lunes, 29 de junio de 2015

Batman & Superman New 52: Siguen los desatinos de DC…


Antes de que el planeta Krypton explotara, el pequeño Kal-El fue enviado a la Tierra en una nave y llegó a Smallville (Kansas), donde los Kent le adoptarían y sus extraordinarios poderes le permitirían asumir la identidad del Hombre de Acero. En Gotham City, un niño llamado Bruce Wayne perdería trágicamente a sus padres en un atraco callejero y consagraría su vida a evitar todo crimen parecido con su cruzada personal como el Caballero Oscuro. Juntos son los mejores del mundo: Superman y Batman.
 Tras encontrarse por primera vez en Gotham City, bajo sus identidades civiles de Bruce Wayne y Clark Kent, Batman y Superman emprenden una aventura conjunta como adversarios en Metrópolis... Pero entonces son conducidos a otra dimensión, Tierra-2. Atrapados en otro mundo por una misteriosa enemiga, Batman y Superman se enfrentan a sus contrapartes de ese planeta, e intentaran buscar una forma de regresar a su Tierra.
MI OPINION:
Lo confieso: sólo he leído los primeros siete u ocho números de esta serie de comics. Me bastaron para no querer abordarla más.
La sinopsis de más arriba corresponde al primer arco argumental de la misma (Cross World), el que –básicamente– abre la serie… además de servir de “precuela” para los Superman & Batman que salían brevemente al principio de “Earth-2”. ¿Y qué puedo decir de ello? Que es un asco, es decir poco. Podria decir que no pasa nada relevante… que los dibujos son HORRIBLES… y seguiría quedándome corto.
No me gustó. La verdad es que después de New 52, ya no reconozco ni a Superman ni a Batman y pese a que el nuevo diseño de los trajes es lindo, la cosa sólo se queda en eso.
Como dije más arriba, tan espantado quedé que lo mío fue simplemente entrar a ver, observar el espanto, e irme raudamente para nunca jamás volver. Ni que decir que, de salir publicados alguna vez en papel, no compraría esta colección de comics ni por todo el oro del mundo.
El NUDC (Nuevo Universo DC para el neófito) da pena. Bajo el slogan “queremos atraer a publico nuevo” los directivos de la empresa, más los nuevos guionistas & dibujantes han DESTRUIDO, ARRUINADO un universo ficticio que solía ser hermoso.
Me da tanta bronca, que prefiero no seguir malgastando mí tiempo hablando del tema, fíjense como es… :P
Saludos a todos.

viernes, 26 de junio de 2015

El Reich Africano, de Guy Saville


África, 1952. La esvástica ondea desde el Sáhara hasta el océano Índico. Unas relucientes autopistas bisecan la jungla, mientras los reactores de caza patrullan en el cielo. Gran Bretaña y una victoriosa Alemania nazi se han dividido el continente, pero ahora los planes de Walter Hochburn –el arquitecto del África nazi–, amenazan a las debilitadas colonias británicas.
En Inglaterra, el ex mercenario Burton Cole es reclutado para un trabajo que le permitirá saldar una cuenta pendiente con Hochburn, a pesar de los recelos de la mujer a quien ama. Si Burton fracasa, toda África será presa del horror y nadie estará a salvo.
Sin embargo, cuando su misión se ve abocada al desastre, Burton tendrá que huir para recuperar su propia vida. Su periplo le llevará desde los campos de batalla del Congo hasta las granjas de esclavos de Angola, mientras una gran conspiración lo guía al corazón del Reich Africano…
MI OPINION SOBRE ESTE LIBRO:
Excesivamente largo. Si tuviera que definirlo en pocas palabras, serian esas. Y otras serian: “Mucho ruido… pocas nueces”.
Esta novela (ucronia donde los nazis ganan temprano la Segunda Guerra Mundial y conquistan toda Europa y África; es en este último lugar donde se desarrolla toda la acción) sólo funciona al principio. Cuando se inicia, los primeros capítulos no tienen nada que envidiarle a una película de Rambo o aquellas de Chuck Norris (pongamos “Comando” o “Desaparecido en Acción”). Y no exagero. Pero el asunto –como ya he dicho– sólo funciona los primeros capítulos… luego, toda la trama comienza a hacer agua y a estiraaaaaaaaaaaarse hasta que uno lee deseando que se acabe de una buena vez.
El disfrute del inicio, se convierte así en un auténtico padecimiento. L
Y lo peor es que, cuando llega el susodicho final, a uno le queda sabor a poco en la boca. Creo firmemente que el autor perdió el eje de la historia a la mitad y que esto fue lo único que pudo concebir para cerrar la trama. No quiero spoilear a nadie, así que no diré ni “mu”, pero yo en lo personal, esperaba otro final.
Pero ya saben cómo es esto: “Sobre gustos…” y lo que sigue.
EN SINTESIS:
Libro regular. Y largo. 400 y pico de páginas no significa que algo vaya ser –precisamente– bueno. Una pena, ya que la novela pintaba bien pero luego hace agua.
Saludos a todos.

