martes, 28 de junio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Cuatro)

4

Charla con Wesley

La oficina de Wesley quedaba relativamente cerca. Ángel se dirijio allí una vez que su charla con Fred hubo acabado. Encontró al ex Vigilante sumergido en sus libros. De hecho, en unos gruesos volúmenes de hojas amarillentas y tapas duras.

-Permiso. ¿Se puede? – preguntó, tocando a la puerta mientras entraba. Wesley levantó la vista de sus libros.

-Adelante – dijo. El vampiro se sentó en la silla enfrente de su escritorio – Estaba consultando el Codex Necrosum, la autoridad máxima en lo que a Nigromancia se refiere.

-¿Alguna novedad?

-Pasajes inquietantes de cómo los magos negros de la Edad Media conjuraban a los muertos de sus tumbas y los ponían a su servicio – Wes dejó el gran libro sobre la mesa – Nada que pueda ayudarnos, dado el caso.

-¿Ah, no? ¿No hay en los libros que hable sobre lo que padecemos?

Wesley se masajeó los ojos, cansado. Tomó un poco de café de su taza e hizo una mueca: estaba helado.

-¿Harmony? – dijo, pulsando un intercomunicador en el escritorio – Necesito el legajo que te pedí mas temprano… y ya que estas, tráeme mas café, ¿quieres? Este que tengo se me enfrió.

-Como quieras, Wes – contestó la chica, por el parlante.

-Perdona – le pidió a su amigo – Es que estuve toda la noche con esto. El café ayuda a mantenerme despierto.

-No hagas abuso de él, Wes. No es bueno para la salud y además, no queda mucho.

Wesley no supo interpretar aquel comentario. ¿Era una broma o una afirmación? Aunque, recordando, supo que era verdad. Quedaba poco café.

Y no era lo único que en el maravilloso mundo de cuento de hadas de Wolfram & Hart se estaba terminando. No muchos querían afirmarlo, en voz alta, pero las raciones alimenticias de que disponían en el edificio también estarían por escasear.

Era un hecho cierto. Podían fingir que el mundo no se había acabado tras los muros, pero la verdad era que sí había ocurrido.

Wes tamborileó la mesa con sus dedos, mirando alternativamente al vampiro y a sus libros.

-Vengo de ver a Fred – le contó Ángel – Me ha contado detalles fascinantes de la morfología de nuestros amigos podridos. Lo cierto es que siguen sin tenerme una respuesta de por qué se inició esto.

-La Ciencia tira el guante – Wes sonrió – Conociendo a Fred como la conozco, seguro que un día de estos encuentra la respuesta, pese a todo.

-Necesito respuestas hoy. Ahora – Ángel se cruzó de brazos – Mientras hablamos, afuera los zombis matan a mas gente. Ya es imposible calcular hasta dónde llega el desastre.

-Entiendo tu preocupación, pero si la Ciencia no tiene respuestas concretas de momento al por qué de esto, el mundo místico no te ayudara mucho.

-Resume lo que has averiguado, por favor. No omitas ningún detalle.

-Estamos ante un fenómeno sin precedentes – puntualizó Wes – Una resurrección masiva, global, de seres humanos muertos, que regresan convertidos en voraces maquinas de matar… creo que todo eso lo sabes.
Ángel asintió.

-Física y biológicamente, esos cuerpos podridos no tendrían que suponer una gran amenaza para nadie – continuo – pero sucede todo lo contrario. Son como dijo alguien, fuertes, veloces y extremadamente peligrosos.

-Es cierto.

-Al principio, creí que era obra de algún demonio poderoso – Wes señaló a sus libros – Encontré referencias a uno, Ovu Mobani, de creo que era, origen haitiano. Su poder era el de resucitar a los muertos… zombis, a secas. Pero quedó patentemente descartado cuando me enteré de que los zombis que Mobani convoca son los típicos lentos y torpes, que las películas tan bien supieron popularizar. Nada que ver con los corredores de maratón que andan por ahí fuera.

-¿Entonces?

-Pues… que como todos, me sentí perplejo, pero deseché el hecho de que fuera obra de alguna entidad sobrenatural. Al menos, que conozcamos.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Que no tengo ni la mas mínima respuesta, tan siquiera, para darte- Wesley levantó las manos, inocente – Lo lamento. La causa podría no ser tampoco sobrenatural… Si es así, yo no he conseguido desentrañarlo.

Se produjo el silencio.

-¿Me estas diciendo que millones de muertos vuelven a la vida tan solo porque si, Wes? – Ángel sonaba como decepcionado – No lo puedo creer.

-Había gente allá afuera, cuando el pánico empezó, que decían que esto era el Día del Juicio – el ex Vigilante se reclinó en su asiento, pensativo – Nunca fui un tipo religioso, pero no creo que fuera descabellado pensar que esto es un castigo divino de alguna clase.

A Ángel la teoría de su amigo le pareció terrible. De todas maneras, no dijo nada y, suspirando, se levantó para irse.

-Seguiré en ello – dijo Wes, tomando sus libros una vez mas – Es mejor que nada.
-Suerte con eso.

sábado, 25 de junio de 2011

Premios AT 2010: ¡Gané!



Mejor serie: Buffy: Historias de Vampiros

Mejor serie limitada o saga: Darla (Historias de Vampiros)

Mejor especial o número único: Ángel: El Regreso

Mejor personaje principal: Federico (Buffy Historias de Vampiros)

Mejor villano: Darla (Buffy)

Cinco premios. No esta nada mal. ^^

¡Quiero dar las gracias a todos los que me votaron y votaron, en general, en esta elección en AT! Decir que estoy súper, archi, re-contra-contento, es decir poco. ¡Estoy feliz de poder haber participado un año más en los Premios AT! Es mi deseo desde aquí, que todos disfruten de mis relatos que, como siempre, los escribo con todo el amor que puede un autor imprimir en letras para con sus fieles lectores.

A todos: ¡MUCHAS GRACIAS!

A todo el Staff de Action Tales: ¡GRACIAS TOTALES!

Saludos desde Argentina!!!


FEDERICO H. BRAVO

miércoles, 22 de junio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Tres)

3

Charla con Fred

Solo habían pasado un par de horas desde que Ángel regresara y lo primero que el vampiro hizo una vez que se tomara unos minutos para él en privado, fue visitar el laboratorio de Fred.

Como de costumbre, esa mañana encontró a su amiga científica dedicada de lleno pura y exclusivamente a lo que desde hacia meses venia prestándole todo su interés: el fenómeno zombi.

