lunes, 14 de julio de 2014

Una imagen lo dice todo...

Sobran las palabras... una imagen lo dice todo... Así como este hincha, en solitario, toda la Argentina se lamenta lo sucedido en el Mundial. Nada, gente. Podría hablar muchas cosas y miren que hay tela para cortar (sobre el triste desempeño de algunos jugadores, sobre penales no cobrados y goles robados, sobre las autoridades de la FIFA y sus "transas", sobre la política y el futbol en general, sobre el odio generalizado que nos tienen en algunos países de Sudamérica), pero prefiero ilustrar el sentimiento que tengo (mismo que tienen los casi 40 millones de argentinos que ayer vieron el partido) con una foto. Tristeza, dolor, bronca... desilusión. De todo un poco, la verdad.
 
Saludos a todos.

viernes, 11 de julio de 2014

Próximamente: Superboy


¡Llega “Superboy” al Diario del Vigilante! Conner Kent viene del futuro. Es descendiente directo de Clark Kent en el siglo 30 y miembro de la Legión de Superhéroes. Cuando Alexis Luthor, tátara-tátara-nieta de Lex Luthor escapa a través del tiempo hacia 1984, con la misión de asesinar a un jovencísimo Clark Kent de solo seis años de edad, en Smallville, Kansas, Conner deberá ir tras de ella para detenerla. ¡Y esto es solo el inicio de una apasionante saga!
¡Próximamente, por este blog! ¡No se lo pierdan!

jueves, 10 de julio de 2014

¡Vamos, vamos, Argentina!


Me van a disculpar, pero el tema es tan picante que no lo puedo dejar pasar. Esta entrada tendría que haber sido posteada ayer, pero por causas de fuerza mayor (léase: estuve en los festejos que se hicieron por el centro de Lomas) recién ahora me puedo sentar y escribirla. Y no es tarea fácil, ya que ¿Cómo sintetizar en pocas palabras lo que significa el futbol para los argentinos y la importancia del evento que sucedió ayer en Brasil, donde se juega el Mundial? ¿Cómo explicar la pasión de todo un pueblo, las ansias, las esperanzas, la alegría?
No sé. Creo que sólo un extraterrestre no podría darse cuenta de lo lindo (y lo bien) que nos hace lo que nos pasó ayer…
Para el que no lo sepa (¿hay alguien en todo el mundo que a estas alturas, no lo sepa?) ayer, el equipo de futbol de Argentina, comandado por el gran DT Sabella, le gano 5 a 1 por penales a Holanda, clasificándose para la Final. El evento tiene su importancia, ya que desde 1986, Argentina nunca jamás volvió a acercarse a una Final de la Copa Mundial. Ayer, 9 de julio de 2014, el equipo hizo historia. Ayer se quebró la mala racha y lo maravilloso que pasó invita a soñar… a soñar con que podemos ganarle a Alemania y llevarnos la Copa. Invita a soñar que de nuevo todo el país se una en un gran, gran festejo.
Pero claro, de momento es sólo eso, un sueño. Ya de por si es meritorio lo que todos nuestros jugadores hicieron. Contra todos los malos augurios y los pronósticos, contra tanta prensa “mala onda” y demás, el equipo de Sabella, Messi, Di María, Mascherano, el Kun Agüero, Lavezzi, el genial arquero Romerito y el resto, ayer hicieron historia y nos dieron una lección de futbol autentico. Está bien, sufrido, costó, pero todas las cosas buenas cuestan. El objetivo se cumplió: llegar a la Final. Ahora, hay que “ponerse las pilas” para el último desafío: traer la Copa a casa.
Por eso y por todo lo demás, va este grito de corazón: ¡VAMOS ARGENTINA, CARAJO!
¡Un abrazo para todos, gente! Si Dios quiere, a lo mejor el domingo haya novedades otra vez por acá. Crucen los dedos, recen a Dios, ya que si Él quiere, la Copa se viene para acá, jejeje.

miércoles, 9 de julio de 2014

Brainiac: El Despertar (Siete)


