lunes, 29 de julio de 2013

Una jornada maravillosa



Me permito salirme del protocolo habitual de éste blog, comúnmente dedicado a la Fantasía, el Terror y la Ciencia-Ficción, para hablar sobre la maravillosa jornada cristiana que se produjo la semana pasada en Brasil, la cual ha sido presidida por Su Santidad, el Papa Francisco, Pontífice argentino que, como creo que ya saben, es mi patria de origen –Argentina, digo–.

¿Qué puedo decir de lo que se vivió en Brasil? Una maravilla. Una explosión descomunal de fe y de amor como nunca antes se ha visto. La gente, por las calles, saliendo a manifestarse, pero no a manifestar odio sino todo lo contrario, amor. Y nuestro amado Papa Francisco… humilde y generoso, como siempre, saludando a todos y a todas. Hubo muchísimos gestos hermosos de Francisco, como aquel en el que visitó las Favelas o cuando se desplazaba a bordo de su “Papamóvil” y saludaba a todos, haciendo detener el vehículo cada tanto y rompiendo el protocolo solamente para entregar amor.

Fue una jornada muy positiva, donde el mensaje de Cristo se predico cómo debe ser por Su Santidad: enérgico y a su vez, cargado de amor. En sus homilías, le habló a los jóvenes pero también a los más viejitos. Les dijo a todos que deben “luchar” por sus ideales, entendiéndose luchar no en sentido físico sino en el espiritual. Nos dijo que no nos escondamos por ser cristianos, todo lo contrario. Que lo llevemos con orgullo y que con humildad prediquemos y ayudemos a los que más nos necesitan.

“Quiero lío en las Diócesis”, dijo Su Santidad. Por supuesto, el lío del que habla es un lío espiritual, revolucionario. La Iglesia no debe quedarse encajonada, hay que salir a la calle, como bien dijo Francisco. En la calle están los que más nos necesitan. Y cuánto nos necesitan. Necesitan amor, necesitan comida, ayuda de todo tipo… Es deber de todo buen cristiano que se precie como tal salir y ayudar. Y no pensemos que haciendo poco no cuenta; todo cuenta. Nuestro granito de arena cuenta. Hay quien podrá hacer más y quien menos, pero lo importante, como dijo el Papa, es HACER.

En síntesis, en Brasil la semana que ha pasado se ha vivido una fiesta. La fiesta de la fe, de Cristo y la celebración de la Vida. Es mi deseo que todos ustedes también lo hayan vivido así. Y a quien no, no importa. Dios ama a todos por igual, sean creyentes o no. Si eres una buena persona, no tienes nada de que preocuparte. Dios vela por todos.

Un gran saludo para todos! :)

jueves, 25 de julio de 2013

¿Qué Enseña Realmente la Biblia?, de los Testigos de Jehová



MI OPINION SOBRE ESTE “LIBRO”:

Vergüenza ajena debería darles a la Sociedad Atalaya por sacar semejante obra literaria, que no es otra cosa que un manual de proselitismo para captar adeptos al loco culto de los Testigos de Jehová. Si uno es incauto y cae en las redes de los Atalayistas y sus delirios, muy pronto querrán ofrecerle lo que ellos llaman “curso bíblico gratuito” que en realidad no es otra cosa que el estudio de éste librito, el que supuestamente nos desglosa la Biblia paso a paso. La realidad es bien diferente: tras las bellas ilustraciones y promesas de éste manual, se esconde un proselitismo Atalayista como nunca se ha visto.

El Testigo que imparte las “clases bíblicas” le pedirá al incauto que lea párrafos de éste libro, el cual cotejara con su Biblia. Sucede que la Sociedad de la Atalaya ya viene con su propia versión traducida de la Biblia, la cual contiene errores y reinterpretaciones que convienen al dogma que esta secta enseña. Es decir, es una Biblia amañada, llamada usualmente “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”.

El cristiano no preparado al leer este manual y cotejar con la Biblia “oficial” de los Testigos, creerá que la Palabra de Dios sí contiene enseñanzas Atalayistas, mas es un craso error. Una manipulación terrible de la cual, el incauto no podrá salir. Se espera que el que estudia junto a los Testigos éste manual lo haga hasta el final… momento en el que quedara bien preparado, con la mente bien lavada, para seguir aceptando como único canal verdadero y religión verdadera a los Testigos de Jehová.

Éste manual vergonzoso expone algunas de las locas ideas de ésta secta punto por punto. A saber:

  • Que Jesús NO es Dios.
  • Que donar sangre es pecado.
  • Que Dios se llama “Jehová”.
  • Que la única religión verdadera es la de los Testigos y que su Cuerpo Gobernante es un grupo de “ungidos” por Cristo mismo, los únicos autorizados para decirnos qué debemos hacer, qué debemos pensar y cómo debemos de obrar.
  • Que el mundo es malo, malo y corrupto, pero que pronto terminara en un Armagedón total, del cual solo ellos, los Testigos, se salvaran.
  • Que no existe la vida después de la muerte y que los espíritus de los muertos son en realidad demonios mentirosos. Que la única esperanza para los que se han ido queda en manos de una hipotética y dudosa resurrección masiva en algún momento de la historia futura, so pena –los resucitados– de aprenderse todas las lecciones del Atalayismo si no quieren ser destruidos para siempre.
  • Que Cristo NO murió en una cruz, sino en un palo de madera.
  • Que no existe el Infierno.
  • Que al Cielo solo entrara un grupo pequeño, curiosamente, los miembros de su Cuerpo Gobernante tienen la plaza asegurada para estar allí de entrada.
  • Que la Segunda Venida se produjo en 1914 y que por ende, estamos en el Tiempo del Fin.
  • Que está mal celebrar cumpleaños y otras fiestas, porque no tienen soporte bíblico.

