miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ausente por fuerza mayor

Por el motivo de que mi abuela está internada y en gravísimo estado de salud (el pronóstico es negativo, totalmente) me voy a ver ausente de este blog al menos, hasta mas o menos el mes que viene. A aquellos que vienen leyendo el Fanfiction que voy publicando, les pido mil disculpas. La historia continuara fielmente a postearse el mes que viene, si Dios quiere y mi ánimo me lo permite.

A todos aquellos que quieran saber un poco más cómo es el tema de salud de mi abuela, echen un vistazo a mi otro blog de “Vida Real” y se enteraran cuan de mala es la situación.

No tengo nada más para decir. Saludos y nos leemos.

FEDERICO H. BRAVO

martes, 20 de diciembre de 2011

Monster Nation (Cinco)

5

-¿Nombre?
Silencio. No hubo respuesta.
Angela resopló. Sabía que ese iba a ser un paciente difícil. No imagino que lo seria tanto.
-Te llamas Michael Myers – apuntó.
El asesino de la mascara de plástico no dijo nada. Unos ojos claros se clavaban en los de Angela sin revelar emoción alguna.
-De acuerdo con los datos del difunto Dr. Loomis, mataste a muchas personas, empezando a edad muy temprana. ¿Qué te empujó a hacerlo?
Silencio. Solo la respiración de Myers. Angela probó otro enfoque:
-¿Escuchas voces, Michael?
Silencio.
-¿Te urgen a matar? ¿Es por eso?
Silencio.
-¿Por qué en Halloween siempre? ¿Por qué esa mascara?
Silencio.
Angela volvió a resoplar. Se sacó los lentes y se masajeó los ojos, agotada. Miró hacia un panel de vidrio cerca e hizo un gesto de impotencia.
-Continúe, doctora – dijo Hammond, desde el otro lado, mediante un parlante. Presenciaba el interrogatorio en una sala contigua.
-¿Por qué siempre buscas matar a tus parientes mas cercanos? – siguió insistiendo la doctora - ¿Por qué en Halloween?
Silencio.
Angela se rindió.
-Doctor, no da resultado. El paciente no coopera – se quejó.
-Quizás el señor Myers necesite un incentivo…
A las palabras del científico le siguió un choque eléctrico desde el collar que el asesino llevaba puesto. Myers cayó al piso. Fue recogido por los guardias de seguridad y apostado en su silla, a la fuerza.
-Quítenle la mascara – ordenó Hammond – Quiero ver su rostro.
El científico se relamía con expectativa, mientras despojaban a Myers de su disfraz.
Angela sofocó una expresión de sorpresa. Esperaba ver otra abominación oculta tras el látex; sin embargo, lo que vio la asombró más. Michael Myers sin la mascara solo era un hombre común y ordinario. Un tipo de rostro inexpresivo y ojeroso, que le devolvió la mirada.
Nada más.
-Maldad pura – dijo el Dr. Hammond, deleitándose – Así lo llamó el Dr. Loomis.
Angela pestañeo. ¿Acaso lo que intentaban decir era que el rostro del mal más puro solo era el de un hombre ordinario y común? No se lo podía creer.
Myers alargó una mano encadenada hacia el guardia que le había birlado su mascara. Se la puso de nuevo.
-Déjenme en paz.
Las palabras, surgidas espontáneamente de una garganta acostumbrada a no emitir sonido, sonaron claras. Angela dio un respingo.
Era la primera vez en muchos años que Myers decía algo.

* * *

La entrevista con Jason Voorhees no se hizo. Fundamentalmente porque aprovechándose de un descuido de uno de los celadores que lo cuidaban, el gigante no-muerto lo mató torciéndole la cabeza.
Hizo falta media docena de hombres para contener al asesino. Cuando fue reducido, estaba tan encadenado que no se podía mover, siquiera.
Tachado de la lista Jason y al no existir mas Chucky (el muñeco maldito fue incinerado hasta ser cenizas, según le dijeron) la siguiente paciente en la lista de Angela fue Drusilla.
La vampiresa se sentó despreocupadamente delante de ella canturreando una canción infantil. Al principio, la doctora creyó que no hablaría con ella, pero luego se hizo patente que la mujer de piel blanca deseaba contarle algunas cosas…
-Mi Ángelus era tan maravilloso… aunque mi Spike fue el mejor niño de mami – hizo un puchero – Hasta que se fue con la Cazavampiros.
-¿Lo extrañas?
-Hum… a veces, sueño con él. Con las noches que compartíamos juntos – cerró los ojos, soñadora – Cuando solo éramos él y yo, y hacíamos todas esas matanzas… hum… extraño tanto esa época – Drusilla suspiró.
-Mataste a muchos – no era una pregunta, sino una afirmación. Drusilla asintió, poniendo cara de niña malcriada.
-Cientos… y bebí su sangre… rica y espesa sangre.
-¿No tienes remordimientos?
-¿Los tiene usted?
-No desviemos el eje de la charla. Hablamos de ti – la señaló.
-Angela, Angela, la doctora Angela… ¿A cuantos mataste? – canturreó la vampiresa, contoneándose en su asiento – Tris, tras, tres… huelo sangre de un inglés…
-Bueno, ya basta…
-Tris, tras, tres… huelo sangre de un inglés…
-Drusilla, basta ya.
-Tris, tras, tres…
-¡Basta ya!
– Angela se enfureció. Estaba harta. Presionó el botón del mando a distancia que tenia y Dru recibió un violento choque eléctrico.
La doctora abandonó la sala. Se encontró con Hammond y Dozer ni bien piso el pasillo.
-¡Dr. Hammond! ¡Esto es demasiado para mí! – se quejó.
-No me va a aflojar ahora, doctora. Recuerde que tiene usted un deber con su patria.
-¡Y un cuerno! ¡Me voy en este instante! – Angela quiso marcharse, pero Dozer se lo impidió, sosteniéndola con fuerza del brazo.
-No tan rápido – Hammond sonrió – No puede dejarnos así como así. Tiene usted un contrato gubernamental que cumplir.
-¡Ya veremos si a los peces gordos del Pentágono les gusta lo que usted hace aquí! ¡Está jugando con fuego, doctor! ¡Estas abominaciones, todas juntas, son un peligro!
-Los peces gordos, como usted los llama, están al tanto de mis investigaciones y la aprueban, Angela. Mis monstruos son la solución final para sus problemas. Colabore con nosotros, doctora. De lo contrario, podría sucederle algo desagradable… - hizo una pausa. Dozer sacó una pistola. Le quitó el seguro y la amartilló.
Angela se rindió. Bajó la vista, apesadumbrada.
-Excelente – Hammond hizo marchar su silla de ruedas por el pasillo – Dentro de poco, se viene la Fase 2 del proyecto. No debería perdérsela.
Hammond se marchó, junto con Dozer. Sola, Angela suspiró.
Estaba arriba del tren en marcha. Imposible bajarse ahora.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Monster Nation (Cuatro)