Capitulo Siete  

Pero ya era tarde…
Brainiac, en posesión de su nuevo y mejorado cuerpo mecánico, atacó directamente el Cuartel General de la Legión de Superhéroes, de repente y sin previo aviso para sus ocupantes. Ni lerdos ni perezosos, los legionarios salieron a hacerle frente, comenzando a caer uno a uno tras el poder arrollador del renacido enemigo. Fue un baño de sangre y fuego, y cuerpos grotescamente mutilados. En una noche –que fue el momento exacto del ataque– se perdieron las vidas de muchos jóvenes superhéroes valientes, quienes se sacrificaron en un intento de detener al villano.
Del numeroso grupo que eran, sólo cuatro quedaron en pie. En mitad de las ruinas en llamas de su Cuartel, resistían como podían. Ellos eran Cósmico, Saturn Girl, Relámpago y Superboy.
-¡Cuidado! – Conner, moviéndose a supervelocidad, salvó a Imra del certero disparo que Brainiac le dirigió. De los ojos del androide brotaban dos potentes rayos mortales, los cuales incineraban todo lo que encontraban a su paso.
-Están acabados – les dijo, caminando pesadamente entre el fuego y los cadáveres de sus camaradas – La Humanidad está acabada. Es una raza vieja. Su tiempo ha terminado. Me quedaré en la Tierra hasta haber completado mi trabajo. El planeta será purgado. No quedará en él ningún vestigio de vida orgánica.
Se agachó. Tomó una viga de acero con una sola mano y se la arrojó a modo de jabalina al cuarteto superpoderoso. Cósmico la detuvo en el aire, gracias a sus poderes magnéticos. Se la devolvió al androide, repeliéndola.
-¡Esto no está bien! – les gritó a sus compañeros, mientras eludían como podían una nueva tanda de rayos ópticos devastadores. Las paredes, el piso, todo a su alrededor explotaba en llamas - ¡Es muy poderoso! ¡Jamás podremos detenerlo! ¡Ha matado fácilmente a todos los demás!
-¡Pero debemos hacerlo! ¡Hay que frenar su avance! – Relámpago dio uso de sus poderes eléctricos. Intentó sobrecargar los circuitos del mecanoide, freírselos, sin éxito.
Brainiac demostró una increíble capacidad para adaptarse a este ataque. Una barrera invisible deflectora desvió la andanada de rayos eléctricos a otra parte. Elevando sus brazos, el robot creó una crepitante esfera de energía entre sus manos de metal. Se venía un nuevo ataque, acaso más devastador que los anteriores.
-¡Todos! ¡A cubierto! – les gritó Superboy - ¡Detrás de mí! ¡YA!
Sirviendo de escudo protector para sus amigos, el Joven de Acero aguantó la tremenda explosión que se produjo cuando la esfera tocó el suelo violentamente. Lo que quedaba del Cuartel de la Legión intacto saltó por los aires merced a este demoledor ataque.
Indemne y terrible, una sola figura pudo permanecer en pie entre la cortina de fuego crudo que lo devoraba todo: Brainiac.
Tanto Cósmico como Relámpago, si bien estaban intactos, yacían inconscientes entre las ruinas. Saturn Girl se apoyaba en un rincón, despierta y aturdida. Observaba al androide con inmenso temor.
De Superboy no había rastros. El Joven de Acero parecía haberse evaporado en el aire luego de salvarles la vida a sus tres compañeros.
-Y se llaman a sí mismos “superhéroes” – se mofó Brainiac – Patético. No son ni la mitad de lo que era la Liga de la Justicia. Los exterminaré rápido, así podre ocuparme de cosas más importantes.
-¡YAAAAAHH! – Conner reapareció sorpresivamente, saltando sobre el androide. Sus ropas estaban desgarradas y ennegrecidas, pero seguía firme y dispuesto para la pelea.
Con sus manos, aferró el cráneo de metal del villano y presionó con todas sus fuerzas. Uno de los dedos se hundió en el foto-receptor ocular izquierdo, reventándolo. Saltaron chispas y el hasta el momento invencible Brainiac parecía que iba a perder la batalla…
-Una acción osada, Superboy – dijo el androide, propinándole un feroz puñetazo. Conner voló por el aire y se estrelló contra una montaña de cascotes y ladrillos rotos. Su enemigo pegó un salto y cayó encima de él, aplastándolo con todo su peso – Lamentablemente, fue una estupidez. El ojo se regenerara y ahora tú vas a morir.
-¡No! ¡Basta! ¡Esto acaba ahora!
El grito vino de un inesperado visitante. Brainiac se volvió, el foto-receptor dañado autoreparándose. Observó al muchacho de piel verde y pelo rubio, parado entre las ruinas, enfrentándolo aparentemente sin temor.
-Querl Dox – pronunció el nombre de su descendiente biológico con frialdad - ¿Ha que has venido? ¿A presenciar cómo acabo con todos estos inútiles?
-¡Te equivocas! ¡Vine a detenerte, Brainiac! – el joven coluano dio un paso al frente. Saturn Girl, cerca de él, intentó advertirle que se alejara. El muchacho la miró y entonces, gracias a su poder telepático, Imra supo lo que se proponía hacer…
-Si fuera otra vez un ser orgánico, a estas alturas me estaría riendo – dijo Brainiac - ¿Cómo vas a hacer para detenerme? Explícamelo. Tengo cierta curiosidad.
-Fácil. Voy a sacarte de ese cuerpo.
-Imposible. Una vez dentro, ni yo mismo puedo salir de él. Estoy fusionado con esta carcasa de metal para siempre.
-En eso te equivocas. La transmisión de conciencia puede revertirse. Puedo descargar tu memoria y tu esencia en un conveniente soporte físico del que no podrás escapar y con el cual, espero, recibirás tu justo castigo por las atrocidades y todos los crímenes que has cometido. Y dije bien: ¡Crímenes! ¡Puesto que no eres más que otra cosa que un villano! Un monstruo, una aberración. Si hubo algo de Vril Dox en ti, hace mucho que murió.
-Muy poéticas tus palabras. Y muy sentidas también. Pero te lo repito: nada puede detenerme. Nada podrá sacarme nunca de este cuerpo.
Querl sacó un dispositivo de su invención de entre sus ropas. Se parecía a una Red Neural, salvo que compuesta simplemente por tres diodos. Miró al androide serio y resuelto.
-Esta es una Red Neural Categoría V – explicó – Antes, cuando tenías tu cuerpo coluano, llevabas una de Categoría IV. Era la más avanzada hasta entonces. Este es el diseño mejorado y te lo debo a ti. Gracias al corto tiempo que tu mente y la mía permanecieron unidas, gran parte de tus conocimientos tecnológicos pasaron a mi cerebro, permitiéndome construir en poco tiempo esto, antes de venir aquí a pararte… - Querl se llevó el aparato a la frente - ¡Esto va por Computo, maldito!
La nueva Red Neural se clavó automáticamente en el cráneo del muchacho. Se hundió dolorosamente en su carne, llegando hasta el hueso y enlazándose finalmente con los lóbulos frontales de su cerebro.
Querl cayó al piso, sangrando. Resopló, mientras las nuevas sinapsis se acoplaban a su encéfalo. Tembló por un momento, pero luego cuando el aparato se calibró y estabilizó y comenzó a vibrar armoniosamente al compás de sus pensamientos, se puso otra vez de pie, listo para terminar con todo.
-Se acabó… Brainiac… Este… es el fin – jadeó.
Se produjo una potente descarga energética. Querl cayó hacia atrás y el cuerpo mecanizado de Brainiac se paralizó súbitamente. Saturn Girl, quien lo observaba todo, se acercó a Superboy y  lo ayudo a ponerse de pie.
-Conner… ¿Cómo estás? – le preguntó.
-Dolorido… pero viviré – el muchacho miró al enorme robot. Literalmente, se había congelado en su sitio - ¿Qué está pasando? ¿Qué sucede?
-Un sacrificio de expiación – la chica parecía triste. No se equivocaba. Tenía motivos para estarlo.
Querl Dox se levantó trabajosamente. La terrible descarga de energía mental entre Brainiac y él había provocado un inesperado efecto secundario: todo rastro de cabello en su cabeza se había evaporado totalmente, dejándolo calvo. Pero eso no era todo. La mirada de auténtico pánico que se dirigió a sí mismo, a sus manos, a su cuerpo, fue más que elocuente.
-¡No, no, no! – dijo - ¡No! ¡No puede ser!
-¿Imra? ¿Qué le pasa? ¿Acaso se ha vuelto loco? – preguntó Conner a su compañera.
-No. No es Querl Dox… es Brainiac. Han intercambiado cuerpos. El verdadero Querl Dox sacó a la conciencia de Brainiac del autómata y la envió a su propio cuerpo.
-¿Y él dónde está?
-Dentro del robot.
 Se produjo el silencio. El inmenso androide continuó inmóvil, como una estatua de acero. Dentro, la mente original de Querl Dox se fusionaba con la información almacenada en la memoria del mecanoide. Vio las visiones de poder de su ancestro, sus locas ideas de purgar la Tierra y el Universo de organismos biológicos… y las rechazó.
Esta locura… esta atrocidad, acababa ahora.
Para siempre.
Las alas de metal volvieron a desplegarse. Antes de partir volando hacia las alturas, el autómata se volvió hacia Saturn Girl y Superboy, hablándoles…
-Creo que nunca podre expresar en palabras cuanto lamento lo ocurrido – dijo – Nada de lo que diga o haga podrá devolver  la vida a sus compañeros caídos en combate. Pero sepan que yo, Querl Dox, estoy dispuesto a pagar el precio de mi error. Por culpa de mi obcecación, he despertado a un enemigo formidable. Una amenaza terrible. Pero ya no deberán temerle más. Lo he encerrado en mi propio cuerpo físico, una prisión que considero más que justa para un ser que ansiaba convertirse en una especie de dios. En cuanto a este organismo cibernético, me haré cargo de su destrucción, ya que también soy en parte responsable de su existencia. Adiós. Adiós para siempre.
El robot remontó vuelo, los propulsores de su cuerpo rugiendo al máximo. Como una nave espacial, se dirigió fuera de la Tierra, bien lejos.
Una vez allí, localizó la bomba interna que Alexis Luthor había colocado entre sus servomecanismos. Comprendiendo que aquello le sería útil, reactivó el detonador.
-Ojala alguna vez puedan perdonarme – dijo. En el vacío del espacio, nadie pudo oírlo. No le importó. Sabía que aquellas eran sus últimas palabras.
…De hecho, lo fueron. Al acabar de pronunciarlas, explotó en millones de fragmentos…
Desde la Tierra, sólo Superboy pudo –gracias a su visión telescópica– confirmar la destrucción total del autómata. El peligro parecía haberse terminado.
¿O no?
-¡Malditos sean! ¡Malditos sean todos! – rugió Brainiac, atrapado ahora de nuevo en un cuerpo orgánico - ¡Voy a matarlos a todos! ¿Me oyen? ¡Van a morir!
-Oh. Cállate ya – Conner le propinó un puñetazo al coluano entre ceja y ceja. Lo dejó totalmente K.O.
-¿Conner? – Imra lo miró, preocupada.
-Tranquila. No le he dado tan fuerte como para matarlo. Va a dormir la siesta un buen rato. Pero antes, vamos a asegurarnos de que no pueda hacerle daño a nadie más…
El muchacho se agachó. Aferró la Red Neural colocada sobre la frente del extraterrestre y de un tirón, se la arrancó limpiamente. Con el dispositivo entre las manos, se limitó a usar su enorme fuerza para aplastarlo, reduciéndolo a pedazos.
-Ahora sí. Se acabó.  

