miércoles, 25 de marzo de 2015

Los Vampiros del Espacio, de Colin Wilson


Desde los inicios de su obra literaria, Colin Wilson se ha especializado, como narrador y ensayista, en los temas insólitos, en el análisis de los componentes sadomasoquistas del alma humana, en el misterio de la crueldad gratuita, del crimen puro, sin motivaciones pasionales ni crematísticas. Un mundo de violencia, -Ritual en la oscuridad-, -El caso Lingard-, -Los asesinos-, o ensayos de impacto desasosegante como Enciclopedia del crimen o Los orígenes del impulso sexual, proporcionan la imagen adecuada de un escritor situado al margen de los grandes tópicos jurídicos, incluso de las fórmulas sociales de moralidad, y empeñado en penetrar hasta los más recónditos entresijos de la insumisión sexual, del instinto de violencia o de los poderes de lo oculto. Precisamente “El mundo de lo oculto” es el título general de una verdadera enciclopedia, rigurosamente científica, asentada en la valoración más segura de datos y referencias históricas, de todo lo que en el mundo actual, y en el contenido de leyendas arcaicas, rituales sociales y modos litúrgicos, o roza los fenómenos aparentemente inexplicables de lo paranormal. LOS VAMPIROS DEL ESPACIO es, por lo menos en parte, el resultado de sus estudios sobre el contenido oculto de la “violencia encubierta” de las sociedades industriales, de las angustias y de las pesadillas, de los monstruos que produce el sueño de la razón. Utilizando de la ciencia ficción sólo los elementos accesorios -accesorios en el planteamiento de Wilson, pero fundamentales en la escolástica del género-, Colin Wilson sitúa la acción en un futuro relativamente remoto, con toda la aparatosa escenografía de naves espaciales y distorsiones espacio-temporales. A partir de estos elementos, y sin abandonar la forma narrativa, hace en realidad una disección minuciosa y lúcida del mito del vampiro, de la vida renovada en la muerte de los demás a través de la absorción de la sustancia vital. El mito, arcaico y manifiesto a través de todas las literaturas, revive en forma original en esta novela inquietante de Colin Wilson.
Novela adaptada al cine en la película Lifeforce: Fuerza Vital (Lifeforce, 1985).
MI OPINION SOBRE ESTA NOVELA:
Según tengo entendido, cuando se hizo la versión fílmica de esta novela, su autor (Colin Wilson) acabó renegando de ella, diciendo que no era para nada fiel a la historia original planteada por él. Luego de leer el libro y volver a ver la película (la primera vez que la vi era muy chico y me acuerdo de que me impactaron los desnudos de Mathilda May) puedo decir sin temor a equivocarme, de que la película es absolutamente superior a la novela. Y es triste, pero también verdad.
“Los Vampiros del Espacio” plantea la inquietante posibilidad de un origen alienígena para el vampirismo. No contento con eso, su autor convierte a los vampiros clásicos del mito en seres que en vez de chupar sangre, se alimentan de la energía vital. Dicen los que saben –entendidos en la materia– de que existen realmente este tipo de vampiros. Les llaman “vampiros energéticos”, personas capaces de chuparles la vitalidad a otros. Francamente, no conozco a ningún vampiro de estos en persona, pero que los hay, no me quedan dudas de que los hay…
Volviendo a la novela, su comienzo es espectacular. Muy parecido al inicio de “Alien, el Octavo Pasajero” o a la película “Prometheus”, con el encuentro de una nave alienígena perdida en medio del espacio. Luego de ese comienzo muy a lo ciencia-ficción pura y dura –y al descubrimiento de los cuerpos de aspecto humano dentro de la nave–, la acción se traslada a la Tierra… y es allí donde la novela empieza a hacer agua.
Colin Wilson ambienta la trama en un futuro un tanto lejano. Su error es que si bien trascurre todo en ese futuro, hay pocos elementos de CF concisos. Lo acertado de la versión fílmica fue hacerlo en el momento presente (1985, cuando salió la peli). Muchos de los elementos de CF presentados como novedosos en la historia, ahora resultan meros anacronismos o cosas superadas por nuestra propia ciencia. Un ejemplo: la gente del mundo del futuro de esta novela se comunica entre sí por telepantallas. La telepantalla no es otra cosa que nuestros queridos teléfonos celulares, los cuales eran impensables en la época en que Wilson escribió la novela e imaginó aparatos sofisticados para el futuro.
Así como lo de la telepantalla, hay otros ejemplos de CF, los cuales nuestro mundo moderno ha alcanzado y hasta dejado atrás en el mejor de los casos…
Enfocándonos en la trama argumental en sí misma, la llegada de los vampiros alienígenas a la Tierra –y su amenaza inminente– se ve mal manejada por el autor, acabando diluida en páginas tras páginas de intrascendencias, en las cuales, Wilson intenta ligar con calzador el vampirismo mitológico con la criminología moderna, la sexualidad y los campos energéticos. Por momentos, algo de la seudociencia vertida en esta novela es muy parecida a los discursos del Reiki y toda la temática orientalista sobre la bioenergía.
Hay que decir la verdad: la novela no es buena. La película, muy por el contrario, si bien tiene puntos flojos, es muy superior. A los llamativos y terriblemente sexys desnudos de Mathilda May, hay que sumarle el final apocalíptico, tan ausente en el libro que cuando este termina, uno acaba bostezando. El filme acababa en una orgia de explosiones y destrucción en Londres provocada por los infectados por el vampirismo energético. Convertidos en una especie de muertos vivientes, se dedicaban a depredar y destruir a todos los que le salían al paso. Esto lo vemos en la actualidad en las películas de zombies, por lo que podríamos decir que “Lifeforce” de 1985, es una más de las precursoras de la temática de “Apocalipsis Z”.
La novela de Wilson resulta muy floja cuando llega al clímax. Demasiado. La verdad es que esperaba encontrarme otra cosa cuando la compré.
EN SINTESIS:
Lo único valioso de este libro es su inicio, cuando la impresionante nave donde los Nioth-Korgai (ese es el verdadero nombre de esta raza de vampiros interestelares) es descubierta por los terrestres. Lo demás… es aburrido. Es una novela muy floja.
Saludos a todos.  

