sábado, 24 de octubre de 2009

"La Sangre del Vampiro" (Capitulo 7)


NOTA EXTRAIDA DE UN PERIODICO DE LOS ÁNGELES, UN DIA DESPUES:

“Se Acabo el Horror”

En un comunicado de prensa oficial ofrecido esta tarde en el edificio del Ayuntamiento, el jefe de la policía local, J. H. Vargas, declaró que “El Loco de Negro esta terminado”. En tal afirmación, respaldada por el Alcalde de la ciudad, Charles L. Gunn, el Comisario Inspector Vargas afirmó y aseguró tanto a los medios de la televisión como a los de la prensa que el maniático homicida sicopático apodado “El Loco de Negro” fue finalmente detenido por las fuerzas del orden. El Loco de Negro habría cometido oficialmente 14 crímenes en esta ciudad pero se le achacan un sin fin de indeterminadas desapariciones en todas las semanas que cometió sus nefastas actividades. Cuando el Comisario Vargas fue confrontado por la prensa a revelar la identidad del susodicho asesino, se deshizo en excusas, alegando un “Secreto de Sumario” al hecho, indicando que todavía quedan muchas cosas más por esclarecer al respecto, pero que: “los ciudadanos de L.A pueden dormir tranquilos a partir de ahora en mas… ¡El Loco es historia!”. El Loco de Negro y sus crímenes sin duda alguna pasaran a la historia para engrosar aun más las listas de asesinatos seriales que día a día, asuelan Norteamérica y el mundo entero. Un caso con un único precedente en el recordado mítico asesino de Whitechapel, en el siglo IX, Jack el Destripador, quien en aquel suburbio de Londres, asesinó a varias prostitutas antes de desaparecer en la nada. ¿Quedara el caso del Loco de Negro, aparentemente solucionado, sumergido en el manto del misterio? ¿Por qué las fuerza del orden se niegan a dar datos oficiales de la identidad del asesino? Quizás nunca lo sepamos con claridad…

NOTA EXTRAIDA DE OTRO PERIODICO DE LOS ÁNGELES:

“Policía de L.A implicada en un extraño operativo anti-terrorista en el puerto”

Llama de sobremanera la atención el extraño operativo anti-terrorismo que la policía de la ciudad efectuó ayer por la noche en un par de depósitos del puerto. Según trascendió por comunicados oficiales, una extraña facción terrorista se había acuartelado en un rincón del puerto de la ciudad y la policía, enterada de los hechos, se dio cita en el lugar para detener a los delincuentes. Hubo un feroz tiroteo y según se sabe, los terroristas volaron un deposito abandonado, donde supuestamente, se habrían autoinmolado. El hecho es demasiado confuso y cuando la prensa quiso abordar más al respecto, se ha topado con un mutismo y silencios absolutos por parte de las fuerzas del orden. ¿Existe algún lazo misterioso entre la explosión de aquel deposito del puerto con el homicida conocido como “El Loco de Negro”? Se ha intentado consultar al respecto al mismísimo Comisario Inspector Vargas, de la Jefatura de Los Ángeles, pero el susodicho efectivo de la fuerza se ha negado a declarar cualquier cosa al respecto que pueda levantar el manto sobre este misterio…

RECORTE DE OTRO PERIODICO DE LA CIUDAD:

“Muerte y misterio en la Catedral de San Jorge”

Un hecho sin precedentes de un salvajismo total fue cometido en la Catedral de San Jorge, cercana al centro de la ciudad. Ayer por la noche el sacerdote responsable del establecimiento fue asesinado brutalmente y crucificado, de una manera “satánica” y “blasfema”, en mitad de un confuso hecho. Se desconoce el motivo del asesinato del sacerdote y de sus monaguillos, todos ellos mutilados de igual forma, pero si ha podido saber que un famoso detective de la policía local, William Marllow, mejor conocido como “Spike”, esta implicado en los hechos. Al parecer, el detective fue visto por algunos testigos de la zona entrando a la catedral acompañado de una misteriosa mujer rubia desconocida, portando una escopeta de caño doble y un arnés con balas sobre su traje. Para cuando la policía llegó al lugar (y encontró los cuerpos) el detective Spike desapareció, junto con su misteriosa acompañante, sin dejar rastros salvo un tendal de cadáveres. Se ha intentado esclarecer si el citado detective, conocido en la Fuerza Policial por sus continuos arrebatos de carácter, seria el responsable de los hechos mencionados. Se sabe, empero, que un sujeto llamado Rupert Giles fue encontrado con vida en el campanario de la catedral y en estos momentos, yace internado en el Hospital Central de Los Ángeles, bajo el cuidado de los expertos médicos de las institución. Los intentos de la prensa de lograr contactar con el Sr. Giles para obtener de su boca una declaración sobre los hechos ocurridos se ha visto enturbiado por el impedimento policial, que ha montado una guardia constante en la puerta de la habitación donde el hombre descansa…

***

RUPERT GILES

(Hospital de Los Ángeles, al anochecer)

Apenas Rupert abrió los ojos, lo vio.

Se encontraba sentado en una silla colocada al lado de su cama. Al principio, le costó reconocerlo. Con la mascarilla de oxigeno colocada en su rostro y sin sus gafas, Rupert no podía distinguir las cosas con total claridad, empero sabia que el muchacho rubio, de gabardina negra y pantalones del mismo color, sentado en la silla al lado de su cama, era Spike.

Lo supo incluso antes de oír su voz.

-Hola, Rupert – dijo y sonrió.

-Hola Spike – contestó Rupert, esbozando una sonrisa – Sabia que vendrías.

-No podía ser de otra forma, luv. Eres mi amigo ¿no?

Spike sonrió. Luego, suspiró.

-¿Cómo hiciste para que esos polis de la puerta te dejaran pasar? – inquirió Giles, asombrado por el color blanco que la piel de su compañero había adquirido.

-Trucos – Spike esbozó una tibia sonrisa – Pequeños trucos. Digamos que disponemos de un margen de tiempo para conversar, viejo cabezadura. ¿De veras estas bien? ¿De verdad vas a estar bien?

-Hey, ya sabes como soy yo – terció Giles, meneando la cabeza – Un viejo roble inglés. Estaré bien… De en serio. El doc dijo que tengo raspones en el cuerpo, pero nada serio. Menos mal que no encontró marcas de mordeduras o… cosa semejante.

Se produjo el silencio. Spike asintió. Su rostro parecía mas relajado ahora.

-El hijo de puta sabia lo que hacia – dijo el detective, al rato – Por eso te secuestró. Sabía que si te llevaba con él, yo iría a buscarte. No era ningún tonto. Drácula quería atraerme hacia donde creía que me mataría.

-Obviamente, te subestimo, Spike.

Spike se encogió de hombros.

-No, viejo amigo, era listo – Spike hizo un gesto de desdén con una mano – Lo tenia bien pensado, pero si, digamos que se equivocó en algunas cosas. El pobre estaba ya tan viejo que su mente no podía procesar toda la información como debería ser. A parte de la sangre que consumió… Toda esa sangre fue lo que lo cambió, ¿sabes Rupert? Lo corrompió. La sangre de la gente de este “nuevo siglo”, como decía él. Lo que le dio el poder lo corrompió. Eso que vimos fue el resultado de su corrupción. El mal en su estado puro.

-Una atrocidad – resopló Giles, entrecerrando los ojos.

-Pero ya esta liquidado.

-¿En verdad esta muerto, Spike? No es que dude de tus palabras, pero…

-Esta muerto, luv. Yo mismo lo vi desaparecer. Se acabó el jodido Drácula y no es como en las películas – Spike rió – Acá no se va a levantar de nuevo para seguir por una segunda parte. No, pet. Este fue el fin para él.

Se produjo un súbito silencio entre los dos hombres. Rupert se incorporó dificultosamente en la cama y miró a los ojos a su amigo.

-¿Duele? – le preguntó.

Spike lo contempló un tanto confundido.

-¿Ser vampiro dices? – Rupert asintió – No, viejo amigo. Pensé que seria algo… diferente, pero jamás me imagine que… seria algo como esto – Spike se señaló a si mismo – Debo confesar que es muy raro, eso si. No podía ser de otra forma, pero… era esto o morir de cáncer de pulmón avanzado.

Silencio de nuevo. Spike suspiró otra vez.

-El cigarrillo –Rupert entendió al fin – Yo te lo dije muchas veces, amigo. Esa cosa te iba a matar.

-Tenias razón – Spike sonrió, triste – Tenias toda la bloody razón, luv. Pero ya esta. Ya es… historia.

-Me imagino. ¿Ella esta todavía contigo? La chica rubia, digo…

Spike asintió. Se levantó de la silla y se puso de pie, metiéndose las manos en los bolsillos de su gabardina.

-En los periódicos, parece que quieren acusarte de lo que sucedió en la catedral, Spike – empezó diciendo Rupert – Sé que algunos reporteros intentaron venir a hablar conmigo al respecto. Les diré en cuanto pueda hablar con ellos que eso es falso.

-No, luv, no harás eso.

Rupert miró a su amigo perplejo.

-¿De que estas hablando, Spike? Te quieren acusar de asesinato. No puedo cruzarme de brazos. ¡Tengo que decirles que no fuiste tú!

-¿Y que les dirás?

-Yo… Yo… - Rupert titubeó.

-¿Les dirás que el jodido Drácula mismo fue el responsable? ¿Qué el Loco de Negro era él? No te creerán, Rupert. Olvídalo.

-¿Y entonces? Se supone que algo tengo que decir, Spike. El buenito de tu jefe, Vargas, ni siquiera salió en tu defensa. Esta tan atareado recibiendo los laureles de sus superiores por la detención del Loco que se ha olvidado de ti. ¿Qué debo decir entonces, Spike?

-Diles la verdad, Rupert… que no recuerdas nada.

Giles meneó la cabeza, despacio.

-No se lo creerán.

-Si que lo harán.

-¡Pero Spike! ¿Y que pasara contigo? ¿Acaso…?

-Rupert, estoy fuera.

-¿Eso que quiere decir?

-Me marcho.

Rupert enarcó las cejas, confundido.

-¿Adonde?

-¿Importa acaso? – terció Spike – Todo ha concluido para William Marllow en esta ciudad, mi buen amigo. Spike se retira. Tengo muchas cosas que hacer a partir de ahora y una de ellas es abandonar mi pasado… Yo ya no puedo seguir transitando el mismo lugar de siempre, ¿entiendes?

-Entiendo… Lo que me quieres decir es que esta es como una “nueva” oportunidad para ti, ¿correcto?

-Llámalo así si quieres, Rupert. Tal vez lo sea. Yo sé que si Buffy no me daba la sangre en ese momento… si no me hacia lo que ahora soy, hubiera muerto lo mas probable dentro de algunas semanas de cáncer avanzado de pulmón. Lo bueno de todo es que quizás ya no tenga que preocuparme mas de eso, ni tan siquiera, de fumar.

Spike le apoyó una mano en el hombro a su viejo amigo. Sonrió tristemente.

-¿Es esta la despedida? – inquirió Rupert - ¿Ya no volveremos a vernos?

-Yo no diría eso, amigo… Los caminos de la vida son anchos y… ¿Quién sabe? ¿Quién sabe?

Rupert sonrió también tristemente. Ambos hombres se abrazaron.

-Cuídate… cuídense. Los dos – le pidió Rupert a Spike antes de que el muchacho abandonara la habitación.

-Lo haremos.

***

SPIKE

(Azotea del Hospital General de L.A. Noche)

Ella me esperaba de pie mirando el paisaje de edificios iluminados del centro de la ciudad en la azotea. Apenas llegué, supo que era yo, como yo sabría ahora de ella si entrara en una habitación llena de gente y no nos viéramos entre los dos.

Percepción extrasensorial, creo que le dicen. Es difícil acostumbrarse a estas cosas vampiricas.

-¿Cómo esta el Sr. Giles? – me preguntó Buffy, una vez que me reuní con ella.

-Ese sabueso inglés es un roble – dije, estrechando un brazo alrededor de su cintura. Ella apoyó su cabeza sobre mi hombro – Saldrá bien parado de todo esto.

-¿De veras estas decidido a seguir con esto? – fue la pregunta que Buffy me hizo después de un largo minuto de silencio en el que ambos contemplamos el paisaje de la ciudad dormida.

-¿Tengo alguna otra opción, pet? ¿Acaso puedo dar marcha atrás?

Buffy me miró con aquellos bellos ojos de esmeraldas y pareció triste.

-Es mi culpa, lo sé. Yo te di la sangre…

-No, no, luv. Escúchame. Hiciste lo que debías hacer – dije yo, sosteniendo su hermoso rostro con una de mis manos. Algunas lagrimas rebeldes todavía salían de sus ojos – Es como le dije a Rupert. Si no hubiera sido así… ¿Qué destino me esperaba? Morir de cáncer. A la final, todos tenían la jodida razón… el cigarrillo me iba a matar.

