jueves, 28 de marzo de 2013

Para el próximo mes: una historia diferente



¿Por qué diferente? Digamos que por la temática. Hasta este momento, este ha sido un blog donde he colocado todos mis trabajos relacionados con la fantasía, la ciencia-ficción y el terror, y hasta me he permitido explorar el terreno de la mística religiosa. Pues bien, en esta ocasión he decido entrar de lleno en la religión en sí misma. Ya he explicado por estos lados –y por otros– que soy creyente. La reciente asunción del flamante Papa argentino, Francisco, ha hecho renacer en mí mi fe católica, con la cual había entrado en conflicto hacía mucho tiempo atrás, cuando –equivocadamente– busque consuelo en las ideas del Atalayismo. Por eso y por sobre todas las cosas porque soy escritor y creo firmemente que un buen escritor es aquel escritor versátil, el que puede encarar no un solo género sino varios, es que el mes que viene tendremos una historia de corte religioso.

La historia de un ficticio Papa llamado Juan Pablo III.

Hasta el momento es un solo relato el que llevo escrito, pero pretendo que sean tres, reflejando los momentos claves de su ficticio pontificado: Asunción, pontificado y deceso. Quedaría así una bonita trilogía. Pero es demasiado temprano todavía para hablar de los otros dos relatos futuros… de momento, el mes que viene, tendremos en exclusiva aquí en “El Diario del Vigilante” la historia de este humilde Papa, el cual viene a suceder al actual que ahora tenemos –siempre siguiendo la ficción, claro–.

A los habituales lectores, les pido humildemente que me acompañen, si ese es su deseo. Si por el contrario no les interesa la idea y hasta –todo puede ser – les repugna que expanda mis horizontes y escriba sobre otras cosas ajenas al género fantástico tradicional, pues les pido disculpas. Seguramente más adelante vendrán de nuevo historias de fantasmas, vampiros, zombies, etc, etc. Ahora, ahora tengo ganas de escribir sobre otras cosas. Me pondría muy feliz saber que, escriba lo que escriba, seguiré contando con todos ustedes, pero ya saben lo que yo opino: la libertad prima ante todo. Siéntanse, pues, libres de hacer lo que deseen…

¡Nos vemos el mes que viene con esta nueva historia y Felices Pascuas para todos!

FEDERICO H. BRAVO

martes, 26 de marzo de 2013

Rama II, de Arthur C. Clarke y Gentry Lee



Rama II continua la historia fascinante de “Cita con Rama”, la gran novela de Arthur C. Clarke, uno de los clásicos mas leídos de la ciencia ficción moderna.
Comienza en el año 2200, cuando se ha detectado la aparición de una segunda nave espacial idéntica a Rama, aquella nave desierta que había penetrado en el sistema solar setenta años atrás. La primera Rama había tomado por sorpresa a la Tierra. Esta vez, en cambio, una expedición se prepara concienzudamente para intentar resolver los misterios que plantea este nuevo contacto con inteligencias extraterrestres.

MI OPINION DE ESTA NOVELA:

¿La verdad? Un genuino ejemplo de cómo una idea brillante, en determinadas manos, puede convertirse en… un autentico plomo.
“Rama II” intenta continuar la historia de “Cita con Rama”, una muy buena novela de ciencia ficción escrita por Arthur Clarke. En esta ocasión, Clarke aportó las ideas para la secuela, pero el merito de esta soporífera Segunda Parte se lo debemos a Gentry Lee, el verdadero escritor de la misma.
La premisa argumental nos traslada al año 2200, setenta años después de la primera misión Rama. Ahora una segunda nave ramana se acerca a la Tierra y un nuevo equipo de cosmonautas compuesto por científicos, militares y reporteros, acudirá a la cita con el coloso extraterrestre. A partir de allí se inicia una nueva aventura que poco y nada tiene que ver en el estilo con su antecesora.

Para empezar, Gentry Lee no es Arthur Clarke. Su estilo narrativo es otro. Más pesado, más lento… más soporífero. Hay parrafadas y parrafadas de capítulos completamente intrascendentes que llenan espacio de manera impúdica. Lo mismo sucede con diálogos y personajes que más que interesar, no convencen.

Me costó mucho –muchísimo– leer esta novela. Prácticamente el autor se toma su tiempo y la aventura –la incursión en Rama II– apenas si remonta algo la cosa. Hay nuevos enigmas, los cuales de ningún modo encontraran solución alguna aquí en este libro, ya que por supuesto es el iniciador de otra larga saga, la cual al principio iba a leer pero ahora y dado el caso, pensándolo mejor, opte por no hacerlo.

En verdad, es muy frustrante. Por supuesto, deslindo la responsabilidad de Arthur Clarke de todo esto, quien de por sí es un excelente escritor… el único culpable de que el libro no sea bueno la tiene Gentry Lee, de quien la pequeña biografía que tiene el libro sobre él dice que fue el guionista de la famosa serie “Cosmos”, de Carl Sagan, entre otras cosas. Lamentablemente como narrador no me convenció, y a mi criterio personal, deja muchísimo que desear…

EN SINTESIS:

Una perdida de tiempo y dinero. Un libro no muy bueno. No lo recomendaría para nada, la verdad.

Saludos.

