a su temor! ¡Y ella me escuchó! ¡Me hizo caso!

Las lágrimas salían de los ojos de Spike. Soltó a Ángel y le dio la espalda. Se agachó junto a Illyria y le tomó de una mano, con ternura.

-Claro que es TÚ culpa – repitió, ya mas sosegado – Pero también es la mía por convencerla de volver a nosotros… solo para meterla en esto…

Se hizo el silencio.

-Spike… - empezó Ángel, pero el rubio lo interrumpió.

-Le prometí que nunca la dejaría sola – dijo – Nunca mas. Que estaría a su lado. Le he fallado – cerró los ojos, abatido.

Otra vez, todo fue silencio.

Ángel se acercó a Spike. Lentamente, le apoyó una mano en el hombro.

-Spike – dijo – No sabia que… Illyria y tú…

El rubio no respondió de inmediato. Lentamente, recuperó la compostura.

-Entre ella y yo no pasa nada… al menos, como crees. Es solo que… que… la entiendo… - suspiró.

Ángel movió la cabeza, asintiendo. Se volvió hacia Gunn y Lorne, apesadumbrado.

-Esto ha ido demasiado lejos – se pasó una mano por el cabello, en un gesto nervioso – Me cansé. Estoy harto de que los que suframos las consecuencias siempre seamos nosotros. ¡No es justo! – resopló - ¡Es hora de tomar la iniciativa!

-Estoy de acuerdo contigo, amigo – apoyó Lorne – Pero para nuestra desgracia no sabemos quien en verdad esta detrás de todo esto. Quien es el que contrato a esos vampiros…

-Si que lo sabemos. Illyria y yo llegamos a averiguar, al menos, un nombre – Ángel hizo una pausa, recordando – Buher… se llama Buher.

Gunn palideció.

-¡Dios mío! ¿Será acaso Paul Buher? – dijo.

-¿Sabes quién es? – preguntó el vampiro moreno, estupefacto.

-Si… él… Bueno, él fue cliente mío – tartamudeó el muchacho – Hace cierto tiempo, me encargó de que le consiguiera una especie de medallón antiguo… un talismán o algo así. Era algo que quería comprar…

-¿¿Y tú se lo vendiste?? – replicó Ángel, indignado con él - ¿Así como así?

-Hey… ¡Se supone que de eso trabajo ahora! – se defendió - ¡No puedo, sencillamente si trabajo en el mercado negro sobrenatural, preguntar a todos mis clientes qué van a hacer con las cosas que compran! ¡Sino, tendría que retirarme del negocio!

-¡Pues deberías hacerlo! – Ángel se llevó una mano a la frente. Sentía mucha indignación por su amigo - ¿Qué clase de medallón le vendiste? ¿Qué se supone que hace?

-Bien… es más que obvio que se trata de un talismán de alguna clase y… - balbuceó Gunn.

-¿Vendiste algo mágico y antiguo, y no sabes exactamente qué hace, Charlie? – interrumpió Spike, mirándolo con enojo – Vamos de mal en peor, parece…

***

Edificio de la Corporación Buher.
Al mismo tiempo
.

Paul Buher descorchaba una botella de champagne bien helada. Mientras la espuma caía del pico, sirvió la bebida en dos copas. Tomó una y le ofreció la otra a su invitado…

-Con confianza – dijo - ¡Brindemos por el éxito!

El líder del grupo de vampiros mercenarios despreció el ofrecimiento con desdén. Ni siquiera tocó su copa.

Con sus vivaces ojos amarillos de demonio nocturno, estudió al empresario mientras éste elevaba la suya, hacia un brindis y bebía su contenido con deleite.

-Ya tiene a todos los demonios que necesitaba, ¿no, señor Buher? – inquirió.

-Por supuesto – el empresario sonrió – Tus chicos han hecho un excelente trabajo en estos días, la verdad. Me encargare de que reciban la remuneración que les prometí.

-¡Olvídese de eso! – el vampiro agitó un dedo enfrente del hombre - ¡Mejor quiero que me explique para qué nos ha estado mandando a cazar demonios todo este tiempo! ¿Para qué cuernos quiere a los prisioneros?

Buher suspiró.

-Bien, bien, bien… ¿Por qué no? – su sonrisa se ensanchó en su cara – Ya que insiste tanto, pues… - dijo y presionó un botón de su escritorio.

Un panel se abrió en la pared contigua de la oficina privada, mostrando un inmenso salón adjunto.

En aquél lugar, dispuestas en círculo, estaban las celdas con todos los demonios capturados… y, colocado en el centro y sobre un pedestal, el medallón que Buher le comprara en su momento a Gunn.

-Este es el Amuleto de Ya’olth-Zoth – le explicó – Los Tres que Son Uno, el Triunvirato… Sirve para canalizar grandes cantidades de energía sobrenatural – se miró a su reloj-pulsera – Dentro de exactamente un par de horas, ciertas estrellas se van a alinear en el cielo. Ocurre cada tres mil años, aproximadamente. Cuando eso pase, el amuleto se activará – señaló las celdas con los demonios – De inmediato, succionará las esencias infernales de las feroces criaturas prisioneras en el círculo y las drenará para abrir un portal a otra dimensión…

-¿Un portal a otra dimensión? ¿Para qué? – inquirió el vampiro al empresario.

-Siguiendo con el ritual mágico preestablecido, Aquellos Que Aguardan del Otro Lado, el Triunvirato, podrán finalmente llegar a la Tierra – continuó – Y, como su fiel servidor y gestor que soy en este mundo para su sagrada causa, ellos me retribuirán el favor con el premio ultimo… lo máximo a lo que cualquier ser humano aspira tener pero jamás podrá conseguir:
LA INMORTALIDAD.

Buher rió, feliz.

-Claro que, para desgracia de toda la raza humana y las criaturas demoníacas híbridas que habitan este plano, la llegada del Triunvirato es pura y sencillamente el Apocalipsis; todo aquél que contemple sus rostros, arderán en un holocausto demoledor e iran a parar en un sufrimiento perpetuo…

Alzó su copa, de nuevo.

-¡Será el Infierno en la Tierra! – declaró, alegre.

-Usted esta chiflado – dijo el vampiro, una vez el otro acabó de contarle sus planes - ¡Destruirá este mundo solo para ser inmortal! ¡Esta demente! – exclamó, retrocediendo, espantado.

