martes, 26 de mayo de 2015

¿Día de la Patria o Acto Político?


Ustedes ya saben que en este blog –al menos– intento no hablar de política. Sí lo he hecho por algún otro lugar, pero no aquí. Bien, lamentablemente ya no puedo permanecer callado más tiempo y menos, cuando veo que ciertos políticos de mi país –Argentina– le faltan el respeto a la Patria y lo hacen groseramente
En el día de ayer se festejó el 25 de Mayo, el Día de la Patria. Pero, ¿fue el Día de la Patria realmente o un mega-acto político del Kirchnerismo?
Que los “K” están en carrera por el 2015, no es secreto para nadie. Sea Daniel Scioli –difícil, ya que no cuenta con el aval de “Ella”–, sea Florencio Randazzo –sin duda alguna, el próximo Presidente de la Argentina… desgraciadamente– el hecho es que lo que se vivió ayer fue un auténtico cachetazo a la Patria y me explico por qué: en vez de festejar el 25 de Mayo, el Gobierno festejó SU propia gloria personal. De nuevo, la señora Presidenta de la Nación hizo auto-exaltación de su gestión, de nuevo demostró que quien tiene las riendas del Poder es Ella y que los que la siguen son, sin lugar a dudas, una turba inmensa de fanáticos K embelesados con cada palabra que surge de su boca, tal y como si Ella fuera la encarnación de lo divino y ellos, sus seguidores. Y no exagero cuando hablo de “fanáticos K”. Ayer en Plaza de Mayo, hubo una sola bandera argentina… una sola. Las demás eran banderas de las agrupaciones militantes, como La Campora, Kolina, etc, etc. Gente afín a este Gobierno, gente absolutamente captada, que –en palabras del periodista ultra-kirchnerista insoportable Diego Brancatelli– “hacían total silencio mientras la Presidenta hablaba, observándola atentamente y escuchando todo lo que Ella decía”.
En resueltas cuentas: lo de ayer fue un BOCHORNO K. Más que Día de la Patria, fue el Día de la Patria K. ¿Saben que es lo peor? Justamente, que a medida que pase el tiempo y nos acerquemos a las elecciones, esto se va a poner PEOR.
No, no soy K, para nada. Pero no soy anti-K. ¿Quieren que hable de Mauricio Macri y lo PESIMO que maneja la ciudad de Buenos Aires? ¿De lo ridículo que es, con sus pretensiones primermundistas fuera de lugar? ¿De lo PATETICO que se ve cuando intenta imitar a Freddy Mercury? ¿O quieren que hable de Héctor Magnetto y de la gente del Grupo Clarín? No se confundan: estos también me caen pesados. Magnetto sobre todo me parece un viejo infumable y la gente que trabaja para él, una manga de alarmistas & pesimistas… pero una cosa no quita la otra. Ni el Grupejo Clarinete ni este Gobierno están haciendo bien las cosas.
Me gusta pensar que vivimos en Democracia y que se puede decir –en materia de política– lo que se quiera, pero tristemente parece que no es tan así. Hoy en día –se lo informo a alguien de afuera, del extranjero, por si no lo sabe– no se puede “hablar mal” del Gobierno. Entiéndase “hablar mal” por hacer notar las fallas y las faltas de un sistema de gobierno que ya lleva 12 años en el poder… y que va por más.
¿Qué los K van a seguir? Desde ya se los afirmo. No les quepa ni la menor duda. Estos vinieron para quedarse. Tienen ustedes dos opciones:
1)      Lo van aceptando.
2)      No lo aceptan y cuando llegan las elecciones, marcan la diferencia CON SU VOTO.
Respecto a lo de ayer y para finalizar, lo reitero: lo de ayer fue un PAPELON. Un papelón K. Y no vieran lo bochornoso que es oír de boca de esta gente (los K) cosas tales como que “Cristina superó a Evita”. Una idea básica que anda circulando a media voz entre esta gente es que Ellos (Néstor y Cristina) superaron a Perón y a Eva. ¡Que burrada! ¡Si el General levantara la cabeza y los viera, no lo podría creer! Si Evita viera todo este despropósito, tampoco.
Saludos a todos y, pese a todo, ¡Viva la Patria!