…Y así podría seguir enumerando la cantidad ingente de delirios que ésta gente cree y que aseguran que es “La Verdad”. Todos y cada uno de los puntos citados más arriba y muchos otros más se tocan en éste manual Atalayista, algo que no dudaré de calificar de “execrable” e “infame” proselitismo sectario.

Como con el caso del libro anteriormente mencionado (el de “Apocalipsis: ¡Se Acerca su Magnifica Culminación!”) no lo recomendaría para nada. Es más, por experiencia propia –que es desde donde hablo– recomendaría al cristiano (y no cristiano) no perder el tiempo hojeando esto. Si se encuentran con un Testigo y quiere ofrecerles éste manual para que lo lean, huyan de él como si fuera la peste. Es preferible huir y pasar de él a que caer victima de la inteligente –y blasfema– manipulación de los Atalayistas.

Saludos a todos.

Historia del Mundo Angélico, de J.A Fortea



MI OPINION DE ÉSTA NOVELA: 

Mucha literatura existe que versa sobre la creación y caída de los ángeles. Ejemplos, tenemos muchos. Desde clásicos como Taylor Cadwell y sus “Diálogos con el Diablo” hasta bodrios infumables como Glenn Duncan y su “Yo, Lucifer”, un despropósito que todavía lamento haber adquirido. En ese panorama amplio y vasto sobre éste tema tan particular, es que he tenido el agrado de leer éste libro, escrito por el Padre José Antonio Fortea, autor que el asiduo visitante de ése blog ya conocerá como muy recomendado por mí. Una de las magnas obras del Padre Fortea (un sacerdote real, para quienes lo dudan) es sin duda la Saga del Apocalipsis o Decalogía, aquella que contaba la historia del Fin del Mundo comprendido en un futuro (y ficticio) periodo de la historia que iba del año 2181 hasta el 2213. Aquello era ciencia-ficción mezclada con toques de política, leyes y religión. El escrito que ahora nos ocupa es bien distinto…

“Historia del Mundo Angélico” pretende ser un magno ensayo en forma de narración, de la crónica de la creación de los ángeles y de su caída. No es una novela larga, apenas 63 páginas, en las cuales el Padre Fortea se deleita utilizando sus amplios conocimientos del mundo sobrenatural para contarnos cómo considera él que pudieron ser las cosas.

Pongamos las cosas sobre claro: la Biblia no dice mucho sobre el origen de los ángeles. Al menos, no lo que quisiéramos saber. Mucho de lo que sabemos (o creemos saber) sobre ellos nos viene de tradiciones orales, de la metafísica, de fábulas… el Padre Fortea toma de esto todo un poco y trata de pintarnos mas o menos un panorama plausible.

Nos describe, en su novela, cómo era el Cielo, antes de existir el Universo. El momento en que Dios crea a los ángeles y la prueba de voluntad y de fe a la que los somete, en la cual los que fallan se encolumnan tras la figura archiconocida de Lucifer, el Adversario por antonomasia.

El libro es muy bueno, pero adolece de descripciones físicas. El Padre Fortea pretendió hacernos ver un mundo no-físico utilizando magistralmente su poder de narración, pero a mi gusto personal, ha fallado un poco. Quizás a la mente humana, dada a las formas, le sea medio imposible concebir ángeles que no tienen alas ni cuerpo y batallas que no son tales, sino batallas espirituales. Cuando los ángeles rebeldes comandados por Lucifer luchan contra el bando contrario, no hay choques de titánicas fuerzas en el sentido de “se arrojaron rayos, lucharon empujándose, golpeándose, etc”. No. Nada de eso. La batalla es espiritual, por consiguiente, donde el libro adolece es en esa parte. Es difícil imaginar una batalla tan solo de voluntades… pero me imagino que seria, entre hipotéticos seres sin cuerpo, lo más razonable.

Una de las cosas que más me han gustado de éste libro es su descripción de Dios. El Padre Fortea lo compara con una inmensa Esfera de Luz, en medio del Cosmos. Una imagen cósmica realmente impresionante, un tanto lejana al clásico antropomorfismo del viejito con barba y cabello blanco en el que solemos pensar, cuando pensamos en Dios.

En síntesis y para no hacerla larga, es un lindo libro, que incluso contiene un Apéndice en el cual se nos narra a modo de ficción su elaboración. A mi juicio, el Apéndice está de más. Sobra. El resto es muy bueno. Muy metafísico, eso sí. Y muy religioso. Si les apetece, se los recomiendo.

Saluditos!  

domingo, 21 de julio de 2013

El Juicio, de J.A Fortea



Año 2209. Comienza la gran persecución contra los cristianos. Una persecución incruenta, amparada y promovida por el marco legal del Estado. Un ciudadano decide hacer frente al Gobierno Federal de los Estados Unidos con la única arma de la que dispone: la Ley.

La novela es la historia de un juicio. La historia de un proceso legal entre el poder absoluto y un ciudadano amparado por la independencia de un juez.