-Amigo mío – Buher meneó la cabeza – No lo esta entendiendo. Tengo todo lo que un hombre en este planeta podría desear: fama, riquezas, poder e influencias políticas… pero a la vez, tengo el UNICO gran defecto que tienen todos los seres humanos que caminamos este mundo: SOY MORTAL. Todas mis riquezas, todo mi dinero son NADA ante el poder de la Muerte. ¡Cuando el maldito Segador venga a buscarme, todo lo que conseguí durante años será pasto de mis acreedores y deudores! No… es por eso que hice el trato con ellos – rió de nuevo - ¡Ellos, los que Aguardan del Otro Lado del Umbral, el Triunvirato del Infierno! Ellos, mis amos y señores, los únicos que pueden cumplir mi sueño. ¡Ellos me harán eterno! ¡Me darán la llave de los siglos!

-¡Está loco! – el líder de los vampiros lo miró con asco - ¡No crea que voy a quedarme de brazos cruzados viendo como nos destruye a todos! ¡Me marcho en este instante!

El empresario revoleó los ojos.

-Si… que pena que usted no me entienda. Pensé que al ser también en parte demonio, comprendería mis ansias – dijo. Presionó otro botón en su escritorio – Pero claro, no puedo culparlo… Cuando el Triunvirato llegue a la Tierra, los vampiros también serán erradicados. Es una pena…

Una serie de lámparas de luces ultravioletas se encendieron, iluminando la oficina con su crudo brillo. El vampiro chilló, al recibir todo el impacto de aquella radiación e intentó escapar del cuarto…

…Jamás lo consiguió; mientras apoyaba una mano en el pomo de la puerta para abrirla, la luz (de radiaciones similares a las del Sol) lo incineró, reduciéndolo a cenizas.

Buher se reclinó en su asiento, tranquilo. Estiró una mano y aferró la otra copa de Champagne que ofreciera a su desafortunado invitado…

Hizo un brindis y se lo bebió.

***

Departamento de Spike.
Un instante después
.

Un montón de libros esotéricos y de ocultismo yacían desparramados por el suelo y las mesas. Antiguamente, solían formar parte de la colección privada del difunto Wesley; ahora, sacarían de apuros a Ángel y compañía acerca de la verdadera naturaleza del objeto mágico que Gunn había vendido a Buher.

A cierta distancia y al igual que sus compañeros, el muchacho buscaba información en un raído tomo de saber arcano, mientras su interior era una tormenta tumultuosa…

Se sentía fatal.

El solo pensar que por su culpa el empresario podría desatar algún gran mal, solo empeoraba ese sentimiento y lo torturaba terriblemente.

Despacio, levantó la vista del libro que estaba consultando. Escudriñando la sala, contempló a sus compañeros…

Nadie lo observaba. Nadie posaba sus ojos en él. Mientras pasaban páginas tras páginas amarillentas y leían libros tras libros, nadie le miró.

Lo ignoraban.

Tal vez, a propósito.

Se hundió en su asiento. Su amargura era tal que creció y con justa razón; se sentía un verdadero idiota.

Un completo imbecil.

Gunn creí haber superado ya su “etapa de Wolfram & Hart”, aquella fase de su vida en la que por seguir poseyendo el aumento cerebral que los de la Firma le habían dado, seria capaz de hacer cualquier cosa que le pidieran, a instancias de la legalidad o la moral.

Se suponía que aquella amarga experiencia, la que permitió que el sarcófago de Illyria fuera a parar por su culpa a manos de Knox y provocara la subsiguiente muerte de Fred para el renacer de la diosa primigenia, ya había pasado. Que había aprendido algo de todo aquello…

Se suponía que si, claro.

Luego de la batalla final con W&H, Ángel se fue. La rama de la Firma en L.A había desaparecido; solo y sin trabajo, sin ninguna utilidad fija para el potencial que habían despertado en él, se vio en un aprieto… ¿Qué iba a hacer de su vida?

Cuando entró en el mercado negro sobrenatural, comprendió que no se podía andar con chiquitas. Es como en todo negocio y quizás, ahí más que nunca: o comes o te comen a ti.

Es preferible que sea el otro y no uno mismo, claro esta.

Al menos, eso es lo que razonó Gunn. Conociendo las reglas del juego y con todo un gran potencial cerebral dejado en él por W&H, mas de una vez hizo la vista gorda en sus ventas, durante estos cinco años. No juzgó ni se interesó francamente por lo que harían sus clientes con los objetos que les conseguía y vendía… Tuvo una breve alarma cuando le vendió el amuleto a Buher, pero al ver la suma de dinero dejada a su nombre, dejó las sospechas de lado creyendo que nada realmente malo, terriblemente malo, pasaría.

Al final de cuentas, ¿él no había estado en Wolfram & Hart en su momento? ¿En la cuna del Mal en la Tierra, para combatir otros males menores?

Se suponía que esto vendría a ser lo mismo, ¿no?

Se equivocó.

En el día de hoy, se arrepentía de todo.

Justo en ese momento.

Con una Illyria paralizada…

Con un Spike abatido…

Con un Ángel decepcionado…

Pensar en eso, justo en esto (Ángel decepcionado de él) lo hizo enojarse… consigo mismo. ¡Debería haber sido mas listo, mas despierto! ¡No podía ser que por un error como el que había cometido en harás de su bien económico personal, ahora se enfrentaran a…!

¿A qué?

Todavía no lo sabían, claro.

No con exactitud, pero sin duda, no seria nada bueno.

Gunn se prometió, en esa hora y en ese instante, que haría TODO por limpiar su nombre; remediaría su error de la mejor manera que pudiera y si sobrevivía a lo que fuera que pudiera pasar, dejaría aquél negocio turbio.

Nunca, jamás, volvería a fallarle a Ángel.

-Aquí – dijo Lorne, de pronto. Alzó un libro – Encontré lo que buscábamos.

Ángel se le acercó, para leer.

-El Amuleto de Ya’olth-Zoth – recitó, mirando el grabado en el libro que lo representaba – De acuerdo con lo que aquí dice, el medallón es capaz de canalizar energías sobrenaturales y… - hizo una pausa, frunciendo el ceño, preocupado – Mierda…

-¿Qué? ¿Que dice ahí? – inquirió Spike, ansioso.

-Aquí dice que el medallón sirve para un ritual mágico. Se necesita un grupo de demonios, unidos en un circulo, prisioneros… y una alineación estelar que se supone ocurre cada tres mil años… - Ángel continuó leyendo – El medallón se activa y arranca de ellos sus esencias vitales, luego las enfoca y canaliza para abrir un portal hacia… - enmudeció de golpe, serio.

-¿Un portal hacia dónde? – atinó a preguntarle Gunn.