Epilogo  

Tiempo después…
La Legión había recibido un duro golpe, una autentica paliza y sus tres líderes lo sabían. Las muertes de sus anteriores miembros fueron como un balde de agua helada a sus pretensiones heroicas.
Luego del triste funeral de sus camaradas caídos en combate, Rokk, Imra, Garth y Conner Kent se reunieron en las ruinas de su viejo Cuartel General, para evaluar los daños y discutir un asunto fundamental para su organización: el futuro.
-¿Qué hacemos? – preguntó Rokk a sus compañeros – Prácticamente, suena obvio que lo diga, pero la Legión está diezmada. ¿Qué hacemos? ¿Qué camino tomamos ahora?
-El único que podemos tomar: reconstruir la Legión – Imra suspiró – Creo que de esa forma honraremos bien a los caídos en batalla, ¿no les parece?
Los cuatro estuvieron de acuerdo. Conner creyó oportuno comentar entonces otro asunto importante. Uno que era competencia exclusivamente suya, en cierta manera.
-Alexis sigue libre – dijo – Tengo que atraparla, chicos. No podemos dejarla suelta. Es muy peligrosa.
-Es verdad – convino Garth – De hecho, justamente queríamos hablarte de ella...
-¿Qué sucede?
-Sabemos dónde está.
Se produjo un súbito silencio. Conner observó a Garth a los ojos con fuerza.
-¿Desde hace cuánto que lo saben? – preguntó.
-Poco tiempo – convino Imra – Una fuente fidedigna de información nos avisó del actual paradero de Alexis y de sus planes más inmediatos.
-¿Y bien? ¿Dónde está? ¿Qué está tramando esta vez?
-La pregunta no debería ser dónde está – lo corrigió Garth, misterioso – Sino más bien cuándo.
Conner enarcó una ceja.
-¿Eso qué quiere decir? No entiendo.
El trio de jóvenes superpoderosos se miraron entre sí. Asintieron al unísono, en silencio.
-Alexis ha robado una máquina del tiempo – le informaron finalmente – Ha retrocedido al pasado… en concreto, al siglo 20.
-¿Al siglo 20?
-Año 1984, para más datos.
-A ver, a ver… un momento… ¿Por qué alguien como Alexis utilizaría una máquina del tiempo e iría a una época intrascendente de la Historia? ¿Qué puede tener de importancia el siglo 20, y más el año 1984, para ella?
-Para ella directamente, nada. Pero para ti, es otra cosa…
-No los entiendo. De verdad. ¿Qué están queriéndome decir?
-Alexis Luthor ha viajado al año 1984 a Smallville, Kansas… el pueblo natal de tu familia, Conner. Por esa época, tu ancestro, Clark Kent, tenía 6 años de edad y vivía apaciblemente en una granja con sus padres adoptivos, Jonathan y Martha Kent – le explicaron.
-Dios mío… ¡Ahora entiendo! – exclamó, asombrado - ¡Ella pretende cambiar la Historia! ¿Correcto? ¡Asesinar a mi antepasado cuando era más vulnerable! ¡Antes, incluso, de convertirse en Superman siquiera!
-Así es. Si Alexis tiene éxito, nuestro mundo podría quedar destruido. Podría borrar nuestra línea de tiempo fácilmente y reescribirla a su antojo.
-¡No podemos dejar que lo haga! ¡Hay que detenerla!
-Es verdad. Pero nosotros no podemos hacerlo – Garth le colocó una mano en el hombro – En cambio, tú sí.
-¿Yo?
-Sí. Tenemos disponible otra máquina del tiempo, Conner. Vamos a enviarte con ella también al pasado, a Smallville en 1984, tras Alexis. Prepárate, amigo… ¡Empiezan el viaje y la misión de tu vida!  

***  

Planeta Colu.
Semanas después…
La nave carcelaria descendió en el espaciopuerto de Colu. Una comitiva de guardias de seguridad, vestidos con brillantes armaduras, recibieron al único prisionero que venía, deportado de la Tierra.
Bajando por una rampa, vistiendo uniforme penitenciario y con las manos fuertemente metidas dentro de una suerte de esposas electrónicas, Vril Dox regresó a su planeta de origen, después de varios siglos fuera de él. Quienes acudieron a verlo y que habían oído la leyenda tenebrosa de las atrocidades que había cometido por el Universo, se sintieron un tanto defraudados al observar que se trataba de un jovenzuelo coluano, cuyo aspecto físico había desmejorado bastante desde su salida de la Tierra, semanas atrás.
Para empezar, estaba más flaco y demacrado. Su tonalidad muscular se había resentido y también estaba la ostentosa calva que lucía sobre su cabeza, impropia en un coluano de la edad física que tenía el cuerpo que actualmente ocupaba su conciencia. Sumado a todo esto, estaban las llamativas cicatrices sobre su frente, las que le quedaron al extraerle Superboy la Red Neural. Serian para él un eterno y humillante recuerdo de su derrota final.
-Querl Dox… ¿O debería decir “Vril Dox”? – dijo un coluano vestido con llamativos atuendos. Vril supuso que se trataba de un político o gobernante de alguna clase. Estaba totalmente nulo respecto a cómo funcionaba la sociedad de su mundo natal en pleno siglo 30 – Bienvenido a casa, hijo. Nos aseguraremos que tu estancia aquí sea lo más cómoda y placentera posible… en el interior de una bonita celda de detención, con paredes de Groznio – el otro extraterrestre se volvió hacia los guardias - ¡Llévense a este genocida de mi vista!  