MI OPINION DE ÉSTA NOVELA: 

Perteneciente a la Decalogía (las diez novelas que componen la Saga de la Era del Apocalipsis del Padre José Antonio Fortea) “El Juicio” transcurre, como su sinopsis lo indica, en el año 2209, pleno año en el que, de acuerdo con los hechos narrados en “Cyclus Apocalypticus”, empezaba la persecución contra los cristianos, iniciada por Viniciano, el despótico Emperador de la Unión Europea. Concretamente, “El Juicio” es la historia de un juicio contra un coronel del Ejercito Norteamericano, Dwight Patterson, cuyo único pecado es ser cristiano. Amparado por un Estudio Jurídico que asumirá su defensa, Patterson se enfrenta a un proceso legal con muchos vericuetos y que acabara con un final sorprendente…

Si tuviera que describir ésta novela al lector, diría que es una genial mezcla de “La Ley y El Orden” (famosa serie de TV sobre asuntos legales) y “Blade Runner”. Imagínense un proceso legal en un lejano futuro altamente tecnificado y en el que existe la persecución religiosa. Eso es ésta novela. De nuevo, el Padre Fortea demuestra una excelente disposición narrativa, una fluidez envidiable para describir escenas y unos conocimientos exactos sobre el sistema judicial estadounidense.

Lejos de lo pensado, no es para nada una novela aburrida. Los tecnicismos legales no son empalagosos y el argumento principal –juzgar a un cristiano por sus creencias– es súper interesante. Principalmente, creo que a los que les gustan esas series de TV con abogados y fiscales, encontraran ésta novela entretenida.

La recomiendo totalmente. Un muy buen libro.

¡Saludos a todos! :)

martes, 16 de julio de 2013

Apocalipsis: ¡Se acerca su magnifica culminación!



MI OPINION DE ÉSTE LIBRO (SI SE LO PUEDE LLAMAR “LIBRO”):

Dos años y medio de mí vida los pase con los Testigos de Jehová. Fue durante una búsqueda espiritual, un momento difícil de mi vida… momento que fue aprovechado por ésta secta de locos para reclutarme entre sus filas. Gracias a Dios –nunca mejor dicho– vi cosas que me chirriaron y acabé descubriendo la falsedad tras la supuesta imagen impoluta de la “única religión verdadera” y me salí de ella. Hoy por hoy, reconciliado y afianzado totalmente en mi fe católica, puedo darme cuenta del error que cometí metiéndome con ésta gente, personas que lo único bueno que hacen es manipular a otras personas, con el único fin de hacer de ellas prosélitos. Nada más.

Los Testigos de Jehová no tienen nada de bueno. Éste libro es un claro ejemplo de ello…

Con bellas y coloridas ilustraciones, entre sus páginas hallamos un profundo estudio del Libro del Apocalipsis que no es tal. Si uno aborda éste manual Atalayista, se encontrara con burradas tales como profecías amañadas, acomodadas por el Cuerpo Gobernante de los Testigos (con sede en Brooklyn, Nueva York, USA), para que el inocente lector crea que cuando lee su Biblia y en especial el Apocalipsis de San Juan, crea que está leyendo profecías que aluden directamente al “esclavo fiel y discreto”, la Sociedad Watchtower, la identidad real tras los Testigos de Jehová, una corporación legal & religiosa a nivel mundial dedicada a engañar a las masas con publicaciones de revistas, libros y hasta Biblias amañadas para acomodarse a sus delirantes creencias.

Sería engorroso, hasta casi tedioso, enumerar aquí el grado de profecías y pasajes bíblicos que los anónimos autores (El Cuerpo Gobernante de los TJs) de éste libro acomodan para hacer coincidir “casualmente” con sus intereses. Cualquier lector culto y con dos dedos de frente se dará cuenta de inmediato del delirio detrás de esto y que en realidad, es como el tema de los espejitos de colores: bellas ilustraciones que en verdad te cuentan una historia que no es. Una mentira más grande que una casa disfrazada de religión.

Eso es lo que son todos los Testigos de Jehová: una gran mentira, una secta disfrazada de religión, cuyo único fin verdadero es hacer prosélitos.

Nunca, jamás, recomendaría éste libro a nadie. Les sugeriría, antes bien, leer la fuente verdadera y original, la Biblia, la Verdadera Palabra de Dios. No consultar éste manual proselitista lleno de mentiras, engaños y manipulaciones.

Saludos a todos.

PD: Y como colofón… hoy otra vez, como siempre, los Testigos vinieron a la puerta de mi casa a llamar. A pesar de que saben que vivo aquí, a pesar de que saben que no quiero tener ni de lejos nada que ver con ellos, ellos siguen y siguen viniendo. Siguen y siguen insistiendo. Es que ese es su mandato: insistir. Terminan ganándole a la gente por cansancio y ahí viene el error. El cristiano no preparado cae en sus redes y entonces estas personas empezaran con él un curso “bíblico” gratuito que en realidad es un curso de adoctrinamiento Atalayista. Al poco tiempo, la persona pierde su libertad mental e individual y pasa a formar parte de un colectivo que viste de traje y sale a predicar ideas delirantes y erradas, tales como que Cristo NO es Dios y que NO murió en una cruz. Ideas retorcidas, como que la Segunda Venida se produjo en 1914, que se trata de una “presencia invisible” y que, por supuesto, solo ellos –los Testigos– son el único conducto aprobado por Jesús para comunicarle a la Humanidad la “Verdad”. La ruindad de estos personajes es tal, que han llegado a afirmar que no existe vida después de la muerte y que solo nos queda la esperanza en una hipotética y dudosa resurrección general en algún momento futuro, para tener que, sí o sí, abrazar las creencias del Atalayismo, so pena de ser exterminados para siempre. En síntesis, que ellos lo que desean es un Tierra toda convertida al Atalayismo. De terror, es decir poco. :(

lunes, 15 de julio de 2013

Memorias del Ultimo Gran Maestre Templario, de J.A Fortea



MI OPINION DE ÉSTA NOVELA:

Siguiendo con la Decalogía (la Saga de diez novelas que el Padre José Antonio Fortea escribió) “Memorias del Ultimo Gran Maestre Templario” se ubica dentro de ese fabuloso y a la vez terrible futuro alternativo que comprende un periodo entre los años 2181 y 2213 en donde el Bien y el Mal tienen su ultima batalla. El caso de la citada novela no podía ser menos y he aquí una breve descripción de su trama:

Año 2211. Año éste en el que arranca el recuerdo del Gran Maestre Templario de lo que ha sido su vida al frente de la orden. La novela es un recorrido a través de esta institución, una especie de gran inventario de la orden.
La Iglesia Católica, ante unas circunstancias verdaderamente excepcionales en un determinado marco geográfico, había aprobado la refundación de la orden templaria. El ejército de monjes-guerreros se va a encontrar en medio de un apasionante juego de ajedrez entre los poderes terrenales y los espirituales.

La novela está escrita con el mismo estilo narrativo que el Padre Fortea nos tiene acostumbrados y la calidad del texto nunca decae. Sin embargo, supongo que es difícil encajarla dentro del genero de la ciencia-ficción porque al ser los protagonistas unos monjes (monjes-guerreros, está bien) el ambiente en el que se mueven es monástico y hay poco despliegue tecnológico. Más allá de estar ambientada en el futuro iniciado en la novela “Cyclus Apocalypticus” y de algunas que otras aeronaves, poco y nada para que pueda decir: “Esta es una novela de CF”. Sí lo es de religión y de política, dos cosas que el autor –el Padre Fortea– conoce y muy bien. y nos lo transmite de igual manera a los lectores.

Es un lindo libro, muy interesante; más allá de todo, merece la pena. Sí uno –como es mi caso- conoce poco y nada de la Orden Templaria original, no hay problema: el Padre Fortea no se extiende en detalles tediosos al respecto. Todo lo contrario. Lo que nos cuenta es la historia de esta Nueva Orden de los Caballeros Templarios, y lo hace a través de la boca y las memorias de su último Gran Maestre.

ENTONCES: ¿LA RECOMENDARIAS?

Pese a que el Padre Fortea dice que no hace falta, yo recomiendo leer primero “Cyclus Apocalypticus” para entender bien de que va la mano. Y sí, pese a no ser estrictamente de CF, la recomiendo. Una historia muy interesante, por cierto.

¡Saludos!

viernes, 12 de julio de 2013

Lex Luthor: Vida y Muerte



(Escrito por Federico H. Bravo)

Aclaración para el lector: El siguiente relato transcurre entre mis dos historias sobre el Hombre de Acero, “Superman: 666” y “Superman: La Semilla del Mal”. Recomiendo al lector interesado echarles un buen vistazo, antes de abordar ésta historia.  

Reparto
Kevin Spacey…………………………..Lex Luthor
Morgan Freeman……………………….Dios
Daniel Craig……………………………..Lucifer
Anthony Hopkins………………………………….Lionel Luthor
Annette O’Toole………………………………..Edna Luthor

Hospital General de Metrópolis.
Noche.
Lex Luthor yacía recostado moribundo sobre una cama de hospital en el interior de la sala de terapia intensiva. Entubado y con sueros su semblante no era el mejor y su pronostico, reservado. Al menos, para la opinión publica.
Dos médicos que lo asistían lo miraron en silencio durante un buen rato, hasta que uno de ellos finalmente habló:
-Que bajo han caído los grandes – fue su comentario.
-Sí – respondió su compañero – Considerando que resistió un vuelo desde el extranjero, el viejo Luthor podría considerarse un tipo afortunado.
-¿Afortunado? Tiene una herida mortal en el corazón, producto de un objeto corto-punzante. Tuvo que ser intervenido de urgencia y todavía no sabemos si va a salir de ésta. Yo no lo llamaría “tipo afortunado” ni en un millón de años.
-¡Tiene los mejores cuidados que puede comprar con el dinero de la nación! – retrucó el otro doctor – No te olvides que, después de todo, se trata del Presidente.
-Ya no. El Vice se hizo cargo del puesto. Luthor está relevado del cargo hasta que se llame a nuevas elecciones. O hasta que se muera. Lo que venga primero.
Silencio. Los dos doctores continuaron mirando al moribundo. Solo se sentía el ruido del respirador artificial subiendo y bajando.
-¿Cómo demonios acabó Luthor así? – preguntó uno de ellos al otro – ¿Qué hacía en el extranjero? ¿Quién lo hirió?
-No se sabe con certeza. Superman lo trajo volando a Metrópolis. Dijo que al principio lo creyó muerto, pero que luego se sorprendió de hallar en él signos vitales todavía.
-Que ironía. Durante años, ha estado enemistado con el Hombre de Acero… y ahora resulta que él lo salva de morir.
-Luthor no está fuera de peligro todavía. La última palabra no está dicha. En todo caso, su vida no está más en manos de Superman… su vida está en manos de Dios.