-El Infierno – cerró el libro – Para liberar de él al Triunvirato, una especie de Trinidad Impía del Inframundo. Ellos llegan hasta nosotros y la Tierra entera es destruida.

Spike miró enojado a Gunn.

-Las has cagado bien cagada, Charlie – siseó - ¡Yo te lo advertí! Grandísimo idiota. ¡Por tu culpa ahora todo se va a ir al carajo!

Gunn bajó la vista, sintiéndose miserable.

-¡Basta Spike! – ladró Ángel - ¡Echar culpas ahora no nos ayuda en nada! Tenemos que ir tras ese Buher y recuperar el amuleto, antes de que pueda utilizarlo.

Se colocó su gabardina negra, listo para salir.

-Necesitamos armas – dijo.

El vampiro rubio señaló hacia un armario cercano. Ángel lo abrió; estaba repleto de espadas, dagas, hachas, cadenas y hasta de armas de fuego (rifles, escopetas, granadas, etc, etc).

-Vaya – se volvió hacia Spike - ¿Todo esto es tuyo?

-Estoy a favor del uso legal de armas – declaró el rubio, que se encogió de hombros.

-¿Por qué no me parece extraño? – tomó una espada. Le alcanzó a Gunn un hacha – Iremos en tu camioneta, así que tú conduces…

-Ángel, yo… yo… - empezó a tartamudear de nuevo el muchacho.

El vampiro lo paró.

-Esta bien, Gunn, ya no tiene importancia. Lo hecho, hecho esta. Vamos a por ese amuleto – le dijo. Miró a Lorne – Necesito que te quedes con Illyria, cuidándola.

-Magnifico – se quejó el demonio – De mucama del rubio teñido, a niñera de su novia…

-Hey, lechuga… no te propases – le advirtió Spike.

-Ya, ya… Voy cada vez mejor yo… - suspiró.

-¡Andando! – Ángel abrió la puerta de salida. Encabezó la marcha.


Continuara....

sábado, 18 de octubre de 2008

"Angel: El Regreso" (Capitulo 5)

V

Volviendo a Casa… y a la acción


Aeropuerto de Los Ángeles.
De noche
.

Ángel descendió del avión junto con una multitud de viajeros en la terminal del aeropuerto internacional de L.A y se quedó parado en el hall principal. Por un momento, dudó mirando hacia el exterior por un ventanal, con su maleta en la mano…

Realmente, ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Era en verdad una buena idea regresar otra vez a un lugar donde tantas heridas sin cicatrizar habían quedado abiertas? ¿Tanto las palabras de Gunn le habían afectado, como para dar un giro de 180 grados en el esquema, hasta ahora, organizado de su nueva vida?

Quería aislarse, alejarse del dolor. Los Ángeles era una ciudad cargada de recuerdos, sin sabores, que no dejaban de asaltarlo continuamente…

Cordelia, Doyle, Fred, Wesley… Sus rostros se le presentaban continuamente en la cabeza, acosándolo como fantasmas sin paz. La ciudad era testigo muda de sus fracasos, sus derrotas, y ahora que estaba de regreso, se los escupía uno a uno en la cara, sin piedad.

Podía marcharse.

Podía dar media vuelta, sacar pasaje a algún próximo país lejano y remoto e irse. En realidad, ya nada lo ataba a aquél lugar, si se fijaba bien. No habría nadie ni nada que le reprocharan por volverse a escapar de su pasado, una vez mas…

…Escapar…

Frunció el ceño.

No.

No lo haría. Ya no.

No volvería a huir de su dolor. Gunn había tenido muchísima razón.

El dolor debía ser enfrentado. Tenia que confrontar el sufrimiento, la consecuencia de sus acciones.

Se tenía que quedar. Si o si.

Con decisión férrea, tomó su maleta y se encaminó hacia la salida del aeropuerto, a por un taxi…

***

Departamento de Spike.
Un rato después
.

El timbre de la puerta sonó. Sentado en un sillón, Spike veía la tele. Lo escuchó, pero no hizo ademan de responder. Al cuarto o quinto timbrazo, Lorne salió muy molesto de la cocina. Llevaba puesto un delantal y unos guantes para el horno…

-¿Es que te volviste sordo o que? – le dijo al vampiro rubio - ¡Están llamando a la puerta!

-¿Y para que te tengo a ti, coliflor? – respondió él, con una sonrisa socarrona. Lorne resopló, ofuscado.

-Uno de estos días… uno de estos días, te juro que… - murmuró el demonio y fue a atender la puerta. El timbre sonaba de nuevo.

-En tus sueños, risitas – se mofó Spike, divertido.

-¡Y hazme el favor de bajar el volumen a esa cosa! – le gritó, mientras la abría – Cielos, eres un completo… uh… esto… Spike… ¿Spike? ¡Spike!

-¿¿Qué??

-Creo que estoy teniendo una alucinación.

Fastidiado, Spike se volvió hacia Lorne para ver de qué cuernos hablaba. Cuando sus ojos se posaron sobre el alto sujeto parado en la entrada, primero sintió sorpresa, luego estupefacción y a la final… amargura.

-¡Tú! - dijo, saltando del sillón y acercándose al recién llegado - ¿Qué mierda haces aquí?

En silencio, Ángel lo observó. “No ha cambiado en nada”, pensó, mientras hacia una mueca.

-Pues… ¿Qué no es obvio? – el vampiro moreno levantó su maleta de viaje, enseñándosela - He vuelto.

-¡Pimpollo! ¡No sabes lo contento que me pone volverte a ver! – reaccionó Lorne, abandonando el shock inicial y procediendo a abrazarlo con mucha efusividad. Spike rechinó los dientes, con enojo - ¡Pasa, hombre, pasa! ¡No vas a quedarte ahí parado, por supuesto! – continuó, tomando su maleta e introduciéndolo a empujones en el departamento - ¡Dios santo, amigo! ¿Dónde has estado todos estos años, eh? – preguntó, ansioso.

-Por ahí – fue la escueta respuesta que recibió de Ángel. Miró al departamento con nostalgia, pero no dio ni dos o tres pasos que Spike se le interpuso enfrente, resoplando de rabia.

Ambos vampiros se miraron sin emitir palabra alguna. Lo hicieron por un embarazoso segundo largo, que se antojó eterno. Lorne tragó saliva. La tensión podía palparse en el aire. Con sus poderes empaticos, él podía sentirla…

…Aquello podría terminar mal, muy mal…

-Hey, chicos… si van a darse de golpazos, vayan afuera, por favor – les suplicó – Es que… acabo de limpiar las alfombras y…

-¿Qué haces aquí? – Spike repitió su pregunta - ¿No que ya no ibas a volver nunca mas? ¿Qué te habías tomado el avión para nunca, nunca retornar?