4

Pinhead miraba a la doctora sentada delante de él con frío interés. Angela, en tanto, mordisqueaba la punta de su lapicera, concentrada en la lectura de sus papeles. El cenobita aguardó. No tenía prisa por iniciar la entrevista. Le era indiferente el paso del tiempo.
-Okey – Angela suspiró – Capitán Elliot Spencer… ¿Es ese su nombre?
Pinhead no contestó.
La doctora lo observó. Suspiró de nuevo.
-Capitán Elliot Spencer… ¿Es ese su nombre? – repitió.
-No.
-Pero aquí dice que sí lo es – Angela le mostró una foto. Un hombre vestido de militar le devolvía la mirada en una toma vieja en blanco y negro - ¿Por qué niega su humanidad, capitán?
-No me llamo Spencer. Ni tampoco soy humano.
-¿Por qué? ¿Acaso porque admitir que alguna vez lo fue le hace sentir dolor?
Pinhead se indignó. Miró a la mujer con fuerza.
-¿Dolor? ¿Dolor? ¿Y que sabes TÚ del dolor, Angela? – preguntó - ¿Qué sabes del sufrimiento y la desesperación?
El cenobita hizo una pausa. La estudió con determinación. Sonrió, apenas, un segundo después.
-Sí. Sabes de ambas cosas. Sabes bastante – acercó su rostro hacia la mujer – Torturada durante veinte años por un padrastro alcohólico y abusivo; hija de una prostituta drogadicta. Perdiste la virginidad a edad muy temprana, ¿verdad?
Angela se quedó muda. Su rostro se puso cerúleo. Pinhead continúo.
-Sí, lo veo claramente… tus pecados – la sonrisa glacial se ensanchó – Mataste a un hombre. Pero primero, lo torturaste. Igual que tu papi hacia contigo… Dime, Angela, ¿lo disfrutaste?
La doctora cerró los ojos. Respiró por un momento para calmarse.
-Sí que lo hiciste – Pinhead se reclinó en su silla – y mucho. Serias perfecta entre los míos.
Angela lo ignoró. Se agachó y rebuscó en su bolso. Sacó una caja con inscripciones extrañas grabadas en sus caras.
-La Configuración del Lamento – dijo - ¿Quién la creo? ¿Cómo funciona?
Pinhead parecía desilusionado. Miró a la caja colocada sobre la mesa con poco interés.
-Ustedes saben como hacerla funcionar. De otro modo, yo no estaría aquí – replicó.
-Sabemos que es una especie de puerta, o llave de una puerta. ¿A que? ¿Qué hay del otro lado?
-El Cielo – el cenobita la miró sin pestañear.
-Por favor… colabore conmigo, o de lo contrario… - Angela se encogió de hombros.
-El Cielo – insistió Pinhead. Luego, agregó – o el Infierno. Depende de cómo lo mire… y lo que quiera creer.
-No quiero creer nada. Solo quiero la verdad.
Pinhead tomó despacio la caja. La acarició con ternura, con unos dedos largos, finos y blancos.
-La verdad es algo que pocos quisieran conocer – aseguró – El dolor y el placer van de la mano donde vengo. Los sentidos, van más allá de la muerte… Es la llave a un reino de carne y de sangre… de locura y coherencia… de hambre y lujuria – le devolvió la caja a Angela – Te está esperando, Angela. Desde siempre. Solo tienes que buscarlo. Solo tienes que… desearlo.
La doctora acarició la caja. Pinhead aguardó. Finalmente, la mujer la depositó en la mesa.
-Muy astuto – dijo – y tentador. Quizás, otro día – les hizo señas a los guardias para que se llevaran al cenobita. Este se marchó sin oponer resistencia.
-Cuando gustes, Angela – dijo – Te esperamos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Monster Nation (Tres)

3

Tiempo después.
Interior de un cuarto. Día.

Freddy entró en la habitación acompañado por dos fornidos guardaespaldas. Llevaba puesto un overol naranja, como de presidiario y las manos atadas con cadenas. No llevaba su guante con cuchillas.
-Bienvenido a la sesión de terapia, señor Krueger – lo saludó una mujer. Llevaba una bata blanca, gafas de montura metálica y cruzaba las piernas de manera sensual en su asiento – Soy la doctora Angela.
-Normalmente, te sacaría los ojos, tajearia tu piel y te follaria – replicó Krueger, tomando asiento en una silla delante de ella – Pero me sacaron mi herramienta favorita. ¿Qué le vamos a hacer? – sonrió, mordaz.
Angela se limitó a mirarlo con una semi-sonrisa en el rostro. Tomó un sorbo de café, agarró un bloc de notas y una lapicera. Cruzó las piernas en otra dirección.
-Frederick Charles Krueger – leyó – Oriundo de Springwood, Ohio, Norteamérica. ¿Edad?
-La que quieras, muñeca – el asesino sacó la lengua lascivamente. Parecía la lengua de un reptil. La doctora suspiró y se acomodó sus lentes.
-Muy bien… Y, dígame señor Krueger, ¿Cuándo nació su fijación con los niños?
-Ah… ¿Qué tenemos aquí? ¿Una perversita? ¿Quieres que te cuente todos los detalles, tesoro? ¿Cómo los trozaba, como chillaban, como la sangre salía a borbotones? – entrecerró los ojos, extasiado – Sí. Lindos días aquellos en ese poblacho de mierda.
Angela tomó otro sorbo de café. Anotó algo en sus papeles.
-Aquí dice que la Justicia lo atrapó. Que lo llevaron a juicio…
-Todos cometemos errores – se disculpó – El mío fue dejar muchas pistas – meneó la cabeza, compungido – Lo bueno es que uno aprende de sus errores – sonrió de nuevo. Angela pareció meditar un momento.
-Un abogado logró sacarlo – dijo – Y una turba enfurecida de padres decidió incinerarlo en la caldera donde usted trabajaba – hizo una pausa. Lo miró con curiosidad científica – Cuando su carne se asó y su piel se arrugó toda por el fuego, ¿Qué sintió? ¿Le dolió?
Freddy resopló. La ira volvía a aflorar en él. De no haber llevado las manos atadas y su guante de cuchillas, otra seria la historia.
-Te estas pasando, nena – advirtió – Yo que tú cuidaría esa linda lengüita que tienes.
-No está siendo muy colaborador, señor Krueger – se lamentó la doctora. Freddy estalló.
-¡Seré bien colaborativo cuando te arranque las tripas, puta barata! – gritó, irguiéndose de su asiento.
Angela ni se inmutó. Presionó el botón de un mando a distancia que llevaba encima. De inmediato, el collar que Freddy tenia puesto emitió un pulso eléctrico potente. Se desplomó en el piso, abatido. Los guardaespaldas que lo habían traído lo levantaron y volvieron a sentarlo en su lugar.
-¡Maldita! – siseó. Angela sonrió.
-Empecemos otra vez – dijo y tachó algo en sus papeles – Frederick Charles Krueger. Oriundo de Springwood, Ohio, Norteamérica. ¿Edad?
-¡Bésame el culo!
Otro choque eléctrico.
-¡Deja de hacer eso!
-Cuando decida colaborar, señor Krueger – Angela se reclinó en su silla - ¿Tiene familiares vivos?
Silencio. Freddy la miró con odio.
Choque eléctrico.
-¡BASTA! – aulló, sacudiéndose con violencia.
-Conteste las preguntas, entonces.
-¡No! ¡No tengo familia!
Angela levantó una ceja.
-Aquí dice que tenía usted una esposa y una hija. ¿Quiere hablar al respecto?
-No.
La doctora jugueteó con su mando a distancia. Freddy esperó el choque eléctrico de nuevo.
-Usted mató a su esposa, ¿verdad? Porque ella descubrió sus crímenes, su “doble vida”.
Silencio. Freddy no dijo nada.
-Respecto a su hija… - Angela consultó sus papeles – Tengo entendido de que fue a parar a un internado luego de su “muerte” y que, años mas tarde, se licenció en psicología. Y, corríjame si me equivoco, ella terminó enfrentándolo una vez y lo derrotó.*

* (Acontecimiento ocurrido en la película “Pesadilla 6: La Muerte de Freddy”. Nota del autor)

-Digna hija de su padre – murmuró Freddy.
-¿Perdón? ¿Qué dijo, señor Krueger? No lo oí…
-Que quiero un abogado – sonrió, burlón.
Angela suspiró. Activó el collar otra vez con su control remoto.
Choque eléctrico, una vez más.

martes, 13 de diciembre de 2011

Monster Nation (Dos)