martes, 24 de marzo de 2015

Vampiros: Relatos Cortos


¡Vampiro! Un grito, un alarido, un estremecimiento de terror. ¡La más perversa y refinada, luego efectiva representación de la criatura inmortal, que luego de haber ostentado el máximo poder como hombre o mujer en el mundo de los vivos, su infinita malignidad le ha concedido el derecho de salir del ataúd, durante la noche, en busca de su alimento!
El vampiro no supone una ficción literaria, como tampoco cinematográfica o teatral, ya que nació con Adán, helo de pánico a los antiguos egipcios y buscó su mejor acomodo en los castillos medievales, hasta quedar en el olvido… De repente, en el siglo XVII, un ingenuo abad se decidió a publicar un librito, en el que denunciaba la existencia de centenares de vampiros en la región de Transilvania, ¡y el mundo entero creyó que se hallaba a merced de una epidemia de no-muertos bebedores de sangre!
Cuando el terror se apaciguó, la literatura hizo suyo el mito, para conferirle la figura de un noble diabólico, capaz de seducir con la palabra y cuya influencia convertía a los hombres y mujeres en víctimas de una cacería sin escapatoria posible. Sin embargo, esta cacería, cada autor la presentó de una forma distinta, hasta el punto de que algunos brindaron una posibilidad de salvación, en casos muy excepcionales, cuando la mayoría se apuntaron al desenlace más trágico…
La presente edición contiene relatos de Polidori, Capuana, O’Brien, Maupassant, el genio árabe que dio forma a las Mil y Una Noches, junto a Scott, Yáñez y otros autores.
A continuación, mi opinión personal de cada uno de los cuentos que componen esta antología:
El Vampiro, de John William Polidori. Sin duda, estamos ante el primer exponente de un precursor de lo que sería la futura figura del conde Drácula en la literatura. El vampiro en esta ocasión es un noble llamado “Lord Ruthven”, cuya belleza física se ve ensombrecida por su maldad. Y es que aquí el vampiro es un auténtico agente del Mal, llevando la desgracia y el infortunio por donde va. Ruthven se dedica a seducir damas, para luego conducirlas a la ruina. Lo mismo sucede con aquellos varones con los que decide entablar amistad. En el caso del protagonista de este relato, también acabará cayendo víctima de este engendro, viendo no sólo su vida en peligro, sino también la de su joven hermana… Me gustó mucho la forma de narrar de Polidori y la historia en sí misma, aunque en un punto me chirrió el asuntito de que la salvación de la hermana del protagonista dependiera de un asunto tan obtuso hoy en día como mantener una promesa que éste le hiciera –sin tenerlo del todo claro– al vampiro de no revelar jamás a nadie su naturaleza demoniaca. Obvio que el lazo de compromiso con el que Ruthven hábilmente ató al pobre Aubrey sólo podría acabar de una manera: en la destrucción del inocente y de su bella hermana. Por lo demás, el relato es muy, muy bueno y Ruthven, uno de los vampiros más icónicos de la literatura.
Un supuesto caso de vampirismo, de Luigi Capuana. Siempre me ha gustado este relato. Principalmente, porque el tipo de vampiro presentado dista mucho del cinematográfico o el literario usual. He aquí un caso de vampirismo espectral, muchísimo más cercano al mito en su concepción original… Esto es: para las leyendas más antiguas, un vampiro era el espíritu de alguien –puede ser de un suicida o de una persona maligna en vida– que volvía para atormentar a sus familiares más cercanos y a ser posible, chuparles la sangre o la vitalidad. Tal es el caso del difunto marido de la esposa del protagonista de este cuento, quien no contento con que su mujer volviera a contraer matrimonio, regresa del Más Allá para atormentarla. Acosados por el singular espíritu, no ven otra salida más que pedirle ayuda a un amigo científico, quien investigará el caso y dará con la solución efectiva para deshacerse del molesto vampiro. Lo repito: me gusta este relato. La única pega que tiene es el personaje del científico… quien al principio se muestra escéptico y luego, debe rendirse ante la evidencia. Sus parrafadas de diálogos intentando darle una explicación coherente y sensata al fenómeno –despachándolo al inicio como un simple caso de alucinación compartida e histerismo– hacen que uno quiera apretarle el cuello por ser tan pedante. Menos mal que cuando él mismo contempla al maldito espíritu en acción –robándole la vitalidad al pequeño bebé de la pareja– no le queda otra más que creer en lo sobrenatural.
Honor de Vampiro, de las Mil y Una Noches. Para aquellos que no lo saben, “Las Mil y Una Noches” se componen de 264 relatos enhebrados por el siguiente hilo argumental: el sultán Sahrisar –convencido de que todas las mujeres son infieles– cada noche toma una nueva esposa a la que ordena dar muerte al día siguiente, hasta que una de ellas –Sharazade– consigue aplazar la ejecución contándole una noche un cuento que enlaza con la siguiente. De este modo, el sultán –movido por la curiosidad– aplaza la ejecución hasta que han pasados las citadas mil y una noches y Sharazade lo ha hecho padre de dos herederos varones y conquistado su corazón, haciéndolo renunciar a su propósito original. Recuerdo muy bien cuando me compraron los tres tomos que componen la obra completa y la cantidad de tiempo que he tardado en acabar de leerlos: dos años. Dos años de lectura que al final se volvieron insoportables e infumables. Es por eso que nunca más hasta la fecha, he vuelto a tocar esos libros. El relato en cuestión también aparece entre sus páginas y trata sobre la hija de un sultán, la cual acaba casándose con un bello príncipe… el mismo que resulta ser un auténtico vampiro. No voy a hacer extensa esta opinión, así que diré que el cuento es infumable como lo es el mamotreto original del que ha salido –pido disculpas de antemano a la comunidad árabe; no es mi intención ofender a nadie, pero es lo que pienso sobre los tres tomos que tuve que fumarme durante dos años–. Mi recomendación personal es que se salten esta historia… no van a perderse de nada. Pero si quieren leerla, adelante.
¿Qué era aquello?, de Fitz James O’Brien. Escalofriante relato, donde el “vampiro” en cuestión es una criatura invisible que ronda un viejo edificio de Manhattan. Me ha gustado este cuento. Muy en la onda gótica de los relatos de Edgar Allan Poe.
El Horla, de Guy de Maupassant. Otro caso donde el “vampiro” es invisible, aunque la identidad real de la criatura es discutible. Su protagonista sufre el acoso de un ente invisible, que poco a poco va robándole la vitalidad y enfermándolo… Un relato muy angustiante, cuyo inicio hace pensar que tal vez el susodicho vampiro no exista y todo lo que leemos es el testimonio de una mente enferma. Hay descripciones de lo que hoy en día conocemos como “ataques de pánico”, mezcladas con auténtica paranoia esquizofrénica (no es que me las quiera dar de psiquiatra… pero creo que siendo hijo de una Licenciada en la materia, es imposible no haber leído libros sobre el tema). ¿En verdad, el protagonista es acosado por un vampiro invisible o todo es producto de una mente psicótica? Hay una gran incógnita en este excelente relato.
La Esperanza, de Villiers de L’isle-Adam. Malo, malísimo. Infumable.
Orgasmos de Sangre, de Carter Scott. Quien nos presenta a Verónica Aisworth, la vampira más sexy, dominadora y terrible que haya existido jamás. Una autentica femme fatal, por la cual más de uno –yo incluido– arriesgaría el cuello. El protagonista de este relato cae en sus redes tras la búsqueda de tres de sus mejores amigos, quienes han desaparecido misteriosamente. A todos los une el mismo vínculo: Verónica. Adoro este relato… y a su demoniaca vampira.
La Sangre del Vampiro, de Manuel Yánez Solana. Un ingenioso relato de terror, donde el vampiro logra consumar su venganza contra quienes, injustamente, desearon destruirlo. No podía faltar, para cerrar esta antología, el relato de un autor español y uno de los mejores, sin lugar a dudas.
EN SINTESIS:
Libro más que recomendable. Vale totalmente la pena. No lo duden: si lo ven, cómprenlo.
Saludos a todos.

