jueves, 27 de junio de 2013

Superman: Los Ultimos Días de Krypton 4



4
El fin de Krypton

P
ara cuando la inmensa nave alienígena de Brainiac llegó a Krypton, sus intenciones hostiles estuvieron más que claras para todos.
El sistema de erradicación falló, tal y como Jor-El predijo que sucedería. El escudo de energía fue destruido fácilmente y el invasor extraterrestre –que ya llevaba conquistados y destruidos cientos de mundos– se cebó con la nueva civilización encontrada.
Como de costumbre en cada visita cósmica que hacía, Brainiac tomó primero una muestra del mundo que invadía. La elegida fue la ciudad de Kandor, una de las megapolis más importantes de Krypton. El coluano la empequeñeció y la arrancó de la superficie del planeta, agregándola a su ya extensa colección de ciudades provenientes de otros rincones de la galaxia que recolectaba. Luego, se limitó a drenar la energía del núcleo kryptoniano, provocando con ello su inestabilidad.
Krypton comenzó entonces a derrumbarse sobre sí mismo. A explotar poco a poco en terribles erupciones volcánicas, terremotos y maremotos que se cebaron con la incalculable cifra de millones de vidas que se perdieron para siempre.
El cataclismo estaba ya avanzado cuando en el interior del laboratorio de su vivienda, Jor-El acababa la construcción de la pequeña nave espacial con la cual salvaría lo mas preciado del legado de su mundo: su hijo, Kal-El.
-¡No! ¡Me niego a que lo hagas, Jor-El! – gritó Lara, aferrando contra su pecho a un lloroso Kal-El. Todo a su alrededor se sacudía por culpa de los violentos terremotos que destrozaban al planeta.
-¡Es la única solución, Lara!
-¡No! ¡No voy a permitir que envíes a nuestro único hijo a ese mundo barbarico! ¿Por qué simplemente no aceptas la Voluntad de Rao?
-¡Lara, no puedo creer que digas eso! ¿Crees de verdad que es la voluntad de Dios que nuestro hijo muera en este cataclismo? ¡Eso no tiene sentido! ¡No puede ser verdad! Por favor, mira a Kal-El, míralo a los ojos y dime que permitirás que muera con nosotros en este holocausto.
Lara no respondió. Hizo lo que su marido le pedía. Miró a su hijo. De sus ojos brotaba un torrente de lágrimas.
-En la Tierra habrá esperanza para él – le aseguró Jor-El – Bajo un sol amarillo, su estructura atómica y molecular, sumada a su avanzada fisiología, harán de él un ser único, excepcional. Podría hacer mucho bien allá adonde va.
Un nuevo movimiento de tierra se produjo. Varios objetos cayeron al suelo. El piso vibraba por la potencia de las explosiones internas.
-Estará solo… será un paria entre ellos – se lamentó Lara.
-Será un héroe, un salvador. Dignificara a nuestra raza mejor que lo que nosotros lo hicimos.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-He dispuesto todo de antemano. La nave está programada para viajar por el hiper-espacio hacia un sitio determinado de la Tierra.
-¿Y en manos de quienes estará nuestro hijo, Jor-El? ¡Dímelo!
-Unas personas muy buenas. Ellos serán mejores padres para Kal-El que nosotros. Por favor, Lara. ¡Ya no hay tiempo!
Lara dudó, pero solo un instante. Terminó entregándole a su hijo a su esposo, quien con ternura lo colocó dentro del avanzado cohete espacial.
Antes de hacerlo partir, grabó un mensaje en la memoria de la nave… un mensaje que esperaba que Kal-El viera cuando el momento llegara.
-Sé fuerte y valiente, Kal-El- dijo- Sé sabio, hijo mío. En la Tierra, bajo un sol amarillo, tendrás enormes poderes. Grandes habilidades. Tal vez llegue el momento en el que te sientas solo. Nunca lo estarás. Mi amor y el de tu madre te acompañaran vayas donde vayas. Usa tus poderes. Ayúdalos. Kal-el, son buenas personas… pero necesitan que los guíes. Sé su luz. Sé su fuerza. Hijo… mi amado hijo… Recuerda siempre que te amamos y que lo que hicimos al enviarte con ellos es demostración de ese amor. Cuídate y cuídalos… Adiós, Kal-El.
Luego, presionó unos comandos y el vehículo cerró sus puertas. Con un estruendoso sonido de cohetes encendiéndose, la pequeña nave se elevó en el aire y voló fuera del laboratorio por el enrojecido cielo de Krypton hacia su destino final.
Jor-El y Lara la vieron marcharse. Se abrazaron entonces, tratando en vano de hallar consuelo uno en los brazos del otro en aquel momento, el cual sabían que era el final de todo.
-Todo ha terminado, Lara – dijo Jor-El – Te amo.
Con un espasmo final, Krypton explotó en pedazos.