StarGate Vs Aliens (Cinco)



CAPITULO QUINTO

CORONEL SAMANTHA CARTER. BASE DEL SGC
YA CERCA DEL AMANECER…

¿Dónde estaba?

Mientras me encontraba de pie delante del StarGate, rodeada de un nuevo destacamento de soldados apostados en la zona de embarque, que se dedicaban a la ardua tarea de llevarse los cadáveres y de limpiar el sitio, no dejaba de pensar en él.

¿Dónde estaba Jack?

Me era imposible recordar las coordenadas de símbolos que había marcado en el Portal. Había sido una suerte de marcada al azar. Y creía (no, estaba segura) de que lo mas probable era que había metido la pata, enviándole a un mundo que dentro de nuestro cuadrante estaba marcado como un territorio Goa’uld.

Que demonios. Que me cuelguen. Quizás había condenado a Jack a un destino peor.

Una cosa era segura: el Alien lo había seguido. Y segundos después de haberse evaporado ambos por el Portal, éste se cerró, dejándome en la más completa de las incertidumbres.

-Coronel Carter – me llamó uno de los sargentos que estaban comandando la operación de limpieza y restauración del SGC.

-Infórmeme, Sargento.

-Todo en orden. Recuperamos el cien por cien de operaciones y no hay rastros de más agentes invasores en ningún lado.

Asentí, aliviada.

-Muy bien. Bajen la alerta. Volvemos a modo normal, chicos.

El Sargento se retiró y justo cuando me hundía nuevamente en pensamientos lúgubres, el StarGate comenzó a girar solo, comenzando a marcar símbolos.

-¡Tenemos un embarque no programado! – exclamó un técnico desde la cabina.

Retrocedí. Los soldados apostados en la zona de embarque se adelantaron, formando una barricada con sus armas listas. No creía que fuera el Alien regresando por nuestro propio Portal, pero… pero uno nunca sabe.

Pasamos unos agónicos segundos mientras el Portal marcaba símbolo tras símbolo hasta el último. Luego, el agujero espacial se abrió y nada emergió de él.

Nada hasta que Jack O’Neill apareció, silbando tranquilamente por lo bajo, con su arma sobre el hombro y aparentemente, tranquilo.

-Descansen, soldados – dijo, descendiendo por la rampa. Las armas bajaron de inmediato. No pude reprimirme mas y corrí a abrazarle - ¡Que recibimiento, Coronel! Creo que voy a salir más a menudo de nuevo del planeta.

Me sonroje bastante al darme cuenta de mi efusividad. Hubo risitas contenidas de parte de los soldados y operarios y luego, el Portal a espaldas de Jack se cerró.

-¿Dónde demonios has estado? ¿Qué pasó?

-Woa, Carter, despacio. Me mareas.

-Perdón.

-Me mandaste a un planeta Goa’uld – me dijo. Sonó a reproche, pero por la expresión de sarcasmo en su rostro, noté que no estaba tan enojado como debería estar – Casi me cocinan los Jaffas de allí.

-¿Y como es que…?

-¿Huí? Bien, nuestro amiguito no deseado (el Alien, claro) se encargo de complicarles las cosas a los que estaban ahí. Llegó justo después de mí y no tuve que hacer mucho en realidad, solo salírmele del paso. Fue algo difícil, pero lo hice.

-¿Y los Goa’uld?

Jack sonrió, irónico.

-Digamos que se quedaron con el regalito. No sé mas, ya que apenas pude hacerlo, remarqué el Portal y me marché de allí a toda prisa. Claro que no iba a ser lo suficientemente tonto como para remarcar a casa. Hice un viaje relámpago a otro planeta, uno que ya habíamos visitado, por cierto… No, tranquila, no era un mundo habitado por civilización alguna, apenas unas viejas ruinas – Jack le hizo señas a un soldado y le depositó el arma que había llevado consigo en sus manos. El soldado, solicito, se la llevó – Desde ese punto marqué a casa…

-Muy bien pensado. De esa forma, no solo no te podrían seguir los Goa’ulds sino que tampoco el Alien.

-Oh, el Alien se quedo muy ocupado dándole cierta lección de horror en primera clase a Zeus. Yo no me preocuparía por él nunca más.

Enarqué una ceja.

-¿Dijiste Zeus?

Jack se encogió de hombros.

-Otro Señor del Sistema Goa’uld que no habíamos visto hasta ahora… no te preocupes. Tachémoslo de la lista, eso si.

Jack volvió entonces su mirada al resto del cuartel general. Le satisfizo saber que en el tiempo que había estado ausente había recuperado la estabilidad de la base.

-Me alegra saber eso… ¡Tenemos que enviar una pronta partida de rescate a por Teal’c y Daniel!

-No hace falta. Ya están de regreso.

Jack me miró, con cara de escepticismo.

-¿Cómo es eso?

-Escaparon de Base Tartarus por los pelos a bordo de una aeronave experimental. Estuvieron a la deriva en el espacio cercano al planeta de Tartarus hasta que una nave Asgard los recogió. Los trajeron mediante hiperimpulsion. Fraiser los esta revisando ahora.

Jack suspiró, aliviado.

-Menos mal.

-Me han contado una historia increíble – mientras caminábamos hacia la salida de la zona de embarque, le conté a Jack toda la historia que Teal’c y Daniel nos habían narrado; de cómo las criaturas tomaron Base Tartarus, de cómo los experimentos genéticos de allí eran los culpables de darles vida y de cómo la valiente Teniente Ripley había colaborado en su escape.