-Es interesante, realmente – dijo la muchacha, mientras lo guiaba por su laboratorio – He descubierto cosas sorprendentes sobre los zombis en estas semanas, después de meses de analizarlos.

-Vamos despacio, Fred – pidió el vampiro – No estoy teniendo una buena mañana hoy. Dime todo desde el principio. Finge en que, por un momento, no sé nada sobre zombis. Dime, ¿Qué descubriste?

La chica se detuvo a meditar. Luego, condujo a Ángel hacia el centro de la sala. Allí había montada una camilla quirúrgica, en donde sostenido por correas fuertemente apretadas, un zombi de sexo femenino yacía contenido.

Al verlos llegar, gruñó con furia. Ángel dedujo que en vida había sido una mujer bella, pero ahora con la piel reseca, acartonada, de color gris y el rostro cadavérico, con las encías retraídas y el poco cabello que le quedaba, lucia espantosa. Unos ojos blancos le miraban, desde unas cuencas oculares hundidas.

-Bien… hum… ¿Por donde empezar? – Fred, ignorando los gruñidos de la criatura, pensó un instante – Bueno, lo que aquí tenemos es un caso extremadamente curioso. Un cuerpo en avanzado estado de descomposición que, sin embargo, se mueve y actúa como si estuviera vivo. Desde el vamos, es una imposibilidad biológica y física… pero es un hecho innegable.

La científica hizo una pausa. Le mostró a Ángel unas radiografías que había tomado, junto con varios electroencefalogramas.

-De acuerdo con los análisis que he hecho, la circulación sanguínea se ha reactivado, lo mismo que la actividad cerebral, pero ésta ultima a un nivel… diferente al que tenía en vida.

-¿Qué tan diferente?

-Muy diferente. Para empezar, la actividad mas usada es en las regiones del cerebro donde se ejecutan los procesos de las emociones básicas, en especial las de la rabia o la ira. Están como sobreexcitadas. Después, las regiones destinadas al control del reflejo alimenticio también están en desorden.

-En limpio…

-Los zombis solo pueden sentir una emoción: ira. Y un hambre atroz, lo que los lleva a alimentarse de otros seres, en especial, vivos.

-Pero no se comen ni se atacan entre ellos. ¿A que se debe?

-Bien, ese punto sigue sin estar claro… del todo – se disculpó Fred – Pero tengo teorías. Una de ellas es que los zombis tienen la capacidad de percibir entre seres vivos y otros organismos muertos. Puede ser por olfato o por percepción del calor. Como te comentaba antes, no está claro… del todo aun.

Ángel pensó un segundo. Acercó una mano a la criatura cautiva y esta castañeo los dientes, con voracidad. De haber acercado mucho más la mano a su boca, la zombi se la hubiera mordido.

-Dices que pueden distinguir entre seres vivos y muertos – repitió él – Pero esta cosa quiere devorarme tanto como lo haría con cualquier ser humano. Soy un vampiro. En parte, estoy muerto. ¿No debería saberlo y no atacarme? ¿No debería ser como invisible a sus ojos?

-Buena pregunta. Se supone que así tendría que ser. Francamente hablando, desde el punto de vista biológico, no tiene explicación. Pero recuerda que los vampiros, en parte también son organismos vivos. Tú vives y piensas como lo hago yo o cualquier ser humano.

-Lo que nos lleva al siguiente punto: ¿Son incapaces de razonar los zombis?

-De acuerdo con los encefalogramas y al monitoreo en general del cerebro que le he hecho a estas criaturas, las zonas relacionadas con el raciocinio, la conciencia y el habla están apagadas. Lo que los reactivó los proveyó de una gran ira, un gran apetito… pero los privó del razonamiento y la inteligencia necesaria para darse cuenta de que lo que están haciendo es… bueno, inhumano. No son concientes de sí mismos – aseguró Fred.

La criatura capturada gemía, ahora. Ángel pudo adivinar el motivo: hambre. El hambre atroz que sentía y del que Fred había hablando. La científica permaneció en silencio, compadeciéndose de la zombi, pese a que sabía que de haber estado suelta, el espectro la habría matado sin vacilar para comerse su carne y órganos internos.

La charla se reanudó con otra tanda de preguntas de Ángel.

-¿Qué les reactivó? Después de tantos meses, ¿lo sabes ya?

-Bien… investigué la sangre y tomé muestras de tejidos. No encontré rastros de agentes patógenos extraños en ellas, salvo las usuales en la descomposición corporal. Porque el deterioro físico sigue. Está como ralentizado, de alguna manera, pero sigue su marcha.

-O sea que no es cosa de un virus…

-No. Al menos, no de virus que conozca y que se pueda descubrir en los análisis médicos y forenses que he hecho. Está Knox, mi ayudante de laboratorio. Él también te puede corroborar el resultado de las pruebas, ya que se encargó de ello…

-No hace falta… pero si no es cosa de un virus, ¿entonces…?

-Lo ignoro. Pero fuera lo que fuera, he descubierto que se propaga entre mordidas. Es decir: un zombi original ataca a una persona. La mata y devora parcialmente su carne y órganos, pero no daña al cerebro. En un par de minutos, se produce la reanimación de la victima, convertida en otro zombi caníbal.

-Suena a la transmisión de una enfermedad.

Fred sonrió.

-Es exacto a como se transmite el virus de la rabia, pero te repito que no he encontrado virus extraños en mis análisis. La fuente debe ser… otra.

Ángel frunció el ceño. La criatura atada, en tanto, berreaba con ansias.

-¿Eso concluiría que la fuente puede ser sobrenatural? – preguntó.

Fred tardó en responder.

-Sabemos los hechos. Biológica y físicamente es imposible pero ocurren: los muertos han vuelto a la vida. Sabemos que atacan solo porque sienten ira desmedida, mas allá de todo limites, y que sienten un hambre sin control… pero todavía no hay nada claro o definible en cuanto al origen de esta Pandemia – hizo una pausa – En lo que a mí respecta, sé cuando la Ciencia ha dado todas sus posibilidades… lo que no quiere decir que bajemos los brazos. Es cosa de seguir investigando. Los recursos de Wolfram & Hart ayudan y mucho.

-Está bien, Fred. Otra pregunta y te dejo con tu paciente: ¿Por qué estas cosas son tan rápidas y fuertes? ¿No deberían ser lentas, torpes y débiles? ¿A que se debe?

