jueves, 28 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Once)

11

Un trago amargo

Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Al día siguiente.

Por supuesto, Wesley lo supo. Se enteró apenas regresaron de su viaje.
La vuelta fue con pocos contratiempos. Así como tenían trazada la ruta de ida tácticamente de antemano, lo mismo pudo decirse de la que utilizaron para volver a Wolfram & Hart. Se toparon con algunos zombis en el camino, pero el grupo de soldados que viajaban con ellos dieron buena cuenta de aquellas criaturas. Prácticamente, nada impidió la vuelta a casa del grupo…

Y fue allí donde Wes se enteró de la mala noticia. Y se echó las culpas también por haber sido uno de los que insistieron en que Fred viajara en la misión.

-Si hubiera sabido que esto iba a pasar… Dios, Fred – le dijo, con una pena enorme en su corazón. La científica se encogió de hombros.

-Nada puede hacerse ya para cambiar lo que pasó. Déjalo, Wes – intentó tranquilizarlo. La cara de él era un canto a la desolación – Además, esta será una experiencia única. Pretendo analizar el fenómeno zombi hasta las últimas consecuencias.

Como toda respuesta, Wesley la abrazó, llorando en silencio. Sus ojos buscaron los de Ángel. Parado a cierta distancia de la pareja, el vampiro los miraba mortificado. Él también le dio a entender con su mirada al ex Vigilante que se sentía culpable por lo ocurrido.

…pero no existía nada que pudieran hacer para arreglarlo…

Las cartas estaban echadas sobre la mesa.

Para Fred se abría un futuro funesto. Todos sospechaban en qué terminaría, pero para el soldado Parker, el porvenir se torno negro del todo…

Wes se enteró del “incidente” con el militar y tomó medidas en el asunto. Lo mandó a separar del grupo de soldados contratados por la Firma y se encargó personalmente de congelarle el sueldo que recibía. Además, lo degrado destinándolo al área de limpieza.

-Las letrinas son poca cosa para ese hijo de puta – le mencionó a Ángel mas tarde – Pienso que la primera opción que se me ocurrió cuando me contaste lo que pasó era mas viable…

-¿Cuál era?

-Pegarle un par de tiros en las piernas y abandonarlo con vida afuera, a los zombis. Y de paso, con un revolver en la mano, pero descargado.

-Wes…

-Lo sé, lo sé. Casi saca lo peor de mí mismo. Solo espero que esta sea la última vez que oigo de ese mal nacido.

-¿Qué hay de los alimentos que conseguimos? – preguntó entonces Ángel, para desviar la conversación hacia otro tema - ¿Compensan nuestras deficiencias alimentarias o no?

-Según Davis, las compensan por unos cuantos meses más. Si organizamos bien las raciones, nos alcanzara por cierto tiempo.

-Conozco esa mirada, Wes. ¿Qué defecto observas en esto?

-El mas obvio – el ex Vigilante suspiró ruidosamente – Tenemos comida para otro lapso de tiempo, uno largo, está bien, pero…

-¿Pero?

-No es eterno. Se volverá a acabar. Deberíamos empezar a considerar opciones extras.

-¿Cómo cuales?

-Mudanza.

Ángel se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

-No sé. El edificio cuenta con mucha infraestructura capaz de contener gente. Muchos aquí no van a desear abandonar la vida cómoda que tienen.

-Que, sabemos, es una farsa, Ángel – terció Wesley. Señaló hacia el vestíbulo – Toda esa gente, en el fondo, lo sabe. Vivir como si el mundo no se terminó no es saludable ni la solución mágica a todos los problemas. Estamos dependiendo de Wolfram & Hart en vez de poder decidir por cuenta nuestra. ¿No te has puesto a pensar que eso es lo que ellos quieren? ¿Qué estemos aquí, sentados, creyendo que tenemos el control de la situación cuando son ellos quienes deciden qué debemos hacer y cómo debemos pensar?

Ángel no dijo nada. Opinaba igual que su amigo, pero no lo expresó en voz alta.

-Algo vamos a tener que hacer – insistió Wesley – Debemos ir pensando en una opción extra.

-Esperemos primero un tiempo, Wes. Al menos hasta ver qué pasa con Fred… Ella es prioridad ahora, ¿recuerdas?

-¿Cómo voy a olvidarlo? Por supuesto que la tiene, pero… tengo miedo.

-Miedo…

-A como terminara el asunto de Fred – Wesley tragó saliva – No sé si, llegado el caso, podremos hacer… lo que hay que hacer.

El vampiro guardó silencio. Pese a que el había prometido que no intervendría en lo que al destino de su amiga concernía, llegado el caso lo cierto era que el tema lo desvelaba.

Fred.

¿Qué iba a ser de ella?

martes, 26 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Diez)

10

Contagio

Los Ángeles. California.
Center Mall. Unos momentos después.

La batalla había finalizado.
Desperdigados por el piso del Center Mall, un océano de cuerpos en diversos estados de descomposición yacía, como mudo testimonio del combate, con los cráneos reventados en pedazos.

El grupo de Ángel había salido victorioso, no sin recibir algunas perdidas. Varios soldados compañeros de Parker perecieron durante el virulento ataque zombi. Era ahora que una quietud como de muerte se apoderaba del hipermercado, que los militares que quedaban se dedicaron a la penosa tarea de “hacer limpieza”, como le llamaban.

Esto era rematar a los asesinados por los zombis con un tiro en la frente.

-Ahora entiendo por qué aquél tipo hizo lo que hizo con los cuerpos aquellos – comentó Fred, asqueada. Bajaba la vista hacia otra parte, pensando en que ir a la misión fue un error de su parte. Ella no era una guerrera, una luchadora cuerpo a cuerpo y mucho menos, una experta en armas. Su campo de acción siempre había sido la Ciencia. Estar detrás de una mesa con probetas, tubos de ensayos y manejando computadoras. Eso era lo suyo. Esa era su vida.

Decididamente, cazar zombis no entraba en su currículo de actividades.

Ángel, mientras tanto, estaba taciturno. Descansaba sentado en el último escalón de la escalera a los pisos superiores del hall con la mirada ausente y las manos apoyadas en sus rodillas. Fred ni remotamente podía conjeturar en qué pensaba el vampiro en esos momentos. Quizás pensaba en el sol, que saliendo por el horizonte hacia avanzar la mañana a paso de tortuga.

Ángel estaría bien protegido de los rayos solares mientras permaneciera en el interior del Center Mall. Tendrían que esperar hasta la noche para partir de nuevo…

Fred se alejó del funesto panorama. Se encaminó a recorrer el lugar entre sus góndolas y estantes llenos de comida en mal estado, la que no había resistido el paso del tiempo y la exposición al clima. En el camino, dejó la pistola que Parker le diera sobre un mostrador, al lado de una caja registradora sucia de polvo y abierta, sin dinero en su interior, desaparecido producto de los saqueos, sin duda.

Cerca de allí, observó con sumo interés el estado real de los alimentos en conserva que los soldados habían estado recogiendo. Era irónico pensar que esa comida enlatada y envasada sobreviviera al Apocalipsis. ¡Cuanta gente podría beneficiarse con esto!, pensó, tomando una lata en una mano. Y se beneficiaria gente, de eso no cabía duda. Los ricos y poderosos, que se escondían en Wolfram & Hart. Para ellos era este menú.

Solo ellos podrían degustarlo, mientras todos juntos seguían con sus vidas, fingiendo que la Pandemia zombi JAMAS ocurrió.

-Dios. Es patético – comentó en voz alta a nadie en particular.

Una sombra cayó sobre ella. Pensando que era Ángel que venia en su busca, se volvió para mirarle. Se topó con una cara arrugada, manchada de sangre. Le faltaba la nariz y su boca era un mar de dientes que sobresalían de unos labios agrietados. La ropa hacia rato que había desaparecido; estaba desnudo y el costado derecho de su abdomen lucia desgarrado, con lo que quedaba de sus órganos internos expuestos a la vista.