Jack se quedo asombrado de enterarse de que había más Aliens por allí, muchos más. Lo primero que hizo fue dar órdenes estrictas de clasificar aquel planeta de Base Tartarus como “NEGATIVO” para nuevas visitas en el futuro. No había esperanzas de mandar nuevos destacamentos de soldados para rescatar a la Teniente Ripley ya que, según Daniel, aquella pobre mujer estaba también infectada por las criaturas y seria en vano.

Lentamente, el control del SGC regresaba a su sitial normal. Los barridos de limpieza dejaron el saldo de una base otra vez segura y de muchas bajas por culpa del invasor estelar.

Muchos buenos soldados, técnicos y operarios habían perdido la vida en aquella odisea vivida. Nunca serán olvidados y su valiente accionar ante el invasor será recordado siempre.

¿Dije “recordado siempre”?  

En realidad, había más problemas y antes de poder acabar retomando la normalidad que teníamos antes, debíamos enfrentarnos a ellos.

¿Cómo podríamos saber que no vendrían de ningún alienígena sino, de nuestro propio gobierno?

***

DOCTOR DANIEL JACKSON. BASE DEL SGC
HORAS DESPUES, EN MITAD DE LA SALA DE CONFERENCIAS…

Hubiera deseado descansar al menos un par de horas y creo que hubiera dormido como tronco, de poder hacerlo, pero la orden de O’Neill había sido terminante: todo el SG-1 a la sala de conferencias.

Hacia pocas horas de nuestro retorno a casa. La aeronave que habíamos usado Teal’c y yo nos había servido para trazar una orbita que nos alejó del planeta de la Base Tartarus, pero después, dependió de la pura suerte y del azar que una nave Asgard se encontrara en las inmediaciones del cuadrante espacial.

En términos mas comunes, “nos dieron un empujón” a casa.

A bordo de la nave Asgard, regresamos rápidamente a casa. Después, fue cosa de teleportacion al cuartel.

Muchas cosas habían sucedió en nuestra ausencia y solo cuando Sam y el resto supieron nuestra parte de la historia, pudimos analizar y comprender la suya.

La terrible especie Alien que habíamos enfrentado de alguna manera había dejado marcas también en el SGC. No habíamos podido llegar a tiempo para alertarlos del inminente peligro, pero la situación fue hábil y milagrosamente controlada por Jack.

Y viene bien decir lo de “milagroso” ya que eso era, milagroso.

El temor de que las criaturas volvieran a amenazarnos parecía esfumado. Al menos, no habían dejado ningún rastro en la base y huevos no podría haber, ya que debería ser necesaria una “Alien Reina” para ponerlos. Los ejemplares que nos visitaron eran, presumiblemente, machos.

Pero, claro esta, esto es el SGC y casi nunca las cosas terminan tan bien como uno en realidad deseara. Tuvimos la primera probada de que esto era así cuando Jack entró en la sala de conferencias acompañado de dos personas. Una era el General Eiling, un peso pesado del Pentágono y la otra, un hombre flaco de aspecto avejentado pero serio, que me sorprendió por reconocerlo de las revistas dedicadas a la Ciencia más Moderna y a los Hombres Más Ricos del Mundo.

Quien venia junto al General Eiling era nada más y nada menos que el industrial millonario Charles Bishop Weyland, dueño de la multinacional Weyland Enterprises, una de las Corporaciones más grandes del mundo moderno.

Jack se sentó en su lugar, lo mismo que Eiling y Weyland. Se tomaron un minuto de silencio y de intercambiar miradas serias antes de que el General se decidiera a hablar sobre el tema de la reunión.

-Chicos, supongo que al menos, alguno de ustedes – me miró a mí – conocen al Sr. Weyland, dueño de Weyland Enterprises. El señor Weyland y el General Eiling han… han hablado con nuestros superiores del Pentágono y del Gobierno acerca de… acerca de lo ocurrido recientemente.

Asentimos. Ninguno dijo nada. Todos mirábamos alternativamente al multimillonario y al otro General, expectantes.

-…Y han llegado a la razonable conclusión de que el… incidente que nos ha ocurrido no debe constar bajo de ninguna forma en ningún expediente de nuestros registros. Y tampoco debemos darlo a conocer a nadie más fuera de estas instalaciones.

Nos quedamos un tanto descolocados. Por supuesto, nadie hablaría de nada de esto fuera del SGC, ya que incluso, el mismo SGC era un completo secreto para el publico, pero lo que nos descolocó fue la insistencia de mantener el secreto y mucho mas, al modo extremo de no hacer constar ni siquiera en nuestras bases de datos el reporte de lo acontecido, como hacíamos siempre con todo.

Me atreví a preguntar el motivo de tamaño recordatorio. Fue el General Eiling quien me respondió, adelantándose a Jack.

-Las investigaciones de Base Tartarus eran de suma importancia, doctor Jackson – me dijo, secamente – El señor Weyland ha… subvencionado muchos de los proyectos que se desarrollaban allí y los ha costeado él mismo. Es lo mínimo que nuestro Gobierno le debe. ¡Es nuestro deber patriótico!