viernes, 22 de mayo de 2015

Hermanos, de George Alec Effinger


“Existen tres grandes novelas que desarrollan el tema de los mundos paralelos: "El hombre en el castillo", de Philip K. Dick; "Lo que el tiempo se llevó", de Ward Moore y "Hermanos" de George Alec Effinger.” Fritz Leiber
“Lo hizo con su propio esfuerzo y nos asombramos ante un escritor tan joven, tan vigoroso, tan bueno, que estuvo a punto de obtener el permio Nébula con su primera novela, y que su segunda ("Hermanos") sea mejor que muchas de las nuestras.” Harlan Ellison
“Recién está en sus comienzos, pero ya se encuentra en los más altos lugares de la literatura ¡Y no hay señales de que se detenga!” Theodore Sturgeon
MI OPINION SOBRE ESTA NOVELA:
Nunca pensé que diría esto, pero por primera vez en la vida me encuentro con un desafío tan enorme como el de reseñar y dar mi opinión acerca de esta novela. Principalmente, porque es terriblemente difícil de calificar… al menos, no se puede hasta que acabas toda la lectura del libro.
“Hermanos” trata sobre tres hombres. Tres tipos que lo único que tienen en común es el nombre. Pese al título, ninguno de los tres es hermano verdadero del otro… no en el sentido estricto de la palabra. Lo único que los une –como he dicho– es cierta similitud en el nombre. Y nada más. Ni siquiera puedo afirmar –como el autor hace creer al principio– que ambos vivan en el mismo mundo…
El primer sujeto se llama Ernest. Es un joven alemán afiliado al Partido Comunista. Su historia –los capítulos que le corresponden– nos pintan el panorama de un mundo ucronico donde Alemania gana la Primera Guerra Mundial y conquista América. Las vivencias del joven Ernest y su misión de expandir los ideales del Comunismo en tierras norteamericanas son particularmente interesantes. Al menos, a mí me han entretenido.
El segundo sujeto se llama Ernesto y la suya es una historia atractiva y trágica a la vez: vive en un mundo donde la población está sometida a los designios y caprichos de la clase gobernante. Una civilización triste de trabajadores explotados y que deben afrontar el aburrido tedio del día a día… hasta que una aparente amenaza apocalíptica se hace presente y el orden se convierte en caos. La historia de Ernesto es genial por donde se la mire… genial, en el sentido en que el lector empatiza de inmediato con ese trabajador oprimido y hastiado de su chata existencia (y del mundo que lo rodea). Cuando su vida se ve amenazada por la inminencia del Armagedón, en verdad te preocupas por él y quieres que sobreviva. Lo lamentable de todo es cuando su historia llega al final y a ese clímax sorpresivo, que todo acabe así. Si no hubiera disfrutado con esta parte de la novela –la más extensa– habría arrojado el libro al tacho de la basura por, justamente, ese espantoso final para el personaje…
El tercer sujeto protagonista de esta novela se llama Ernst y su historia es la menos atractiva de todas. No sirve siquiera que el tipo sea escritor ni que viva dentro de los confines de una ciudad fortificada en mitad del enorme desierto africano como para que el lector se enganche con su vida. Seré franco: si su trama (los capítulos que le corresponden a él) hubiera sido podada de la novela, esta no resultaría afectada en nada puesto que, como dije, estos tres tipos si bien se llaman parecido, a la final viven en diferentes Tierras alternativas y paralelas. El autor –a su modo, astutamente– sólo te lo hace saber a su manera en el final. Mientras lees, piensas que entre estos tres hombres existe un verdadero vinculo filial y que habitan el mismo mundo pero en diferentes épocas (pasado, presente y futuro). Lo cierto es que no. Viven en tres diferentes universos.
EN SINTESIS:
Es un libro extraño. Se deja leer, pese a todo. Las historias de Ernest y de Ernesto, son interesantes. La de Ernst, para el olvido. No suma ni aporta nada.
Saludos a todos.

lunes, 18 de mayo de 2015

2034: Otra vez los Testigos de Jehová y sus fechas apocalípticas…


Que me parta un rayo (metafóricamente hablando). Los infumables Testigos de Jehová lo han vuelto a hacer. ¡Me he enterado que de nuevo, han tirado subrepticiamente una fecha en sus publicaciones chatarra sobre el bendito Armagedón que tanto ansían que venga! El año de gracia (después de seguir una elaborada cronología inventada por ellos que enlaza con los tiempos de Noé y con el susodicho 1914) es el 2034, año en que –siempre según esta gente– se produciría el tan esperado Fin de Todo.
::Suspiro::
Que tiren fechas, no me extraña. No es para nada nuevo en esta secta de locos, a la cual tuve la desgracia de dedicarle casi dos años de mi vida (el lector habitual de este blog ya conoce la historia, me imagino. Breve resumen si no: durante una búsqueda religiosa personal, durante los años 2010-2011 me uní a las filas del Atalayismo, esperando encontrar LA Verdad. Lo único que encontré fue LA Mentira y la Falsedad. Gracias a Dios –nunca mejor dicho– me di cuenta y hui de allí, volviendo al catolicismo, de donde no me tendría que haber movido nunca).
Los Jehovistas tienen un largo antecedente de tirar fechas falsas para el Apocalipsis. No me extraña que esta sea una más de la extensa lista de errores del Cuerpo Gobernante y su sequito. Me da una pena terrible saber que hay tanta gente que se deja embaucar por estos inescrupulosos señores, quienes no dudan en torcer las Santas Escrituras para amoldarlas a su erróneo credo.
En fin… ya lo dice el viejo dicho: “¿Qué le hace una raya más al tigre?”
…Una nueva fecha para el Fin del Mundo y van…
PD A POSIBLES LECTORES JEHOVISTAS QUE PASEN POR AQUÍ CON GANAS DE POLEMIZAR: Muchachos, no pierdan tiempo. Nada de lo que digan me hará convencer de que ustedes son la religión verdadera ni que predican la verdadera fe. Así que ni se molesten. Sigan con sus cosas que les va bien… supongo. :P

