lunes, 21 de noviembre de 2011

Angel: Only Human

De la mano de la Editorial IDW, hace algunos añitos atrás salió este comic centrado exclusivamente en uno de los personajes más interesantes del Angelverse: Illyria.

“Angel: Only Human” (Ángel: Solo Humano) arranca con unos Gunn e Illyria viviendo juntos, después de los hechos ocurridos en la serie de comics “Angel: After the Fall” (Después de la Caída). Tanto la diosa de cabello azulado que ocupa el cuerpo de Fred, como el muchacho de piel oscura intentan seguir independientemente su camino de forma conjunta. Illyria, por un lado, intentando descubrir su humanidad, aquella que viene en herencia con el cuerpo que ha posesionado…

En mitad de todo esto, los padres de Fred se contactan con ellos, pidiendo a su hija volver a casa, para el funeral de su tío. El viaje a Texas de Gunn e Illyria solo será una excusa para que la demonio Antigua descubra más de su nueva naturaleza humana y lo que Fred significa para sus seres queridos y allegados.

Es un comic de cuatro números. Interesante, por cierto. Illyria es un personaje que me fascina. Principalmente, porque está basada en los Primordiales que salían en las novelas del genial escritor estadounidense de Terror, H. P. Lovecraft. Hay varios flashbacks de la diosa primigenia cuando era una criatura gigantesca, tentacular, que me han hecho recordar de inmediato al Cthulhu de Lovecraft y su entorno.

También, es una atrayente búsqueda & exploración sobre la naturaleza de un personaje que en la serie de TV al principio era mas bien frío y distante y que con el tiempo (y mas en la Sexta Temporada de Ángel en comics) se fue humanizando poco a poco.

Los dibujos son buenos. Sin llegar a un grado artístico genial. Son pasables.

Se los recomiendo. Si pueden comprarse este comic, adelante. Háganlo. Es una buena historia.

Saludos a todos!^^

sábado, 19 de noviembre de 2011

Superman: Man of Steel (Siete)

7

Metallo

Vestíbulo de “El Planeta”.
Dos días más tarde. Noche.

Una amplia multitud concurría a la fiesta de beneficencia organizada por el periódico dos días después. El objetivo de aquella iniciativa, tomada por el Editor del diario y el Alcalde de la ciudad, era juntar de la gente más rica e influyente de Metrópolis una buena cantidad de dinero, el cual seria donado al Hospital Infantil, a Hogares para Ancianos y comedores para los desamparados.

Lois y Clark se encontraban entre los presentes, ambos vestidos para la ocasión. La reportera había elegido un bonito vestido blanco bien ceñido a su cuerpo, en tanto él usaba un pulcro traje de etiqueta…

-Te sienta bien el negro, Clark – comentó ella, cuando se habían encontrado.
-Gracias. Tú estas preciosa – dijo él. Como toda respuesta, su compañera solo sonrió.
Decidió que la prefería así, contenta, a la otra Lois Lane, la malhumorada. Lo cierto era que, pese a la diferencia de caracteres, se estaban llevando muy bien entre los dos.

Hacían muy buen equipo periodístico.

Clark soñaba con que fueran mas que eso, pero por el momento, tenia que contentarse. Todo serena y armoniosamente, como solía decir su madre.

-Han venido todos los peces gordos de Metrópolis – dijo Lois – Incluido el mas influyente de todos – frunció el ceño - ¿Ves a aquel tipo calvo vestido de traje blanco, acompañado por esa pelirroja?
-Si. ¿Quiénes son?
-Lex Luthor y su asistente privada, Tess Mercer – Lois hizo un gesto con la cara – Luthor es dueño de una corporación multinacional asentada en Metrópolis, LexCorp. Está bañado en dinero por todos lados y siempre se muestra como un caritativo millonario… pero yo sé que esconde otra cara. Una que no muestra al público.
Lois hablaba bajo. En su tono se mostraba recelo hacia la figura de Luthor.

Clark miró detenidamente al hombre, que conversaba animado con el Alcalde de la ciudad y otras personas. Se lo veía común y simple, pero si Lois guardaba ciertas dudas o sospechas para con él, lo tendría en cuenta.
De repente, Luthor se fijó en ellos. Habló algo con Tess y ambos se acercaron a saludar a la pareja…
-¡Pero miren nada mas! ¡Si es la señorita Lane en persona! – exclamó Lex, con fingida sorpresa - ¡La misma personita agradable y graciosa que escribió una delirante nota sobre mí, acusándome injustamente de liderar todo el crimen organizado de Metrópolis! Que bueno ver que pese a ese traspié en tu excelente carrera, Taylor todavía decide conservarte en tu puesto. Odiaría que por culpa de un error te quedaras sin trabajo…
-Ahorrate las idioteces, Lex. No estoy de humor esta noche para oír tus tonterías – dijo Lois, enfrentándolo – Para eso, la tienes a Tess a tu lado – se dirigió a la asistente – Te compadezco, creeme. Hay que aguantar a este ególatra adinerado.

Luthor rió. Tess le acompañó, haciendo coro.

-Lois, Lois… Me mata tu sentido del humor – Luthor meneó la cabeza – pero recuerda que solo gracias a George Taylor no te hice una demanda. Me convenció cuando dijo que estabas muy apenada por tu error. Dejémoslo ahí – se volvió hacia Clark – Y, ¿Quién es tu acompañante esta noche? Debes ser nuevo. No tengo tu rostro en mi memoria…
-Clark Kent. Vengo de Smallville, Kansas – se presentó, serio. Luthor comenzó a caerle bastante mal desde que lo había escuchado. El empresario se quedó pensando un momento.
-Smallville – murmuró. Miró a Tess - ¿No tenemos una fabrica agrícola allí?
-Dos – le corrigió ella.
-Pues mira nada más. Bueno, bienvenido a la gran ciudad, Kent. Y cuidado con Lois. Yo sé por qué te lo digo – le guiñó un ojo, mientras se marchaba con su asistente, a seguir disfrutando de la fiesta.
-¡Idiota, arrogante y presumido! – estalló Lois - ¿Quién se cree que es? ¡Como si le debiera algo!
-¿Qué era toda esa historia de que lo acusaste de capomafia de Metrópolis? – quiso saber Clark.

Lois resopló ante la pregunta. Le resumió el asunto.

-Tenía ciertos datos. Todos lo sindicaban como el hombre detrás de los peores crímenes en esta ciudad. Subvencionaba actos ilícitos y hasta se llegó a hablar de tráfico de armas, drogas y mucho más. Me animé y lo denuncié públicamente… pero de la noche a la mañana me quedé sin pruebas. Desaparecieron los testigos que tenia y quede expuesta. Luthor mantiene bien su imagen pública… bastante bien. Amenazó con demandarme, a mí y al periódico. El señor Taylor pudo frenarlo. Lo convenció de que todo había sido un error y me obligó a pedirle disculpas en público. Luthor se dio por satisfecho y abandonó la idea de la querella judicial, pero es evidente que él sabe que yo sé la verdad sobre sus asuntos. Llegará el momento en que cometa un error, y entonces…

Lois calló. Tomó una copa de champagne de la bandeja de un camarero que pasaba. Bebió un sorbo.

-Dejemos de hablar de esto, Smallville – le pidió – Está noche solo quiero divertirme – miró a la multitud y entonces sonrió – Hey, allá están Jimmy y su pareja, Ronald. ¡Vamos para que lo conozcas!
-Bueno.
Clark se dejó llevar por Lois hacia un rincón de la sala. Mientras caminaba abriéndose paso entre la gente hacia Olsen y su acompañante, no pudo dejar de pensar en Lex Luthor.

No le gustaba nada.

* * *

Luthor se apartó unos instantes del evento social para hablar en privado con Tess.

-¿Está Corben listo? – le preguntó.
-Listo y esperando para entrar en acción – le confirmó ella - ¿Será ahora, durante la fiesta?