-Pero había tantas otras cosas que podrías seguir haciendo… tantas otras cosas que…

-Buffy, ya esta. Ya pasó. No le des mas vueltas, pet – la besé en una mejilla, despacio. Su piel seguía resultándome suave y fragante – Ahora lo único que me importa es estar a tu lado – hice una pausa, la estreché nuevamente entre mis brazos – Te amo.

-Spike, yo también te amo.

Sonreímos. Sus labios pronto estuvieron sobre los míos y nuestras bocas se fundían otra vez en un suave y delicado beso.

-Si esto va a ser así durante toda la eternidad, pet, amare ser vampiro – dije, al separarnos.

Buffy pareció súbitamente triste.

-Será duro – advirtió – Habrá momentos de dolor y de locura y quizás… quizás ansíes haber muerto cuando pudiste. Tal vez hasta odies tu nueva vida…

-Afrontare lo que venga. No me importa.

-Quizás hasta llegue el día en que decidas terminar con todo esto… salir al sol y acabar con esto.

-No lo haré, pet.

-Ay, Spike. Dices eso porque eres reciente en esto… Si supieras lo que es vivir por siglos… no envejecer, no sufrir dolores… Puede que termines pensando que esto es el mismo infierno.

-Mira, luv… entiendo todo lo que dices, pero te repito: afrontare lo que venga.

Buffy me miró largamente, en silencio. Cielos, era tan bella bajo la luz de la luna.

-¿Estarás conmigo siempre, Spike? – me preguntó.

-Siempre.

-¿Me acompañaras adonde vaya?

-Adonde tú vayas yo iré, pet.

Sonrió. Nos abrazamos nuevamente.

-Te amo, Spike.

La besé. Mientras caminábamos hacia la escalera de emergencia, hacia la calle, le susurré al oído:

-Yo también te amo… y ahora, para siempre.


FIN

jueves, 22 de octubre de 2009

"La Sangre del Vampiro" (Capitulo 6)


SPIKE

(A bordo de su Civic, junto a Buffy, por la noche en L.A)

El auto cruzaba unas oscuras calles, hacia el destino del enfrentamiento final. A mi lado, mientras manejaba, se encontraba Buffy. Silenciosa y serena, observa el paisaje que pasa veloz a nuestro alrededor.

Ninguno de los dos nos hemos dicho nada más desde que abandonamos la zona del puerto. Buffy me indicó el camino a seguir antes de eso. Al parecer, de alguna manera que no me ha aclarado, ella sabe donde se encuentra el gran hijo de puta responsable de este desastre.

La primera parte de nuestro plan ha concluido con éxito. Los sirvientes de Drácula (esos vampiros paupérrimos que dimos muerte) eran ahora un bonito montón de cenizas y de materia fecal desparramados en el puerto. Sabia que Vargas y los suyos se encontrarían en esos momentos arreglando todo para que cuando llegara la Prensa y los demás curiosos, todo luciera como si hubiera sido una operación anti-terrorista abortada por la poli de L.A.

Sonreí. El viejo Vargas se iba a llevar todo el crédito ante los peces gordos por esto. No me importaba en lo mas mínimo.

Ahora, había más cuestiones en juego, intereses más importantes.

Como matar al bloody hijo de puta de Drácula.

Nuestro viaje terminó ante las puertas mismas de la Catedral de San Jorge. Era una catedral gigantesca, con grandes vitrales y columnas de estilo gótico. Buffy fue la primera en descender, frunciendo el ceño y echando miradas de preocupación a la cima del edificio.

-¿Una iglesia? – inquirí, descendiendo tras ella con la escopeta preparada.

-Drácula era católico cuando estaba vivo –me respondió, encogiéndose de hombros – Creo que considera justo ahora cometer blasfemias en contra de los que él considera “los que lo abandonaron a su suerte”.

-Que simpático. Un vampiro con problemas religiosos – otra vez sacaba un cigarrillo y lo encendía, fumándomelo – Muy bien. ¿Esta ahí dentro?

Buffy asintió.

-Puedo sentirlo… y tú amigo… está con él.

-Ok. Entonces dejemos de perder el tiempo – dije, cargando la escopeta y encaminándome hacia la gran puerta de madera de la entrada. Me detuve para ver que Buffy todavía permanecía parada cerca del coche, como si no se decidiera a entrar a la catedral - ¿Vienes, pet?

Buffy dudó, pero solo lo hizo un segundo. Aspiró una bocanada de aire y me siguió.

-¿Qué te sucede? ¿Acaso le temes a la cruz o algo similar? – inquirí, mientras abríamos la puerta y entrábamos a la nave principal de la catedral.

-No es eso… es solo… Nada. Recuerdos de viejas creencias abandonadas ya. Es todo.

El lugar estaba sumergido en tinieblas. Los bancos de la iglesia estaban todos colocados en fila, como mudos testigos de un horror invisible, pero siempre omnipresente en el lugar. Avanzamos hasta llegar al atrio, en donde tuvimos la primera sorpresa y la primera muestra de que el Monstruo estaba ahí, en alguna parte, esperándonos.

En la parte de la cruz, el Cristo Crucificado había sido reemplazado por otra imagen más real y convincente: el mismo sacerdote de la iglesia, con su sotana desgarrada y las tripas colgando salidas de su interior, clavado en las manos y en los pies al pedazo de madera. En sus ojos y en su rostro se podía ver el rictus de espanto y dolor totales. Como decorativo, le habían colocado en la cabeza una corona de espinas hechas con alambres de púas.

-Simpático – comenté, desviando la vista de aquel espectáculo asqueroso y observando a los costados del atrio – Parece que a Drácula le va el “Art Moderno”.

Los monaguillos (asistentes del cura de la iglesia) estaban allí. Arrojados en el piso a los costados de aquella cruz, a los pies de las estatuas de los santos… todos muertos. Todos con la garganta desgarrada y la mitad de sus cuerpos destrozados. La sangre estaba desparramada por los rincones. Al parecer, el Monstruo se había hecho un festín.

-¿Dónde esta? – pregunté, bajando la voz. Temía que el vampiro saltara sobre nosotros en cualquier momento.

-No aquí – dijo Buffy, frunciendo el ceño. Miraba hacia el techo y olisqueaba al aire – Arriba, en el campanario.

-De modo que… El vampiro en el campanario.

Tomé la iniciativa y avancé. Me encaminé hacia las escaleras que subían por una de las torres a la cima de la catedral. Buffy vino detrás de mí. Subimos escalón tras escalón atentos a cualquier movimiento. El lugar olía a sucio y en varios tramos de la escalera nos encontrábamos con mas rastros que me indicaban que íbamos sobre buena pista: mas cuerpos de monaguillos destrozados y arrojados cada tanto.

Finalmente, el camino se acabó en la cima de la torre oscura de la catedral. Eran un piso grande, de suelo de madera y columnas que se erguían de forma que se unían como una gran jaula de techo abovedado de roca sólida. Allí, había un par de campanas y demás restos de basura abandonada y acumulada en los años.

Rupert se encontraba ahí, tirado a un costado del sucio suelo, entre excrementos de paloma. Tenía su ropa casi desgarrada…

-¡¡Rupert!! – admito que no fue lo mas inteligente que podía haber hecho, pero ver a mi amigo en semejante estado me descolocó. Corrí hacia él y enseguida me agaché para revisarlo.

Estaba vivo e inconsciente.

-¡Rupert! ¡Rupert! – exclamé, llamándolo. Lo sacudí frenéticamente. Mi viejo amigo abrió lentamente los ojos y sonrió, despacio, al reconocerme - ¡Bloody Hell! ¡Viejo jodido! ¡Me diste un gran susto, luv!

-Spi… Spi…- balbuceó.

-Shhh. No hables, viejo amigo. Te vamos a sacar de acá – me volví para pedir la ayuda de Buffy pero observé que la chica había mudado su rostro humano por el de vampiro y siseaba mostrando sus colmillos hacia la cima del techo que nos cubría - ¿Nena?

Una gran sombra nos cubrió. Era gigantesca y descendió desde el techo. Cayó pesada ante mí y se irguió como un titán salido del más tétrico rincón del infierno.

Retrocedí, levantando la escopeta. Drácula. Era Drácula.

Al menos, eso fue lo que barbotó de la boca de Buffy apenas vio a aquel monstruo alado, de rostro deforme y cabellos largos que nos miraba con unos ojos serpentinos. Sonreía y al hacerlo, los dientes parecidos a cierras afiladas relucían bajo la luz que venia desde las ventanas de la calle.

-DE MODO QUE AL FIN LES VEO LA CARA – dijo, con una voz gutural. Era parecida ya a un ronco gruñido animal – QUE MARAVILLA. ¡MIS DOS PERSEGUIDORES! ¿ACASO SERAN SUS MANOS LAS QUE ACABEN CON MI VIDA? ¿UN DETECTIVE DE LA POLICIA? ¿UNA HIJA TRAIDORA QUE TODAVIA SE EMPECINA EN COMBATIRME? ¿QUIEN DE USTEDES DOS ACABARA CONMIGO?

-¡Tú no eres mi padre! – siseó Buffy, enseñando los colmillos. Apretaba los puños lista para la pelea - ¡Eres un engendro! ¡Se acabó! ¡¡Vas a morir!!

Drácula rió. Dio un gigantesco paso hacia nosotros. Entendí que era hora de luchar.

Extendí mi escopeta y disparé. Las balas dieron de lleno en el pecho de aquel titán deforme de las tinieblas. Se abrió una herida sangrante y el monstruo chilló presa del dolor. Alargó su mano derecha (similar a una garra tumefacta) y me propinó un fuerte golpe. El arma se cayó de mis manos y volé por los aires, estrellándome contra una de las campanas colocadas cerca.

Buffy se lanzó al ataque apenas fui derribado. Ella y el monstruo se trenzaron en un feroz forcejeo. Hubo un titánico intercambio de golpes. Era increíble observar a aquella joven propinándole golpe tras golpe sincronizado a una velocidad inusual a esa mole demoníaca.

El monstruo se la sacó de encima de un manotazo. Buffy cruzó el aire y fue a caer sobre un barandal de madera de pie. Como un gato, volvió a la carga. Esta vez sus uñas alargadas como cuchillas afiladas se hundieron en la carne de la bestia. Cortaron y desgarraron con un rápido movimiento.

Drácula gruñó y agitó las alas. Cuando lo hacia, un aire fétido cargado de calor barría todo el campanario. Las campanas comenzaron a tañer entonces. El ruido era ensordecedor. Me lleve las manos a los oídos tratando de mitigar semejante pandemonium pero era casi inútil.

Buffy seguía subida a la mole demoníaca que era el cuerpo del Rey de los Vampiros. Ahora observé que clavaba sus colmillos en su piel, perforándola y succionando su sangre, voraz.

Nuevamente, la bestia se sacudió y el cuerpo de la muchacha salió disparado dándose un feroz golpe contra una columna. Habiendo tomado aquella ventaja, Drácula se le acercó dando pasos que hendían el suelo de madera y la tomó de las piernas. Como un Goliat descontrolado, la asió fuertemente de allí y procedió a estrellarla contra el techo de piedra, contra las demás columnas y contra el mismo suelo.

-¡¡BUFFY!!

El espectáculo era aterrador. Drácula terminó de aporrear a la chica y la arrojó al piso, para luego plantar sobre su menudo cuerpo un gigantesco pie/garra, con todas sus fuerzas. Oí indefectiblemente el ruido de huesos quebrándose.

-MUY POBRE – dijo el Príncipe de las Tinieblas, fijando su atención ahora en mí – VEAMOS DE QUE ERES CAPAZ TÚ.

Fruncí el ceño. Estaba furioso. Sin pensarlo me arrojé contra el monstruo. Me aferró de mi traje y me levantó en el aire. Me acercó hacia aquel rostro de demonio feroz suyo y sonrió otra vez.

-POBRE HOMBRECITO – dijo. Su aliento olía a sangre… sangre y carroña - ¿TÚ INTENTAS DETENERME? ¿¿¿TÚ??? ¡ERES PATETICO! TÚ Y TODOS LOS TUYOS. ¡YA NADA PUEDE ACABAR CONMIGO! HE CAMBIADO… AHORA TENGO MAS PODER QUE EL QUE CUALQUIERA PODRIA HABER SOÑADO JAMAS. ¡HE CAMBIADO!

-¡Felicidades, peach! – fueron mis palabras, tratando de contener las nauseas que me venían. Aquella boca infecta suya volvió a abrirse en una carcajada satánica, atroz.

-¿UNAS ULTIMAS PALABRAS ANTES DE MORIR, DETECTIVE?

-Si… en realidad, si… - sonreí. No podría haberlo jurado, pero en ese momento el rostro de demonio de Drácula pareció mostrar una mueca de perplejidad – Si, tengo algo que decir… ¡QUE TE JODAN!