2

Pinhead despertó pasados un par de horas dentro de una celda blanca sin muebles. Un rápido vistazo a la puerta de cristal reforzado del cubiculo donde estaba le dio una cabal idea de que de alguna forma inaudita, era prisionero.
Todavía llevaba el collar en el cuello. Intentó quitárselo, sin éxito.
-No sale – dijo una voz, en la celda contigua – Ya probé y esta maldita cosa de mierda está bien pegada.
Pinhead se acercó lentamente a la puerta de cristal. Echó una mirada inquisitiva a la celda vecina. Era igual que la suya.
Había una persona allí, atrapada como él… claro que, como él, no se trataba de un ser humano, pese a que alguna vez lo había sido.
Llevaba un sombrero sobre su cabeza y un jersey a rayas verdes y rojas desgarrado. En una de sus manos, un guante ribeteado por filosas cuchillas tamborileó el cristal, nerviosamente.
El sujeto le dedicó una sonrisa indolente al cenobita. Tenía todo el rostro quemado, con los músculos expuestos. De hecho, bajo la ropa, llevaba todo el cuerpo en iguales condiciones, pero aquello no parecía importarle en lo más mínimo; ni siquiera gritaba de dolor.
-Krueger – Pinhead lo reconoció. El aludido hizo una reverencia, sacándose el sombrero – No esperaba verte aquí.
-Yo tampoco, cara de pincho, pero así son las cosas – Freddy Krueger suspiró – Así que… ¿A ti también te atraparon?
Pinhead no respondió. Dirigió sus fríos ojos al lugar que los rodeaba. Tenía toda la pinta de ser una especie de prisión de alta tecnología.
-¿Dónde estamos? – exigió saber.
-¿Y como mierda quieres que lo sepa? – Krueger se reclinó contra el cristal reforzado, la mano sin el guante de cuchillas en el bolsillo de su pantalón – Yo solo sé que estaba persiguiendo a una linda nena por mi laberinto privado de los sueños, casi la tenia y de repente, ¡PAM! Me encuentro en el mundo real y con esta porquería en el cuello – chascó la lengua – una autentica putada.
-¿Somos los únicos? – siguió preguntando el cenobita. Freddy lo miró durante un largo rato. El tipo era frío, reconoció. Él estaba cabreado como un demonio por estar encerrado contra su voluntad y este “cabeza de clavos” era tan inexpresivo que le crispaban los nervios.
-Hay mas – respondió. Señaló a las siguientes celdas – Pero no esperes grandes charlas con ellos.
Pinhead miró directo enfrente suyo. Dentro de otro habitáculo exactamente igual al que estaba, un gigante de ropa raída y una mascara de hockey cubriendo su deforme rostro aguardaba, en silencio.
-Jason Voorhees – dijo el cenobita. Si se sorprendió, la emoción no asomó a su pétreo rostro - ¿Cómo…?
-No lo sé. A lo mejor el muy idiota perseguía a alguien por el bosque donde anda y también cayó en la misma trampa que nos tendieron a nosotros – Freddy lo miró con desdén – De todos los piojosos del infierno, era el ultimo que esperaba encontrar aquí – al ver que el cenobita le dirigía una mirada inquisitiva, sonrió, feroz – Larga historia. Él y yo no nos llevamos bien. Es por un asunto inconcluso del pasado. ¿Verdad, grandote? ¡Cuéntale acá al tío pincho como mierda arruinaste mi perfecto plan para volver a aterrorizar a Springwood hace algunos años!*

* (Acontecimiento ocurrido en la película “Freddy Vs. Jason”. Nota del autor)

Silencio. Jason lo miró a través de la mascara con sus ojos vacuos. Exasperado y furioso, Freddy lo insultó con cada mala palabra que conocía. Pinhead se cruzó de brazos, impávido.
-¿Hay mas? – preguntó.
-Ese de allá – con un dedo de cuchilla, Krueger señaló la celda vecina a la de Jason – pero parece un calco del otro idiota. Tampoco habla.
Pinhead observó. Un hombre enfundado en un overol de mecánico azul grisáceo, le devolvió la mirada desde atrás de una mascara de plástico blanca. Parecía tranquilo y sereno. Llevaba las manos entrelazadas a la espalda.
-Myers – dijo el cenobita. El asesino asintió, en completo silencio.
-Y eso no es todo… espera a ver al de la celda que sigue…
-¿Qué mierda te pasa, cara de queso derretido? – bramó un muñeco pequeño, con el rostro remendado a costurones - ¡Cuidadito cuando hablas de mí, grandísimo hijo de puta! ¡Te sacaré la lengua!
Freddy rió a carcajadas. Varias lágrimas escaparon de sus ojos.
-Lo siento, lo siento – se disculpó ante Pinhead – Es que… ¡Míralo! ¡Da risa! Esa muñeca se jacta de no sé cuantos crímenes.
-¡Soy un muñeco y para tu información, me llamo Chucky! – rugió el engendro - ¡Y cuando salga de acá, voy a meterte el guante con cuchillas en el culo!
Freddy le dio la espalda.
-Ignóralo. Francamente hablando, no puedo tomar en serio a un pariente de la muñeca Barbie mal cosido.
-¡HEY! ¡Te escuché, infeliz! ¡Te voy a matar! – Chucky golpeaba su menudo cuerpo contra la puerta de cristal de su celda, presa de la ira - ¡Te voy a trozar en tantos pedacitos que van a tener que recogerte con una pala!
Como toda respuesta, Freddy bostezó.
-Oh… el niño se ha enojado otra vez – dijo una voz femenina en otra celda contigua – Pobre, pobre muñequito triste. Extraña acuchillar y rasgar… ¡Ris, ris! Carne desgarrada… ¡Ris, ris! Sangre coagulada…
Pinhead enarcó una ceja. Freddy se encogió de hombros.
-La única mujer del grupo – dijo – Dice llamarse Drusilla. Es una vampiro.
Ante la mención de su nombre, la mujer se acercó a la puerta de la celda para que el cenobita la viera bien. Tenía el cabello negro, largo y sedoso. Era bella y su piel, blanca como porcelana fina. Llevaba puesto un vestido oscuro y se hacía más que patente que estaba totalmente loca.
-Tris, tras, tres… veo monstruos en el set – canturreó sin sentido, meneándose – Tris, tras, tres… todos juntos y al revés.
-Dios, está buenísima, pero está mas loca que una cabra – comentó Freddy, relamiéndose - ¿Ya viste que piel tan blanca? ¡Lo que daría por rasgarla toda!
Krueger hizo chirriar el guante por el cristal. Drusilla apenas le dedicó atención. Se puso a bailar suavemente al son de una música inexistente.
-De modo que, ¿no sabemos quien nos ha reunido? – preguntó Pinhead.
-¿Ves a alguien, a parte de nosotros? – Freddy señaló a todas partes – Por lo que sé esto podría ser obra de un loco… más loco que nosotros, quiero decir.
Pinhead evaluó aquello.
-No puedo ser detenido aquí – dijo – Hay asuntos mas importantes que requieren mi atención…
-Entonces me presentare a mí mismo y declarare mis intenciones – dijo un hombre en silla de ruedas a motor, acercándose por el pasillo contiguo a las celdas. El sujeto que había capturado a Pinhead le seguía, escoltados ambos por hombres armados.
Los asesinos sobrenaturales lo miraron con curiosidad. El hombre de la silla de ruedas era tan horrible y deforme como ellos: llevaba una cabeza con un cráneo totalmente desproporcional. Aun así, sonreía y sus ojillos vivaces contemplaban con deleite y suficiencia a los prisioneros.
-Soy el Dr. Hammond – se presentó – El es el señor Dozer – señaló a su fornido acompañante. Pinhead clavó en él sus ojos fríos y negros – y ustedes, monstruos, están aquí para ser investigados y evaluados.
-¿Monstruos? ¿Te viste últimamente en el espejo? – dijo Freddy, a modo de burla. Rió entre dientes.
Hammond alargó una mano atrofiada hacia un panel de control adosado a su silla. Presionó un botón y Krueger recibió como recompensa por su chiste de dudoso gusto un choque de doscientos voltios por el collar en su cuello. Gritó, adolorido y se desplomó en el piso, humeando.
-¡Hijo de…! – siseó, poniéndose de pie otra vez con dificultad.
-Señor Krueger, no sea insolente – pidió Hammond – Trateme con respeto y el gesto le será devuelto.
-¡Vete al diablo!
-Creo, señor Krueger, que usted es mas especialista que yo con eso – Hammond sonrió.
-¿Por qué hemos sido capturados? – inquirió Pinhead.
El científico lo observó detenidamente.
-Es usted fascinante, ¿sabia? – dijo – Ni vivo ni muerto. Una paradoja en si misma. Pero mas aun fascinante es el proceso que lo ha hecho ser la criatura que ahora es – Hammond guardó silencio un rato – Ángeles para algunos, demonios para otros… ¿Era así su lema, señor Pinhead?
-Ese no es mi nombre.
-Es el que mejor le queda.
Silencio. El científico volvió a sonreír.
-¡Eh! ¡Coliflor podrida! ¿Vas a decirnos que mierda te traes entre manos o voy a tener que destriparte para hacerte hablar? – rugió Chucky.
Hammond hizo dirigir su silla de ruedas ante la celda donde estaba el muñeco diabólico. Lo estudió un momento.
-¿Impaciente, señor Charles Lee Ray? ¿O debería decir “Chucky”?
Chucky le hizo un gesto obsceno con un dedo. El científico rió.
-¡Pero miren nada mas! Que gesto tan simpático.
-Si, soy súper simpático. Sacame de aquí y te arrancare la lengua, monstruito lisiado.
Otra vez la sonrisa relampagueó en el rostro de Hammond. El muñeco diabólico se la sostuvo hasta que algo en el semblante del hombre deforme lo alarmó.
Sus ojos brillaban, amarillos.
-Oh, oh… creo que esto no me va a gustar – murmuró, retrocediendo.
-Me parece que no – dijo Hammond.
Una fuerza invisible emanó de él y atrapó a Chucky. El muñeco fue alzado en el aire en medio de gritos de dolor y luego, ante una mueca de su captor, reventó en cientos de pedazos de lana y goma-espuma, esparciéndose por toda la celda.
La cabeza del muñeco maldito rodó. Pese a su lamentable estado, seguía vivo.
-¡Argh! ¡Hijo de puta! ¡Con lo caro que me costó el relleno! – se quejó.
Hammond le dio la espalda. Se volvió hacia Dozer.
-Señor Dozer, encarguese de que todos sus pedazos sean recogidos y lanzados al incinerador. Prescindiremos del señor Chucky para nuestro proyecto.
-Como usted diga, doc.
-¡Hijo de puta! – insultó el muñeco. Rápidamente, varios hombres entraron en su celda, recogieron los pedazos y se los llevaron.
-¡Mejor suerte para la próxima, Muppet! – se burlo Freddy. Hammond rió. Pinhead entrecerró sus ojos, pensativo.
-¿Telekinesis? – preguntó.
-Podríamos decir que sí – le contestó el científico, volviéndose hacia él.
-¿Por qué nos ha aprisionado?
Hammond se tomó un momento para responder.
-Todos ustedes son seres legendarios y temibles – empezó – Monstruos, asesinos, demonios – se regodeó con los adjetivos – Desde temprana edad, sus historias me aterraron, a la vez que me fascinaron. ¿Por qué les teme la gente? ¿Cómo han llegado a ser lo que son? ¿Qué poderes tienen? Cosas así. Como verán, yo también soy un monstruo, en su medida. Pero fue por causa mía. Yo me inflingi estos poderes, este estado, mediante un experimento, pero ustedes…
-Nosotros, ¿Qué? – lo retó Freddy. Estaba hartándose de todo. El guante con cuchillas se crispó peligrosamente.
-Ustedes no eligieron ser lo que son. Fue una afortunada combinación de eventos lo que los llevó a ser lo que ahora son. Ustedes han sido convertidos en lo que son. Ese es otro factor.
-No entiendo.
-Seré claro, señor Krueger – lo señaló – Usted, un asesino de niños. Exonerado por la Justicia. Algo injusto, para muchos. Fue quemado hasta morir por una turba de padres enfurecidos en Springwood – a continuación, señaló a Pinhead – Capitán Elliot Spencer… Después de la Primera Guerra Mundial, hastiado del mundo en que vivía buscó placeres más allá del Mas Allá a través de la Configuración del Lamento.
Pinhead no dijo nada. Hammond continúo.
-Por supuesto, el asunto superó sus expectativas, con creces – señaló a Jason – Jason Voorhees. Cuidado por una madre sobreprotectora, ahogado en el Crystal Lake; resucitado posteriormente y combatido por muchos sin poderlo vencer… hasta hoy.
Jason miró a Hammond sin emitir comentarios. El científico pasó a Michael Myers…
-Myers. Asesino en serie con una única obsesión: matar a sus únicos familiares vivos. Frío, calculador. Casi sin emociones… ¿Tiene algo que objetar, señor Myers?
Silencio. Tras la mascara blanca, Michael miraba.
-Eso pensé… y, finalmente, la mas nueva de todos, la bella Drusilla – Hammond pronuncio el nombre con deleite. La vampiresa, que canturreaba por lo bajo lo miró con sus grandes ojos casi-felinos.
-Eres un hombre malo – sentenció.
Hammond rió.
-¡Es un encanto! – exclamó – Convertida en vampiro hace cientos de años por Ángelus, el despiadado, otro vampiro temible, luego de volverla loca y de matar a su familia… Sí. Todos ustedes son monstruos, como yo, pero con un origen distinto, no caben dudas.
-Vayamos al grano – lo cortó Pinhead - ¿Qué quiere de nosotros?
-Paciencia, señor Pinhead, paciencia. Todo será revelado a su tiempo y armoniosamente. Por el momento, considérense mis huéspedes.
Hammond comenzó a marcharse, seguido por Dozer.
-Vayan acostumbrándose a su nuevo hogar. Nos esperan días muy interesantes, ya lo creo que sí.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Monster Nation (Uno)