sábado, 16 de mayo de 2015

Más Allá de los Sueños, de Richard Matheson



Robert Nielsen perdió a su hermano en un accidente de tráfico. Un tiempo después de su muerte, un médium le da un manuscrito que su hermano muerto le ha dictado a éste para que Robert lo lea. En el manuscrito Chris Nielsen cuenta sus experiencias desde el más allá. El manuscrito está dividido en cuatro partes. La primera, `El sueño de la muerte` cuenta la relación de profundo amor que sentía hacia su mujer, Ann, y como a consecuencia de esto no aceptaba el hecho de que hubiera muerto. En la segunda parte, `Summerland` Chris al aceptar el hecho de que ha muerto llega a al lugar donde vamos después de morir que, entre otros nombres se conoce como `Summerland`, donde todo funciona en base al pensamiento. Allí de la mano de Albert, un primo fallecido años atrás, conoce aspectos sobre la vida después de la muerte. Todo allí es maravilloso pero no deja de pensar en su mujer lo que le impide integrarse definitivamente en ese lugar. La tercera parte, `Esta espiral de muerte`, descubre que Ann se ha suicidado lo que supone que hasta que no transcurra un tiempo estará atrapada en `un mundo inferior lleno de desesperación y miedo` Chris no soporta ese sufrimiento y acompañado de Albert irán a buscarla para poder ayudarla. La última parte, `Más allá de los sueños` es el desenlace donde se cuenta lo que ocurre una vez que la encuentran.
MI OPINION SOBRE ESTA NOVELA:
Seguramente, muchos de ustedes recordaran la versión fílmica de esta novela, de la mano del actor (ya fallecido) Robin Williams como el protagonista principal, ese marido que moría y que iba a parar al Cielo para, posteriormente tras el suicidio de su esposa, descender a los Infiernos tras su búsqueda. En síntesis, era una historia metafísica de amor bastante colorida y muy llamativa –y también, muy peculiar–.
Yo no sabía que existía esta novela y que la película se basa en ella. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi el nombre del autor, Richard Matheson, un viejo conocido de la CF y del género fantástico al que muchos de ustedes les sonará como el creador de “Soy Leyenda”, la mejor novela moderna sobre vampiros. Bien, pasada la sorpresa inicial, me dediqué a –con el libro en mis manos– prácticamente devorarlo. He aquí mis opiniones al respecto…
·         Si bien la película y la novela parten de premisas argumentales similares, luego cada una de ellas toma caminos diferentes. De hecho, la novela se inicia de manera totalmente diferente al film de Williams, con el hermano de su personaje recibiendo de manos de una médium un manuscrito donde este cuenta post-mortem toda la historia de su odisea en el Más Allá.
·         Respecto al mismo Más Allá, pues también está lejos de la versión colorida –y muy artística– concebida para la película. El Cielo –llamado por sus habitantes “Summerland”– de la novela es un sitio bastante bonito pero en partes algo anodino. Un lugar donde las personas pueden disfrutar de todo lo que sus mentes conciban –de hecho, todo es creado mediante la mente– y esto incluye no sólo la ropa sino el entorno: casas, ciudades, bosques, etc. Ya les digo, es un sitio realmente bonito pero es anodino respecto a un hecho fundamental y que me lleva al siguiente punto: Dios.
·         Imaginen un Cielo sin Dios. Bueno, ahí lo tienen. Ese es el Cielo de “Más Allá de los Sueños”. Dios está ausente aquí y sólo se le menciona de pasada. La idea básica es que existen –aparte de Summerland– regiones superiores, esferas o planos de existencia más elevados y que allí estaría nuestro Creador… pero si tal cosa es verdad, el autor prefirió no explorarlo ni polemizar sobre ello. En el Cielo de este libro, todos reciben dones y regalos maravillosos, pero los reciben por obra y gracia de ellos mismos, por sus acciones positivas en vida. No hay nadie sobrenatural fuera del género humano que regule el hecho. A muchos les parecerá lógico y hasta aceptable –y puede que deseable– pero para el creyente (y más si es como yo, católico cristiano) algo de todo esto chirria un poco.
·         Si Dios está ausente sin aviso en ese Cielo al que va Chris Nielsen, otro tanto le sucede a Sus ángeles. Imaginen un Cielo sin ángeles. Ok, ahí está. El personaje de Albert (interpretado en el film por Cuba Gooding Jr) es lo más cercano que el protagonista llega a conocer que sea similar a uno y he aquí un detalle no muy menor: mientras que en el film su identidad es otra (y es un hombre de raza negra), en la novela es el primo de Chris y un hombre de raza blanca. E insiste en que el concepto de “ángel” es erróneo y que lo que él –y se supone que otros como él– hacen allí es servir de “guías” de los espíritus recién llegados y menos elevados. Toda la historia comienza a sonar a parafernalia orientalista, sí. Y no se detiene ahí. En realidad, toda la novela lastra con conceptos orientalistas de lo que hay más allá de la vida, como la ley (tramposa) de “causa y efecto”, un –ojo, es mi opinión personal– disparate muy en boga por estos tiempos.
·         El suicidio de Ann (esposa de Chris) y su posterior descenso a los Infiernos y la búsqueda de su marido en esas tenebrosas regiones se mantiene casi igual a la película, salvo que como sucede con el Cielo, el Infierno carece del colorido descriptivo visto en la pantalla grande. Básicamente, es un páramo desolado donde van las almas de aquellos mentalmente menos evolucionados (o dispuestos a evolucionar). Una región donde las pesadillas de todos se hacen realidad y donde la gente es atormentada… por su propia conciencia. Nada más. La regla bucólica que rige ese Otro Mundo se cumple a rajatabla: no hay un Poder Superior que condene ni que premie a nadie. Es sólo el propio ser humano quien, después de la muerte, cosecha lo que sembró. Si llevó una vida recta y justa, disfruta de ello en el Cielo. Si por el contrario fue torcido, mezquino, avaro, etc, acaba en ese Infierno, un sitio que más que el páramo en llamas del Dante es lúgubre y deprimente.
·         Imaginen un Infierno sin el Diablo. Ahora, imaginen un Infierno sin demonios. Ese es el sitio de “condena eterna” propuesto por el autor de este libro. Satán está ausente y capaz que ni existe. Los “demonios” aquí son las mismas almas humanas condenadas que se dedican a hostigarse las unas a las otras, mientras se hunden en la desesperación… una desesperación creada por ellos mismos. No hay “ángeles caídos” por aquí ni entidades no-humanas… aunque como sucedía con Summerland, Albert dice a Chris que hay muchísimos niveles de infierno y que –incluso– hay infiernos dentro de infiernos. Pero creo que el concepto está bien claro: los únicos demonios son los espíritus humanos torturados de ese sitio.
En esencia, el libro es muy bueno. Que mis críticas no los desanimen ni los alejen de su lectura. Todo lo contrario. Es un libro bellísimo y que deberían realmente leer por la razón de que está bien narrado y que la historia es fantástica y entretenida. Ahora, el asunto es que en cuanto a materia de teología, si van a usarlo como referencia del verdadero Más Allá, olvídenlo por completo. No caigan en la trampa. Hay cosas que yo sé, cosas que me ha enseñado la fe cristiana y cosas que me ha enseñado la experiencia personal, debido a mis lecturas y asuntos que no vienen al caso, y estas son:
1 – Existe Dios. Quien lo dude, es libre de hacerlo. Sigo insistiendo siempre con lo mismo. Vivimos en Democracia y todos son libres de pensar en lo que quieran y más, en cuestión de fe. Yo creo en Dios y sé que Él existe.
2 – Existe el Cielo. Y es un lugar hermoso. Más que cualquier imaginación humana pueda concebir. Allí van los que realmente lo merecen, ni más ni menos, que son las personas buenas. Hay personas buenas y justas en nuestro gris y oscuro mundo, que no les quepa la menor duda. Esa gente va allí cuando muere. Y sé que el sitio es bellísimo más allá de toda palabra.
3 – Existe el Infierno. Y es un lugar espantoso. También más allá de cualquier imaginación humana. Ahí va la gente mala de verdad y basta con echar un vistazo al mundo que nos rodea para ver quiénes son esas personas. Y en ese Infierno –que no les quepa ninguna duda– están los demonios y estos NO son las almas de los condenados.
4 – Desgraciadamente, también existe Satanás. O Lucifer, si lo prefieren. Y créanme: el tipo no tiene ni una traza de sentido del humor, ni es bonito (en el sentido espiritual). Y también pueden creerme cuando les digo esto: no querrán encontrarse cara a cara con él.
Básicamente, eso es en lo que yo creo.
Volviendo a la novela, el libro es genial. Lo único que lamento –en lo personal– es que lastre con concepciones orientalistas sobre la vida después de la muerte. El orientalismo es muy particular al respecto, con sus leyes del Karma, la causa y el efecto, la reencarnación (algo en lo que particularmente no creo… al menos, no para todas las almas, de existir). Sucede que esto es así debido a que en el oriente la gente no la pasa bien en absoluto… ya sea por los gobiernos que los oprimen o por las terribles condiciones climáticas. El hecho es que estas personas han llegado a creer que como el mundo es así de duro y terrible en vida, pues del otro lado las cosas son iguales. Y que estamos obligados a nacer una y otra vez en una rueda interminable de encarnaciones, una más pesarosa que la otra…
Siempre me chirrió este hecho incuestionable sobre la reencarnación: si el objetivo de volver a vivir una y otra vez es evolucionar espiritualmente, ¿Por qué no recordamos nuestras vidas anteriores? ¿No seriamos mejores personas si pudiéramos recordar los errores del pasado y mediante eso corregir nuestro presente y nuestro futuro? No sucede tal cosa en las creencias reencarnacionistas. Por motivos extraños, somos obligados a nacer una y otra vez –según esta gente– sin memoria de los errores del pasado, condenados a repetirlos por toda la eternidad. La reencarnación se convierte así en un sistema tramposo y bastante cuestionable, regido por vaya uno a saber qué sádico Poder Superior.
Personalmente, esa es una de las tantas razones por las que NO creo en la reencarnación. Ni en la ley del Karma ni en las demás pavadas orientalistas.
O,  como diríamos en criollo: “A mí la onda Zen no me va”, jejeje.
EN SINTESIS:
El libro es muy bueno. Superior incluso a la película. Si les gusta ese tipo de Más Allá sin serios compromisos religiosos, aquí lo tendrán. No lo duden: compren este libro.
Saludos a todos.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Este soy yo (Digo, por si a alguien le interesa)