***  

Lo echaron dentro de la celda como un perro. Una vez allí, se llevó el susto de su vida cuando se dio cuenta de que no estaba solo. No fue por tener que compartir la celda que se asustó; más bien, lo hizo por la “persona” que aguardaba por él, allí dentro, sentado en su camastro y fumándose tranquilamente un puro.
-No puede ser… ¡Tú! – exclamó, palideciendo.
El otro, un alienígena musculoso de rostro blanco y pintarrajeado de negro, vestido como un feroz motero, al ver que el coluano lo había reconocido, se puso de pie haciendo sonar los nudillos de sus manos.
-Dicen que la vida te da sorpresas – Lobo, el Czarniano, se le acercó, amenazante - ¡Mira quién está aquí! Hola, lechuga. ¿Te acuerdas cuando te dije, siglos atrás, que si volvías a cruzarte en mi camino lo lamentarías?[1] Bueno, Lobo tiene buena memoria y siempre cumple sus promesas, así que… tú y yo vamos a divertirnos bastante. O mejor dicho, el que se va a divertir soy yo… a ti te espera un largo, largo sufrimiento – sonrió, mordaz.
Vril se dio media vuelta, aterrorizado. Aporreó la puerta de la celda, mientras gritaba a pleno pulmón:
-¡Guardia! ¡Guardia! ¡¡¡Guaaaaaardiaaaaaaaaa!!!  

¡FIN!


[1] Lobo y Vril Dox se conocieron por primera vez en mi fanfic “Brainiac: El Origen”. De ahí se desprenden estas palabras. Recomiendo al lector interesado echarle un vistazo a ese relato. De otra manera, será imposible la compresión del “chiste de humor negro” de esta escena tan particular…

martes, 8 de julio de 2014

Brainiac: El Despertar (Seis)


Capitulo Seis  

Un camión atravesaba tranquilamente una autopista. En la parte posterior, en su interior, transportaba una carga de componentes electrónicos de última generación…
De repente, una figura salida de la nada aparece frente al vehículo motorizado. El conductor apenas alcanza a pisar los frenos. Por poco y una colisión hubiera sido inminente.
-¿Quién diablos…? – masculló el hombre, instantes antes de que una fuerza invisible le provocara un infarto cardiaco masivo y cayera muerto ante el volante.
Sin preocuparse por el resto del tráfico de coches que pasaban a su alrededor zumbando y hasta haciendo sonar la bocina, Brainiac se encaminó a la parte trasera del vehículo y la abrió sin tocarla. Dentro, halló cajas llenas, repletas de aparatos sofisticados y repuestos de computadora. Sin mucho esfuerzo, el coluano utilizó la misma fuerza telequinetica con la que había matado al conductor para sacar las cajas. Las hizo flotar en el aire a su alrededor, como quien tiene un simple par de globos de feria atados a su mano y los sujeta con ella. Luego, procedió a activar un dispositivo que traía consigo y una suerte de singularidad espacio-tiempo tamaño mediana se abrió, como si fuera un vulgar remolino, salvo que hecho de luz.
-ATENCION, ALEXIS LUTHOR. AHÍ VAN LOS MATERIALES QUE REQUERISTE – avisó telepáticamente a su compañera, mientras las cajas atravesaban de una en una el “agujero de gusano” y desaparecían en su interior.
Toda esta actividad inusual no podía pasar desapercibida y menos para alguien con los súper-sentidos de Conner Kent. Volando, llegó al lugar y se plantó frente a frente al extraterrestre de cabellos rubios y piel verde.
-Tú… Te he estado buscando – le dijo – Tienes muchas cosas que explicar, amigo. Más te vale no intentar nada y venir conmigo por las buenas, de lo contrario…
Brainiac lo ignoró por completo. Le dio la espalda y continuó supervisando el envío de material por el portal espaciotemporal.
-¿Qué no me oíste? Te estoy hablando. ¡Eh! – Conner le colocó una mano sobre el hombro con firmeza, para llamar su atención.
Su objetivo se cumplió, aunque no como él esperaba. Una fuerza siniestra e invisible lo agarró y lo empujó, haciéndolo volar por el aire y estampándolo contra un poste de luz, al otro lado de la autopista. El palo de acero se combó por el impacto, pero Superboy estaba ileso; esto se debía en su mayor medida gracias a su herencia genética kryptoniana. Como su ancestro, Superman, también poseía el poder de la invulnerabilidad.
-Muy bien… parece que la “amabilidad” no va a servir en este caso – Conner se arrojó supervelozmente hacia su rival, directo como una vieja bala de cañón – Te controle alguien o no, voy a tenerte que llevar conmigo a la fuerza, si es necesario.
El joven superhéroe chocó contra él y lo arrastró por el aire varios kilómetros de allí. Ambos cayeron en el centro de una población cercana, una pequeña ciudad. Aterrizaron en mitad de una plaza pública, para sorpresa de los transeúntes que acertaron pasar por allí.
-FASCINANTE – Brainiac se irguió, indemne. Había utilizado su escudo mental para protegerse de la caída – TUS PODERES SON ENORMES, SIN DUDA. SÓLO EXISTIÓ ALGUIEN UNA VEZ ASI, CON HABILIDADES SIMILARES A LAS TUYAS… Y POR LO QUE VEO, TAMBIEN HA TENIDO DESCENDENCIA QUE HA LOGRADO ALCANZAR EL SIGLO 30. ¿CONNER KENT? – el extraterrestre pronunció su nombre con desprecio. Le estaba leyendo la mente – MUCHO GUSTO. SOY BRAINIAC.
-Sé quién eres. Y ahora vas a decirme qué planean Alexis y tú, o…
Un automóvil estacionado cerca voló y golpeó con fuerza al Joven de Acero. Otro se le unió y después otro más. A Brainiac no le costó más que pensarlo para que los vehículos se movieran arrancados de su lugar y cayeran todos juntos sobre su enemigo, apilándose en una suerte de montaña de chatarra.
Superboy se vio súbitamente en un aprieto, pero aun así avanzó contra el extraterrestre, sacándose todo lo que éste le tiró de encima. Se abalanzó hacia él, intentado arrollarlo otra vez, obteniendo como resultado rebotar contra el escudo invisible que el coluano levantó con sus poderes mentales y salir disparado como una jabalina al cielo.
-ME ENCANTARIA QUEDARME A JUGAR CONTIGO, PERO ME TEMO QUE CIERTOS ASUNTOS MAS IMPORTANTES REQUIEREN DE MI ATENCION. HASTA ENTONCES. SEGURAMENTE, TÚ Y YO VOLVEREMOS A VERNOS… - Brainiac activó otra vez el dispositivo que llevaba consigo, abriendo de nuevo un “agujero de gusano” por el que cruzó y desapareció sin dejar rastro.
Cuando pudo volver a descender, un frustrado Conner intentó hallar alguna pista por la zona del paradero del extraterrestre. Pese a que utilizó todos sus súper-sentidos, no encontró nada.
Había sido burlado delante de sus narices por un enemigo evidentemente superior. Juró que la próxima vez que ambos se encontrasen, las cosas serían distintas...  

