miércoles, 26 de septiembre de 2012

Releyendo un libro: Omen IV


El libro, tal y como lo tengo.

Los que visitan asiduamente éste blog saben de mi fanatismo por la saga de películas de “La Profecía”. Tan hondo es el interés que le profeso a aquella mítica saga de terror, que en mi selecta biblioteca poseo los cuatro libros que salieron sobre ella. Esto es la novela original escrita por David Seltzer, como las novelizaciones que se hicieron de las películas 2 y 3, a cargo de Joseph Howard y Gordon McGill. Y un cuarto libro más, inédito en español, titulado “Omen IV: Armagedón 2000” del mismo McGill, continuación que no tiene NADA que ver con aquella terrible película de que salió en 1991, aquél aborto espantoso de intento de piloto de teleserie que venia a ser una especie de remake disfrazada del primer film. No, el libro que yo tengo, en su edición inglesa, está escrito por Gordon McGill y es una de las mejores novelas de la saga, el cual merecería seriamente haber sido llevado a la pantalla grande como se pretendió hacer en verdad allá por el 1983, según me enteré…

Si bien el libro ya lo comenté por este blog en su entrada original, viene bien hacer un repaso contando una breve sinopsis de qué se trata más o menos, ahora que estoy releyéndolo: la historia arranca un par de meses después de donde acabó “Omen III: El Conflicto Final”, con Damien –el temible Anticristo– muerto y una Kate Reynolds, la periodista de la BBC que lo mató, súbitamente embarazada. Se produce el parto –durante el cual Kate muere– y nace un niño, el hijo de Damien, quien inmediatamente es tomado bajo tutela por sus adoradores, liderados por Paul Buher, personaje que era la mano derecha de Damien en el segundo film, quien es mencionado de pasada en el tercero y aquí, en éste libro tiene un marcado protagonismo. Pasan los años y llegamos al 2000 –o fechas cercanas– y el niño ha crecido entre cuatro paredes dentro de la vieja mansión que Damien habitaba en Inglaterra. Un joven de unos dieciséis o diecisiete años de edad con enormes poderes diabólicos pero a su vez, resentido, intentará reclamar el legado de horror de su progenitor, cumpliendo de paso la profecía de muerte y destrucción que Damien pretendía llevar a cabo. Pero en esta ocasión, un viejo Padre De Carlo –el sacerdote italiano de la tercera película– junto con el embajador norteamericano Philip Brennan, serán la única esperanza que le haga frente al terrible niño-demonio, el nieto de Satanás, en su cruzada por el poder.

Como ya he comentado en su correspondiente entrada en éste blog, la novela es inédita en español y el ejemplar que yo he adquirido es el que está en inglés. Como tengo nociones de inglés y a medida que convivo con el idioma tengo más y más, no me fue difícil leer este libro y entretenerme igual… y sorprenderme. La historia es maravillosa –tiene sus fallas, claro, eso no se puede negar– y ata muy bien todos los cabos sueltos dejados en las tres películas que todos vimos en los cines. Además de dar mucho énfasis a los personajes de Buher y “El Muchacho” –el hijo de Damien no tiene nombre en el libro; se refieren a él como “The Boy”, el muchacho, pero seria justo llamarlo si lo prefieren Damien II–. En el caso de Buher, cerca del final se nos lo muestra agotado y descreído del Muchacho y sus planes, ya que a diferencia de Damien, su hijo no quiere dominar al mundo sino destruirlo en un conflicto nuclear, tal es así que la novela transcurre de fondo con la temática del tumultuoso Medio Oriente y sus guerras. En concreto, hay un conflicto entre árabes e Israelíes que en el clímax del libro acaba en un intercambio nuclear directo entre ambas facciones –de ahí el titulo de “Armagedón”, se entiende–.

No quiero explayarme más sobre el libro, puesto que ya he hablado más extensamente de él en su correspondiente entrada, hace mucho. Baste decir que la historia del hijo diabólico de Damien no acaba aquí sino que sigue en una quinta novela, titulada “Omen V: Abominación”, la cual tampoco está traducida al español y que me ha sido imposible conseguir hasta el momento en su versión inglesa.

Recomiendo “Omen IV: Armagedón 2000” a todos aquellos que han visto las tres películas de “La Profecía” –a mi juicio, las únicas que valen. Olvídense del remake del 2006, es una copia cien por cien trucha de la primera película–. Una novela interesante llena de intriga, suspenso, terror y muchas muertes extrañas.

¡Saludos a todos!

lunes, 24 de septiembre de 2012

El Devorador, de Claudio García Fanlo



`El Devorador` retoma la mística de una cosmogonía heredada de la mitología `lovecraftiana`, la cual sitúa en nuestro planeta la lucha entre deidades cósmicas de signos opuestos. Todo un panteón de Dioses y criaturas diabólicas que han sido expulsadas hace eones de la Tierra, y confinadas al exilio en las estrellas más remotas del universo, que aún pugnan por regresar y volver a reinar sobre la raza humana. Cada historia es además una advertencia al lector de lo que acecha a una humanidad indefensa e ignorante de su sino trágico. Personajes, ámbitos e historias se relacionan dentro de una intertextualidad que da fisonomía propia a la obra. El ámbito elegido para el desarrollo de los macabros hechos relatados, son las calles y barrios de la ciudad de Buenos Aires.

MI OPINION DE ÉSTE LIBRO

“El Devorador y otros cuentos de horror”, de Claudio García Fanlo, es quizás un muy buen ejemplo de que un escritor sudamericano puede hacer un muy buen homenaje a la obra de H. P. Lovecraft, puesto que de eso se trata este libro en cuestión, una serie de cuentos, relacionados entre sí, con un nexo en común: los Mitos de Cthulhu.
El volumen está compuesto de los siguientes relatos:

1 – El Culto.
2 – Presagios.
3 – Batir de alas.
4 – El Úreus.
5 – Bajo tierra.
6 – Esteban Rael: Crónica de una aparición.
7 – El cerdo.
8 – Itinerario.
9 – El Devorador.