Tomen en cuenta este hecho fundamental: es difícil –por no decir casi imposible– hallar una foto mía por la red, así que espero que sepan apreciar el gesto (jejeje). El de arriba soy yo mismo, en carne y hueso. La foto fue tomada en tiempos veraniegos, de ahí la soltura de la ropa. Bueno, de verdad, espero que esto sirva para al menos, demostrar que soy un ser humano real y bastante terrenal (y constatar un hecho incuestionable: que no soy un Adonis, desgraciadamente. Bua…)
Saludos a todos!
PD: No me responsabilizo por las pesadillas que les surjan después de ver esta foto (jejeje).

lunes, 11 de mayo de 2015

Batman: El Sueño de Hierro 07


SIETE
HOLOCAUSTO 

La desaparición de Superman comenzó a preocupar a todos en Metrópolis. A todos, salvo al General Klaus Adler. La teniente Renate Richter se dio cuenta y se hizo más evidente cuando, en vez de estar como todo mundo pendiente del horizonte o conversando sobre el tema, Klaus se encontraba sentado en una silla, con los pies y sus botas sobre una mesa, bebiéndose un Martini tranquilamente.
-Señor, permiso para hablar libremente – dijo la teniente. Adler la miró, bebió otro trago y suspiró.
-Concedido.
-Klaus, ¿Qué te pasa? Primero, estás tenso y disperso. Ahora, cuando nuestro Führer se ha marchado y no tenemos noticias sobre él, luces todo lo contrario: totalmente despreocupado.
-¿Y qué con eso, Renate?
-Que, la verdad, no se entiende tu actitud.
-Usted no tiene que entender nada, teniente – al endurecer el tono de su voz y al volver al formalismo militar, Klaus marcó su territorio – Limítese a esperar, como el resto.
-Pero Der Führer
-Volverá pronto… o tal vez no. ¿Quién sabe?
-¡Miren! ¡Arriba, en el cielo! – gritó alguien. Klaus casi se atragantó con su bebida.
-¡Es un pájaro! – gritó otra persona.
-No. ¡Es un avión! – agregó una tercera.
-¡No! Es… ¡Batman!
Esta vez, Klaus saltó de la silla y se unió a la multitud de espectadores congregados en el patio del palacio. Lo hizo justo para ver la llegada de una extraña nave negra con forma de murciélago y emerger de ella al enmascarado.
-Vuestro todopoderoso Führer – dijo, echando al piso el cuerpo de Superman inconsciente, brutalmente apaleado y atado con cadenas – Está acabado, lo mismo que todos ustedes. ¡Es el fin de este régimen de terror!
Se hizo el silencio mientras todo mundo observaba al derrotado Hombre de Acero en el suelo. Como para darle más énfasis a la cosa, Batman le puso un pie encima.
-Esta noche, es el final del nazismo – declaró.
Klaus sonrió ampliamente. Se acercó a él.
-No lo creo.
Hizo una seña. Un batallón de soldados de las SS apareció y lo rodeó, las armas en alto, apuntándole.
-¿El fin del nazismo? Lo dudo mucho – dijo el General, burlándose – ¿El de este Führer inútil? Sin duda. ¡Un verdadero superhombre no puede ser derrotado de esta manera y mucho menos, por un anarquista! Con esto, queda demostrado que esta criatura alienígena – señaló a Superman – no es digna de dirigir los destinos de la Gran Alemania. ¡Es tiempo de que tengamos un nuevo líder!
-Y ese sería usted, ¿verdad, Adler? – acotó Batman, irónicamente.
-Cierra tu sucia boca, basura anarquista. ¡Has cometido un error fatal al venir directamente aquí! – Klaus ensanchó su sonrisa – ¡Eres hombre muerto! De aquí no saldrás vivo.
El Caballero de la Noche suspiró.
-Me lo imaginaba – dijo.
-¡Las manos en alto! ¡Y no intentes nada!
Pero Batman no obedeció. Se quitó la máscara, revelando su rostro.
-¿Me recuerda, General? – preguntó – Soy Bruce Wayne. Aquél chico al que le mató sus padres… el que dejó con vida… ¿Se acuerda de mí?
-Mein Gott
-Veo por la expresión de su rostro que sí. Que suerte. Bien, ¿vio mi nave aquí mismo?  Bueno – tomó un control remoto de su cinturón. Presionó un botón. El costado del avión se abrió, revelando un dispositivo tecnológico con el símbolo del peligro radiactivo sobre él – Como me imagino que se habrá dado cuenta, es una bomba atómica. Con suficiente poder para borrar a Metrópolis del mapa…
-No lo harás – Klaus volvió a sonreír – Si esa cosa explota, ¡tú también morirás!
Bruce lo observó con frialdad, el control remoto todavía en su mano.
-Nunca se supuso que yo viviera, General. ¿O ya lo ha olvidado? Aunque le agradezco que me perdonara la vida aquella vez. Me permitió llegar a esta noche, a este momento… para destruir el corazón del Reich.
Klaus gritó. Los soldados abrieron fuego. Las balas zumbaron por el aire… pero nunca llegaron a destino.
Bruce presionó un botón y la bomba atómica explotó. En cuestión de segundos, Metrópolis y todos desaparecieron consumidos en un mar de fuego radiactivo.  