***  

Concretamente, se produjeron en total 13 robos similares al primero en tan solo unas pocas horas. Todos cometidos a plena luz del día y perpetrados por la misma persona y el mismo “Modus Operandi”. Los objetos robados eran siempre de la misma especie: componentes electrónicos varios, piezas de acero industrial, lo último en servomecanismos, etc. La Legión estaba perpleja; no solo Brainiac les burlaba en pleno rostro sino que también y pese a todas sus especulaciones, no atinaban a deducir qué podrían estar construyendo con tanto esmero Alexis y él.
Mientras la Legión se hacía estas preguntas, el dúo de villanos dio los últimos retoques a la fastuosa creación conjunta que se alzaba en mitad del laboratorio secreto emplazado bajo las ruinas de la mansión Luthor, que era el verdadero sitio donde ambos estaban…
-Muy bien. ¿Qué opinas? – preguntó Alexis, una vez el trabajo hubo concluido. Se encendió un cigarrillo, dio una calada y exhaló el humo por la boca no sin cierto deleite – No sé… personalmente, creo que ha sido mi mejor trabajo, pero el que va a disponer de él eres tú, así que…
-ES EXCELENTE – Brainiac observó aquello, la fría expresión de su rostro remitiendo un poco. Incluso, se permitió una pequeña sonrisa de satisfacción – TUS TALENTOS EN EL AREA DE LA ROBOTICA SIN DUDA NO HAN SIDO EXAGERADOS, ALEXIS LUTHOR. LA CARCASA QUE HAS CONSTRUIDO SE VE MARAVILLOSA. LA FORMA DE SU DISEÑO ESTÁ BIEN PENSADA DESDE EL PLANO PSICOLOGICO. INTIMIDARÁ A CUALQUIERA.
-A que sí, ¿verdad? – la chica sonrió – Bueno. ¿Y ahora? ¿Cómo sigue? ¿Cuál es el siguiente paso?
-EL SIGUIENTE PASO ES EL UNICO QUE FALTA: INSTALAR MI CONCIENCIA DENTRO DE ELLA DEFINITIVAMENTE.
¿Cuál era el objeto de tantas atenciones por parte del dúo de supervillanos? Este: un inmenso cuerpo-robot, un autómata fabricado con la mejor tecnología que habían robado. No sólo se veía imponente, allí de pie y en silencio… también se veía amenazante, ya que su rostro era similar a una calavera de metal.
-¿Cómo harás para tomar posesión de éste cuerpo mecánico, Brainiac? – quiso saber Alexis, mientras el coluano se acercaba al gran androide y le apoyaba una mano encima.
-MEDIANTE EL ENLACE MENTAL DE MIS SINAPSIS – se señaló los tres círculos en la frente – TRASLADARAN MI CONCIENCIA A ESTE CUERPO, PERMITIENDOME RENACER DENTRO DE UN ORGANISMO UNICO. YA NO TENDRÉ QUE TEMER MÁS A LA VEJEZ Y A LA MUERTE… NI A LAS LIMITACIONES DE LA CARNE NI DEL TIEMPO. FINALMENTE, HABRÉ DADO EL ULTIMO PASO HACIA LA PERFECCION ABSOLUTA.
Brainiac guardó silencio un momento, pensativo.
-LO MALO ES QUE ACABARÉ PERDIENDO LAS MARAVILLOSAS HABILIDADES TELEQUINESICAS Y TELEPATICAS QUE SÓLO PUEDEN SER ALCANZADAS CON UN CEREBRO BIOLOGICO. PERO EN EL CAMINO DE LA EVOLUCIÓN, MUCHOS ORGANISMOS PIERDEN COSAS Y GANAN OTRAS. NO PUEDO PRETENDER UN TRATO DIFERENTE.
Brainiac miró fijamente a los ojos del mecanoide. Alexis comprendió que iba a iniciar el proceso de transferencia. Era su oportunidad de observar un hecho único en la Historia de la Evolución: un ser de carne y hueso se convertiría –en gran medida, gracias a sus oficios en ingeniería robótica– en una maquina viviente, un organismo robot autónomo y perfecto.
Una onda de energía brotó del cuerpo de Querl Dox. El muchacho se desplomó en el piso, aturdido. Las sinapsis en su frente fluctuaron y volvieron a convertirse en meros parches circulares, los cuales acabaron despegándosele y cayendo al suelo.
Mientras Querl volvía –dolorosamente– a ser dueño de sus actos y pensamientos, el gran cuerpo robótico de Brainiac se activaba por primera vez. Los ojos de la calavera de metal se encendieron y el androide se movió.
-Maravilloso – dijo, hablando con su nueva voz, una potente pero bien modulada voz artificial – Ahora lo veo todo claro. Por fin. Mi hipótesis no estaba errada. La vida orgánica es una aberración. Lo único que vale, la perfección total, está de este lado. Acero, metal y componentes electrónicos. Yo... yo soy el primero de una nueva raza. Una raza que ha de suplantar a las criaturas de carne en el Universo. Yo soy… ¡BRAINIAC!
-¡Bravo, bravo! – Alexis aplaudió, conmovida – Simplemente, glorioso. Ahora, Brainy, respecto a mi parte del trato que tú y yo teníamos…
-Por supuesto. Destruiré a la Legión de Superhéroes primero y a Superboy junto a ellos.
-Magnifico.
-…Y después arrasaré la Tierra y aniquilaré a todos sus habitantes, sin excepciones.
-Este… un momento. Como que algo de la ecuación no me está encajando… ¿Qué el acuerdo no era: yo te ayudaba a construirte un cuerpo nuevo, tú destruías a la Legión y a Superboy, y luego partías rumbo al espacio de nuevo para continuar tu búsqueda eterna de poder y de conocimiento, mientras me dejabas a mí el control de la Tierra? Corrígeme si me equivoco, pero… ¿Qué no era ese el trato que teníamos?
-Lo era antes. Ahora las prioridades han cambiado. El Brainiac que hizo ese acuerdo contigo no existe más. Ahora hay un nuevo Brainiac, el único: YO.
-Increíble. Simplemente, increíble. La historia de mi vida… Resulta que salgo de la cárcel y acabo siendo usada y traicionada por un alienígena homicida con problemas de personalidades múltiples – Alexis suspiró. Apagó el cigarrillo pisoteándolo con el tacón de su bota y tomó entre sus manos un control remoto. Presionó un botón – A ver qué te parece esto…
Los fríos foto-receptores ópticos que hacían las veces de ojos del nuevo Brainiac se fijaron en ella. No ocurrió nada. Alexis frunció el ceño y volvió a presionar el botón. Nada pasó.
-¿Pero qué carajo…?
-¿Acaso estás intentando activar la bomba interna que colocaste secretamente entre mis servomotores? – la sorprendió el androide, diciéndole esto. Alexis palideció – Sí, tengo conocimiento de ella. Lo tenía desde un principio, antes de entrar en este cuerpo, cuando pude leerlo en tu mente. Desafortunadamente para ti, he tomado los recaudos precisos al respecto: una de las primeras cosas que hice al entrar, fue desactivar el mecanismo de detonación por control remoto. Ahora, tu bomba es tan inútil como cualquier pretensión de detenerme.
Brainiac dio un paso al frente. Se acercó, irguiéndose cuan alto era ahora, como una sombra de muerte sobre la menuda figura de Alexis, quien se quedó petrificada en su sitio con la boca abierta.
-Eres un ser previsible, Alexis Luthor. Deberías morir por tu osadía. Debería matarte por ello. Pero te concederé lo opuesto: la vida. Para que puedas ver tu tan ansiada derrota de la Legión de Superhéroes y la posterior destrucción de la Tierra. Sospecho que llegara el momento en que desearías que hoy, en este día de mi despertar a una nueva forma de vida, hubiera acabado con la tuya.
Unas alas metálicas se desplegaron por la espalda de Brainiac. El androide activó los propulsores acoplados a su nuevo cuerpo y salió de allí volando, destrozando el techo del sótano y dejando detrás de sí un enorme agujero.
-¡Condenada chatarra ambulante! ¡Traidor! ¡¡Vuelve!! – le gritó Alexis, furiosa - ¡Te juro que pagaras por esto! ¿Me oyes, adefesio mal parido? ¡¡Lo pagaras!!
Un gemido lastimero llamó la atención de la joven. En el suelo, Querl Dox se sostenía la cabeza entre las manos, dolorido. Padecía la madre de las migrañas, pero era finalmente libre de la mente invasora que utilizara su cuerpo durante cierto tiempo.
-Oooh… ¡Mi cabeza! ¡Duele! Oooh… ¡Todo me da vueltas! – se quejó - ¿Dónde estoy?
Alexis ayudo al coluano a ponerse de pie. Lo sostuvo con fuerza y le habló.
-Escúchame, lechuguita. Tú y yo no tenemos el placer de conocernos. Por lo que tengo entendido, a ti te usaron simplemente de vehículo orgánico. Escucha, ¡presta atención! – lo agarró de la cara, obligándolo a mirarla - ¡Ve con la Legión! ¡Ve por Superboy! ¡Diles que Brainiac va a destruir la Tierra! ¿Me oyes?
-¡Brainiac! Sí, sí, sí… ¡Ya recuerdo! – Querl abrió los ojos como platos - ¡Lo recuerdo todo!
-Magnifico. Entonces ve, cariño. ¡Corre! ¡Avísale a la Legión que el Fin del Mundo está de camino! ¡A prisa! ¿A qué estás esperando?
-Tú… ¿No vas a venir conmigo?
-¿Acaso crees que estoy loca?
-…
-Okey, lo admito: esa no fue precisamente una buena pregunta – Alexis se corrigió - ¿Acaso crees que estoy tan loca como para ir y permitirles que me metan en una celda otra vez? No, tesoro. Alexis Luthor no vuelve a la cárcel. Nunca, óyeme bien, nunca más. Ahora, ¡corre! ¡Vamos!
Querl obedeció. A las apuradas, salió del sótano, atravesó la mansión en ruinas y fue tras la Legión de Superhéroes, rogando llegar a tiempo, antes de que fuera demasiado tarde.