Lex lo pensó. Miró al Alcalde de la ciudad y a su comitiva de seguridad personal que estaban a punto de marcharse. Se le ocurrió un plan.

-Creo que es hora, de paso, de que vayamos pensando en el futuro de Metrópolis – dijo. Tomó un canapé de una bandeja – Avisa a Corben de que el Alcalde se va. Esto es lo que quiero que haga…

Luthor explicó su plan. Tess agarró su celular y lo ejecutó.

* * *

Lois observó que el Alcalde se marchaba. Hacía tiempo que venia deseando una entrevista exclusiva con él, pero por una u otra razón, el político se excusaba anteponiendo su apretada agenda.
Ella era una mujer de armas tomar. Vio una oportunidad de abordarlo ahora, que parecía de muy buen humor y relajado, y la aprovechó.

-¿Dónde vas, Lois? – le preguntó Clark, sorprendido.
-Lo siento, chicos. El trabajo llama – le dio un beso en la mejilla apresurado a Clark a modo de despedida y se marchó. Él quedo un rato en las nubes. La pareja de Olsen, Ronald, lo sacó de ahí al comentar que Lois y él parecían entenderse muy bien mutuamente.
-Llegaste al alma de Lois – afirmó – De otro modo, no creo que te hubiera dado ese beso.
-¡Pero si solo fue un beso de despedida, Ron! – se quejó Jimmy – No lo escuche, señor Kent. A Ron le encantan las historias románticas. Es el único que vio dos veces “Titanic” y las dos veces salió llorando del cine.
-…Será por no poder tener a un Leonardo Dicaprio en mi vida y en cambio, tener que conformarme contigo, pelirrojo.
-¡Ay! ¡Por favor! – Jimmy resopló – No hagas que me arrepienta de haberte invitado a la fiesta.

Ronald sonrió, indolentemente. Clark puso los ojos en blanco.

* * *

-Alcalde Sullivan. ¿Tiene un momento?
Un fornido hombre de seguridad la detuvo. El Alcalde se volvió hacia ella.
-Lane. Justo estaba por irme.
-Señor, por favor… es por esa entrevista que quería hacerle.
-Tendrá que ser en otro momento. Lo siento. Me tengo que ir.
-Solo será un momentito. Por favor. ¡La gente de la ciudad quiere oírlo! ¿Qué mejor ocasión que esta?
-¿Lo molesta mucho, señor? – inquirió el guardaespaldas. El Alcalde miró a Lois a la cara y lo pensó un momento.
-¡Rayos! ¡Es insistente como una nube de moscas, Lane! Muy bien. Pero tendrá que ser de camino al Ayuntamiento. Tengo cosas de última hora que hacer…

El rostro de Lois se iluminó. El seguridad la dejó pasar y siguió al político hasta su coche: una limusina negra. Subió después de él y el auto arrancó.

Otro vehículo también se puso en marcha: una motocicleta Harley Davidson.

Corben iba en ella.

Pertrechado con lentes oscuros y una escopeta de doble caño en una mano, los siguió de cerca varias calles hasta colocarse a su lado.
Mientras Lois charlaba con el Alcalde en el asiento trasero, Corben apuntó y disparó a través del vidrio. Mató al custodio y al conductor del auto al instante.
-¡¡Cuidado!! – gritó el custodio que viajaba con la reportera y el político atrás, pero para cuando todos se dieron cuenta, la limusina derrapó y se estrelló contra un camión estacionado cerca.

* * *

Clark supo que algo no iba bien. Enfocó un instante su súper-oído fuera del edificio donde estaba, ignorando la apabullante charla que lo rodeaba y tuvo confirmación del hecho: un estruendo fuerte, no muy lejano.

Un choque en la calle.

Con el corazón sobresaltado, se excusó con Olsen y salió apresuradamente del vestíbulo. Fuera del edificio, corrió hacia un callejón mientras se desabrochaba la chaqueta y la camisa, revelando una “S” blanca en su pecho…

* * *

Corben se acercó al lugar del accidente con la moto. Se bajó de ella y caminó hacia el coche volcado. Se estaba prendiendo fuego.
Un custodio salió arrastrándose de su interior, herido. Corben le apuntó con la escopeta y totalmente inexpresivo, le descerrajó un tiro en la cabeza.

Otra figura se movía dentro del coche, herida pero viva.

Lois Lane.

Corben se disponía a volarle los sesos cuando un vendaval salido de la nada lo cubrió. Una figura vestida de negro, con gabardina y una “S” blanca en el pecho había llegado a supervelocidad delante de él. Lo miraba severamente.
-¿Superman? – dijo Lois, intentando salir del coche por sus propios medios.
Clark se volvió hacia aquella dirección y sopló. Un viento fuerte apagó las llamas, parando el incendio.
-Así que existes – comentó Corben – Una pena. Me encargaron que te buscara y te borrara de la faz de la Tierra, después de matar al Alcalde. Yo siempre cumplo con mi trabajo – le apuntó con la escopeta – Hasta la vista… baby.

Disparó.

Las balas rebotaron sin hacerle efecto.

Dando uso otra vez a su supervelocidad, Clark se acercó al asesino y le arrebató la escopeta de las manos. La dobló por la mitad como si fuera manteca.
-Impresionante. Pero tengo mis recursos.
Corben intentó darle un puñetazo. Clark lo atajó y con su fuerza le propinó uno propio al criminal en la cara…

Corben salió disparado por el aire, aterrizando contra una pared. El impacto debería haberlo matado, pero no fue así.

-Buen golpe – dijo, mientras se componía – pero necesitaras más que eso.

Clark no lo entendía. ¿Quién era ese sujeto? Parecía tener una fuerza que rivalizaría con la suya. ¿Acaso…?

Usó otro de sus poderes para examinarlo: la visión de rayos X.

Lo que vio, lo dejó atónito.

Cables, engranajes, relees… circuitos y metal.

¡Un robot!

¡Corben era un robot!

¡Bajo la ropa y la imitación de piel humana, había un organismo artificial!

-¡Eres una maquina! – exclamó.

Corben sonrió fríamente. Se sacó los lentes oscuros y se señaló a la cabeza.

-No del todo. Lo único que queda biológico en mí está aquí.
Decía la verdad. La visión de rayos X lo confirmó. Un cerebro palpitante y vivo se encontraba, resguardado en un cráneo de acero.
-¿Qué eres?
-Cyborg – Corben extrajo una pistola y disparó.
La bala pasó zumbando en el aire al lado de Clark. “¡Lois!”, pensó y se volvió para ver. No. No era hacia ella a quien dirigió el disparo. Ella estaba allí, herida pero viva y miraba la escena atónita.

“Entonces… ¿Quién…?”

La respuesta se hizo evidente mediante un grito.

¡El Alcalde!

Estaba saliendo del coche destrozado cuando Corben le disparó al corazón. Cayó muerto en el acto.

-Te veo luego, para la revancha – el criminal se subió a su moto y huyó de la escena de los hechos. El primer impulso de Clark fue el de seguirlo y atraparlo, pero ya no tenia tiempo.

Se volvió hacia Lois.

-¿Se encuentra bien, señorita Lane?

La reportera estaba en shock.

-¿Clark? – preguntó. Él se quedó helado - ¿Clark?

Iba a decir algo más pero se derrumbó en el piso, inconsciente. Estaba extenuada.

Clark quería ayudarla, asistirla, pero la policía estaba llegando por la calle.

A supervelocidad, abandonó el lugar, con pesar en su corazón…


FIN DE LA SEGUNDA PARTE

Continuara.................

lunes, 14 de noviembre de 2011

Superman: Man of Steel (Cinco)



SEGUNDA PARTE

5

Lois & Clark (I)



Edificio de LexCorp.
Metrópolis. Al siguiente día.