“Deber patriótico”. Era el colmo, pero no inesperado. Eiling era uno de aquellos militares de la vieja camada. En la Guerra Fría había tenido mucho peso en el Pentágono y debía ser muy hábil para haberse mantenido en su puesto durante todos estos años hasta ahora.

-Señor, con el debido respeto – empezó Carter - ¿es realmente necesario no dejar constancia de ninguna clase siquiera de todo lo que sucedió? Es decir… ¿Qué comunicaremos a los familiares de los fallecidos en los enfrentamientos contra los Aliens?

-¿Acaso les hablan a sus familias del Proyecto StarGate? – terció Weyland, hablando por primera vez. Voz ronca, rasposa, pero enérgica – Seguramente se inventaran alguna excusa plausible para ocultar esto. De eso no me cabe duda.

-No me gusta su tono de voz, señor Weyland – replicó Sam, fastidiada – Le recuerdo que soy una Coronel del Ejercito.

-¡Y yo le recuerdo que están todos ustedes bajo la jurisdicción del Ejército y por ende, bajo mis ordenes y mi mando! – Eiling de nuevo. Autoritario, impaciente – General O’Neill… recuerde que consentimos en pasar por alto esta increíble y deshonrosa mancha que significa para su expediente como lo ha sido la intrusión en el SGC de una especie alienígena hostil.

-Lo recuerdo perfectamente, General. Gracias.

Me quedé asombrado. Creo que hasta Teal’c también lo hizo.

-Y supongo que recordara que para eso, debe usted cumplir con nuestro pedido.

-...También lo recuerdo, señor – Jack miraba hacia la mesa, sin levantar la vista hacia nosotros o sus dos acompañantes. Se lo notaba entre irritado y fastidiado, pero contenido.

-Dígales a sus hombres que DEBEN hacer caso a las órdenes del Estado Mayor.

-Ya lo oyeron, chicos. Hay que… obedecer.

-¡Pero General…!

-¡Carter!

Jack levantó la voz. Miró a Sam enérgicamente, pero también, impotente.

Fue entonces que lo comprendimos. Todos lo comprendimos.

Tenían a Jack agarrado.

Nos tenían a todos agarrados.

Sonreí lúgubremente. Recordé las palabras de la Teniente Ripley.

Empleados. Solo éramos eso, al fin de cuentas. Empleados del Gobierno. Empleados de un puñado de hombres que se creían con el derecho de manejar la Verdad y el Conocimiento como mejor creían que le convenía al Género Humano.

Simples y sencillos empleados.

-Aclarado este punto – continuo Eiling – Hay que decir que apoyamos la sugerencia del General de no abordar todavía el planeta donde Tartarus esta erigida, al menos, hasta contar con un equipo de gente eficientemente preparada para retomar el control de la base. De eso, el mismo señor Weyland se encargara esta vez.

De modo que eso también. Weyland parecía animado. Ya me imaginaba de cómo iba la mano.

Pensaba viajar él mismo hasta ese lugar cuando este asunto quedara en orden.

Acabada la reunión, tanto Eiling como Weyland se marcharon. Nos quedamos solos con Jack y por un momento, los protocolos militares fueron dejados de lado.

-¿Qué fue todo eso, Jack? – inquirió Sam, cruzada de brazos.

-Eso fue parte de ser General del SGC, Sam – Jack suspiró ruidosamente.

-¿De verdad vamos a dejar que silencien esto al extremo? – inquirí.

-No nos queda otra.

-¡Pero no podemos dejar que nadie regrese a Tartarus de nuevo! ¡Los Aliens siguen allí! ¡Es exponer a la Tierra nuevamente a una amenaza increíble!

-Sam, eso lo sé también, pero no podemos hacer nada… ¿entiendes?

Carter no acotó nada más. Continúo cruzada de brazos hasta que Jack dio por finalizada la reunión.

Cuando Teal’c y Carter salieron, aproveché unos momentos para dirigirme a Jack…

-No podemos permitir que nadie más pise ese mundo, Jack – le recordé – Hay miles de miles de esos seres allí. Y seguramente, Weyland espera encontrarlos. Ya me imagino para que.

Ese “para que” era lo que siempre buscaban ese tipo de gente como Weyland: controlar a las criaturas y quizás, ponerlas a trabajar para sus intereses. Oh, seguro que se escudaría en el viejo tema de “los intereses del Estado”, cosa que era mentira. Ahora y siempre.

-Daniel, no puedo hacer nada… - Jack bajó la vista, molesto - ¿Qué quieres que diga? ¡Es el Estado Mayor quien lo ordena! No puedo hacer nada.

Menee la cabeza, descontento.

-Apesta – dije y me marché.

Antes de poder salir de la sala de conferencias, oí claramente que Jack me decía:

-Si… realmente… esto apesta.

***

CHARLES BISHOP WEYLAND. BASE DEL SGC
PUERTA DE ENTRADA DE ACCESO PRINCIPAL, UN MOMENTO DESPUES…

El General Eiling me acompaña muy solícitamente hasta la entrada.

En la puerta, semejante a un tubo que emergía de la montaña, nos esperaba mi limousine negra. No tardamos en subirnos a ella y mientras los soldados nos dejaban pasar, me arrellané en el cómodo asiento recubierto de cuero y suspiré ruidosamente.

-Todo marchara bien – me aseguró Eiling, encendiendo un habano. Sonreía satisfecho – No debes temer nada, Charles. Ya te dije que no habría muchos obstáculos.