-¡Mierda! – dijo y por mas que quiso, tardó en gritar. Solo lo hizo cuando el espectro se le tiró encima y la mordió con fuerza en el brazo.

Su alarido de dolor y terror alertó al grupo. Ángel pegó un salto y corrió hacia ella. Al ver al zombi atacándola, se lo sacó de encima aferrándolo por la espalda y tironeando de él hacia atrás.

Parker llegó en ese ínterin y con su rifle entre las manos, colocó la boca del arma en la frente del monstruo, disparándole. El cadáver se desplomó, inactivo, al toque. La salva de sesos y sangre que salió despedida tras la explosión de su cabeza empapó a Ángel, que estaba a sus espaldas, pero el vampiro le resto importancia al hecho. Velozmente, se dirijio a asistir a Fred, quien con una herida en el brazo, lloraba del dolor…

-¡AAAAY! – se quejaba.

-¡Botiquín de primeros auxilios! – dijo él, volviéndose a Parker - ¡YA!

Pero el militar no se movió.

-¿Para qué? Ya es tarde para ella – declaró. Levantó su rifle y la apuntó – Le ahorrare mas sufrimiento aquí y ahora. Quitese de en medio – le ordenó a Ángel.

Como toda respuesta, el vampiro agarró el cañón de su arma y se la sacó de un tiron de las manos. Después, transformando su cara por la de demonio, le propinó al militar un fuerte puñetazo en la boca.

Parker salio despedido por el aire hacia un costado, escupiendo sangre y dientes, pero Ángel no había terminado con él. Cuando yacía en el piso, recuperándose, le dio una patada en el estomago que lo dejó sin aire… y luego otra… y otra… y otra…

Los compañeros de Parker dudaron en intervenir, pero al ver que Ángel estaba empecinado en reventarle las costillas, todos levantaron sus rifles en su dirección, apuntándole.

-¡Deténganse! – pidió Fred. Se sostenía la herida en el brazo mordido con la otra mano - ¡No disparen! – y volviéndose hacia Ángel, le dijo – Déjalo, por favor… ¡Vas a matarlo!

Ángel miró al militar caído. Su rostro se relajó y volvió a ser el de un humano. Jadeaba como si le costara respirar. Tal era su enojo que a punto estuvo de cometer una locura.

-Yo… yo… - balbuceó.

-¡Idiota! ¡Imbecil! – escupió desde el suelo Parker. Le faltaba parte de su dentadura - ¿Es que tu jodida cabeza de buque no lo entiende? ¡Se volverá como ellos! ¡Se convertirá en una de esas cosas! – intentó ponerse de pie, sin éxito - ¡Está condenada!

Se hizo el silencio. Ángel miró a Fred, sintiendo que el alma se le hundía en un negro abismo. Aquello era por su culpa.

-Estoy bien – le aseguró la chica, esbozando una forzada sonrisa – De veras – insistió – Solo háganme un torniquete o desinfecten la zona y apliquen un vendaje. Soy fuerte. Resistiré.

Aquello último sonó sin convicciones, mas como autoconvencimiento que otra cosa.

-¿Qué esperan? ¡Matenla! – rugió Parker a los demás soldados - ¡Es un futuro zombi! ¡Acaben con ella!

Ángel se colocó, protector, enfrente de su amiga. Si disparaban, las balas darían en él en lugar de ella, pero no lo matarían.

No hubo necesidad de tal cosa. Los soldados miraron a Fred y todos juntos, a una, bajaron sus armas.

Una cosa era matar zombis. Otra bien distinta, seres humanos.

-¡¡Traidores!! ¡Idiotas! – masculló Parker. Se recostó en el piso, todo sucio por la sangre que le salía de la boca - ¡Cuando se los coma por la noche lo lamentaran!

***

Decidieron acampar en aquel lugar.
Dado que el Center Mall era grande, aseguraron el perímetro primero. Todo el hipermercado fue revisado, en busca de posibles zombis. No hallaron ninguno más.

Con el área controlada, cerraron las puertas y accesos del Shopping y armaron el improvisado campamento. La idea era pasar el día y la noche allí y partir al amanecer del día siguiente.

El tiempo que les quedaba lo usaron para atiborrarse de productos alimenticios y cargar el camión. Al caer la noche, una parte del grupo descansó y la otra montó guardia.

Ángel aprovechó para charlar con Fred.

La chica descansaba sobre un tendido de frazadas armado para ella, con el brazo vendado. Su semblante era sereno, para nada lo que se esperaría de una persona en semejante situación.

-Oh, Fred – murmuró el vampiro. Enterró la cara entre las manos y se las paso por ella – Ha sido mi culpa.

-No digas eso. Me descuidé. No debí alejarme del grupo y tendría que haber seguido con el arma encima, por protección.

-Fred, Fred… - repitió Ángel, desolado.

-Ángel, para ya. Te digo que fue mi culpa. Para empezar, yo quise venir. Nada de lo que pasó es por obra tuya – le aseguró – Fui una tonta y he aquí mi premio.

Se miraron en silencio.

-¿Cómo sigue esto? – inquirió Ángel.

-Te diré cómo: recogemos todas las provisiones, nos marchamos a casa y lo primero que haré ni bien lleguemos, es tomarme muestras de sangre y ADN. Quiero analizar en primera persona el fenómeno zombi.

-No hablaras en serio…

-Totalmente. Quiero sacar algo de provecho de esta desgracia y si es teniendo que padecerla, así lo haré.

Sonaba resuelta, decidida. Ángel no pudo menos que admirar el coraje y el valor de aquella muchacha.

La abrazó.

-No te dejaré – le prometió – Te aseguro que cuidaremos de ti. Hasta las últimas consecuencias.

-Mejor prométeme otra cosa – le pidió ella.

-¿Qué? Lo que sea. Solo dilo.

-Prométeme que no vas a impedir que me convierta en uno de ellos.

Ángel se quedó de una pieza.

-Es parte del experimento que pretendo llevar acabo – le explicó – Confía en mí. A lo mejor doy con una cura para esto… a lo mejor no. Pero si todo sale como lo estoy pensando, necesito tener el cerebro intacto y en su lugar… ya me entiendes.

El vampiro frunció mucho el ceño. No le gustaba la idea en lo más mínimo.

-Prométemelo – le pinchó ella.

-Fred… por favor… ¡No puedes pedirme eso!

-¡Ángel! ¡Te lo estoy pidiendo! ¡Deja que lo haga! ¡Por una vez en tu vida, deja de ser un héroe! ¡Déjame hacer lo que creo que es correcto!

Ángel resopló.

-Está bien – concedió – Se hará como quieres… pero no estoy de acuerdo para nada con esto.

-Puedo vivir con eso – Fred sonrió.

-Lo que no sé es como se lo tomara Wesley. Cuando sepa la noticia.

-Tendrá que aceptarlo, como yo ya lo he hecho. Es algo inevitable.

sábado, 23 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Nueve)

9

Kate & Gunn (II)

Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Al mismo tiempo.


El cuarto de entrenamiento era espacioso. Kate observó el mamparo protector y lo que había del otro lado. Colocado en el centro de la sala, un maniquí azul aguardaba, paciente.

-¿Es necesario hacer esto? – preguntó, no muy convencida del todo. A su lado, Gunn colocaba el cargador en el rifle.

-¿No me dijiste que querías aprender a usar un arma? – replicó. Aquella mañana iba de ropa sport, tan habitual en él en los tiempos en que era un pandillero e iba por las calles de la ciudad, cazando vampiros – Además, no tienes nada que temer. Acá el maestro de las armas te dará una manito.

Sonrió. Casi a pesar suyo, Kate también lo hizo.

-Las gafas protectoras – se las extendió. Ella se las puso y se recogió el cabello en una cola, para que no le molestara al tirar – y los tapa-orejas. Por protección, nada más. Estamos en un recinto cerrado. Imagina cómo sonara el disparo.