Como ya es mi costumbre, voy a desglosar cuento por cuento para total comprensión de todos ustedes, aunque desde ya puedo advertirles de que estamos ante un excelente libro. Pero no nos precipitemos, vamos al hecho…
“El Culto” trata sobre efectivamente, un culto, una terrible secta de adoradores de los Primigenios, el cual es investigado por un hombre. En su afán por descubrir la verdad tras esta terrible secta de ramificaciones mundiales, nuestro protagonista no escatima en introducirse entre sus filas, amen de poner en peligro su vida en el proceso. El clima de angustia esta bien logrado aquí, poniendo especial énfasis en lo poderoso que es este Culto –llamado así, simplemente, en el relato– y en cuan grande es la escala de su alcance. El final de éste relato es sorprendente, una muy buena vuelta de tuerca. Felicito al autor por ello.
“Presagios” nos cuenta la historia de tres amigos que se proponen desentrañar los secretos del Más Allá y sobre todo el oscuro futuro que le aguarda a la Humanidad. El autor inventa para ello un nuevo tomo de oscuro saber que servirá de clave o llave a esferas de terribles existencias, un libro de autor anónimo que rivaliza con el Necronomicón: El Morspraesagium. Es gracias a sus páginas y sus rituales que nuestros tres protagonistas abren un portal a una esfera infernal más allá de nuestro continuo espacio-tiempo en el cual moran unas terribles criaturas… y en la qué se esconde un abominable secreto.
“Batir de alas” es la continuación de la historia anterior, con la reaparición de uno de los protagonistas del relato anterior. En este caso, buscando la manera de resarcir el mal liberado, se aliará con Tomás, un inusitado cura párroco que a su vez es también un experto en demonología y física quántica (¿?). Ambos hombres volverán a reconstruir las terribles invocaciones del Morspraesagium, en un intento de detener al mal, solo cayendo victimas del mismo casi involuntariamente. El relato, además, profundiza en la existencia de las criaturas de la otra dimensión con una idea con mucho sentido, si se la analiza fríamente –no diré nada para no arruinar la sorpresa del lector–.
“El Úreus” es la historia de una antigua maldición egipcia que se ensaña con los propietarios de una tienda de antigüedades. Si bien no se lo menciona para nada, uno intuye que el “ser” que aparece cerca del final del relato, con atuendos de sacerdote egipcio, sin duda podría ser un avatar o sirviente del infame Nyarlathotep de los relatos de Lovecraft. Al menos, yo vi cierta relación entre Nyarlathotep y esta terrible maldición. Que alguien me saque de mi error si esto no es así, por supuesto.
“Bajo tierra” me ha hecho acordar mucho a “El Modelo de Pickman” de Lovecraft y a los relatos de Robert Bloch sobre los Guls, aquella pútridas y aborrecibles monstruosidades que moran en los subterráneos de los cementerios, alimentándose con la carroña que les proporcionan los cadáveres de los muertos. Bien, “Bajo tierra” nos habla –sin nombrarlos nunca– sobre una colonia de Guls oculta bajo el cementerio de la Chacarita, uno de los cementerios más grandes de la Capital Federal –la ciudad de Buenos Aires– Debería decir que otro relato de Lovecraft al que me hizo acordar éste es “La Declaración de Randolph Carter”. Hay muchos paralelismos, sí.
“Esteban Rael: Crónica de una aparición” se permite introducir en los Mitos de Cthulhu una nueva deidad terrible: Ynjs’aal, el tremendo Señor de los Sueños, una especie de dios-demonio que mora en el Mundo de los Sueños y que puede matar a quien lo contemple. Buscando pistas sobre la desaparición física de su amigo –Esteban Rael– el protagonista de este cuento atraviesa el umbral de los sueños y tiene un encuentro cara a cara con el maligno ser… con consecuencias muy nefastas para él…

Hasta ahora, todo marcha bien y son unos muy buenos cuentos, pero como en toda antología, hay excepciones. Lo bueno es que solo son dos.

“El cerdo” no tiene nada que ver con Cthulhu ni con los Mitos. Es la historia de un cerdo que se come a su dueño. Así de resumida se las puedo narrar. No se pierden nada.
“Itinerario”  por lo visto, tampoco tiene nada que ver con los Mitos. Una persona revive una y otra vez determinada situación. Nada destacado.

Pasados estos dos malos tragos, llegamos al clímax del libro, el relato que le da titulo, me refiero a “El Devorador”, una historia que sí tiene que ver con los Mitos de Cthulhu y bastante. Es la historia de un horror pronto a venir, un ser terrible llamado “El Devorador”, quien al parecer está destinado a convertirse en el que abra el camino a Cthulhu, Yog-Sothoth y todas las demás deidades del panteón lovecraftiano en su regreso a la Tierra. Son seis capítulos a puro misterio y en donde la revelación final lo deja a uno con la boca abierta.

EN SINTESIS:

En síntesis, un EXCELENTE libro, un autentico homenaje a la obra de H. P. L. Mis más sinceras felicitaciones a su autor desde aquí. Da gusto leer libros así y sobre todo, demostrar que en Sudamérica también podemos homenajear al Maestro de Providence como se lo merece.
Les recomiendo que compren este libro totalmente. :)

¡Saludos a todos! ^^ 

sábado, 15 de septiembre de 2012

Relatos Oscuros, Vol. 2



El Horror toma muchas formas. Lo monstruoso mora en todas partes, desde abismos inconcebibles en otras dimensiones, hasta en los rincones de antiguas mansiones en decadencia. Estos nueve relatos son un fiel reflejo de que lo terrible y lo demoníaco pueden encontrarse en cualquier parte…

MI OPINION DE ÉSTE LIBRO:

“Relatos Oscuros” es una antología de cuentos de terror de diversos autores. Tal y como su sinopsis lo indica, trata sobre lo monstruoso en sus diversas facetas. Principalmente, habría que aclarar que ésta es una antología en su mayor parte dedicada al Ciclo de los Mitos de Cthulhu y recoge en estos nueve relatos algunos exponentes de dicho ciclo.
Este volumen contiene los siguientes nueve relatos:

1 – El Abismo, de Robert A. W. Lowndes
2 – El Beso Siniestro, de Henry Kuttner y Robert Bloch
3 – El Hombre de las Mil Piernas, de Frank Belknap Long
4 – El Lazo de la Medusa, de H. P. Lovecraft y Zealia Bishop
5 – La Maldición de Yig, de H. P. Lovecraft y Zealia Bishop
6 – Una Talla en Madera, de August Derleth
7 – El Templo, de H. P. Lovecraft
8 – La Mueca del Monstruo, de Robert Bloch
9 – Nyarlathotep, de H. P. Lovecraft