Estiré de inmediato mi mano bajo mis ropas y la saqué. Era la estaca afilada de madera de Giles.

Sin más dilaciones, se la incrusté en el pecho.

Los ojos de Drácula se abrieron como platos. Me soltó. Caí al piso y rodé hasta chocar con el cuerpo caído de mi amigo Giles.

Drácula intentó quitarse el pedazo de madera del pecho. Lo aferró con una de sus titánicas manos e intentó arrancarlo. No pudo. Sus alas de murciélago se agitaron convulsivamente y todo el campanario se estremeció. Retrocedió y chocó contra una columna… siguió retrocediendo y no vio la gran ventana que se abría a sus espaldas.

Cayó en picado a través de ella.

Suspiré. Me volví hacia el viejo Giles y lo sacudí. Había perdido la conciencia hacia rato otra vez, pero estaba vivo.

-Rupert, Rupert – dije. Otra vez abrió despacio sus ojos – Escúchame. No te desmayes, ¿me oyes? No dejes que el sueño te invada. Ya mismo te vamos a llevar a un hospital. Aguanta y espera, luv.

Rupert asintió. Sabía que el viejo sabueso inglés podría resistir, pero no quería arriesgarme. Me incorporé del suelo y me acerqué hacia donde había sido aporreada Buffy.

Mi primera impresión era que la chica estaba muerta.

A veces es bueno equivocarse.

Buffy yacía en el piso y me dirigió una mirada con sus ojos color esmeralda, serena. Había algunas heridas de sangre en su cuerpo, pero ya sanaban.

-¿Estas…?

-Viviré – dijo y no había ninguna emoción de alegría en su voz – Pero, Spike… Drácula…

-Esta muerto, pet – tercié. Sonreí – El hijo de puta esta muerto.

Mi sonrisa murió en los labios. Buffy negaba y miraba hacia la ventana por donde el Rey de los Vampiros había caído al vacío.

Un chillido preternatural venido desde el exterior de la catedral me convenció de que tenía razón.

Drácula seguía vivo.

¡El hijo de puta seguía vivo!

Una figura inmensa estaba aleteando como si nada del otro lado de la ventana. Sonreía otra vez y la estaca clavada en su pecho había sido removida. Sus heridas sanaban como si nada y estaba listo para volver a atacar… listo para matarnos.

-¡¡Bloody Hell!! – gruñí y corrí hacia la escopeta. La levanté con mis manos y apunté al mal parido directamente en el sitio donde había clavado antes la estaca - ¡MUERETE DE UNA PUTA VEZ!

¡¡¡PAAAAAM!!!

Las balas de plata chocaron contra él. Atravesaron su pecho y salieron por su espalda.

Como un pájaro rematado en pleno vuelo, el ilustre Rey Vampiro cayó en picado al vacío. Su cuerpo entero se estrelló contra un par de rejas puntiagudas que se hundieron en su carne.

…el grito que surgió entonces de su garganta fue espantoso…

Desde la cima del campanario, observé el proceso de destrucción. El hijo de puta se sacudió, como un ave con el ala rota y luego se incineró. El fuego salía de sus entrañas sangrantes y lo hacia pedazos. La carne se carbonizaba y un río de sangre manaba entre las llamas de fuego que lamían y terminaban con él.

Sangre. La sangre de cientos consumida en todo este tiempo.

Aquello no duró mucho. Cuando todo hubo acabado, el cuerpo del demonio se redujo a cenizas.

Me volví hacia Buffy. Ya estaba de pie y respiraba despacio. Nos miramos a los ojos.

-Se terminó – dije y esta vez los dos sonreímos.

…Fue entonces cuando me agarró aquel nuevo acceso de tos…

…Y la sangre salió de mi boca, a medida que tosía, escupiéndola…

…Lo ultimo que recuerdo antes de desplomarme en las benditas tinieblas del silencio, fue el rostro de preocupación de Buffy, que se acercaba corriendo hacia mí…

¡Maldita sea! Sabía que el cigarrillo terminaría matándome.

Jamás pensé que lo haría tan rápido.


Continuara......

lunes, 19 de octubre de 2009

"La Sangre del Vampiro" (Capitulo 5)


SPIKE

(Al atardecer, cerca del puerto de L.A)

El sol moría en el horizonte.

Cuando el sol muere en el horizonte de una ciudad como Los Ángeles, es un espectáculo digno de ser contemplado. Es increíble como aquel gigante de luz desciende lentamente y la silueta de los grandes rascacielos se recorta entonces tras un cielo teñido de rojo.

Un cielo color sangre.

Me encontraba de pie ante aquel depósito. Vestía mi clásica gabardina negra y encendía un cigarrillo, dispuesto a fumármelo. Si, sabía que debía dejar el condenado vicio, pero…

Era más fuerte que yo.

Un viento algo fresco vino entonces a mi encuentro desde la bahía. El humo del cigarrillo voló en el aire adquiriendo caprichosas formas, hasta perder fuerza y desvanecerse. Me apoyé contra la pared del edificio a mis espaldas y me dediqué a esperar. Sabía que él llegaría tarde o temprano.

Nunca presiones a un Comisario Inspector de la policía. No les gusta.

Supe que Vargas había llegado cuando aquel viejo Pontiac del 69 se detuvo a escasos centímetros de donde estaba yo parado. El viejo Vargas, vestido con un abrigo para combatir el creciente clima frío del invierno (era raro, siendo Los Ángeles y California en general una zona de clima calido, era raro esta ola inusitada de frío. Tal vez la presencia siniestra que anidaba en los subterráneos tuviera algo que ver) descendió y se encaminó a mi encuentro, masticando nerviosamente un chicle y maldiciéndome por lo bajo (una costumbre por demás ya bastante conocida en él).

-¡Mierda, Spike! ¿No podrías haberme citado en un lugar mas calido? – se quejó. Sacó las manos de los bolsillos de su traje. Tenia dos guantes gruesos, dos mitones para combatir el frío - ¡Demonios! ¿Qué le pasa al clima? ¡Se supone que esto es California! ¿No que playas soleadas y chicas en bikini?

Reí. Vargas me miró con su clásica cara de “¿Qué es tan condenadamente gracioso?” y a continuación, volvió a colocar sus manos enguantadas en el interior de los bolsillos de su abrigo. Me miraba expectante.

-Ok, acá estoy. Te escucho. ¿Qué me tienes, Spike? ¿Averiguaste algo del Loco?

-Averigüé más que eso jefe… Sígame.

Vargas protestó pero yo ya echaba a andar. Los dos caminamos entonces hasta el interior de un gran deposito abandonado de repuestos para barcos o cosa semejante. Abrí la puerta de entrada y pasé primero, seguido muy de cerca por él.

-¿Qué es todo este misterio, Spike? – preguntó Vargas, mirando el lugar sumido en penumbras - ¡Como se trate de alguna de tus tonterías…!

-No son tonterías – fue la seca respuesta que recibió mi querido jefe de la persona que nos esperaba de pie en la salvadora sombra del deposito. Vestida con su chaqueta de cuero y sus tejanos con botas, Buffy se encontraba sentada en un rincón sobre una vacía caja de madera. Nos miraba con sus ojos color esmeralda relucientes – Su ciudad esta a punto de ser la primera en la larga lista de caer en pedazos, Comisario.

-¿Quién…? – Vargas observó detenidamente a la muchacha y luego, me dirigió una mirada de interrogación.

-Jefe, ella es Buffy. Conoce al asesino.

Se produjo el silencio. Vargas frunció el ceño y vi como sus manos se tensaban en los bolsillos de su abrigo. Supe que si no aclaraba pronto las cosas, aquello podría terminar mal… pero para él.

-Jefe, Buffy es un vampiro.

El silencio que siguió fue solo roto por algo inesperado en el viejo Vargas: se echó a reír.

-¡Spike, condenado cabron! – rió, meneando la cabeza - ¿Ahora inventas bromas? ¿Qué carajo es todo esto de vampiros?

-Le sugiero que piense detenidamente, Comisario – intervino Buffy, dirigiéndole una gélida mirada a Vargas. Aquello bastó para que éste dejara de reír – Desde hace semanas enteras, su ciudad se ha venido enfrentado a unas muertes inexplicables. El modo de operación del asesino es desgarrar cuellos y dejar vacías de sangre a sus victimas.

-¡Eso no tiene nada que ver con vampiros! ¡Este mundo esta lleno de locos de todas las clases, señorita! – terció Vargas, testarudo – Si me disculpan, tengo cosas mas importantes que hacer que perder el tiempo con tonterías que…

Yo sabia que aquello iba a pasar, pero no podía evitarlo. Buffy me lo previno así que solo atiné a quedarme quieto y ver lo sucedido…

De repente, sin aviso, Buffy mutó su rostro de humana por el de vampiro. Cuando Vargas vio esa cara de ojos amarillos y sus relucientes colmillos, cuando hubo visto la conversión completa de la jovencita bella a una criatura de la noche, retrocedió espantado, dirigiendo una mano hacia el interior de su abrigo y sacando su revolver.

Buffy gruñó y se abalanzó sobre él, extendiendo unas manos como garras. Vargas abrió fuego.

Las balas chocaron con el pecho de la chica pero a pesar de destrozar la ropa y de hacer salir sangre de unas heridas, algo sorprendente ocurrió casi al instante: cicatrizaron automáticamente.

Vargas contempló aquello con súbito temor y habría continuado disparando de no haberme interpuesto yo y detenerlo…

-¡Spike! ¿¿¿Qué demonios…??? – era increíble ver al viejo Vargas, el terror de la Jefatura de policía, tartamudear asustado. Cerca de nosotros Buffy relajaba su rostro volviendo a adquirir su aspecto humano de la misma forma que antes.

-Eso es lo que quería mostrarle, jefe. Buffy es una vampiro.

-No puede ser, no puede ser – titubeó - ¡Es absurdo! ¡Los vampiros no existen!

-¿No? Sin embargo su ciudad esta cayendo lentamente por culpa de uno de ellos… quizás el mas poderoso de todos.

-Escúcheme, jefe. Lo que ella dice es VERDAD. ¡El Loco de Negro es Drácula! ¡El jodido Rey de los Vampiros esta comiendo en nuestra ciudad! Y si no lo detenemos pronto, habrá ejércitos de seres siniestros en las noches dándose un bloody festín con toda la gente inocente de California.

-¡No puedo creer esto! Es… es… ¡Ilógico!

-Comisario, DEBE usted creer. Dependemos de usted también en el plan que estamos preparando para ponerle fin a esta masacre sin sentido – dijo Buffy, mirando de soslayo hacia el exterior, donde el sol ya moría – Al caer la noche, los sirvientes de Drácula saldrán a las calles. ¡Él sabe que yo estoy aquí! Sin duda sabe también que estamos listos y dispuestos a liquidarlo. ¡Vendrá por nosotros! Necesitamos su ayuda.

-Por favor, jefe, nunca le pedí nada mas grande antes – intervine yo. La cara de Vargas era un canto a la confusión - ¡Bloody Hell! ¡Ni un aumento le he pedido! Pero necesitamos que crea en esto…

Vargas permaneció en silencio observando a Buffy. Ella le sostuvo la mirada, decidida. No había titubeado al hablar con él y no parecía que lo fuera a hacer ahora.

-¿Qué quieren exactamente que yo haga? – preguntó al fin.

***

Dejé a Vargas hacer su parte del plan como acordamos.

Buffy debía arreglar el terreno por su cuenta y mientras cada uno de ellos hacia lo que debía, yo conducía mi Civic a toda velocidad por ya unas oscuras calles de Los Ángeles en dirección a la tienda de mi viejo amigo Rupert Giles. Se aproximaba una gran guerra y necesitaba al sabueso inglés de mi parte.

Apenas hube estacionado ante la Caja Mágica, me di cuenta de que las cosas no marchaban bien.

La puerta de la tienda estaba abierta de par en par.

Fruncí el ceño. A estas horas Giles cerraba.

Bajé del coche. Saqué mi arma y entré en la tienda despacio. No había luz y el silencio era total.

-¿Rupert? ¿Estas ahí? – pregunté, casi susurrando en las sombras.

Me contestó un gruñido seco a mis espaldas. Me volví como un rayo y lo vi. Un vampiro de ojos amarillos se encontraba allí, cerrándome el paso en la puerta por donde había acabado de entrar.

Dos más surgieron de las tinieblas frente a mí. Frentes abultadas, colmillos relucientes. Conocía tan bien ese rostro deformado como la palma de mi mano.

Abrí fuego contra los vampiros que estaban delante mío. Las balas, como era de esperarse, les dieron de lleno pero el resultado era el mismo que cuando Vargas disparó contra Buffy. Las heridas sanaron al momento.