Epilogo
Smallville, Kansas. 1978

J
onathan, mira! ¡Un meteoro!
Martha Kent contemplaba con la boca abierta cómo una bola de fuego cruzaba el cielo como un rayo y aterrizaba violentamente sobre un campo de trigo cerca de allí. El impacto fue tal, que hizo temblar las ventanas de su vieja granja.
-Lo que fuera ha caído cerca de aquí – dijo Jonathan Kent – ¡Vamos a ver!
Los Kent se subieron a su vieja camioneta y rápidamente acudieron al lugar. Allí, en medio del campo, hallaron un profundo cráter y en el centro, la pequeña nave espacial kryptoniana.
-¡Mira lo que hay ahí! – exclamó Martha, mientras bajaba gateando por el cráter – Es… una especie de cohete de alguna clase.
-Cuidado, Martha. No lo toques – dijo su esposo, uniéndosele – Debe estar caliente.
Pero pese a la advertencia de su marido, Martha tocó la superficie de la nave y sin querer activó un comando.
-¡Se está abriendo! ¡Hay algo dentro! – Jonathan retrocedió. La criatura chilló, llorando con fuerza.
-¡Es un bebé! – profirió Martha. Tomó al niño desnudo en brazos – ¡Alguien ha metido un bebé en un cohete y lo ha lanzado al espacio! ¡Mi Dios! ¿Quién haría algo así?
-Martha… ¿Qué haces? ¿Adonde llevas al niño? – le preguntó su marido, cuando la vio salir del pozo con él en brazos.
-¿Qué no es obvio, Jonathan? ¡Nos lo quedaremos! Le diremos a todo el mundo que es hijo nuestro. ¡Los que le hicieron esto no lo encontraran jamás!
-¿Estas loca, mujer? ¡Ese niño debe pertenecerle a alguien! No podemos quedárnoslo.
-¡Por favor, Jonathan! ¡Siempre quisimos ser padres! Le he rezado al Señor por la bendición de un hijo y aquí está mi respuesta. ¡Quedémosnos con él!
Jonathan iba a protestar, pero vio cómo en los brazos de su esposa el niño callaba y se quedaba tranquilo. Era –Jonathan– en el fondo un hombre bueno y sencillo, y si bien adoptar a ese niño le parecía una locura, a la final cedió. Lo hizo por amor a Martha, sobre todo, pero también por amor al chiquillo. Pobrecito. ¿Quién podría haber hecho esa locura? Ponerlo en un cohete y lanzarlo al espacio…
-Está bien, está bien. Nos lo quedaremos. Pero, ¿Cómo lo llamaremos? Debemos ponerle un nombre.
Martha lo pensó un segundo y entonces se le iluminó el rostro.
-¡Llamémosle Clark, Jonathan! Clark Kent sonara muy distinguido.


EL PRINCIPIO…

miércoles, 26 de junio de 2013

Superman: Los Ultimos Días de Krypton 3



3
Un visitante no deseado

Un par de semanas después…

L
a pequeña aeronave de Jor-El le llevaba directamente hacia el edificio central del Cuerpo Gobernante de Krypton. Mientras las computadoras de a bordo manejaban el vehículo por las rutas aéreas de la mega-urbe de grandes rascacielos de la capital del planeta, el científico y miembro del Alto Tribunal Supremo no dejaba de pensar en el reciente descubrimiento que había sacudido los fundamentos de su civilización: la presencia no deseada de una inteligencia extraterrestre que se acercaba.
Jor-El mismo la había descubierto, junto con otros científicos más esa misma mañana. Una inmensa nave, una especie de planetoide artificial había entrado en la orbita cercana de los planetas exteriores del sistema solar de Krypton. La cuestión, sin duda, era ahora la siguiente: ¿Se trataba de una visita amigable u hostil?
Jor-El sospechaba que lo segundo era lo más probable, dado la envergadura del objeto que se acercaba y su configuración, la que incitaba a pensar en una fuerza invasora de algún tipo. Por eso iba a ver a los representantes del Cuerpo Gobernante: para tratar este delicado asunto.

La aeronave que le llevaba lo depositó en al aeropuerto del edificio central del concejo de notables kryptonianos; bajó de ella haciendo flamear su túnica y esperó más tarde a ser atendido. Los doce ancianos, sentados en círculo dentro de la abovedada sala eran sujetos de augusta presencia. Escucharon pacientemente de su boca los últimos informes sobre el sorpresivo visitante estelar que se acercaba y luego hablaron por primera vez:
-Creemos, Jor-El, que te preocupas por nada – dijeron – Nuestra seguridad, en caso de que exista cierta hostilidad por parte de estos extraterrestres, está garantizada gracias al poder del Erradicador.
El Erradicador, el sistema defensivo de Krypton. El más avanzado escudo de energía del Universo. Según sus constructores, era capaz de proteger a Krypton de cualquier signo de hostilidad del exterior, evitando el paso de cualquier intruso alienígeno que se acercara al planeta. Jor-El lo conocía, empero tenia ciertas reservas sobre su efectividad en una situación real de ataque.
-Con el debido respeto por vuestras investiduras – dijo, tanteando el terreno – ¿Qué sucedería si el sistema de erradicación fallara? Creo honestamente que esta presencia alienígena es hostil y que, por lo tanto, algo debemos hacer al respecto.
-¿Algo como qué? – le preguntaron.
-He ideado un plan de contingencia. Si nos apuramos, podríamos tener lista una flotilla de naves espaciales para trasladar a la población provisoriamente a un planeta que he escogido, después de una ardua investigación.
Los doce miembros del Cuerpo Gobernante se miraron entre sí, disgustados.
-Jor-El, creemos que te precipitas – dijo uno de ellos.
-El Erradicador funcionará – agregó otro – Nuestra seguridad está garantizada.
-Además, intentar entrar en contacto con otras especies inferiores del Cosmos está prohibido. Es una afrenta a la pureza racial de Krypton.
-Pero… ¡podría ser nuestra única vía de salvación! – insistió Jor-El – ¡Si las criaturas que se acercan a nuestro planeta son hostiles, quizás solo escapando de ellas hacia otro mundo sea el único método con el que podamos preservar a nuestra especie!
-No, Jor-El. Krypton es nuestro hogar y nuestro mundo. Nunca lo abandonaremos. Está decidido.
-Es la Voluntad de Rao – puntualizó el más anciano de los doce. Todos asintieron, de acuerdo con él.
-¿La Voluntad de Rao? ¿Cómo pueden decir que es la voluntad de Dios permitir la posible muerte de millones de vidas? ¡Eso no puede ser! ¡Si existe una Voluntad que viene de la Divinidad Suprema, es la de salvaguardar el destino de los siete mil millones de habitantes de éste planeta!
-Cuidado con lo que dices, Jor-El – le advirtieron, severos – Tu osadía esta casi bordeando la herejía…
-Nosotros somos la Voluntad de Rao. No son nuestras palabras, son las suyas. Y Rao decretó que solo Krypton sea el mundo elegido por Él para que se cumplan Sus Designios. ¡No podemos consentir en contaminar nuestra pureza genética viajando a mundos habitados por alienígenas barbaricos!
Jor-El estaba escandalizado y a su vez, horrorizado por lo que oía. ¡Aquel conciliábulo de doce estaba de acuerdo con aquella idea! El delirio tecno-teocrático y el fanatismo era tal que el Cuerpo Gobernante no tendría empeño en sacrificar cientos, quizás millones de vidas en el proceso.
Krypton podría estar bajo seria amenaza extraterrestre y ellos no harían nada.
En ese momento, Jor-El lo supo: él no seria cómplice de semejante genocidio para con su misma especie. Intentaría por todo los medios posibles de que el legado de Krypton fuera preservado, a como de lugar.