REPARTO
Robert Englund………………..Freddy Krueger
Kane Hodder…………………Jason Voorhees
Tyler Mane………………….Michael Myers
Doug Bradley………………….Pinhead
Juliet Landau…………………Drusilla
Brad Dourif………………..Chucky (voz)
Valentina Vargas…………………Doctora Angela / Angelique
Peter Sarsgaard…………………..Doctor Hammond
Götz Otto.....................Dozer

Estrella invitada

Derek Mears como Jason Voorhees II

1

El hombre estaba sentado en el interior de un cuarto, iluminado por unas luces de velas colocadas a su alrededor en forma de cuadrado. En sus manos, la caja broncínea parecía refulgir, mientras él lentamente presionaba sus partes móviles, haciéndolas encajar en su sitio.
Cuando la configuración del intrincado puzzle estuvo completa, ocurrieron varias cosas a la vez, siendo la primera de ellas el tañido de una campana en algún lugar.
El hombre sudaba. Esperó. Una luz azulada surgió de la nada. La acompaño la aparición súbita de un ser humanoide enfundado en un traje de cuero, calvo y con la cabeza surcada de clavos o pinches. Su piel era blanca, como la cera y la expresión de su rostro era fría como un témpano.
-Tú – señaló al hombre – Tú. Has usado la caja… Tú nos has convocado. Ahora, experimentaras el placer del dolor.
Pinhead comenzó a acercarse amenazador al hombre, pero entonces hubo un cambio en la escena. El sujeto que lo había convocado se irguió, cuan alto era, y extrajo de sus ropas algo… un aparato de alta tecnología. Lo esgrimió frente al cenobita y presionó un botón.
Un aro, similar a un collar de perro, salió despedido del aparato. Se encasquetó directamente en el cuello de Pinhead.
-¿Qué significa esto? – preguntó el cenobita, sorprendido.
-Cambio de planes, imbecil – replicó el hombre y con una sonrisa astuta, activó el collar.
Una violenta corriente eléctrica sacudió a Pinhead. Fue tal su fuerza que el cenobita se desplomó gritando en el suelo.
-¿No que te gustaba el dolor? – se burló de él el hombre. Caminó hasta ponerse encima suyo y volvió a activar el collar. Hubo otro chisporroteo eléctrico. Pinhead se retorció impotente, en el piso.
-Lo que pensé – el hombre suspiró – Novato – se volvió hacia un rincón – Todo suyo, chicos.
Varias puertas se abrieron en la habitación. Hombres armados y con mascaras aislantes entraron. Con una rapidez envidiable, esposaron al cenobita y lo arrastraron fuera de allí.
Antes de quedar inconsciente, lo último que Pinhead ve es al sujeto que lo había atrapado, dedicándole una sonrisa de oreja a oreja.
-Bienvenido al club, freaky.

jueves, 8 de diciembre de 2011

¡Se vienen los Monstruos!

No, no es una película, tampoco un libro; es mi nuevo Fanfiction. Un mega-crossover en el que participan Jason Voorhees, Freddy Krueger, Pinhead (el de “Hellraiser”), Michael Myers (el de “Halloween”), Chucky (el muñeco diabólico) y mi amada Drusilla. Todos juntos.