Kate también se los puso. Tomó el rifle. Era muy pesado. Con paciencia y mientras terminaba de prepararse él mismo, Gunn se colocó a su lado y le indicó que se acercara al borde del mamparo. Una vez allí, la ayudo a colocarse en el hombro el arma y apuntar.

-Apunta y aprieta el gatillo. Veras que no es tan difícil – le dijo.

Kate probó. Tenía al maniquí en el visor del arma. Su dedo se tensó en el gatillo y lo apretó.

La fuerza del disparo la sacudió hacia atrás. La bala pasó por el flanco izquierdo del muñeco, sin ocasionarle daño alguno y fue a parar a la pared del fondo.

-Despacio. Tienes que acostumbrarte al retroceso – le aconsejó Gunn. Le hizo levantar el rifle otra vez y se colocó a su espalda, ayudándola a sostenerlo y a volver a apuntar.

-No lo agarres tan fuerte – le susurró al oído – Tienes que tomarlo suavemente y dejar que tu cuerpo absorba el impacto, como si…

El muchacho se detuvo. Aspiró profundamente el aire por la nariz.

-¿Me… estas oliendo? – preguntó Kate, divertida.

-Em… no… - tartamudeó – Yo… estaba... okay, si… pero solo porque… - hizo una pausa - Bueno, porque hueles bien.

Kate rió. Gunn se sonrojó.

-¿Sabes? Esto es bien bizarro. Es como el típico argumento de una película que una vez filmé – comentó ella – Era sobre militares, yo hacia de cadete femenino y el actor que me acompañaba, de sargento. Recuerdo que empezaba con el tipo oliendo el perfume de mi nuca, en una practica de tiro como esta y… bueno… ya sabes en qué terminaba todo, je.

Silencio embarazoso. Gunn carraspeó.

-Ejem… Concéntrate en tu blanco. Presiona el gatillo – continuo - … y dispara.

Ella obedeció. En esta ocasión la bala dio en la cabeza del muñeco, donde dejó un agujero humeante abierto.

-¿Ves? No es tan difícil – Gunn la felicitó – Con mas paciencia y mas practica, serás una tiradora experta en poco tiempo.

Kate estaba exultante. Lo abrazó, con fuerza.

-¡Epa! ¿Y eso por qué es?

-Por todo – lo miró a los ojos – Charles, no sé que haría sin ti. Me estas ayudando mas de lo que podré pagarte jamás.

-Ah… de eso, nada. No necesito dinero. Eso tenemos de sobra aquí en Wolfram & Hart, aunque dado el caso, no se bien para qué.

Kate no se pudo contener. Lo besó en la boca otra vez. El la estrechó entre sus brazos y se dejó llevar.

Era un vínculo muy fuerte el que había nacido entre los dos. Por primera vez en su vida, ella sentía que tenía a alguien al lado que la amaba. No solo era sexo, como en las películas que filmaba; allí estaba al Amor, con “A” mayúscula. Allí estaba el Respeto y el Interés. Cosas que Gunn le prodigaba.

Para él, ella no era tan solo un pedazo de carne. No era la inalcanzable sexstar holywoodense de turno…

Para él, ella era Catherine Frost, una mujer hecha y derecha.

martes, 19 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Ocho)

8

El Center Mall

Los Ángeles. California.
Al amanecer.

El sol no había salido del todo por el horizonte. Todavía reinaba una penumbra insistente, lo que servia para acentuar el clima tétrico por donde se movían.

Hacia rato que habían llegado al Center Mall. Por precaución, primero decidieron asegurar el perímetro lindando con el hipermercado.

El Center Mall constaba de dos edificios grandes, del tamaño de una fabrica industrial, conectados entre si por un par de pasillos internos. Era un recinto vasto e impresionante, con un playón de estacionamiento al frente y a su izquierda. A una orden de Parker, el equipo de soldados se movió con la agilidad de felinos, las armas en alto, revisando cada coche abandonado e incendiado. Los espectros podrían estar por allí; toda precaución era buena.

Cuando el equipo aprobó el área como despejada, Ángel y Fred bajaron del jeep y se encaminaron con su comitiva a las puertas de cristal del Shopping. Las hallaron abiertas de par en par, pero la ausencia de monstruos era inquietante.

Una vaharada podrida los recibió ni bien atravesaron la entrada, acompañada de un desolador panorama de carritos de supermercado tirados por todas partes. Algunos, hasta tenían las compras semanales encima, pero debido al inexorable paso del tiempo, se habían echado a perder.

-Ok. Escúchenme todos – dijo Parker a sus hombres – Los alimentos que necesitamos son las reservas. Enlatados, envasados… conservas. No tomen nada más que esto. El resto es pura basura putrefacta o vencida.

Aquel comentario reflejaba la realidad. Cuando la corriente eléctrica desapareció, tan solo los alimentos enlatados o en conserva sobrevivieron. Tal y como lo pudieron comprobar, las heladeras del hipermercado estaban llenas de comida en mal estado al terminarse abruptamente la cadena de frío.

Ángel observo cómo los soldados operaron solos. Era evidente que no lo necesitaban mucho en está misión. Parker ordenó llevar toda conserva que se encontrase en las góndolas al camión…

-No creo que eso vaya a servirle mucho, señor – comentó al vampiro, al verlo empuñar una espada – Si nos topamos con esas cosas, el único idioma que entienden es el de esta belleza – dijo, levantando su rifle AK.

-Gracias por el consejo, pero prefiero lo clásico – Ángel caminó un par de pasos, dejando atrás al soldado y su arma. Fred lo miró y entonces Parker le tendió una pistola de su cartuchera – Por si las dudas. Recuerda: quita el seguro, apunta a la cabeza. Siempre a la cabeza.

Fred ya lo sabia, pero no se molestó en explicárselo. Tomó el arma entre sus manos y se apresuró a seguir a su amigo, entre los estantes de productos alimenticios.

Con el operativo en marcha, Ángel se dedicó a explorar. Usando sus finos sentidos de vampiro, comprobó la inexistencia, hasta el momento, de zombis… algo por demás que llamativo.

-Raro. Muy raro – comentó a Fred – Esperaba encontrar esta área de la ciudad infestada de esas cosas y sin embargo, están ausentes. La pregunta es, ¿a que se debe?

Fred no quiso comentar que abrigaba iguales sospechas que él, pero entonces llegaron a un hall central, con escaleras laterales que comunicaban con pisos superiores y tuvieron el primer sobresalto de la recién nacida mañana…

Encontraron cuerpos muertos allí.

No eran zombis, sino sus victimas.

Cadáveres con los abdómenes abiertos, las costillas a la vista y con rictus de dolor supremo en sus rostros. Estaban resecos, podridos y llenos de gusanos y moscas, las que no paraban de zumbar enloquecedoramente.

Fred no lo resistió. Vomitó, esparciendo el contenido de su estomago en el piso. Parker se acercó y miró a la pira de cuerpos con una mueca. Todos ostentaban marcas de disparos posteriores en sus frentes.

-Los zombis los atacaron, pero luego alguien debió asegurarse de que no iban a volver como ellos – explicó.

-Que manera mas atroz y horrible de morir – comentó la chica, al cabo de un rato de silencio.

-Creeme, preciosa. Prefiero a que me metan una bala en el cerebro antes de que esas cosas me coman, a que sea después – el militar escupió al piso, en señal de repudio o asco por lo que veía.

En tanto, Ángel se había detenido a examinar atentamente a los cadáveres con ojo clínico. Uno en particular le llamó la atención… estaba apartado del resto y también tenia una bala en la cabeza, pero lo que lo distinguía de los otros era que en una de sus manos sostenía un revolver vacío.

-Creo que encontramos al que hizo el trabajo post-mortem – declaró, revisando el arma – Les debió disparar a todos y luego, se suicido.

-¿Cómo lo sabes? – inquirió Fred.