Brainiac: El Despertar (Cinco)


Capitulo Cinco  

Para cuando la Legión de Superhéroes se enteró de la fuga de presos en Slabside, el motín estaba prácticamente controlado. Sin embargo, los tres miembros fundadores del grupo (Saturn Girl, Cósmico y Relámpago) acudieron igual a la penitenciaria, para entrevistarse con el Alcalde y averiguar pistas acerca del misterioso instigador de la revuelta.
-Por poco y no contamos el cuento – resopló el agitado Alcalde de la penitenciaria, un hombre obeso que no paraba de sudar. Se secó la cara con un pañuelo – Costó sudor y sangre contener a los prisioneros, pero pudimos hacerlo y recuperar el control. Y ahora recién descubrimos que no están todos: falta uno.
-¿Sólo un prisionero? – Rokk Krinn, alias “Cósmico”, enarcó una ceja - ¿Cuál de todos ellos?
-Oh. Creo que les será familiar: Alexis Luthor.
Los tres super-jovenes se miraron entre sí, preocupados. Vaya si no conocían a Alexis. De hecho, era gracias a ellos que la chica había acabado allí dentro, en una celda de detención.
-¿Cómo hizo Alexis para huir? ¿Cómo escapó?
-Tenía un cómplice – reveló el Alcalde – De hecho, es de él de quien quería hablarles. Tenemos filmaciones de su súbita entrada al penal. Vengan conmigo. Se las mostrare.
El Alcalde de Slabside guió al trio superpoderoso hasta su oficina. Allí les mostró las filmaciones de las cámaras de seguridad, en las cuales se veía –con lujo de detalle y en alta definición– a Brainiac irrumpiendo en el lugar y enfrentándose a los guardias sin el más mínimo temor.
Al ver al muchacho coluano, los tres legionarios palidecieron. Bastó una mirada entre ellos para asegurarse de que todos vieron exactamente a la misma persona.
-Es ese coluano de la otra vez… Querl Dox – murmuró Rokk a sus compañeros. Estos asintieron, pero esperaron hasta salir de la oficina del Alcalde de la prisión para conferenciar entre ellos.
-¿Qué hace Querl Dox ayudando a escapar a una delincuente peligrosa como Alexis? –inquirió Imra – No tiene lógica.
-Para mí sí que la tiene – Rokk frunció el ceño - ¿El nombre “Brainiac” les suena de algo? Vieron… yo se los dije. Los Dox son una familia maldita.
-No tienes por qué ser tan dramático – lo reprendió Garth – Coincido con Saturn Girl: aquí hay algo que no encaja – se volvió hacia la muchacha rubia – El Dox del video de seguridad parecía exhibir una amplia gama de poderes mentales. Tú leíste su mente durante nuestra primera (y única) entrevista. ¿Acaso disponía de un potencial psíquico oculto?
-Ninguno. No tenía ningún superpoder de ningún tipo, salvo su enorme inteligencia. Pero hay algo más: no sé si se fijaron en la grabación, pero su rostro estaba cambiado
-¿Te refieres a los tres círculos sobre su frente y los ojos blancos?
-Exactamente. Chicos, creo que le controlan. Querl Dox debe estar siendo víctima de la manipulación de alguien.
-Pero, de ser eso cierto… ¿Cuál de nuestros enemigos podría haberle hecho semejante cosa? Rokk se llevó una mano a la barbilla, pensativo - ¿El Señor del Tiempo? ¿Glorith? ¿Mordrú? ¿Los Dominadores? ¿Imperiex? ¿Quién de todos ellos?
Silencio. No hubo ninguna respuesta. No podía haberla. Al menos, todavía no.
-En todo caso, propongo que volvamos al Cuartel y movilicemos a toda nuestra tropa para ubicar tanto a Alexis como a Dox – dijo Garth - ¿De acuerdo?
-De acuerdo – respondieron los otros dos, caminando junto a él en dirección de la aeronave que habían utilizado para viajar a Slabside.  