La pequeña sinopsis que puedo darles de spoiler es esta:

Algo sucede. Todos los monstruos y asesinos sobrenaturales más famosos del cine están siendo secuestrados por alguien. Encerrados en una prisión, deberán afrontar conjuntamente un desafío que nunca se hubieran esperado… y cumplir con la misión más loca de la Historia.

Pues eso. Prepárense para ver a sus monstruos favoritos en acción. Y en una aventura sorprendente.

¡Espero que me acompañen leyéndola!

Un saludo a todos! ^^

martes, 6 de diciembre de 2011

Linterna Verde: Crepúsculo Esmeralda

Hace muchos años atrás, Editorial Vid, de México, era la dueña de los derechos de publicación para Latinoamérica de algunos comics de DC. Por esos años, y gracias a ellos, he podido comprarme algunas buenas historias y muy interesantes de Superman, Batman y Linterna Verde, superhéroe cuyo anillo de poder es su más distintivo símbolo y del que hoy quiero hablarles…

“Crepúsculo Esmeralda” fue, quizás, una historia controvertida en la saga de Hal Jordan. Venia después de “la Muerte de Superman” y del “Reinado de los Superman”, dos comics de peso en su época. En estos últimos, a alguien se le ocurrió que Mongul, un despiadado tirano intergaláctico, destruyera Ciudad Costera, el hogar de Hal… lo que derivó que en las colecciones regulares de los comics de Linterna Verde se tuviera que continuar con este hilo conductor.

Enfrentado a la destrucción del lugar donde creció, vivió… donde estaba su familia, amigos y mas de siete millones de personas, Hal enloquecería por la perdida y todo concluiría aquí, en esta serie de tres números publicada en el año 1994.

Puedo describir mejor “Crepúsculo Esmeralda” como la Caída de un Héroe. Y de hecho, lo fue. Fue la caída de Hal Jordan, Linterna Verde de la Tierra. El personaje comenzó a luchar contra los suyos, contra su propia organización y contra sus jefes (los Guardianes del Universo, creadores de los anillos de poder y de los Linternas) en un intento desesperado por hacerse con el poder de la batería central (la que le da la energía a todos los anillos que los Linternas llevan) en el planeta Oa. Todo culminaría con la muerte de los Guardianes, la destrucción de la batería y Jordan convertido en Parallax, un ser de inmenso poder que en posteriores series de comics (como la recordada “Hora Cero: Crisis en el Tiempo”) intentaría reorganizar la existencia misma, tratando de usurpar el lugar de Dios en el Universo.

Pero me voy por las ramas. De lo que quiero hablar es de “Crepúsculo Esmeralda”.

Es una maravillosa historia. Trágica, pero maravillosa. Demuestra como hasta el héroe más intocable, más intachable, puede caer. Y uno entiende las motivaciones de Hal por poseer mas poder; no lo mueve un afán de conquista, sino el de recuperar lo que ha perdido. ¿Cuántos de nosotros no estaríamos dispuestos a todo por tener el poder de corregir o reorganizar la existencia? ¿Cuántos lo usaríamos para hacer un mundo mejor que el que tenemos?

Hal codicia el poder de la batería central en Oa por una sola razón: recuperar una vida perdida. Por supuesto, hablamos de comics y todo este afán seria explicado mas adelante como la artimaña de una supuesta “entidad” que controlaba a Jordan y que lo obligó a hacer las locuras y atrocidades que cometió en esta serie de tres números.

Más allá de eso, Hal es un ser humano y como todos nosotros, si se nos presenta la posibilidad siquiera de cambiar las cosas malas por buenas, no dudaríamos en hacerlo (creo).

El problema que plantea el comic es: “¿Hasta donde estarías dispuesto a llegar?”

“¿Qué limites estarías dispuesto a traspasar?”

Y ahí va Hal, traspasándolo todo. Una escena memorable del comic lo tiene combatiendo puño a puño y anillo contra anillo contra Siniestro, su archi-némesis. Hal se muestra decidido a abatir al villano y pese a que lo ha enfrentado en el pasado, ahora es diferente: Hal desea matar a Siniestro.

No spoileo a nadie, a estas alturas, al decir que lo hizo.

…Y, como suele suceder en el mundo de los comics de superhéroes, alguien decidiría que Siniestro tenía que revivir, mas adelante… pero esa es otra historia.

Los dibujos de “Crepúsculo…” son buenos. Excelentes. Las situaciones son creíbles. Es una historia de Linterna Verde que nadie debería perderse.

Si pueden conseguirla, se las recomiendo altamente.

¡Saludos a todos! ^^

lunes, 5 de diciembre de 2011

Superman: Man of Steel (Diez)

10

Un desencanto en el trabajo

Edificio del diario “El Planeta”.
Al otro día.

El señor Taylor terminó de leer el artículo redactado por Lois. A su lado, Perry White aguardaba.

La reportera esperaba, sentada delante de ambos, el veredicto final del Editor…

-Bien… esto es… singular – dijo Taylor, dejando los papeles sobre su escritorio y mirándola – Hablando con franqueza, la conclusión de tus investigaciones es…

Enmudeció. Buscó la palabra. White lo ayudó.

-Fantasiosa.
-No es exactamente lo que iba a decir, pero si, es muy… extravagante.
-Un justiciero superheroico alienígena. ¡Vamos, Lois! ¡Parece argumento de una mala película de Ciencia Ficción! – puntualizó White - ¡Somos un diario serio! ¡No podemos publicar eso!

Lois se puso de pie.

-Entonces, consideren mi renuncia.
-¡Lois, por favor!
-No pienso cambiar ni una coma de ese articulo que escribí. Todo es la verdad. De principio a fin.
White se agarró la cabeza. Taylor llamó a la cordura y a la razón. Analizó la situación fríamente.
-Cuentas muchas cosas que no tienen base sólida – dijo – o cosas que no se pueden probar.
-¿Por ejemplo?
-El origen de este “Superman”; la naturaleza de sus poderes y… ah, por supuesto, la denuncia que el misterioso personaje hace contra Luthor…
-Jefe, lo coteje bien antes de terminar la redacción. John Corben existe. Resultó ser un asesino a sueldo buscado intensamente por el FBI.
-…Que tú dices que es un cyborg – Taylor se cruzó de brazos – Pero no me cambies de tema. Creo que con respecto a Luthor ya habíamos arreglado las cosas.

Lois resopló. Intentó guardar la calma, pese al infierno que latía en su corazón.

-Consideren mi renuncia – volvió a decir – No voy a cambiar nada del articulo.
-Haremos esto – Taylor hizo una pausa. Continuo – Dejaremos todo este asunto en suspenso… y NO vamos a despedirte – al ver que Lois iba a replicar, la atajó deprisa – Entiende que es demasiado fuera de lo normal lo que cuentas. Lois… a lo mejor estas cansada. Recuerda que sales de un hecho muy terrible como un atentado criminal. ¿Por qué no te tomas unos días de vacaciones en el exterior? Por ahí te venga bien.
-Los gastos corren por cuenta de la empresa – agregó White.
-Ve, viaja, descansa… y luego vuelves y retomas tus actividades, como siempre. ¿Qué te parece?

Lois bajó la vista, vencida.

-Está bien.

* * *

Al volver a su escritorio, se encontró con Clark. Al verla, le sonrió.

-¡Lois! ¿Cómo estas?
-¿Qué hay, Smallville? – dijo ella, mientras comenzaba a guardar sus cosas. Su semblante expresaba tristeza.
-¿Sucede algo?
-El jefe me manda de vacaciones. Mi historia sobre Superman no los convenció.
-Oh… - Clark pestañeó – Lo siento mucho. De veras, Lois.
-¿Sabes? No me importa lo que ellos digan – Lois frunció el ceño, desafiante – Superman existe y lo voy a probar. En algún momento lo haré y será para la primera plana.
-Lois, si alguien puede lograrlo, esa eres tú – aseguró Clark, sonriendo – Estoy cien por cien seguro.
-Gracias, Smallville. Sé que puedo confiar en ti – la tristeza de su rostro dio paso a una sonrisa pequeña.
-Píensalo de esta forma: a lo mejor Superman decide hacer en algún momento un acto heroico de forma más pública. Algo grande. Y ahí tendrás tu primera plana.
-Dios te oiga, Clark.
-Ya veras. Como decía mi padre: “Ten Fe”.