-Está intacto. Los zombis no se lo han comido – apuntó – y además, te das cuenta por el ángulo del disparo. La bala entró por la boca y luego salió por arriba, mientras que los otros han sido tiroteados de frente. Sin duda, este tipo lo hizo. Disparó a los demás y se voló los sesos, completando el círculo.
-Así ninguno volvería a la vida – señaló la muchacha. El vampiro asintió. iba a decir algo más cuando un grito desgarrador lo interrumpió.

Viniendo directamente por un pasillo del segundo edificio, un enjambre de muertos vivientes corrían hacia ellos, las fauces babeantes por el hambre.

Parker llamó a sus hombres. Todos apuntaron con sus armas a la legión infernal que se acercaba y abrieron fuego. El estruendo de las balas en el recinto cerrado fue terrible. Ángel levantó patéticamente su espada, pero se quedó donde estaba.

Parker tenía razón. Aquellas cosas nada entendían de armas del medioevo. Solo se las podía combatir con plomo…

Un zombi particularmente horrible corrió en dirección de Fred. La chica, que no se esperaba encontrar en tan extremo peligro, se quedó congelada. Parker le gritó que disparara, que usara la pistola que le había dado.

-¡¡Disparale!! ¡En la cabeza! ¡¡Hazlo!!

Fred levantó el arma, dudó un segundo y abrió fuego. La bala dio en el pecho del muerto.

Continúo avanzando hacia ella, como si nada.

-¡Dios! – dijo, clavada en su sitio del espanto. Lo intentó otra vez, en esta ocasión, apuntando mas alto. El monstruo ya estaba casi encima suyo cuando el balazo en esta ocasión fue certero.

La cabeza del zombi se reventó como un tomate.

-¡Lo hice, lo hice! – exclamó, entusiasmada. La adrenalina recorría su cuerpo.

Pero era solo un muerto abatido. Por docenas, llegaron del otro edificio. Un soldado vio encasquetarse su rifle. Intentó cambiarlo por otro a toda prisa pero no llegó jamás a hacerlo… tres zombis se le echaron encima y comenzaron a comérselo.

-¡Formación cerrada! ¡¡Fuego, fuego!! – gritaba Parker a los otros.

Un zombi se detuvo enfrente de Ángel, rugiendo. El vampiro recibió su embestida demencial propinándole un puñetazo y usando su fuerza sobrenatural para quebrarle el cuello con un movimiento seco.

La criatura se tambaleó, con la cabeza rota, pero no hizo acuse de recibo. Volvió a la carga con el cuello dislocado e intentó morderlo.

De una ráfaga de ametralladora, Parker lo barrió del mapa. Extendió a Ángel un fusil, perteneciente a un soldado caído en el combate…

-¡Uselo! – dijo, mientras reanudaba la lucha contra las hordas podridas.

Ángel colocó el cargador en su sitio. Apuntó y arrojó una andanada de proyectiles contra los engendros. Abatió a varios de ese modo.

-¡Fred! ¡No te separes de mí! – ordenó. Con su pistola en alto, la chica se pegó a su espalda.
-¡Esto se parece al Far West! – comentó, disparando.

sábado, 16 de julio de 2011

Apocalipsis Z: La Ira de los Justos, de Manuel Loureiro

Tres supervivientes han logrado salir con vida de unas Islas Canarias arrasadas por los No Muertos. ¿Qué más deberán superar para conseguir sobrevivir en un mundo bajo la amenaza de los zombis?

Cuando los tres supervivientes creían estar a punto de perecer en mitad del océano, son rescatados por uno de los últimos grupos organizados que quedan sobre la Tierra. Obligados a acompañar a sus salvadores, llegan a una zona donde todo el mundo actúa como si el Apocalipsis jamás se hubiese desatado, pero pronto se dan cuenta de que algo siniestro se oculta bajo ese paraíso. Mientras tanto, a muchos kilómetros de allí, el único país que ha sobrevivido al Apocalipsis empieza a mover ficha para hacerse con el control del planeta. Atrapados en un torbellino de ambiciones, grupos enfrentados, castas y religiones que luchan por la supremacía, pero siempre rodeados por un océano de No Muertos, nuestros protagonistas tratarán de hacer lo que mejor saben: sobrevivir. Lo que no saben es que una nueva plaga asoma en el horizonte…

MI OPINION DE ESTA NOVELA

Sencillamente tengo una sola palabra para definir a esta Tercera Parte de “Apocalipsis Z”, novela sobre zombis archi-conocida por todos los amantes del Género de los muertos vivientes. Una sola palabra para decirles a ustedes qué me pareció la lectura de sus páginas: MAGISTRAL.

…y me quedo cortito, parece.

“Apocalipsis Z: La Ira de los Justos”, es la conclusión de la odisea de nuestros tres queridos y amados personajes protagonistas de los dos libros anteriores: Manel (el abogado narrador), Lucia, el ucraniano Viktor Pritchenko y el simpático gatito Lúculo. Por esos devenires del azar de la supervivencia contra los zombis, el trío viene a parar a una región del sur de Estados Unidos que parece idílica: una comunidad de supervivientes que viven sus días acomodados en una ciudad amurallada y protegida, a salvo de las hordas caníbales del exterior.

Pero claro. Nada es lo que parece. La ciudad en la que han venido a caer está dominada por el enloquecido Reverendo Greene y sus hombres, una “guardia Nazi” de Cabezas Rapadas, comandadas por ese terrible, odioso, hijo de una gran… Malachy Grapes, personaje que odias desde que dice “Hola” hasta que dice “Adiós”.

¡Que es un grandísimo cabron, como dirían en España, vamos!

Y, como si fuera poco nuestros amigos se ven envueltos, en ese sitio, en una lucha de clases sociales y de discriminación racial como nunca se ha visto (bueno, cada día la vemos mas seguido, lamentablemente).

He alucinado leyendo las páginas de este libro. El ritmo nunca se pierde y si bien cuesta al arrancar un poquito, luego lo hace con todo. Uno se involucra al máximo con la vida de sus personajes, con la suerte que corren y se encariña tanto con ellos (o los odia a muerte) que ningún lector de esta novela queda indiferente ante ella.

Está bien. El Reverendo Greene esta a años luz de ser el Padre Isidro de “Los Caminantes”, pero destila la misma aura de maldad religiosa, de delirio místico, que su antecesor literario. Greene es una persona enferma y asquerosa… y fanática. Lo más lamentable es que uno, en la vida, a veces tiene la desgracia de conocer gente así.

Y parece increíble que existan, pero creanme: existen.

El caso de Malachy Grapes es otro. Es un asco. Pero es un personaje bien construido. Existe para destilar odio y realmente, le tienes odio. No despierta ninguna simpatía, que creo que era lo que el autor pretendía al mostrárnoslo. Conocemos en la vida a muchos “Malachy Grapes”, a decir verdad. Están por todos lados, últimamente.

Mención aparte merece la aparición del ejército norcoreano en escena, uno de los aciertos de la novela. Al menos, uno de sus personajes, el coronel Hong, representa muy bien su papel de villano. Aunque no despierta el mismo odio encendido que Grapes en el lector, también lo aborreces.

Pero, ¿y nuestros héroes? Pues resulta que ahí están, con todo este panorama por delante. Y la llevan lo mejor que pueden.

No quiero contar mas para no arruinar nada a nadie, pero a los futuros lectores les prevengo dos cosas:

Numero 1: hay una muerte importante cerca del final.

Numero 2: ¡Y que final! El clímax de la novela no se anda con chiquitas. A tiro limpio… nunca mejor dicho. XD

EN SINTESIS: ¿LIBRO BUENO?

TOTALMENTE. Al menos a mí me ha encantado. Ha sido una linda conclusión para esta Trilogía No Muerta. Mis felicitaciones desde este blog a su autor por regalarnos esta historia tan magnifica. ;)

¡Saludos a todos! ^^

viernes, 15 de julio de 2011

Apocalipsis Island: Orígenes, de J.D

En “Apocalipsis Island” supimos que la humanidad sobrevivió al alzamiento de los zombis. Los vivos recuperaron el planeta y siguieron con sus vidas adaptándose a un nuevo escenario.