-Menos mal que era solo una pregunta – Fred suspiró – La parte del cerebro que se dedica a la coordinación motora del cuerpo también está sobreexcitada. Corren rápido porque los han capacitado para hacerlo. El rigor mortis, al volver la circulación sanguínea, queda eliminado. Y en respuesta a por qué son tan fuertes, pues es otro interrogante que sigo investigando. Supongo que tendrá que ver con la energía acumulada en el tejido muscular, también sobrexcitado, pero no puedo darte una respuesta cien por cien concreta. Lo lamento, Ángel – se disculpó.

-No tienes de qué. Has hecho muchos progresos, Fred. No sé que haríamos sin ti.

La científica se sonrojó.

-Vamos, Ángel… Al menos puedo dar por cierta la creencia popular de que para matar a estas cosas hay que destruir el cerebro – suspiró – Ojala todos mis conocimientos médicos nos hubieran ayudado antes, cuando toda esta locura comenzó. Tendríamos a Lorne y a Cordelia con nosotros, de ser así…

La mención del viejo miembro verde de la pandilla y de la chica que amara Ángel en su momento, que habían caído victimas de las ansias caníbales de los zombis cuando la plaga los golpeó con fuerza, lo ensombreció. Lorne había sido un gran amigo y Cordy, una gran mujer. Sus perdidas se agregaban a la lista interminable de vidas que sucumbieron cuando todo inició.

-Fred, ya te lo he dicho miles de veces. No tienes la culpa.

-Lo sé. Pero no puedo evitar pensar que, solo tal vez, si hubiéramos… - unas lágrimas escaparon de los ojos de la científica.

No pudo continuar.

Ángel la abrazó, entendiendo su dolor. Era el mismo que él sentía. Ni Lorne ni Cordelia se merecieron aquel horrible destino…
La dejó en paz con sus experimentos, al cabo de un rato. La Ciencia había tenido su turno aquella mañana. Era hora de dárselo a la Magia…

viernes, 17 de junio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Dos)

2

Wolfram & Hart

Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Amanecer.

Cruzar una ciudad en ruinas e infestada de zombis es todo un logro. Sin embargo, el camión donde Parker, sus soldados, Novak, Ángel y Kate viajaban estaba reforzado y reformado para resistir el asalto de legiones de muertos vivientes que los asediaban.

Lo mismo que el edificio al que se dirijian.

Cuando la Pandemia zombi asoló al planeta, hace meses atrás, Wolfram & Hart ya estaba lista para hacerle frente. Recientemente, Ángel y su grupo habían firmado un contrato con ellos para hacerse cargo de la rama de Los Ángeles y no bien pasaron un par de días de instalarse allí, los muertos comenzaron a abandonar la paz de sus tumbas.

La crisis, de origen indeterminado, había tomado al vampiro con alma y a sus amigos desprevenidos, pero no sucedió así para la Firma en la que ahora trabajaban. Cerrándose al mundo por inviolables sistemas de defensa y siguiendo un protocolo estricto en caso de Apocalipsis zombi, Wolfram & Hart salvaguardó las vidas de sus leales empleados y familias de las hordas hambrientas de cadáveres vivientes que asolaron la Tierra.

Casi a regañadientes, Ángel había llegado a apreciar la eficiencia con la que sus antiguos enemigos se movieron; muchas vidas fueron salvadas en el proceso.

Lamentablemente, el Mal nunca descansaba y mientras el planeta entero a su alrededor se derrumbaba, los empleados de Wolfram & Hart hicieron aquello de “A río revuelto…”

Con impunidad, intentaban ofrecer la salvación y seguridad del edificio a costa de entablar negocios con los sobrevivientes. Para ganarse una plaza, comida, agua caliente y una cama abrigada en sus instalaciones, la gente debía pasar arduas pruebas o firmar contratos donde se vendían y entregaban posesiones y el alma misma a la Firma.

Para qué Wolfram & Hart quería seguir con esas tonterías, mientras la Tierra pasaba a manos de los muertos, Ángel no lo entendía, pero desde ya lo repudiaba. Tanto él como sus amigos hacían todo lo posible por dar asilo y ayuda gratis a quienes pudieran.

Era, sin embargo, una tarea muy difícil.

***

Entrar al edificio fue fácil. El camión militar traspasó la barricada con seguro electrónico que con precisión, los militares contratados por la Firma habían colocado y dejó fuera a los cientos, quizás millones de cadáveres ambulantes que pululaban por ahí.

Entrando en una “Zona Segura”, el vehículo descendió por la rampa del estacionamiento subterráneo y se unió a las filas de automóviles y demás que permanecían estacionados en sus lugares, esperando el momento de su uso, algún día.

-Encarguense de que coma algo, se duche y descanse – ordenó Ángel, no bien el camión se detuvo. Miró severo a Parker y sus soldados – y quiero dejar BIEN en claro una cosa, señores… si le tocan un solo cabello, recen para que los zombis se los coman antes de que yo los agarre – y para dar mas énfasis a sus palabras, transformó su rostro por el de vampiro un momento, enseñando los colmillos, mientras gruñía - ¿¿Quedó claro??

Los soldados guardaron un tenso silencio. Parker contestó por ellos, con un seco “si, señor”.

-Estarás bien – el vampiro recobró su cara humana. Kate estaba muy sorprendida por lo que había visto. Sin embargo, lo aceptó sin más.

En un mundo donde los muertos se levantaban de sus sepulturas, convertidos en salvajes maratonistas, no era difícil creer en la existencia de vampiros.

***

Amanecía en Los Ángeles.

Mientras el ascensor lo llevaba a los pisos superiores del edificio, Ángel se descubrió pensando irónicamente con que aquel era un “Amanecer de los Muertos”, como el titulo de aquella película vieja de terror que había visto en 1978.

…Y no era una idea desencaminada. Fuera de las protegidas paredes de Wolfram & Hart, millones de zombis saludaban a la mañana con salvaje indiferencia.

El vampiro todavía no lo asimilaba. No del todo. El concepto de “muertos vivientes” que él tenía distaba mucho de la realidad…

Siempre creyó que aquellas cosas eran lentas, descerebradas y torpes, que el Vudu traía a la vida con su magia. La realidad, sin embargo, era más bien distinta. Los muertos que se habían alzado, transformando la vida de miles en una pesadilla, no eran ni remotamente parecidos a los zombis aquellos ni a los de las películas.

Estos eran un verdadero peligro. Una amenaza patente y real, imposible de parar.