Como se vera, bastante surtida viene la cosa, así que desglosemos por parte su contenido…
“El Abismo” de Lowndes nos habla acerca de los adumbrali, siniestros seres de sombras que viven en otra dimensión. Es un cuento un tanto extraño y si bien con una premisa argumental interesante, donde falla es en la transmisión del terror. No hay sustos aquí, pero sí un clima tenso que encuentra solución de la inevitable forma fatalista de los Mitos.
“El Beso Siniestro” de Kuttner y Bloch, por otro lado, es una hábil reelaboración del mito de las Sirenas y sus siniestros propósitos para con el ser humano. Es la historia de una maldición y de una monstruosidad y he aquí que lo monstruoso asume una forma muy peculiar, convirtiendo a la victima en el monstruo en sí mismo. Altamente recomendable éste cuento.
“El Hombre de las Mil Piernas” de Belknap Long es otra muestra de buen gusto en cuanto al horror de los Mitos. En esta historia un joven científico acaba volviéndose una monstruosa abominación tentacular por culpa de sus experimentos. Esta muy bien narrado y lo único que uno tiende a lamentar es el final, tan diferente y por el contrario optimista, pese a que no en la forma tradicional. Se deja leer fácilmente y es muy interesante.
“El Lazo de la Medusa” colaboración entre Zealia Bishop y Lovecraft, es una reelaboración del mito de la Medusa bajo la lupa de los Mitos de Cthulhu. Hay un ambiente muy Lovecraftiano aquí; se respira desde el vamos un aura malsana en la casa donde el protagonista acude a oír la historia de una nefasta criatura cuyo reflejo es puesto en una pintura, donde se revela su verdadera esencia de aborrecible terror. Sin duda, Lovecraft cien por cien (lo lamento por Bishop, pero creo que el genio de Providence se lleva el merito indiscutiblemente aquí).
“La Maldición de Yig” es otra historia de la dupla Bishop/Lovecraft. Nos cuenta sobre Yig, Padre de Serpientes, y la maldición que cae sobre todo aquél que osa atacar a sus hijos. Aterrador por donde se lo mire. No recomendado para aquellos que no soportan a los ofidios –por mi parte, no le temo a las serpientes… mi temor son las arañas, je–.
“Una Talla en Madera” es otro ejemplo de cómo Derleth hizo sus buenos pinos copiando el estilo del Maestro. Aquí se nos habla de una estatua de madera del Gran Cthulhu, la cual tiene una enorme influencia mental sobre un crítico de arte, a tal grado de convertirlo en victima de los poderes del Exterior. No es un cuento ni tan bueno ni tan malo pero se deja leer, realmente.
“El Templo” es otra vez Lovecraft a puro Lovecraft. Una fatal y angustiante historia centrada en los tripulantes de un submarino alemán que caen victimas de una maldición y cuyo único sobreviviente se ve inexorablemente atraído a las profundidades, donde debe contemplar el horror de una decadente urbe sumergida que esconde más de una abominación.
De “La Mueca del Monstruo” de Bloch, poco puedo decir salvo que es otro relato relacionado con los Guls, aquellos demoníacos seres subterráneos medio caninos que medran los cuerpos de los muertos. No me gustó la verdad, aunque eso sí: hay mucho del estilo de Bloch aquí.
Y finalmente, “Nyarlathotep” de otra vez Lovecraft, es el plato final para acabar con éste libro. Un Lovecraft un tanto “Dunsaniano” en su premisa argumental, nos cuenta una terrible historia relacionada con el ser que da titulo al relato, Nyarlathotep, el Mensajero de los Dioses Exteriores. El Horror encarnado en sí mismo.

EN SINTESIS:

En síntesis, una muy buena antología, la cual me permito recomendar a todo el amante del genero del Terror en sí mismo, como a los seguidores del Ciclo de los Mitos de Cthulhu. No tiene desperdicio para nada.

¡Saludos a todos!

La Era del Crepúsculo (Ocho)



8
Apocalipsis

Para mitad del nuevo año, la construcción de la Phoenix estaba lista. En opinión de LeSarre, era justo a tiempo: las condiciones en la Tierra no podían ser peores. La locura, la violencia y el miedo provocaban disturbios que se extendían por todas las ciudades del mundo.
Por todo el globo, muchas pequeñas comunidades costeras cayeron y el contacto con ellas se perdió. Circularon historias increíbles acerca de cómo unos “hombres-pez” habían tomado el control de las mismas. Al mismo tiempo en que eso sucedía, empezaron a circular extraños rumores sobre lo que realmente estaba ocurriendo.
Según los periódicos y la televisión, los barcos desaparecían en altamar y algunos aviones que despegaron nunca más volvieron a aterrizar.
LeSarre contemplaba todo con mudo horror, puesto que él sabía lo que pasaba. Sabía, por su lectura del Necronomicón, que la influencia de Domaag T’eel en la Luna estaba debilitando las barreras… los pórticos con el Exterior se estaban rompiendo. Tarde o temprano, otros horrores, hermanos de la criatura lunar, se harían presentes... Y entonces la raza humana perecería.

***

Una segunda nave, la Tsien, se completó al cabo de otro prolongado lapso de tiempo. Cuando esto ocurrió, el proyecto Éxodo pasó a su segunda fase: el embarque humano.
Tanto el Dr. Wu como LeSarre discutieron cómo elegir a las personas que irían en las naves a Marte. El científico chino sostenía que solo los más inteligentes debían embarcar. Al fin de cuentas, ellos serian la cuna de una nueva civilización.
LeSarre, por supuesto, no estaba de acuerdo.
-¡Hay miles de millones de personas! ¿Cómo haríamos para probar su inteligencia? ¡No podemos perder el tiempo con test mentales!
-La Phoenix y la Tsien solo tienen cierta capacidad para albergar personas… y animales – dijo Wu.
-¿Animales?
El científico oriental se acomodó sus lentes.
-Necesitamos preservar no solo lo mejor del intelecto humano, sino también muestras biológicas, tanto de animales como de vegetales.
-¡Pero no habrá sitio para todos ellos! – protestó LeSarre.
-Precisamente, por eso tenemos que hacer una selección de la gente que viajara. Suena duro, pero no todos podrán hacerlo.
El director de la NASA hubiera deseado replicar algo a todo aquello, pero no pudo.