Pero, ¿cómo consiguieron los zombis vencernos en nuestro primer enfrentamiento? ¿Qué pasó para que la humanidad perdiera la batalla inicial? ¿Cómo reaccionaron los gobiernos ante la crisis? ¿Qué terribles secretos se escondieron detrás de la resurrección de los muertos?

Descúbrelo a través de Mara, una chica amnésica que no recuerda lo que es vivir en un mundo sin zombis; ´G´, un pirata informático que se ha convertido en la única esperanza para un gran número de supervivientes; o Henry, un ingeniero que estaba a punto de revolucionar la industria automovilística antes de que los zombis aparecieran. El año es 1985 y éstas son las historias que conforman el puzzle de lo que pasó durante esa época oscura de la humanidad en donde comprobaremos que aunque los muertos caminen sobre la Tierra el mayor peligro siguen siendo los vivos.

MI OPINION DE ESTA NOVELA

Debo confesar que no he leído “Apocalipsis Island”. Es un libro prácticamente inconseguible de momento (y seguro que por mucho tiempo) por donde yo vivo, por lo que también tengo que confesar que “Apocalipsis Island: Orígenes”, precuela del anterior libro mencionado, tampoco he podido conseguirlo. Lo que me he dedicado a hacer, para poder leerlo, es ir directo a la fuente. Del blog de donde surgió todo (la historia salió primero publicada en la Web, como en el caso de “Apocalipsis Z”, de Loureiro) he tomado el texto que conformaría después la narración final sacada por Editorial Dolmen en libro y, posterior a imprimirlo todo, me he dedicado de lleno en este último tiempo a leerlo.

De esta manera, pese a no tener el libro “oficial”, tengo el texto “oficial” entre mis manos, permitiéndome darles una opinión sobre lo que me ha parecido esta singular novela de zombis…

::Suspiro::

Como diría el doctor Frankenstein, “vamos por partes”:

LO MALO

* Definitivamente, no es 1985. Alguien la pifió con esto. En el 85 (año en el que, entre otras cosas nació mi hermano menor) no existían tablet-PC, ni Internet, ni la parafernalia tecnológica de nuestro mundo moderno. El autor empezó su primera pifia aquí. Sí podemos tomar oficialmente 1985 como año en el que la plaga zombi del universo de ficción de la novela comenzó, pero NO lo podemos tomar como marco de referencia para las historias que se nos cuentan.

* La novela está dividida en una parrafada de personajes. Saltamos de uno a otro sin piedad. Igualmente, podemos destacar a los principales: Mara, la chica amnésica, el padre Xavier (insólito cura cazador de zombis), un psicópata sin nombre, Gerald (un informático nerd, con una mente privilegiada), Henry (ex industrial que también resulta ser ex militar) y Doc, un medico & científico que… esconde mas de un secreto. Acompañándolos hay muchos más personajes. Lo malo que tiene la novela es lo que les mencionaba mas arriba; de un momento a otro salta de la narración en Primera Persona de uno de los personajes para pasar a la Tercera Persona, el narrador omnisciente, originando una mezcolanza difícil de seguir de a buenas.

* El origen de los zombis no está definido del todo. ¿Es un virus? ¿Es una radiación? ¿Qué es? No se nos explica bien qué es lo que reanima a los difuntos y los pone a comer gente.

LO BUENO

* Te engancha. Pese a sus defectos mencionados mas arriba, es efectiva. Una vez que empiezas, no puedes parar de leer.

* Se describe una situación de “complot mundial” entre los ricos y poderosos, en la que hasta la Santa Iglesia Católica esta metida de por medio. Es la parte más realista de la novela. Se nos narra cómo la gente mas poderosa de la Tierra hace aquello de “a río revuelto…” Así, por ejemplo, tenemos una conspiración secreta detrás de la invasión zombi al mejor estilo “Resident Evil”, con un claro paralelismo con “Umbrella Corp” incluido. Hay un grupo secreto, un “gobierno entre las sombras” que maneja el asunto de la plaga zombi. Gente influyente y con mucho poder que espera ansiosa apoderarse de la Tierra una vez que la invasión de muertos vivientes termine. Por supuesto, la Iglesia también es un foco de poder en ese escenario y pese a ser una de las primeras en conocer el inminente Apocalipsis zombi que se acerca, callan a propósito para amoldarse a la nueva situación mundial. Todo por el bien de sus intereses.

* Hay capítulos que se disfrutan, lo mismo que personajes. Gerald es brillante en muchas de sus apariciones; Henry está bien cuando entra en acción para salvar las vidas de sus empleados de su fábrica; Doc es muy particular y luego, cuando se revela algo MUY pesado sobre su identidad, quedas con la boca abierta… y ni hablar del padre Xavier y de Mara. Lo que puedo destacar es la BUENA construcción de los personajes. Muy bien llevada, muy bien elaborados. Uno no permanece indiferente ante ellos. Es mas, uno puede compartir sus sentimientos y emociones en el transcurso de la historia. ¡Si hasta el psicópata de nombre desconocido, que campa a sus anchas en ese mundo desolado, te llega al alma! Me causó gracia imaginarme en su papel al actor que hace de “Dexter” en aquella serie de TV yanqui. Muy buena construcción de personajes. Me saco el sombrero.

PARA FINALIZAR, EN SINTESIS: ¿BUENA NOVELA O MALA?

Si obviamos los “errores” o la “parte mala”, si. Muy buena novela. Diría que excelente. La recomendaría, para los afortunados que pueden comprarse el libro en papel. Para los que no, pues visiten el blog de Apocalipsis Island y lean de allí esta historia.

Altamente recomendable.

Y, por supuesto, con el famoso “continuara” al final. Excusa para engancharse con lo que sigue, jejeje. ^^


¡Saludos a todos!

martes, 12 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Siete)

7

Kate y Gunn (I)

Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Noche.

La cena había estado exquisita.
Se encontraban en uno de los penthouses del ala oeste del edificio. La sala, ricamente adornada, daba directo a un gran ventanal con balcón. En otros tiempos, cuando todavía existía la electricidad, sus ocupantes se maravillaban con la vista espectacular de la ciudad de altos rascacielos bellamente iluminada por mil haces de luz artificial.

Ahora, salvo la luz encendida en el mismo salón, el horizonte de Los Ángeles se vislumbraba oscuro, tenebroso. Mas teniendo en cuenta la clase de cosas que se movían entre aquellas tinieblas…

Kate no pudo evitar estremecerse. Gunn se dio cuenta y le preguntó si se encontraba bien.

-Si, si, por supuesto – se apresuró a decir ella. Sonrió. Esa noche llevaba puesto un vestido de alta costura que le había devuelto la elegancia de tiempos perdidos. Además, tenía el cabello recogido y bien peinado y su cuerpo bien proporcionado olía a perfumes y otras esencias florales.

El esmero en el cuidado de su presentación aquella noche tenia un destinatario especial. De hecho, cuando Gunn había pasado por su habitación a buscarla, lo dejó con la boca abierta de lo impactante que iba.

-Estas preciosísima – había comentado él. Kate se rió. En mitad de la cena, cuando estaban charlando, le confesó que se había vestido así de elegante en otra ocasión, en la última entrega de los premios AVN, dedicados al cine de adultos, que se celebró en California.

-Me imagino que ganaste uno – dijo él, mientras servia más champagne en su copa.

-Digamos que alguno que otro. Pero la competencia era fuerte – ella bebió un trago – Por ejemplo, delante de mí tenia a Jenna Jameson, la reina del porno; Melissa Lauren, Mary Carey, Rachel Rotten, Gianna Michaels… y otras compañeras mas de trabajo que a estas alturas, o bien son comida o bien, están comiéndose ellas a alguien.