Sus orígenes quedaban en la duda y si bien ya tenia a Wesley, Fred y los recursos de Wolfram & Hart trabajando en ello, nada se había sacado en concreto hasta ahora.

El súbito ruido del elevador llegando a destino lo liberó del hilo de sus pensamientos. Al abrirse las puertas, lo recibió un cuadro insólito: el vestíbulo principal de la Firma de abogados, atiborrado de gente trabajando.

Como si tras sus muros no pasara nada, hombres y mujeres iban y venían, ocupados en sus quehaceres ordinarios. Ángel caminó entre ellos, sintiendo sobre sus hombros el peso de la ironía que suponía aquello. En la cuna del Infierno en la Tierra, había más paz y tranquilidad que en el resto del globo.

“Es de locos”, pensó, encaminándose hacia su oficina. Harmony lo recibió, sentada tras su escritorio, limándose las uñas despreocupada.

-Hola, jefe. ¿Qué hay? – dijo - ¿Alguna novedad?

-Lo de siempre – fue la escueta respuesta que recibió.

Harmony señaló a la puerta de su despacho.

-La señorita Eve te espera en tu oficina – informó – Esta muy molesta.

Ángel frunció el ceño y entró. No le gustaba Eve. Ni de lejos. Era el enlace con los Socios Mayores de Wolfram & Hart y eso siempre significaba problemas.

La encontró parada ante el amplio ventanal del despacho, mirando hacia el horizonte de rascacielos de Los Ángeles. El sol de la mañana iluminaba su bello y juvenil semblante. Al ver al vampiro, sonrió, mordaz.

-¿Qué quieres, Eve? – preguntó Ángel, cruzándose de brazos – no tengo tiempo para tus estupideces…

-Que simpático – Eve meneó la cabeza – Me comunicaron que hubo un nuevo ingreso no autorizado al edificio hoy – caminó hasta el escritorio de Ángel y tomó un legajo. Lo abrió – Kate Frost. Profesión: actriz porno. Vaya elección singular para adquirir una sobreviviente…

-No importa lo que hiciera en el pasado, Eve. Importa el ahora. Casi la matan esas cosas hoy.

-Mal para ella, pero me temo que no puede quedarse. Comprende que lo que nos sobra no es precisamente el espacio…

-Me importa un rábano, la verdad. Ella se queda.

Se produjo un tenso silencio. Siempre sonriente, Eve dejó el legajo sobre la mesa y se dedicó a jugar con una lapicera entre sus manos. Ángel esperó, desafiante.

-Tendré que comunicárselo a los Socios Mayores – dijo la muchacha, al fin.

-Hazlo – el vampiro se sentó en su sillón, dándole la espalda – y de paso, pregúntales si no tienen que ver con el reciente Apocalipsis zombi que padecemos.

-Ángel… ¿De verdad crees que deseamos que un puñado de cadáveres podridos nos arruinen los negocios? – Eve chasqueó la lengua - ¡Vamos! Este no es el Apocalipsis que los Socios deseaban para el mundo.

-Me imagino que no, pero perdóname por no creer que no están contentos con lo que pasa – hizo un gesto con la mano, despidiéndola – Fuera. Vete de aquí. Quiero estar solo.

Eve obedeció, no por que le temiera, sino porque su turno de hablar se había terminado. Era el momento de ir y comunicarles las novedades a los Socios Mayores.

Una vez solo en la oficina, Ángel dejó que la calidez del sol le recorriera la piel. Gracias a los cristales especiales que rodeaban el edificio, la luz solar pasaba filtrada, sin hacerle daño.

Observó el paisaje urbano de Los Ángeles, soñadoramente. Muchos edificios se habían venido abajo. Otros se mantenían en pie. El aspecto de todo ello era de una completa desolación, de abandono.

Mas abajo en las calles, lo sabia, los zombis las recorrían a sus anchas.

Era bizarro y curioso estar allí, seguro y resguardado mientras afuera millones morían. La conciencia de Ángel lo atormentaba, con pensamientos como ese. Al igual que Buffy en su momento, él sentía todo el peso del mundo sobre sus hombros.

Un mundo que hacia rato había colapsado, a decir verdad.

-Es una mierda – dijo en voz alta y enterró la cara entre las manos, abatido.

lunes, 13 de junio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Uno)



El mundo ha entrado en el caos. Los muertos abandonaron la paz de sus sepulturas para perseguir a los vivos y alimentarse de su carne. La civilización como la conocemos cae al borde del colapso; en ese ambiente tan hostil, ¿podrían Ángel y sus amigos sobrevivir? ¿Cómo seria sus vidas en un mundo donde las reglas de la vida y la muerte se han desplomado? Esta es la historia sobre ese hecho… una historia de luchas y tragedias humanas, pero por sobre todas las cosas, una historia de supervivencia…

1

Rescate en Los Ángeles

Los Ángeles. California.
Un par de meses después de que los muertos se alzaran de sus tumbas.


La mujer corría por la calle aterrorizada. El hambre la había impulsado a salir del escondite precario que ocupara en estos meses en los que el mundo se sumergió en el caos y había tenido la mala suerte que su excursión por la desolada ciudad californiana atrajera la inmediata atención de aquellas cosas, las que por casualidad, la encontraron entre las ruinas de un supermercado, buscando alimento.

Mientras corría por su vida, recordaba el aullido animal que aquellos espectros pegaron al verla y en como se habían abalanzado sobre ella, sin dudarlo, ansiando su carne.

Con asco y horror, escapó de sus garras, pero no era tonta. Sabía que aquellos monstruos venían tras ella y que si no corría todo lo que podía, las criaturas le darían caza.

-Dios… Dios – decía, mientras doblaba en una esquina y entonces se daba de bruces contra un callejón sin salida. Gritó e intentó retroceder, pero los monstruos que tanto temía, la alcanzaron…

Eran cuatro. Todos con sendas marcas de descomposición en sus cuerpos, vistiendo ropas raídas y oliendo a putrefacción y a muerte. A uno de ellos, incluso, le faltaba un brazo y el hueso salía limpiamente del muñón del hombro.

La mujer, al borde del espanto, pegó su espalda contra el frío ladrillo del paredón trasero del callejón y esperó su inevitable y tremendo final. Los cuatro zombis, cuyos ojos eran blancos como la nieve, se dispusieron a atacarla pero cuando el primero de ellos se lanzó hacia delante, una flecha cruzó veloz el aire y se incrustó en su cabeza.