martes, 23 de junio de 2015

Cómo te extraño, viejito…


Mañana mi padre hubiera cumplido 66 años de edad. Cuando este mes se termine, habrán pasado 2 meses desde que se fue y nos dejó. Desde que el maldito cáncer nos lo llevó. Y francamente, debo decir que se lo extraña y mucho.
La relación con mi padre no fue fácil. Siempre existió entre los dos una especie de “tire y afloje”. Hubo momentos en que –creo que es algo que también suele suceder en otros hogares– estuvimos peleados... Pero siempre tuve presente que era mi padre y como tal, pese a todo (y sobre todo, por eso), siempre lo respeté.
Hoy, en casa, se lo extraña. Muchísimo.
Mi madre, por ejemplo. Yo siempre lo digo: mi hermano y yo perdimos un papá, pero ella perdió al compañero de su vida.
Hay horarios donde se siente más su falta. La tarde, cuando solía volver cansado del trabajo. Yo siempre era el que lo atendía, el que lo ayudaba a quitarse la pesada ropa y luego lo acompañaba a que se recostara un rato. Hay algo que sí puedo decir de mi viejo con total certeza: que era un tipo laburador. Pero un laburador de enserio, “groso”. Hubo un tiempo en que trabajó hasta en la cocina del Banco Nación y tenía que viajar de nuestra humilde Lomas de Zamora hasta la Capital Federal tomando una serie de colectivos y trenes. Y se la bancaba. Salía a las 4 y pico de la mañana y volvía por la tarde… y miren que hay que salir a trabajar a esa hora tan temprana.
Hay otros horarios, ya por la noche, en los cuales lo echamos mucho de menos. Horarios de ciertos programa de la tele que le encantaban y que veía. “Showmatch” de Marcelo Tinelli, por ejemplo. O los canales de cocina. O los programas que enseñaban oficios del canal Encuentro. Incluso, uno de sus últimos programas favoritos fue el de Julián Weich… programa de cocina el cual, dicho sea de paso, terminaron levantando finalmente de la grilla televisiva en la misma semana en que él falleció. Casualidades no casuales, lo que se dice, tal vez…
Mi madre lo extraña sobre todo cuando va a ver una peli en la compu. “No hay nada en la tele. Dale, pone una peli de zombis”, decía el viejo y ahí se ponían los dos a ver algunas películas de terror de muertos vivientes. O veían series juntos, como la de “The Walking Dead”.
Sí… creo que todos nosotros, cada uno a su medida, lo estamos extrañando al viejo. Y todos nosotros somos conscientes de que es verdad lo que reza el dicho: “la vida continua”. Lo que pasa es que hay veces en que uno se pregunta cómo hacer para continuar…
Pero, ¿Qué otra cosa hacer, si no es seguir hacia adelante?
Papá vivirá para siempre en nuestros corazones. Y tanto para mi madre como para mí, que somos creyentes, sabemos que él sigue existiendo y que desde “allá arriba” vela por nosotros.
Mañana hubieras cumplido 66, viejo. Feliz cumple. Te quiero mucho. Gracias por darme la vida.
Gente, un abrazo. Nos seguimos leyendo por aquí.