lunes, 23 de marzo de 2015

El Señor de los Vampiros 04


Capítulo 4  

¿Cómo describir a la criatura que emergió del pozo?
Decir que se parecía a un pulpo no era justo. Pero sucedía que existían ciertas similitudes con los octópodos marinos. Azzog-mon se veía realmente como uno colosal, de color escarlata. Estaba munido de tentáculos que se estiraban y retorcían espasmódicamente. Y en cada uno de estos seudópodos había bocas abiertas llenas de filosos colmillos ávidos de carne y sangre.
La bestia derramó su gelatinoso y amorfo cuerpo por el suelo del templo, rezumó del agujero y buscó con desesperación su alimento. Lo encontró en los vampiros presentes, a los cuales atrapó uno a uno y sin miramientos ni vacilación, devoró.
-¡Cuidado, Selene! – le gritó Blade.
Azzog-mon había girado su cabeza de calamar hacia ella. Varios tentáculos volaban en su dirección…
Selene echó a correr, alejándose de la criatura. En su persecución, el monstruo devoró a los esbirros de Frost que quedaban. Ninguno de ellos se salvó ni quedó intacto después de su paso.
Finalmente, la chica fue acorralada. Los tentáculos se acercaron, las bocas dentadas se abrieron. Selene contempló la muerte que se le venía encima con insólita tranquilidad. Ni en sus peores pesadillas imaginó que su larga vida iba a acabar así: devorada por un horrible monstruo de las profundidades terrestres.
A último momento, Blade salvó su vida al volver a tomar su bazuka y disparar a la bestia. El cohete reventó una parte de Azzog-mon, pero el dios oscuro se regeneró casi al instante. Rugiendo, se volvió hacia él.
-¡Vamos, bestia estúpida! ¡Ven! ¡Ven conmigo!
Los tentáculos se acercaron a Blade. Azzog-mon pareció vacilar, entonces. Tal vez intuía algo… o tal vez lo detenía el hecho de que la criatura que tenía enfrente no era un vampiro. No del todo. Y estaba visto que esa cosa sólo comía vampiros.
-¡Blade! ¿Qué estás haciendo? – Selene no lo podía creer. La había salvado de la bestia sólo para ponerse él en peligro.
-Tranquila, muñeca. Sé perfectamente lo que hago – manoteó algo entre sus ropas. Ella observó que se trataba de todas las jeringas con EDTA que había traído consigo – Si mi teoría es correcta, esta cosa es hematófaga… de modo que lo único que puede dañarla es… ¡ESTO!
Saltó contra Azzog-mon y clavó todas las inyecciones en su gelatinoso cuerpo. El dios demonio chilló y se sacudió.
-¡Blade! ¿Qué…?
-¡A cubierto, nena! ¡Ahora! – le gritó.
El EDTA empezó a hacer su efecto. El cuerpo de Azzog-mon comenzó a inflarse, a hincharse como un globo. Selene tuvo tiempo para resguardarse detrás de una columna… un segundo después, el monstruo reventó.
Todo el sitio quedó encharcado en sangre. No quedaba nada intacto del dios infernal, sólo pedazos carmesíes regados por todas partes. La criatura había sido exterminada.
-Odio el calamar – Blade arrugó la nariz. El olor era espantoso, como el de pescado en descomposición. Selene salió de su escondite y se reunió con él.
-¿Cómo sabias que el EDTA funcionaria? – le preguntó.
-Supuse que si esa cosa era como los vampiros, entonces el químico debería afectarlo también. Veo que no me equivoqué.
Se hizo el silencio. La pareja contempló el panorama del templo destruido a su alrededor. Blade suspiró y pateó un trozo de Azzog-mon, antes de decir:
-La Casa de Erebus es historia. Fin del cuento.  

Epilogo Uno  

Selene.
Tiempo después.
Tal y como le prometí a Blade, ahora que la amenaza de Frost ya no existe, me he marchado de su ciudad. Empieza para mí en verdad una nueva vida… 115 años después de que mi existencia hubiera quedado truncada por un coma profundo.
Viajando en motocicleta por las noches en la ruta, he llegado a un pequeño bar en mitad del desierto, y mientras me sentaba frente a la barra para descansar y reponer fuerzas, una atractiva chica se me ha acercado, con una sonrisa muy curiosa en su rostro. Ella también tenía pinta de haber recorrido un largo camino…
-Selene, ¿verdad? – me preguntó.
-¿Quién desea saberlo? – repliqué, poniéndome a la defensiva.
Ella continuó sonriendo.
-Mi nombre es Alice… tú y yo tenemos que hablar. Hay un asunto que ambas debemos atender… un asunto llamado UMBRELLA.[1]  

Epilogo Dos  

Un hombre y una mujer salieron juntos de un club nocturno. Era de noche y hacía frío, pero él –un atractivo joven que llevaba un parche pirata tapándole el ojo izquierdo– la convenció de ir directamente a aquel callejón medio oscuro, y entre risas y comentarios picantes, consiguió que la bellísima chica –una ucraniana rubia que respondía al nombre de Irina– se abriese el abrigo y le enseñara sus generosos pechos. Ella iba tomada –bastante tomada–, de modo que no le importó enseñarle la “mercancía” a aquél guapo que la había estado rondando durante toda la noche. Cuando sus tetas quedaron al aire, él silbó, asombrado.
-Y ahora, te toca a ti, querido – dijo ella, divertida – Sorpréndeme.
Él así lo hizo, pero no como ella esperaba. Echando la cabeza hacia atrás, permitió a sus colmillos de vampiro crecer en su boca y con un rugido, se dispuso a morderla.
-Eh, amigo… ¿Tienes fuego? – lo llamó alguien, interrumpiéndolo.
El vampiro se volvió. Blade surgió de las tinieblas.
-Buenas noches, Frost. Algo me decía que el rumor de que seguías vivo era cierto… aunque lo del parche en el ojo es nuevo. Te queda espantoso.
-¡Blade! ¡Maldito hijo de puta! ¡¡Eres carne muerta!!
Frost abandonó a su víctima y corrió hacia él, las fauces abiertas. Blade sacó su katana y con un movimiento ágil, lo decapitó.
-Sí. En noches como esta, adoro mi trabajo – dijo, sonriendo.  