Se produjo un breve momento de silencio. Gunn la observó detenidamente.
Kate era rubia, pero el muchacho la había visto en uno de sus filmes por primera vez con el cabello rojo. Obviamente, exigencias de los estudios cinematográficos para los que trabajaba, se dijo. En vez de hacerle aquella pregunta tan frívola (“¿Tienes el cabello teñido?”) el abogado abordó otro tema…

-¿Nunca pensaste hacer otro tipo de filmes que no fueran de adultos? – preguntó.

-No eres el primero que me lo pregunta – replicó ella – y la respuesta va a ser invariablemente igual: ganaba más con las películas porno que con un filme “normal”. Además, nunca me consideró ningún director, fuera del género, para otra cosa. Digamos que mi área es… era, el cine para adultos.

Gunn asintió. Bebió un trago de su champagne.

-¿Era difícil lo que hacías? Quiero decir… Si se me ponen un par de personas con cámaras encendidas a filmarme mientras lo hago, me daría muchísimo pudor.

-En el cine para adultos, o te desinhibes, o te das por despedida. No hay muchas opciones. Creeme, es mas duro para nosotras las mujeres que para los varones. Principalmente, porque somos el “centro de atención” en la pantalla. Tanto del espectador como del que trabaja contigo… no sé si me entiendes.

-Perfectamente.

Otra vez silencio. Kate miraba a Gunn directamente a los ojos.

-Lo siento – dijo este – A lo mejor estás harta de que te pregunten sobre tu pasado… lo que importa es el presente.

-No, no, no. No me molesta. ¿Cómo voy a renegar de quien fui? Yo… ¿Sabes que estaba por filmar mi ultima película antes de que esto estallara?

-No me digas.

-Si. Tenia el contrato firmado y todo. Íbamos a filmar acá, en Los Ángeles, en Beverly Hills, para ser más exactos. La producción había alquilado una mansión para convertirla en un gran set de filmacion. Todo estaba listo, pero entonces… a los muertos se les ocurrió salir de sus tumbas.

Bajó la mirada, sombría. Gunn apoyó una mano sobre la suya, para darle animo. Ella se lo agradeció con una sonrisa triste.
-Espero que Ángel y tu amiga tengan éxito en su misión – deseó – La verdad es que allá afuera es el Infierno. Creo que no podría volver por más que tuviera esa opción.

-Puedes creerme: he visto salir a Ángel de peores situaciones antes. Esta no tiene por que ser diferente.

Ella asintió. La mano de él continuaba sobre la suya, calida, humana.

La cena había estado exquisita.

Hacia rato que abandonaron la mesa ante la que estaban para salir a mirar las estrellas desde el balcón. Al no existir la luz artificial en la urbe, el cielo aparecía tachonado de multitud de ellas, más de las que recordaban.

Como hacia algo de frío, Gunn se había sacado su chaqueta, colocándosela encima de su menudo cuerpo a modo de capa protectora. Ella agradeció el gesto y se dejó abrazar por él.

Los dos miraron al cielo.

-Charles…

-¿Hum?

-¿Crees en Dios?

-Nunca me lo han presentado.

Ella se rió. Él solo esbozó una sonrisa picara.

-Te lo pregunto de verdad.

-Bueno… ¿Tú crees en Él?

Kate dudó.

-Nunca pensé en Él… hasta este tiempo – confesó.

-¿A que viene ello?

-¿Y si se levantaron para castigo nuestro? ¿Y si es obra de Él?

-¿Quiénes? ¿Los muertos? – preguntó él. Ella asintió – Nah.

-Pero, ¿y si es así?
-Dicen que Dios es Amor – replicó - ¿Lo crees capaz de esto?

-No lo sé.

-Mira, te seré franco. Muchos se comen el coco intentando averiguar el porque de esto, pero creo que es una perdida de tiempo. ¿Por qué los muertos vuelven a la vida? ¿Por qué se comen a las personas? Son muchas preguntas. No tengo las respuestas.

-Ya.

-Me imagino que tú tampoco – la miró, con dulzura - ¿Importa, acaso?

-La verdad… no.

-Pues ese es el punto.

Se miraron, largo y tendido por un rato. Luego, se besaron en la boca.

-Tengo frío aquí. Volvamos adentro – le pidió ella.

Él la acompañó. Al volver a entrar en la sala, cerró la ventana al balcón.
Esa noche, por primera vez desde que se conocieran, hicieron el amor a la luz de unas velas… y se durmieron juntos.

jueves, 7 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Seis)

6

El viaje

Edificio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Un par de semanas más tarde.

El salón de reuniones era una habitación vasta y amplia, adornada con una mesa caoba grande, un par de lámparas de aspecto moderno e iluminada desde arriba con unos tubos de luz que no dejaban espacio para las sombras. Como todo dentro de Wolfram & Hart, destilaba elegancia y funcionalidad.

Presidiendo la cabeza de la mesa, estaba Ángel, sentado con sus manos cruzadas en actitud contemplativa. A su derecha, Wesley ocupaba otra silla. Leía concentradamente un par de papeles…

A la izquierda del vampiro, Fred y Gunn ocupaban sus sitios habituales. Todos, a su vez, escuchaban el informe que un hombre con camisa y corbata leía en voz alta, de pie delante de ellos.

-Es un hecho: la comida se acaba – decía el hombre, serio. Señaló un grafico a sus espaldas – Las provisiones con las que contamos pueden sustentarnos por un periodo determinado de tiempo. A lo sumo, dos meses mas… pero luego, estaremos en serios problemas. Si no hacemos algo antes, por supuesto.

Enmudeció, esperando. Ángel se arrellanó en su silla.

-Me parece, Davis, que es muy curioso – apuntó – Tenemos una infraestructura capacitada para asistir a muchas personas. Contamos con electricidad a expensas de la red pública, que ya ha caído, y en esencia, servicio de agua potable a niveles aceptables para la vida humana… Seguridad privada y sistemas de vigilancia de alta tecnología. ¿Y me dices que, de no hacer nada, dentro de dos meses tendremos una crisis alimentaría?

-Así es.

-¿Por qué no previnieron que esto ocurriría? – Ángel levantó las manos - ¿Acaso los Socios Mayores no pensaron en ello? Se supone que tenían un plan de sustentación seguro para prevenir y preservar las vidas de sus empleados y clientes. Para evitar que, justamente, cosas como estas sucedieran.

-Con el debido respeto, señor Ángel, pero la sustentación alimenticia estaba preparada para durar y sostener a un amplio número determinado de gente – explicó Davis. Ángel lo interrumpió.

-¿Entonces? ¿Dónde está el fallo?

-A eso iba – el empleado lo miró, con frialdad – El numero de la población de personas alojadas en el edificio ha crecido. Debido, principalmente a que usted – lo señaló – las ha traído. ¡Es gracias a su generosidad en sus operaciones personales de rescate que tenemos gente de sobra en Wolfram & Hart!

Silencio. Todos miraron al vampiro.

-¡No tenemos la capacidad de alimentar a tantas personas! – insistió Davis – Si se hubiera ceñido al protocolo original…

-Si me hubiera ceñido al protocolo original, Davis, serias el primero que estaría siendo comida de zombi ahí fuera – le espetó Ángel. El empleado enmudeció.

-Tiene razón – terció Wesley, interrumpiendo el clima tenso – Nos quedaremos sin provisiones dentro de cierto tiempo. Da igual que sea en un mes, dos o tres. O en una semana. Algo tenemos que hacer.

-Hay mucha gente que espera tener un plato de comida todos los días delante – reconoció Gunn – Confieso en que hasta yo llegué a creer que el servicio alimenticio seria sustentable para siempre.

-Es obvio que no es así – intervino Davis.

-Muy bien, muy bien. Entendí cual es el punto – dijo el vampiro – Organizaremos una partida de búsqueda de alimentos. La ciudad es lo bastante grande como para tener comida disponible por ahí. No todos los sitios deben haber sido saqueados. Al menos, un supermercado debe tener mercadería intacta.

-Estuvimos analizando el caso – Davis volvía a hablar – Hay un solo sitio en todo Los Ángeles que puede proveernos sustento más que aceptable: el Center Mall.