EPILOGO  

Microsegundos antes de la explosión.
Liri Lee, única miembro femenino de los así llamados “Hombres Lineales”, se materializó en el aire delante de Batman. Toda la escena se había congelado en el tiempo: Bruce sosteniendo el control, los soldados de las SS apuntándole con sus armas y disparando. Incluso, las balas se habían detenido, flotando en su mortífera trayectoria, suspendidas como todo.
Liri Lee –una bellísima muchacha vestida con ropas futurísticas y prótesis biónicas de alta tecnología acopladas a su escultural cuerpo– manipuló su unidad de muñeca –un aparato semejante a un brazalete– y habló con su jefe, el científico Matthew Ryder:
-Llegué al momento de 2015, Matt, y nuestros instrumentos tenían razón. El disturbio que captamos se debió a toda una desviación de 180 grados de la línea de tiempo. Me hallo ante el punto focal. ¿Qué quieres que haga?
-Regresa a casa – dijo Ryder – En Punto de Fuga analizaremos el panorama completo con los cronoscopios.
Liri Lee asintió. Le echó un último vistazo al mundo que se alzaba a su alrededor, antes de marcharse. Apenas desapareció, el tiempo reanudó su inexorable marcha y Metrópolis desapareció una vez más consumida por una bola de fuego atómico.  

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En su cuartel general, los Hombres Lineales se reunieron delante de sus computadoras cuánticas para observar al completo toda la nueva línea temporal. Mientras decenas de imágenes se formaban en pantallas holográficas, a Matthew Ryder le iba quedando más claro el panorama:
-Ahí – dijo y congeló una escena – Ese es el punto de quiebre: 1945. Ese sujeto saliendo de un hoyo en el tiempo… claramente, es un viajero no autorizado.
-¿Cómo es posible tal cosa? – preguntó Hunter – ¡Se supone que la tecnología de viajes en el tiempo todavía no estará disponible para la raza humana hasta muchísimos años en el futuro!
-Sin duda, estamos ante un adelantado a su época… en más de un sentido – Matt se volvió hacia Liri Lee – ¿Sabemos quién es?
-Hans Kammer. Un científico frustrado de origen alemán – respondió la muchacha, revisando los datos de un computador – Trabajaba para Waynetech en la línea original, antes de la desviación.
Matthew hizo correr las imágenes de la línea principal. Observaron cómo Kammer abría su hoyo en el tiempo y saltaba dentro de él, llevando su bomba atómica.
-Hemos encontrado a nuestro culpable – sentenció – Ese sujeto provocó la alteración del continuo.
-¿Qué debemos hacer, Matt?
-Lo único que podemos, Hunter: corregir el error. La nueva continuidad es una aberrante desviación de la línea establecida de tiempo – el científico se volvió hacia sus dos compañeros – Quiero que Liri Lee y tú vayan a 1945 y atrapen a ese viajero imprudente. Eviten que tome contacto siquiera con los alemanes. De esa forma, el error se corregirá y la línea original se restablecerá.
Asintiendo, la pareja se trasladó en el tiempo al Berlín de 1945 gracias a sus unidades de muñeca, donde aguardaron el arribo del Prof. Kammer. Apenas el científico criminal surgió del vórtice creado por su máquina, lo atraparon y lo sacaron de allí instantáneamente…
Al momento, hubo un violento destello de luz. Como ondas producidas en un estanque al caer una piedra, los efectos se hicieron sentir en toda la corriente temporal. El escabroso mundo dominado por el nazismo desapareció, reemplazado por el continuo original.
La Historia volvía a su curso.  