***

El manto de locura afectaba a casi toda la Tierra, para fin de año. Las ciudades degeneraron rápidamente en zonas de guerra, con gente matándose literalmente a los tiros en las calles y las pocas zonas rurales supervivientes a la oleada de enajenación violenta se encerraron en sí mismas.
Los gobiernos que todavía sobrevivían declararon en sus territorios la Ley Marcial y el Toque de Queda, y los ejércitos de cada país se movilizaron, tomando las riendas de la situación. Todo aquello solo sirvió para aumentar el problema: las libertades civiles e individuales se vieron repentinamente cortadas. Hubo protestas y revueltas, y todo acababa generalmente en balazos contra los manifestantes.
Tanto LeSarre como Wu entendieron que continuar en el planeta era inseguro. Ambos se trasladaron a la estación orbital, desde donde supervisaron Éxodo. Ya cientos de personas elegidas les acompañaban: los mejores y más brillantes ciudadanos chinos, así como numerosos oficiales del gobierno norteamericano y sus respectivas familias.
Parados enfrente de una ventana oval, el director de la NASA y su colega oriental contemplaron la Tierra, que flotaba por debajo de ellos.
-Parece tan tranquila desde aquí – comentó LeSarre, soñador.
-Es una mera apariencia – Wu consultó su Tablet-PC – Ha caído Internet.
-¿Eh?
-Internet – Wu señaló a su computadora – Es el fin. Colapsaron los servidores o se apagaron. Da igual. La Tierra está casi por completo sumida en el caos. Es de prever que los disturbios, los crímenes y la locura… y cosas peores, están por aumentar más, si cabe.
Silencio. LeSarre se sentía impotente. Mientras millones morían allá abajo, un grupo elegido de miles se salvarían, yendo rumbo a Marte.
-Me siento una mierda – confesó.
-Lamentarse es inútil, mi honorable amigo. Ahora lo único que queda es iniciar la fase final de Éxodo.
-Huir de aquí como ratas. Escapar de nuestro propio planeta – dijo LeSarre, irritado.
-Ustedes, los americanos, tienen un dicho: “Soldado que huye, sirve para otro combate”.
-Muy inspirador.
La ironía del director de la NASA no tuvo eco en su colega chino. Un compatriota suyo se le acercó y le dijo algo en su idioma original. Wu asintió gravemente y continuación, le comunicó a LeSarre la noticia:
-El sitio de lanzamiento de cohetes de Florida ha caído – dijo – Una turba enajenada lo destruyó hasta reducirlo a cenizas.
-¿Y la gente que estaba adentro?
Wu no respondió. LeSarre entendió de inmediato lo que ese silencio significaba.
-Estaré en mi habitación, si me necesitan – dijo y se marchó.

***

Era el Fin. O el nacimiento de una nueva era.
En la Luna, Domaag T’eel había triplicado su poder. Concentrando todos sus esfuerzos, desvió más y más su orbita de la Tierra, provocando con ello grandes terremotos y tsunamis.
La ciudad sumergida de R’lyeh y la isla de Ghatanothoa emergieron por completo del lecho marino. Sus horrores despertaron, después de evos de sueño sin interrupciones.
Lo que quedaba de la raza humana sobre la superficie del globo palideció ante la visión del Gran Cthulhu y el resto de los Primigenios, quienes no perdieron el tiempo y desparramaron su sacrílega perfidia por todos lados.
El Dr. Wu fue informado de lo que estaba ocurriendo y fue tras LeSarre para comunicárselo. Era hora de poner en marcha la Phoenix y la Tsien: la Tierra estaba condenada.
El antiguo director de la NASA no contestó a los llamados insistentes en la puerta de su cuarto. Cuando ayudado por varios hombres Wu logro abrirla, lo encontró muerto sobre su litera, de una sobredosis de sustancias químicas que se había inyectado.
Una nota dejada, escrita de su puño y letra, decía lo siguiente:

“No aguanto más. He tomado la decisión y me pesa, pero no puedo seguir aquí. No merezco estar entre los que se salven. Es por eso que me voy para siempre. Antes, he dado la orden sin que lo sepas, Wu. Quizás sea una terrible piedad, después de todo, pero creo que la mejor palabra para describirlo es GENOCIDIO…”
“He ordenado que sean disparadas todas las cabezas nucleares que hay en los satélites militares en orbita contra las ciudades que aun quedan en pie. Sé que millones de personas morirán, envueltas en bolas de fuego atómico, pero con ello les negaré a aquellas demoníacas criaturas la posibilidad de poder prolongar el terrible final de estas pobres gentes.”
“No tengo nada mas que decir. Pueden culparme a mí por la destrucción de la Tierra. Me hago enteramente responsable de este, mi ultimo acto…”
“Perdónenme… y que Dios, si es que existe, los proteja”.

David LeSarre

Cuando el Dr. Wu terminó de leer aquella nota, se volvió hacia sus hombres. Ordenó la evacuación inmediata de la estación orbital y el traspaso de todo el personal a las dos naves espaciales.
Cuando su orden se cumplió, el proyecto Éxodo completó su fase final. La Phoenix y la Tsien encendieron los motores y huyeron de la Tierra, hacia la negrura del espacio exterior.
Lo hicieron justo minutos antes de que todo el planeta saltara por los aires, incendiándose con el fuego del holocausto nuclear.

Epilogo
Rumbo a Marte

La última transmisión procedente de la Tierra llegó a oídos del Dr. Wu al poco tiempo, mientras las naves viajaban a Marte. El mensaje, procedente de la base antártica de la ONU, hablaba de “oscuras y horribles figuras que se mueven por el hielo”, detrás de las cuales “se mueve algo enorme, algo inhumanamente gigantesco…”
El científico ponderó la información y luego ordenó callarla. Nadie debía saber jamás sobre ella. La Tierra estaba aniquilada. Ahora, solo quedaba el futuro.
Les esperaba una ardua tarea cuando llegaran a Marte. Nada seria fácil.
Un nuevo mundo estaba a punto de comenzar…

La Era del Crepúsculo (Siete)