La torre de LexCorp era de una belleza arquitectónica. Como símbolo del lujo y del poder, se erguía hacia el cielo brillando bajo el sol.
En el interior de la oficina principal del CEO de la empresa, Tess Mercer leía un periódico de la Prensa sensacionalista a su jefe…

-…Dicen que se entregó solo y que afirmó que el “Hombre de Negro con la S en el pecho” lo amenazó con hacerle algo peor si no lo hacia y confesaba su crimen – Tess meneó la cabeza – No paran de contar historias de ese tipo. Los criminales de toda la ciudad están prácticamente espantados.
-Tess, querida… ¿Por qué me lees esa basura? – dijo un hombre sentado de espaldas en un sillón. Miraba al gran ventanal de su despacho, el que daba al centro de Metrópolis.
-Creí que te interesaría, Lex. Nuestros contactos nos dicen que este tipo esta perjudicándolos severamente. Y también cuentan lo otro… que tendría poderes extraños.

El hombre en el sillón rió. Se volvió hacia su asistente. Se trataba de una persona calva, bien vestida y que fumaba un puro. Se reclinó en su asiento y se cruzó de brazos.

-¿Qué dicen nuestros amigos de El Planeta? – preguntó.
-Nada. Silencio oficial.
-No me extraña. Es cosa del viejo Taylor. Siempre anda con eso de ser políticamente prolijo y la trayectoria… - Lex Luthor suspiró. Fumó de su habano y exhaló una amplia nube de humo – Realmente, ¿deberíamos tomar a esta Leyenda Urbana como cierta? ¿Verdaderamente interrumpe nuestros “negocios” con el bajo mundo de Metrópolis?
Tess lo pensó un momento. Luthor esperó. Era una buena chica. Muy astuta, muy inteligente. Se alegraba de tenerla de asistente personal.

En el organigrama de LexCorp, Tess Mercer era la segunda al mando.

-Creo que seria un error no prestarle importancia. Es evidente que algo hay detrás de este “justiciero”. Preocupa bastante a nuestros socios. Si, creo que algo debe hacerse.
Luthor asintió. Dejó de lado su habano y tomó un teléfono. Marcó un número y esperó…
-Traigan a Corben – dijo – Tengo un trabajito para él.

* * *

Edificio de “El Planeta”.
Esa misma tarde.

Lois mostró el titular del periódico sensacionalista al señor Taylor. Perry White aguardaba, de pie en una esquina de la oficina del Editor.
-No podemos seguir ignorando esto – dijo ella - ¡Ya suman muchos los casos de las apariciones de este tipo! Hay algo serio tras él.
-Lois… - empezó White, pero ella lo cortó.
-Estamos dejando pasar la noticia prácticamente delante de nuestras narices. ¡La competencia nos sacara ventaja! Por eso, quiero investigar qué se esconde detrás de él, que secreto oculta – miró a Taylor directo a los ojos – Jefe, se lo estoy suplicando. ¡Déjeme ir tras esta noticia! ¡Déjeme descubrir el misterio que hay aquí!

White meneó la cabeza. Taylor, en tanto, meditaba.

-¡Permítame libertad de acción! ¿Cuándo lo defraude? ¿Cuándo puse en ridículo el prestigio de este diario? Nunca. Solo le pido este favor. Concédame la autorización. ¡Le traeré una primicia exclusiva!
-…eso, o el fiasco mas grande de la historia – acoto Perry.
-Lo pondré de esta forma – Lois cruzó las manos. Miró a sus jefes sin titubear y decidida – Les traeré una primera plana. Si no sucede así, tienen mi renuncia indeclinable sobre este escritorio. Nada de términos medios: o consigo un noticion o renuncio a mi trabajo. Usted decide – aquello último lo dijo para Taylor.

Se produjo el silencio. Editor en Jefe y sub-editor se miraron el uno al otro. Finalmente, Taylor sonrió…

-Eres terca, Lois – dijo – Sabia que cuando abandonaste el Ejército y a tu padre, el General Lane, para ser reportera, ibas a convertirte en una persona difícil de apaciguar…
-Gracias por el cumplido. ¿Entonces…?
-Me has ganado por cansancio. Muy bien. Adelante. Hazlo. Tienes mi bendición.
Lois sonrió. White arrugó la frente, no muy convencido.
-Solo quiero imponer una condición – Taylor levantó una mano. Ella esperó – Quiero que investigues este caso acompañada.
-¿Me va a mandar con Olsen de nuevo, jefe?
-No. No con Olsen. Con el nuevo.
-¿El nuevo? ¿Se refiere a…?
-Díganle a Clark Kent que venga a mi despacho – pidió Taylor por un interfono. Lois protestó. Aseguró que un novato solo entorpecería su trabajo, pero él fue inflexible.
Clark llegó al rato. White le abrió la puerta.
-¿Quería verme, señor? – preguntó.
-Si, hijo. Pasa. Te tengo un trabajo muy especial… con ella.

Lois y él se miraron.

* * *

Cafetería “Shuster”. Metrópolis.
Horas después…

Lois fumaba de nuevo. Era el segundo o tercer cigarrillo del día. Clark, en tanto, bebía despacio su café. Estaba caliente y espumoso, en su punto justo.
-Así que vienes de Kansas – dijo ella. Lo observaba de tanto en tanto, mientras repasaba una carpeta con los testimonios recogidos por la policía de las personas que habían visto al misterioso “Hombre de Negro”.
-Si. De un pequeño pueblo llamado Smallville.
-Smallville – Lois jugó con la palabra - ¿Existe eso? La verdad, es la primera vez en la vida que escucho nombrarlo.
-Es que es un pueblo muy chico.
Lois enarcó una ceja.*

* (El chiste es obvio. En inglés, “Smallville” quiere decir “Villachica”. Nota del Autor).

-Ya. Y tenías una granja, ¿correcto?
-En realidad, era de mis padres. Aunque, técnicamente, ahora es mía.
-¿Y que dicen papá y mamá Kent de mudarte a Metrópolis? Me imagino que para gente tan sencilla, debió ser una bomba enterarse de que te mudabas…
Clark carraspeó.
-Mamá y Papá Kent no dicen nada… ellos… fallecieron hace rato.
Lois se mordió la lengua. Había metido la pata. A veces su clásico desenfado le jugaba esas malas pasadas.
-Lo siento. Perdóname – le pidió – Soy una bestia.
-No pasa nada. En serio. Ya estoy acostumbrado… quiero decir, a su falta. Fue hace tiempo.

Silencio. Clark bebió más café. Lois suspiró.

-Bien, Smallville. Tenemos un caso aquí – señaló a la carpeta – Tenemos un sin fin de testimonios que nos hablan del “Hombre de Negro con la S en el pecho”. Supongo que estarás al tanto del caso…
-Olsen me puso al día.
-Este Jimmy… es un poco despistado, pero buen compañero.
-Ya lo había notado.
-En sus mejores momentos, es muy divertido… y ni hablemos de Ronald, su pareja. Cuando están juntos, son dinamita. Son la mar de chistosos y… ¿Te sucede algo?
Clark pestañeó, confundido.
-Perdona, creo que te entendí mal – se disculpó - ¿Acaso Jimmy es…?
-Jimmy es gay – Lois miró a su compañero, confusa - ¿No lo sabias?
-Pues… no. No me lo dijo. ¿Debería saberlo?
-Es que es raro que no te lo dijera. Jimbo es gay declarado hace rato. Está en pareja estable con un muchacho hace tres años. ¿En verdad no te lo dijo?
-No.
-Bien. Supongo que esperaba el momento para hacerlo. Ah, yo soy totalmente “gay-friendly”. De hecho, en Redacción todos conocemos el asunto y Jimmy te lo puede decir. Nadie nunca jamás lo ha discriminado por su orientación sexual. Parte de la política del señor Taylor. Mientras los asuntos personales no interfieran con el trabajo, todo está bien.