domingo, 21 de junio de 2015

…Y DC lo hizo otra vez…


Hace tiempo atrás, les contaba que estaba leyendo la nueva serie regular de comics de la SJA (Sociedad de la Justicia de América) de Tierra-2 y lo buenos que –hasta ese momento– eran. Como me habían dicho, justamente, con la partida del guionista de la primera etapa, las cosas –que venían de aires frescos y muy interesantes– cayeron al barranco. Literalmente hablando.
El arco argumental se llama “World’s End” y enfrenta a los héroes de la renacida Tierra-2 contra las fuerzas de Apokolips. Suena bonito y súper interesante, pero de los dos números que voy leyendo de esta nueva etapa, siento que la colección ha perdido el rumbo. En el camino, hubo que meter con calzador un nuevo Batman (que no es tan nuevo; debutó en “Flashpoint”, la serie que acabó de poner patas para arriba todo el UDC) y a un nuevo Superman (una versión cándida de piel oscura del Gran S, que no le llega ni a los talones). Estos hechos, más los nuevos guionistas, han causado que “Earth-2” acabe volviéndose todo lo contrario a lo que era cuando comenzó. Además, de dejar de lado a los personajes importante del arranque, como Green Lantern, Flash, Hawkgirl, el Dr. Fate y demás.
Una pena, la verdad. Pero previsible.
…Otro traspié de DC Comics y van… L

Superman: Earth-2 (Diez)