***  

La mansión de la Familia Luthor era, en el siglo 30, un amasijo de cascotes, ladrillos partidos, paredes sin revoque y descascaradas, ventanas sin vidrios y abundante vegetación, compuesta de arbustos y enredaderas que crecían sin control por todos lados.
Alexis, ya sin el uniforme de la cárcel encima y vistiendo un llamativo traje a la moda, contemplaba la ruina de la que alguna vez fuera una orgullosa casa señorial.
-Aquí vivió mi tátara-tátara-abuelo, ¿sabes? – le contó a su compañero. Brainiac se hallaba parado a su lado, escuchándola en silencio – Fue el hombre más maravilloso que existió, un adelantado a su tiempo. Logró mucho y hubiera logrado más si no hubiera sido por ese odioso extraterrestre bienhechor – Alexis frunció el ceño, disgustada – Superman fue la ruina de la Familia Luthor. Es justo que yo odie por esa causa a todos los superhéroes. A los que existieron y a los que existen. Y a los que existirán, también. ¿Entiendes?
-COMPRENDO PERFECTAMENTE TU ODIO HACIA EL KRYPTONIANO Y TODO LO QUE REPRESENTA – acotó Brainiac – SI MI PLAN TIENE ÉXITO, LA TIERRA NO TENDRA QUE DEPENDER DE LOS LLAMADOS “HEROES” NUNCA MÁS. ¿CREES QUE PODRAS LOGRAR CONSTRUIR LO QUE TE PEDI?
-¿Puedes conseguirme la lista de materiales que necesito para hacerlo?
-SÍ.
-Entonces, dalo por hecho. Es pan comido – Alexis sonrió, malévola.  

***  

Una figura llegó volando sola, por sus propios medios, al Cuartel General de la Legión de Superhéroes media hora después de que sus tres líderes alertaran a sus miembros de la difícil situación que estaban atravesando. Se trataba de un muchacho apuesto y musculoso, vestido con una playera negra, pantalones vaqueros y botas. En su pecho, sobre la playera, llevaba grabado un dibujo. Era el símbolo que lo identificaba entre sus compañeros de la Legión y también, el mismo emblema que con orgullo usara su ancestro en épocas pasadas: una letra “S” estilizada de color rojo.
Su nombre era Conner Kent.
Era el tátara-tátara-nieto de Superman y al igual que él, un superhéroe.
Se hacía llamar “Superboy”.[1]
-Pido disculpas por la tardanza. Estaba sofocando un volcán en erupción al otro lado del mundo cuando me llegó el mensaje. Me fue imposible venir antes…
-Lo importante es que ya estás aquí – dijo Garth – Hemos movilizado a todos para dar con Alexis, pero estamos convencidos de que el que podrá encontrarla, eres tú. Después de todo, ella y tú tienen un pasado en común…
Superboy sabía que su amigo y compañero se refería a sus ancestros, Lex Luthor y Superman, pero la frase bien podría aplicarse a otro pasado no tan lejano y sí más reciente. Uno que los tenía a ambos (Alexis y él) como protagonistas sentimentales de un romance con un final frustrado.
Saturn Girl, quien poseía el poder de la telepatía (a veces una autentica maldición más que un don) vio en su mente un relampagueó fugaz de los recuerdos que la relación entre Conner y Alexis se habían grabado a fuego en el alma del muchacho.
La historia de amor de ambos jóvenes era una historia condenada al fracaso de antemano. Descendientes ambos de dos dinastías tan dispares –la noble Casa de El y la Familia Luthor– eran iguales al agua y el aceite. Mientras  que Superboy era un digno representante de su legendario antepasado, Alexis había heredado toda la maldad del suyo.
-Tienes que saber una cosa, Conner – le advirtió Imra – Alexis no está sola. La acompaña un coluano que se hace llamar “Brainiac 5”
-Brainiac – el muchacho pronuncio el nombre del antiguo archienemigo de Superman no sin cierto estremecimiento – Lo tendré presente. Descuida.
-No creemos que este chico coluano sea malvado. Nuestra hipótesis es que algo o alguien le controla.
-Okey.
-Contamos contigo para poder encontrarlo. Tanto a Alexis como a él. Y detener cualquier plan nefasto que pudieran estar urdiendo.
-Descuida, Garth. Ya mismo saldré a traerlos.
-Buena suerte, amigo.
Conner abandonó el edificio de la misma forma en que había llegado. Confiaba en hallar a Alexis antes de que la muchacha pudiera cometer un crimen irreparable y aun mayor de los que ya venía haciendo.

[1] Este Superboy es un claro homenaje & guiño de mi parte hacia su contrapartida en los comics. El que sale aquí es casi igual, salvo ciertas diferencias obvias: mientras que el Conner Kent de los comics de DC era un clon de Superman que fue creado en un laboratorio, el de aquí es descendiente directo del Hombre de Acero en el siglo 30.

domingo, 6 de julio de 2014

Brainiac: El Despertar (Cuatro)