Clark no supo qué decir al respecto. Guardó silencio.

-Vamos al asunto – Lois volvió a señalar la carpeta – Testimonios. De mucha gente. En toda la ciudad – puntualizó – La descripción es la misma, invariablemente: un sujeto, un hombre, vestido con ropa negra y una “S” blanca estilizada en el pecho. Todos dicen que le vieron hacer hazañas imposibles, como parar balas con el cuerpo, derretir armas con la mirada y una enorme fuerza a su disposición. Punto numero uno: ¿se trata de un ser humano? ¿O es otra cosa?
-¿Qué mas podría ser?
-Dímelo tú. ¿Ángel? ¿Demonio? ¿Vampiro? – citó Lois - ¿Extraterrestre?

Clark se removió en su silla, inquieto.

-¿Experimento secreto del Gobierno? Tenemos un abanico de posibilidades muy grandes. Punto numero dos: ¿Por qué ayuda a las personas?
-Pues, si tiene de verdad superpoderes o algo así, ¿no seria lo mas lógico usarlos para ayudar a la gente?
Lois lo miró un segundo. Consideró esa opción.
-¿Y por que no usarlos para beneficio propio? ¿Por qué no atracar bancos o robar tesoros invaluables? No tiene sentido. Si fuese humano, lo habría hecho.
-Vaya optimista visión del ser humano que tienes – comentó él.
-Querido, conociendo a la Humanidad como la conozco, y en especial a los hombres, me parece raro que no lo hubiese hecho hasta ahora… lo que nos deja con la opción de que NO es humano.

Clark no comentó nada al respecto. Lois fue anotando sus conclusiones en una agenda que llevaba consigo.

-Número tres: ¿Qué significa la “S” en el pecho?
-¿Salvador?
-¿Supertipo? – Lois lo pensó un segundo – Hum… aquí tenemos un testimonio de una mujer que salvo. Ella lo llamó de una manera, según la declaración que hizo mas tarde a la policía… - revisó en la carpeta – Aquí está. “Superhombre” – dio una fumada a su cigarrillo. Lo depositó en su cenicero – No suena tan mal. Superman…*

* (Superhombre, en inglés, es “Superman”. Evidente juego de palabras. Nota del Autor).

Clark se acomodó sus lentes. A él tampoco le sonaba tan mal el nombre.
-Okay. Nuestro Superman es un tipo muy escurridizo. Salva a la gente, combate al crimen y se esfuma en el aire. Es obvio que no desea ser encontrado. ¿Por qué?
-¿Deseo de permanecer en el anonimato, quizás?
-¿O, como no es humano, miedo a ser atrapado por las autoridades? Me imagino que debe ser una criatura solitaria… aterrada por que el Gobierno, el Ejército o cualquiera lo atrapen y lo analice como una rata en un laboratorio. Si, debe ser eso.
El cariz de las conclusiones de Lois no le gustaban en lo mas mínimo a Clark. Era bastante perturbador oír que hablaban de uno y no poder responder ni “mu”. Armándose de una paciencia ilimitada, solo sé dedicó a sorber lo que quedaba de su café.

-Misterios, misterios… ¿No los odias? Yo si – Lois se levantó de su asiento – Vamos, Smallville. Acompáñame. Tenemos trabajo periodístico de por medio y no podemos darnos el lujo de perder mas el tiempo.

Clark se levantó tras ella. Pagó la cuenta y ambos se marcharon.

* * *

Edificio de LexCorp.
Al mismo momento…


John Corben era un tipo alto, musculoso y de mirada fría. Vestía una chaqueta de cuero y pantalones tejanos, ribeteados con botas en sus pies. Se encontraba parado delante del escritorio de Luthor.
El empresario, en tanto, lo miraba con satisfacción mientras entrecruzaba sus dedos. A su lado, Tess aguardaba en silencio.

-Corben. Es un gusto volverte a ver. ¿Qué tal California?
-Demasiado pesada para mi gusto – dijo – Basta de juegos tontos, Luthor. ¿Para qué me necesitas? Mi tiempo es oro.
-Creeme. Eso lo sé. No te haría venir si no requiriera de tus talentos – Lex chascó los dedos. Tess se acercó a Corben. Llevaba consigo un maletín. Lo abrió, revelando fajos de billetes de dólares en su interior.
-Dos millones. Puedes contarlos si quieres. Serán para ti… si logras encontrar y eliminar a un hombre.
-¿Eso es todo? – replicó Corben – Es demasiado fácil para mí, Luthor.
-Ah… pero no hablamos de ir tras un hombre ordinario, sino, de un superhombre.

El bicho de la curiosidad pudo más. Corben miró el dinero y a Lex alternativamente.
-¿De quien estamos hablando?
-De una Leyenda Urbana. Tess te lo explicara todo.
Así lo hizo. Cuando acabó, el criminal estaba decidido que con dinero o sin él, lo haría...

sábado, 12 de noviembre de 2011

Diario de una Invasión Zombie, de J. L. Bourne

Cuando los muertos vivientes invaden la tierra, huir es la única salida.

Una epidemia desconocida arrasa el planeta. En Estados Unidos, un marine desertor empieza un diario desde el sótano de su casa, convertida en búnker, en el que nos relata sus problemas para resistirse a los muertos vivientes que parecen haber invadido por completo el país y el mundo. Pero no hay lugar seguro y, en seguida, tiene que emprender una huída sin rumbo, por tierra, mar y aire, siempre medio paso por delante de los muertos vivientes que amenazan con devorarlo y convertirlo en uno de ellos.

MI OPINION DE ESTA NOVELA

Bien, creo que es la primera vez en que cuando me siento a dar mi opinión sobre un libro que he leído, me encuentro indeciso sobre cómo he de calificarlo.

“Diario de una Invasión Zombie”, de J. L. Bourne es otra mas de las novelas del Genero Z, el tópico de los zombies. Nos cuenta a modo de Diario Intimo, las vivencias de un soldado del ejército yanqui, quien después de desertar de la Armada, debe hacer todo lo posible a su alcance por sobrevivir al Apocalipsis zombie que se desata en Norteamérica y el mundo.

En mitad de su camino por la supervivencia, se encontrará con otros sobrevivientes de la pandemia y juntos, trataran de hallar la forma de aguantar el asedio de hordas y hordas de no-muertos…

Es una novela muy peculiar. Destila mucho de la paranoia yanqui sobre el uso de armas y como el protagonista es, justamente un soldado, hay mucha referencia a armas y a tácticas de combate que pueden emplearse no solo en la lucha contra el terrorismo, sino en la lucha contra el muerto viviente.

Es un libro ágil, dinámico, cargado de acción y muchas tácticas de supervivencia… pero

Pero tiene un par de problemas que, a continuación, voy a reseñar:

Numero 1: El formato “Diario Intimo” es bueno para la Primera Persona y ponerse en la piel del personaje, pero carece de cierto sentido cuando pasan muchas cosas y la acción se acelera. ¿En que momento el protagonista escribe todo lo que pasa? ¿Realmente alguien que está huyendo de hordas de zombies caníbales se detendría a escribir sobre el tema en un cuaderno? Es como el caso del “cámara en mano” de las películas tipo “Cloverfield” o “El Proyecto de la Bruja Blair”, donde siempre pase lo que pase, hay un “tonto” con cámara en mano filmando todo lo que pasa.

Numero 2: La parte emocional de la novela esta como… ausente. Al menos, en gran parte al inicio y hasta que el ex soldado se encuentra con el resto de los sobrevivientes. El diario que escribe se me ha antojado un recuento frío de sucesos, uno detrás de otro, impidiéndome empatizar con él.

Difícilmente pueda decir que encontré la humanidad de este soldado.

Ok, el tipo sabe que si tiene que sobrevivir, tiene que dejar las sensiblerías de lado, pero… pero lo que nos hace seres humanos es la amalgama de sentimientos y emociones que destilamos.