Asentí, no muy convencido del todo. La limousine ya estaba marchando velozmente por la carretera, alejándose de la montaña.

-Sin embargo, creo que debemos vigilar mas de cerca de los del SG-1, sobre todo a la Coronel Carter – recalqué – Por las dudas.

-Si, tienes razón, pero no temas… Sam Carter es muy sensata y si sabe lo que le conviene, acatara todas las órdenes que se le den.

Asentí nuevamente. Miré a Eiling directamente a los ojos.

-Espero que podamos controlar esta situación cuantos antes – le dije – Quiero viajar a Tartarus en cuanto podamos hacerlo y quiero una muestra de ese ADN… además, quiero una de esas criaturas… vivas, de ser posible.

-Nos encargaremos de eso, Charles – Eiling sonrió. Exhaló una bocanada de humo por la ventanilla abierta – Ya veras que si.

Respiré un tanto mas aliviado, a medida que nos acercábamos a la ciudad. Me permití incluso una sonrisa triunfal de tan solo pensar el potencial que Weyland Enterprises podría sacar de las investigaciones de Tartarus y sobre todas las cosas, de aquéllas fabulosas criaturas Aliens.

¡Oh, el futuro! Se abría ante mí con tantas posibilidades.
Dios salve a América.



¿FIN?

lunes, 25 de marzo de 2013

StarGate Vs Aliens (Cuatro)



CAPITULO CUARTO

GENERAL JACK O’NEILL. BASE DEL SGC.
TODAVIA ES DE NOCHE…

La compuerta se abre ante mí con un sonido siseante. Lo primero que veo ante mis ojos es un pasillo pobremente iluminado, casi en penumbras.

-Sam, ¿me copias? – hablo al radiotransmisor que había traído conmigo - ¿Estas ahí?

-Te escucho, Jack, fuerte y claro.

Asentí. Di el primer paso, levantando mi arma. 

-¿Cómo vamos? – pregunto.

-Todo bien. Según los sensores, nada frente a ti. Avanza con cuidado, por favor.

Volví a asentir. Comencé a caminar lentamente, despacio, pero con seguridad. Jamás creí que el SGC se vería tan lúgubre y tan terrible como ahora. No se veía a nadie y el panorama era desolador. Había marcas de pelea en algunas partes y sangre pegada a algunas paredes.

Estaba acostumbrado a ver estas cosas en escenas de guerra, pero jamás pensé que lo vería allí, en la seguridad del cuartel general.

La situación empeoraba. Lo que había sucedido en las ultimas horas me había superado y mucho. la base infestada de criaturas provenientes de vaya uno a saber donde; Daniel y Teal’c, desaparecidos… ¿estarán vivos?

Era demasiado.

…Y las muertes.

Era demasiado.

Hubo un movimiento delante de donde me encontraba. Levanté mi arma.

-¿Quién anda ahí? – pregunté.

Esperaba ver salir al monstruo, pero no sucedió así.

-¿General? – preguntó una voz - ¿Es usted?

-¿Doctora Fraiser? ¿Se puede saber que demonios hace aquí?

La doctora Fraiser se me acercó. Llevaba la ropa desgarrada y sucia.

-¿No escuchó la orden de salir de este lugar?

-El ascensor se quedo. Tuve que salir por el pozo de ventilación. Venia con algunos soldados… pero…

-¿Ha visto a la criatura?

Fraiser asintió.

-Los mató a todos General. Me escapé por los pelos.

-Maldición – eché una mirada hacia nuestro alrededor. No contaba con este imprevisto en mi plan. Una cosa era servir yo de cebo y otra bien distinta es tener que lidiar con la doctora Fraiser por aquí. Debía hacer algo y pronto - ¿Sam? ¿Me copias? – pregunté al transmisor.

-Fuerte y claro, General.

-Tengo a la doctora Fraiser aquí.

-Ya la veo por las cámaras de seguridad.

-¿Puedes indicarme si hay algún rastro de nuestro amiguito?

Sam no respondió enseguida. Fraiser y yo permanecimos en silencio por un largo rato.

-¿Sam?

-¡General, lo veo! – exclamó la voz de Sam desde el otro lado - ¡Va hacia ustedes!

-¡Demonios! ¡Vamos, doctora! ¡Muevase!

Levanté mi arma, mientras corríamos con Fraiser por los pasillos del complejo. Un chillido se sintió a la distancia. El Alien estaba allí. Se arrastraba hacia nosotros. Lo divisé claramente cuando estuvo más cerca de nuestra posición. Aquel era un bicho realmente horrible.

Mientras Fraiser se adelantaba a mí, abrí fuego. No esperaba matar a esa cosa a los tiros, mas bien era para poder retrasarla. Mi intención funcionó. Las balas hicieron retroceder al monstruo y abrieron algunas heridas en su carne.

De haber estado cerca de él, su sangre ácida nos hubiera quemado. Contábamos con la distancia todavía.

Fraiser y yo nos dirigimos hacia un elevador. Nos metimos dentro de él rápidamente y presioné el botón para activarlo. Las puertas se cerraron.

-¿Qué se propone hacer, General? – me preguntó la doctora.