Capitulo Cuatro  

Más tarde…
Prisión de máxima seguridad. Isla Slabside.
Un enorme complejo de edificios de acero y hormigón, rodeados por altos muros, con el mejor sistema de seguridad del planeta y lo último y más avanzado de la tecnología carcelaria del siglo 30. Eso era el penal de la Isla Slabside, ubicada a pocos kilómetros de la costa de la ciudad de Metrópolis. El lugar también tenía otro nombre, una denominación alternativa que corría de boca en boca entre los guardias de la prisión, quienes se paseaban por sus respectivos corredores portando sus negras armaduras antidisturbios y sus rifles de partículas. Ellos la llamaban “La Losa”, porque –decían– sólo se podía salir de ella con los pies para delante. Y muchas veces, este dicho se aplicaba a los mismos guardias.
Slabside había sido construida para que fuera la prisión más segura del mundo. Era el mejor exponente en la materia, superior incluso a los antiguos penales de Stryker Island y Belle Reve juntos. Allí dentro, tras los muros y las puertas de acero reforzado, sólo estaban los más locos y peligrosos… nadie podía entrar o salir si no se sometía antes a una estricta revisión en un control de seguridad, compuesta de scanners y demás aparataje costoso y sofisticado.
Slabside era, lo que se decía, inviolable. Una fortaleza, un bastión del siglo 30 totalmente inexpugnable. O, al menos, lo había sido hasta la llegada de Brainiac…
Utilizando siempre el cuerpo de su descendiente coluano como conducto, al villano no le bastó más que usar telequinesis para abrir los gruesos portones y penetrar en la prisión. Las alarmas se dispararon y los guardias, armados hasta los dientes, acudieron a su encuentro, listos para enfrentarlo. Brainiac los observó con frialdad, mientras las tropas policiales tomaban posición ante él, las armas en alto y listas.
-SON MUY DEBILES PARA DETENERME – declaró – Y MENOS PODRAN HACERLO AHORA, CON TODOS LOS PRISIONEROS SUELTOS.
Alzó una mano. Al instante, los cerrojos de todas las celdas cercanas estallaron o se desconectaron. Las puertas se abrieron y una horda enfurecida y exaltada de humanos, alienígenas y otros seres surgieron en masa, listos para dar batalla.
-¡Alerta! ¡Alerta! Interrupción energética. Falla completa de seguridad en subniveles 12 al 14 – tronó la voz de una computadora, intentando hacerse oír por encima del feroz jaleo que los guardias y los internos armaban en mitad de su lucha a puño tendido.
Desinteresándose del motín –sólo había sido concebido como una mera excusa calculada para distracción– Brainiac se dirigió tranquilamente a una celda en particular. Pese a que su puerta también estaba abierta de par en par, el único prisionero alojado en su interior no había salido. Recostado sobre su camastro y vestido con un traje naranja carcelario, silbaba alegremente una bella melodía de Beethoven, mientras afuera se desataba el caos.
-ALEXIS LUTHOR – lo llamó Brainiac por su nombre, parado en la entrada de su celda – TE NECESITO.
-Ya decía yo que esto no podía ser simplemente una mera falla del sistema – dijo, irguiéndose y mirándolo – Vaya, vaya, vaya… ¿Y qué tenemos aquí? Pero si es un chico coluano… y uno muy atractivo, por cierto.
Alexis Luthor era mujer. En concreto, una bella chica pelirroja de ojos color esmeralda. No tendría más que 20 o 21 años, y aun así pese a su corta edad, se trataba de una de las mentes criminales más grandes y peligrosas del siglo 30.
Como descendiente directa del mítico Lex Luthor, Alexis había heredado de éste una inteligencia prodigiosa, única, y una sed inconmensurable e imposible de saciar de conocimiento y poder. Su profesión, antes de que la Legión de Superhéroes la detuviera y la pusiera tras las rejas, había sido la de investigadora científica. Se especializaba en Química, Física, Astrobiología, Robótica, Ingeniería Genética, Botánica, etc, etc. Alexis era una maestra consumada en todos y cada uno de estos campos y siempre estaba dispuesta a ampliar su espectro del saber aprendiendo nuevas cosas cuando podía. Hablaba más de un idioma: inglés, español, portugués, ruso, polaco, chino, japonés, idioma de señas y hasta lenguajes extraterrestres, siendo su favorito –no podía ser de otra manera– el kryptones.
Era, en resueltas cuentas, una chica instruida y completa, colmada de dones mentales y de bendiciones físicas (podía presentarse tranquilamente a un concurso de “Miss Universo” y ganarlo) a la que sólo le faltaba una cosa para ser inmensamente feliz en la vida: destruir a la Legión.
-¿Cómo te llamas? – le preguntó al coluano, acercándose a él con una pícara sonrisa en sus perfectos labios – Quiero saber el nombre del príncipe de piel verde que ha venido en su corcel a rescatarme de este tugurio.
-SOY BRAINIAC – le respondió él, frío como un tempano – Y NECESITO DE TUS TALENTOS. VENDRAS CONMIGO.
-Como gustes, guapo. Te sigo. Soy toda tuya – Alexis le guiñó un ojo.
Ambos salieron del lugar, caminando. En mitad de un pasillo, un guardia armado con una pistola les salió al paso, dando la voz de alto. Brainiac se dispuso a matarlo, pero la chica se lo impidió con un requerimiento singular…
-Permíteme, Brainy. Este es mío.
-¡Quieta! ¡Quédate donde estás, o te juro por Dios que…! – empezó el policía. Bostezando de aburrimiento, Alexis le propinó una contundente patada en la entrepierna y cuando soltó el arma y se dobló por la mitad del dolor, la chica extrajo un filoso estilete de su traje de presidiario y se lo incrustó en la nuca, atravesándole el cerebro limpiamente y matándolo en el acto.
-¿Y bien? ¿Qué te ha parecido eso, compañero? – preguntó, extrayendo el estilete del cadáver de su víctima, mientras sonreía.
-FORMIDABLE METODO DE EJECUCION. PERO AHORA, DEBEMOS IRNOS – insistió Brainiac, sin traslucir emoción alguna por el homicidio a sangre fría que acababa de presenciar – HAY UNA UNIDAD MOVIL QUE PODREMOS UTILIZAR. ESTÁ EN ESE ALMACEN CERRADO – dijo, señalando a una gran cortina de metal.
-Magnifico. Sólo me tomará unos segundos decodificar el seguro electrónico – Alexis ya desmontaba el tablero de control del portón – Poca cosa, la verdad.
-NO TENEMOS TIEMPO. ESTA DISTRACCION QUE HE CREADO NO DURARA PARA SIEMPRE. Y TENGO PRISA. HAZTE A UN LADO.
Con su telequinesis, el coluano reventó la entrada, hundiéndola hacia dentro y abriendo un enorme agujero. Allí, en el almacén y como lo dijera, una especie de moto voladora de la policía metropolitana les esperaba…
-Chico, ¡mira qué belleza la de esta nena! – Alexis se montó en ella. La encendió e hizo rugir sus turbinas – Vamos, lechuga. Sube aquí atrás. Tú y yo vamos a dar un largo paseo fuera de los muros de esta apestosa prisión.  

***  

Aprovechando el desorden del motín en Slabside, Alexis Luthor y Brainiac escaparon del lugar sin contratiempos. Mientras ambos volaban a toda velocidad en dirección a la ciudad, el coluano le reveló a su nueva socia su plan maestro.
Ella estaba encantada de participar…