La criatura se desplomó liquidada. La mujer miró en dirección de donde la flecha había venido, sin entender nada. Cerca, en una ventana abierta de un edificio vecino, una figura se movió velozmente echándose de un salto hacia el callejón. Aterrizó delante de ella, interponiéndose entre sus atacantes y levantando una filosa espada…

-¿Qué…? – dijo la mujer.

-Quédese detrás de mí – le pidió Ángel, serio. No le quitaba los ojos de encima a los zombis – No se aleje por nada del mundo.

Solo quedaban tres muertos vivientes. La figura erguida del vampiro, intimidante y soberbia, no causo ninguna reacción en ellos salvo furia. Sin temor ni medir las consecuencias, los zombis se lanzaron a la carrera contra él, chascando los dientes, expectantes por probar su carne.

Ángel esquivó a uno de ellos ágilmente y haciendo girar la espada, la incrustó en la parte trasera de su cabeza. Luego, se volvió hacia los dos que quedaban e hizo desfilar la filosa hoja del arma contra sus cuerpos, cercenándolos en mitad de la cintura.

Desprovistos de extremidades inferiores, los monstruos se desplomaron en el piso. Gruñían y refunfuñaban, frustrados.

Ángel se dedicó un minuto a mirar sus patéticos esfuerzos por ponerse de pie y continuar sus ataques y sin mediar ni una sola palabra, hizo descender la espada un vez mas. En esta ocasión, sobre sus cabezas.

Ambas rodaron, cortadas de cuajo, hacia un rincón.

Ángel suspiró. Se volvió hacia la mujer, preocupado.

-¿Está bien? – le preguntó. De tan sorprendida que estaba, ella no atinó a decir nada. Solo miraba a su salvador con mudo agradecimiento - ¿Está sola? ¿Cómo se llama?
-Kate… Kate Frost.

-Kate. ¿Estas sola? – Ángel se le acercó. Le colocó una mano en el hombro para tranquilizarla. Temblaba bajo la amistosa presión de sus dedos como una hoja - ¿No hay nadie mas contigo?

-Yo… Yo... – Kate se llevó una mano a la boca y lloró. Meneó la cabeza y buscó los ojos del vampiro - ¡Por Dios! ¡Gracias, gracias! – dijo, atropelladamente.

Ángel esbozó una tímida sonrisa. La presión de su mano en el hombro de ella le confirió a la mujer un contacto calido, como un bálsamo en mitad de ese océano de muerte en que el mundo se había convertido.

-No podemos permanecer aquí – dijo Ángel, luego de un momento. Su rostro volvía a ser serio – Hay que marcharse. Estamos muy expuestos a…

Un grito desgarrador interrumpió sus palabras. Se volvió, justo para ver aparecer por una esquina una legión de espectros salvajes, que corrían en masa hacia ellos.

Kate se pegó a su espalda, aterrorizada. Ángel maldijo en voz alta y levantó su arma, calculando las posibilidades de salir con vida de aquello.

…Eran prácticamente nulas…

El ejército de muertos hambrientos ya estaba encima de ellos cuando se produjo un estruendo ensordecedor por la calle. Unas luces se encendieron y un camión militar blindado se abrió paso hacia el callejón. Frenó, chirriando sus ruedas contra el asfalto y su puerta trasera se abrió.

Un numeroso grupo de hombres vestidos de soldados bajaron, portando armas de fuego entre sus manos. No dudaron ni un instante en usarlas contra los zombis, haciendo llover sobre ellos una calculada lluvia de balas.

Los muertos se sacudieron, las cabezas reventadas como frutas podridas, y en un par de segundos tan solo quedó de ellos un tendal de brazos y piernas enroscados, bañados en sangre.

Ángel apretó los puños, enojado. Durante la balacera había protegido a la mujer con su cuerpo preternatural, plantado ante la masacre como una estatua de mármol. Al terminar el ataque, los soldados bajaron las armas y uno de ellos se adelantó, pasando por encima de los zombis abatidos con manifiesta indiferencia.

-Todo despejado, señor – dijo, cuadrándose de hombros.

-¿¿En que diablos pensabas, Parker?? – le espetó Ángel, encarándose con él - ¿Es que no viste que hay una persona inocente en tu línea de fuego? ¡Esas balas casi nos dan!

Parker enarcó una ceja. Miró de soslayo a Kate. La mujer temblaba a espaldas del vampiro.

-Perdone, señor, pero creo justo decir (y hablo por todos mis chicos y por mí) que les salvamos el culo de una muerte segura.

Los soldados rieron, burlones. Su líder esbozó una semi-sonrisa picara. Se había anotado un tanto particular al hacerle aquel comentario al “Gran Hombre”, como lo llamaban socarronamente sus tropas cuando hablaban de Ángel.

Como toda respuesta, el vampiro le dio la espalda, volviéndose hacia Kate.

-¿Estas bien? – le preguntó, por segunda vez aquella noche.

-Si… si – respondió ella.

-Oigan, yo he visto a esa mujer antes – saltó uno de los soldados - ¿No es esa actriz porno?

-¡Si, si! ¡Kate Frost! ¡La recuerdo! – dijo otro. Todos rieron, irónicos, como si compartieran un chiste secreto.

Kate se sonrojó. Se retrotrajo en si misma, todavía temblando. Ángel se sacó la gabardina negra que llevaba puesta y se la colocó, a modo de abrigo, sobre su menudo cuerpo.

-Tranquila – le susurró al oído – Nadie te hará nada. Estas a salvo.

Su mirada transmitía seguridad y paz. Kate la aceptó sin más, pegándose a él. Los soldados en tanto, seguían riéndose, comentando en voz baja barbaridades sobre ella.

-¡A ver, señores, abran paso! ¡Abran paso! – pidió una voz chillona.

Un hombrecito vestido de traje de oficina, portando un maletín, se abrió camino entre los soldados. Se acercó a Ángel y a Kate…

-Señorita Frost, mi nombre es John Novak – se presentó, estirando una mano hacia ella. Ángel lo miró fríamente mientras la actriz se la estrechaba, tan sorprendida con aquel gesto cotidiano que no pensaba volver a ver, en un mundo que lo había perdido – Represento a la Firma de abogados de Wolfram & Hart, la cual tiene la gracia de salvar su vida. Ahora, como primer requisito para formar parte del selecto grupo de sobrevivientes al cual pertenecemos, necesito que coloque su firma aquí – dijo, sacando de su maletín un contrato – Es, meramente, una formalidad legal. Solo indicamos que, mediante este acuerdo, usted entrega a cambio de alojamiento y comida en nuestras instalaciones, su alma inmortal – Novak sacó una lapicera – Firme aquí, por favor.