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Batman parpadeó, confundido. Detuvo el Bat-movil al costado de la ruta y se llevó una mano a la cabeza. Lejos, en la distancia, la Bat-señal seguía siendo visible sobre los cielos nublados de Gotham City.
-Dios… ¿Qué fue eso? – se preguntó, en voz alta.
-¿Señor? ¿Está bien? – le habló Alfred por un comunicador colocado en la cabina del coche.
-Sí, sí… estoy bien. Sólo un poco… confundido – Batman suspiró – Siento como si hubiera estado soñando despierto… ¿Qué sucede?
-Hubo una impresionante descarga eléctrica – le informó el mayordomo – Surgió del edificio de Waynetech.
-¿Qué? ¿Cómo…? ¿Quién…?
-Ya me he comunicado con el supervisor Edward. Al parecer, un científico despedido, un tal profesor Kammer, intentó viajar por el tiempo con una máquina. Desapareció dentro de un vórtice de luz, para a los pocos segundos volver, como si alguien lo hubiese echado a la inversa. Los guardias de seguridad pudieron atraparlo y la policía se lo llevó detenido.
-Vaya… ¿Necesitan mi presencia allí?
-No, señor. Todo está bajo control. Quédese tranquilo. Por las dudas, me tomé el atrevimiento de ordenar, en su nombre, el desmantelamiento de esa máquina.
-Gracias, Alfred. Hiciste bien – Batman miró al horizonte. La señal en el cielo seguía llamándolo – Tengo que atender ese asunto todavía… Cualquier cosa, estás a cargo hasta mi retorno. Pero avísame si me necesitas.
-Naturalmente, señor.
Batman sacudió la cabeza para despejarse. Encendió su Bat-movil de nuevo y se encaminó velozmente hacia Gotham… a luchar contra el crimen una vez más.  

FIN

Batman: El Sueño de Hierro 06


SEIS
BATMAN VS SUPERMAN 

Metrópolis.
Tres noches después.
Los cielos poblados de altos edificios de la “Ciudad del Mañana” se iluminaban con un colorido despliegue de fuegos artificiales. Era el aniversario de la victoria alemana tras la Segunda Guerra Mundial, el cumpleaños del Régimen, y los miembros del Partido se juntaban para festejarlo en el interior de la cúpula del Palacio Central del Reich, una maravilla arquitectónica que debía su existencia a los diseños de Albert Speer.[1]
Antiguamente, la capital del imperio había estado instalada en Berlín, pero tras la llegada de Superman al poder, toda la administración ejecutiva se había mudado a los sometidos Estados Unidos, algo que por demás, era todo un símbolo en sí mismo.
Dentro del palacio, la música de una banda en vivo sonaba, y la bebida y la comida abarrotaban las concurridas mesas del Gran Salón, una estancia abovedada cálida y acogedora, suntuosamente decorada con colgaduras rojas en las cuales figuraba la Svastica, el símbolo del nazismo.
-Te noto distraído, Klaus – le dijo la teniente Renate Richter al General. Se trataba de una atractiva mujer alemana, enfundada en su uniforme reglamentario de la división femenina de las SS. Ambos se hallaban parados en un rincón del salón, observando a las parejas bailar un vals en el centro.
-¿Qué?
-Estás disperso esta noche. Disperso y tenso – la teniente enarcó una ceja – ¿Todo bien?
-Claro. ¿Qué podría ir mal? – replicó Klaus, jugueteando con su gorra – Es una noche esplendida. Otra más que nos recuerda nuestro glorioso triunfo. ¿Qué podría ir mal? – repitió.
Richter no le creyó. Klaus era un pésimo mentiroso. Además, el hecho de que ambos fueran –fuera del ámbito laboral– amantes le ayudó a sospechar que al General le pasaba algo…
Y así era. A Klaus le pesaba la enorme traición que había cometido sobre el Reich al entregarle a Batman información clasificada que podría servir para matar al Führer. No tanto porque sintiera pena ni simpatía por su líder, sino por el terror de que el encapotado fracasara y Superman terminara descubriéndolo todo. Si eso ocurría, podía considerarse hombre muerto.
El sonido de unos aplausos lo sacó de sus oscuras cavilaciones. Todos los presentes elogiaban al Führer, quien junto a la Emperatriz de Isla Paraíso, habían bailado en el centro de la pista.
-Amigos míos… colegas y miembros del Partido… esta noche nos reunimos para celebrar algo más que la victoria de una vieja guerra – empezó Superman con su discurso, un rato después - ¡Esta noche, celebramos la victoria de la inmaculada pureza racial genética, la cual…!
El discurso se vio súbitamente interrumpido por una serie de gritos. La gente señalaba al exterior del palacio, al cielo nublado sobre Metrópolis. Allí, dibujado por la luz de un reflector, podía verse el símbolo de Batman: un murciélago negro.
Lo siguió una transmisión ultra-sónica. Sólo Superman podría oírla con claridad. Para todos los demás, era simplemente un molesto pitido estridente.
-Sé que puedes oírme, cerdo nazi – le dijo – Escucha con atención, no voy a repetir: esta noche tu régimen de terror llega a su fin. Si no te encuentras conmigo en Gotham y me enfrentas, haré estallar una bonita bomba atómica que tengo colocada en cierto lugar de tu bendita ciudad. Así es, como lo oyes: tienes exactamente 10 segundos para seguir esta señal y venir a buscarme, de lo contrario, Metrópolis quedará reducida a un fétido pozo radiactivo.
Batman no había ni apenas terminado de hablar, que un muy serio Superman salió disparado a supervelocidad hacia la distancia, causando entre los presentes en el salón un gran revuelo por su repentina desaparición…
Moviéndose de este modo, llegó a Gotham en tan sólo 5 segundos y se enfrentó al Hombre-Murciélago en persona, en el interior de un viejo y abandonado depósito en el puerto.
-Felicitaciones. ¿Querías mi atención? Aquí la tienes – dijo el Hombre de Acero, cruzándose de brazos, la mirada soberbia y altiva – ¿Dónde está la bomba?
-Ah. Sobre eso… bueno, me temo que exagere un poquito – Batman sonrió – Lo suficiente, al menos, como para hacerte salir de tu madriguera.
-Eres un demente. Me estás haciendo perder mi tiempo. Voy a matarte y volver al palacio justo para comer el postre…
-Superman, te creía más listo. Puede que la gente común no tenga tu gran velocidad o tu visión de rayos X, pero hay algo que ya deberías saber y es que nunca debes subestimar el poder de la mente humana – Batman se señaló a la cabeza – Llevamos el arma más peligrosa de todas aquí dentro.
Superman resopló, aburrido.
-Desde aquí puedo ver tu cerebro, anarquista, y puedes creerme: no es como para fanfarronear.
-¿Ah, sí?
-Y lo mismo digo de tus cacharros infantiles. Me temo que hace falta algo más que bombas y explosivos para vencerme – el kryptoniano dio un paso al frente. Batman retrocedió. Extrajo un aparato de su cinturón y presionó un botón.
Al instante unas lámparas rojas se encendieron, iluminando la estancia con un brillo color carmesí.
-¿Qué es esto? ¿Luces de colores? – Superman se echó a reír – ¿Esta es tu “arma secreta” contra mí? Que patético.
-¿Eso piensas? ¡Pues déjame mostrarte cuanto te equivocas!
Ante el asombro de Superman, Batman se adelantó y le descargó un puñetazo directo a la mandíbula. Lejos de lo esperado, el golpe hizo tambalear al Hombre de Acero hasta que cayó al piso, escupiendo sangre.
-¡Mein Gott! ¿¿Cómo has hecho esto?? ¿Cómo…?
Batman no perdió tiempo. Sin dejarlo incorporarse, le dio una terrible patada en el estómago.
-No lo entiendes, ¿verdad? – le dijo, mientras seguía pateándolo – Te lo explicaré: ¿ves esas lámparas rojas? Son lámparas solares. Pero a diferencia de las comunes, estas despiden una radiación distinta. Una que emula al sol de tu mundo natal. ¡No tienes poderes bajo su luz carmesí, Superman! Estás terminado.
-¡No!
El Hombre de Acero quiso ponerse de pie, contraatacar con su visión calorífica. Pero el encapotado tenía razón: ninguno de sus superpoderes funcionaba bajo esa luz.
Batman volvió a patearlo y luego le dio un puñetazo. Y luego, otro golpe… y otro, y otro…
-No te desmayes todavía – le dijo, sosteniéndolo por la solapa de su traje y alzando el puño de nuevo – Apenas me estoy calentando. ¡Esto recién empieza!