10
SEGUIR ADELANTE  

Puede que la guerra hubiera terminado, pero quedaban secuelas, consecuencias imborrables para todos los implicados.
La Tierra tardaría años en sanar. Luthor y su gente habían empezado a trabaja en ello, pero la recuperación del ecosistema llevaría tiempo. Mucho tiempo. Puede que varias décadas, antes de estabilizarse por completo.
Existían, sin embargo, heridas más difíciles de curar. Heridas profundas, del alma. Heridas que dejaban cicatrices imborrables en el corazón.
Superman estaba triste. No era una tristeza pasajera. Era un dolor desgarrador en su espíritu. Sabía que Darkseid tenía razón en algo: su nobleza –de alguna manera– había sido manchada.
Había matado. Había quitado una vida. Deliberadamente.
¿Cómo se hacía para volver de eso? ¿Cómo podía confiar en que nunca más se vería en una encrucijada semejante? La vida podía ponerlo otra vez en esa posición en la cual, debería decidir. ¿Podría soportar alguien como él –con todos los poderes y dones que tenía– volver a ser juez, jurado y verdugo? Sabía que no. Como también sabía que aquel acto tendría consecuencias.
-Tarde o temprano, la justicia de Dios llega a todos, hijo – solía decirle Jonathan Kent, su padre adoptivo – Ten presente que, si haces cosas malas, el Señor sabe lo que has hecho, conoce tu pecado… y, con el tiempo, Él hace llegar Su justicia de manera implacable. Por eso, sólo debes hacer cosas buenas. Es la única forma en que el Señor pueda recompensarte.
-¿Cómo puede Dios premiarme? – había preguntado un inocente Clark Kent, quien con sus pocos años de edad por aquél entonces, se tomaba ese tema y aquellas cuestiones muy seriamente.
-Con una vida larga y prospera – fue la respuesta que recibió – Con amor y personas que te quieren mucho y se preocupan por ti… tu madre y yo, por ejemplo.
-Ay, Pa… Cuanta falta me haces en este momento – exclamó en voz alta, en el momento presente. Parado frente a él, Lex Luthor interrumpió su discurso y enarcó las cejas. Se dio cuenta entonces que el hombre calvo había estado hablándole desde hacía rato, pero que él no le prestó atención, sumergido como estaba en su dolor personal – Lo siento. ¿Qué me decías?
-Que pronto podré devolverte a tu mundo – continuó Luthor – Habrá otra “ventana de oportunidad” y mi generador de Boom-túneles estará listo para llevarte a casa.
-¿No habrá complicaciones?
-No debería haberlas. Tengo todo fríamente calculado.
Silencio. Superman no dijo nada. Luthor lo observó detenidamente.
-Clark, ¿Qué sucede? Algo va mal… muy mal. Eso es evidente.
-He matado a alguien, Lex. ¿Qué otra cosa podría ser peor que eso?
-No sé… tal vez no haber hecho nada.
Silencio de nuevo. Luthor le puso una mano en el hombro.
-Clark, quiero que lo comprendas: no existía otro camino. ¿Qué otras opciones tenías?
-No lo sé, Lex. Tal vez debería haberlas buscado, ¿no te parece?
-Tu doble ya no tenía remedio. El efecto de la Kryptonita negra era permanente. Kal-El nos hubiera matado a todos si no lo hubieses detenido.
-Siempre hay otras opciones. Podría haberlo enviado a la Zona Fantasma, por ejemplo…
-Imposible. El proyector fue destruido. Tú mismo me dijiste que la Fortaleza estaba en ruinas. Kal-El debió prever esa posibilidad. Por eso –entre otras cosas– destruyó el lugar.
-Podría haberlo encerrado en alguna parte…
-¿En dónde? Honestamente, con una mano en el corazón, dime la verdad: ¿Hay algún sitio, alguna prisión que pueda detenerte? – Superman no respondió – Sabes que no. Por eso, Clark, no había otro camino que el que escogiste. No había otra solución.
-Matar no está bien. ¡No puedes pretender que lo acepte!
-Yo no he dicho exactamente eso, pero como te dije, no existía otra opción. Esto es algo con lo que tendrás que vivir y que tendrás que procesar tú mismo. Mi consejo es que no le des tantas vueltas al asunto. Las cosas se dieron así y gracias a ello, millones de vidas han sido salvadas.
Luthor se volvió para mirar al horizonte. Las nubes cancerígenas lentamente se retiraban del cielo. El Sol del amanecer volvía a brillar sobre la castigada Tierra después de tanto tiempo.
-Hay un asunto que debo tratar contigo – le dijo, luego de un rato – Kara ya sabe la verdad. Se la he dicho.
-¿Le dijiste que era un clon de mi prima?
-Sí.
-Pensé que no era una buena idea…
-No la era mientras estábamos en guerra contra Apokolips. Ahora, no veo razón para mantener el secreto.
Una pausa. Otra mirada al horizonte.
-¿Y bien? ¿Cómo lo ha tomado? – preguntó Superman.
-Lo está procesando. Es una chica fuerte, no tengo dudas de que lo superará. Pero ese no es el punto. Hay otra cuestión.
-¿Cuál es?
-Ahora que conoce la verdad, ella se quiere ir contigo.  