En mi opinión personal, la novela carece de la empatia necesaria para que uno se sienta identificado con su protagonista.

LOS ZOMBIES DE LA NOVELA

Los clásicos de siempre. Lentos, torpes, peligrosos en número. Aunque por momento pareciera ser que tienen un leve atisbo de inteligencia (uno de ellos teclea una clave para abrir la puerta de acceso al bunker donde se esconde nuestro soldado y sus amigos).

No puedo agregar nada mas a los no-muertos presentados en este libro.

HECHO DESTACADO Y NO VISTO EN NINGUN LIBRO DEL GENERO Z HASTA AHORA (al menos, que yo recuerde)

Al caer la Civilización, el gobierno yanqui decide usar armas nucleares para “esterilizar” las zonas infectadas por muertos vivientes, aun a costa de matar a los sobrevivientes humanos que todavía quedan en las ciudades condenadas en el proceso. No creo haber visto ninguna novela en donde se usara el arsenal nuclear. De hecho, siempre me pareció extraño que las superpotencias, en las novelas del Genero Z, nunca llegan a arrojar misiles atómicos contra los países que son “foco de infección” para sanitizar la zona. Claro que sé que no serviría de nada y solo dejaría a la Tierra más dañada de lo que ya está, pero es extraño que la paranoia armamentista norteamericana brille por su ausencia en algunas novelas y ni un solo misil nuclear sea lanzado.

No es el caso de esta novela. Aquí sí se usan armas atómicas y el resultado es ciudades devastadas y carbonizadas… y cero daño para los zombies que no estuvieran en el rango directo del impacto.

EN SINTESIS: ¿LIBRO BUENO O REGULAR?

Ni uno ni lo otro y a su vez, ambos. Está bueno, pero también está regular. A lo mejor es que a mí me gusta encontrar en las historias de zombies mucho de la parte humana… qué sé yo. De hecho, es por una de las razones que me gusta la serie de TV “The Walking Dead”. La calidad humana, el centrarse en los supervivientes, mas que en los muertos andantes…

De todas maneras, sobre gustos… ya saben como es el dicho.

Cómprense el libro. A lo mejor les gusta, a lo mejor no, pero no puede faltar en su colección Z.


Saluditos! ^^

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Diario de un Zombi, de Sergi Llauger

“Diario de un Zombi” nos transporta a un mundo enterrado bajo las cenizas de la devastación, barrido por una pandemia de proporciones delirantes, donde el ser humano se ha extinguido casi por completo. Pero lo que hace diferente a esta historia es que los hechos están narrados desde una perspectiva muy peculiar. No en vano, el protagonista es un zombi, que por causas, de momento, desconocidas, conservó su conciencia después de su transformación.
Tras unos primeros capítulos en los que se presenta al personaje, se empieza a desarrollar una historia de redención, de valores humanos y, sobre todo, de una insólita amistad, cuando el comportamiento frío, cínico e insociable de Erico, el protagonista, va cambiando asombrosamente después de conocer a una solitaria y misteriosa niña superviviente de 8 años de edad. Poco a poco, y a lo largo de una épica aventura juntos, Erico conseguirá conectar de nuevo con su lado más humano, recobrando aquellos recuerdos y sentimientos que no experimentaba desde los tiempos en los que la sangre corría con lozanía por sus venas.
“Diario de un zombi”, ambientada gran parte en una Barcelona post-apocalíptica, ofrece al lector una agradable lectura que arrancará sonrisas y lágrimas por igual. Un soplo de aire fresco en el que el género se reinventa como jamás se hubiese podido imaginar.

MI OPINION DE ESTA NOVELA

Hay libros que son mágicos.

Hay libros que cuando los lees, descubres en ellos un mundo fascinante, una narración excelente, una forma de contarnos una historia de manera magistral…

“Diario de un Zombi”, del autor español Sergi Llauger es uno de esos libros.

Es la historia contada en primera persona por Erico, un zombie que por un motivo que no pienso revelar para no destripar la trama (jejeje) consigue mantener intacta su conciencia y raciocinio después de convertirse en muerto viviente. Un personaje FASCINANTE si los hay, déjenme decirles.

Pero la historia de Erico, este particular “zombie inteligente”, es solo la punta del iceberg de una trama mucho más compleja, mucho mas humana...

Es la historia de un Monstruo que NO es Monstruo. De alguien ajeno a la Humanidad que busca y ansia recuperarla. De alguien que pareciera no tener nada para perder, pero que sin embargo arriesgara TODO por nosotros.

Pocos libros han conseguido llegarme al alma de la forma en que este lo ha hecho. No solo está tan bien narrado, sino que describe a la perfección los sentimientos y las emociones de sus personajes. Uno siente lo que Erico siente, uno se preocupa por lo que Erico se preocupa… en síntesis, uno empatiza con él.

Luego, está Paula, esa simpática nena… Mientras leía, me imaginaba a la actriz estadounidense Dakota Fanning (cuando era pequeña) interpretando su papel. Creo que le caería como anillo al dedo.

Si Erico es fascinante, Paula es… es… es una pequeña y maravillosa nena de 8 añitos que sin embargo, se comporta como una adulta. Una valerosa nena. ¡Por las cosas que tiene que atravesar en esta novela! Y, pese a todo, allí sigue, hacia delante, junto con Erico.

Juntos emprenden la búsqueda que podría traer la salvación a lo que queda de la raza humana, en aquel mundo devastado e infectado de zombies. Una búsqueda que no estará para nada exenta de peligros…

LOS ZOMBIES DE LA NOVELA

Son los clásicos de siempre. Lentos, torpes pero aun así, peligrosos en numero. De todo ellos, solo Erico es capaz de razonar como un humano normal… bueno, habría que decir “mas que un humano normal”. La valentía de Erico realmente es algo a destacar.

LOS VILLANOS

Toda buena novela que se precia de tal tiene un par de buenos villanos. Los primeros en aparecer en el libro son los llamados “Arcángeles”. Son unas especies de híbridos zombie-cyborgs. El parentesco inmediato con el “Némesis” de Resident Evil es evidente. Creo que el autor quiso homenajear a esta saga poniendo a estos personajes aquí…

Son pesadas maquinas de matar, liberados por “vaya uno a saber quién” para exterminar tanto a sobrevivientes humanos como a los zombies. Guerreros perfectos, con una sola idea fija: destruir TODO lo que se ponga a su paso… vivo o muerto.

El siguiente villano en aparecer en el libro es uno solo, pero vale por muchos más. Su nombre es Antares y es la Maldad encarnada en un ser humano…

Un tipo astuto, pero peligroso. Un autentico psicópata que pondrá a Erico y a Paula en un gran, GRAN peligro.

¡Ah! ¡Como odio a Antares!

El autor de esta novela es un genio. Si un escritor consigue que sus personajes lleguen al alma de la gente, que sientas amor u odio por ellos, es tarea cumplida para él.

Si Erico y Paula despiertan la simpatía inmediata del lector, Antares hace todo lo contrario. No solo mete miedo por lo perturbado que está, representa lo PEOR de nosotros mismos, como seres humanos.

Creo que queda más que claro cuando Erico se encuentra con Antares quién es en verdad EL MONSTRUO entre los dos… y no es precisamente Erico.

EN SINTESIS: ¿LIBRO BUENO?

Excelente. Maravilloso. Fenomenal.

Es una historia de zombies bien escrita, bien contada. Con emociones y sentimientos de sus personajes que te llegan, que te tocan profundamente. Es un libro que recomendaría a todos los amantes del Genero Z y a los que no lo son, por lo bueno que es.

La calidad humana de la historia, esa es la mejor parte de todas.

Y el final… sorprendente también. Aunque, desde aquí quiero hacer llegar a su autor no solo mis más sinceras felicitaciones por tan magnifica Obra de Arte literario, sino mí pedido personal: no continúes la historia.