7
Los Últimos Días

Un año mas tarde, Domaag T’eel empezó a moverse. Lo hizo arrastrando consigo la Luna, cambiando su orbita.
Su tentaculada forma invadía al satélite natural de la Tierra como un cáncer. El fenómeno producido por el Primigenio tuvo sus consecuencias inmediatas para nuestro planeta.
Pequeñas inundaciones costeras y desastres naturales se produjeron, matando a cientos de personas por todo el globo. No fue, sin embargo, el único indicio para LeSarre de que el horror comenzaba. A la agitada convulsión de la naturaleza le siguió un brote de locura colectiva en aumento por todo el mundo, sumado a un sarpullido de incontables casos de actos de delincuencia alarmantes.
Los investigadores sociales atribuyeron el incremento de la delincuencia y la locura al temor generado por las noticias sobre la Luna.
LeSarre estaba de acuerdo con ellos, pero solo en parte. El público masivo desconocía el verdadero espanto que bullía en ese momento sobre la superficie selenita. La versión que se dio a la Prensa de los hechos era la siguiente: el cambio de orbita de la Luna obedecía a una anomalía natural en su campo gravitacional. Nada más.
Si bien la gente se tragó aquella mentira tan bien elaborada por la gente de LeSarre y el Dr. Wu, hubo quien acusó a las superpotencias del planeta de andar haciendo experimentos científicos ilegales y que las consecuencias de dichas “manipulaciones gravitacionales intencionadas” las pagaríamos todos.
Si hubiera sido otra la ocasión, LeSarre se hubiera mofado de los “locos de las conspiraciones”. Dado el caso de que en efecto se trataba de evitar el pánico general en pos de un bien mayor, el director de la NASA decidió permanecer en silencio ante esto y limitarse solamente a supervisar el proyecto Éxodo junto con su colega chino.
Respecto a ello, LeSarre lo tenia bastante difícil. Debido a cierta postura del gobierno estadounidense, había sendos problemas para conseguir más dinero. Estaba en un aprieto. Algo tenía que hacer para que el aporte norteamericano continuara vigente…
Por parte de China, el Dr. Wu había conseguido notables progresos. Con la ayuda de la información contenida en el Necronomicón y los últimos datos científicos, el genio oriental consiguió persuadir a los gobernantes de su país para que aumentaran su esfuerzo en el desarrollo espacial.
Era una carrera contra el reloj. Ambos (LeSarre y Wu) lo sabían.
…Y todavía faltaba lo peor…

***

Domaag T’eel ganó más y más poder, a medida que los meses de aquel año transcurrieron. Como consecuencia, la situación en la Tierra fue empeorando, a medida que la orbita de la Luna estaba mas alterada.
Los desastres naturales y las inundaciones costeras empeoraban y se volvieron muy graves en muchos sitios, causando millones de victimas.
Las noticias destacaron con especial énfasis el aumento de las cifras de los casos de locura y delincuencia por todo el globo. Sumado a este extraño comportamiento, se produjeron multitud de fenómenos inexplicables. La mayoría de los científicos estaban desconcertados ante esta situación y no encontraron una explicación satisfactoria.
La paranoia e histeria creciente llevó a LeSarre a pedir audiencia privada con el Presidente de los Estados Unidos en persona, el señor Kenneth, quien lo recibió en la Casa Blanca, en el Salón Oval, fumando su clásico puro cubano.
El Primer Mandatario estaba al tanto del trasfondo que existía tras el caos generalizado que se producía en el mundo, pero LeSarre creyó conveniente refrescarle la memoria… y conseguir el tan ansiado aumento para el programa Éxodo.
-Señor Presidente, con el debido respeto… ¡Tenemos que movernos!
-LeSarre, insulta mi inteligencia – Kenneth exhaló una amplia nube de humo de su habano y se reclinó en su sillón – Mis asesores me mantienen al tanto de lo que acontece tras bambalinas. Sé perfectamente que el aumento de la locura y la delincuencia tienen que ver con esa cosa en la Luna.
-Por eso, justamente, necesitamos acelerar la construcción de la estación espacial – le interrumpió LeSarre.
-Sigo pensando que el coste del proyecto Éxodo es muy elevado – terció el Presidente – Mis asesores me han dicho que la opción nuclear es una salida viable.
-¡No hablara en serio!
-Seré franco con usted, LeSarre: sale mas barato tirarle a ese monstruo un par de bombas nucleares que construir naves espaciales para evacuar a la población.
-Pero mi colega, el Dr. Wu…
-Sé lo que China piensa el respecto, pero somos Norteamérica. No me gusta depender del criterio de otros países a la hora de tomar decisiones de peso – Kenneth volvió a fumar su habano – Lo lamento.
-Pero al menos considere las opciones – suplicó LeSarre.
-Le diré qué: si nuestro ataque nuclear no surte efecto en esa cosa, me comprometo a darle más fondos para acabar esa dichosa estación espacial y sus naves. ¿De acuerdo?
-Puede que no tengamos más oportunidades, señor Presidente…
-Me arriesgaré.
LeSarre bajó la mirada, derrotado.
Ahora todo dependía del resultado del primer ataque con armas nucleares a un Primigenio.
Una oscura sospecha de fracaso y calamidad se extendió por el director de la NASA. Aquella escalada armamentista solo podía culminar de una sola manera: MAL.

***

A una hora determinada, los silos de América del Norte se abrieron y vomitaron sus mortíferas cargas. Los misiles volaron hacia la superficie lunar a toda potencia e hicieron impacto contra el amorfo y gigantesco cuerpo de Domaag T’eel.
Se produjeron una serie de increíbles explosiones y desde la Tierra, Kenneth y su gente contuvieron la respiración.
Cuando el fuego atómico se disipó, todos aullaron a una del espanto. ¡El Primigenio seguía vivo!
Allí donde las bombas le dieron estaba herido, pero hábilmente la criatura comenzaba a regenerarse a toda prisa. En unas pocas horas, estaba igual que antes… y listo para devolver el golpe.
De su cuerpo, surgieron dos bolas de antimateria concentrada. Las escupió en dirección a la Tierra.
La primera cayó sobre Dallas, Texas. La ciudad y sus alrededores desaparecieron en una deflagración espantosa que consumió cada átomo y molécula de todo lo que se encontraba, incluso, a muchos kilómetros de distancia del lugar del impacto.
La segunda cayó sobre el océano Pacifico, levantando olas de muchos kilómetros de distancia por efecto de la onda de choque. Los tsunamis que se formaron arrasaron con ciudades costeras en un pestañeo.
El Presidente Kenneth contempló la masacre que por culpa de su arrogancia se había producido y se desplomó, abatido. Llamó por teléfono a LeSarre, le dio su total apoyo para subvencionar el proyecto Éxodo hasta su término y autoridad para disponer de cuanto quisiera, y después de dejar todo asentado por escrito y por la vía legal, se voló la tapa de los sesos con una pistola Browning 9 mm en el Salón Oval.