-Si… bueno… Cambié de opinión – Ángel le sonrió, irónico - ¿Te molesta?

-Mucho… muchísimo.

-Que pena – se encogió de hombros – Es una terrible pena.

-Aquí no te vas a quedar – sentenció, haciendo sonar sus nudillos peligrosamente. Despreocupado, Ángel no se movió de donde estaba.

-¿Y si se da el caso de que NO quiero irme? ¿Entonces qué? ¿Me vas a sacar a patadas?

-Ah, oblígame – el rostro de Spike se transformó, adquiriendo su cara vampirica. Rugió - ¡Me encantaría que me obligaras a hacerlo! ¡Me darías la excusa perfecta para sacarte de mi casa a patadas en ese amplio trasero tuyo!

-Este… chicos… por favor… - Lorne volvió a suplicarles. Le siguieron ignorando.

-Si mal no recuerdo, cuando era Ángelus, el que te sacaba a TI a patadas era yo – dijo Ángel.

El siguiente rugido de Spike fue más amenazador. Abrió la boca y le enseñó los colmillos a su rival.

-¡Te voy a arrancar la maldita lengua y te la voy a anudar de corbata en el cuello, grandísimo hijo de…! – empezó a decir, pero se vio interrumpido con la inesperada aparición en la sala de Illyria.

-Has vuelto – sentenció, con voz gélida.

Ángel asintió. No esperaba encontrarla moviéndose y hablándole. Recordaba lo que Gunn le había dicho sobre ella; que era una estatua inamovible desde hacia cinco años.

Ciertamente, aquello parecía haber cambiado.

-Regresa a tu cuarto, nena – la cara de Spike revirtió a humana. La miró con mucha preocupación – Yo me ocupo de este ridículo.

Illyria no lo escuchó… y por supuesto, tampoco obedeció. Se limitó a no tomarlo en cuenta mientras se dirigía al otro.

-Has estado mucho tiempo lejos – prosiguió ella. Spike abrió muchos los ojos, con sorpresa. ¿Lo estaba dejando de lado? ¿¿Lo ignoraba?? ¿Podía ser posible? ¿Después de todas las cosas que él le había dicho? – Has viajado a otros lugares, lugares remotos…

-Algo así… si - contestó el vampiro moreno, percatándose de la perturbación extraña del rubio. De repente, Spike se había desinflado totalmente en su enojo…

Era extraño.

-¿Por qué has regresado? – quiso saber la diosa primigenia.

Otra vez.

La misma pregunta.

Ángel suspiró. Cerró por un momento sus ojos y se tomó un segundo, antes de responderle.

-Creí que… que seria fuerte estando en soledad – explicó a Illyria y a los demás – Que podría combatir de esa manera mi parte de la culpa por todo lo que sucedió… Que, de esa forma, el dolor que sentía se iría para siempre – negó con la cabeza – Me equivoqué. Gunn tenía razón cuando me lo dijo. Ahora lo sé… El dolor no va a irse nunca y mucho menos, así… Debo combatirlo, enfrentarlo. Es lo único que puedo hacer, lo único que me queda.

Se hizo el silencio.

Ángel agarró su maleta.

-No quiero molestar a nadie más. Me iré a algún hotel, a alojarme – dijo, caminando hacia la salida.

-Espera – lo paró Spike.

Se detuvo. Aguardó un momento, observándolo sobre su hombro.

El rubio se pasó una mano por el cabello platinado y la frente. Sabia que lo que diría a continuación no le gustaba, que se arrepentiría de ello mas tarde, pero… pero aun así, lo dijo.

-Te puedes quedar.

Ángel enarcó las cejas.

-¿Me lo estas diciendo de verdad?

Spike apretó los puños… pero se contuvo.

-Tómalo o déjalo. La verdad, no me importa – siseó, tomando su gabardina oscura y saliendo él del departamento, con un fuertísimo portazo al irse.

-Bueno, creo que eso termina por zanjar toda la cuestión – comentó Lorne, aliviado de no haber presenciado una escena sangrienta – Al menos para mí… así que… Estoy cocinando la cena. ¿Te sumas a nuestra mesa? Así me pones al tanto de dónde estuviste y de qué cosas anduviste haciendo, angelito.

-Si quieres… - Ángel sonrió tímidamente. Acompañó a Lorne hacia la cocina.

Illyria no se volvió para mirarlos. Sus ojos de hielo estaban fijos en la puerta que Spike había atravesado, dejándolos…

***

En algún lugar de Los Ángeles.
Tiempo después
.

Con un cigarrillo encendido en la boca, Spike miraba la ciudad desde la azotea de un edificio. En la lejanía, se oían ruidos de sirenas y del usual tráfico nocturno de costumbre…

-Bonita vista, ¿no? – comentó Ángel, uniéndosele. Spike resopló, pero no se volteó hacia él.

-¿Qué no tienes nada mejor que hacer esta noche que no sea fastidiármela, adoquín con patas? – dijo, agachándose sobre la cornisa de la terraza. El otro vampiro ocupó un lugar a su lado, sentándose – Como, por ejemplo, ir a salvar a alguien para quedar bien con todos y que todos vuelvan a decirte en voz alta lo bueno, lo estupendo, lo genial que eres, lo tanto que te necesitamos y lo contentos que estamos de que retornaras de tu exilio.

Silencio. Ángel rió.

-¿No crees que estas exagerando un poco el papel de “no me agrada verte para nada”, cuando los dos sabemos que en el fondo, muy en el fondo, no es tan así? – le dijo.

-Psss. No se de que hablas, cabezón – el vampiro rubio dio una calada a su cigarrillo, mostrándose despreocupado, en apariencia – No me agrada verte. PARA NADA. ¡Principalmente cuando por cinco años todo lo que has hecho es esconder la cabeza como un avestruz!

-Creo que fui claro con eso… - insistió Ángel – Si no lo has entendido, entonces el problema es tuyo.

-Claro, claro.

-Estaba equivocado, ¿ok? Creí que esa era la solución… irme… Ahora sé que no es así.

-Claaaro. ¡Tú y tus soluciones extremas! ¿Algo anda mal? ¡El señor se toma vacaciones largas en el exterior y desaparece para siempre! – Spike arrojó el cigarrillo gastado al vacío. Miró al otro con ironía – Irse a Irak no es la solución, espero que definitivamente lo entiendas.