Epilogo


El avión de pasajeros atravesaba el cielo, entrando en territorio norteamericano. Lois se reclinaba en su asiento; sus vacaciones en el exterior habían llegado a su fin. Era hora de volver a su vida y su trabajo.
De repente, se produce un tumulto. Dos sujetos armados irrumpen en la sección del avión donde estaba. Hablan primero en árabe y luego, en inglés…

-¡Todos al suelo! ¡YA! – gritó uno de ellos - ¡Nadie intente nada o lo lamentara!

La sangre de Lois se enfrió. Estaban en mitad de un ataque terrorista. ¡Estaban tomando al avión y sus pasajeros de rehenes!

Con sigilo, se agachó en el piso. Rebuscó su teléfono móvil y lo extrajo. Marcó a prisa el primer número de su lista de contactos.
-¿Clark? – susurró – Soy yo.
-¡Lois! ¡Hola! ¡Que bueno oírte de nuevo! ¿Dónde estas?
-Escucha, no tengo mucho tiempo… Estoy en el avión de regreso a Metrópolis. Nos acaban de tomar de rehenes.
-¿Qué?
-¡Terroristas! – Lois miró entre los asientos hacia donde los dos sujetos armados estaban – Veo dos… supongo que son mas. Están tomando el control del avión…
-Por Dios…
-¡Van a estrellarlo! ¡Como hicieron el 11 de septiembre! Escucha, avisa a…
Un gritó a sus espaldas la asustó. Un tercer terrorista la descubrió con el teléfono en la mano. Se lo sacó de golpe y lo destruyó de un pisotón. Le apuntó con una metralleta…
-¡Este avión pertenece desde este momento a la Sagrada Causa Islámica! – anunció una voz por los altavoces. Venia directamente desde la cabina del piloto - ¡En el nombre de Alá, somos guerreros de Dios en una cruzada contra los infieles! ¡Moriremos en esta causa sagrada para asestar a los impuros un golpe directo a otro de sus símbolos de pecado! ¡Alabado sea Dios!

Lois no lo podía creer. Estaba en mitad de la primera plana de los periódicos del día de mañana… y, estaba segura, ella no la podría leer.

El avión fue desviado de su curso a Metrópolis. Enfiló directo sobre la ciudad de Nueva York, en dirección al edificio del Empire State. ¡Allí, esos locos fundamentalistas planeaban estrellarlo!

…Pero eso no sucedió…

Una figura surgió de las nubes. Volaba a velocidades supersónicas hacia el avión. Cuando llegó a su lado, se colocó delante de su trompa y lo atajó.
En el interior de la aeronave, todo se sacudió. Los terroristas cayeron al suelo, sin entender qué estaba pasando. Lois se sostuvo en su asiento.

Algo pasaba afuera.

El avión se detuvo.

Suspendido en el aire, lo jalaron despacio hacia un estadio de fútbol cercano. En aquellos momentos de la mañana, no había casi nadie en las inmediaciones, por lo que fue depositado en pleno campo de entrenamiento con suavidad. Los pocos testigos que por el lugar pasaban se llevaron la sorpresa de sus vidas…

Lois se acercó a la ventanilla más próxima. Echó un vistazo al exterior.

Una figura azul y roja flotaba hacia la puerta del avión. Un sonoro “¡CRAC!” se produjo. Los pasajeros, ubicados en sus lugares, se miraron con extrañeza. Los terroristas se gritaron órdenes en árabe; hubo disparos y ruidos de golpes.

Todo duró unos segundos. Cuando acabó, un hombre vestido con un traje azul y una capa roja, con una “S” en el pecho se asomó a ver. Pese al cambio de traje, Lois lo reconoció. Salió a su encuentro…

-¡Superman!

Él asintió. Miró a los demás pasajeros. Todos los ojos estaban contemplándolo, atónitos.

-¿Todos están bien? – preguntó.
-¡¡Muere, perro infiel!! – gritó un terrorista árabe, apareciendo con una metralleta en las manos. Disparó una salva de mortíferas balas.

La gente gritó. Las balas rebotaron como si nada en el pecho del superhéroe. Cuando el arma del terrorista se quedó sin munición, su cara fue un canto a la desolación.

Superman le propinó un golpe. No fue tan demoledor como para matarlo, pero si con el suficiente impacto para dejarlo inconsciente. Una algarabía general estalló en el avión. ¡Los terroristas estaban vencidos!

Alguien sacó una foto con cámara digital. Cientos de teléfonos celulares se alzaron en el aire. La gente comenzó a filmar lo que estaban viendo… otro los usaban para comunicarse con sus familias y conocidos, para contarles lo que había pasado.

Ignorando todo el movimiento a su alrededor, Lois se acercó a Superman.

-Gracias – le dijo – Esto es nuevo. ¿A que se debe el cambio?
-Reflexioné un poco. El negro estaba bien, pero era muy deprimente. Decidí que el azul y el rojo no estaban tan mal, después de todo… ¿Estás bien, verdad? – le preguntó.
-Hoy, gracias a ti, fantástica. Pero, ¿Cómo supiste lo que pasaba?

Como toda respuesta, Superman se llevó un dedo a la boca, haciendo el gesto de “silencio”.

-Secreto de profesión – dijo y se volvió para irse.
-¡Espera! – Lois lo detuvo. Sin darle tiempo a nada, le estampó un beso en los labios.

Cuando se separaron, él la miró. Ella le sonrió, feliz.

-Cuento con volverte a ver otra vez – dijo – No desaparezcas mucho tiempo.

Con una sonrisa de oreja a oreja, la dejó. Salió flotando por la puerta del avión. La observó por un momento. Después despegó, elevándose a alta velocidad, hacia el cielo.

* * *

El titular del diario “El Planeta” rezaba:

“SUPERMAN SALVA N.Y DE ATENTADO TERRORISTA”

De modo que ya era oficial. Su nuevo nombre estaba en la primera plana de los diarios de todo el mundo.

Su vida había cambiado. Nada volvería a ser igual.

Suspiró y sonrió. Era la segunda vez en que disfrutaba del poder de volar. La primera fue cuando llevó a Lois a la cima del edificio del Planeta.

Atravesó el cielo. Planeó por la orbita de la Tierra, hacia el sol naciente. Una sonrisa de satisfacción se dibujaba en sus labios…


FIN

sábado, 3 de diciembre de 2011

Superman: Man of Steel (Nueve)

9

Cuando Lois conoció a Superman

Interior de un hospital.
Metrópolis. Tiempo mas tarde…

Lois abrió los ojos. Había una figura parada a los pies de su cama. Un hombre, vestido con una gabardina negra… la miraba con cariño.
-¿Clark? – preguntó ella.
-¿Está usted bien?
Estudió el rostro del misterioso sujeto con detenimiento. ¡Era increíble el parecido que aquel tipo tenia con Clark! Pero no llevaba gafas y el acento en su voz, la forma de hablarle, era distinta.
-Superman – Lois se incorporó un poco en la cama. La sonrisa del rostro del hombre no se desvaneció.
-Así es como decidiste llamarme – dijo – Es un buen nombre.
-Dios… ¿Es esto real o estoy soñando?
-Es real. Me he enterado de que me estabas buscando… que querías saber sobre mí.

Lois asintió, asombrada de estar teniendo aquella charla.

Él le tendió una mano.

-Entonces, cambiate de ropa, ven conmigo y no tengas miedo. Te lo contaré todo.

* * *

Por supuesto, Clark no le contó todo. Solo algunas cosas, las que creyó convenientes. Lo hizo mientras la cargaba en brazos y volaba con ella despacio por el nocturno cielo de Metrópolis y si bien volar era un poder que le incomodaba usar, mientras llevaba a Lois consigo no se le hizo tan agobiante…

En todo lo que duró el trayecto del hospital hasta la terraza del periódico “El Planeta”, le habló de él: que venia de un lejano mundo extinto en el espacio, que llegó en una nave siendo un bebé…

Que creció y se crió en la Tierra, donde surgieron sus poderes.