***

Al comienzo del siguiente año, la estación espacial estaba lista. Ahora empezaba la construcción de la Phoenix, la primera gran nave capaz de llevar a un amplio numero de gente hacia Marte.

La Era del Crepúsculo (Seis)



6
La Operación Éxodo

El Dr. Wu y LeSarre se reunieron una semana después. El sabio chino estaba al tanto del horror que acechaba en la Luna. No solo lo habían convencido las palabras de Crowley y su propia lectura del Necronomicón, sino también lo que los observatorios orientales habían descubierto recientemente sobre la superficie selenita.
-Estas tomas que voy a enseñarle se han sacado hará horas – Wu le alcanzó al director de la NASA unas fotos de la Luna, ampliadas – Como puede usted ver, algo ha surgido y ahora ocupa kilómetros y kilómetros de suelo selenita.
-Mi Dios – LeSarre estaba sorprendido y aterrorizado a la vez - ¿Qué diablos es esto?
-Eso, señor LeSarre, es Domaag T’eel.
En la foto que el director de la agencia aeroespacial de Estados Unidos tenia enfrente, una ciclópea criatura tentacular, con forma de estrella de mar, se extendía sobre la Luna, abarcando ya casi toda su cara visible.
-Es… Es… ¡Es espantoso!
-Totalmente de acuerdo con usted. También me imagino que ya sabrá que esa aberración no está sola.
El científico se refería a las criaturas descriptas en el Necronomicón, donde se aseguraba que esos otros horrores eran “hermanos” de Domaag T’eel.
-¡Debemos poner freno a estos monstruos! – dijo LeSarre.
-Hemos analizado la posibilidad de atacar a la bestia con cabezas nucleares – le informó Wu – Lamentablemente, el resultado seria pernicioso para nuestro planeta.
-Pero debe haber algo que podemos hacer. ¡No pretenderá que nos quedemos de brazos cruzados sin hacer nada!
-No, señor. Mi gobierno, que está al tanto de todo esto, me ha comisionado para proponerles a sus líderes y a usted una solución lógica al problema.
-¿Cuál seria?
-La Operación Éxodo.
LeSarre enarcó una ceja. El científico se lo explicó mejor.
-No podemos luchar contra los horrores de Domaag T’eel y sus hermanos. Lo único que le queda a la raza humana para sobrevivir es huir. Mi gobierno propone al suyo la construcción de una estación orbital, la cual servirá para el emplazamiento de una o más naves espaciales capaces de llegar a Marte.
-¿Así que esa es la solución? ¿Huir como ratas de nuestro planeta? Francamente, Dr. Wu, no me gusta.
-Usted sabe como yo que no hay otra alternativa – el sabio chino se cruzó de brazos – Solo un tercio de la población terrestre podrá salvar la vida gracias a Éxodo.
-¿Y que hay del resto? ¿Los dejamos para que se mueran, simplemente? – protestó LeSarre.
El Dr. Wu se acomodó los lentes. Su semblante era sereno. Si bien todo aquello también lo aterraba, gracias a la templanza característica de los orientales podía mantener la cabeza fría en semejante situación.
-¿Conoce una alternativa mejor, señor LeSarre? – preguntó.
El director de la NASA no respondió.
-Si aplicamos la Operación Éxodo cuanto antes, podremos salvar muchas vidas a cambio.
-Usted sabe que no será fácil – le recordó LeSarre – Construir algo tan grande e importante como una estación orbital llevará su tiempo… y dinero.
-Mi gobierno lo financiara.
-Entonces debe ayudarme a hacer que el mío también se una el proyecto.
Silencio. LeSarre volvió a ver las fotos de la Luna.
-Que el cielo nos proteja – murmuró.
-Justamente, es lo que hará – dijo Wu, asintiendo.

***

El anuncio fue hecho público cierto tiempo después. LeSarre y el Dr. Wu dieron una conferencia donde informaron de una comparecencia conjunta. Estados Unidos y China cooperarían en la construcción de una gran estación espacial.
-¿Cuál es el objetivo de este proyecto en común, señor LeSarre? – le preguntó un periodista.
-Bueno… pues usar la estación orbital para investigación científica, claro.
-…Y no olvidemos la posibilidad de su función como dique de construcción de una nave que podría ser enviada a Marte – agregó Wu. Su colega estadounidense se lo quedó mirando con la boca abierta.
Más tarde, finalizada la conferencia y reunidos en una oficina privada, LeSarre increpó a Wu sobre lo que había dicho…
-¿Se volvió loco? ¿No era Éxodo un proyecto secreto?
-¿Cómo esconde un elefante de la vista de todos, señor LeSarre? Pues simplemente colocándolo junto a otros de su misma especie.
-¡Oh, no juegue conmigo con su filosofía oriental! ¡Se ha arriesgado mucho con lo que ha hecho!
-Para nada – Wu le restó importancia – Ahora nadie hará preguntas molestas ni sospechara nada. Podremos trabajar tranquilos a la vista de todo el planeta.

***

Pero el sabio hombre de ciencias chino se equivocaba. El trabajo de la construcción de la estación espacial transcurriría en un ritmo muy lento. Se producirían recortes en el presupuesto, en los dos años que transcurrieron después, debido a presiones políticas. La posterior investigación periodística revelaría que el proyecto estaba sufriendo grandes retrasos en parte debido a corruptelas políticas y a equipo defectuoso entregado por contratistas gubernamentales.
La lentitud con la que marchaba todo hacía que LeSarre se pusiera nervioso. Ahora había mas gente observando a la Luna con sus telescopios. Para el director de la NASA era una suerte que todos ellos trabajaran para él. Se preguntaba cuándo tendrían noticias de la actividad de Domaag T’eel en el satélite natural de la Tierra. Hasta el momento, el Primigenio solo se había limitado a aumentar su masa y abarcar más kilómetros de suelo selenita.
LeSarre deseaba saber si la criatura realmente haría algo.
Al año siguiente, tuvo su respuesta…

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Era del Crepúsculo (Cinco)



5
La revelación del hombre muerto

La pérdida de la base lunar fue significativamente un duro golpe para la carrera espacial del mundo, pero donde caló mas hondo fue en el orgullo de los norteamericanos.
A David LeSarre, el nuevo director de la NASA, le tocó bailar con la más fea. En conferencia de prensa, explicó los pormenores de lo que había ocurrido en la Luna y que había acabado con la vida de tantas personas. Lo que LeSarre no sabía era que en realidad estaba dando a conocer al público la versión amañada de los hechos, preparada con antelación por el difunto Dr. Tensier y sus seguidores.
La Prensa y la gente en general creyeron esa versión, pero el daño estaba lejos de repararse. La ONU había apostado mucho al proyecto lunar… ¿Cómo podría LeSarre compensarlos por las pérdidas económicas que significaron la destrucción del complejo espacial? Y, además, ¿cómo podría compensar las vidas que durante el trágico hecho se perdieron?
David estaba perplejo… y acorralado. En menudo baile le habían metido.