martes, 25 de junio de 2013

Superman: Los Ultimos Días de Krypton 2



2
El destino de una raza

Laboratorio de Jor-El.
Interior de una vivienda privada.

J
or-El observaba una imagen holográfica de un planeta azul y verde. Su mirada al contemplarlo era pacifica y soñadora.
-Esposo mío… ¿Sigues aun aquí? – le preguntó una voz femenina a su espalda. Era Lara Lor-Van, su esposa, quien se acercaba con el pequeño Kal-El dormido envuelto en una manta roja entre sus brazos – Trabajas muy duro y hasta muy tarde. Debes descansar.
-Ya habrá tiempo para hacerlo en otro momento, querida Lara – Jor-El suspiró – El juicio a Zod realmente me ha afectado bastante.
Lara frunció el ceño.
-Dru-Zod era un hombre horrible – dijo – Merecía su castigo.
-Tal vez. Pero en algo tenia razón: somos esclavos del Cuerpo Gobernante.
-Jor-El, otra vez… no volvamos a discutir sobre lo mismo – Lara se sintió incomoda – El Cuerpo Gobernante solo quiere lo mejor para nosotros.
-¿Impidiéndonos nuestro desarrollo? Lo dudo – Jor-El la miró a los ojos – Nuestra exploración del espacio exterior está estancada. Solo podemos mirar hacia otros planetas y a las distantes estrellas desde lejos. Y todo por una creencia que, francamente, no comparto.
-Dices eso porque te empecinas en no ver lo saludable de esa difícil decisión – retrucó su esposa – La pureza racial genética de Krypton está ante todo. ¿Qué crees que pasaría si los nuestros viajaran por el espacio a otros planetas?
-No sé. Dímelo tú.
-¡Se mezclarían con otras razas alienígenas! ¡Darían a luz a híbridos indignos! No – Lara negó con énfasis con la cabeza – Nunca permitiría nada semejante, ni siquiera para mi amado Kal-El. Suena aberrante.
-Lara… ¿Te has puesto a pensar qué sucedería si alguna vez llegase del exterior una amenaza alienígena? ¿Cuál crees que seria la solución para salvaguardar el destino de nuestra especie?
-Pero tal cosa nunca ocurrirá, Jor-El – retrucó Lara – El Cuerpo Gobernante nos protegería. Rao no permitiría que algo así sucediera.
Jor-El suspiró de nuevo y solo se limitó a mirar el holograma del planeta azulado enfrente suyo. Lara aguardó unos instantes para preguntarle qué mundo era aquél que su esposo miraba con tanto interés.
-Los nativos le llaman “Tierra” – le informó – Es un mundo ubicado a varios años luz de distancia de nosotros, iluminado por un sol amarillo. Quienes lo habitan son una raza de seres semejantes a como éramos nosotros en tiempos pasados, tecnológica y culturalmente hablando.
-¿Y por qué esta “Tierra” despierta tanto tu interés?
-Porque quizás en ella está escondido el destino de nuestra raza – fue la respuesta que Lara recibió a su pregunta.

lunes, 24 de junio de 2013

Superman: Los Ultimos Días de Krypton 1



(Escrito por Federico H. Bravo)

Reparto

Russell Crowe…………………………..Jor-El
Ayelet Zurer……………………………..Lara Lor-Van
Michael Shannon………………………………General Zod
Kevin Costner………………………………Jonathan Kent
Diane Lane………………………………..Martha Kent

1
El Juicio

Planeta Krypton.
Interior del Palacio de Justicia.