-¡Es suficiente! – intervino Ángel, increpando a Novak - ¡Es el colmo! ¿Pretenden poner por contrato una vida rescatada? ¡Me dan asco!

-¡Yo no inventé las reglas, señor Ángel – retrucó el abogado, ofuscado – y el hecho de que los Socios Mayores le hicieran Director Principal de la rama de la Firma en Los Ángeles, no le da derecho pleno de interrumpir procesos legales cuando le venga la gana. ¡Wolfram & Hart existía antes de que usted llegara!

Rugidos roncos se dejaron oír en la distancia. Los soldados levantaron sus armas, expectantes. Los zombis se acercaban…

-¡No tenemos tiempo para estas tonterías, Novak! – Ángel extendió una mano sobre Kate, protector. Comenzaron a caminar hacia el camión militar – Parker, alista a tus hombres. ¡Nos marchamos!

Novak protestó, pero cuando los muertos rugieron mas cerca, se lo pensó mejor y guardándose su contrato, corrió detrás de ellos a toda prisa.

-¡Esto es irregular! – decía - ¡La señorita Eve tendrá que saberlo!

-Puedes decírselo cuando lleguemos – Ángel entró en el vehículo, seguido por Kate - ¡Vamonos!

viernes, 10 de junio de 2011

La Torre Oscura I (El Pistolero), de Stephen King

“El Hombre de Negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él…”

Estas palabras las escribió Stephen King en 1970, cinco años antes de la publicación de su primera novela, y con ellas abrió la puerta a un nuevo mundo que muchos lectores todavía no conocen bien. De esta forma se inicio una fantasía épica en siete tomos, La Torre Oscura, que ya se ha convertido en un clásico del género.

En un mundo extrañamente parecido al nuestro Roland Deschain de Gilead persigue a su enemigo, el hombre de negro. Roland, solitario, quizás maldito, anda sin descanso a través de un paisaje triste y abandonado. Conoce a Jake, un chico de Nueva York pero de otro tiempo, y ambos unen sus destinos. Ante ellos están las montañas. Y mucho mas allá, la Torre Oscura…

MI OPINION DE ESTA NOVELA

Creo que es la primera vez que en este blog voy a hablar de una novela del señor King. No recuerdo haberlo hecho antes. Ante cualquier duda, claro, consulten a las entradas anteriores. Estoy seguro de que esta es mi primera opinión & reseña de uno de sus libros… pero uno nunca sabe…

“La Torre Oscura I, El Pistolero”, es una novela ágil. Ambientada en un mundo curioso que, por momentos es una dimensión paralela a la nuestra, por otros podría ser nuestro futuro muy, muy lejano, narra las peripecias de un pistolero solitario, Roland, quien moviéndose en un estilo de las películas del Lejano Oeste, recorrerá un largo camino persiguiendo al hombre de negro, un enigmático sujeto que bien puede ser un hechicero.

Roland es un personaje complejo, con una historia muy fuerte a cuestas. Fuerte por la formación que tuvo, que lo hizo ser el hombre duro y reservado que es. A todas luces, uno ve el parecido entre este singular pistolero y los que salen en las pelis del Western mas clásico. Es solitario, introvertido y ágil con el manejo de las armas. Y un poco rudo. Todo en su conjunto hace de él un personaje maravilloso.

Por supuesto, su búsqueda incesante de su terrible enemigo se ve súbitamente interrumpida con la aparición de Jake. Este es un jovencito venido de Nueva York, de un tiempo y espacio diferente al continuo del universo de Roland. Entre el chico y el pistolero nace una relación muy intensa, una especie de amistad o confraternización que durara todo lo que les lleva su trayecto hasta el hombre de negro, pero que está destinada a la tragedia desde el principio.

Como lo dije antes, es una novela que no resulta pesada. Las descripciones del mundo donde Roland se mueve han sido muy buenas. Esos grandes desiertos, esos pueblos rasposos del Lejano Oeste… esas montañas escarpadas, llenas de valles y de grietas y cimas terribles… Vivido y maravilloso, bello y terrible, solo como King puede lograrlo.

Uno puede oler el Western y la Fantasía Épica mezclado un su justa medida. Y pese a que el final de la novela es un tanto metafísico para mi gusto, el libro en su conjunto se deja leer.

Tengo entendido que son siete en total las novelas que componen el ciclo de la Torre Oscura. Pues me parece que tendré que irlas coleccionando de a poco, a medida que mi bolsillo me lo permita. Quiero realmente saber si Roland finalmente llega a la Torre Oscura o no… qué sucede después de que el primer libro acaba.

EN SINTESIS: ¿LIBRO BUENO?

Totalmente. King nunca me defraudo cuando abordé una novela de él. Son raras las ocasiones de aburrirse con lo que escribe y en cómo lo escribe. Por algo es el Maestro del Horror indiscutible, lleva cientos de libros vendidos a lo largo del mundo y tiene tantos seguidores.

Si pueden conseguir este libro, adelante totalmente. Se los recomiendo. ^^


Saludos!!!!

miércoles, 8 de junio de 2011

El Desfile de la Extinción, de Max Brooks



Como colaboración para una pagina Web, Max Brooks, el hijo escritor del comediante Mel Brooks y autor de las geniales novelas que revolucionaron el Genero Zombi, como lo fueron “Zombie: Guía de Supervivencia” y “Guerra Mundial Z”, publicó un relato corto titulado “The Extinction Parade” (El Desfile de la Extinción, en criollo, je). En dicho relato se cuenta desde la peculiar óptica de los vampiros el desarrollo de una plaga zombi.

He leído el relato y he quedado maravillado en como Brooks sigue sacando genialidades tras otra.

En “El Desfile…” los vampiros son los protagonistas, pero ellos nos cuentan desde su perspectiva milenaria y egocéntrica, cómo los zombis ganan la calle. Es destacable en cómo Brooks nos presenta a los vampiros aquí: una raza decadente, hedonista, despreocupada y hastiada de si misma. Seres que se consideran superiores al Homo Sapiens, pero que cuando a los muertos se les ocurre surgir de sus tumbas, nada pueden hacer para evitar que los recién resucitados les roben la comida.