-Planeamos juntar a los hermanos Aliens para enviarlos a la Tierra de Nunca Jamás, doc – dije, mientras el elevador subía veloz – Pero primero, tengo que ponerla a salvo a usted.

-¿General? – la voz de Sam otra vez. Tome el transmisor – Los tengo en la computadora, Jack… ¡Los esta siguiendo!

-Genial. Y es justo lo que quería que hiciera…

No me gustaba usar ese tono sarcástico con Sam, pero a veces se me escapaba. Hay que reconocer que a veces soy así.

Tenia que salvar el pellejo de Fraiser primero. La doc es a veces un poco pedante, pero es buena chica. Era prioridad. No más muertes en este cuartel.

Súbitamente, el elevador tembló. El piso bajo nuestros pies se sacudió.

-Ya llegó.

Hubo una abolladura en el suelo. Fraiser gritó. En ese momento alargué la mano hacia el botón de parada.

Con un ronco sonido, el ascensor se detuvo. Las puertas se abrieron a un corredor silencioso.

-Acá se baja usted, doc – dije y la empujé fuera.

-¡Pero General…! – genial, y encima iba a protestar. Le hice un rápido gesto de que callara y obedeciera.

-¡Siga el camino y tome por la salida de emergencia cuarenta! – le grité, mientras presionaba otra serie de botones del panel de control del elevador. Las puertas se cerraron

La dirección del viaje se invirtió. Mi amiguito, colgado debajo del elevador comenzó entonces con su show. Aporreaba el piso con más fuerza, con más furia. Ya estando mas en mi terreno, no espere más. Dirigí el cañón de mi arma al piso y abrí fuego.

El sonido de las balas al perforar el piso y darle a esa cosa fue terrible. El Alien chilló y su furia aumentó.

-¡Come esto, mal parido! – grité, mientras seguía perforando el piso a balazos.

El elevador se sacudió como una licuadora. Perdió el equilibrio y caí contra una de sus paredes.

-¡Sam! ¿Me escuchas? ¡Detén el elevador con el seguro electrónico! ¡¡Sam!!

Mi grito, radiado hasta el control de Sam, debió llegar fuerte y claro. El elevador se detuvo y las puertas volvieron a abrirse.

Salté prácticamente de su interior. Fue buena suerte hacerlo, ya que el piso terminó de destrozarse para dar paso a la pesadilla compuesta de garras, cola y dientes filosos que era esa cosa.

-Muy bien… que empiece el show.

Corrí. Y mientras corría, le disparaba con toda mi munición a esa bestia. Claro que no la detenía. Era tan solo para hacerla rabiar. Me siguió, escupiendo su asquerosa saliva por esa descomunal boca.

-¡Vas bien, Jack! Ahora te estas dirigiendo hacia la zona de embarque – me dijo Sam, por el transmisor.

-Magnifico. Prepara la puerta para que se abra… ¿No hay forma de saber como anda nuestro otro no-invitado?

-Negativo. Lo siento, Jack… no tengo lecturas de la zona del Portal. Pero esta ahí.

-Bien… el viejo y querido factor sorpresa. Comienza a marcar en el StarGate, Sam.

Las piernas se me agarrotaban de tanto correr. El Alien venia a por mí cada vez más rápido y lo mas gracioso era que no se limitaba al piso. Aquella bestia podía colgarse del techo como un maldito mono. Se arrastraba hasta mí por allí. Hice un alto y apunté mi arma en esa dirección. Varias balas le dieron de lleno y la sangre ácida salio salpicada contra unos tubos de vapor que cruzaban el techo.

Una vaharada de vapor salio expelida. Debía arder como el demonio, ya que la criatura chilló de dolor y cayó al piso como una cucaracha.

-¡Para que no andes por las paredes con tu apestosa figura, maldito!

La puerta de la zona del Portal estaba delante de mí. Se abrió sin que la tocara. Me volví para recibir a la primera de aquellas criaturas que sabia que se encontraba allí.

No estaba.

¿No estaba?

Penetré en la zona de embarque. El panorama que me recibió era digno de un film gore de horror. Los cadáveres de los soldados que habían atacado al Alien se encontraban ahí, tirados por los rincones. Muchos de ellos estaban terriblemente desfigurados, casi como si…

…Como si alguien hubiera estado alimentándose con ellos…

Eche miradas rápidas hacia todos los rincones. No se veía a la primera criatura. ¿Dónde estaba?

Su “hermano” ya estaba entrando por la puerta. Se arrastraba despacio ahora.

Me tenía a su merced.

El sonido del StarGate girando rompió el hilo de mis pensamientos. Sam, cumpliendo con mis ordenes, estaba marcando el Portal.

-¡Mierda! ¿Dónde esta tu hermano? – dije a la criatura. Como toda respuesta, obtuve un chillido venido desde bajo la rampa de acceso al StarGate.

Como una araña que sale de repente de un rincón, así pareció el primero de esos monstruos. Avanzaba también lento, como preparándose para el ataque.

-¡Sam! ¡Apurate! ¡Tengo a los hermanos Aliens aquí listos para merendarme!

-¡Ya va, ya va! ¡Es difícil recordar alguna coordenada segura con tanta presión! – replicó Sam.

Moviéndome lentamente pero con el arma en alto, subí la rampa. Los dos Aliens me siguieron, agazapados, listos para saltarme encima y despedazarme.