***

Vestido de traje negro, Lex Luthor se hallaba parado en el inmenso hall de un edificio moderno. Mirase adonde mirase, el panorama era igual: las paredes, las columnas, los zócalos del piso e incluso la luz que iluminaba aquel lugar. Todo, era blanco.
-¿Dónde estoy? – preguntó, confuso.
-Alexander Joseph Luthor – dijo una voz detrás suyo. Se volvió y contempló a un hombre barbado de tez oscura, quien vestido de blanco –al igual que todo en ese sitio– lo miraba, apoyándose despreocupadamente sobre una columna – Nacido el 26 de junio de 1959. Hijo de Lionel y Edna Luthor…
-¿Quién eres tú? ¿Dónde rayos estoy? – preguntó Lex, bruscamente. El misterioso hombre le sonrió, enigmático.
-Soy Dios – dijo – Oh, no te inquietes. Mientras estamos aquí – señaló al enorme hall en el que se encontraban – no debes preocuparte. Este es, en pocas palabras, un sitio intermedio. Ni de vida ni de muerte.
Luthor pestañeó, incrédulo.
-¿Dios? ¿Eres Dios? – dijo, con cierto tono irónico – ¿Y desde cuando Dios se ve como Morgan Freeman?
-Es mi actor favorito – se excusó Dios. Un instante después, su sonrisa afable se borró. Lo miró con cierta severidad y sentenció – Aquí se revelaran los engaños que condujeron tu vida.
-¿Engaños? ¿De qué hablas? ¿Sabes con quien estás hablando? – Luthor estaba furioso. Si aquello era una broma, había ido demasiado lejos, sin duda.
Dios enarcó una ceja.
-Alexander Joseph Luthor – repitió – Nacido el 26 de junio de 1959. Hijo de Lionel y Edna Luthor.
-¡Soy Lex Luthor, dueño de Metrópolis, CEO de LexCorp, la multinacional más poderosa de toda la Tierra y, actualmente, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica!
-Ya no – Dios caminó hasta un escritorio blanco. Sacó de un cajón una carpeta, la consultó y después la cerró – Concretamente, ese ultimo punto ya no es cierto. Tu presidencia de los USA ha finalizado cuando tu pacto con el Diablo se dio por terminado… por cierto, él quiere verte. Le he permitido hablar contigo para aclarar ciertos puntos oscuros. Ahí está.
Lex se volvió. El paisaje que lo rodeaba cambió bruscamente. El hall blanco se desvaneció; ahora se hallaba en una suntuosa habitación finamente amueblada, con chimenea encendida y todo. Frente a él, un hombre rubio bien vestido lo observaba con las manos a la espalda. Sonreía, taimado y burlón.
-¡Tú! – exclamó Lex – ¿Qué clase de juego idiota es este, Lucifer? ¡Me apuesto todo a que tú tienes algo que ver con esto!
-Creí que quedaba claro, Lex, que te daría mis poderes solamente para matar al Hijo de Dios, no para luchar contra Superman – recalcó el Diablo – Ese era nuestro acuerdo y por ello sellamos nuestro pacto. Como no cumpliste con lo convenido, no tuve más alternativa que disponer de, digamos, los medios para que tus enemigos pudieran pararte.
-Entonces… ¡Entonces tú soltaste a Lois Lane! ¡Tú le diste la daga!
-Solo me limité a soltar a la señorita Lane, a la cual tenías capturada. La daga la tomó ella. No tuve nada que ver con eso. Tú la dejaste en el suelo, abandonada, Lois la vio, vio que estabas a punto de acabar con Superman y decidió clavártela en el pecho. Así de simple.[1]
-¡Maldito hijo de…! ¡Me traicionaste! ¡Superman era mío y me lo negaste! ¡Te voy a matar!
Luthor se abalanzó sobre Lucifer. El Ángel Caído retrocedió y unas cadenas surgieron de algún lugar, enroscándose en Lex. Inmovilizado, los pesados eslabones tiraron de él hasta sentarlo en una silla de metal.
-Soy el Diablo, ¿Qué esperabas? – dijo Lucifer – Pero, por cierto, me divirtió mucho todo lo ocurrido. Aunque no supera por lejos la vez en que un angustiado muchacho pidió ayuda. ¿Lo recuerdas?
Lex gritó, intentando liberarse de las cadenas. Fue en vano. Lucifer sonrió.
-Fue uno de tus más deliciosos y trascendentales momentos, Lex, mi amigo – dijo – ¿Te gustaría que lo revivamos juntos?
-¡No! ¡Basta! ¡Suéltame! ¡Ahora!
Lucifer ignoró sus pedidos. Se sirvió whisky en un vaso.
-Esas emociones me atrajeron a tu vida – confesó, apurando la bebida de un trago – Revivámoslo, ¿de acuerdo? ¡Corre película!