[1] Arquitecto del Tercer Reich y amigo personal de Hitler. Llegó a planear la renovación de la ciudad de Berlín tras la que creía que sería la victoria alemana después de la guerra.

domingo, 10 de mayo de 2015

Batman: El Sueño de Hierro 05


CINCO
EL ORIGEN DEL MURCIELAGO  

Había una razón, más allá de las obvias, por las que Bruce Wayne odiaba al nazismo. Esta se hallaba en su infancia e involucraba directamente al General Klaus Adler, quien por aquél entonces era simplemente un mero capitán de las SS.
Antes que nada, una aclaración: en esta nueva línea temporal, Bruce no era millonario. Tampoco existían las Industrias Wayne. Tanto Thomas como Martha –sus padres– fueron gente humilde y trabajadora, sospechada por el Partido nazi de esconder y ayudar a escapar de sus garras a personas que el Régimen consideraba “criminales”. Y era cierto: Thomas y su mujer ayudaron a mucha gente a huir de los horrores del Reich y sus torturadores. Y por ese acto de nobleza heroica, el Régimen ordenó que fueran arrestados y fusilados.
Bruce –de nueve años de edad– vio con sus propios ojos cómo Adler daba la orden a su pelotón de ejecución. Observó cómo las balas destrozaron los cuerpos de sus amados padres y hubiera corrido la misma suerte… de no ser por la intervención salvadora del destino.
-No. Dejen al niño con vida – había ordenado Klaus, con una sonrisa sádica en su juvenil rostro – Quiero que viva y sufra en carne propia el oprobio de haber tenido progenitores traidores a la Patria – el militar se acercó a él y lo miró, con satánica diversión – Vete, mocoso. Eres libre. Sospecho que llegará el día en que odiaras este regalo que te he dado… lo cual, me complace y mucho.
…Y Bruce se marchó. Y juró que cuando creciera, se lo haría pagar al militar y a todo el Régimen. Y después de años de arduo entrenamiento físico y mental, se había convertido en Batman.
Ahora, en la actualidad, el momento de su venganza finalmente estaba a punto de llegar. Destruiría a Superman y luego le haría pagar a Adler sus crímenes. Acabaría con los nazis y su política infernal, costase lo que costase.

Batman: El Sueño de Hierro 04


CUATRO
UN PACTO CON EL DIABLO 

Una limusina Mercedes-Benz negra, adornada con banderines con la Svastica en los costados, atravesaba una de las avenidas principales de Gotham un par de noches después. Como pasajero, iba el mismísimo General Klaus Adler, quien miraba el paisaje de rascacielos góticos elevándose a su alrededor con gesto adusto. Pese a su cara de pocos amigos, el conductor del coche no se desanimó e intentó una charla con él:
-Esta ciudad vio tiempos mejores, ¿sabe? Actualmente, da cierta pena. Pese a los toques de queda después de las doces, los criminales no declinan sus malas artes. Al contrario, parecen más activos que nunca. Sin ir más lejos, hay uno que deja en pañales a Batman. Quienes lo han visto, dicen que es un auténtico psicópata peligroso, que va vestido de payaso – hizo una pausa y dio vuelta en una esquina – La cara pintada de blanco, los labios de rojo y el pelo todo verde. Le llaman “El Joker”, porque siempre deja esa carta en el lugar donde comete sus atroces delitos. Si me lo preguntan, un tipo jodido. ¿Usted qué opina, señor?
Klaus lo miró con frialdad.
-Que somos gente grande para tenerle miedo a algo tan idiota como a un payaso. Ahora, cállese y limítese a llevarme a mi destino en silencio, antes de que lo haga fusilar por su insolencia.
El chofer tragó saliva. Asintió y continuó manejando. Un momento después, el coche oficial se detenía ante un camión que esperaba en un semáforo, en una solitaria calle. Cuando el rojo dio paso al verde, se suponía que el vehículo pesado ante la limusina echaría a andar. Eso no pasó. El camión se quedó clavado en su sitio.
-¡Mein Gott! – exclamó Klaus, enojado – ¿Por qué no se mueve? ¡Toque la bocina!
El chofer así lo hizo. El camión siguió sin moverse.
-Qué raro – murmuró, confundido – ¿Será sordo? A lo mejor, se quedó dormido…
-¡No diga insensateces, hombre! ¡Bájese y vaya a mirar! ¡Obligue a ese imbécil a moverse!
El chofer se bajó y se dirigió al camión. Mientras esperaba, el General Adler miró por la ventanilla en otra dirección, soltando una sarta de insultos en alemán. Odiaba Gotham. A diferencia de Metrópolis o Berlín, era una ciudad sucia y desordenada.
Instantes después, el chofer había vuelto. Klaus dejó de observar el paisaje para ver al hombre…
-¿Y? ¿Qué pasó? ¿Se va a mover o…?
El militar enmudeció. Quien se había sentado de nuevo al volante no era su chofer, sino el mismísimo Batman. A través del espejo retrovisor, el enmascarado le dedicó una sonrisa y puso en reversa el vehículo. El coche retrocedió a toda velocidad y luego, dando un volantazo, pisó de nuevo el acelerador, manejando en dirección de un puente cercano, sin detenerse ni aminorar la marcha jamás.
La limusina acabó llevándose por delante el borde del puente y cayendo por él a las heladas aguas del rio.
La caída dejó a Klaus inconsciente. Más preparado, Batman lo sacó de su asiento y nadó con él arrastrándolo hacia un vehículo acuático con forma de murciélago, que aguardaba en la superficie. Una vez dentro de la extraña nave, el enmascarado y su prisionero se marcharon por el rio con destino incierto.  