E
l General Zod miraba hacia los miembros presentes del Alto Tribunal Supremo de Krypton con frialdad. Se hallaba retenido dentro de un inviolable campo de fuerza y pese a la dureza que expresaba su semblante, los jueces que en aquél día juzgaban sus actos no sentían el más mínimo miedo. Todo lo contrario; estaban convencidos de la culpabilidad criminal del acusado y no podían aguardar más tiempo para dictar la sentencia, luego de la acostumbrada lectura de los cargos.
-General Dru-Zod, hijo de la Casa de Zod, se le acusa de los siguientes cargos en contra del pueblo y la ley de Krypton – dijo uno de los miembros del Tribunal, levantándose de su asiento – Terrorismo, actos subversivos, conspiración, asesinato, exceso de violencia… Dicho lo cual, ¿Cómo se declara?
-Inocente, por supuesto – replicó Zod, mirándolo con fijeza – ¿Cómo podría ser culpable por representar al verdadero pueblo de Krypton ante la injusta tiranía a la que nos somete el Cuerpo Gobernante? ¡Soy la única voz que se ha alzado contra la opresión asfixiante de un sistema de gobierno tiránico y estancado en el pasado! Si esa es mi única culpa, pues diría que sí, soy culpable. ¡Pero estoy convencido de que mi causa es noble y justa, y que mi guerra ha sido una guerra santa por los derechos del pueblo kryptoniano! Nada más.
Airadas voces de protesta se alzaron por parte de los miembros del Tribunal. Solo una persona se mantuvo callada en la sala a parte de Zod en ese momento, y esa persona era un hombre vestido de blanco y con una “S” negra en el pecho. Su nombre era Jor-El. Era una de las más nobles y mejores mentes de todo Krypton y también miembro del Tribunal Supremo. Pese a la realidad que existía sobre los cargos que pesaban sobre el General Zod, Jor-El estaba de acuerdo en algo con él: en que la forma en la cual el Cuerpo Gobernante se manejaba con los habitantes de Krypton no era la más adecuada.
Krypton era gobernado por un Cuerpo Gobernante compuesto por doce notables. Estos venerables ancianos decidían el destino de los siete mil millones de habitantes del planeta… pero el suyo era un gobierno de hierro. Nada podía hacerse o dejar de hacerse sin su consentimiento.
El Cuerpo Gobernante afirmaba ser la única voz autorizada para decidir los asuntos en Krypton. Argumentaba para ello que “el espíritu de Rao guiaba sus acciones”. Rao era el Dios Supremo de los kryptonianos, por ende, por respeto a la Divinidad, esta tecno-teocracia gobernaba el planeta diciendo qué habían de hacer sus habitantes, cómo debían de hacerlo y cuándo. Cuestionar al Cuerpo Gobernante equivalía a cuestionar al mismo Rao, por lo tanto era una afrenta terrible, a parte de ser una blasfemia y una herejía.
En estar en desacuerdo con la forma en como el Cuerpo Gobernante manejaba los asuntos de los kryptonianos Jor-El congeniaba con el General Zod. El resto –las actividades criminales y subversivas de las que se le acusaban– no.
-¡Es suficiente! – dijo el líder del Tribunal de Justicia, poniéndose de pie y acallando a todos con un gesto – Los cargos han sido leídos. Es hora de que este tribunal expida su sentencia…
Jor-El tragó saliva. Le correspondería a él anunciar el veredicto. Mientras se puso de pie, Zod lo miró con firmeza.
-General Dru-Zod, hijo de la Casa de Zod, se te sentencia por tus crímenes a una eternidad de exilio en la Zona Fantasma – dijo – donde se espera que en tu triste condición de incorporeidad reflexiones sobre tus… aberrantes actos.
Jor-El calló. El Tribunal Supremo asintió, satisfecho. Por el contrario, Zod estalló, lleno de furia:
-¡Malditos sean! ¡Malditos sean todos! ¿Creen que con esto acallaran mi voz? ¡En cada kryptoniano que ansíe la libertad de la tiranía, ahí me oirán! ¡Descubrirán que es posible matar a un hombre, más nunca, jamás, sus ideales!
Una luz envolvió al General. Éste continúo gritando y vituperando al Tribunal hasta que ya no pudo hacerlo. Desapareció en el aire cuando una atronadora descarga de energía lo envió directamente a la Zona Fantasma.
-Se ha hecho justicia – proclamó el líder del Tribunal, haciendo sonar un martillo. Todos estuvieron de acuerdo.
Jor-El solo se limitó a sentarse en su lugar sin decir ni una palabra.

sábado, 22 de junio de 2013

El Final del Desastre, de Len Barnhart



La raza humana se encuentra al borde de su extinción. Los muertos campan a sus anchas y los vivos buscan refugio. El mundo pertenece a los cadáveres en descomposición de una civilización perdida que apenas guarda semejanza con su antigua humanidad. Vagan en busca de sangre caliente para satisfacer el deseo primario e irresistible de consumir carne viva. Mientras, Jim Workman continúa la búsqueda de otros supervivientes, topándose una y otra vez con el hecho de que la muerte no es el único peligro que los aguarda: los últimos vestigios de grupos corruptos obstaculizan un nuevo comienzo para la raza humana.

MI OPINION SOBRE ÉSTA NOVELA:

Hay ocasiones en que segundas partes son innecesarias. Es el caso de éste libro, que si bien no es malo, tampoco es tan bueno como para tirar petardos. “El Final del Desastre” es la secuela de “El Reino de los Zombis”, de Len Barnhart, aquella novela que nos contaba una vez más la historia de un apocalipsis zombi y de un grupo de supervivientes humanos intentando lidiar con ello. En lo personal, después de que pasó tanto tiempo desde que leí la primera novela, me costó al principio re-engancharme con las aventuras (y desventuras) de Jim, Mick, Amanda, Felicia, Izzy, Sharon, Leon, etc, etc. Por suerte, eso solo fue al principio; cuando le agarré la mano ya pude entrar de lleno en el terreno…

“El Final del Desastre” nos muestra a nuestros supervivientes viendo una nueva esperanza surgir ante ellos, representada por la isla de Tangier, un lugar aislado del continente y en donde muchas personas viven una vida normal, alejadas de la amenaza de los muertos vivientes. Pero para llegar a la isla, primero Jim y compañía tendrán que atravesar un arduo y largo camino, que no solo tiene de por medio zombis, sino que también seres humanos. Los villanos de turno están encarnados por una milicia racista liderada por un inescrupuloso hombre que no se detendrá ante nada por conseguir lo que se propone.