***

Mansión Luthor. 1968.
-¿Qué te dije sobre alzarme la voz, pequeño idiota?
Lionel Luthor abofeteó con fuerza a su hijo en la cara. Lex, de tan solo nueve años de edad, cayó al piso.
-¡Nunca más uses ese tono conmigo, mocoso llorón! – le ordenó su padre, enfurecido.
-¡Lionel! ¡Solo lo hizo para defenderme! – exclamó Edna Luthor. Los tres se hallaban en el rellano del primer piso, cerca de las escaleras.
-¡Lionel Luthor no necesita un hijo que sea “niño de mamá”! – dijo, tomando a su esposa con fuerza de la muñeca – ¡Necesita un hombre! ¡Un digno heredero de la dinastía Luthor!
-¡Si le dieras un poco de amor…! – suplicó Edna. Como toda respuesta, Lionel se rió.
-¿Amor? ¡El amor es una debilidad! ¡Los Luthor no podemos ser débiles! ¡Los Luthor somos fuertes!
-¡Lionel, suéltame! – Edna intentó zafarse de su marido, sin éxito – ¡Me haces daño!
-Mamá… - desde el piso, el joven Lex miraba aterrorizado la escena. Su padre parecía completamente enajenado.
-¡Éste niño crecerá y no será fácil ignorarlo o maltratarlo, Lionel! – Edna intentó razonar con su esposo.
-¡Cállate! – fue la respuesta que obtuvo – ¡He construido un hogar para ambos y estoy harto de que no se me lo agradezca!
-¡Lionel, por favor…!
-¡Cállate! ¡¡Cállate!!
Lionel empujó violentamente a su esposa. Edna resbaló y cayó por las escaleras, golpeándose y aterrizando en el suelo.
-¡¡Mamá!! – grito Lex y corrió junto a ella, pero ya era tarde. Se había partido el cráneo y estaba muerta.
-Ha sido un accidente – fue todo lo que Lionel dijo, bajando las escaleras y mirando la escena con frialdad – Solo un accidente, ¿eh, hijo?
En su tono de voz había una advertencia contenida. Lex tragó saliva, temblando. Asintió.
-Sí… Fue un accidente – dijo.

***

Un mes después…
-¿Qué haces espiándome de esa manera?
Lex se apartó de la puerta entreabierta del dormitorio, sorprendido. ¡Su padre lo había descubierto! Lionel Luthor salió hecho una exhalación, atándose como podía la bata al cuerpo. Lex corrió por delante de él, huyendo, muy asustado.
-¿Por qué me molesto en educarte? ¡Eres un idiota, como tu madre! – dijo.
Lex se paró. Dándose la media vuelta, hizo algo sorprendente: enfrentó a su padre.
-¡Mi mamá me quería y tú la mataste! – le gritó.
Lionel se quedó petrificado… solo un instante. Luego procedió a abofetear con fuerza en la cara a su hijo.
-¡Retira eso, mentiroso! ¡Ella tropezó por las escaleras!
-¡No, no es verdad! ¡Tú la mataste!
¡PAF! Otra vez Lionel abofeteó a su hijo más fuerte, si cabe. Una mucama que pasaba por allí acudió en auxilio del niño al ver el escándalo. Otros miembros de la servidumbre hicieron acto de presencia.
-¡Compórtate como un Luthor, niño, o te enviaré a un reformatorio para que aprendas! – advirtió Lionel, volviendo al dormitorio, donde una mujer rubia aguardaba recostada en la cama matrimonial. Pese a sus nueve años de edad, Lex sabía que aquella ramera era la amante de su padre – ¡Y ustedes! – el multimillonario se volvió hacia la servidumbre – ¿Qué no tienen cosas que hacer? ¡Váyanse!
-Es un buen chico, señor Luthor – dijo la mucama que asistía a Lex – Solo echa de menos a su mamá.
-Cuando quiera tu opinión, Ettie, te lo haré saber. ¡Mientras tanto, recuerda quien te paga el sueldo! ¡A todos! – Lionel cerró la puerta del dormitorio de un golpe.
-Está loco, loco – comentó un sirviente.
-Vamos, cariño – Ettie, la mucama, abrazó a Lex – Vamos a lavarte la cara y a la cocina. Te preparare un sándwich y…
Pero el joven Luthor se zafó de su abrazo, despreciándolo, y salió corriendo hacia fuera de la mansión.
-¡Lex!
Un trueno estalló en el aire. Había empezado una tormenta.

***

Los rayos cruzaban las alturas y la lluvia caía con violencia, mientras Lex corría hacia el bosque. Se detuvo en un claro y dejó que su furia contenida explotase, al fin liberada.
-¡Lo odio! – gritó a la tormenta – ¡Odio a mi padre! ¡Él debería estar muerto, no mi madre!
Sus lágrimas se mezclaron con las gotas de lluvia. Lex se sentía tan miserable, tan solo, tan desamparado en el mundo… Sin fe y sin nadie a quien amar –ni nadie de quien recibir amor– la oscuridad se instaló en su corazón a partir de ese momento y para siempre.
-Dice que soy como mi madre… ¡Pero ya no! ¡Le enseñaré como es él! ¡Se lo enseñaré a todos! – siguió gritando, agitando un puño cerrado, desafiando al destino – Desde hoy, seré igual que él… ¡Frío y cruel! – juró.
Varios rayos atravesaron el firmamento. El rostro de Lucifer podía verse entre las nubes, riéndose a carcajadas.