-No estuve en Irak.

-¡Me importa poco si estuviste en Irak, el Congo Belga o la China! A lo que yo voy es a que te escapaste, como una rata… con la cola entre las patas. Te borraste olímpicamente con esa bendita excusa tuya de cargar con la culpa de todos nosotros. Bien, yo no – el rubio se paró. Señaló a la ciudad - ¿Ves todo esto? Durante cinco años no se cayó a pedazos gracias a mí. ¡A mí! ¡Yo salgo todas las noches a ayudar a la gente! Limpio las calles de escoria criminal… me encargo de la basura de toda la ciudad… ¡Yo solo! ¿¿Captas?? – insistió - ¡Durante CINCO años! Y mientras tanto, ¿Qué es lo que hacía el Capitán “tengo la culpa de todo”? ¡Se ocultó en algún bloody rincón del puto globo! Escondiendo esa cabeza de tarro que tienes en algún sitio extranjero y apartado. Y, para colmo de males, ahora que regresas todos se babean por ti. ¡Todos! – exclamó, dando énfasis a la palabra - ¡Incluido ella! ¡Justo ella, por quien me preocupo y mucho! ¡Mas de lo que te puedes imaginar!

-¿¿Ella??

Spike se mordió la lengua. Se había ido de boca. Dominado por los sentimientos sin control que se posesionaron de él, había dicho más de la cuenta.

-Espera un momento… ¿Es de Illyria de quien estas hablando, verdad? – preguntó Ángel - ¿O es de Buffy?

Spike no le respondió.

Un descomunal alarido sobrehumano venido de cerca dio por zanjada la conversación. Poniéndose en guardia, los dos vampiros escudriñaron las sombras del vecindario, buscando el origen del grito.

-¿Qué fue eso? – quiso saber Ángel.

-Alguien malhumorado, eso seguro – corroboró Spike. Se dirigió al extremo sur de la terraza donde estaban. El grito volvió a repetirse - ¡Viene de esa dirección! – señaló el esqueleto de las ruinas de un edificio cercano – Pero mira nada mas… que conveniente… ¿Te fijaste de dónde viene?

-Si… ya me doy cuenta.

Spike sonrió.

-¡Las ruinas de Wolfram & Hart! ¿Qué me cuentas?

Ángel frunció el ceño. Algo moviéndose entre las ruinas de W&H solo podía significar una cosa: PROBLEMAS.

Y quizás fueran de los grandes.

-Vamos a ver – le dijo a su compañero, pero el rubio ya se le había adelantado. De un salto, se tiró al tejado vecino y de allí empezó a saltar al siguiente.

-¡Apurate, abuelito! ¡Al paso de tortuga al que vas, llega el Año Nuevo! – le gritó, en la distancia. Una carcajada resonó en el aire.

-Muy gracioso… muy gracioso – Ángel tomó carrera y también saltó tras él, siguiéndolo.

***

Hubo una vez en que el edificio de Wolfram & Hart fue uno de los mas orgullosos que se hubieran construido en Los Ángeles. Alto, limpio, majestuoso… una torre de acero y de cristal, todo un emblema del orgullo de sus misteriosos arquitectos.

Antes, allí funcionaba un bufete de abogados un tanto particular. Un Estudio Jurídico que en sus ratos libres encubría demonios, vampiros y otros seres de la noche en sus ilegales actividades. Y, mientras lo hacia, buscaba la forma de desencadenar el Apocalipsis para su provecho…

…Pero cuando Ángel y sus amigos decidieron enfrentarlos, cara a cara, luego de pasar una temporada trabajando en el vientre de la Bestia, la furia incontrolable de sus Socios Mayores no dudo ni un segundo en reducirlo a escombros, mediante un terremoto.

En la actualidad, de Wolfram & Hart solo quedaba un esqueleto de hormigón y hierros retorcidos abandonados, en espera de una demolición completa que tal vez jamás se llevaría a termino, por el Ayuntamiento Municipal…

Ángel y Spike recorrían sigilosos los pasillos destrozados, antiguamente rebosantes de gente que iba y venia ocupadas en sus quehaceres. Mientras los atravesaban, no pudieron menos que sentir nostalgia; allí estaban las oficinas que ocuparan Gunn y Wesley, en su momento. Por un rincón, estaba la entrada a los laboratorios de Fred y mas adelante, el vestíbulo principal, donde se hallaba el escritorio de Harmony y la puerta del despacho privado de Ángel, cuando la Firma lo puso a cargo de todo, en su nefasto intento de corromper su alma desde adentro.

Se detuvieron al llegar a esa zona. Usaban las sombras para moverse y ocultarse de quien pudiera verles…

-Ahí - susurró Spike y entonces los vieron.

Eran un grupo de vampiros, luchando a puño tendido con alguna clase de demonio monstruoso. Una bestia sin igual, parecida a un perro de gran tamaño y garras filosas… una criatura que no dudaba en atacarlos, con suma ferocidad.

-¡Vamos, vamos! ¡Distráiganlo! ¡Solo de esa forma podré disparar el dardo con el veneno paralizante! – dijo su líder. Llevaba una especie de rifle entre las manos.

Uno de los vampiros intentó cumplir con su orden. Se lanzó sobre el demonio por la espalda y falló en su intento. La bestia dio un alarido demencial y se volvió hacia él, atrapándolo con sus garras y destrozándolo en cientos de pedazos sanguinolentos.

Varios de sus compañeros pretendieron también luchar contra él, recibiendo igual trato. Para cuando pasó un buen rato, en el piso había desperdigadas piezas de cuerpos cruelmente mutilados por el animal sobrenatural.

…Y a los que no desmenuzaba, se los comía, devorándolos con aquellas fauces suyas de pesadilla…

-Ugh – Spike hizo una mueca de asco – Come vampiros. ¿Qué clase de demonio es ese?

-Un Ghul – le informó Ángel – Demonios carroñeros y necrófagos. Se alimentan de cadáveres y demás porquerías.

-Que mal por esos pobres tipos. Que bien para nosotros. Nos hace todo el trabajo por adelantado, así que… ¡Bye, bye! – el rubio dio la media vuelta y se disponía a irse del lugar. Ángel lo detuvo, con una mano en el hombro.

-No tan rápido – le susurró – No podemos dejar a esa cosa suelta en Los Ángeles.

-¿Y qué? ¿No dijiste que solo come cadáveres y carroña? No veo el peligro.