-Muy bien, se acabó la diplomacia – dije y golpee al más cercano de esos demonios con la culata de mi arma. Aquello sirvió para que retrocediera, pero sus compañeros ya se lanzaban en contra mío.

Fui tumbado en el piso. Las manos gélidas insistieron en aferrarse a mi cuerpo, pero ahora estaba listo para dar batalla. Me revolví y le asesté un puñetazo en el rostro a uno de ellos. Luego, de un salto me puse de pie y esquivé la patada que otro de esos infernales seres me intentó dar.

Ni lento ni perezoso embestí contra el mas cercano de los vampiros y ambos caímos contra un pesado baúl abandonado cerca. El baúl de Giles rodó por el piso y su contenido se desparramó. Mientras tanteaba en la oscuridad, recordando que allí estaba la estaca de madera, los otros dos vampiros rugían de furia acercándose para dar buena cuenta de mí.

Mis dedos pronto se aferraron al pedazo de madera afilada. Sonreí.

Unas manos muertas me asieron de donde estaba tirado. Me levantaron sobre el piso y me colocaron ante una cara de aliento fétido y ojos amarillos relucientes. El vampiro que me sostenía por las solapas de mi traje estaba más que listo para hundir esos colmillos en mi carne.

-¡Vete a la mierda! – grité y hundí la estaca en su pecho, directamente en el centro, como Rupert había dicho.

Lo que sucedió fue sorprendente.

La estaca se hundió en su pecho con un sonido seco y entonces el vampiro gritó de dolor. Me soltó justo a tiempo para poder ver (con la escasa luz que venia de la calle) como su cuerpo entero explotaba, reduciéndose nada mas que a una nube de cenizas que el viento que venia de afuera se apresto a desparramar por los rincones.

Sus compañeros, al ver esto, retrocedieron espantados.

-Ok, ¿Quién sigue? – pregunté, tomando la estaca nuevamente del piso y esgrimiéndola, listo para clavarla en el próximo.

Aquellos cobardes engendros de las tinieblas soltaron un ladrido lastimero y huyeron a la carrera por la puerta, dejándome solo. Aproveché su súbita huida para volver a buscar a Giles en ese sitio. El lugar estaba casi destrozado y puesto patas para arriba. Temí por un momento encontrarme su cadáver tirado como los de tantas más victimas asesinadas, pero no. Allí no había nada.

Rupert no estaba.

¡Se lo habían llevado antes de que yo llegara!

-¡Mierda!

Drácula jugaba sucio.

***

RUPERT GILES
(En algún lugar debajo de la tierra, cerca del puerto y de los subterráneos)

Olía a mierda.

Mientras se encontraba atado de pies y manos a una vieja silla desvencijada, Rupert observaba aterrado a la gran cantidad de personas que, desde las sombras, lo miraban expectantes.

¿Personas? No, ciertamente, no eran personas. Sus pieles pálidas y aquellos ojos extrañamente amarillos, sumados a sus colmillos grandes le indicaban casi de inmediato que no estaba reunido junto a seres humanos y ordinarios. No. Era un conglomerado de seres de los que en cuarenta y pico de años había leído pero por primera vez veía pruebas en vivo y en directo de su existencia.

VAMPIROS.

Debió suponer que vendrían por él. Cuando aquellos sujetos raramente vestidos penetraron en su tienda, debió haberse dado cuenta de que no eran ordinarios. Pero ya estaba. Había caído. Lo habían arrastrado hacia esos mefíticos túneles sin mediar una sola palabra y lo habían atado a esa silla, abandonándolo mientras se dedicaban a rodearlo siempre expectantes, siempre vigilantes.

-Sé que esta preguntándose en estos momentos – dijo una voz curiosa, saliendo de las sombras cercanas. Era una voz profunda y con un marcado acento de alguna clase - ¿Es esto un sueño? ¿Será posible que esto sea real? Déjeme decirle, mi buen amigo, que es totalmente real y déjeme decirle, también, que no vendrá la caballería a salvarlo.

Rupert se esforzó por ver a quien le hablaba. Estaba de pie cerca de él, entre las sombras, pero no podía desde su sitio vislumbrar más que el perfil de una silueta.

-No, amigo mío, nadie vendrá ayudarlo… Su estupido amigo detective no vendrá por usted y me temo… que mi traidora hija tampoco podrá ayudarlo – el sujeto rió. Era una risa seca y fría – Esta usted solo, Rupert Giles, solo en mi humilde y acogedora guarida.

-Debería probar usted mudarse a un sitio mas agradable, ¿no le parece? – dijo él. No era ningún nene de pecho. Rupert sabia que se arriesgaba a la muerte segura, pero no tenía miedo. No ahora que sabia que todo aquello estaba relacionado con el asunto de los asesinatos del Loco de Negro y que el mismo homicida estaba ante él. No, Rupert no temía ya. Estaba decidido a demostrar que no era un cobarde - ¡Este lugar apesta!

Hubo más risas del dueño de la voz.

-Una vez intenté vivir en su cómoda Inglaterra natal, ¿sabe? – dijo el sujeto en las sombras – Si, me interesaba de sobremanera el cambio en el mundo. Durante siglos enteros viví aislado en mi castillo, en Transilvania y el mundo moderno me llamaba. Tenía un plan maravilloso, amigo mío, un plan magnifico. Viajé hasta allá pero entonces ese anciano idiota de Van Helsing y su sequito de mortales ineptos lo arruinaron todo – hizo una pausa. Suspiró – Todo. Mi maravilloso plan se fue al cuerno. No me importó. Decidí aplazar mi reentrada al mundo por, pongamos, un par de cientos de años mas. Creo que quizás calculé mal porque permanecí dormido en mi tumba de piedra por muchos años más allá de lo esperado. Ahora… ahora estoy despierto nuevamente. ¿Y que me encuentro cuando vuelvo en mí? ¡Un mundo maravilloso cargado de fascinantes inventos! Una tierra floreciente de mortales que hacen cosas que ni siquiera yo, el Rey de los Condenados, ha soñado jamás. ¡Es mi santo deber luchar por esta tierra! Es mi obligación poseer sus riquezas y beber… exprimir… hasta la última gota de su sangre…

-¿Transilvania? – Rupert ha escuchado todo el discurso, pero aquella palabra se graba a fuego en su mente. Inconscientemente, la repite en voz alta.

-Mi antiguo país. Ahora es Rumania, creo… De allí provengo. Allí combatí a los Turcos cuando intentaron entrar en nuestras fronteras. Allí comandé ejércitos enteros, cuando todavía era uno de ustedes, un mortal mas, dando tumbos por la vida. Si, mi buen amigo, allí crecí y ahí morí… tan solo para volver de las tinieblas solitarias de la muerte, convertido en esto… en el Nosferatu. ¡En un ser de inmenso poder!

-Drácula – la voz de Rupert suena fuerte, despertando ecos en la habitación subterránea. Los demás vampiros reunidos retroceden al oírle pronunciar el nombre tan venerado.

Drácula emerge finalmente de las tinieblas desde donde se guarecía. Rupert, que había tratado de mantener la calma hasta el momento, no puede reprimir una exclamación de autentico terror al ver al Rey de los No Muertos. Sin duda, para él era una sorpresa observar el nuevo aspecto del Príncipe de las Tinieblas…

Quizás seria una sorpresa también para el lector saber que el aspecto humano que el venerable Conde ostentaba al inicio de esta historia había finalmente cambiado. Su rostro humano, con su bigote y su particular forma similar a la de un mortal se habían terminado esfumando en las nieblas del olvido. Ahora, Drácula lucia diferente. Sus cabellos habían crecido, largos y sedosos, cayendo en cascadas sobre una voluminosa cabeza de la que sobresalían unas orejas en punta y una frente abultada con un ceño fruncido de manera increíble. Por lo demás, su piel antes pálida, era ahora casi verdosa y con escamas, como la de los lagartos.

Coronaban ese nuevo aspecto la ausencia de bigote y unas manos de dedos finos e inmensos, ribeteados con uñas… y unos ojos rojos inyectados con sangre que ostentaban como pupilas dos rajas como ojo de serpiente.

Drácula sonrió. Al hacerlo, una hilera de dientes afilados se vieron en su dentadura, donde destacaban el par de caninos crecidos ahora de una manera desproporcionada.

-¡Oh! Espero que mi nuevo aspecto físico no le incomode – era increíble que una voz de alguna forma casi humana surgiera de ese engendro que vestía todavía con los restos de unos harapos que solían ser una gabardina negra y unos pantalones del mismo color – En realidad, como podrá usted apreciar, he sufrido… ciertos cambios. Se lo debo a la sangre de los hijos del nuevo milenio, señor Giles. Ah, siempre he sido un conocedor de vuestra sangre, pero JAMAS en mis años de no vida he probado una sangre tan… exquisita como la de ustedes. Es como le decía al principio… ¡Este nuevo mundo esta tan lleno de maravillas! Es mi deber poseerlo.

Mientras hablaba, el Príncipe de las Tinieblas extendió una de esa garras fétidas hacia el rostro de Rupert. Le acarició la mejilla y le provocó un involuntario corte del que comenzó a manar sangre. Drácula se llevó algo de esa sangre a su boca y sacando una lengua bifida, la lamió.

-Sangre inglesa. Añeja. Considérese afortunado, Sr. Giles – dijo Drácula, sonriendo – Hoy no tengo ganas de cenar ingleses. Me apetecen bocados más… suculentos.

-¡Nunca ganaras! – fue lo que salió de boca de Giles, en un ataque de desesperado valor.

Drácula rió. Fue festejado a coro por su corte de engendros que contemplaban todo impávidos.

-Creo, Sr. Giles, que ya he ganado… pero me parece que usted no se ha dado cuenta.

Algo comenzó a cambiar en la figura demoníaca que tenia delante. Drácula gruñó y la ropa que lo cubría comenzó a destrozarse. ¡Su cuerpo estaba mutando otra vez!

El dantesco espectáculo fue contemplado por sus sirvientes, quienes retrocedieron en masa chillando de espanto. Unos muñones gigantescos se abrieron paso por su espalda y en un abrir y cerrar de ojos, se alargaron hasta convertirse en alas membranosas de murciélago gigantescas.

El resto de la ropa que cubría aquel cuerpo terminó también por ceder. Cayendo hecha jirones, reveló un cuerpo que se erguía inmenso y musculoso hacia el techo de aquella sala subterránea. Era como una mole demoníaca. Las orejas en punta se habían ensanchado y el rostro de demonio se volvió más feroz.

El cabello seguía intacto, empero. Negro como el ébano se desplomaba gracilmente sobre los hombros del infernal Rey de los Vampiros y sus nuevas alas, las que ya sacudía presto para emprender el vuelo.

-VAMOS A DAR UN PASEO, USTED Y YO – proclamó con una voz atronadora, mientras extendía unas manos gigantescas hacia Rupert.

Fue una suerte para él que en ese preciso instante en que la tumefacta carne lo tocaba, perdiera la conciencia…

***

SPIKE
(A bordo de su Civic, en mitad de alguna calle de L.A)

Acabo de hablar con Buffy. Por supuesto, dimos por sentado de que Drácula jugaba sucio.

Ahora me estoy dirigiendo finalmente hacia el lugar donde el plan dará inicio. No puedo hacer otra cosa. Me da mucha rabia pensar en donde estará o que destino le reservará ese hijo de puta a mi buen amigo, pero ante todo, como Buffy dijo, debemos acabar con el linaje del Príncipe de las Tinieblas.

Detengo el auto ante aquellos sucios edificios linderos a los depósitos del puerto. Es gracioso pensar que todo este tiempo estuvo oculto allí. Esos viejos edificios fueron antiguamente utilizados para guardar las cargas que provenían de los barcos pesqueros. Ahora eran un conglomerado desierto de basura y escombros, anegados por aguas.

El lugar perfecto para que la carroña no muerta se esconda.

Desciendo del coche y me quedo de pie ante la entrada sin puerta de aquel mefítico sitio. Arriba en el cielo, la luna brilla gibosa.

Lo primero que hago antes que nada es ir directamente hacia la parte trasera de mi viejo Civic. En el baúl tengo las armas listas. Buffy las consiguió y me confesó que la mayoría de ellas fueron fabricadas por ella misma.

Una nena con recursos, lo que se dice.

No pude evitar sonreír mientras sacaba la escopeta del baúl, junto con las pesadas municiones de balas de plata y las granadas de agua bendita que debía tener el cuidado de no hacer reventar antes de haber penetrado en la cueva de los vampiros. Era gracioso saber, después de todo este tiempo, que el agua bendita SI servia, pero no corran a rezar a la Virgen todavía, por cierto. Buffy me explicó que se debía a las ciertas propiedades físico-químicas que este tipo de agua poseía lo que hacia daño a los vampiros.

Bueno, tal vez debía reconocer que si dejábamos de lado su explicación seudo-científica, algo de milagroso tenía el agua bendita.