Epilogo Tres  

El inmenso navío estelar surgió del hiperespacio detrás de la luna. Dentro, sus computadoras se pusieron en funcionamiento y calcularon una nueva trayectoria que llevaría al gigantesco vehículo a una órbita geo-sincrónica con la Tierra.
En lo más profundo de la nave, unas ancestrales criaturas de aspecto murcielagino se aprestaban para despertar. Sacudiendo sus correosas alas y quitándose la modorra de encima, estos seres observaron con sus ojos rojos el planeta azul al que se dirigían… un planeta lleno de vida y de sangre fresca.[2]  

FIN


[1] Alice no es otra que el mismo personaje interpretado por la actriz Milla Jovovich durante toda la saga de películas de Resident Evil. A mi juicio, era tiempo que Selene y ella se conocieran finalmente.
[2] Estas criaturas no son otras que las surgidas de la mente del escritor Colin Wilson, los asi llamados “Vampiros del Espacio”. En el cine, han aparecido en la película (adaptación no tan fiel a la novela original) titulada “Lifeforce” (Fuerza Vital).

El Señor de los Vampiros 03


Capítulo 3  

El Templo de la Noche Eterna tenía algo de catedral gótica. Si bien se hallaba enclavado en las profundidades de la Tierra, tenía toda la pinta de iglesia cristiana en su diseño, salvo que en vez de imágenes de santos había colocadas en nichos unas estatuas horribles de demonios cornudos.
Tras el altar, en vez de una cruz, había un extraño símbolo arcano: una estrella invertida de cinco puntas rodeada por un círculo. Todo el sitio estaba iluminado por velas rojas y los celebrantes a la misa profana vestían todos túnicas escarlata. Por supuesto, todos ellos eran vampiros.
Frost se paró en el atrio, el Libro de Nod abierto sobre un pedestal de roca. Observó a los que estaban presentes y sonrió.
-Todo listo, jefe – dijo uno de sus esbirros. Deacon asintió y se volvió hacia el inmenso pozo abierto en el suelo, un agujero negro que descendía a profundidades más estigias y escabrosas que el sitio donde estaban.
Allí abajo, en algún abismo insondable, Azzog-mon –Señor de loa Vampiros– esperaba, dormido… esperaba el despertar.
-Traigan la ofrenda – ordenó.
Una muchacha humana vestida de blanco fue arrastrada contra su voluntad. Los esbirros de Frost la colocaron sobre la piedra del altar y la amarraron. Deacon se acercó a ella con un inmenso cuchillo curvado y se dispuso a cortarle la garganta.
-¡Escucha, oh, Azzog-mon, Nuestro Señor! – recitó, en voz alta – ¡Escucha nuestro llamado! ¡Despierta de tu sueño y acude a este banquete que te hemos preparado! ¡Te ofrecemos la sangre y la vida de esta muchacha, pura y virginal! ¡Ven, Azzog-mon! ¡Ven y bebe su esencia de vida y únete a nosotros!
La mano con el cuchillo se dispuso a descender hacia su víctima. Con la boca amordazada, la muchacha no podía gritar pero sus ojos –bien abiertos como platos– daban buena cuenta del terror que sentía.
Antes de que Frost pudiera rasgar su garganta, una explosión voló en pedazos los pesados portones de acceso al templo. Con una bazuka cargada sobre el hombro, Blade entró en el lugar, seguido de Selene.
-Buenas noches – saludó – ¿Se puede? Pasábamos por el vecindario y decidimos entrar y saludar…
-¿Tú? ¡No puede ser! ¡Deberías estar muerto! – aulló Frost, furioso – No importa. ¡Eso es algo que ya mismo voy a remediar! ¡¡Mátenlo!!
-La chica – le susurró Blade a Selene – Frost no debe matarla.
-Entendido – la vampira sacó sus pistolas y avanzó a tiro limpio. Alternaba balazos con golpes y patadas, abriéndose camino hasta el altar.
Su compañero, en tanto, hacía lo mismo con la tanda de enemigos que le tocaron en suerte. En un solo segundo, el lugar se había convertido en el escenario de la más temible carnicería…
Selene acabó llegando al altar y enfrentó a Frost. El vampiro la miró, perplejo.
-Tú… ¡Tú eres como nosotros! ¡Eres un vampiro! – dijo.
-No. No soy como tú – replicó ella, apuntándole con el arma – No soy un monstruo sediento de poder como tú. Ahora, deja ir a la chica.
Como toda respuesta a esta demanda, Frost gruñó y la atacó. Selene disparó. La bala de plata le dio en el hombro al villano, haciéndolo caer al piso y soltar su cuchillo.
-Vete. Rápido – le dijo a la chica humana, luego de liberarla de sus ataduras – Por esas escaleras de ahí… no pares hasta la superficie.
-¡Selene, cuidado!
El grito de Blade fue la única advertencia que tuvo. Frost –recuperado– le saltó encima y ambos rodaron por el piso hasta el borde del pozo. En el proceso, Selene perdió sus pistolas y quedó a merced de su enemigo, quien comenzó a ahorcarla sin perder el tiempo, los colmillos extendidos en su boca y los ojos enrojecidos de ira.
-¡Muere! ¡Muere!
La vampira manoteó hacia un costado, desesperada. Sus dedos dieron con algo y lo asió. Era el cuchillo ceremonial. Levantándolo, se lo hundió con fuerza a Frost en el ojo izquierdo.
-¡IIEERGHH!! – chilló Deacon, cegado. En cuanto sus manos dejaron de ahorcarla, Selene le asestó una contundente patada en el estómago.
Frost salió despedido por el aire y cayó en el pozo. Su grito se perdió en la distancia mientras se hundía en las tinieblas, pero lejos de respirar tranquilos por su derrota, Blade y Selene sintieron cómo se les encogía el corazón de espanto al oír un terrible alarido descomunal surgiendo de las profundidades.
Algo había despertado allá abajo y se estaba moviendo… dispuesto a emerger a la superficie.
Con un rugido bestial, Azzog-mon –Señor de los Vampiros– se alzó a la luz. 