Que desde hacía un tiempo había decidido usarlos para ayudar a las personas.

Lois escuchó todo con atención, atraída, fascinada ante aquel relato de ese hombre venido de más allá de las estrellas. Era conciente de que luego tendría que reproducir la entrevista apelando a su memoria, pero no le importaba. Ahora tenía la certeza. Ahora estaba convencida.

Tenía entre manos la historia del Siglo.

El viaje acabó en la terraza del Planeta. La depositó con cuidado allí y descendió junto a ella. Suspiró y caminó hacia la cornisa, mientras la brisa nocturna jugaba con su gabardina, haciéndola ondear como una capa.
-Es una ciudad maravillosa – comentó – Cientos y cientos viviendo en ella. Yo puedo escucharlos a todos.
Había una nota triste en su voz. Lois se le acercó. Le apoyó una mano en el hombro.
-Está noche me he enfrentado al Mal – le informó él – Alguien con una impunidad terrible, acostumbrado a manipular las cosas a su antojo.

Le contó sobre Corben y sobre Luthor. Lois escuchó con indignación como las sospechas que tenia (que Lex estaba implicado, de alguna forma u otra, con la muerte del Alcalde) se cumplían. Sintió que su sangre hervía. ¡La atrocidad de ese hombre no tenia limites! Iba a matarla también a ella, durante el atentado al político…

-¡Vamos a denunciar a ese hijo de puta! – exclamó, sin miedo.
-No tengo pruebas – tercio él – Se encargó de borrarlas. Pero puedes estar segura de que lo vigilare de cerca. Cometerá un error… y cuando lo haga…
-…Lo atraparemos – Lois asintió – Puedes contar conmigo para ello.

Clark la miró. Le dedicó una sonrisa dulce.

El cuerpo de Lois se estremeció.

-Debo irme – dijo él – y tú tienes una historia que escribir.
-Si.
-Suerte con eso – le guiñó un ojo y comenzó a flotar en el aire.
-¡Espera! – pidió ella. Clark se detuvo en el aire - ¿Nos volveremos a ver?
-Por supuesto – fue su respuesta – Siempre.

Se marchó volando, perdiéndose entre los rascacielos. Lois se lo quedó mirando, con el corazón latiéndole fuertemente en el pecho.

Nunca antes había estado un hombre así en su vida.

Nunca.

Sentía que su vínculo con este era especial.

…Y aquél solo era el principio…

jueves, 1 de diciembre de 2011

Superman: Man of Steel (Ocho)



TERCERA PARTE

8

Némesis



Edificio de LexCorp.
Al otro día…

Luthor se servia un vaso de Brandy de su mini-bar. Sentado delante de su escritorio, Corben apoyaba indolentemente las piernas sobre la mesa, estirándose en su silla.
-Aclaremos algo – dijo Lex, arrojando dos cubitos de hielo en su vaso – Tenias que matar al Alcalde, si, pero también a ese justiciero súper poderoso. Te contraté para eso, Corben. ¿Qué paso?
-Que tu chico de leyenda urbana superó mis expectativas… Tuve que medir su fuerza y habilidad, ante todo.
-¿Y bien? – Luthor esperó con el vaso en la mano, mientras el criminal hacia una larga pausa antes de continuar hablando.
-Formidable. Como yo, es más que lo que la vista puede mostrar. Si es humano, no me imagino cómo adquirió esos poderes.

Luthor se quedó pensativo. Tomó un trago de Brandy.

-Entonces es un verdadero problema – dijo – Quiero que dejes de perder el tiempo y lo elimines. Totalmente. ¿Entendido?
-Dalo por hecho – Corben sonrió – Estoy esperando por la revancha.

* * *

Cementerio de Metrópolis.
Al caer la tarde.

El cielo sobre la ciudad se había encapotado. Gruesos nubarrones de lluvia se derramaban sobre la multitud de personas que asistían al cortejo fúnebre.
A la cita se habían hecho presentes no solo amigos y familiares del difunto, sino toda la Prensa local: radio, TV, medios gráficos, etc.

Clark se encontraba allí. Cubriéndose con su gabardina negra, se mojaba bajo la lluvia algo apartado del resto. Contemplaba todo con angustia en su interior. El féretro fue depositado en la tumba. Un sacerdote bajo un paraguas leyó algo de la Biblia y dijo algunas palabras…

Tristeza, angustia y perplejidad eran las caras que mas se veían en el funeral del Alcalde.

Una chica rubia se separó del grupo reunido, en un momento dado, y depositó un ramo de rosas sobre el cajón. Lloraba sin consuelo.

-…Chloe Sullivan, la hija del Alcalde – dijo un periodista de TV a las cámaras – acaba de dejar un tributo a la amada memoria de su padre, el hombre que mas ha hecho por esta ciudad en estos últimos años. La gente se pregunta: ahora que él no está, ¿Quién nos cuidara?

Clark se apartó aun más del funeral. Caminó por el cementerio mojándose. Se sentía en parte responsable de esa muerte… Si hubiera sido mas rápido, si no se hubiera distraído… quizás el Alcalde estaría con vida… no habría muerto.

¿Quién era ese hombre, ese cyborg? ¿Quién lo mandó? ¿Qué buscaba?

No tenía respuestas, pero sospechaba que se volverían a ver las caras.

Lo alejó de su mente un momento. Pensó en Lois. Estaba internada en un hospital cercano. Fuera de peligro, pero seguramente shockeada por lo que había visto.

Se resolvió a ir a visitarla. Pese a todo y a que se arriesgaba mucho si ella lo había reconocido, quería verla a toda costa.

Fue hasta allá.

* * *

Lois se encontraba internada en una habitación, sola. Estaba acostada en una cama donde descansaba. Tenía algunas vendas en sus brazos y piernas…
Cuando Clark entró, abrió los ojos y lo miró largamente en silencio. Él hizo lo mismo.

Por espacio de un largo minuto, permanecieron así… hasta que ella se decidió a hablarle.

-Superman – dijo.
Clark tragó saliva. Aguardó, con una pelota de hielo en su estomago.
-Superman – repitió ella. Él asintió.
-Si.
-Lo vi.
Clark alzó una ceja.
-¿Qué?
-Lo vi, Smallville – Lois sonrió levemente – Anoche. Cuando ese psicópata nos atacó y mató al Alcalde. Superman apareció. Lo vi. Fue impresionante.

Él se relajó visiblemente. No lo recordaba. No lo había reconocido… y si lo hizo, su mente en confusión borró el episodio.

Vaya suerte que tenia.

Demasiada, para ser cierta.

-¿Te encuentras bien? – le preguntó.
-Sobreviviré – Lois miró a sus ropas – Estas empapado. ¿Llueve afuera?
-Si. Vengo del funeral del Alcalde.
-Dios… De solo pensar que estuvimos hablando minutos antes de que ese loco nos atacara… - cerró sus ojos - ¿Alguna idea de quien es ese tipo?
-Ninguna. La policía lo busca… y creo que tu Superman también lo está haciendo.
-¿Tú crees?
-Estoy seguro. Es decir… Está claro que es una especie de justiciero, de superhéroe de alguna clase. Seguramente ira tras él.
-Más le vale… Clark, esto no puede quedar así.

Hombre y mujer se miraron por un segundo otra vez. Ella sonrió.

-¿Qué tal siguió la fiesta después de que me fui? – preguntó.
-Pues… me aburrí y me fui – se excusó él – Sucede que no era lo mismo… sin ti.

Otra sonrisa en los labios de Lois. Clark se acercó tímidamente a la cama. Le depositó un beso en la frente.

-Descansa – le pidió – Tengo que ir a trabajar.
-Perry va a matarme… y Taylor también.
-Ninguno de los dos hará eso. Se preocuparon mucho por tu salud.
-Seguramente. Si no estoy yo, ese periódico se va a pique. Puedes creerlo.
-Cuídate – dijo Clark y la dejó.

Ella lo vio irse y suspiró. Con cuidado, se dio vuelta en la cama y trató de seguir descansando.

Su mente volvía una y otra vez a la figura vestida de negro, con aquella gabardina ondeando a su espalda, como una capa.