Mientras sirviera, todo andaría fenómeno.

Me coloqué todo el “arsenal” en un arnés que la chica me dio antes de regalarme el paquete de cumpleaños y para terminar el toque de distinción, decidí sacar de la guantera del Civic la estaca de madera de la tienda de Rupert, por si todo esto no bastaba.

Sin más preámbulos, penetré en la guarida de Drácula.

-¡¡Querida, ya llegueeeeeeee!! – exclamé en voz alta, entrando en el lugar. Descendí por unas escaleras que de inmediato me llevaron a un sótano más oscuro que la oscuridad misma. Allí, un comité de bienvenida compuesto por cinco vampiros que descansaban tirados por los rincones me recibió primero - ¿Cómo? ¿Vengo de visita y los encuentro durmiendo? Últimamente los muertos están holgazanes, bloody hell.

Apunto la escopeta al primero de esos engendros que se levanta de su sitio siseando como una serpiente rabiosa y abro fuego. Las balas de plata le vuelan la cara el hijo de puta. Un hueco sanguinolento aparece en lugar de su feo rostro y el tipo se desploma reduciéndose a cenizas como el primero de esos miserables al que maté.

-¡Que comience la fiesta, baby!

Lo que sigue podría decirse que es bien parecidito al “Duke Nuke 3 - D”. Jamás fui muy aficionado a juegos de PC, pero mientras abría fuego a cada vampiro que se me cruzaba por delante en mi camino, no pude evitar recordar eso.

-¡Calma, señores, hay para todos! – decía, mientras me volvía y disparaba sobre dos vampiros mas que se acercaban rugiendo como dos perros rabiosos. Un mar de tripas sangrientas volaron por los aires y los dos pobres inútiles se desintegraron sin mas.

El escándalo atrajo a más sanguijuelas. Decidí ahorrar municiones y saqué las granadas de agua bendita. Las arrojé a tres de aquellos infernales seres que se me venían encima. Automáticamente, las granadas explotaron derramando el agua sobre sus infelices caras…

-¡Que asco! – comenté, mientras observaba el vomitivo efecto que producía el agua bendita sobre ellos. La carne de sus cuerpos se secaba al instante y se derretía, como cera caliente, mientras los pobre chupasangres chillaban todavía vivos – Mala forma de morir esa. Deberían haberse quedado muertos de antemano, luv. Eso pasa cuando vuelves de la tumba.

Me entretuve realmente matando a diestra y siniestra a cuanto vampiro se me cruzaba en el camino y debía considerarme afortunado. El suelo de ese lugar estaba regado de un momento a otro de una curiosa mezcla de sangre, tripas y cenizas de vampiro, a medida que caían los enemigos fulminados.

Pero por más divertída que fuera la cosa, lejos estaba de terminar con todos los sirvientes del jodido de Drácula. Muchos más salían a mi encuentro de los subterráneos, listos para reemplazar a los caídos…

Era hora de pasar a la fase 2.

Me di media vuelta y retrocedí.

Se produjo el efecto deseado. Los vampiros que todavía quedaban y los nuevos que venían a por mí me siguieron. Rápidamente, los conduje a la superficie, en donde me dirigí (siempre con ese par de cadáveres reanimados pisándome los talones) hacia un par de depósitos cercanos, cruzando varias calles. Si todo salía bien, cada uno ocuparía el lugar convenido.

Penetré por la puerta principal, cuya cortina de metal estaba levantada. Como no podía ser de otra manera, la multitud de vampiros enfurecidos vino detrás de mí. Me cercaron entre un par de grandes barriles colocados en los rincones y sonrieron, creyendo haberme por fin acorralado.

Yo los sorprendí a ellos cuando esbocé una sonrisa de oreja a oreja y mientras me rodeaban, me tomé mi tiempo para sacar un cigarrillo de entre mis ropas y encenderlo.

-Hum… no esta nada mal – dije, largando el humo por la nariz – Estos son de los buenos.

Los vampiros se miraron, perplejos. Pobres tontos.

Muertos vivientes y cabezaduras. Los compadecí de inmediato.

-Jodidos cabrones… ¡¡FELIZ VIAJE!!

Solo entendieron lo que iba a suceder cuando arrojé el encendedor con su llamita en contra de los barriles a nuestro alrededor…

…Fue como si súbitamente el sol saliera por la noche. Los barriles (llenos hasta el tope de pólvora) volaron por los aires, enviando retazos de fuego en todas las direcciones…

Aproveché el pánico general para darme la media vuelta y correr todo lo que mis piernas daban hacia la salida preparada de antemano. Detrás mío vinieron unos cuantos de esos hijos de puta que no tenían la jodida decencia de calcinarse como sus compañeros, que se achicharraban mientras el techo del deposito se venia abajo en llamas.

No importaba. Apenas salimos del depósito, la fase 3 del plan daba inicio.

-¡¡AHORA!!

Me arrojé al suelo justo a tiempo. Un montón de reflectores de luz colocados en el otro extremo de la acera se encendieron. Los vampiros sobrevivientes de la explosión se pararon en seco y miraron hacia el frente, aterrorizados.

-¡¡FUEGO!! – tronó la voz de Vargas, junto a los coches patrulla colocados detrás de los reflectores. Los cuarenta y pico de efectivos de la Jefatura de policía no dudaron en apretar el gatillo. Miles de razantes balas de plata desgarraron el aire de la noche, dando de lleno en los miserables sobrevivientes y reduciéndolos a coladores.

El espectáculo era sobrecogedor, pero no duró más que un par de minutos. Toda la fuerza de la munición estaba bien concentrada en los vampiros. No quedó ni uno solo. Después de que partes de sus cuerpos fueran seccionadas a los tiros, muchos de ellos se reducían a cenizas automáticamente, dejando nada más que una nube con olor rancio en su lugar.

Cuando todo hubo finalizado, Vargas dio la voz de alto. Cerca, el depósito que ardía en llamas seguía derrumbándose sobre si mismo. Mientras me levantaba ileso del piso, sabia que los vampiros que habían entrado allí eran ahora un bonito asado a la plancha.

-Bonito show de luces y cohetes, jefe – comenté, acercándome – Buena puntería la de los chicos, ¿eh?

-¡Mierda, Spike! ¡Debo estar loco para meterme en esto! ¿¿Qué carajo le digo ahora al Alcalde?? ¿Qué volamos un depósito entero del puerto para matar vampiros? ¡Ya me costó convencer a la mitad del escuadrón de la Jefatura para hacer esto! ¡Míralos! Están todos cagados de miedo…

Si, así era. Muchos de los policías que habían apretado el gatillo terminando con los vampiros estaban más blancos que los pobres desgraciados que acabamos. Me encogí de hombros.

-Metale una excusa cualquiera, jefecito. Es usted un bloody genio a la hora de inventarse algunas…

-¡OMG!

Vargas se alejó refunfuñando. Por mi parte, me sentí entusiasmado de saber que la victoria era nuestra.

-No, no lo es.

Me volví. Buffy estaba allí. Apoyada contra el capo de uno de los patrulleros, me miraba a los ojos y alternativamente, observaba el espectáculo del depósito incinerado.

-Estamos lejos de ganar, Spike. Acabamos con los sirvientes menores… Ahora tenemos que ir tras el pez gordo.

-Estoy listo – dije y recargué mi escopeta con balas de plata – Ese cabron tiene a mi amigo. ¡Voy a meterle o una bala de plata en el culo y una bonita estaca afilada! ¡Lo que venga primero!

Buffy sonrió.

Era hora de cazar al hijo de puta mayor.


Continuara......

viernes, 16 de octubre de 2009

"La Sangre del Vampiro" (Capitulo 4)


SPIKE

(Horas después, interior de un departamento de L.A)

Cuando desperté la habitación estaba en penumbras. Habían echado las cortinas en las ventanas y una tenue luz solar entraba lentamente en el cuarto.

Reconocí casi inmediatamente aquel lugar. Era MI cuarto. Estaba en mi departamento.

Y no estaba solo. Alguien se encontraba allí. De pie, cerca de la cama donde había sido recostado, se encontraba ella. Rubia y no muy alta, vestida con una chaqueta de cuero negro y unos tejanos deslustrados. Creo que usaba botas pero debido a la penumbra del cuarto (y mi posición acostada en la cama) no podía estar seguro de esto.

De lo que si estaba seguro y de lo que si era muy consciente era de su presencia en la habitación. Me miraba, con esos mismos ojos verde esmeralda que tantas veces habían colmado mis sueños desde que comenzó a aparecer en ellos…

A parte de todo esto, estaba un detalle de sobremanera inquietante: su piel blanca.

¡Nunca en mi vida vi una piel tan blanca! Parecía hecha de porcelana fina.

-¿Cómo…? – comencé a preguntar, incorporándome en la cama, pero ella se me acercó y me hizo (me obligó de alguna forma) a recostarme de nuevo. Me tocó la frente con una de sus delicadas manos y pese a que su piel sugería frialdad, por alguna extraña razón, no lo era tanto. Mas bien el tacto que sentí era calido.

Humano.

-Yo te traje – dijo. Su voz era suave pero firme. Dios santo. Su perfume. Podía olerlo. Al estar tan aproximados el uno del otro, podía oler su perfume. Era como rosas. Parte de su cabello rubio cayó como cascada sobre sus hombros. Era una bonita visión, si me lo preguntan – Shh. No te esfuerces en hablar. Todavía debes recuperarte de la conmoción recibida.

-Pet, creo que nunca me recuperare de esto – dije y me arrepentí, ya que no me refería a lo que había sucedido en las alcantarillas, sino a ella misma. Toda su belleza, su sola presencia, me arrobaba los sentimientos. Estaba como embobado por ella.

Ella pareció darse cuenta. Sonrió. Era perfecta, realmente.

De inmediato me di cuenta de algo muy fundamental. Fue como si hasta el momento hubiera estado bajo el hechizo de su belleza, pero de inmediato, lo supe.

Ella era uno de esos seres.

Ella era un…

-¿Vampiro? – me dijo, como si me hubiera leído la mente. Sonreía ahora tristemente – Si, desgraciadamente lo soy. Parte de mi condena, como puedes ver.

-Buffy… - repetí su nombre, murmurado en sueños. Otra vez me incorporaba en la cama y estrechaba mis manos en las suyas.

Me miró. Sus ojos eran realmente dos esmeraldas. Era muy bonita. ¿Cuántos años tenia? Veinte y tantos, seguro. Al menos, en apariencia física.

-Seguro tienes muchas cosas que preguntarme – dijo Buffy, con el mismo tono calmado de siempre. Su voz era un susurro delicioso, como de agua que corría por un manantial – Calmate. Te lo contare todo. De ti y de mí depende ahora el destino de miles, sino, de millones.

-¿Millones?

-Muchas vidas están en juego – terció. Lucia preocupada – Él seguramente estará enterado a estas alturas de que yo estoy contigo. No me extraña. No existen secretos para él. Siempre ha sido así…

-¿Él? No entiendo, pet… ¿Por qué mejor no me explicas de cómo va la mano? ¿Quién eres tú, como es que hay vampiros en esta ciudad? ¿Qué tiene que ver los asesinatos con todo esto? ¿Qué…?

-Shh – colocó un dedo sobre mis labios y sonrió. Había algo triste y melancólico en su semblante. Dios santo. Era muy hermosa, era… como un sueño hecho realidad – Se aproxima algo grande, Spike… algo muy grande. Una masacre sin igual… provocada por el Rey de todos los Vampiros.

No la detuve en su charla. Deje obviar el hecho de que sabía mi nombre sin que yo se lo hubiera dicho. Ella se apartó brevemente de mí y se encaminó hacia una de las ventanas que tenia las cortinas echadas. Supuse que era para evitar el paso directo de la luz solar.

-El enemigo que esta en tu ciudad es astuto, Spike. Y peligroso. Y por sobre todas las cosas, es viejo… no es nuevo en este mundo. Hace siglos que camina donde no debería caminar ser alguno.

-¿El vampiro que descendió del barco? – fue mi pregunta, recordando el recorte de periódico que Rupert me había enseñado. No lo mencioné en voz alta esto, solo lo murmuré pero ella lo captó enseguida. Se volvió y me miró.

-El mismo. Le tomó cierto tiempo organizarlo todo. Entrar en ese buque y hacerse trasladar hasta aquí. Es astuto, muy astuto. Eso lo ha ayudado a sobrevivir incluso a sus perseguidores cuando una vez quisieron acabar con él.

-¿Quién es él, pet?

Hizo una pausa. Permaneció en silencio mirándome. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba desnudo de la parte de la cintura para arriba. Ella admiraba mi cuerpo, mis músculos… y quizás la sangre que los alimentaba, que surcaba debajo de la piel.