En esencia, básicamente ésta segunda novela tiene algo más de acción, aunque tampoco tanta. El problema con ella es que es una continuación innecesaria. Me explico: “El Reino de los Zombis” acababa con un Epilogo donde se ponía de manifiesto el final de la plaga. Esta secuela viene a encajarse con calzador antes de ese hecho, si bien su final supuestamente coincide con el final de la plaga zombi que asola la Tierra.

Si Len Barnhart solo hubiese escrito solamente “El Reino de los Zombis”, como la dejó quedaba bien. Pero como el negocio resultó bueno, de ahí nació esta secuela. Y según tengo entendido, hay otro libro más después de éste, aunque creo que es una precuela. No lo tengo en claro, a decir verdad…

EN SINTESIS: 

No es un mal libro, pero tampoco es bueno. Les hará pasar un buen rato leyéndolo, pero tampoco es, lo repito, para tirar petardos. Si desean comprarlo, adelante.

¡Saludos a todos! ;)  

viernes, 21 de junio de 2013

Superman Vs StarGate (Cinco)



CAPITULO 5


CIUDAD DE METROPOLIS
EN LA AZOTEA DE UN EDIFICIO 

L
o primero que vio apenas salio de entre los escombros del edificio de Luthor, fue aquellos dos misteriosos aviones trabados en pleno combate aéreo con la nave alienígena.

Le llamaron inmediatamente la atención, puesto que era la primera vez que veía aviones con aquel particular diseño, tan similares a los deslizadores enemigos que hacia poco repelió. Lo más llamativo era la insignia que portaban: un curioso emblema que llevaba solamente las letras SGC.

Después del impacto de descubrir aquello, lo siguiente que a Superman le interesó y en extremo, fue ver como uno de aquellos aparatos atacantes fue alcanzado por un disparo… y caía al vacío.

No lo pensó dos veces. Hizo el rescate. Una suerte de sentido especial le dijo que los pilotos eran del bando amigo… Y allí estaba ahora, con dos de ellos: una mujer rubia y aquel hombre de las gafas, a los cuales ayudó a salir de la cabina de su aeronave… y que lo miraban con cara de asombro.

“Forasteros”, pensó, “Eso seguro”.

-¿Están bien? – repitió su pregunta, en voz alta.

Tardaron bastante en responder. Jackson tartamudeó un “si” y solo atinó a quedarse en eso. Su compañera, mas practica, dejó de lado a toda prisa su sorpresa primeriza y se concentró en cuestiones practicas…

-Necesitamos ayuda. Nuestros compañeros todavía siguen arriba, pero están a punto de quedarse sin municiones – Carter señaló al cielo.

El Hombre de Acero asintió.

-Muy bien… Voy para allá. Lo mejor para ustedes seria que busquen donde refugiarse… ¿Son personal de la Fuerza Aérea o del Ejercito?

-Algo así.

Superman decidió dejar las cuestiones sobre el origen de sus nuevos amigos para más tarde. Se dio media vuelta y echó a volar rápidamente hacia el cielo, dejándolos solos.

Jackson y Carter se quedaron observando como se alejaba… y luego, se miraron entre si.

-¿Pasó realmente o estamos soñando?

-Yo me siento despierta, Daniel.

-Igual yo.

Silencio. De tan asombrados que estaban por la insólita situación que lo único que hicieron fue seguir el consejo del Ultimo Hijo de Krypton de buscar refugio.

Lentamente, comenzaron a caminar fuera de allí.

* * *

En mitad del cielo la batalla seguía, pero Mitchell sabía que estaba perdida de antemano.

Ignoraba el destino de sus compañeros, pero entendía que pronto les acompañarían. Cuando Teal’c anunció que la reserva de armamento llegó a cero, el Coronel tragó saliva y se aprestó para el final.

-Bueno, hasta acá llegamos.

Dos chorros de un disparo energético venían hasta ellos. No existía forma alguna de eludirlos, bajo NINGUN contexto… cuando les alcanzara, seria el fin.

Mitchell se preparó para el impacto… que nunca se produjo.

Moviéndose a una rapidez de pesadilla, Superman se interpuso entre el avión y los rayos de partículas, usando su cuerpo como escudo.

Hubo una explosión… y el Hombre de Acero salio ILESO. Tanto Mitchell como Teal’c se quedaron con la boca abierta.

-Yo me haré cargo, amigos – dijo el kryptoniano, sonriéndoles y luego, volando a prisa hacia la Ha’tak, dispuesto a acabar con los enemigos.

-¿Viste lo mismo que yo? – preguntó el Coronel a su copiloto.

-Ciertamente – respondió el Jaffa, anonadado.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Mitchell. Se ensanchó mas cuando Carter se contactó con ellos vía radio y avisó que Daniel y ella estaban bien… y que la caballería iba en camino.

-Copiado, Sam. Lo hemos visto. Descendemos a las coordenadas que nos diste – se volvió a Teal’c – Hoy parece que tenemos ayuda especial…

* * *

Baal estaba otra vez sentado en su trono. No sonreía ni un gramo.

Desde su lugar, escuchó el estruendo, sintió las sacudidas… y esperó la pronta llegada de su adversario.

No tuvo que hacerlo demasiado. La pared más cercana de la fastuosa habitación donde estaba estalló en cientos de astillas metálicas y Superman apareció plantándose ante él. Tenía el uniforme azul desgarrado y la capa roja prácticamente desaparecida de su vestimenta. Aun así, estaba totalmente intacto. Las heridas inflingidas en su cuerpo sanaban aprisa.

-Felicidades, kryptoniano. Acabas de vencer TODAS las defensas de mi nave.

-Se terminó, Baal – el Hombre de Acero se cruzó de brazos – Te sugeriría que te entregaras por las buenas.

Como toda respuesta, Baal rió.

-No, Superman… No lo haré. Pero aceptaré la derrota que hoy me has propinado. Después de todo, solo un dios puede derrotar a otro dios.