***

LeSarre volvió a su casa tras un duro día de trabajo. Cuando entró en su apartamento, lo sorprendió un hombre vestido de negro, quien sentado en un sillón lo miró con seriedad.
-¿Quién es usted? ¿Cómo entró? – preguntó el director de la NASA.
-No importa el “cómo”, señor LeSarre. Importa el motivo – el hombre, tranquilo, lo invitó a sentarse. LeSarre permaneció de pie – Creo que hay algo que usted debería oír, y es la verdad tras la explosión en la base lunar.
-¿De que habla? ¡Ya he comunicado al mundo la verdad de lo sucedido!
El hombre negó con la cabeza.
-No, señor LeSarre. Ha comunicado usted lo que hemos preparado para consumo del público. Temo que es todo un engaño, por lo cual debo contarle a usted la verdad que se esconde detrás de él, antes de que sea tarde.
El hombre comenzó su extenso relato. Al principio, David no le creyó nada. ¿Conspiraciones en las altas esferas? ¿Cultos de adoración demoníaca? ¿Sacrificios humanos? ¿Contactos con extraterrestres? ¿Planes para liberar un horror primigenio que yacía dormido en la Luna? Era demasiado loco para ser cierto.
El hombre pareció notar la incredulidad de su espectador y pasó entonces a contarle detalles técnicos sobre la base lunar que solo alguien que hubiera estado allí conocería profundamente.
Aquello impresionó a LeSarre, haciéndolo mirar con más atención a su misterioso visitante. Llevaba un parche en el ojo izquierdo y además, unas feas cicatrices de quemadura deformaban aquella parte de su rostro. Era la primera vez que lo veía y, sin embargo, LeSarre estaba seguro que ya lo conocía de antes…
Pero… ¡No podía ser!
¿O sí?
-Usted… hay algo familiar en usted… - LeSarre titubeó – Usted… ¡Usted es Edward Crowley, el segundo al mando del proyecto lunar, el colega de Tensier!
-Así es.
-¡Pero es imposible! ¡Se supone que usted había muerto en la Luna!
-Como puede ver, no ha ocurrido así, señor LeSarre. Pero tranquilícese y se lo explicaré… En realidad, le debo el seguir con vida a la ayuda que recibí de otra raza extraterrestre rival de aquellos a los que Tensier y yo servíamos. Ellos me salvaron, solo para que yo pudiera advertirle a usted del peligro que se aproxima a nuestro planeta. Ellos… los Mi-Go, los Hongos de Yuggoth.
Crowley pasó a contarle a LeSarre su odisea personal. Cómo huyo de la matanza perpetrada por los vástagos de Domaag T’eel y vagó, solitario y sin esperanzas, por el yermo lunar.
Su vida estaba condenada a terminar allí y se había rendido, dejándose caer sobre una roca en un valle desolado, cuando una nave alienígena le encontró, moribundo y semi-abrasado por el Sol dentro de su traje espacial, con apenas algo de oxigeno.
-Los Mi-Go me rescataron. Me llevaron con ellos – explicó Crowley a LeSarre – Estaban al tanto de la liberación de Domaag T’eel. No les convenía. El retorno de los Primigenios es malo para sus negocios en nuestro planeta – sonrió – Cada uno protege sus intereses en este juego de poderes del Mal. Me devolvieron a este planeta para advertir de la amenaza que se viene, lo que liberamos con nuestra imprudencia…
Silencio. Crowley enmudeció. LeSarre por el contrario estaba muy impresionado.
Le creía. Ahora sí. Creía en todo lo que le había dicho.
-Exactamente, ¿Qué espera que haga? – preguntó.
Crowley no se lo dijo todavía. Agregó una cosa más, antes.
-He hablado con antelación con su colega, el Dr. Wu, del programa espacial de China. Lo he puesto al tanto del horror que nos acecha.
-No ha contestado a mi pregunta. ¿Qué espera que hagamos el Dr. Wu y yo?
-¿Qué no es claro, señor LeSarre? Salvar a la Humanidad. Ya es tarde para detener a Domaag T’eel y evitar la liberación de sus hermanos primigenios que yacen encerrados aquí, en la Tierra. Pero no lo es para salvar lo que queda de nuestra especie del horror supremo que viene – Crowley rebuscó en una bolsa que tenia consigo. Sacó un grueso tomo de un viejo libro con olor a moho – Este es el Necronomicón, señor LeSarre – se lo entregó – Léalo. Aprenda de él contra qué nos enfrentamos.
Se puso de pie trabajosamente. Cojeando, comenzó a marcharse del apartamento.
-¡Espere! ¿Adonde va?
-Debo volver con los Mi-Go. Ahora, les pertenezco. No volveremos a vernos nunca más.
-¡Aguarde un momento! ¿Qué se supone que debo buscar en el libro?
Crowley se detuvo. Miró a LeSarre con el único ojo que le quedaba sano.
-La verdad. La verdad que lo liberara… o lo aterrorizara, señor LeSarre. Ahí está. Leala, aprenda y tiemble.
El hombre se marchó. LeSarre se quedó mirando el Necronomicón entre sus manos con curiosidad.
Con un suspiro de resignación, comenzó a leerlo…

La Era del Crepúsculo (Cuatro)