-Drácula – dijo y el nombre flotó en el aire por un largo minuto hasta que:

-Drácula – repetí, sonriendo – Leí ese libro cuando tenia 13 años, creo. Una bonita novela, luv. ¿Qué tiene que ver con el Loco de Negro? ¿Acaso…?

Ella asintió. Me llevé una mano a la cabeza, abatido. Todo era una completa locura. No podía creer que fuera yo quien estaba allí, hablando de esto y encima, con un ser como ella.

Porque ella era real.

¡Y también era un vampiro!

Sin embargo, ella era diferente.

-El cabron es Drácula, ¿verdad? – no fue una pregunta, mas bien una afirmación - ¿Eso es, no?

-Si. El mismo. El Rey de los Vampiros, el más terrible de todos los Condenados. Él mismo.

-No puede ser. ¡Solo era una novela!

-Basada en un hecho real – Buffy tomó asiento en el borde de la cama. Suspiró – Pero como toda novela, con algunos breves cambios para hacerlo pasar por ficción y para darle un final “feliz”. Los finales felices eran típicos en las novelas de esa época. Bram Stoker nunca se hubiera vuelto muy famoso si hubiera contado toda la verdad de la historia.

-¿Y cual es esa verdad, luv?

-La novela, si la leíste como bien dices, contaba que Drácula era detenido por Van Helsing y sus compañeros al final. Lo detenían cuando llegaba al castillo y lo mataban a las puertas de la fortaleza – meneó la cabeza, sonriendo amargamente – Eso nunca pasó. La verdad es que Drácula evadió a sus perseguidores esa vez y huyó… burlándolos.

“Escapó y se escondió en un nuevo sitio, en algún lugar. Bajo tierra. Durmió allí durante cientos de años hasta que llegó su nuevo despertar. Ocurrió hace algunos meses. Creo que la culpa la tuvo el mundo moderno y sus voces electrónicas. Estoy segura de que él, desde su tumba de rocas, sabia de ellas. Las oía y en la distancia, sintió el llamado… el llamado de un nuevo mundo listo para él…”

-Cielo santo.

-Despertó. Imaginate como se sentiría un ser como él, tan poderoso, tan… antiguo. Después de dormir cientos de años, debía recuperar parte de su fuerza, de su vitalidad…

-La sangre consumida – dije. Empezaba a entender como iba la mano – Los muertos del buque… las muertes aquí, en la ciudad…

-Necesita grandes dosis de sangre para volver a ser el que era y para convertirse en algo mas – aclaró Buffy. Sus ojos esmeralda estaban fijos en los míos – La sangre la da fuerza y no ha completado todavía su cuota para recuperarse del todo. Dentro de poco, se volverá imparable e incluso, mas fuerte que cuando lo intentó en Londres, cuando llegó allí e intentó hacerse con el control del lugar. De no haber sido por Van Helsing y sus compañeros, lo habría hecho. Ahora, el tiempo de repetir el experimento ha llegado… En este nuevo milenio y en este nuevo continente, él intentara repetir su maldad.

Permanecimos en silencio. Ella y yo solo nos mirábamos. Yo seguía totalmente dominado por su belleza, pero sabía que era uno de esos seres, un vampiro.

-¿Y tú, nena? ¿Cómo encajas en esto? ¿Cómo llegaste a ser… lo que eres? ¿Por qué no te comportas como los otros? – pregunté. No podía aguantarlo más. Quería saber.

-Fue culpa de él también. Él me hizo lo que soy.

Silencio. Bajó la vista y vi un par de lagrimas asomarse en esos ojos esmeralda. Pobre. Se veía tan… sublime así de triste.

-Me tomó en un tiempo y lugar lejanos – me contó – No importa el año, en realidad. Lo importante es que él es mi Sire. Me dio la sangre maldita, el Don Oscuro. Me hizo una de sus Consortes. Me arrastró entonces de mi vida mortal y me llevó a su castillo. Pasé los siguientes dos mil años que siguieron a su lado, acompañando a esas tres arpías que eran sus “novias” en ese entonces. Éramos, juntas, sus cuatro amantes. Una vida licenciosa y de muchas existencias cegadas en el proceso – hizo una pausa, tomó una bocanada de aire – Todo se acabó cuando me cansé, cuando entendí al fin que me hundía mas y mas en el infierno. Él era decrepito y malvado. No había mas secretos que pudiera enseñarme, nada más que podía revelarme. Huí de él…

“Escapé. Me refugié por años en valles desolados, en ruinas de castillos, en casas viejas. Negué y luché entonces contra mi naturaleza de vampiro. Fue una tarea difícil y ardua. Tuve que alimentarme de sangre animal pero me había jurado a mí misma no probar nunca mas sangre humana. Fue una lucha muy, muy larga y dura…”

-Pero lo lograste.

-Lo logré, pero costó – sonrió, triste – Y también logré hacerme de un lugar en el mundo. Comprendí mis poderes, comprendí mis habilidades y me refugié bien de su ira. Para la época en la que él abandonó su castillo e intentó, como Stoker cuenta en su novela, hacerse con el control de Londres y Van Helsing y los suyos le combatieron, yo todavía estaba débil. No podía hacerle frente, por consiguiente, no podía ayudar a ese buen hombre y los suyos para darle caza. Ahora, después de muchos años de vivir… de sobrevivir, tengo la fuerza que necesito para detenerlo. Ahora que él ha regresado, DEBO detenerlo para siempre.

-Entiendo.

-No, Spike, no entiendes. Él ha cambiado… Lo demuestran los crímenes que ha cometido en esta ciudad. Algo lo ha cambiado. Quizás es la sangre que ha ingerido de este nuevo mundo moderno. Tal vez lo volvió loco al fin el paso de los siglos. No lo sé. Lo que SI sé, es que hay que detenerlo.

-¿Cómo es que te colaste en mis sueños? ¿Cómo me contactaste, luv?

-Es parte de mis poderes. Sabía que tú estabas encargado, en esta ciudad, de investigar sus homicidios. Sabía que él iría por ti para evitar que lo detengas…

-No te entiendo.

-Drácula sabe de tu existencia. Sabe que estas pisándole los talones, investigando sus actividades. Si no te hubiera salvado la vida hace unas noches, seguramente hubiera dado contigo más rápido y habrías muerto.

-¿Salvado mi vida? Pero… yo no recuerdo… - empecé a decir, pero ella me lo aclaró al momento.

-La que luchó contigo esa noche en la calle, fui yo.

Hubo un silencio largo y prolongado. Me seguía clavando esos ojos de esmeralda en los míos.

-¿Por qué mataste a la chica? – pregunté.

-Sé lo que crees. Piensas que maté a una inocente. No, Spike. La realidad es otra. Si rompí mi juramento de no tomar más vidas humanas fue por una causa más grande y esa era salvar tu vida. La mujer que habló contigo esa noche era una sirviente de Drácula. No, no era vampiro, pero él le había prometido hacerla… engendrarla, mas tarde. La chica servia de espía entre los tuyos, entre los mortales. Es justo, ya que ella lo vio cuando se alimentó de su primera victima en esta ciudad. Él se le presentó mucho después de que ella le contó a la policía su descripción física. Su poder de convencimiento sobre las almas de los pobres es increíble. No, Spike, no maté a una inocente esa noche… evité que te vendieran. La chica iba directo a comunicarle a su jefe que tú estabas ahí, siguiendo las pistas.

-…Todo eso suena muy bonito, luv, pero si mal no recuerdo, esa noche casi me das una paliza – tercié, enarcando una ceja.

-Lo siento – se encogió de hombros – Es parte de mi naturaleza de demonio. A veces toma más el control sobre mí de lo que yo quisiera. Si te sirve de consuelo, no iba a matarte esa vez.

-Dio la impresión contraria, amor.

Suspiró. Alargué mi mano y le acaricié el rostro. Era suave, blanco y suave.

-Eres muy linda.

Me sonrió. Seguía siendo una sonrisa triste, melancólica.

-Amas una ilusión, Spike. Esta que ves no soy yo – dijo, tocando mi mano con la suya y besándola – Esto que ves es “lo que fui”. Cuando me convierto…. Cuando mi rostro cambia y mi naturaleza se revela, soy en verdad yo.

-No lo creo. Creo que esta que veo eres tú en verdad… y eres muy, muy hermosa.

Lo que siguió fue ya imposible contenerlo. Creo que en cierta forma, los dos lo deseábamos…

La besé en los labios. Ella me estrechó entre su brazos y nos besamos. Su contacto no era frío sino más bien, tierno, suave y calido. Mis manos entonces le acariciaron los pechos. Sus pezones se erguían tersos y duros debajo de sus ropas…

Se sacó la chaqueta negra. Había una camisa blanca debajo de ella. Se recostó en la cama y procedió a sacarme los pantalones. Luego, yo la ayudé a ella a sacarse los suyos…

Las ropas volaron rápidamente. Cuando quedo totalmente desnuda ante mí sentí que me quedaría sin aliento. Era una estatua de porcelana blanca. Su cabello rubio caía en cascadas sobre sus hombros. Sus ojos eran dos esmeraldas de verdad.

Nos abrazamos. Su perfume invadía todas mis fosas nasales. Me tenía a su entera merced y estaba decidido a hacer lo que ella quisiera…

Seguro que quizás les parecerá extraño este arrebato de pasión tan increíble y más, entre dos personas que apenas se conocen. Lo cierto es que no era tan así. Mientras yacía en sus brazos y sus labios ardientes buscaban cada rincón de mi piel, mientras sus manos me exploraban y las mías hacían lo mismo con su piel, yo sentía como si la conociera de hace mucho mas tiempo.

Cuando yacíamos uno al lado de otro era un alivio inmenso para ambos.

Éramos uno solo.

La penetré.

Ella se colocó hábilmente sobre mí y me cabalgó. Era hábil para hacerlo. Y lo más increíble era que por primera vez, yo no tenía el control de la situación, mas bien, era ella la que me llevaba.

Aquello me volvía loco.

De alguna manera inexplicable, era ella la que llevaba el control de todo y lo adoraba. Adoraba sentirme dominado por su figura, adoraba sentirme poseído por su lujuria.

Adoraba ver como esos ojos verdes suyos seguían abiertos y mirándome con amor y pasión mientras nuestros cuerpos se fundían en uno, mientras penetraba su interior.

-Te amo… te amo – jadee, en el éxtasis de la pasión.

Su boca se pegó a la mía automáticamente. Sentí la presión de su lengua con la mía. Húmeda, jugosa, llena de deseo. Sentí sus lágrimas que caían sobre mi rostro, lágrimas de alivio y de un sufrimiento que no podía imaginar.

Rodamos por la cama. Recuerdo que caímos al piso y seguimos en aquella danza exótica de amor y de pasión lujuriosa por todo el cuarto. Luego, nos incorporamos y ella se colocó de espaldas a mí, apoyando sus manos en el dintel de la puerta que daba a la cocina de mi departamento, ofreciéndome su espalda y un nuevo objeto de placer y de deseo para manipular.

La penetré por detrás. Sus jadeos y gritos no se hicieron esperar. Me volví loco, totalmente loco por ella.

Mis manos, que no podían estarse quietas, acariciaron sus pechos. Los pezones estaban tan erguidos, tan vivos…

-Más fuerte – pedía ella – Más fuerte…

Así lo hice. La complací.

No recuerdo exactamente cuando volvimos a la cama, pero así sucedió. Ahora, ella era la que estaba sobre mí. Se había colocado sobre mi espalda y era yo quien estaba boca abajo, en la cama…

Sentí la fuerza y la presión de sus finos dedos, de su hábil mano, penetrando allí atrás. Sentí sus labios, calidos y jugosos, besándome la nuca y lamiendo el lóbulo de las orejas.

Todo acabó un rato después.

Llegamos juntos al orgasmo y permanecimos tendidos uno al lado del otro en la cama. Ella abrazada a mí y viceversa. Sudábamos y la habitación olía a sudor mezclado con aroma a sexo.

-Te amó – repetí, besando sus rubios cabellos.

Sonrió. Era la misma sonrisa triste de siempre.

-Amas algo imposible – me dijo, despacio – Pero no te culpo. Lo mismo me sucede a mí.

-¿Por qué dices imposible, pet?

Se irguió en la cama. Me miró a los ojos.

-Somos diferentes. Yo estoy condenada a vivir por los siglos, sin siquiera envejecer. Sé que te parezco alguien de veinte años, o mas o menos, pero tengo mas… muchos mas.

Me encogí de hombros.

-No seriamos la primera pareja dispareja, luv – tercié. Estiré una mano hacia la mesita de luz y tomé la caja de cigarrillos. Me llevé uno a la boca y lo encendí, fumando – Conozco a muchos que salen con chicas mayores y les va fenómeno.

Meneó la cabeza.

-Yo no puedo darte una familia, Spike… ni puedo salir al sol, tampoco – señaló a las cortinas echadas en la sala – Mi condena es las tinieblas.