***

Metrópolis. Edificio Luthor. 1992.
-Lo siento, papá – dijo Lex, treinta y tres años de edad recientemente cumplidos para esa fecha – ¡Disfruta de tu jubilación!
-¡No puedes estar hablando en serio!
-Sabes que yo nunca bromeo.
Silencio. Padre e hijo se miraron a los ojos. La escena transcurría en la oficina principal del director de la compañía, la que hasta ese momento Lionel Luthor, ya más anciano, ocupara.
Había querido el destino que su hijo se convirtiera en el principal accionista mayoritario de la empresa y que por esos devenires del mundo de los negocios, consiguiera la mayoría de los votos necesarios para presidir el liderazgo de la corporación. De buenas a primeras, el hijo había superado con creces al padre y ahora era el dueño de todo.
-¡Piensa bien lo que vas a hacer, muchacho! – le advirtió Lionel, severo - ¡Recuerda que yo te traje a esta compañía!
-…Y te estaré eternamente agradecido por ello – Lex se cruzó de brazos, desafiante – pero llegó el momento de cambiar el rumbo de las cosas. Y este es el punto en el que te vas.
Lionel aferró su bastón. Dos guardias de seguridad aparecieron en la puerta de la oficina. Lex se volvió hacia ellos.
-¡Échenlo de aquí! – les ordenó.
Los guardias aferraron al anciano de los brazos y pese a sus airadas protestas, lo sacaron a rastras de la oficina.
Lex sonrió, triunfante. ¡Todos esos años había esperado ese momento! Se sentó en su sillón y procedió a hacer un par de llamadas telefónicas. Unas horas después un equipo de trabajadores colocaba un enorme cartel en la fachada del edificio, un cartel con el que se rebautizaba a la empresa con su nuevo nombre: LEXCORP.
Sonriendo satisfecho, Luthor observó por el amplio ventanal los grandes rascacielos de Metrópolis elevándose a su alrededor. Solo le faltaba una cosa más para sellar el cambio que había iniciado con sus acciones…
Se miró en un espejo. Su cabello, rojo y brillante, como el de su madre, era lo que más se destacaba de su persona, después de los ojos verdes.
…Su cabello… igual al de su madre…
Su madre.
Símbolo de debilidad.
Los Luthor no podían ser débiles. Los Luthor eran fuertes.
Frunciendo el ceño fue hasta el baño, se colocó espuma de afeitar en la cabeza y se la rapó totalmente a cero.
Una brillante calva asomaba ahora. Con satisfacción, Lex le sonrió a la imagen que el espejo le devolvió.
En aquel momento, el Lex Luthor que todos conocemos había nacido de verdad.

***

Hospital General de Metrópolis.
En la actualidad…
El corazón de Luthor fibriló. Comenzó súbitamente a latir como si se tratase de una bolsa de gatos encerrados. Los dos médicos que estaban de guardia hicieron sonar la alarma y el resto del personal de emergencia entró en la sala de terapia. Lamentablemente, y pese a todos sus esfuerzos, fue inútil: el órgano vital – mortalmente herido– terminó parándose en seco.
-Falla cardiaca total – anunció unos de los doctores, abatido – Anoten la hora del deceso del paciente. Que alguien le avise a su familia…

***


Mansión Luthor.
Cerca de Metrópolis.
El teléfono sonó en la gran casa con aspecto de castillo gótico. Un mayordomo atendió la llamada, escuchó atentamente, asintió y cortó. Enseguida se encaminó lentamente hacia el estudio de su patrón. Tocó a la puerta y sin esperar la orden de pasar, entró.
-¿Señor? Acaban de llamar del hospital de Metrópolis – dijo. El anciano de largos cabellos y barba blanca sentado en el amplio sillón frente a la chimenea encendida lo observó con unos ojos claros y hundidos en sus cuencas. Sin embargo, ninguna emoción se dejó traslucir en ellos: eran dos pedazos de hielo frío, incrustados en su cráneo.
-¿Y bien? – dijo finalmente Lionel Luthor al ver la vacilación del otro – ¿Cuáles son las novedades?
-Yo… lo lamento, señor. Lex acaba de fallecer.
Se produjo un incomodo silencio. Lionel desvió la vista hacia la chimenea encendida, donde un par de leños crepitaban ardiendo.
-¿Señor?
-Vete. Déjame sólo, George.
Obediente, el mayordomo hizo una reverencia a su patrón y se marchó. Sólo otra vez, el viejo Lionel Luthor se limitó a mirar al fuego, sin decir nunca ni una palabra.

***

Lex Luthor pestañeó. Las visiones de su infancia y juventud desaparecieron, al igual que Lucifer y sus cadenas. Volvía a ser un hombre adulto y a estar de pie en el inmenso hall blanco de aquel extraño edificio moderno, junto al hombre barbado de tez oscura y el aspecto de Morgan Freeman que afirmaba ser Dios.
-¿Qué pasó? ¿Qué fue todo eso? – preguntó Lex.
-Solo un repaso de los momentos más tortuosos de tu vida, cortesía de Lucifer – Dios suspiró – Lo lamento. A veces simplemente se le va la mano con eso de su trabajo de ser el Diablo. Oh, bien, como sea, vamos a los hechos: acabas de morir en una cama de un hospital.
-¿Morir? ¿Te refieres a que…?
-Sí. En verdad ahora sí estás clínicamente muerto. Considérate afortunado. Ni sufriste… no demasiado.
-¿Así nomás? ¿De esa forma tan simple? ¡Es injusto! ¡No puedo morir así! ¡Soy Lex Luthor! ¡Soy el dueño de Metrópolis! ¡El Presidente de los Estados Unidos de América! ¡No puedo terminar así!
Dios se cruzó de brazos. Lo dejó descargar toda su frustración sin interrupciones. Cuando Lex se quedó sin energías, se apoyó contra una columna, agotado.
-No puedo creerlo – repetía una y otra vez – No puedo creerlo…
Dios le puso una mano sobre el hombro, consolándolo.
-Hay buenas noticias, pese a todo – comentó.
-¿De qué buenas noticias me hablas? ¡Estoy muerto! ¿Cómo podría tener eso algo de bueno?
-Demos un paseo. Tengo algunas cosas que explicarte.
El hall blanco desapareció de inmediato. Luthor y su acompañante se encontraron instantáneamente en la luna. De fondo, se veía la Tierra flotando suspendida en el negro vacío salpicado de estrellas. Pese a no haber oxigeno, a Lex le llamó poderosamente la atención que no se ahogaran y que también pudieran caminar, ignorando la poca gravedad que debería existir en semejante lugar.
-En el Universo que he creado, existe un balance – empezó Dios – hay un equilibrio. Está el Bien, pero también está el Mal. Superman es un campeón de la justicia, un paladín del honor y la verdad… tú, por el contrario, eres su opuesto: un corrupto ególatra con delirios de grandeza, que no respeta ni sabe de leyes ni de moral…
-¡Hey!
-Sin ofender – Dios tomó una pequeña roca lunar. La arrojó al vacío. La piedra hizo carambola con un par de asteroides que pasaban por allí, rebotando entre ellos y saliendo disparada hacia el infinito – Lo que quiero decir es que uno no puede existir sin el otro, ¿comprendes? Es por eso que quiero que esta historia no acabe aquí.
-¿Qué quieres decir?
Dios sonrió, enigmático.
-Te haré una pregunta, Lex Luthor: ¿Crees en la reencarnación?