Regálanos “ese” final. Que sea el final-final de esta historia… el broche de oro de esta novela tan buena...

:::Suspiro:::

Libro altamente recomendable. ¡Cómprenlo sin temor, señores y señoras! No pueden perdérselo.

Un gran saludo a todos! ^^

lunes, 7 de noviembre de 2011

Superman: Man of Steel (Tres)

3

Primer trabajo

Edificio del diario “El Planeta”.
Momentos después…

Clark entró en el vestíbulo principal del edificio del mejor periódico metropolitano y se quedó sin aliento. Todo a su alrededor emanaba un aire de soberbia y gallardía. Arte antiguo y contemporáneo, mezclados.
Preguntó en Recepción por las oficinas de Redacción del diario. Varios pisos mas arriba, le dijeron. Tomó el ascensor junto a un grupo de personas que iban al mismo sitio.

Sin duda, trabajadores del periódico.

Esperaba poder ser otro más de ellos.

La Redacción lo recibió con el usual alboroto mañanero. Gente yendo y viniendo entre las mesas, tecleando en sus computadoras o pasándose fotos de algo. Lo normal en cualquier oficina de un periódico respetable.
Clark todavía no sabía bien donde quedaba el despacho del Editor del diario, así que decidió preguntárselo a la primera persona con la que se cruzó: un joven pelirrojo atareado en hacer funcionar una fotocopiadora…
-¡Oh, vamos! ¡No me hagas esto! – dijo el muchacho, viendo como la maquina se negaba a funcionar bien - ¡Mierda! El jefe va a matarme si no le entrego la fotocopia que me pidió. ¡Funciona, cacharro del demonio!
-Este… disculpa – interrumpió Clark – estoy buscando la oficina del señor George Taylor.
-Ah... – el chico lo miró, un poco sorprendido – Es por allá, pero me temo que el jefe está en reunión ahora con el vice-editor y nuestra reportera estrella. Tendrá que esperar, señor…
-Kent. Clark Kent – se presentó. Le tendió una mano. El joven se la estrechó.
-Me llamo Olsen… James Olsen. Pero todos acá me conocen como Jimmy… o Jimbo. Escoja el que mas le guste – sonrió.

Clark asintió. Le cayó simpático al toque aquel chico. Parecía ser una buena persona.

-Bueno, señor Kent… pase y espere su turno. Es por allá – Jimmy señaló al fondo de la Redacción – Y suerte… cuando el señor Taylor, su vice y nuestra reportera estrella discuten, duran largo rato.
Clark agradeció a Jimmy y lo dejó peleándose con la fotocopiadora. Al fondo de la Redacción estaba el despacho del Editor del periódico, con la puerta cerrada.

El cartel de la misma rezaba: “GEORGE TAYLOR – EDITOR EN JEFE”.

Clark suspiró y tomo asiento en una silla libre cercana. Con su maletín en las manos, esperó.

-¡Por el fantasma del Cesar, Lois! ¡No puedes ser tan cabezadura! – escuchó decir dentro de la oficina.
-¡No soy cabezadura, Perry! Soy realista – respondió una voz femenina – Detrás de estos sucesos hay una noticia. ¡Lo sé! ¡Mi olfato de periodista me lo dice!
-¡Puras tonterías! ¿Piensas darle crédito a los delirios de unos locos? ¡Somos un periódico serio, Lois! ¡Reacciona! ¡No somos un tabloide sensacionalista!

Hubo una pausa en la discusión. La tal Lois se dirigió a una tercera persona en la habitación.

-¿Qué dice, jefe? Yo sé que usted también puede verlo… olerlo. Detrás de esto hay una primicia.
-Lois… No es que no confíe en tus instintos periodísticos, pero creo que Perry no se equivoca… y antes de que me repliques, te recuerdo que White tiene más experiencia de campo que tú en esto. Por algo es vice-editor de este periódico.
-¡Dios! ¡No lo puedo creer! ¡Jefe! ¡Vamos! ¡Solo le pido que me de UNA oportunidad! Lo investigaré y vera que…
-No, Lois. Está vez Perry tiene razón. Ninguna de las historias contadas por los testigos tiene base sólida. Ante todo, está la credibilidad de este periódico. La llevamos orgullosos sin manchas desde que se fundó.
-¡Maldición! ¡Muy bien, muy bien! ¡Como quieran! ¡Pero si la competencia nos roba la primicia, no quiero lamentos! Solo diré: “se los dije”.

La discusión acabó abruptamente. La puerta de la oficina se abrió y una hermosa mujer de cabello negro y el ceño fruncido salió, hecha un huracán.

Por instinto, Clark se puso de pie y se la quedó mirando, embobado. La vio alejarse entre la gente de la Redacción hasta un escritorio, delante del cual se sentó resoplando del enojo que sentía.

“Dios. Es guapísima”, pensó, sin poder evitar mirarla desde la distancia. Una voz rompió su contemplación ensoñadora…

-¿Quién es usted? – le preguntó con cierta brusquedad un hombre en la puerta del despacho. Tomado por sorpresa, Clark se volvió, acomodándose los lentes.
-Si, perdone – carraspeó – Soy Clark Kent. Tengo cita con el señor Taylor. ¿Cree que esté disponible?
-Ah… Kent. Te estábamos esperando. Adelante – el hombre lo invitó a entrar – Soy Perry White, sub-jefe de Redacción.
-Mucho gusto.
Le tendió la mano para saludarlo, pero White no respondió al gesto. El que sí lo hizo fue su jefe, George Taylor. Estaba sentado detrás de su escritorio y miraba al recién llegado con aire paternal.
-…Y aquí tenemos aire fresco, sangre nueva para nuestro periódico, Perry – dijo – Un gusto conocerte en persona, hijo. Por favor, toma asiento.
Así lo hizo. White cerró la puerta de la oficina y se quedó de pie, medio distante. Evaluaba al nuevo con la mirada.
-Vamos al grano – Taylor abrió una carpeta. La leyó un momento – Tienes un excelente currículo, hijo. Estoy maravillado. ¿De donde dices que vienes?
-Smallville, señor. Una pequeña localidad de Kansas.
-¿Granjero? – intervino White.
-Mis padres lo eran. Yo heredé la granja – Clark bajó la mirada un momento – Ellos… ellos… fallecieron hace tiempo.

Se produjo el silencio. Taylor miró a White con reprobación. Este se encogió de hombros.

-Un currículo excelente – retomo el Editor – Pocas veces he visto uno así – White carraspeó – y creo que mi sub-jefe de Redacción tampoco. Te felicito, hijo.
-Gracias.
-Perry, muéstrale su escritorio y preséntalo al personal, por favor.
Clark abrió los ojos como platos. Taylor sonrió ante tal reacción.
-Perdón, señor. ¿Eso quiere decir que…?
-Estas contratado, por supuesto. Ve con Perry. Él te presentara al resto de la tropa.
-Vamos – le dijo White, abriendo la puerta del despacho y guiándolo – Acompáñame.

* * *

-Okay. ¡Atentos todos! – pidió White. Media Redacción se paralizó.
Tener cientos de pares de ojos sobre él lo pusieron nervioso, pero Clark lo disimuló bastante bien.
-Les presento a Clark Kent. Es nuestra nueva incorporación. El jefe quiere que lo traten como se merece un compañero: ¡respeto y dignidad!
Hubo muchos “hola” tímidos, unas cuantas sonrisas de cortesía y todo mundo reanudó su trabajo. White mostró a Clark su escritorio de trabajo. Estaba casualmente delante del de la chica llamada Lois.
-Lois, tu nuevo compañero de trabajo – indicó White, sonriendo irónicamente – Espero que se lleven bien.

Lois Lane miró al recién llegado con frialdad. Clark se acomodó los lentes de nuevo y le sonrió, amistoso.