Superman no iba a discutir. Dio un paso hacia el Goa’uld y alargó una mano hacia él…

Jamás llego a tocarlo. Sus dedos atravesaron a la figura sentada en el trono como si fuera aire.

-Holograma – Baal le guiñó un ojo – Comprenderás que no tengo intenciones de quedarme en este planeta, como prisionero. Así que en estos momentos estoy de camino a mis territorios – la holoimagen hizo una pausa -  Veo que escudriñas con tu visión de rayos X por todos lados en busca del emisor de mi señal. No te gastes. No podrás alcanzarme aunque lo intentes…

-No juegas limpio, Baal.

-Te equivocas, kryptoniano. Solo utilizo el juego como más me place. Te diré algo, por cierto, antes de despedirme para siempre: te sugeriría que hables con los humanos que salvaste hace rato. Ellos son los enemigos que tengo, los que mencioné hace poco. Pertenecen a un Proyecto Especial de tu Gobierno, el cual ahora esta bajo el mando de tu Némesis, Lex Luthor… Parte del pacto que teníamos…

-Entonces es verdad. Tienes una alianza con Luthor.

-Adiós Superman – el holograma ignoró la afirmación del Hombre de Acero. Ya comenzaba a desvanecerse – Apúrate… Doomsday esta despertando en su prisión y esta listo para volver… al ataque…

La imagen generada por computadora desapareció. El trono quedó vacío.

* * *

RUINAS DEL EDIFICIO DE LUTHORCORP
EN ESE MOMENTO

Mitchell estaba sentado sobre un pedazo de roca, oyendo de boca de Jackson y de Carter el relato de lo sucedido minutos antes, cuando fueron milagrosamente salvados por el Hombre del Mañana. Mientras escuchaba, prestaba un ojo hacia las alturas, a la suspendida y silenciosa nave pirámide…

Alrededor del SG-1, Metrópolis se erguía igual de muda. A la lejanía en realidad, se oían sirenas y lamentos de heridos, pero en la zona en donde el grupo estaba reunido, todo era silencio y quietud… que se rompió cuando Superman llegó, descendiendo como una ráfaga de viento.

-Tenemos que hablar – dijo.

-Ya lo creo que si… - Mitchell se puso de pie y estiró una mano hacia él – Soy el Coronel Cameron Mitchell…

La mano extendida, en un gesto abierto de amistad, fue ignorada por el ceñudo Hombre de Acero. La alta figura del kryptoniano pasó al lado del Coronel y del resto del equipo sin mirarlos, solo con su atención fija en los escombros del edificio destruido.

-Ya viene…

El suelo comenzó a temblar. El SG-1 retrocedió espantado, cuando Doomsday salió de su prisión, rugiendo lleno de ira y de ferocidad.

Superman sacó un objeto del cinturón de su traje. Hasta el momento, parecía haber estado guardado allí en espera de ser usado. Con movimientos veloces, arrojó aquello contra la monstruosa figura atacante…

Hubo una explosión de luz desgarradora. Por un momento, nadie pudo ver nada más que un blanco cegador y oír el grito de la criatura, envuelto en aquella ola de energía sin límites. Cuando acabó, Doomsday ya no estaba… el único rastro de que alguna vez hubiera existido eran los dos cráteres que habían quedado en el derruido piso, provocados por el peso de sus poderosos pies.

-¿Qué fue eso? – preguntó Carter, cuando se hizo evidente de que no volverían a ver a aquella monstruosidad.

-Un cristal proyector de la Zona Fantasma. Era el único recurso que me quedó para derrotarlo. No podía acercarme a él para luchar ya que me envenenaría con la radiación del material que estaba hecho; no podía neutralizarlo para siempre bajo pilas de escombros, porque escaparía… A la final, fue lo único que se me ocurrió. La Zona Fantasma pareciera ser la prisión perfecta para un ser como él…

-¿La “Zona Fantasma”?

-Una dimensión alternativa, fuera del Tiempo y del Espacio conocidos. El que va exiliado allí no regresa jamás – Superman suspiró. Se volvió hacia el grupo reunido y extendió una mano hacia Mitchell – Perdón por no responder a su saludo, Coronel… Es un gusto conocerlo. Creo que tenemos que hablar… y mucho.

* * *

CUARTEL GENERAL DEL SGC
CIERTO TIEMPO DESPUES.

Luthor permanecía en silencio, sentado en su sillón, esperando. Su expresión era la más calma y serena que cualquiera pudiera tener.

Cuando la puerta del despacho se abrió y el SG-1 entró, en compañía de Superman (con su traje con capa renovada y limpia) dicha expresión facial ni siquiera vaciló ni un segundo…

-Antes de que digas nada, solo puedo decir que NO tienen NINGUNA prueba que me implique con lo que acaba de suceder en Metrópolis – dijo Lex. Una sonrisa apareció en sus labios – Legalmente hablando, es mi palabra INTACHABLE contra la de cuatro Enemigos declarados del Estado – esto ultimo, lo señaló fijándose en el SG-1.

-Puede ser… pero resulta, Luthor, que estos cuatro “enemigos” del Estado han sido victimas de tus manipulaciones y engaños.

-¿Y que, súper bobo? Te lo repito: Ninguna prueba me puede condenar a NADA. El SGC sigue siendo parte de LuthorCorp… Y ahora, voy a llamar a los soldados para que los saquen a todos de aquí, derechito a una celda bien resguardada y luego, súper, voy a labrarte un Sumario por entrar en un Área Restringida del Gobierno sin autorización presidencial.

Lex se disponía a llamar por teléfono para cumplir con su amenaza, cuando Carter se le adelantó y desenchufó el aparato, impidiéndoselo.