Di una calada más al cigarrillo y comencé a toser. Ella pareció distraerse y miró aquel tubo enrollado de tabaco. Moviéndose rápido, me lo sacó de entre los dedos y lo arrojó al pisó, estirando un pie desnudo fuera de la cama y apagándolo al pisotearlo, sin siquiera sentir dolor por semejante acto.

-Esto te esta matando – me dijo – Debes dejarlo.

-No puedo. Lo he intentado, pero…

-Intentar no basta, Spike. Tienes que dejarlo.

-Bueno, luv, si me lo dices con esa cara bonita que tienes…

Pero entonces operó el susodicho cambio. La frente se abultó, los ojos se volvieron amarillentos y los colmillos crecieron en sus dientes.

-Esta es mi cara – dijo, mirándome feroz. Reconocí al momento el rostro de la vampiresa malévola que me atacó esa noche. Me estremecí de pavor – Esto es lo que soy, Spike. Un demonio.

A pesar de que sentí pavor, logré dominarme. Estiré mi mano y la acaricié en esa cara de demonio. Ella entrecerró los ojos.

-Te amo… y no me importa como luzcas – dije – Te amo.

La sencillez de la respuesta la conmovió. El rostro de demonio se relajó y la apariencia humana volvió a su sitio. Lloraba.

Nos abrazamos otra vez. Permanecimos en silencio un largo rato mientras el reloj de la tarde seguía marcando el inexorable paso de las horas.

-Hay que detenerlo – dijo, retomando el hilo de la charla cortada hacía rato – El numero de sus “hijos” esta aumentando en esta ciudad. Él se alimenta de muchos más. Lo que ni tú ni la policía saben es que ha matado a muchos más. Y se mueve. Dejó de atacar en su coto de caza privado, cerca de su refugio personal en el puerto para matar en las inmediaciones del parque Griffith. Se cobró una victima ahí, como sabes y esta listo para seguir extendiendo el círculo. Tú y yo tenemos que hacer planes para detenerlo…

-Nosotros dos solos no podremos, luv. Si es tan poderoso como dices…

-Él es poderoso, pero yo también lo soy – terció – En estos años que él permaneció dormido bajo tierra, yo me entrené. Yo fui quien mató a los que te tenían atrapado en esa cueva, ¿recuerdas? Yo soy una Cazavampiros hecha y derecha. Hay que terminar no solo con él… hay que acabar con su linaje.

-¿Cómo?

-Escúchame, haremos esto…


Continuara......

lunes, 12 de octubre de 2009

"La Sangre del Vampiro" (Capitulo 3)


La chica despertó en mitad de las tinieblas.

Su primera impresión fue estar en algún sótano. Había paredes descascaradas por todos lados y grandes caños de agua que surcaban los techos. Por lo demás, el olor a podrido parecía inundar aquel sitio.

No recuerda como llegó. Recuerda, si, haber bajado el subterráneo para tomar el metro. Recuerda permanecer sentada en el banco, mientras el tren se acercaba a lo lejos con su clásico sonido a metal.

Recuerda haberse puesto de pie y acercado al túnel oscuro y bostezante por donde se suponía que el vehículo saldría para llevarla a su casa en las afueras de Los Ángeles.

Y sus recuerdos llegan hasta ahí. Después, la súbita oscuridad, de golpe, como si hubiera sido arrastrada por alguna fuerza desconocida hacia…

…Hacia donde fuera ese sitio…

-¿¿Hay alguien aquí?? – pregunta la chica, levantando la voz. Primero, solo obtiene ecos como respuesta, después…

Después comienza a sentir ruidos, muy cerca, a escasos centímetros.

-¿Hola? ¿Hay alguien…?

Cuatro figuras se asomaron ya ante su marco visual. La chica al ver sus rostros, retrocede espantada. Las cuatro figuras sonríen siniestras y parecen formar un casi circulo en torno a ella.

Con el corazón latiéndole a mil, la chica observa con una mezcla de asco, terror y fascinación el rostro de sus captores. Frentes abultadas, ojos amarillentos y…

…Y colmillos filosos…

Las figuras siguen sonriendo, inmóviles, solo mirándola. La chica tiembla de espanto de pensar que le harán esos monstruos y no se da cuenta de que alguien mucho mas peligroso se le acerca por la espalda, hasta que sus dedos huesudos y de uñas afiladas se apoyan en su hombro.

Hasta que ella ve su rostro, similar al de los otros, pero diferente.

Y sus ojos, rojos como la sangre….

…Cuando intenta gritar es demasiado tarde….

***

SPIKE
(Por la noche, en un barrio de los suburbios de L.A)

La Caja Mágica, tienda de artículos esotéricos y místicos, es un discreto local ubicado en un rincón de un casi olvidado suburbio de la ciudad. Uno nunca descubriría su existencia, allí, en mitad de una tienda para autos usados y una lavandería de mala muerte.

Pero sucede que yo si sabia de su existencia y hacia allí me dirigía esa noche.

Apenas uno traspone el umbral, se da cuenta de que esta entrando en un terreno enigmático, cargado de misterio. El lugar huele a sahumerio y a un perfume imposible de identificar. Hay estantes repletos de libros tales como “El Aura”, “Demonologia Pagana”, “Magia Celta” y demás tratados que supuestamente versan sobre las Ciencias Ocultas y veladas a los no iniciados, tachonando las paredes del sitio.

Si, podría decirse que La Caja Mágica seria el lugar ideal para un aquelarre de brujos o algo similar, pero sucede que no es tan así. Yo conocía a su propietario y por cierto, cuando entré esa noche en la tienda, haciendo sonar la campañilla de la puerta, ni falta le hizo despegar sus ojos del curioso libro que estaba leyendo, sentado detrás del mostrador, para darse cuenta de que era yo en persona.

-Spike – dijo Rupert Giles, todavía con sus ojos ocultos detrás de unas gafas de montura metálica, leyendo el libro – Esta cerrado, vuelve mañana.

-Muy gracioso, Rupert – comenté, acercándome. Me saqué el sombrero y lo coloqué sobre el mostrador. En mi boca llevaba un cigarrillo encendido - ¿Cómo demonios sabias que era yo?

-¿Qué crees? – me preguntó, levantando finalmente sus cansados ojos del libro y mirándome – A ver, sorpréndeme.

-¿Percepción extrasensorial tal vez?

-Tabaco – dijo y señaló a mi cigarrillo y extendiendo su mano, tomó un cenicero de una mesita cercana – Por favor, el letrero en la puerta es explicito. “NO FUMAR”, dice.

Sonreí. Me saqué el cigarrillo de la boca y lo apagué estrellándolo contra el cenicero de vidrio. Aquello pareció complacer a aquel viejo sabueso inglés.

-Eres un condenado, Rupert – dije, señalando el cigarrillo apagado - ¿Sabes cuanto me cuestan comprarlos? Medio salario de lo que Vargas me da cada mes.

-Que gracioso, Spike. Ya sabes que detesto el humo y por cierto… ¿Y tu plan de no fumar?

-Ahí quedo, luv.

-Deberías tratar de dejar el vicio, ¿sabes?

-No juegues al padre conmigo, Rupert. Esta bien que tengas mas años que yo, pero…

Sonrió. Suspiró y cerró su libro. Pude ver rápidamente que era un libro acerca de Mitología Romana.

-¿Ahora te interesas por los Romanos, Rupert? – bromee.

-Uno tiene que leer de todo un poco, ¿no crees? Yo adoro leer.

Rupert Giles era un bondadoso hombre de unos cuarenta y tantos de edad, de complexión algo adusta y que llevaba sobre su rostro arrugado lentes de montura metálica. Si había en este puto mundo un buen amigo, ese era el viejo Giles. Al menos, era MI amigo, que es un buen consuelo.

La característica principal de ese sabueso británico era no solo su astucia, sino también su especial debilidad por temas de Esoterismo y Magia. Presumía de haberse leído todos los tomos del Saber Arcano y de entender cosas que nadie mas podía entender ya.

En síntesis, Rupert bromeaba comúnmente de que él era un genuino brujo del siglo XXI.

-Muy bien, detective… Supongo que no vienes a mi tienda a estas horas de la noche por una pata de conejo para la buena suerte o alguna poción de amor – Rupert se acomodó sus lentes, suspirando - ¿Qué es esta vez?

-Te lo diré así de esta forma, amigo mío: VAMPIROS.

Giles me miró detenidamente como analizándome. Creo que pensó que le estaba jugando una broma. Luego, su semblante cambió por uno de comprensión…

-Déjame adivinar: El Loco de Negro.

-Veo que sigues el caso, amigo.

-¿Cómo no seguirlo? Es el caso más revelante de los últimos tiempos, Spike. Al menos desde que Jack el Destripador acechó a las prostitutas de Whitechapel, en Londres, en el mil ochocientos y…

-Rupert, por favor, ahorrame la clase de historia, peach – tercié, levantando una mano.

-Perdón, perdón. Tú querías saber sobre vampiros, ¿correcto?

Asentí. Mi buen amigo también lo hizo y salió de detrás del mostrador con pasos firmes y decididos. Se encaminó hacia unos de los altos estantes llenos de libros. Sacó uno y volvió conmigo, depositándolo sobre el mostrador y abriéndolo en una pagina. Se veía un viejo grabado de un extraño ser de aspecto horripilante agachándose hacia lo que parecía ser una mujer dormida en una cama.

-El Gran Libro de Los Vampiros. Edición de la Goblin Prees, 1567 – recitó, sonriendo – Claro que esta es una copia. La original fue quemada en la hoguera en la Inquisición.

-Muy bonito… ¿Este libro tiene todo sobre vampiros? – pregunté, admirándolo y pasando algunas paginas amarillentas por el paso del tiempo.

-Todo lo que se conoce y algunas cosas mas… Ahora, yo tengo que preguntarte una sola cosa, Spike.

-Dispara.

-¿Crees en vampiros?

La pregunta quedo flotando en el aire lentamente, por un segundo. Ambos nos miramos al rostro hasta que dije:

-Normalmente te diría que no, pero creo que he visto precisamente uno de ellos.

-Ya veo…

-Tú eres el experto en esto, luv. Dime de que demonios va la cosa.

-Ok, pregúntame que quieres saber. Creo que leí ese libro cuarenta veces. Me lo sé de memoria. Pregunta.

-¿Cómo llega a ser uno un vampiro?

Giles se sentó en una silla y cruzó una pierna. Al parecer, estaba a punto de enfrascarse en un tema que le debía resultar muy favorito dentro de sus aficiones sobrenaturales.

-Bueno, esa si es una pregunta… La verdad es que el método varía según las culturas, pero se ha establecido lo siguiente: para convertirse en vampiro uno debe ser mordido por otro vampiro y debe beber su sangre, como un intercambio de fluidos de algún tipo. La persona entonces, seria supuestamente afectada por un “Poder Maligno” existente en la sangre que lo convertiría en… vampiro también.

-Sangre. Eso se repite invariablemente. ¿Por qué la sangre?

-¿Por qué la sangre? No tengo idea, Spike – Giles suspiró – Al fin de cuentas, la sangre es la vida. Sin ella no funcionaríamos. Creo que los vampiros la necesitan por eso. Debe vivificarlos, hacerlos sentir vivos… quizás si no la beben por largos tiempos sus cuerpos se deterioran. No lo sé.

-¿Y dices que algo en la sangre de los vampiros hace que existan mas como ellos?

-Ese es el punto. A falta de un nombre mejor yo utilizo eso del “Poder Maligno”. Claro que tengo que admitir que podría haber mas explicaciones científicas respecto al tema – hizo una pausa, se llevó una mano a la barbilla, pensativo – Quizás los vampiros no son del todo mágicos. Quizás al fin de cuentas, algún día la ciencia descubra que el culpable sea algún virus de alguna clase. ¿Quién sabe?

-Muy bien. Eso referente a como nacen los vampiros… Ahora dime, ¿Qué poderes tienen?

-Ah, esa es harina de otro costal, Spike. Se discutió y se discute mucho el tipo de poder de un vampiro. Una cosa es segura: tienen gran fuerza física y entre otras cosas, pueden mudar su aspecto para ocultar su verdadera naturaleza demoníaca. Podrían ser capaces de cambiar a otras formas incluso, como un lobo… o por ejemplo, un gran perro negro.

-Un gran perro negro. Conozco esa mirada tuya, Rupert. Esa frase no la deslizaste por casualidad, ¿verdad?

-Por cierto, no. Como te decía antes, sigo el caso del Loco de Negro desde que salio en los periódicos, pero creo haber descubierto algo que tal vez se les ha escapado por alto a ustedes, los de la policía o incluso, al común de las personas…

-¿De que bloody demonios hablas, Rupert?