-¡Si serás idiota! ¡Es un demonio terrible! ¡No podemos dejarlo suelto para ir y venir por la ciudad!

-Entonces, ocúpate de él, cabezón. Actualmente, solo me dedico a perseguir delincuentes comunes… y humanos.

-¡Vamos Spike! ¿Desde cuando huyes de una pelea? ¿Acaso será por que tienes miedo de un monstruito como ese? – se mofó Ángel. Su táctica funcionó. Spike lo miró con furia.

-¡Yo no le tengo miedo a NADA! ¿¿Comprendes??

-¡Demuéstramelo! ¡Vamos a por esa cosa!

-¡Muy bien, imbecil! – Spike salió de la oscuridad, seguido por su compañero. Tomando la delantera, mudó su rostro por el de vampiro y se arrojó en contra de la bestia, atacándola con una feroz patada voladora.

El demonio se tambaleó y retrocedió, para luego caer en un agujero abierto en el suelo, en el sitio donde solía estar el escritorio de Harmony. Desapareció de la vista de todos con un alarido tremendo…

-¡Maldición! ¡Maniobra evasiva! – dijo el líder de los vampiros a sus subalternos, al ver a los recién llegados. Reconoció de inmediato a Ángel, aquel traidor con alma del que tanto hablaran los de su raza en muchas ocasiones.

Antes de que el dúo pudiera reaccionar, todos se dieron a la fuga dispersándose por las ruinas de Wolfram & Hart.

-¡Cobardes! ¡Maricas! – les gritó Spike, con la cara humana de nuevo – Esto fue muy fácil – comentó, mirando al agujero.

-Demasiado… ¡¡Cuidado!! – Ángel le dio un empujón, alejándolo del hoyo.

El demonio emergió de él, resoplando de ira. De un salto, se plantó delante de la pareja en apariencia, ileso.

-¡Mierda!

La criatura pegó un alarido. Con su descomunal fuerza se estiró hasta el techo y en su gigantesca estatura, derribó una viga. Una lluvia de escombros cayó encima de la pareja, sepultándolos entre cascotes y metales torcidos…

-¡¡Ahora!! – gritó alguien.

Un dardo voló por el aire. Dio de lleno en el cuello de la bestia. Tomada por sorpresa no pudo atinar a defenderse. Cuando la sustancia le hizo rápido efecto, se desplomó, inmovilizada.

Los vampiros y su jefe reaparecieron. Moviéndose a toda prisa, colocaron pesadas cadenas y grilletes en el peligroso ente y lo arrastraron fuera de allí.

-¿Qué hay de aquellos dos, jefe? – le preguntó uno de sus hombres, refiriéndose a Ángel y a Spike.

-Tardaran un buen rato en salir de esa tumba – el jefe rió – Vamonos. Involuntariamente, ese zángano con alma nos ha ayudado. ¡En marcha! Tengo preguntas que hacer a nuestro “querido” patrón… ¡Y espero que me las responda!

***

Para cuando la pareja salió de entre las ruinas, todo había concluido. Ni los vampiros ni el demonio se veían por ningún lugar…

Spike insultó a Ángel por su torpeza. Según él,
“lo tenia todo servido en las manos hasta que TÚ lo arruinaste, adoquín”.

El vampiro moreno simplemente lo ignoró. Miró a las huellas que los captores de la bestia habían dejado al arrastrarla y una oscura sospecha comenzó a formársele en su interior.

…Algo olía mal… muy mal…

***

Edificio de la Corporación Buher
Momentos después
.

Paul Buher observó con mucha satisfacción cómo sus guardias de seguridad encerraban al feroz demonio capturado en una celda. El líder del grupo de los vampiros se le acercó, dispuesto a increparlo, furioso por ciertas cosas…

-¡Usted nunca nos habló de que tendríamos que cazar demonios, señor Buher! – dijo - ¡Ni que tampoco nos toparíamos con el despreciable de Ángel, el maldito con alma! ¡He perdido a varios de mis muchachos para agarrar esa cosa para usted! ¡Ese no fue nuestro acuerdo!

El empresario entrelazó las manos detrás de su espalda, sereno.

-Vamos por partes: Primero que nada, yo les dije que irían tras seres que NO eran humanos – retrucó - ¿Importa acaso de que se trate de demonios? Segundo, soy conciente de la existencia de ese “vampiro con alma” que tantos dolores de cabeza les trajera a muchos en el pasado. ¿Mi franca opinión acerca de él? No me importa. Ya ni siquiera es la sombra del que alguna vez fuera y sin la “mano protectora” de Wolfram & Hart sobre él, pues me importa menos… Solo limitense a seguir con lo acordado y les aseguro de que la paga que recibirán será buena – concluyó Buher.

-¿Para qué necesita demonios, señor? – insistió el líder vampiro, suspicaz.

-Nada mas limitense a traérmelos – Buher sonrió – Serán todos bien remunerados, se lo aseguro. Del resto, pues es sencillamente un asunto personal… Agradeceré la suma discreción al caso.

El empresario se alejó de él. El vampiro masculló un insulto y se retiró también. En aquel lugar había algo, algo que no olía bien…

¿Qué se traería entre manos Paul Buher?



Continuara......

miércoles, 15 de octubre de 2008

"Angel: El Regreso" (Capitulo 4)


IV

Spike & Illyria

Departamento de Spike.
La noche siguiente
.

Ella continuaba inmóvil, como siempre.

Con el cigarrillo encendido en la boca, Spike la contempló detenidamente. Estaba de pie, apoyado en el marco de la puerta abierta de la habitación y mientras fumaba en silencio, estudiaba con suma atención las cinceladas formas de la criatura sentada en el piso, enfrente de él…

-Has pasado cinco años haciendo eso, nena – dijo a Illyria. No hubo reacción alguna de su parte. Continuó con los ojos fijos en el vacío, como ignorándolo a propósito. Tal vez así fuera – Cinco años – repitió, entrando en la sala y acercándosele – Totalmente convertida en una estatua de mármol…

Guardó silencio, esperando.

Illyria no habló, tampoco.

-Esto no es normal, ¿entiendes? – Spike se agachó a su lado, el cigarrillo pendiendo de su boca mientras el humo volaba, dejando su aroma tenue a tabaco en la habitación – No comes, no duermes, no bebes, no hablas… Respiras; al menos, sé que de alguna forma lo haces… Pero lo que estas haciendo, lo que te estas haciendo a TI misma – la señaló a la cara – Eso NO es normal… ni bueno. ¿Comprendes lo que te quiero decir, nena? ¿Eh?