4
Domaag T’eel

Un año más tarde…
La nave que llevaba al Dr. Tensier a la base lunar descendió lentamente en la bahía de embarque. Ansioso, el científico salió de ella y se reunió con su mano derecha en el proyecto y a la vez, miembro también del culto a Domaag T’eel, Edward Crowley.
-¿Cómo van los preparativos? – inquirió Tensier a su socio, mientras caminaban por un largo pasillo.
-Todo en orden. Nuestra gente espera ocupar su lugar a la hora señalada.
-¿No habrá contratiempos?
-Podemos esperar sorpresa por parte del personal que no forma parte de la operación, pero nada que no podamos controlar.
Tensier asintió. Crowley y él se detuvieron en una intersección del pasillo.
-¿Y la versión que se dará a la Prensa mundial? – preguntó.
-Es la siguiente: durante las pruebas de un sistema guiado y de una planta de energía para la nave que viajaría a Marte, se produjo un terrible accidente que desencadenó una explosión. La base lunar queda completamente fuera de funcionamiento y la onda expansiva resultante de la catástrofe destruye los sistemas de apoyo vital de la base científica de la ONU.
-Muy convincente – Tensier pensó un momento – Por supuesto, nuestra propia supervivencia está asegurada, me imagino.
-Supones bien. Para esas alturas, el Amo será libre y nosotros estaremos dentro de cierta cosmonave que en estos momentos, orbita secretamente la Luna.
Tensier sonrió.
-Has hecho un buen trabajo, Crowley. Nunca podré pagarte todos los favores cumplidos.
-Todos seremos recompensados a su tiempo cuando nuestro Dios sea libre de su prisión. De eso, no tengo dudas, Albert.
Tensier frunció el ceño levemente. Solo existía algo con lo que no estaba de acuerdo con su socio y era en llamar “Dios” a esa cosa.
Tensier era un hombre de ciencia; básicamente, Domaag T’eel era para él solo una avanzada forma de vida, un ser alienígena atrapado debajo del suelo lunar por obra de otras entidades extraterrestres poco claras. Nada más. Lo único que le interesaba del caso eran las promesas de conocimiento cósmico hechas por los vástagos del Primigenio. Algo que de hacerse real, lo convertiría en el dueño de un vasto poder como jamás lo tendría ser alguno en la Tierra.
-Muy bien – Tensier suspiró – Hagámoslo.
Crowley asintió. Ambos se separaron, dispuestos a ocupar sus correspondientes lugares para la hora señalada.
La cuenta regresiva para la raza humana había comenzado…

***

El lugar era el interior de un cráter adyacente a la base lunar. Después del amotinamiento y toma subsiguiente de control del complejo, Tensier y Crowley, junto con sus secuaces, acudieron allí enfundados en sendos trajes espaciales.
No estaban solos en su infausto trabajo. Los vástagos horribles de Domaag T’eel se hicieron presentes, llegando a ellos desde el lado oscuro de la Luna, su hábitat natural. Como Tensier comprobó, al parecer no necesitaban trajes para sobrevivir en un ambiente hostil y de gravedad escasa.
Sin perder tiempo, los hombres de Tensier armaron el supertaladro láser y lo pusieron en funcionamiento. Mientras la maquina abría un agujero de enormes proporciones en la roca sólida, Crowley usaba una Tablet-PC con la edición digitalizada del Necronomicón, para entonar el Cántico de los Pórticos, aquél que exigía el ritual para despertar de su sueño a Domaag T’eel.
El resultado no se hizo esperar. Hubo un inesperado movimiento de tierra y cuando el taladro fue desactivado, quedó al descubierto una enorme loza con el Símbolo Mayor grabado en ella. 


Uno de los hijos de Domaag T’eel comunicó telepáticamente a Tensier que su progenitor se hallaba debajo de aquel sello.
-Okey. Llegó la hora de colocar los explosivos y largarnos. ¿Está lista la nave que nos recogerá, Crowley?
-Lista y esperándonos.
-Bien. Adelante.
Los explosivos fueron colocados, pero súbitamente hubo un cambio de planes en la agenda de Tensier… Abalanzándose sobre él, los vástagos de Domaag T’eel lo inmovilizaron con sus garras y tentáculos, y lo arrastraron hasta la loza.
-¿Pero qué están haciendo? – gritó, presa del pánico - ¡Esto no era lo que habíamos acordado!
“Lo acordado es irrelevante ahora”, le dijo telepáticamente uno de los extraterrestres, “Solo la liberación de nuestro Padre es nuestra prioridad. Nos sacrificaremos en su honor”.
-¡No! ¡Suéltenme!
“Has servido bien, Tensier… y servirás excelentemente cuando tu cerebro sea usado para incrementar la inteligencia de Domaag T’eel”.
-¡No, no, no! ¡Crowley, ayúdame! ¡Haz algo! ¡Quieren robarme el cerebro! – los gritos del científico resonaban por los sistemas de comunicación del traje espacial, pero su pedido de auxilio no encontró eco. Más vástagos del Primigenio atrapado en la luna llegaron y mataron a todos los hombres, destrozándolos.
Solo Crowley salvó su vida de milagro, huyendo como pudo en mitad del caos hacia el yermo desierto selenita. Abandonado a su suerte y sin refugio, perecería pronto.
Sin humanos vivos en ese lugar, salvo Tensier, los alienígenas entonaron un cántico sobre la loza… al mismo momento en que los explosivos detonaron.
La deflagración fue terrible. La onda expansiva llegó a la cercana base lunar y arrasó con ella. De la nube de polvo y fragmentos que se levantaron flotando, estaban los pedazos de la loza con el Sello Mayor, destruida e inútil ya.
Domaag T’eel no esperó a que el polvo se disipara. Sus seudópodos se alzaron primero del hoyo abierto y se cerraron sobre el cuerpo moribundo de Tensier. Tiraron de él y lo arrastraron.
Absorbiéndolo, Domaag T’eel dio buena cuenta de él, pero preservó su cerebro intacto, el cual su amorfo y sobrenatural cuerpo asimiló y uso para incrementar su intelecto. Después de aquel primer bocado, la criatura estiró su plásmica forma, similar a una estrella de mar, y abarcó kilómetros y kilómetros de la superficie lunar.
Cuando acabó de estirarse, fue entonces que su único ojo descarnado se fijó en la pequeña esfera azul y blanca suspendida en el eterno cielo estrellado.
Domaag T’eel sonrió, a su manera. Era tal y como la recordaba, y más. El cerebro de Tensier se lo informó. La Tierra estaba ahora infestada por humanos.
Ahora que él había despertado, muy pronto todo eso cambiaria…