Giles sonrió triunfal y rebuscó debajo del mostrador de la tienda. Me estiró un recorte de periódico fechado de un largo tiempo atrás. Lo tomé entre mis manos y leí lo siguiente:

“Curiosos hechos envueltos en un manto de misterio y de perplejidad ocasionaron a las autoridades del puerto de Los Ángeles el arribo, anoche cerca de las dos de la mañana, de un gran buque carguero procedente de Europa, absolutamente abandonado y desprovisto de tripulación. El buque (cuyo nombre es “El Goldaming”) fue visto cerca de un par de minutos antes acercándose peligrosamente, mientras se bamboleaba como un borracho, al puerto de la ciudad, ignorando su tripulación hasta ese momento cualquier aviso radial o comunicación enviada hacia él por parte de las autoridades portuarias. Este hecho sin precedentes en la naval estadounidense, de alguna forma inquietó de sobremanera a las autoridades al tal hecho de mandar varias lanchas a intentar interceptar la nave, la cual, de manera insólita y que hasta el momento no ha sido explicado, llegó a destino deslizándose contra el paredón del puerto sin ningún problema aparente, como si estuviera su casco imantado.

Cuando las autoridades pudieron amarrar el barco finalmente (y la tormenta parecía calmarse) se produjo el insólito descubrimiento antes mencionado por parte del encargado portuario, el señor Joseph Pazzi, junto con otro grupo de personas entre los que se encontraban varios agentes de la Fuerza Naval. En palabras del señor Pazzi: “Era algo insólito y hasta de locura. ¡Estaba todo el buque desierto! No se veía ni un alma. Y eso que es un buque grande… No me explico como demonios le hizo para llegar a puerto sin tripulación y sin capitán”.

El misterio, pese a todo, persiste y se agravó mas al atestiguar, uno de los agentes de la Fuerza Naval, haber visto emerger de un salto, por un lado de la nave, a un enorme perro negro de alguna raza todavía indeterminada, que con unos sendos ladridos se perdió en alguna parte de los depósitos cercanos al lugar del embarque.

“Creo que era una cruza entre Rotweiller o un Mastin… No sé realmente. La verdad es que si le digo de que raza era le miento, pero eso si”, declararía luego el testigo, “Era grandote. Bastante grandote y lanudo… seguro que era el perro del capitán”.

Todavía se ignora el destino de este extraño animal, el único pasajero de tamaño barco, así como también el destino de toda la tripulación y de su capitán. Fuentes especiales confiaron a este diario que cuando partió de Europa, el buque constaba con una tripulación de cien hombres aproximadamente, y que el contacto naval vía radio con tierra se mantuvo hasta entrado en una parte indeterminada del océano Pacifico, en donde misteriosamente, la comunicación se vio abruptamente cortada…”


Todo eso fue lo que leí del recorte de periódico que Giles me alcanzó. Cuando terminé con su lectura, levanté mis ojos y otra vez encontré los suyos, llenos de expectativa y de emoción.

-¿Te das cuenta? Eso pasó muchos días antes de que el Loco de Negro comenzara con sus crímenes – me dijo – Fíjate la fecha del recorte. Fue todo un misterio lo de ese barco pero luego la Fuerza Naval cerró todo el caso y como suele pasar, la gente lo olvidó. No me equivoco al decir que creo que tú también lo habías oído mencionar pero como pasó con el resto de la gente, lo olvidaste cuando el caso se cerró.

-Tengo que admitir que algo oí por los noticieros de la TV y algún que otro comentario en la Jefatura – tercié – Pero sigo sin entender a que quieres llegar con esto, amigo. ¿Acaso se trata de que eso que llegó en barco no era un perro sino un…?

-¿Vampiro? ¿Encuentras una mejor explicación a lo sucedido con la tripulación? Spike, tiempo después de ese suceso es que comenzó el raid delictivo del Loco de Negro. Vengo siguiendo las fechas considerablemente entre asesinato y asesinato. Creo que ese incidente extraño y las muertes están conectados.

-Muy bien, muy bien. Supongamos lo siguiente – hice una pausa, dejé el recorte de periódico sobre el mostrador y medité antes de seguir hablando – Supongamos que se trata de vampiros. Y también que tienes razón, que “eso” que llegó en barco, hace tiempo atrás, fuera uno… Ahora bien, ¿Cómo paramos esto? Si el Loco es un vampiro, tiene que tener alguna forma de ser detenido. Mi pregunta ahora es esta: ¿Cómo matar a un vampiro?

Giles se incorporó en su asiento y esta vez se dirigió hacia un baúl colocado en el fondo de la tienda. Lo abrió y sacó algo que parecía ser un pedazo de palo afilado.

-Estaca de madera – dijo, sacudiendo aquello – De pino o de roble, da igual. Se supone que debes clavarla en el pecho del vampiro. No, no en el corazón, eso es mito. En el pecho, directamente. ¿Por qué ahí? No sé, pero se me ocurre que el “centro de poder” de los vampiros reside en el pecho. Un golpe seco ahí y…

-¿Y que?

Giles hizo un gesto cómico con las manos, mientras decía “¡Puf!”

-A parte de esto, también están la plata, no nos olvidemos de eso – Rupert se acomodó sus lentes – Los vampiros y la plata no se llevan.

-¿Las cruces sirven?

-Ni idea, amigo mío. Solo si eres católico – sonrió – Lo mismo vale para el agua bendita y la Hostia. Pero no voy a ser yo el que te diga que no si quieres reconciliarte con la Religión Católica.

-Muy gracioso, luv – le entregué a Giles la estaca de madera y tomé mi sombrero nuevamente. Ahora sabía mucho más de lo que esperaba. Pero debía ponerme manos a la acción cuanto antes – Gracias por toda la ayuda, Rupert. Me voy. Tengo que hacer algunas cosas por ahí.

-Deberías llevarte esto, Spike.

-¿El pedazo de madera? No, amigo. Si veo a un vampiro voy a meterle una bala en el culo con mi Browning 9 mm. En esa si confío.

-Quizás las balas comunes no los dañen…

-Veremos – dije y me despedí de él. Iba a salir de la tienda cuando recordé algo mas y me volví, para preguntárselo – Rupert… ¿Todos los vampiros son malignos?

A la pregunta le siguió un largo silencio.

-Hay quienes dicen que los vampiros no tienen alma y por eso son malos, pero… Spike, ¿quieres un consejo mío? No te fíes de las viejas leyendas. Pueden estar erradas.

Asentí y salí entonces a la fría noche que me esperaba, llena de misterios tenebrosos.

***

Un gran enigma.

Mientas conducía mi viejo Civic por las calles oscuras de Los Ángeles, pensaba un muchas cosas sucedidas y en todo lo que había averiguado hasta el momento. Me parecía extraño haber estado hablando de vampiros como si realmente eso existiera, pero dado mi reciente experiencia, estaba listo para creer hasta en Santa Claus.

Hubo algo que no le mencioné a Giles, y fue mis sueños repetidos.

Y menos, la parte en la que comenzó a salir la chica rubia de rostro bonito.

“Buffy”. Su nombre todavía flotaba en mi memoria. Todavía podía recordarlo tan nítidamente como el brillo de esmeralda de sus ojos. “Buffy”.

¿Qué significaba eso? ¿Acaso mi mente estaba tan enferma por este caso, por la mezcla de alcohol y de cigarrillos que veía como válvula de escape crear una chica linda en mis sueños? Porque hay que reconocer que esa Buffy de mis sueños era bonita. Al menos, hasta que la cara le cambiaba y adquiría ese otro rostro horrible de pesadilla.

Buffy.

¿Quién seria? ¿Por qué estaba en mis sueños?

¿Por qué me sentía enamorado de ella?

Que tonto. Un detective enamorado de la chica de los sueños.

La culpa la tenia la vida solitaria que llevaba. Después de Harmony, habían pasado otras chicas, pero nunca ninguna fue especial. Creo que ni Har lo fue para mí. Nuestra relación fue un fiasco y no veo el porque debía ahora pensar en una mujer que tan solo existía en sueños como el “amor ideal”. Si, aquella Buffy podría ser bonita y muy atractiva, pero solo se trataba de un sueño.

Un mero sueño.

Era hora de volver a la realidad.

Conduje mi Civic hacia la zona de los asesinatos, al mismo sitio donde aquella mujer… esa vampiresa, me atacó. Aparqué el coche y lo dejé en una esquina, para luego acercarme hacia el callejón por donde estaba la entrada a las alcantarillas en donde desapareció.

Sopese mis posibilidades. Una incursión solo a los laberintos de túneles que se extendían debajo de la ciudad no era una perspectiva bonita, pero…

Me encontré levantando la pesada tapa con dificultad. Luego, descendí por las escalerillas. El lugar olía a mierda literalmente y en un momento dado de oscuridad total, manotee del bolsillo una linternita que siempre llevo para toda ocasión. Así, con un hilo de luz que me mostraba el camino comencé el largo trayecto por túneles anegados de mierda e inundados…

El sitio era deprimente y vi en varias ocasiones a muchas ratas, pálidas y famélicas, pasar por muy cerca mío.

¿Qué me proponía yo al descender a ese reino de tinieblas y malos olores? ¿Acaso buscaba pistas de adonde se había ido la misteriosa vampiresa?

Podría decirse que si.

Mi largo camino por túneles anegados y sucios llegó a su abrupto final cuando penetré en una gran cámara seca. La oscuridad era impresionante y miles de sonidos se dejaban oír por los rincones. Debajo de mi traje llevaba mi arma lista para cualquier eventualidad. Si algo salía de las sombras, lo iba a bajar a los tiros.

Un súbito ruido llegado a mis espaldas me hizo volver. Enfoqué la linterna en esa dirección pero no vi nada. Luego, el ruido se repitió, pero adelante mío.

Mi corazón comenzó a latir muy aprisa en mi pecho. Los ruidos se mantenían como burlándose, lejos del circulo de luz que proyectaba mi linterna. Era como si “algo” se moviera a mí alrededor escudándose en las sombras, eludiendo la luz.

Solo cuando una mano fría me rozó el hombro, comprendí que no estaba solo.

Me volví y me topé con la misma cara de hace un tiempo atrás. La misma frente abultada, los mismos ojos amarillos como de felino y los mismos colmillos afilados, listos para morder.

Salvo que no era una mujer, era un hombre.

Había como un numeroso grupo de ellos. Todos emergían ahora de las tinieblas cercanas, todos con el mismo rostro de demonios y todos pálidos, como muertos.

Tal vez SI estaban muertos, después de todo.

Lentamente, me vi rodeado de un número creciente de vampiros.

¡Vampiros! Eran reales y gruñían, hambrientos.

En menudo lío me había metido. Había caído en la cueva de los vampiros y todos se estaban acercando, listos para matarme.

De un manotazo, me arrancaron la linterna. Cayó al piso y se hizo añicos. Antes de que su luz protectora desapareciera, logré alcanzar mi arma… Efectué un par de disparos a quemarropa al pecho del más cercano, esperando liquidarlo.

No pasó nada.

Los vampiros seguían acercándose más, gruñendo, bufando, extendiendo manos blancas hacia mí. Volví a barrer el aire con más disparos y estaba seguro de que las balas de mi arma les daban en todas partes, pero no pasaba nada.

¡Estaban cada vez mas cerca! Sus manos, frías como el mármol del cementerio, se estaban cerniendo sobre mí. Me sacaban el revolver, me empujaban, me agarraban. Me revolví y decidí emprenderla a los puños. Golpee a dos de ellos y obtuve el mismo resultado que cuando intenté hacerle daño a la mujer.

Me asestaron un golpe en la nuca, como contrapartida.

El dolor fue terrible y el mundo a mi alrededor tambaleó. Fui asido por unas manos más muertas que vivas y estaba seguro de que se harían un festín conmigo…

…Pero entonces algo paso…

Un gran alboroto se produjo entre las criaturas reunidas. Algo había llegado a esa cueva, algo que los estaba matando.

¡Si, así era! Mientras seguía con la vista nublada y casi en las tinieblas, tambaleándome, sentía como los vampiros luchaban a golpes de puño y patadas contra alguien. También los oía gritar cuando al parecer, ese alguien lograba liquidarlos.

De repente, los que me sostenían con intenciones de matarme habían desaparecido. Alguien se asomó cerca de donde estaba y acabó con ellos en un abrir y cerrar de ojos. Hubo un gran revuelo a mí alrededor y caí al piso, dándome un golpe feroz en el rostro.

Antes de perder la conciencia, en ese pozo de muerte, pude atisbar un poco de mi salvador. Se estaba inclinando sobre mí, sosteniéndome para fijarse si yo estaba bien.

Ni falta hacia que hubiera más luz para verla…

Para ver sus cabellos dorados.

Para ver sus gráciles ojos esmeralda.

Para ver su rostro inocente y bello.

…Para saber que aquella que me estaba asistiendo era Buffy…

Todo se volvió negro luego y ya no recordé más…

…Hasta que desperté…


Continuara......