-¿El hipermercado al sur de la ciudad? ¿Pero no es esa una zona atestada de zombis?

-Como toda la ciudad – ironizó el empleado, pero rápidamente, continuo – Es el único sitio que dispone de lo que necesitamos – insistió – A no ser que quieran adentrarse a explorar las ciudades vecinas, en cuyo caso, seria muy arriesgado…

-Es cierto. Seria arriesgarse mucho – comentó Wesley – Sabemos cuantas de esas cosas hay aquí en Los Ángeles, pero ignoramos cuantas mas podría haber en urbes vecinas. Sin mencionar los peligros que eso traería y el tiempo en el que la expedición tardaría en encontrar un sitio ideal – meneó la cabeza, negativamente – El Center Mall es una opción viable. Además, Parker y sus hombres son tiradores expertos y pueden lidiar con situaciones como estas.

-Está bien. Pero yo también iré en esa partida – terció Ángel – podría haber contratiempos… imprevistos. Quiero supervisar personalmente el operativo.
-Ángel, si me lo permites, quiero ir contigo – le pidió Fred.

-De ningún modo.

-Es por pura exploración científica, nada mas – insistió la chica – Hace mucho tiempo de que no salgo del edificio. El viaje serviría para mis investigaciones. Podría observar a los zombis en su hábitat natural.

-Es MUY peligroso, Fred. Mejor te quedas.

-¡Pero…! – protestó ella. Wesley la interrumpió.

-Ángel, creo que, contrario a lo que pensamos, seria correcto que Fred fuera. Necesitamos recabar toda la información posible sobre esos seres y, aunque a mí tampoco me agrade la idea, pienso que Fred seria la persona más capacitada para hacerlo.

La chica sonrió. Con la mirada, le agradeció a su amigo la “ayudita” extra.

Ángel pareció pensárselo detenidamente.

-Bien. Puedes venir. Pero por ningún motivo te separaras de mí. ¿Está claro? No quiero tonterías, Fred. Un mal paso puede significar algo peor que la muerte…

-Lo entiendo perfectamente. Y asumo la responsabilidad.

El vampiro se levantó de la mesa.

-Dicho lo cual, es todo. Se acabó la reunión.

***

Los Ángeles. California.
Noche.

El camión blindado y un jeep militar siguiéndolo por detrás, salieron de Wolfram & Hart apenas se hizo la noche. Ángel viajaba en este último, junto con Fred y Parker…

Apenas abandonaron la “Zona Segura” y la barricada que aislaba al edificio del resto de la ciudad, decenas de zombis aparecieron corriendo entre los restos de la urbanización y los persiguieron, implacables.

Si sus vehículos no contaran con la protección adecuada, los muertos hubieran podido destrozarlos fácilmente y darle caza a sus ocupantes, pero por suerte, la ingeniería militar contratada por la Firma los había diseñado tal, que podían soportar hasta fuertisimas explosiones.

Fred aprovechó el viaje para observar el paisaje. En efecto, no era mentira de que hacia mucho que no salía a la ciudad y ahora la visión de la metrópoli en avanzado estado de desolación la sorprendió mucho.

Los Ángeles tenía muchísimos rascacielos. La gran mayoría de ellos seguían de pie, destrozados y todo. Otros, por el contrario, se habían derrumbado o ardido hasta sus cimientos en incendios incontrolables, que se desataron al inicio de la plaga.

Las calles estaban sucias, llenas de coches volcados. Un hábil manejo de su conductores, mas una ruta trazada con inteligente antelación, llevó a los vehículos militares sin incidentes. En no muchas ocasiones, atravesaban a toda velocidad agrupaciones numerosas de zombis, que al verlos rugían y sacudían sus brazos, corriendo tras ellos.

-Atraemos mucha atención – comentó Parker. Tomo un Walkie-Talkie y llamó al camión – Atención. Stevens, maniobra expansiva. Todo suyo, chicos.

El jeep blindado se colocó delante del camión. Las puertas traseras de éste se abrieron y unos soldados se asomaron, portando un lanzamisiles. Apuntaron a la muchedumbre de maratonistas podridos que venia fielmente por detrás y dispararon.

La deflagración fue tremenda. El pequeño misil detonó entre los muertos y la bola de fuego los engulló, haciéndolos cenizas.

La onda expansiva resultante dio cuenta de los zombis restantes, arrancándoles los miembros, por la fuerza de la explosión, o destrozándolos por las esquirlas de hormigón, metal y vidrios que volaron hacia ellos. Incluso, un edificio cercano colapsó, debilitado por la detonación, y cayó sobre la calle, enterrando a los que quedaban entre hierros retorcidos y cascotes.

-¡Buen tiro, chicos! ¡Bravo! – festejó Parker - ¡Eso les enseñara a esos podridos quien es el que manda!

A Ángel no le gustó el tono sarcástico del militar, pero no dijo nada. El jeep en el que viajaban iba ahora a la cabeza de la caravana.

No tardaron en llegar a la autopista. Tomaron un carril vacío, el que iba hacia el centro de la ciudad. El otro, el que salía de ella, estaba lleno de autos abandonados.

Fred los contempló con fascinación. Era una línea interminable de metal empotrado uno contra el otro. Incluso, muchos de ellos estaban chocados. Era evidente que cuando la plaga empezó, sus ocupantes los abandonaron, intentando huir de la marea mortal que se ceñía sobre ellos.

En vano, por supuesto. Los monstruos los cazaron y mataron allí donde los encontraban.

Fred se estremeció.

La ruta discurrió sin incidentes. Las únicas fuentes de iluminación eran los faros de los vehículos y los reflectores hábilmente montados sobre ellos. El alumbrado publico, como la electricidad en general, eran cosa del pasado.

-Te hace pensar, ¿verdad? – comentó la chica a Ángel. El vampiro enarcó una ceja, sin comprender – Quiero decir, en el alcance de todo esto. En si existirán mas sobrevivientes por aquí fuera.

-Los hay – afirmó él – Muchos mas de los que creemos. La mayoría, escondidos, resistiendo.

-A veces me pregunto si algún día recobraremos esto – Fred entrecerró sus ojos, soñadora – Creo que puedo lograrlo, Ángel. Con más investigaciones y análisis a los zombis, creo poder dar con la clave para combatirlos.

El vampiro esbozó una breve sonrisa.

-Si hay alguien en este loco mundo que puede lograrlo, esa eres tú, Fred. Confío en ti.

-Lo lograré – insistió ella – Ya veras. Encontraré la clave de todo esto… Recuperaremos el mundo – aseguró, optimista.
Como toda respuesta, Ángel se encogió de hombros en silencio.

lunes, 4 de julio de 2011

"Angel: Dawn of the Dead" (Cinco)

5

Cuando Kate conocio a Gunn

Era mediodía ya. Kate se había duchado y desayunado regiamente durante el transcurso de la mañana. Le habían asignado una habitación y ropa nueva y limpia, que no dudo en ponerse desechando los harapos que fueron su prenda de vestir en los meses que pasó sobreviviendo, escondida de los monstruos. Ahora, caminaba por el Lobby de Wolfram & Hart impresionada por lo que veía y oía…

Mientras el mundo fuera del protegido edificio colapsaba, la gente que lo habitaba mostraba una normalidad espantosa. Era como si la tierra de los trajes caros, los zapatos finos y los celulares ultimo modelo siguiera funcionando.

Aquella gente iba y venia atareada en la burda rutina de todos los días. Para ellos, los zombis no existían y solo había papeleo, negocios, más papeleo y más negocios.

Kate llegó a pensar que había caído en un antro de locos. No es que le fuera desconocido sitios así; en su vida anterior, antes del derrumbe de la civilización por la avalancha cadavérica, frecuentó un par de lugares como aquel. Sitios en donde tan solo importaban el lujo, el confort, el dinero y los placeres mundanos…

…Y es que el mundo del porno era una de las industrias mejor pagadas de los Estados Unidos…

Su carrera en el cine para adultos había comenzado hacia algunos años, cuando ciertos directores famosos del género comenzaron a fijarse en ella. Era realmente muy buena en su trabajo y no era como otras stars del mismo rubro. No era exigente. No daba muchos problemas. Solía ser simpática con sus compañeros de escenas y todos detrás de cámaras la querían. Sabía gustarle a sus fans y adoraba asistir a las convenciones internacionales pornográficas.