Illyria no respondió.

-Sé que te duele, cariño – suspiró Spike, parándose – No creas que no lo entiendo… que no entiendo lo que hay ahí, en tu interior. Sé lo que es el dolor… el sentimiento de perdida – hizo una pausa. Nada en el semblante de la diosa primigenia que ocupara el cuerpo de Fred cambió. No había indicios siquiera de que oía al vampiro en su diatriba – Pero esto, lo que te estas haciendo, no te ayudara en nada. Quedarse sentada, paralizada y simplemente ignorando al mundo que te rodea no va a hacer que ese dolor que sientes, y del que estoy seguro sientes mucho, se vaya. ¡Tienes que luchar! ¡Tienes que salir adelante! ¡Tienes que escapar de las paredes de esta habitación! – insistió. La rabia y la frustración que él mismo sentía se traslado a sus palabras - ¡No puedes quedarte ahí, en el piso, por toda la eternidad! ¡Bloody Hell! ¡El numero de la estatua milenaria esta bien para el circo, pero no para la vida real!

Se calló. Esperó otra vez alguna reacción de la figura femenina.

No ocurrió nada.

Illyria siguió sin hablarle… ni mover un músculo.

-¡Maldición! – con disgusto, el rubio vampiro tiró el cigarrillo al suelo y procedió a apagarlo de un pisotón - ¡Esta bien! ¡Al menos, lo intenté! Tenia que hacerlo… - se dirigió a la puerta – Pero… hay una cosa que yo sé y que es verdad, algo mas importante de todo lo que te acabo de decir y es esto: en tu lugar, Fred no se habría rendido tan fácil.

Se detuvo un instante antes de abandonarla. La miró.

-Evidentemente, tú no eres ella – le dijo, con gran dolor en el alma.

Cuando la puerta se cerró detrás de él con fuerza, nada cambió en el escenario del cuarto: Illyria permaneció muda, inexpresiva, paralizada en su sitio como desde hacia cinco años que venia haciéndolo…

…Pero pasado un momento y sin previo aviso, la inmutabilidad que la invadía, destinada a proseguir por eones, se quebró por un motivo inesperado… un motivo que indicó que la diosa primigenia había oído todas y cada una de las palabras dichas por el vampiro…

Lágrimas en sus ojos.

***

Más tarde. Interior de un bar.
En alguna otra parte de Los Ángeles
.

El local estaba lleno de gente. Ocupando un sitio algo apartado de la concurrencia, Spike bebía lentamente una cerveza bien helada de una gran jarra, sentado ante una discreta mesa. Su semblante estaba oscuro, perturbado…

Su mente era un hervidero de caos. Pensaba en muchas cosas a la vez: Illyria, Fred, la negativa de Ángel de volver con ellos… su situación actual en el mundo… y sumado a todo eso, su alma estaba convertida un torbellino de sensaciones. Sentía que si la presión continuaba así, explotaría en algún momento… y pobre del desafortunado que se le cruzara enfrente.

Necesitaba con urgencia relajarse, despejarse. Alejar de si el fantasma de la modorra, de la depresión que lo invadía totalmente…

-¡Déjame en paz! – gritó alguien. Spike miró en dirección a la barra, en donde descubrió que la que había hablado era una chica. Se encontraba agarrada fuertemente del brazo por un grandullón con cara de pocos amigos, que no cesaba de sacudirla, ante la atónita vista de la gente presente.

-¿¿Es que crees que voy a dejarte solo porque un puto Juez firmara un par de papeles de mierda?? – masculló el matón, sacudiéndola de nuevo - ¡Olvídalo, Nancy!

-¡Suéltame! – volvió a gritarle la chica, sin efecto. Sus ojos arrasados de lágrimas se volvieron desesperados hacia la concurrencia. Nadie hizo asomo siquiera de levantarse de su asiento y de defenderla. Spike se mordió el labio inferior, furioso…

-¿Acaso crees que me puedes dejar así como así, Nancy? ¡Estas equivocada! – rugió el sujeto, arrastrándola con fuerza hacia él - ¡Te demostrare lo equivocada que estas conmigo!

“Es suficiente”, pensó el vampiro, poniéndose de pie y encaminándose hacia la pareja. Se interpuso de inmediato entre los dos y muy seriamente, habló con el hombre…

-Mira, amigo, yo que tú dejaría a la dama en paz, ¿ok? ¡Creo que fue muy explicita cuando te dijo que te esfumaras!

El matón lo miró de arriba abajo, sin podérselo creer. Frunció peligrosamente el ceño.

-¿Quién mierda eres tú? ¡Desaparece de mi vista, rubio marica, o te arrancare las orejas! – ladró.


-Ok, ok… Intenté ser amable contigo… ¡Pero creo que a los puños si les tendrás mas respeto, grandísimo hijo de puta! – replicó a su vez Spike y le propinó una feroz trompada en el rostro.

Mientras el grandullón caía con la nariz rota, otro hombre (amigo del primero) no tardó en salir en su defensa, esgrimiendo una navaja afilada.

-Miren nada mas – dijo el vampiro, esquivando su estocada y agarrandolo de un brazo, torciéndoselo luego de modo tal, que le hizo soltar el arma de la mano - ¡El imbecil tiene inútiles que lo apoyan!

-¡Ay, ay, ay! – se quejó el tipo, inmovilizado.

-¿Te duele, mal nacido? ¡Pues me alegro! – Spike lo empujó con todas sus fuerzas contra la barra. El hombre se estrelló sobre ella, destrozando botellas y vasos a la vez – Bien, ¿¿¿Quién es el siguiente??? – preguntó, mirando hacia la gente del bar.

Nadie se atrevió a moverse. El novio de la chica atacada, cuya nariz rota sangraba copiosamente, echó a correr en dirección a la salida del local. Spike lo observó un momento con furia, y decidió seguirlo. Corriendo rápidamente tras él, lo persiguió por la calle hasta alcanzarlo en una zona cercana a una playa.

-¿¿Qué quieres de mi?? – le gritó el sujeto, acorralado.

-¡Solo asegurarme de que entiendes de que la chica NO quiere verte mas, imbecil de cuarta! – le gritó a su vez él, pateándolo en el estomago. El hombre escupió sangre, se dobló del dolor y cayó en el suelo.

-¡Argh! ¡Ay, ay! ¡Eres un animal! – farfulló, con las manos en su abdomen.

Spike sonrió, satisfecho.

-Me han llamado de peores formas, amigo– dijo y entonces vio algo en la playa que desvió su atención. Una forma femenina, de pie en la arena, bajo la luz de la luna.