El Señor de los Vampiros 02


Capítulo 2  

Había guardias en el edificio de Frost. Todos eran vampiros. Estaban charlando tranquilamente en el vestíbulo cuando el Hummer blindado chocó y destrozó la entrada. Una vez en el interior, Blade surgió del vehículo y les disparó con su arma dardos de EDTA. Los vampiros se hincharon como globos y reventaron, en varias explosiones sanguinolentas.
Detrás de Blade llegó Selene. Con la Harley Davidson a todo caño, entró casi volando y saltó de ella, permitiéndole a la motocicleta cargada de explosivos detonar y arrasar con los guardias que quedaban, destruyéndolos en una orgia de fuego y sangre.
Después de su ingreso acrobático, la vampira aterrizó al lado de Blade y ambos avanzaron juntos, abriéndose camino hasta su objetivo a tiro limpio…
Un buen rato después, la pareja llegaba intacta a la oficina de Frost. Habían subido todos los pisos hasta allí liquidando a todos los enemigos que les salieron al paso y dejando detrás de sí un tendal de cuerpos vampíricos grotescamente mutilados. De una patada, Blade abrió la puerta y levantó su pistola, apuntando a la figura sentada de espaldas en el sillón tras el escritorio.
-¡Frost! – gritó. El sillón se dio vuelta – ¡Hemos venido por ti!
-No está – contestó Erika, observándolo con frialdad – Se ha ido.
Selene se adelantó, frunciendo el ceño. La vampira rubia y ella quedaron frente a frente.
-¿Erika?
-Increíble… ¡Pero si es Selene! – Erika sonrió, enseñando sus colmillos – ¡Que sorpresa!
-Voy a pensar que todo el mundo se conoce aquí, menos yo – protestó Blade.
-Ella es de mi clan – le explicó su compañera – Era una de las amantes de Kraven, un vampiro al que Viktor había dejado a cargo de sus intereses… ¿Qué rayos haces aquí?
-Sobreviviendo, querida. ¿Qué más? – la otra se encogió de hombros – Kraven es historia. Viktor, también. Frost y la Casa de Erebus me acogieron cuando “La Purga” ocurrió. Desde entonces, he estado con ellos.
-No tenemos tiempo para charlas de viejas amigas – Blade apuntó a la rubia con su arma – Dinos donde está Frost, o…
Erika lo sorprendió al saltar de su asiento y pegarse al techo como una araña. Desde allí, gruñó, lista para el combate.
Selene tomó sus pistolas y abrió fuego. Blade se le unió. Erika acabó desplomándose en el piso, severamente herida. Todavía no estaba muerta. No, hasta que les dijera lo que querían saber.
-¿Dónde está Frost? – exigió Blade, furioso. Desde el suelo, la chica lo observó empapada en sangre.
-En el Templo de la Noche Eterna – dijo, mirándolo con odio.
-Maldición. Eso es malo… muy malo – el cazador se agachó y le colocó el cañón de su pistola en la frente a la vampira – ¿Para qué fue Frost ahí? ¡Habla!
-Azzog-mon… el Señor de los Vampiros – Erika sonrió con malignidad – Él va a despertarlo. ¡No puedes detenerlo! Ninguno de ustedes puede…
Blade se paró. Guardó la pistola y extrajo su katana. Se dispuso a decapitarla. Selene lo detuvo.
-Espera – le dijo.
-¿Y ahora qué?
-Yo lo haré. Es mi responsabilidad – explicó – Era de mi clan.
Blade le cedió la katana. Selene observó a Erika con tristeza.
-Traicionaste a tu linaje – le dijo – Abandonaste a todo tu clan cuando debías ayudarlo.
-¡Intenté sobrevivir! – se excusó patéticamente la otra – ¡Kraven ya no podía protegerme! ¿Qué querías que hiciera? Frost y la Casa de Erebus me ayudaron, me dieron un refugio. Siempre les estaré eternamente agradecida.
-Tu lealtad era para con Viktor, nuestro padre oscuro. No para los de Erebus…
-¡Oh, vete a la mierda, Selene! ¿Quién te crees que eres para juzgarme? ¡Tú siempre has tenido fácil las cosas! La favorita de Viktor… incluso, Kraven te miraba con deseo… ¡Maldita seas! – la escupió – ¡Estoy harta de esto! ¡Vamos! ¡Acaba de una vez! ¡¡Mátame!!
Selene levantó la espada y la bajó con fuerza. La cabeza de Erika rodó por el piso, seccionada…
-¿Qué es el “Templo de la Noche Eterna”? – le preguntó, devolviéndole a Blade su katana – ¿Quién es Azzog-mon?
-El templo es un sitio sagrado para el clan de Erebus – le explicó el cazador. Ambos ya estaban en marcha otra vez – Se encuentra en algún lugar bajo tierra. Azzog-mon… - enmudeció.
-¿Qué?
-Whistler me habló de él una vez. Se suponía que era una leyenda. Está visto que no, de otra manera, Frost no perdería el tiempo con él.
-¿Pero quién es?
-Se lo conoce como “El Señor de los Vampiros”. Es una especie de demonio antiguo. Tenemos que evitar que Frost lo reviva, cueste lo que cueste… 

domingo, 22 de marzo de 2015

El Señor de los Vampiros 01


(Escrito por Federico H. Bravo)
TERCERA PARTE  

Resumen de la Parte Dos: Blade, el cazador de vampiros, rescata a Selene de los laboratorios de Umbrella y se la lleva con él. La chica, recuperándose, trata de aclimatarse a su nuevo entorno y a la situación. Paralelamente, Deacon Frost mata a Dragonetti, líder de la Casa de Erebus, y asume el mando. Convoca a una reunión a los demás vampiros del clan y les anuncia su intención de revivir a Azzog-mon, un antiguo dios demonio de milenaria existencia. Como parte de su plan para allanar el camino de retorno de su raza al poder, encarga a Lucian y a sus Licántropos atacar la guarida de Blade y matarlo.
Blade lucha contra los Hombres-lobo, pero la ferocidad de sus enemigos acaba superándolo. Sólo Selene puede acudir en su ayuda y lo hace. Luego de beber toda la sangre de Whistler –entregada a ella voluntariamente– la vampira se repone al cien por cien y junto con el cazador, acaban velozmente con el enemigo. Sabiendo que Frost planea algo grande, Blade se dispone a ir a buscarlo y acabar con él de una vez por todas. Selene decide acompañarle. El combate final está por comenzar…  