Y esto es así, ya que los zombis vienen a por la Humanidad toda y los vampiros, que se alimentan de la sangre de los humanos, ven de repente como su mundo ordenado se tambalea. Cuando hordas de muertos vivos amenazan al que hasta entonces consideraban “ganado”, los vampiros, hasta el momento pagados de si mismos, se tienen que enfrentar con la dura realidad: si no hacen algo pronto, no habrá mas sangre para ellos.

La ecuación es obvia: menos humanos vivos = menos sangre.

Brooks, otra vez me ha dejado con la boca abierta y me tengo que sacar el sombrero. Es un relato tan bien construido y los personajes son tan creíbles, que mientras leía al vampiro narrador contándonos cómo suceden las cosas, me imaginé al querido y siempre recordado Lestat de Anne Rice, con sus famosas Crónicas Vampiricas.

“El Desfile de la Extinción” ya esta en la red, traducido al español por un alma caritativa que hizo el trabajo (desde aquí, ¡mil gracias!). Se los recomiendo altamente.

Saluditos!! ^^

domingo, 5 de junio de 2011

"Buffy: Night of the Living Dead" (Epilogo)

Epilogo

Exilio


Conducían por una ruta hacia el desierto, que se elevaba a ambos lados del camino, implacable.

Era de tarde ya y Dawn no paraba de hacer girar el dial de la radio buscando información. No la halló. Desde hacia horas, las radioemisoras estaban mudas.

-Deja eso – le pidió Buffy, al volante – Es inútil.

La chica suspiró. Desplegó entonces el mapa de carreteras norteamericanas que habían encontrado en la guantera del jeep.

-¿Adónde ahora? – preguntó.

-¿Adónde? – Buffy se encogió de hombros – Adonde nos lleve este trasto. Luego… se vera.

Puso los cambios. Miró a su hermana menor a la cara. Esbozó una triste sonrisa.

-Lo importante es permanecer juntas… y sobrevivir. Lo otro, lo repito: ya se vera.

Dawn asintió. El jeep aceleró la marcha, perdiéndose en la distancia.


FIN

jueves, 2 de junio de 2011

"Buffy: Night of the Living Dead" (Siete)

7

La tierra de los muertos


CENTRO DE SUNNYDALE. NOCHE.

Un tendal de cuerpos descompuestos descansaban en el piso de la armería. Todos ostentaban balazos en la cabeza.

Buffy se había convertido en una experta tiradora. Cuando las balas de la pistola que usaba se acabaron, siguió con una escopeta de doble caño que arranco de una vitrina. Ahora, todos los zombis que habían entrado en la tienda yacían desperdigados, muertos del todo al fin.

Tomando un gran bolso de cuero marrón, la Cazadora se atiborro de rifles, ametralladoras y escopetas de diversos calibres, junto con nuevas pistolas y revólveres cargados.

Con toda la “compra” en el hombro, se dispuso a salir de la tienda, pero por la parte trasera. Salir por el frente hubiera sido un suicidio ya que nuevos grupos de muertos vivientes se acercaban a toda prisa, bloqueando la tapa de alcantarilla por donde llegó y el resto de la calle.

Moviéndose rápido pero con sigilo, Buffy salió al callejón trasero del negocio. Llevaba la escopeta cargada entre las manos y escudriñaba las sombras con atención…

Ya iba a dar la vuelta en una esquina cuando una figura tambaleante le salió al paso. Al principio, le costó reconocerla. Su cabeza colgaba rota a un lado, sobre su hombro, y un enorme desgarrón le atravesaba el pecho izquierdo. Además, le faltaba un brazo…

-Dios… ¿Anya?

La antigua miembro de la pandilla de Buffy y por un tiempo, novia de Xander, gruñó sin reconocerla. Ya no era mas humana. Convertida en otra de aquellas cosas muertas reacciono como ellas. Al ver a la muchacha rubia, se lanzó hacia adelante aullando, extendiendo el único brazo que le quedaba.

Buffy no lo pensó dos veces. Disparó. Directo a la cabeza. Era totalmente bizarro que las películas tuvieran razón. Si les destrozabas el cerebro, morían para siempre.

Anya no fue la excepción. Su cabeza voló en cientos de pedazos y como si fuera un guiñapo, su cuerpo desmadejado cayó entre dos contenedores de basura.

-Lo siento mucho… de veras – dijo Buffy a la muerta. Se dio cuenta de que estaba llorando sin control. Siguió avanzando, dejando atrás al cadáver destruido… maldiciendo en su interior a Dios y a toda aquella mierda inentendible en que se había convertido el mundo.

Todo se iba por el caño.

Su alma seguía el mismo camino.

***

CASA SUMMERS.

Andrew y Dawn oyeron desde el living los aterradores gritos del piso superior. Se miraron, llenos de espanto. Sabían lo que eso significaba… pero se quedaron inmóviles, como estaban.

Tal era el miedo que sentían que no atinaron a hacer nada. El silencio se abatió sobre la vivienda, roto por los ocasionales golpes de los muertos en el exterior.

A la final, fue Dawn la que se animó a acercarse al rellano de las escaleras. Sabia con qué cuadro se iba a encontrar si subía, pero una parte de ella se negaba a creerlo.

Un ruido venido del piso de arriba la sobresaltó. Una figura se acercó al borde de las escaleras, mirando hacia abajo. Con horror, Dawn comprobó que era Giles… o lo que quedaba de él.

Le habían arrancado la cara y una calavera descarnada lucia ahora en su lugar. Al ver a la chica en el piso de abajo, rugió con furia y se lanzó a por ella.

Dawn gritó y corrió. Andrew, paralizado por el miedo en su lugar, reacciono tarde y no alcanzó a escapar de las mortíferas garras del zombi. Con un movimiento veloz, Giles le torció el cuello y le arrancó la cabeza de cuajo, arrojándola a un costado.

La hermana menor de Buffy no se detuvo a ver el tremendo final de su amigo. Corrió a todo lo que sus piernas daban hasta la puerta del sótano. Instantes antes de cerrarla y echar el pasador, vio como otros tres zombis bajaban a la carrera de las escaleras y se unían al que una vez fue Giles en el banquete que se daban con los despojos de Andrew.

-Xander… Willow… Spike – dijo, mientras se dejaba deslizar por la puerta ya cerrada hasta el suelo, llorando sin consuelo. Había reconocido a sus viejos amigos perfectamente tras la mascara deformada de la muerte.

***

CENTRO DE SUNNYDALE.

Las calles lucían desoladas. Moviéndose con sigilo, la Cazadora atravesó un par de ellas con extremo cuidado. Todo el centro del pueblo lucia como si hubiera pasado por allí un huracán o un terremoto.