-¿¿Qué se supone que ha hecho, Coronel?? – le recriminó Luthor, furioso.

-LuthorCorp ya no existe – dijo ella.

Lex rió, divertido.

-Si lo dice por el derrumbe que Superman seguramente ocasionó de mi edificio, pues déjeme decirle que no me perturba en lo mas mínimo. Lo volveremos a levantar en menos de un año…

-La compañía ha quebrado al quedar usted implicado totalmente en los hechos que ocurrieron.

La sonrisa de seguridad de Lex titubeó.

-Esta mintiendo, seguro.

-Baal dejó un mensaje grabado en su nave madre, antes de irse – Mitchell se acercó al empresario. De entre sus ropas, sacó un CD de ordenador – Es un mensaje muy interesante en donde habla del acuerdo que tenían ustedes dos. Al Presidente y al Comité de Supervisión les ha encantado verlo… Ah, por cierto, en este disco esta la copia del comunicado, por si quiere ver que nosotros NO mentimos, como si usted lo hace.

-¿Qué?

Luthor se hundió en su asiento, presa de la incredulidad… y del horror.

¡ESTABA DERROTADO!

-Temo que en esta ocasión no solo has quedado en la ruina, Lex – Superman meneó la cabeza – sino en la autentica bancarrota. El Presidente te ha quitado TODO el apoyo que te tenia, además de acusarte de los siguientes cargos que me encomendó mencionarte: Traición al Estado, porque sabias de una gran amenaza para el país y como Comandante en Jefe de esta instalación no hiciste nada ni tomaste las medidas para evitarlo; la destrucción de Metrópolis, aunque fuera indirectamente, ya que al fin de cuentas fuiste parte del complot con el cual las fuerzas enemigas intervinieron… Y el cargo mas terrible, Lex, es el de inculpar ilícitamente de traición a gente honrada, respetuosa y trabajadora – señaló al SG-1 – A mi leal entender, lo mas ruin que puedes haber hecho. Pero ya nunca más lo harás. Es tu fin.

Luthor se puso de pie, con violencia. Encaró al Hombre de Acero.

-¡Jamás! ¿Lo oyes, idiota? ¿¿Lo escuchan todos ustedes, imbeciles?? ¡SOY LEX LUTHOR! ¡SOY EL NUMERO UNO! ¡Esto solo es un trámite para mí! Voy a salir de esta… ¡Lo haré!

-Lo dudo mucho – el General Landry eligió aquel momento para entrar, en compañía de una comitiva de soldados armados, a la oficina - ¡Arresten a este inútil!

Los soldados redujeron a Luthor y le colocaron un par de esposas.

-¡Te esperan unas largas vacaciones en el Penal de Pocantico, Lex! – Landry asintió, satisfecho – No te preocupes. El SGC volverá a mi mando, mientras no estas. Órdenes directas del Presidente, quien me ha comunicado, junto con sus más sinceras disculpas, el desprecio que siente por ti.

-¡¡Lo pagaran!! ¡Juro que lo pagaran! ¡¡Hablare con todo el mundo!! ¡Todos sabrán de la existencia del Proyecto StarGate! ¡¡El Gobierno se arrepentirá de darme la espalda!! ¡¡¡TODOS VAN A TERMINAR EN LA CALLE!!!

-Como bien decías antes, Lex, NO tienes pruebas para demostrarlo. ¡¡Llevenselo!!

A rastras, Luthor fue sacado de la oficina.

Landry se volvió hacia su equipo. Todos sonreían, satisfechos de volverlo a tener en aquel lugar y de que la normalidad acudiera a la base una vez más.

-Es un gusto regresar a servir bajo su mando, señor – dijo Mitchell, con orgullo.

-Yo me alegro de poder retornar a casa – replicó el General – Si Dios quiere esto solo será un mal recuerdo – hizo una pausa. Extendió una mano hacia el Hombre de Acero – Te estamos agradecidos por TODO, Superman. Hoy, si el mundo se ha salvado, ha sido gracias a ti.

-Solo hacia mi trabajo, General – replicó el héroe, encogiéndose de hombros de manera humilde.

* * *



SALA DE EMBARQUE DEL STARGATE
MUCHO TIEMPO DESPUES

Superman admiraba con ojo crítico el anillo giratorio del Portal. A su espalda, el SG-1 al completo acompañaba al kryptoniano en su “visita guiada” a las instalaciones. La Coronel Carter era quien explicaba los puntos principales del funcionamiento del StarGate…

-…De modo que, lo que básicamente hace este Portal es enlazarse con otros sistemas de igual confección esparcidos a lo largo de la Galaxia. Cuando se marcan los siete símbolos apropiados en el Dispositivo de Llamada, uno puede cruzar al planeta elegido, instantáneamente.

-¿Y dicen que hay miles de estos “StarGates” por todo el espacio? ¿En muchos otros planetas?

-Bueno, no contamos el numero exactamente – Jackson se acomodó los lentes, tomando la palabra – Aproximadamente (es una aproximación, recuerda) habrá millares de millares de StarGates en diversos mundos, pero hacer cálculos exactos es… bueno, imposible.

-Nunca me he topado con cosas como estas en mis aventuras en otros planetas – Superman estaba admirado – Realmente, es maravilloso lo que hacen aquí, amigos.

-No tanto. Es solo ciencia en su mas pura expresión – Jackson sonrió.

-Actualmente estamos buscando un arma especial construida por Merlín, un ser Ascendido que pertenecía a la raza de los creadores de los Portales. Es para defender nuestra Galaxia de los Ori… - continuó Carter.

-Los Ori… oí por aquí que los mencionaban mucho. ¿Quiénes son?