Capítulo 1  

Los cuerpos de los Lycans abatidos en el combate yacían juntos en una pila enorme montada fuera del almacén. Blade les arrojó combustible y Selene hizo los honores, prendiéndoles fuego. Al instante, una extensa llamarada se elevó y la hoguera consumió los restos de las aberrantes criaturas…
El destino del cuerpo de Whistler, en cambio, fue otro. Blade se encargó de llamar a un amigo de una funeraria y con él arregló su cremación en secreto. Las cenizas serian esparcidas en el mar, consignándole de esa forma –dentro de lo que cabía– un final digno para él.
Acabados estos asuntos, la pareja pudo prepararse para el gran combate que se avecinaba. Iban a llevar la acción a la guarida de Frost, de modo que debían armarse hasta los dientes.
Al acostumbrado arsenal de siempre, Blade decidió agregar un regalito extra, cortesía del conocimiento bioquímico del difunto Whistler. Por eso, llevaría consigo un arma cargada con dardos rellenos de EDTA, una sustancia anticoagulante que, literalmente,  volatilizaría la sangre vampírica.
Dejándolo prepararse para el combate a su modo, Selene se tomó un tiempo para releer los pasajes del diario íntimo de Van Helsing con cierta melancolía en el alma…
De acuerdo con lo que allí Gabriel escribió, luego de su brusca desaparición, la buscó hasta el último día de su vida, moviendo cielo y tierra para ello.
En un pasaje fechado en agosto de 1904, Selene leyó:
“Hay rumores. Como siempre. Estos dicen que ella sigue con vida. Pero hasta el momento, no he podido encontrarla. Pese al tiempo transcurrido, no puedo darme el lujo de perder la fe y la esperanza de hallarla algún día”.
Más adelante, Van Helsing escribiría:
“Alterno mi oficio de cazador de monstruos con mi búsqueda personal de Selene. Me hallo en Transilvania, tierra natal de Drácula, ayudando a Anna Valerious a detener y destruir a un descendiente del vampiro, el conde Vladislaus. Trato de llevar a cabo esta ingrata tarea lo más rápido posible para volver a centrarme en encontrar a Selene”.[1]
Por supuesto, el combate contra el descendiente vampírico de Vlad Tepes fue espectacular, como cabe, pero resultó mucho más beneficioso para Van Helsing de lo que él esperaba. Más cuando descubrió que estaba enamorado de Anna.
Selene leyó:
“Anna es muy generosa, buena y atenta conmigo… pero no es para nada una mujer frágil. Todo lo contrario. Es una luchadora fuerte y decidida… en cierta forma, me hace acordar –y mucho– a Selene. De hecho, he encontrado que físicamente, ambas son muy parecidas…”
Una foto en blanco y negro de la época, adjunta con el manuscrito, le mostró a Selene que la apreciación de Gabriel era cierta. Anna Valerious era igualita a ella. También era muy atractiva.
La vampira no necesito releer el resto. Sabía muy bien lo que seguía: Van Helsing y Anna contrajeron matrimonio y pese a que el cazador continuó buscándola toda su vida, jamás la encontró.
Lo último que Selene se detuvo a ver antes de cerrar para siempre el diario íntimo de un amor que podría haber sido pero que no fue, era una foto del mismo Van Helsing en su ancianidad, a los sesenta y pico de años. Le resultó extraño ver a ese hombre mayor y compararlo con el luchador ágil y enérgico de su juventud, la persona que ella conoció.
“El tiempo es un jodido tirano”, pensó con tristeza, “Al menos, con los seres humanos. Debo recordar que yo ya no soy humana. Seiscientos años son suficientes para que uno entienda que no puede aferrarse a las cosas. Si a estos seiscientos años le sumamos ciento quince más, pues… hum… creo que mejor no sigo. Voy a marearme si intento calcular mi edad actual”.  

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Blade estaba listo y esperaba a Selene en el garaje. La vampira no lo defraudó: llegó vestida con un moderno traje de cuero negro, bien ajustado a su cuerpo, y un abrigo del mismo color encima.[2]
-Vaya cambio – comentó él, observándola – Decididamente, te sienta bien.
-Gracias – Selene miró varios vehículos estacionados – ¿Nos vamos?
Un instante después, ambos partían. Blade iba a bordo de un pesado Hummer blindado y Selene arriba de una motocicleta Harley.
Su próxima parada: la guarida de Frost.

[1] Anna Valerious es un personaje de la película “Van Helsing”, interpretada por Kate Beckinsale (misma actriz que en Underworld hace de Selene). La aventura a la que se hace mención en este párrafo es la misma que se vio en el cine en la película, aunque ajustada al universo de ficción de este relato y su entorno.
[2] El traje histórico de Selene, mismo que no varió en ninguna de las tres películas de la saga de Underworld donde ha aparecido el personaje.

sábado, 21 de marzo de 2015

Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu


Cuando hablamos de vampiras, sin duda una de las más famosas hembras de esta terrible especie demoniaca es Carmilla. Dicho personaje surgió de la mente creativa de Sheridan Le Fanu en una novela corta publicada en 1872.
La historia trata sobre una joven llamada Laura, que vive con su padre y unos criados en un antiguo castillo en las lejanías de Estiria (Austria). Su vida da un giro cuando, delante del lugar donde viven, un carruaje sufre un accidente y la dama y su hija -que viajaban en él-, se instalan en el castillo hasta que puedan emprender, de nuevo, el viaje. Laura y la joven –quien dice llamarse Carmilla– traban amistad, a pesar de que la nueva inquilina muestra rarezas en su comportamiento: se despierta después de mediodía y se encierra en su cuarto sin dar señales de estar en él. Estos extraños síntomas se revelan más tarde de una forma terrible: Carmilla es una vampiro. Y lo peor no acaba allí: Laura está por convertirse en la nueva víctima elegida de su infinita sed de sangre…
MI OPINION:
La historia muestra muchas características del terror gótico, y resalta el estereotipo popular del vampiro y la perplejidad de los personajes frente a los sucesos sobrenaturales, y la aumenta hasta convertirse en éxtasis y terror a la vez.
También se debe destacar que la sutil influencia de contenido erótico, que se relaciona con los vampiros, es de carácter lésbico. Sheridan Le Fanu tomó ese tema, un tabú para la época, pero supo cómo plantearlo de tal forma que el lector de la época se fuera acercando al tema.
Dicen que Le Fanu se basó en la legendaria historia de la hermosa Condesa Elizabeth Báthory (llamada muchas veces "la Condesa Sangrienta") para crear a la bellísima Carmilla. Detalles como la descripción física de Carmilla, el oscuro carruaje en donde pasea por la noche para seducir a sus víctimas, su tutora (madre o tía) muy parecida a Dorotoya Csentens (Darbula), o que Carmilla fuera la última de su dinastía maldita, hacen pensar que esto es realmente cierto…
EL DATO:
Carmilla fue una de las primeras historias de vampiros escritas, precursora de muchas obras de éxito, como es el caso de Drácula de Bram Stoker, quien se basó en muchas características de Sheridan Le Fanu para escribir su obra. Esto se resalta en el encuentro de Jonathan Harker con las vampiresas del castillo.
Casi todos los relatos de vampiros tienen la estructura básica de Carmilla, empezando por la parte de “ataque” pasando a “muerte & resurrección” por parte del vampiro, y finalmente a la parte de “caza & destrucción” donde la criatura es perseguida para destruirla.
EN SINTESIS:
Es una novela que recomiendo ampliamente a todos los amantes del género. Especialmente, a aquellos que gustan de los relatos clásicos de la época de esplendor del vampirismo literario.
Saludos a todos.