***

Mansión Luthor.
Nueve meses después…
Catherine Grant yacía prisionera en la mansión de la familia Luthor. Embarazada de nueve meses con el hijo de Lex, era cuidada y asistida por un ejército de médicos privados contratados por el viejo Lionel.[2]
De forma invisible, Luthor y su acompañante espiritual la observaban detenidamente.
-¡Debes estar bromeando! – dijo Lex.
-Sabes que yo nunca bromeo – comentó el hombre de tez negra sonriendo. Aquellas palabras, Luthor las reconoció como propias. Se las había dicho a su padre una vez en su vida.
-¿Reencarnarme en mi propio hijo? ¿Qué clase de Dios retorcido planearía semejante cosa?
Dios se encogió de hombros.
-Los caminos del Señor son misteriosos – dijo.
-Es una excusa muy pobre.
-Lo tomas o lo dejas, Lex. O te reencarnas como tu hijo, o…
-O, ¿Qué?
-Creeme, no querrás oír la segunda opción. Y sí, involucra a Lucifer.
Luthor se estremeció.
-Pero… hay algo que no entiendo en todo esto. ¿Por qué me das esta segunda oportunidad? Sabes perfectamente que en cuanto pueda, intentare destruir a Superman otra vez.
-Cuento con ello.
-No te entiendo.
-Ya te lo dije. En el Universo que he creado, existe el balance de fuerzas. El Bien necesita del Mal para justificarse y el Mal necesita del Bien para ser derrotado. No me preguntes más al respecto. El resto, de momento pienso dejarlo en el misterio.
-Aun así, solo tengo una pregunta más…
-Adelante. Oigámosla.
-Si decido encarnarme otra vez, no recordaré nada de mi vida anterior, ¿verdad?
-Viene en el paquete. Pero en tu nueva encarnación sin duda tenderas a enfrentarte otra vez contra el Hombre de Acero.
Silencio. Luthor lo consideró.
-Dime la verdad: ¿Lo derrotare algún día?
-¿Quién sabe? Quizás sí lo hagas… o tal vez no.
-No juegas limpio, ¿verdad?
Como toda respuesta, Dios simplemente sonrió.
-Está bien. Lo haré.

Epilogo

El momento del parto. Un niño recién nacido llorando. Un anciano llamado Lionel Luthor complacido. Una mujer –Cat Grant– fallecida… y en algún rincón del Cosmos, un hombre de tez oscura vestido de blanco jugando al póquer con un hombre rubio de mirada suspicaz.
-Vaya, viejo amigo. No te creí capaz de hacerlo – comentó Lucifer, mientras observaba a Dios barajar las cartas y empezar a repartirlas sobre la mesa.
-¿A poco crees que no? Te dije que iba a hacerlo.
-¿Y ya está? ¿Con esto queda subsanado el error que significó la muerte del Luthor original?
-No sé de que error me hablas, Lucifer – Dios tomó sus cartas y las abrió en abanico – Soy Dios. Yo no cometo errores. En todo caso, ese serias tú.
Lucifer rió. Miró sus cartas. Meneó la cabeza.
-Muy bien, viejo ladino, aquí vamos otra vez – dijo – De nuevo en el juego. Por cierto, ¿no vas a pretender que crea que realmente un hombre culto y bien instruido como Lex Luthor se tragó toda esa farsa del delicado balance cósmico?
-Hasta donde sé, lo hizo. Aceptó mi trato convencido de que lo hacía por un bien superior.
-Eres un bribón. Un autentico bribón – Lucifer sonrió – Pero creo que está bien – colocó una carta sobre la mesa. Tenia grabada un dibujo de Luthor en su superficie – No creo que a esos mortales les cayera en gracia saber que el Sentido de la Vida es simplemente ser parte de un juego entre tú y yo.
-Por favor, Lucifer – protestó Dios. Depositó una carta junto a la otra en la mesa. La suya tenia una imagen de Superman – Mantengamos las formas. Esto es legalmente una apuesta… la cual, te aviso, yo voy a ganar de antemano.
-¿Ah, sí?
-Así es.
-¿Quieres apostar? Muy bien. Vamos por todo. A todo o nada: el perdedor se queda en bancarrota. El ganador se lleva todo.
-Me parece justo.
-¿Tengo tu palabra de honor de que no vas a salirte con alguna de tus trampitas?
-¿Por quien me tomas? ¡Soy Dios! – dijo éste, con fingida ofensa, mientras se guardaba discretamente un as bajo la manga.

¿FIN?


[1] Para más datos al respecto, ver “Superman: 666”.
[2] Para más datos, vease “Superman: La Semilla del Mal”.