-¡Sam! ¡Cualquier lugar del maldito universo puede ser bueno para mandar  a estos hijos de puta! ¡¡Apurate!!

Una de las criaturas se adelantó. Abrió su boca descomunal y entonces esa cosa salio.

Esa cosa parecía una lengua, pero también tenia dientes.

-Aj – me vino un acceso de nauseas - ¡¡Sam!!

-¡¡Ya va!!

El Alien iba a saltar.

-¡AL SUELO, GENERAL!

La advertencia de Sam fue a tiempo. Me eché al piso en el momento justo en que el último símbolo del círculo giratorio de metal era colocado en su lugar. El Portal se abrió y cuando eso pasaba, una onda de energía salía expulsada primero hacia delante, antes de estabilizarse completamente.

La energía, si tenias la desgracia de quedarte de pie ante ella, era capaz de hacer desaparecer la bendita unión de tus átomos que te mantenían integro.

Bien, algo así.

El Alien que saltó para devorarme y despedazarme no lo sabia y cuando ya lo tenia encima, se dio un “chapuzón” en esa onda energética. Desapareció sin dejar el menor rastro de su existencia.

Su compañero chilló, al parecer, angustiado. Me puse de pie a la velocidad del rayo y sin esperar siquiera un segundo más, atravesé el brillo luminoso del Portal ya estable.

…Hacia el otro lado…

***

DOCTOR DANIEL JACKSON. BASE TARTARUS
CASI AL MISMO TIEMPO…

El hangar era grande.

En otro tiempo, seguramente estuvo bien iluminado, aseado y preparado para el personal. Ahora era una caverna mefítica, casi en la más completa oscuridad y sobre todas las cosas, repleta de huevos.

Huevos.

¡Cientos y cientos de huevos de Aliens!

Todos apilados en el piso, como bizarras esculturas orgánicas. Envolviendo a los huevos, había un vaho repugnante.

-Le dije, doc. Este es el nido principal – me susurró la Teniente Ripley. Nos encontrábamos ocultos tras una columna - ¡Es una locura estar aquí!

-Si esa aeronave existe, es la única forma de salir de este sitio – le recordé – Vale la pena intentarlo.

-Si quiere terminar como cena de los Aliens, es problema de usted.

Hubo un chillido lejano. Ripley levantó su arma en aquella dirección.

-Además, si consiguiéramos abordar esa nave – continuo diciéndome, hablando mas bajo - ¿Adonde piensa que podríamos ir? ¿A la Tierra?

-No, claro que no… no creo que contemos con una nave con motor hiperimpulsion, pero… pero confío en que los Asgard nos rescaten.

-¿Y por que harían eso?

-Esta zona es mas conocida por ellos que por nosotros, lo que me hace suponer que mantienen constante vigilancia por este rincón. Contamos con un contacto entre los Asgard, así que no creo que se nieguen en darnos una mano para regresar a casa.

-Magnifico.

El chillido se repitió. Ripley se estaba impacientando y debo reconocerlo, yo también.

¿Dónde estaba Teal’c?

Tuvimos una rápida respuesta cuando por un costado, apareció una sonda MALP teleguiada. El sonido de su llegada alertó a guardias Aliens ocultos, que no tardaron en emerger de las sombras y converger sobre ella. Las bestias se lanzaron sobre la sonda y amontonándose sobre ella, comenzaron a destrozarla.

Teal’c apareció a nuestro lado. Tenía el control remoto de la sonda entre sus manos.

-Muy bien hecho, grandote – lo felicitó Ripley – Pero cuando se den cuenta de que la sonda no es el objetivo principal, nos despedazaran.

-Preparé algunas sorpresas extras – Teal’c sonrió – Vamos a resguardo.

Nos ocultamos detrás de la columna.

Teal’c presionó entonces un botón.

-Tápense los oídos.

Lo que siguió a continuación fue espectacular.

La sonda MALP explotó en cientos de pedazos, arrastrando con ella a los Aliens que se habían apostado en torno y sobre ella. La onda expansiva reventó varios de los miles de huevos colocados en cada uno de los rincones del hangar, desintegrándolos en pedazos pegajosos.

-Bonita tu distracción, grandote – dijo Ripley - ¡Con esto atraeremos a muchos más de esos bichos!

-No hasta que demos con la aeronave. ¡Andando!

Comenzamos a correr. El hangar era en efecto muy grande. Sorteamos los huevos que quedaron intactos y nos adentramos en las profundidades de aquella boca de lobo.

***

GENERAL JACK O’NEILL. PLANETA PX-45367 (MUNDO GOA’ULD)
SOLO UNOS SEGUNDOS DESPUES…

Lo primero que vi al emerger del Portal fue una sala impresionante, iluminada por antorchas.

Lo segundo, fue a la comitiva de figuras que me miraban con una no disimulada sorpresa plantada en sus rostros.

Había como media docena de guerreros Jaffa parados allí, con sus armas listas y vistiendo sus clásicas armaduras grises. Detrás de ellos, sentado en una suerte de trono de ónice, se encontraba un anciano de aspecto severo y temible, ataviado con una suntuosa túnica de corte griego o romano. Sus ojos brillaron al verme.

-Buenas tardes – dije.

-¡¡Intrusos!!