-Superman – murmuró y al rato, se quedó dormida.

* * *

Metrópolis. Distrito Suicida.
Esa noche…

Clark, con su oscuro traje de superhéroe, patrullaba la noche desde la cima de un edificio. Sus pesquisas para encontrar al ser mitad hombre, mitad maquina lo habían llevado una vez mas al Distrito Suicida, el barrio mas peligroso de Metrópolis.

Con la ayuda de sus poderes escudriñaba los alrededores. Una combinación de visión de rayos X, súper-oído y visión telescópica le servían para su propósito. Ninguna casa estaba cerrada para él. Ningún acceso le era infranqueable.

Encontraría a ese cyborg, así tuviese que peinar la ciudad entera.

No hizo falta llegar a tanto. Corben acudió a la cita no concertada.

-¿Me buscabas? – dijo una voz a sus espaldas. Clark se volvió solo para recibir el impacto de un poderoso puño en su cara. Cayó hacia atrás, pero se recuperó rápidamente.
-Creo que no me presenté correctamente en nuestro anterior encuentro. Mi nombre es John Corben. ¡Mucho gusto! – el cyborg le tiró una patada.
Clark la recibió, pero con agilidad y moviéndose súper velozmente, se colocó detrás del gran hombre. Le hizo una llave de lucha en el cuello.
-Peleas como una niña – se burló Corben, sacándoselo de encima de un empujón. Se volvió hacia él y lo aferró de las solapas de su traje, revoleándolo por el aire…
Clark cayó en dirección al edificio vecino: una iglesia abandonada. Atravesó un vitral y aterrizó en el piso dándose un golpazo. Por la fuerza del impacto, el suelo de ladrillo se hundió un poco.

Corben no tardó en estar con él. De un salto, traspasó una pared lateral y cayó ante el altar. Se enderezó, miró al Cristo en la cruz, se persignó y sonrió, burlonamente.
-Que conveniente – dijo – Morir en la casa de Dios. Una deliciosa ironía, ¿no te parece?
-No – Clark se incorporó tomando envión. Pegó un salto hacia él. El cyborg lo recibió con los brazos abiertos. Los dos cayeron contra una pared del fondo de la iglesia, la que se vino abajo por el impacto producido.

Los dos surgieron de una montaña de cascotes y ladrillos, un momento después, como enfurecidos titanes. Corben empujó a Clark, trenzándose con él.
Se debatieron sin lograr moverse por un rato. Después, el criminal consiguió empujarlo contra una columna…

El asesino sonrió maniáticamente. Lo tenía atrapado. O eso creía.

Clark decidió dejar de refrenarse. Dio rienda suelta a otro poder suyo para vencerlo: la visión calorífica.

Dos rayos rojos potentes salieron disparados de sus ojos hacia la cara de Corben. El cyborg gritó, sorprendido, mientras la mitad de su rostro se derretía dejando al descubierto un ojo biónico y parte del cráneo de metal.

-¡Hijo de puta! – insultó.

Aquella si que era una revelación inesperada. Podía sentir dolor, pese a ser en parte maquina. Solo quería decir una cosa…

Que podía derrotarlo.

Corben largó un puñetazo hacia delante. Clark le atajó la mano y la aferró como una tenaza.

-¿Quién te manda? – preguntó.
-¡Vete a la mierda!

Respuesta incorrecta. Clark apretó la mano y se la aplastó, la machucó. Los dedos se rompieron, liberando chispas. Corben volvió a exclamar de dolor.

-¿Quién es tu jefe?
-¡Hijo de puta! ¡Vete a la mierda! ¡No te lo diré!
-Muy bien. Como gustes.

Clark hundió su mano derecha en el pecho del cyborg. Apretó con fuerza y extrajo su corazón: una batería central rodeada de cables, unida a él.

-Ultima oportunidad. ¿Quién te envió?
Corben cayó de rodillas en el piso, jadeando.
-No… te… lo diré.
-Lo harás.
Los dedos de Clark comenzaron a cerrarse, triturando la batería. El indicador interno de Corben le avisó de que si la fuente de poder central era destruida, su cuerpo no tendría sustento. Por ende, su cerebro moriría y él estaría aniquilado…
-¡Habla ya o la destruiré! – dijo Clark - ¿¿Quién es tu jefe??
-¡Lex Luthor!

Luthor. De modo que era él.

-¿Qué vas a hacer… conmigo? – jadeó el cyborg.
-Debería matarte – declaró Clark – Pero creo que la justicia estará interesada en tu declaración. Hay muchos que desearan oír tu historia.
Soltó la batería maltrecha. Se la entregó a Corben, quien la sostuvo con la única mano que le quedaba intacta.
Lo dejó varado en mitad de la iglesia abandonada, seguro de que no iría a ningún lado. Se ocuparía de que la policía se hiciera cargo de él, mas tarde.

…Ahora iba tras el pez mayor…

* * *

Lex Luthor permanecía solo en su oficina, con los dedos cruzados y sentado en un sillón, esperando. Cuando Clark entró al edificio de LexCorp como un vendaval a supervelocidad, ni se inmutó.
-Creo que te debo las gracias, “Superman” – dijo – Con lo inútil que es ese idiota de Corben… sobre todo, porque deja trabajos sin terminar. Oh, bien, que remedios… me parece que me ahorrare dos millones de dólares en esta ocasión.
-Luthor… ya mismo te entregaras a la policía.
-Y si no lo hago, ¿Qué? – el empresario enarcó una ceja - ¿Iras y les contaras en persona que yo mandé a matar al Alcalde? ¿Qué quise matarte a ti, un fenómeno de la naturaleza? ¿Qué si no lo hago? ¿Me obligaras?

Clark endureció la mirada. Dio un paso al frente. Luthor levantó una mano. Llevaba una pistola.

Disparó.

La bala rebotó en el pecho del héroe, sin causar daño.

-¡Estupendo! – exclamó Lex - ¡Totalmente invulnerable a las armas comunes! Me pregunto qué podría realmente matarte, Hombre de Acero…

Los ojos de Clark brillaron, rojos. La pistola en la mano de Luthor se calentó tanto que el empresario tuvo que soltarla. En ese momento, como una atronadora bala de cañón, el superhéroe se lanzó contra el hombre calvo y lo aferró de su traje, levantándolo del suelo varios centímetros.

-¡Estas acabado, Luthor! ¡La justicia dará cuenta de ti!
-¡No, no lo hará! ¡No tienes pruebas contra mí! ¡Nada que me ligue al asesinato del Alcalde!
-Tengo a tu asesino metálico… Corben.
-¿Estas seguro? – Lex sonrió.
Clark no comprendió la sonrisa en su rostro. Bajó a Luthor. Despreocupado, Lex tomó un celular, marcó un número y habló…
-¿Tess? – preguntó. Conectó el altavoz, de modo que su acompañante pudiera oír la charla.
-Aquí estoy.
-¿Hiciste lo que te pedí?
-Afirmativo. Corben está muerto.

* * *

Tess se encontraba sentada en un banco de la iglesia abandonada. La batería que alimentaba a Corben estaba a su lado, desconectada.
Mientras hablaba por celular con su jefe, miró como un equipo de limpieza de LexCorp encerraba en una bolsa negra al cuerpo del cyborg muerto.

-Todo bajo control – sonrió, satisfecha.

* * *

Luthor colgó. Se acomodó el traje y la corbata que llevaba puestas.

-Así que, como iba diciendo, no tienes ninguna prueba con la que inculparme, de modo que lo mas seguro es que te marches, antes de que sea yo quien llame a la policía y te haga arrestar por violación de domicilio, amenaza a un ciudadano inocente y demás cargos que con gusto, podría inventar para ti.

Clark apretó los puños con fuerza, pero se contuvo. Sabia cuando era momento de abandonar la pista.

-Te estaré vigilando – dijo – Volveremos a vernos.
-Cuento con ello. Eres un desafío formidable.

Un viento huracanado. Una puerta que se abrió y cerró de golpe. Un segundo después, el empresario se quedó solo de nuevo en su oficina.

-Oh, si… Será muy interesante – comentó, mirando por un ventanal a la ciudad.