Por un segundo, el rubio creyó estar soñando; era evidente que aquella persona no podría estar ahí, no. Era impensado, pero… pero la evidencia de su sola presencia era abrumadora.

Efectivamente, estaba en aquel lugar.

-¿Illyria? – murmuró Spike.

***

Sentándose en un banco, cerca de la playa bajo la luz lunar, Spike y la diosa primigenia se reunieron.

Al principio, el vampiro no lo podía creer. Durante cinco años, ella jamás había movido un músculo ni pestañeado, siquiera. Ahora imprevistamente, se hallaba allí, a su lado, con el rostro inexpresivo pero totalmente consciente.

…Totalmente despierta.

Spike sacó de su gabardina una caja de cigarrillos. Encendió uno y lo fumó. Illyria esperaba, en silencio. El viento nocturno, caprichoso, jugaba con sus largos cabellos azulados, haciéndolos bailar.

Él debió reconocer que, bajo aquel brillo lunar, ella se veía hermosa y sublime… viva…

Si, viva

Como si Fred jamás se hubiera ido, suplantada por la entidad sobrenatural que ahora moraba allí, dentro de aquél cuerpo. Como si su vieja amiga jamás se hubiera desvanecido en el seno de la muerte, solo para dejar paso a una criatura que se suponía desaparecida en una época anterior al género humano, incluso.

…El silencio entre ambos se prolongó un buen rato. Ella lo quebró, decidiéndose a hablar primero…

-¿Por qué sigues adelante? – inquirió - ¿Cómo hiciste para continuar, cuando ya no había motivos para hacerlo?

-La verdad, no sé – Spike se encogió de hombros. Miró hacia el horizonte estrellado, soñador – Creo que me harté de quedarme a esperar a que el desastre llamara a mi puerta… algo como “la venganza póstuma de los Socios Mayores de Wolfram & Hart”, enviando en nuestra contra demonios o cualquier otra estupida criatura. Sobre todo, cuando todavía había tipos delinquiendo contra la gente inocente allá afuera, en la gran ciudad – dio otra calada a su cigarrillo – Sobre todo, eso. Creo que llegado a ese punto, fue cuando me dije “¿Y por que no?” – sonrió – Si contaba con los medios para hacer algo en contra de ello, ¿Por qué no tomar el toro por las astas? W&H se había terminado, pero el Mal no. Y si yo solo servia para repartir golpes, ¿Por qué no usarlos a favor de la gente que realmente lo necesita?

Illyria asintió, escuchándolo.

-Bueno, que demonios, si ese es mi único talento, debía darle uso. Me había convertido a mi pesar, en un “Campeón”. Era el momento de hacer valer ese titulo – hizo una pausa. Fumó otra vez – Y el bueno de Ángel se había marchado – continuó hablando, la sonrisa borrándosele de la cara suplantada por una expresión de desazón – Al parecer, para siempre… ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Sentarme a esperar que el bueno del “Capitán Cabezota” volviera a salvarnos la situación? – meneó la cabeza, negativamente – No. Yo no soy así. Nunca lo fui… y no iba a empezar ahora. Por eso, elegí esta vía. Por eso, me dediqué a limpiar la ciudad poco a poco de delincuentes y de prestar socorro al que lo necesite. Hoy por hoy, es lo único que puedo hacer… y bien – concluyó.

Enmudeció. A su lado, Illyria no agregó nada, limitándose a oírlo con suma atención y echar un vistazo, alternativamente de tanto en tanto, en dirección al mar.

Luego, le sucedió algo: cambió.

Con un movimiento fluctuante, la figura femenina mudó su aspecto ultraterreno por el de la antigua dueña de aquel cuerpo. Tomando la forma de Fred, la criatura miró al vampiro con rostro dulce y triste a la vez.

…Spike se quedo sin habla…

-Al principio, creí que no podía seguir… no sin él – dijo. Su voz sonaba despacio, serena, pero también melancólica. El acento inconfundible de Fred estaba allí; era el mismo timbre de voz, imitado perfectamente – Sentimientos nuevos estaban invadiéndome… sensaciones, emociones… cosas que me asaltaban sin control, que solo podían proceder de la anterior dueña de la cáscara que uso en este mundo, de la mente y el alma de Fred – bajó la mirada, abatida – Y entonces, tuve miedo – confesó – Si, yo, Illyria, diosa-madre del Primordium, cuyo nombre nunca osaban mis seguidores pronunciar en vano ni en voz alta, sintió PANICO, terror absoluto a estas sensaciones nuevas. ¿Por qué? ¿Por qué me estaban asaltando a mí, justamente a mí? Yo… solo tuve miedo.

Suspiró. Spike la sintió totalmente afligida… y supo que en verdad lo estaba. Al menos, mientras se viera como Fred, así lo expresaba.

-Y él no estaba allí para ayudarme a entender – prosiguió – Para ayudarme a comprender lo que pasaba… él… Wesley – pronunció el nombre con un estremecimiento. El vampiro rubio alargó su mano, tímidamente, hacia la de ella. Para su asombro, lejos de lo que esperaba, la chica no se la retiró. Ni bruscamente ni de ningún modo; ella la aceptó sin mas – Estaba muerto… se marchó y me dejó sola en este mundo… sola… abandonada en este extraño universo, tan ajeno a mi misma…

Varias lágrimas escaparon de sus hermosos ojos. Spike sintió que se le partía el alma. Tal vez la figura que lloraba se viera como su vieja amiga Fred, pero quien sufría internamente era la criatura milenaria que se arrastraba dentro de su cuerpo, Illyria.

Era la primera vez que veía a la diosa llorar por algo.

-No estas sola, cariño – se encontró diciéndole él. Las palabras emergieron solas de su boca, como cobrando vida propia – Nunca mas lo vas a estar – le aseguró, con ternura – Entiendo tu dolor… tu sufrimiento… y mientras me siga quedando algo de vida en este bloody cuerpo vampiro mío, no voy a dejarte – agregó, con decisión.

Ella lo miró a los ojos. Él noto, en el fondo de los suyos, una especie de alivio… un agradecimiento enorme que no necesitaba expresar con palabras.

-Nunca vas a estar sola – le repitió, mientras ella se recostaba sobre su hombro y lloraba en silencio – Nunca mas…

La brisa que venia del mar los envolvió. Muy despacio, la forma de Fred se desvaneció e Illyria recuperó la suya propia… En el horizonte, una estrella fugaz atravesó el oscuro cielo.



Continuara....