Una vez, Ron Jeremy, el veterano actor porno mas conocido del mundo, le dijo, en una charla que tuvieron en una de aquellas convenciones, de que era tan, pero tan simpática y tan profesional en su trabajo, que le extrañaba que con el carisma que tenia no hubiera hecho incursiones actorales fuera del genero para adultos.

-Las haría si me trajeran mas dinero del que gano haciendo esto, Ronald – replicó ella, provocando algunas carcajadas de otros ocasionales oyentes de la charla – Con lo que gano haciendo tres filmes al año, me alcanza y me sobra para tener una vida decente.

Nuevas carcajadas de su por aquél entonces, entorno.

Kate nunca podría haberse imaginado que, un par de años después de eso iba a esconderse en un refugio, viviendo como una indigente, mientras el mundo a su alrededor moría.

Suspiró, volviendo al presente. Iba a filmar su última película un par de días antes de que la Pandemia zombi asolara al país y al globo entero. ¿Qué importancia tenían ahora su carrera cinematográfica y su fama si la mayoría de sus fans vagaban ahora por allí con ansias de devorar su carne? Sospechaba que ninguna y, lo que era peor, es que ahora estaba rodeada de aquella gente… desconocidos completos para ella.

Caminó por el vestíbulo de Wolfram & Hart lentamente, pensando qué iba a hacer con su vida de aquí en mas, cuando se dio de bruces con aquel muchacho negro de traje a rayas, que venia por el camino contrario, con un portafolios en la mano…

-¡Lo siento! ¡Ha sido sin querer! – se disculpó Kate, ayudando al muchacho a recoger sus cosas, que se habían caído al piso por el golpe.

-No pasa nada. Enserio – le aseguró él, sonriéndole amablemente. Se la quedó mirando por un largo rato, estudiándola - ¿Sabes? Tengo la sensación de haberte visto anteriormente, en otro lugar. Lo malo es que no recuerdo dónde.

Kate carraspeó.

-A lo mejor me viste en una de mis películas – aventuró.

El muchacho pareció pensativo por un rato.

-¿Eres actriz? Caramba. Disculpa mi mala memoria, pero es que me suenas de alguna parte… ¿Cómo te llamas?

-Kate – respondió ella, titubeando – Kate Frost.

El muchacho se quedó pensativo otro momento… hasta que recordó y abrió los ojos como platos. Carraspeó y acomodó sus papeles en su portafolios sintiéndose avergonzado.

-Caray… esto… es muy…- dijo, entre tartamudeos.

-¿Extraño?

-Si. Completamente – sonrió. Extendió una mano hacia ella – Charles Gunn – se presentó. Kate se la estrechó.

-Catherine Frost, pero todos me conocen por Kate – le dijo – y, por la cara que has puesto, diría que mirabas mis películas, ¿no?

No quería sonar como una acusación. Ella más que ninguno creía en las libertades de expresión y derecho de las personas, de vivir y hacer lo que quisieran, siempre y cuando no agredieran a otros. Aun así, sus palabras movieron a Gunn a tomar una decisión…

-Te diré qué, Kate. Te invito a almorzar en la cafetería… porque me imagino que no has comido nada todavía, ¿verdad?

-Un desayuno abundante, pero tengo hambre de nuevo – rió – Creo que a este paso, me pondré gorda.

Gunn se rió con la ocurrencia. Repitió su ofrecimiento de almuerzo.

-Vale – dijo ella. Lo miró detenidamente. No solo era muy amable, sino también, muy guapo.

Repentinamente, comenzó a sentirse a gusto donde estaba. Y ya sabía la razón…

***

Gunn resultó ser un magnifico anfitrión, todo un caballero. Almorzaron bien en la atestada cafetería del edificio y charlaron animadamente de la vida del uno y la otra.

Se contaron sus historias, sus penurias, sus miedos… Para cuando el almuerzo acababa, Kate lo sabia todo de Ángel, sus amigos, Wolfram & Hart y mas. Y Gunn se había enterado de lo difíciles que habían sido sus meses de supervivencia en las ruinas de Los Ángeles, donde todo estaba infestado de zombis.

Al llegar a ese punto de la charla y al mencionar a las criaturas que diezmaron al mundo, Kate se ensombreció un poco. Era obvio que el tema era rispido…

-Me imagino que debe ser terrible – comentó Gunn – Digo, estar afuera.

-Ya. Considerando que aquí tienen un bonito mundo armado a su medida, pues…

-Lo admito: vivimos como si no sucediera nada puertas para afuera, pero creo que es mejor así – paseó su mirada por la estancia – Nos mantenemos ocupados con trabajo de oficina, habitamos aquí y mantenemos como podemos la moral alta – hizo una pausa. Sonrió - ¡Si hasta los celulares tienen cobertura aquí, lo mismo que la Internet Wi-fi!

-Todo eso suena maravilloso – admitió Kate – pero, ¿no sientes como si vendiste el alma por una porción de una torta de ilusiones? – Gunn permaneció callado. Ella continuo – Porque es lo que es. Una ilusión. Mantenida por esta Firma de abogados demoníaca que me constaste, pero ilusión al fin… Afuera es… bien distinto.

Gunn asintió gravemente. Pensó un momento.

-¿Sabe, señorita Frost? Es usted muy lista – dijo – y a la vez, es muy simpática. ¿Se lo dijeron?

-Lo han hecho, si – Kate se sonrojó. Gunn sonreía, afable – A lo mejor creerías que las actrices porno no tenemos sentimientos… que solo somos “un pedazo de carne”.

-¡Oh! ¡Para nada! ¡Lejos de mí pensar eso! – exclamó Gunn, pero Kate lo calló al instante.

-Si lo pensaste, pues no puedo culparte. En verdad. El genero en el que trabajo… trabajaba, más bien, trataba a la mujer como un objeto. Nos despersonalizaba. Nos hacia ver como simple carne para tener un buen rato de sexo – suspiró – No puedo culparte si pensaste eso de mí, Charles.

-Kate, tranquila – Gunn estiró sus manos y las enlazó con las de ella – No he pensado eso de ti, ni puestos ya, nada malo. En verdad, respeto en lo que trabajabas y no soy quien para juzgarte por ello. De hecho, no soy nadie – puntualizó – Solo un simple abogado que finge que el maldito mundo no se acabó y hace su trabajo.

Kate se descubrió llorando en silencio. Que imagen patética daría, pensó. Si la vieran sus viejos patrones del cine porno… la despedirían sin contemplaciones.

¿Una actriz porno llorando? Que loco e ilógico se había convertido el mundo. Si lo único que podía hacer ahora era derramar lagrimas, ¿Qué le quedaría para después?

¿Existía el después?

Buena pregunta.

-Eres una buena persona, Charles – le dijo ella – Gracias por escucharme.

-Es un gusto. Realmente. Espero me creas – sonrió. Ella le devolvió el gesto, pero triste, cansada – Oye, tengo horario libre al atardecer. ¿Quieres que nos veamos y…?

Kate enarcó una ceja.

-No sé. Cenamos algo… vemos unas pelis… lo que tú quieras.

El ofrecimiento era un tanto sorpresivo, pero no fue lo que ella se esperaba.

Aceptó, gustosa de encontrarse con un hombre de verdad, uno que no pretendía llevarla a la cama de inmediato. Deseaba en lo mas profundo de su ser olvidarse del dolor vivido en ese tiempo, en que vagó sola, en el mundo de los zombis.

Tal vez el destino le traía preparado cosas buenas, después de todo, en la forma de aquel simpático muchacho negro.
Con probar, no iba a perder nada.