Algunos edificios y casas ardían hasta los cimientos. Los coches volcados se multiplicaban por miles y una ingente cantidad de basura se acumulaba en cada rincón.

De repente, algo llamó su atención. En mitad de aquel caos, una improvisada barricada militar cortaba una calle. Estaba hecha de sacos de cemento y vallas metálicas, ahora tiradas como un castillo de naipes que se derrumba.

Mas por curiosidad que por otra cosa, y recordando que una de las noticias de la radio prometía ayuda del Ejercito, Buffy se acercó a espiar. Del otro lado de la derruida barricada encontró los cadáveres de varios soldados, todos ellos abatidos por lo que debió ser la madre de las luchas.

Un gemido lastimoso la sacó de su contemplación. Cerca, apoyado en un jeep militar, un soldado cuya pierna yacía destrozada a mordiscos se debatía agonizante.

Buffy se acercó a él e intentó prestarle ayuda. Al verla y nublado en parte por un océano de dolor, el soldado le habló:

-Vete... – le dijo – Vete de aquí…

-No sin ayudarlo – replicó ella. Él tosió, escupiendo sangre.

-Todo… ha terminado para mí – dijo – Moriré… y me convertiré en una de esas… cosas – respiró con dificultad – Es así como funciona. Como en el puto cine decían. Te atacan… mueres y vuelves a la vida como ellos – hizo una pausa. Cerró los ojos del dolor – Vete… toma el jeep y márchate… lejos de Sunnydale.

-Shhh. No hable más. Yo… - empezó a decir ella, pero él la corto bruscamente.

-¡Vete, te digo! Van a esterilizar la zona.

-¿Qué?

-Medidas del Alto Mando. Se… empelaran armas atómicas en casos perdidos como el de Sunnydale. Limpiaran quirúrgicamente la región.

Buffy no lo podía creer. El soldado moribundo se exasperó.

-¡Van a tirar un misil con cabeza nuclear! – dijo, haciendo esfuerzo sobrehumano para hablarle - ¡Van a dejar un cráter aquí! Vete… toma el jeep… márchate mientras puedas.

-Pero… pero… ¡No pueden hacer eso! – Buffy estaba indignada - ¡No pueden arrojar bombas atómicas! ¡Puede que queden sobrevivientes! ¡Los van a matar a todos también!

El soldado iba a replicar otra cosa, pero no tuvo tiempo de hacerlo. Murió, sin más, por sus heridas. Ella lo contempló un largo rato hasta que se hizo patente que sus palabras serian proféticas.

Ya comenzaba a reanimarse.

No lo dejó convertirse en un zombi. Desenfundó una de las pistolas que llevaba y le pegó un tiro en la frente.

Abrió luego la puerta del jeep. Tenía las llaves puestas y el tanque lleno. El motor arrancó a la primera vez.

Sin mas, Buffy condujo hacia su casa.

El tiempo se terminaba.

***

Llegó cuando en el horizonte el sol empezó a salir. Dentro de poco seria totalmente de día. Era el final de una noche que se había tornado larga.

Se encontró cara a cara con un grupo grande de zombis rodeando la casa. Tomó entre sus manos una ametralladora que los militares se habían olvidado en el vehículo y se bajó de él. Los masacró a todos sin piedad, cuidándose de apuntar siempre en la cabeza.

Cuando terminó, pasó por encima de sus cuerpos y desenfundando otra pistola. De un balazo reventó la cerradura y de una patada, abrió la puerta…

La recibió el silencio.

-¡Dawn! ¡Giles! ¡Andrew! – llamó, entrando - ¡Xander! ¡Nos largamos de aquí! ¡Traigan a Spike!

Unos gruñidos fueron la respuesta a sus gritos. Sus amigos, convertidos en zombis, salieron a su encuentro. Se habían dado un festín con los restos de Andrew pero su apetito era insaciable.

Querían más.

-¡Oh, por el amor de Dios! – gritó Buffy, sintiendo que todo se derrumbaba a su alrededor. Que se hundía en un pozo de tinieblas - ¡¡No!! ¡No ustedes! ¡No, por favor! – lloró, arrasada.

Pero los muertos eran inmunes a su suplica. El primero que se le acercó, preparándose para saltarle encima, era Spike. Buffy lo miró, tratando de divisar en él al hombre que había conocido. Lo único que vio fue una bestia.

Spike ya no existía más.

Ni Giles, ni Xander, ni Willow.

Todos se habían marchado y ya nunca jamás, nunca, volverían.

Levantó la pistola.

Apuntó a Spike en la cabeza y disparó. Luego hizo lo mismo con Xander, Willow y Giles.

Cuando acabó, se derrumbó en el último escalón de la escalera que llevaba a los pisos superiores. Se sentía desolada, vacía. Nada tenia sentido ya.

Su mundo estaba total y completamente destruido.

Miró la pistola. Pensó en colocarla sobre su sien. Así acabaría con todo el dolor que la embargaba.

Ya estaba haciéndolo cuando una voz femenina le llegó de la puerta del sótano…

-¿Buffy?

-¡Dawn! – se levantó de un salto y corrió a encontrarse con su hermana menor. Ambas se fundieron en un abrazo - ¡Estas viva, estas viva! – repetía, una y otra vez - ¡Temí que esas cosas…! – y no pudo continuar.

-Lo sé – replicó Dawn, llorando. Miró los cuerpos caídos de sus amigos y lo que quedó de Andrew. Se apretó contra el pecho de su hermana mayor - ¿Por qué? ¿Por qué ha pasado todo esto?

¿Por qué?

Buffy no tenía las respuestas ni la más mínima idea de donde iría a parar todo aquello. Había sido un durísimo golpe, pero imaginaba que no solo para ella esa noche el mundo terminó, sino para toda la Humanidad.

Una cuestión más apremiante, sin embargo, la urgió a actuar. Quedaba quizás poco tiempo.

-Escucha – le dijo a Dawn – Debemos irnos. Ya. Van a destruir todo el maldito pueblo.

La chica se quedó muda, pero no se resistió a la idea de irse. Después de vivir el horror máximo, en carne propia, lo único que deseaba era alejarse para siempre de aquel sitio.

Subieron al jeep juntas.

Partieron de Sunnydale a tiempo. Cuando el sol ya subía en el horizonte y la mañana comenzaba, un misil nuclear atravesó el cielo.
En unos segundos, hizo impacto y el pequeño pueblo californiano se convirtió en un océano de fuego.