-Los mas grandes zánganos del cosmos, si se me permite la expresión – comentó Mitchell. El Hombre de Acero rió.

-No quiero sonar tan… dura como mi compañero Coronel – Carter carraspeó, reconociendo que aquella fue una de las mejores frases para identificar a sus adversarios – pero lo cierto es que los Ori son unos seres también Ascendidos pero maléficos. Pretenden el dominio de nuestra Galaxia mediante el engaño y la mentira de una religión falsa: El Origen.

-Los Ori no pueden intervenir en los asuntos de los seres mortales, pero tienen sirvientes que si lo hacen – Teal’c habló, deseando informar también a su invitado de todos los pormenores del asunto – Se los llama Priores. Son falsos sacerdotes con grandes poderes que intentan obligar a todos a servir o a abrazar la igual de falsa doctrina de sus amos.

Se produjo un breve silencio. El Ultimo Hijo de Krypton asimilaba, en tanto, toda la información que sus nuevos amigos vertían en él.

-Vaya. Una gran amenaza. Tengo que confesar que JAMAS me había enterado de esto. Estas cosas realmente pasan al margen de mi atención… Entiendo por qué el Gobierno quiere mantener este secreto. La Humanidad no esta preparada para saber tanto…

-Sé que tal vez esto sea mucha presión para ti, Superman – dijo Carter, despacio – Pero tienes que comprender la importancia de no revelar datos acerca de este Proyecto Especial… ni de nosotros.

-Quédense tranquilos. Entiendo al punto que quieren llegar – el Hombre de Acero asintió – El Programa StarGate permanecerá en el anonimato. Su secreto esta a salvo conmigo.

-No podía ser para menos – Mitchell palmeó el hombro de Superman – Viniendo del Gran S, pues…

-¿Cómo va la reconstrucción de Metrópolis? – quiso saber Jackson.

-Marchando. Estoy ayudando, claro. Hay mucho que hacer todavía, pero las cosas mejoraran… En parte, el Gobierno ha prometido financiar todo.

-Esa es una buena noticia.

-Los metropolitanos son gente simple, pese a que parece lo contrario… La presencia de la gran nave alienígena pasara como la de otras tantas más de los villanos que usualmente vienen a retarme. Me he encargado personalmente, de limpiar de los registros que por allí había toda información sobre Baal y sus esbirros… Nadie hará mas preguntas cuando los amigos que tengo en la Prensa den una versión creíble de esta “invasión alienígena”.

Superman extendió una mano. Saludó a Mitchell con un apretón.

Era el momento de la despedida.

-Ha sido un gusto conocerte en persona, Gran S.

-No hay cuidado, Coronel. Es usted un gran piloto. Formidable, en realidad.

-¿Volveremos a vernos?

-Tal vez. Ojala que fuera en mejores ocasiones, amigo.

-Bien, si necesitas un “aventón” a algún sitio del espacio exterior y no tienes tiempo para volar hasta allá… Ya sabes. Tenemos un StarGate listo para ti.

El comentario del Coronel causó gracia al grupo. Después del apretón de manos con todos, el Hombre de Acero echó una mirada al techo de la sala.

-¿Esto tiene salida por aquí, no? – preguntó.

Mitchell se volvió hacia la gente que estaba expectante a sus movimientos en el interior de la cabina de control del Portal.

-¡Davis, que abran la compuerta del silo! – ordenó.

Se produjo un ruido metálico. Las puertas del techo de la sala de embarque se abrieron lentamente, dejando al descubierto un hueco largo y profundo… que terminaba en el exterior de la montaña.

-¡Cuídense todos! ¡Estaremos en contacto!

Superman empezó a volar. A través del hoyo en la montaña, salió al azul cielo del exterior.

…Pronto, se perdió en la lejanía…

* * *

LEX LUTHOR
PENAL DE POCANTICO, EN ALGUN RINCON DE USA

Una celda no muy grande, de paredes asépticas, pero una celda al fin.

Una ventana pequeña que daba al patio de la prisión, en donde unos hombres del servicio de limpieza hacían el aseo.

Y un traje de presidiario naranja, con número y todo, sumado a un camastro de escaso abrigo acoplado a la pared del fondo.

Era todo lo que Lex Luthor tenia de mobiliario en su larga, muy larga estadía en la prisión de Máxima Seguridad de Pocantico.

En aquellos momentos, pasadas ciertas semanas desde que fuera traído a aquel lugar, el antiguo empresario y ahora desprestigiado criminal meditaba sobre su situación y los errores garrafales que cometió para terminar allí.

…Había sido un tonto...

¡Jamás debería haber confiado en un alienígena, para empezar!

Pero inventiva era el lema de Lex. Lo mismo que el futuro. Estaba preso, era cierto… en la bancarrota, también era cierto… pero había una sola cosa que nadie podía quitarle y era que, en efecto, él era LEX LUTHOR.

El Numero Uno.

No importaba cuantos asquerosos aliens invasores le quisieran quitar el puesto, ni cuantos insurrectos grupitos de pretendidos héroes quisieran humillarlo.

Él era el MÁS grande de todos.

Lo demostraría totalmente al revertir su actual situación. Le debía muchos favores a mucha gente allá afuera. Era el momento de cobrárselos. Jueces, abogados… gente importante. Pediría audiencia con ellos… les expondría el caso.

Tendrían que ayudarlo a limpiar su imagen.

Tendrían que darle una gran mano para salir.

Lo harían. Tenía muchos secretos acerca de ellos que no desearían que surgieran a la luz.

Luthor sonrió.

Volvería a ser el que era en poco tiempo… y entonces, no solo esta humillación la pagaría ese alienígeno vestido de azul… sino también cierto grupito de militares indeseables.

Si, saldría de allí por la puerta GRANDE.




FIN