White se marchó. Antes de irse, le indicó a Olsen que llevara al nuevo periodista a recorrer las instalaciones. Jimmy aceptó, encantado. Habló con Clark una vez su jefe se fue y éste colocaba sus cosas en su escritorio.
-Lo felicito, señor Kent. Debe ser usted un excelente reportero. De otro modo, el señor Taylor no lo hubiera contratado tan rápido.
-Digamos que tuve un buen desempeño de profesión allá en Kansas…
-Más te vale conservarlo aquí también, granjerito – dijo Lois, sacando un cigarrillo y fumándoselo – Metrópolis no es Kansas, ¿sabes?
-Eh… Señorita Lane… el cartel – Jimmy señaló hacia una pared, donde había colgado un cartel de “prohibido fumar”.
-¡Uf! Está bien, está bien. Veo que hoy no es mi día… - Lois se marchó. Se dirigió hacia las escaleras.
-Va a la terraza – informó Jimmy a Clark – Es su lugar favorito para fumar cuando no puede hacerlo aquí.
-Una persona muy… singular.
-Y que lo diga. Lois es la reportera estrella de la que le hablaba. Es la mejor de este periódico. Una reputación que le gusta mantener – hizo una pausa. Miró a Clark – Está molesta con el jefe porque no la dejan cubrir las noticias sobre el justiciero.
-¿El justiciero? – enarcó una ceja. De modo que así era como aquellos periodistas lo llamaban.
-Cierto que usted es nuevo en la ciudad – se disculpo Jimmy – Vera, hace un tiempo, un misterioso hombre viene ayudando a las personas. Evita atracos, salva a la gente de accidentes y un sin fin de cosas mas. No se sabe bien quien es ni de donde vino, pero las historias cuentan muchas cosas sobre él que… bueno, cosas muy curiosas.

Clark permaneció en silencio, inexpresivo.

-Dicen que tiene poderes – continuo Olsen – Que las balas rebotan en su piel – bajó el tono de la voz – Si, sé que suena a locura, delirio, pero ese hombre tiene algo. Desbarato él solito a los Dragones Púrpuras, los peores delincuentes del Distrito Suicida, uno de los barrios mas problemáticos de Metrópolis. Lois cree que tras los rumores de esta “Leyenda Urbana” se esconde una noticia, una que vale la pena indagar, pero ni el señor Taylor ni el señor White lo ven si. Por eso ella anda últimamente de mal carácter.
-Ya. Entiendo.
-Pero no crea que siempre es así. Lois es una buena, excelente persona. Solo que es un poco… tozuda. Es todo.
-Comprendo, comprendo.
Clark quería preguntar “¿está en pareja?” pero tuvo a bien en no hacerlo. Le gustaba Lois, pero no quería hacerse grandes ilusiones con eso.

Su historial amoroso no era precisamente exitoso.

“Prudencia ante todo”. Otro consejo sabio de Pa Kent, que él llevaría a la práctica con aquella mujer.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Superman: Man of Steel (Dos)

2

Orígenes

Metrópolis. Interior de un departamento.
Al amanecer.

Clark Kent estaba agotado. Hacía horas que no dormía y el patrullaje nocturno le había insumido trabajo.
En concreto evitó cuarenta robos, trece asesinatos y un intento de violación. No parecía mucho, pero cuando se lo media con cuatro o cinco semanas de la misma actividad, sin pausa salvo las usuales para necesidades fisiológicas, se volvía extenuante.

Podía ser un superhombre, pero en el fondo, era más hombre que súper.

Y considerando que eran sus primeros pasos en aquella ciudad, mas le valía ir con cuidado, si no quería que le descubrieran.
Estaba armando un jaleo allí; él mismo lo reconocía. Con toda esa actividad superheroica estaba seguro de que la Prensa no tardaría en hacerse eco del caso. Que rayos. De todas formas, no había manera de evitarlo…

Lo bueno era que, al menos, él estaría allí para supervisarlo.

Se aseó. Tomó una calida ducha reconfortante y se afeitó. Luego se dedicó a elegir cuidadosamente el traje que iba a usar para su primera entrevista de trabajo en esa ciudad.
Recordaba con cariño el viejo consejo de Pa Kent. “Hijo, la primera impresión es lo que cuenta… trata siempre que la tuya sea educada e impecable”.
Sonrió. Extrañaba a su padre. Siempre tenia la palabra justa para cada ocasión. Lo mismo que su madre.

Suspiró. Mientras se vestía, pensaba en cuan orgullosos hubieran estado de verle ahora. Su madre, sobre todo. Ella siempre decía que llegaría el día en que su muchacho crecería, se volvería todo un hombre y volaría, listo para encontrarse cara a cara con su destino.

Frunció levemente el ceño. No le gustaba volar. Lo hacía sentirse siempre tan raro. Menos humano.

Prefería correr. O saltar. O ambos. Sabía que la supervelocidad era preferible a andar dando tumbos por el aire y encima, estaban los rascacielos; Metrópolis los tenía a por montones.

Smallville era diferente.

Hectáreas y hectáreas de campo.

El lugar perfecto para refinar sus poderes.

Volvió a fruncir el ceño. “Poderes” era una palabra ostentosa, pero no tenia otra con que definirlos.

Terminó de colocarse la camisa y el pantalón. Se hizo el nudo de la corbata tal y como Pa Kent le enseñó.

Él sabia que por mas que lo intentara nunca lograría encajar. La Humanidad pura y real le estaba velada.
En momentos como esos, se sentía miserable. No había otros como él en el mundo. Estaba seguro, lo sabia. No existían otros miembros de su raza en la Tierra.
Era el único. Todo cuanto quedaba de un planeta y una cultura extinguida.

Sonrió con pesar. Pa y Ma Kent se lo ocultaron durante años, pero él sospechaba la verdad.

Sabía que era adoptado.

A los dieciséis tuvo su certeza. Es decir, desde que tenía memoria recordaba poseer aquellos… poderes. Pero una cosa bien distinta es saber cuales eran las causas y saber su lugar de origen verdadero.

Lo supo cuando Pa Kent le mostró la nave en que vino a la Tierra.

La tenia escondida en el granero, tapada con una lona vieja.

En la nave había un dispositivo. Se activó cuando lo tocó: una imagen holográfica lo saludó. Un augusto hombre vestido de blanco, con una sonrisa afable y cariñosa en su rostro le habló, en perfecto inglés, explicando quien era él, de donde venia y por qué estaba en la Tierra.

Kryptón. Jor-El, Lara… Kal-El. Nombres que se grabaron a fuego en su memoria. Los acompañó una vivida y bonita imagen que representaba su planeta natal, sustituida mas tarde por una gran catástrofe de la que él era el único sobreviviente. Y eso, gracias a su padre… su verdadero padre.

Jor-El.

“Sé fuerte y valiente, Kal-El”, le dijo el holograma, “Sé sabio, hijo mío. En la Tierra, bajo un sol amarillo, tendrás enormes poderes. Grandes habilidades. Tal vez llegue el momento en el que te sientas solo. Nunca lo estarás. Mi amor y el de tu madre te acompañaran vayas donde vayas. Usa tus poderes. Ayúdalos. Kal-el, son buenas personas… pero necesitan que los guíes. Sé su luz. Sé su fuerza. Hijo… mi amado hijo… Recuerda siempre que te amamos y que lo que hicimos al enviarte con ellos es demostración de ese amor. Cuídate y cuídalos… Adiós, Kal-El”.

La bella imagen holográfica culminaba con la aparición de una mujer, vestida también de blanco, que se abrazaba con Jor-El y parecía mirarlo en la distancia, a través del abismo de tiempo y espacio que los separaba.

Lo supo. Era Lara.

Su verdadera madre.