El Señor de los Vampiros 05


Capítulo 5  

El cuarto blindado era grande y espacioso, parecido a una bóveda de un banco pero repleto de comodidades tecnológicas del siglo XXI. En esta especie de bunker impenetrable, Selene y Whistler se refugiaron del ataque de los Lycans. A través de un sistema de vigilancia (alimentado por un generador independiente del almacén) pudieron ver por unos monitores de circuito cerrado de TV cómo Blade luchaba contra los Licántropos.
El medio vampiro lo tenía difícil, muy difícil. Gracias a su espada y a su habilidad con ella, había conseguido abatir a tres criaturas, pero todavía una manada entera lo tenía contra las cuerdas. Era cuestión de tiempo para que cayera…
-Esto no está bien – dijo Selene, preocupada – ¡Lo van a matar! Tengo que estar ahí… ¡Tengo que ayudarlo!
-¿Y por qué no lo haces? – le preguntó el anciano – ¡No te preocupes por mí y ve! No necesito niñera. Ninguna bestia peluda podrá entrar en esta habitación… y si sucediera – amartilló su escopeta – la recibiré como se merece: con una lluvia de balas.
-Aunque deseo ir, no puedo – la vampira contempló con impotencia la imagen de Blade luchando – No estoy lista. Me encuentro… débil. Hace 115 años que no me alimento.
Se volvió y miró a Whistler. El anciano entendió a qué se refería con eso.
-Es cierto – reconoció – Me había olvidado. Ustedes se vivifican cuando beben sangre. En el caso de Blade, mantengo su sed a raya gracias a un suero especial que debe inyectarse diariamente. Pero sospecho que eso no funcionará contigo…
-Solamente puedo restaurarme bebiendo sangre de un ser humano – Selene volvió a mirar los monitores – Por desgracia, eso no puede ser posible en este momento.
Se hizo el silencio, roto únicamente por el sonido de la pelea. Whistler observó a Blade luchando como nunca contra los Licántropos. Las predicciones de Selene estaban por cumplirse… aquellas bestias estaban –a su manera– cansando al cazador, rodeándolo poco a poco. Cuando Blade se debilitara –y así tenía que ser, sus fuerzas no iban a ser eternas– le caerían encima y lo despedazarían. Y sería su fin.
“Maldito Frost”, pensó con amargura, “Lo ha calculado todo bien. ¡Van a matar a Blade! A menos… a menos que alguien lo ayude”.
Whistler frunció el ceño… y tomó una difícil decisión. Le apoyó una mano en el hombro a Selene, llamando su atención.
-Hazlo – dijo.
-¿Qué?
-¡Aprisa! Hazlo, vamos – le enseñó el cuello – Bebe de mí.
-¿Estás loco? – Selene retrocedió.
-Dijiste que para restaurarte totalmente necesitabas sangre humana. Bien, yo soy el único ser humano con sangre más cercano a tu alcance. Adelante. Bebe de mí.
-Pero Whistler… ¡Necesitaré mucha sangre! Si tomo la tuya… va a tener que ser toda. ¡No puedo hacer eso!
-Si tomas toda mi sangre, ¿tendrás fuerzas más que suficientes como para patearles el culo a esos lobos?
-Sí, pero…
-Entonces, hazlo. Vamos, Selene. ¿A qué estás esperando? ¡Van a matar a Blade! Necesita tu ayuda.
Selene observó al anciano con tristeza.
-Sabes que si me alimento de ti, morirás, ¿verdad?
-No soy idiota. Claro que lo sé – Whistler suspiró – Pero también sé que soy viejo y absolutamente prescindible. Y creo que es justo que mi muerte sirva de algo. Blade sabe que a diferencia de los vampiros, yo no soy eterno. Vamos, chica. Toma mi sangre…
Selene se le acercó y lo abrazó. El viejo tembló un poco. Hacía muchísimos años que no estaba tan cerca de una mujer… aunque no era momento de pensar en ello. Había cosas más importantes, como por ejemplo, lo que a continuación iba a suceder.
-Gracias – le dijo ella al oído – Gracias por esto. Te prometo que no dolerá. Seré rápida…
Y le clavó los colmillos. Whistler se estremeció, pero se aferró a ella con fuerza, decidido a resistir hasta donde su viejo corazón diera.
Selene bebió… y bebió. Se tomó con avidez cada gota de sangre entregada, cada gramo de vitalidad. Acompañando todo aquello, iban los recuerdos del anciano. Como si se tratara de un cine 3-D, la chica vio toda la vida de Whistler hasta el más mínimo detalle, pasar ante sus ojos. Deslumbrada por el aluvión de recuerdos, no se dio cuenta cuando él desfallecía y pendía laxo de sus brazos. Sólo comprendió que estaba seco cuando el corazón se detuvo y dejó de bombear.
Con todo el cuidado del mundo, depositó su cuerpo en el suelo y le cerró los parpados. Su semblante estaba en paz. Casi parecía dormido y no muerto.
-Gracias – le susurró, con lágrimas en los ojos – Tu sacrificio no será en vano.
Irguiéndose, la vampira observó los monitores de TV. Los Lycans rodeaban a Blade. Iban a despedazarlo.
Secándose las lágrimas, Selene se dirigió a un armario ubicado en el cuarto blindado. Después de beber la sangre de Whistler, había absorbido también sus recuerdos. Supo dónde buscar.
Dentro del armario, encontró varias armas y balas de plata. Las tomó y revitalizada como estaba, salió del cuarto blindado tras Blade.  