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Klaus recuperó la consciencia un buen rato después, sólo para hallarse fuertemente atado a una silla en el interior de lo que parecía un viejo bunker enorme. El sitio se veía –y olía– como una oscura y mefítica cueva repleta de murciélagos. De hecho, el mayor de todos ellos estaba parado al frente suyo, con los brazos cruzados sobre su musculoso cuerpo.
-Ah. Ya está despierto, General – dijo Batman, complacido – Bien. Es hora de que usted y yo tengamos una pequeña charla.
-¿Qué? ¿Cómo se atreve a hablarme así? – protestó el militar, rojo de ira – ¿Se da cuenta de quién soy?
-Klaus Otto Adler, hijo ilegitimo de Rudolph Eichman, el anterior Führer del Partido Nacionalsocialista. Actualmente, es usted el líder de las SS – Batman esbozó una media sonrisa – También sé que es usted un hombre egoísta, cruel y secretamente celoso de Superman. Es más: le encantaría deponer a ese alienígena de su puesto con una patada en el culo y ocuparlo usted mismo. Dígame, ¿estoy en lo correcto?
Silencio. El militar miró al Hombre-Murciélago con frialdad.
-¿Cómo diablos ha sabido todo eso? – preguntó.
-Soy detective. Mi trabajo es saber cosas… como por ejemplo, los oscuros secretos del Reich. Información usualmente clasificada de la GESTAPO. ¿Quiere otro ejemplo de lo que sé y cuánto? Ok. ¿Hablamos sobre los campos de la muerte de la Segunda Guerra Mundial? ¿De los seis millones de judíos que exterminaron allí?
-No sé a qué se refiere – Adler miró hacia otra parte, irritado.
-Creo que sí lo sabe, General. Es información que sólo conocen los más altos mandos de las SS. Usted no puede no saberlo. Esos documentos existen. Me pregunto qué sucedería si todo eso sale a la luz del conocimiento público…
-¡No se atrevería a hacerlo!
-¿Qué tengo que perder? En lo que a mí concierne, son ustedes una parva de asesinos sádicos y enfermizos. ¿Por qué no dejar que el mundo sepa la verdad? El precio por el cual han obtenido este “paraíso” actual.[1]
Silencio de nuevo. Klaus miró a Batman directamente a los ojos, con fuerza. El enmascarado no bajó su mirada. La mantuvo firme ante el nazi.
-Muy bien. Asumo que usted me ha secuestrado por algo – dijo el militar – Lo escucho: ¿Qué quiere de mí?
-Colaboración, en cierta medida.
-¿Para qué?
-Para matar al Führer… para liquidar a Superman.
-¿No cree que si supiera como hacerlo ya lo hubiera hecho?
-Pienso que es usted un muy mal mentiroso, General. La ciencia alemana se vio beneficiada enormemente con los conocimientos extraterrestres traídos por Superman. Tiene que haber algo allí que podría ser utilizado contra él…
Klaus vaciló. Sólo un momento.
-Tal vez lo haya – admitió – Supongamos que sí. ¿Yo que gano con todo esto?
-Por lo pronto, seguir con vida un tiempo más. Cuando acabe con ese dictador alienígena, usted es el siguiente en la lista.
-Ese no es un buen trato…
-Tómelo o déjelo – Batman se encogió de hombros – Es el único trato que le haré. Si no quiere colaborar, simplemente me iré y lo dejaré aquí, solo – bajó la voz – No quería decírselo, pero hay ratas en este sitio… y están hambrientas. Muy hambrientas. ¿Me entiende?
El militar se mordió el labio inferior y sopesó sus opciones. Cerró los ojos y luego, sonrió con malevolencia.
-Muy buena jugada, Batman. Lo felicito – suspiró – Está bien. Colaboraré con usted. De todas maneras, fracasará en destruir a Der Führer.
-Eso déjemelo a mí. Ahora, sea buen chico, General, y dígame lo que quiero saber. 


[1] Cabe otra aclaración: los horrores de la Alemania Nazi pudieron saberse completamente cuando la guerra acabó. Hasta el momento, la barbarie del holocausto era un rumor a voces entre los prisioneros. En este relato, esta línea temporal alternativa presenta un panorama desolador, pero plausible: si Hitler y su tropa hubiesen ganado la guerra, el exterminio de más de seis millones de personas hubiera quedado enterrado en el más oscuro de los secretos, el cual, el Régimen Imperante estaría desesperado porque no se supiese públicamente nada sobre ello. De ahí viene la fuerza del chantaje de Batman al General Klaus Adler.