Cuando los hologramas se desvanecieron, la realidad volvió ante sus ojos. Pa y Ma Kent lo observaban, con lágrimas en los ojos…
-Ahora sabes la verdad, hijo. Si nos odias por ocultártelo todos estos años, no puedo culparte – le dijo él – Solo queremos que sepas que hicimos todo el esfuerzo por hacer de ti alguien de bien… y que te amamos. Simplemente, te amamos… como si fueras nuestro desde nacimiento.

En el presente, Clark Kent lloró en silencio, recordando lo que a continuación hubo hecho…

Cuando Pa Kent le dijo esas palabras los abrazó a ambos y con iguales lágrimas en los ojos, les dijo:
- eres mi padre y eres mi madre. Los amo a ambos. Es lo único que me importa.
Los tres se estrecharon entonces en un calido abrazo, sintiendo que nada que dijera una imagen generada por computadora podía romper con ese vínculo.

…Y nada lo hizo en los años restantes, salvo la muerte. Primero la de Pa y luego la de Ma.

Los sepultó a ambos con el corazón sobrecogido, pero decidido a honrarlos para siempre por sobre todas las cosas.

Usar sus poderes para ayudar a la gente era una manera.

Bien, lo del traje oscuro, la gabardina y la “S” en el pecho eran invenciones suyas, pero creyó mejor usar aquello en lugar de las ridículas mallas que en un principio pensó en llevar puestas.
Quería ser un héroe, un campeón, un justiciero. No un payaso de circo con el calzoncillo encima de la ropa, por Dios santo.

Se rió. Secó las lágrimas de su rostro y luego, se colocó la parte superior de su traje. Se miró en un espejo.

-Parezco Testigo de Jehová – comentó, en voz alta. Su ocurrencia le causo gracia. ¿Y si en vez de que los Kent lo encontraran hubieran sido otros? Sin duda, cualquiera podría especular cómo hubiese sido su vida entonces.
-Ya estoy otra vez – se dijo – distrayéndome. ¡Voy a llegar tarde! – y mirando a su reflejo - ¡Reacciona, Clark! Hay que ir y probar suerte. Como mamá solía decir: “El hombre propone y Dios dispone”.
Tomó las gafas falsas. Se las colocó en la cara. Se le veían ridículas, es verdad, pero necesarias. Lo tenia bien observado.

Los tipos con anteojos pasaban bien desapercibidos.

Bueno, al menos eso esperaba. Era lo único de él que en ese momento constituía un “disfraz”. Quería ser el alter-ego, lo opuesto a lo otro.

Justiciero de noche. Periodista de día. Sonaba justo. Equiparable.

Tomó su maletín con sus papeles y salió del departamento. Era hora de ir a probar si tenía suerte…

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Superman: Man of Steel (Uno)



REPARTO

Tom Welling....................Clark Kent/Superman
Erica Durance.......................Lois Lane
Aaron Ashmore....................Jimmy Olsen
Kevin Spacey......................Lex Luthor
Cassidy Freeman..........................Tess Mercer
Michael McKean.......................Perry White
Frank Langella.........................George Taylor
Arnold Schwarzenegger............................John Corben/Metallo
Marlon Brando...................Jor-El
Helen Slater.......................Lara Lor-Van
Julian Sands........................Alcalde Sullivan

ESTRELLA INVITADA

Allison Mack, como Chloe Sullivan


1

Un Superhombre en Metrópolis

Metrópolis. En un callejón.
Distrito Suicida. Noche.

La mujer estaba acorralada. Con la espalda apoyada contra la fría pared de ladrillos del callejón se apretaba inútilmente en un vano gesto de protección. Ante ella, un nutrido grupo de punks se congregaba, amenazante.

Sonreían, siniestros. Ninguna de sus intenciones eran buenas.

-Por favor… por favor… - pedía ella, temblando como una hoja. El que parecía el líder de la banda se adelantó. Sostenía una navaja filosa en la mano.
-Preciosa, ¿no te dijeron que por las noches el Distrito Suicida es peligroso? – le dijo – Este es territorio de los Dragones Púrpuras. Tienes que pagar peaje, cariño – le guiñó un ojo – Ya sabes a qué me refiero.
-Por favor… yo no...
-¡Quitate la ropa! ¡AHORA!

El miedo helado que la mujer sentía le recorrió por toda la espalda. No parecía haber escapatoria. Aquellos sádicos enfermos sonreían como hienas, con ansias.

Iban a violarla.

-¡Déjenla! – gritó una voz, con fuerza.
Todos miraron en dirección de donde había venido, sorprendidos. ¿Quién era el que se atrevía a darle órdenes a los Dragones?
Había un hombre parado sobre el tejado de un edificio vecino. Era alto y vestía con una gabardina negra. Miraba a los punks sin temor…
-¡Déjenla en paz! – dijo. Dio un salto y con grácil acrobacia, cayó entre los delincuentes y la mujer, interponiéndose entre ellos y su victima.
-¿Qué diablos…? – el líder de la banda retrocedió un paso - ¿Quién demonios eres tú? ¿De donde saliste? – preguntó. Miró al sujeto. El misterioso individuo llevaba puesta una camisa negra con un símbolo en el pecho. Una “S” blanca relucía en él.
-¿Quién mierda eres tú? – volvió a preguntar. No obtuvo más respuesta que una fría y penetrante mirada del otro. Estaba plantado ante el grupo como una estatua de mármol – No importa… ¡Seas quien seas, estas muerto! ¡¡A él!!

Los punks sacaron sus armas. El hombre esbozó una media sonrisa. Avanzó hacia ellos sin miedo.

Abrieron fuego. Pistolas y escopetas restallaron en la noche. Todas las balas dieron en el blanco, pero ante la insólita mirada de los delincuentes rebotaron como si nada una vez hicieron contacto con el cuerpo del extraño.

-¿¿Qué es esto?? – exclamaron, aterrados.
-Mi turno – dijo el misterioso de la “S” en el pecho y entonces sus ojos brillaron con una luz roja.

De inmediato, las armas de los pandilleros se derritieron, se fundieron en sus manos. Hubo gritos de sorpresa y alarma. Nadie entendía nada.
Pero el enigmático héroe no había acabado. Moviéndose a una velocidad extraordinaria, se encargó de la banda propinándoles golpes y puñetazos contundentes.
No tardó en termina con ellos. Solo el líder quedó de pie. Con mudo asombro vio como todos sus hombres yacían inconscientes, desparramados por el piso.
-¡¡Maldito!! – gritó. Con su navaja lo atacó. Se la incrustó en el pecho, viendo con pasmo cómo la hoja de la cuchilla se partía por la mitad.
-No puede ser… no puede ser – repitió, mirando al otro con terror - ¡No eres humano!
-Francamente hablando… no.
Aferró al líder de los delincuentes con sus manos y lo revoleó en el aire como un muñeco de trapo. Lo metió en un contenedor de basura y cerró la tapa encima suyo.
-¿Se encuentra bien? – el héroe se dirigió a la mujer, muda testigo de la batalla que se había desarrollado. Ella no contestó. Estaba conmocionada, casi en shock.

Una sirena se sintió, cercana. Dos coches patrulla se asomaron a la salida del callejón.

-No tema. Ellos la ayudaran – le dijo a la mujer – Debo irme.
Se produjo un ventarrón. En un instante el hombre se esfumó a supervelocidad justo cuando dos oficiales de policía se acercaban, las armas en alto.
-¡Dios mío! – exclamó uno de los agentes de la Ley, al ver el tendal de cuerpos en el suelo - ¡Son los Dragones Púrpuras!
-¿Pero como puede ser? ¿Quién les hizo esto? – preguntó su compañero. Vio a la mujer en el fondo del callejón. Se acercó a ella - ¿Señorita? ¿Está bien?
-Yo… si, si. Estoy bien.
-¿Vio lo que pasó? ¿Quien hizo esto?

La mujer no pudo responder. Tartamudeó, pero entonces sorprendió a los policías al sonreír repentinamente.
-¿Señorita?

-Superhombre – dijo, convencida – Ha sido un superhombre.