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Eran demasiados. Blade lo sabía, como también sabía que ni con su fuerza podía contra ellos. Los Licántropos se le echaron encima todos juntos a una; garras y dientes se disponían a dar cuenta de él y de hecho, el monstruo más cercano ya abría las fauces para pegarle un buen mordisco… cuando sin previo aviso, su cabeza explotó reventada de un balazo.
El resto de la manada se volvió, confundida. Selene entró en la sala, con las pistolas en alto, abriendo fuego. Las balas de plata chocaron contra los cuerpos peludos y enormes, dañándolos mortalmente.
Lejos de detenerse, la vampira agotó sus cargadores y luego pasó a una escopeta. Hábilmente usada, la munición plateada destruyó con rapidez a casi todos los Hombres-lobo presentes que intentaban atacarla. Poniéndose de pie y todavía con la katana entre las manos, Blade la ayudó a acabar con los que quedaban.
Entre los dos, limpiaron la zona de monstruos.
Cuando el último Lycan cayó, se hizo el silencio. Espalda contra espalda, la pareja de luchadores revisó el lugar. No quedaba ni uno vivo.
Un ruido los hizo volverse hacia un rincón. Un hombre se hallaba parado allí, contemplando los cadáveres de los Lycans caídos. Una persona que Selene conocía y muy bien…
-¿Lucian?
-Vaya. Dicen que el mundo es un pañuelo – el aludido sonrió – Hola, querida. Es bueno verte. ¿Cuánto ha pasado desde la última vez? Cielos, lo he olvidado…
-¿Conoces a este payaso? – preguntó Blade. Selene asintió.
-Es un Lycan – explicó – El líder de todos ellos… y el más viejo también. ¿Qué haces aquí, Lucian?
-Yo podría preguntarte lo mismo…
Blade se acercó a él y lo amenazó con su espada.
-Tú primero, idiota. Empieza a cantar.
-Frost nos contrató – Lucian suspiró – Nos encargó matarte. Obviamente, no sabíamos que contarías con cierta ventaja – miró a Selene – Creía que estabas muerta. Aunque corrían rumores que decían lo contrario, por supuesto… ¿Quién hubiese imaginado que eran ciertos? La hija predilecta de Viktor; una digna sobreviviente de su clan, sin duda alguna.
-¿Qué sabes sobre los míos?
-Bastante. “La Purga” también acabó con tu padre oscuro. Es cierto. ¡Viktor, el poderoso, el despiadado, está muerto! Y la antigua guarida de tu gente ardió con él. La prendieron fuego con todos adentro.
-¿Y Marcus? ¿Y Amelia? – preguntó, en obvia referencia a los otros dos líderes de su clan.
-Amelia murió en el mismo incendio que mató a Viktor. De Marcus no sé nada, aunque es probable que muriera también en el mismo sitio. Eres una de las últimas de tu linaje, Selene. Dime, ¿Qué se siente saberlo?
-¡Ya estuvo bien, payaso! – Blade le colocó la hoja de su espada en el cuello – ¡Voy a arrancarte la lengua!
-Déjalo – le pidió Selene – No vale la pena.
-¿Estás bromeando? ¡Este idiota y sus perros intentaron matarnos!
-Hay un enemigo más importante que él ahora: Frost. Sin duda, cuando se entere de que sus sicarios fracasaron, no va a gustarle.
-Eso es verdad – asintió Lucian – Es más, antes de venir para acá con mi gente, llegué a oír que mató a uno de los antiguos de la Casa de Erebus… un tal Dragonetti. ¿Te suena?
Blade frunció el ceño.
-Si esto es una broma… - empezó.
-¿Tengo cara de estar bromeando? ¡Te digo lo que sé! Frost mató a uno de los antiguos y lo último que me enteré es que estaba preparando algo grande. Ni idea de qué podría ser, aunque teniendo en cuenta la clase de tipo que es, no debe ser nada bueno.
-Es como te decía – intervino Selene otra vez – Frost es nuestro enemigo. No él. Déjalo ir.
A regañadientes, el medio vampiro lo dejó libre. Antes de que pudiera irse, su compañera le dedicó al Hombre-lobo unas últimas palabras:
-Márchate, Lucian. Márchate y no vuelvas. La guerra entre nosotros ha terminado. Creo que con la muerte de mi clan es más que suficiente. Y considérate afortunado de que te dejemos con vida. ¡Vete!
Lucian pensó en replicar algo, pero se lo guardó para sí. Les echó una última mirada a sus vencidas tropas –cuyos cuerpos revirtieron de su forma lobuna a la humana al fallecer– y se fue.
Cuando el Lycan se hubo ido, Blade se volvió hacia Selene y le preguntó:
-¿Dónde está Whistler? ¿Se encuentra bien?
Como toda respuesta, la vampira bajó la mirada. 
-¿Dónde está Whistler? – insistió él – ¡Respóndeme!
Como ella no lo hacía, se temió lo peor. Y así fue: un momento después, encontró el cuerpo del anciano en el mismo sitio donde la chica lo había dejado.
-No… ¡No!
Blade se arrodilló a su lado y lo abrazó. Estaba frío, muy frío. Y pálido. En silencio, lloró por él.
-Lo siento… - escuchó decir a Selene – De verdad, lo siento mucho. Ojala hubiera habido otra forma, pero…
El cazador la miró. Y luego, vio las marcas de mordida en el cuello de su viejo amigo. Y comprendió.
-Tú… Has sido tú – se paró y velozmente, extrajo de su cinturón una daga. Colocó la cuchilla en el cuello de la vampira – ¡Tú lo mataste! ¡Te alimentaste de él! ¡Maldita seas! – rugió – ¡Voy a matarte!
-¡Whistler me ofreció su sangre voluntariamente! – se defendió ella – ¡Sabía que era la única forma de restaurar mi fuerza! ¡Aceptó dármela para que pudiera salvar tu vida!
-¡Mientes! ¡No te creo! – Blade presionó más la cuchilla contra su cuello – ¡Eres un vampiro! ¡Un maldito vampiro! ¿¿Por qué debería creerte??
-Whistler se sacrificó por ti – explicó Selene, imperturbable – Era un Van Helsing y actuó como tal. No tengo motivos para mentirte o engañarte, Blade. Yo no soy tu enemiga. No soy como Frost y los suyos.
La cuchilla de la daga permaneció fija donde estaba, al menos por un rato. Luego, Blade bajó el arma y la guardó.
-No se convertirá, ¿verdad? – preguntó. Todavía estaba furioso, pero su ira ya no iba dirigida hacia ella, sino a Frost, el culpable de todo.
-No. No ha bebido mi sangre y mi mordida no le ha transmitido nada. No se convertirá. Tienes mi palabra.
-Bien… En ese caso, vas a ayudarme a limpiar este desastre. Luego, tú y yo vamos a hacerle una visita a Frost… y lo haremos pagar por todo esto. ¿Okey?
-Por supuesto.
-Muy bien. Cuando Frost sea historia, te quiero fuera de aquí, ¿me entiendes? Me importa un rábano dónde vayas. Sólo… sólo te quiero fuera de aquí.
-Blade… cuando Frost haya sido destruido, me iré de aquí y nunca más me volverás a ver. Te lo juro.
-Eso espero, nena… Por tú bien, eso espero.  

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.
CONTINUARA…