Los Jaffas levantaron sus Lanzas. El anciano del trono se puso de pie y colérico, me grito:

-¿Qué es esta insolencia? ¿Acaso ahora los Tauri se atreven a invadir el templo del todopoderoso Zeus?

Zeus.

Genial.

¡Escapo de un Alien hambriento y caigo en mitad del templo del dios principal de la mitología griega!

Que buena suerte.

-No lo tomes a mal, Zeddy, pero no vine solo. Traje un regalito conmigo.

El anciano me miró sin comprender, pero cuando al Alien emergió a mis espaldas por el Portal, las cosas quedaron claras para todos los presentes.

-Todos tuyos, chico – dije, apartándome aprisa de su camino.

…Y la masacre comenzó…

***

DOCTOR DANIEL JACKSON. BASE TARTARUS
AL MISMO MOMENTO…

Encontramos la aeronave.

Era un prototipo singular concebido hacia poco. Un híbrido entre el clásico Planeador de la Muerte Goa’uld y nuestros Cazabombarderos B-2. Como fuera, estaba en intacto buen estado.

Y no fue lo único que encontramos en aquel hangar convertido en nido Alien.

Colocados contra las paredes e, incluso, sobre las columnas, pegados con una sustancia extraña, se hallaban los cuerpos de casi todo el personal de Base Tartarus.

Muchos de ellos estaban muertos. Sus pechos, abiertos como frutas podridas, dejaban entrever los destrozados órganos internos. Otros por el contrario, seguían vivos, pero con la latiente amenaza interna esperando, palpitando por su pronto nacimiento.

-De modo que aquí es adonde han traído a la gente que no se comieron – dije, aterrorizado.

La visión de aquel foso común de tantas pobres almas condenadas me llenó de pavor. Teal’c, por otro lado, ya abría la escotilla de la nave y se preparaba para comprobar sus controles.

-Dime que esta cosa puede sacarnos de aquí, Teal’c.

-Tenemos energía – me contestó, activando la nave – Las células de poder están todavía cargadas e intactas, pero tenemos otro problema. Hay que abrir la compuerta del hangar.

La compuerta era un estrecho túnel cerrado ahora, que se abría bostezante frente nuestro.

-Genial. Un imprevisto.

Un chillido. Algo se estaba acercando velozmente por un costado hacia donde estábamos.

-Tenemos compañía – Ripley alzó su lanzallamas – Y creo, doc, que de las peores.

Miré en la dirección donde venían los chillidos. Me imaginaba que eran los Aliens, que se habían dado cuenta de nuestra presencia. No estaba preparado para aquella visión de pesadilla… 

No eran los Aliens los que venían por nosotros, era uno solo.

¡De tamaño gigantesco!

¡Aquella cosa era colosal! Igual de negro como los de su raza, pero con una cabeza mucho mas deformada y unas mandíbulas el doble de grandes; con dos pares de manos. Unas colocadas debajo de su titánico rostro y otras ya llegando cerca de donde debía tener los hombros.

-¡Es una Reina! – Ripley retrocedió, elevando el lanzallamas.

-¿Una que?

-¡Una Reina! ¡Es la hembra de la especie! ¡Esa es la que pone los huevos!

Dios mío.

¿Y recién ahora nos lo decía?

-¡¡Teal’c!!

-¡No puedo hacer nada! ¡Esta nave no tiene armamento externo! ¡Solo podemos huir de aquí, pero las compuertas del hangar tienen que ser abiertas!

La Reina Alien chilló. Al momento, un ejército de sus “hijos” apareció detrás de ella, arrastrándose a toda velocidad hacia nosotros.

-Bueno, doc, fue un gusto conocerlo – Ripley se adelantó, preparándose para atacar – Déle mis saludos a los del SGC, si llegan.

-¿Qué esta diciendo, Teniente?

-Ya tienen quien va a abrirles la puerta del hangar.

-¡De ninguna manera!

-No se ponga meloso, doc. Yo ya estoy condenada de antemano.

-¿De que demonios esta hablando?

Ripley se volvió hacia mí, los ojos vidriosos.

-Cuando todo esto comenzó, antes de que ustedes vinieran, una de esas arañas me atrapó…

-Dios mío.

La Teniente se encogió de hombros.

-Tengo uno de esos bicharracos dentro de mí. Así que voy a pasar los últimos segundos que me quedan de vida a lo grande. Súbase a su nave ahora, doc. La va a perder.

Quería decirle algo más. Quizás un “lo siento” o “podemos ayudarte”, pero sabia que era en vano. Ripley también lo sabía y me dirigió una sonrisa triste, minutos antes de lanzarse contra los recién llegados a los gritos, disparando su lanzallamas.

Me subí a la nave. Teal’c cerró la compuerta detrás de mí. El espacio era algo reducido. Cuando estuve en mi asiento y con el arnés de seguridad colocado, observé por entre los vidrios protectores de la cabina como la Teniente avanzaba por entre el ejército alienígena, abriéndose paso gracias a las llamas de su arma.

Llego hasta un panel ubicado contra una pared y presionó el interruptor.

Con un sonido chirriante, la compuerta se abrió. Teal’c elevó la nave velozmente en aquella dirección.

Lo ultimo que vi de la Teniente Ripley, antes de que abandonáramos Base Tartarus, era su rostro, mientras continuaba con su interminable combate contra las hordas de bestias que la cercaban.

Sonreía, satisfecha.



Continuara…