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Superman se encontró con Kara momentos después en el interior de su apartamento en New Metrópolis. Ambos hablaron sobre la cuestión:
-¿De verdad estás dispuesta a venir conmigo? – le preguntó él.
-Sí, lo estoy – contestó ella, sin vacilar – Desde que nos conocimos, he sentido una afinidad muy fuerte contigo. Incluso, cuando yo creía que Kal-El era mi primo y que tú sólo eras su doble de otro universo. Ahora que conozco la verdad, sé que no me estoy equivocando. Quiero ir contigo. Quiero ser la Kara Zor-El que debería haber sido a tu lado, en tu mundo.
Superman la tomó de las manos, profundamente conmovido por sus palabras. En todo el trago amargo que había sido ese viaje a aquella otra Tierra, Kara resultó un bálsamo, una brisa de aire fresco. ¿Cómo podía decirle que no a aquella bella rubia veinteañera de ojos celestes y unas grandes ganas de vivir?
-Kara, sostener tus manos entre las mías ya es un milagro en sí mismo. Nunca pensé que podría volver a suceder. De modo que sí… te doy la bienvenida a mi mundo y a mi vida.
Los dos se abrazaron, sellando con este gesto tierno un lazo familiar que jamás podría romper maldad alguna en el universo. Ni en ese, ni en ningún otro del Multiverso infinito.  

EPILOGO UNO
CONSECUENCIAS 

Granja Kent.
Al amanecer…
Conner hacía rebotar aburrido una pelota contra el suelo mientras se encontraba parado en la puerta de la vieja casa. La actual y solitaria granja de la familia Kent, cerca de Smallville, se había convertido en su nuevo hogar cuando llegó del futuro a esta época. También, la antigua casa familiar oficiaba las veces de “Fortaleza de la Soledad” más económica para Clark cuando le hacía falta alejarse de todo y de todos y, simplemente, desenchufarse del mundo y sus problemas.
De modo que ahí estaba el joven Superboy, en su “traje de civil” –playera negra, pantalones vaqueros y zapatillas– haciendo rebotar una pequeña pelota contra el piso, aburrido. Esperando tener noticias de su amigo, desaparecido en acción tan sólo 24 horas atrás, nada más.
-¿Dónde rayos puede estar? – comentó, en voz alta. Justo en ese momento, el Boom-tubo de Luthor se abrió ante sus narices y Superman (acompañado por Supergirl) volvió a su universo de origen, surgiendo de él – ¡Al fin! ¡Clark! ¡Has vuelto! ¿Estás bien?
-Sí.
-Gracias a Dios – el muchacho se fijó en la chica – ¿Y ella?
-Conner, te presento a Kara Zor-El. Mi prima.
-Hola – saludó la chica, tímidamente. Llevaba un gran bolso con sus pertenencias colgado al hombro.
-Hey. Hola – Superboy sonrió y le estrechó la mano afectuosamente – Tienes un montón de cosas que contarme, Clark. Parece que, donde sea que hayas ido, has estado bastante ocupado…
-En su momento lo haré. Ahora, necesito saber qué pasó con Ohm.
-Ah, no te preocupes. Fue cosa fácil. Luego de que te desvaneciste en el aire, no me quedó otra que pelear contra él. Hallé el punto débil de su armadura y logré derrotarlo. Las autoridades le han quitado su traje y se lo han llevado preso. Lexcorp presentara cargos contra él. Seguro que dentro de poco le van a esperar unas bonitas y largas vacaciones en alguna prisión de máxima seguridad. Pocantico, tal vez, o Stryker Island – Conner hizo una pausa. Observó que Superman lucía serio… muy serio – ¿Y tú, Clark? ¿Dónde rayos estuviste?
-Te lo contaré después. Hazme un favor, Conner.
-El que sea. Sólo dímelo.
-Pasaré la noche por ahí. Necesito… alejarme un poco. ¿Podrías ayudar a Supergirl a establecerse? Acomódala en alguna habitación de la casa y luego charlen un rato. Cuéntale cosas de nuestro universo y ayúdala a aclimatarse. ¿Harías eso por mí?
-Seguro. ¿Algo va mal?
-Pues… necesito estar solo, es todo – Superman se volvió hacia Kara. La besó en la frente – Todo irá bien, ¿sí? Conner es amigo. Te quedaras con él hasta que vuelva.
-¿Lo harás?
-Por supuesto. Volveré. Te lo prometo.
El Hombre de Acero remontó vuelo. Desapareció en el cielo de la mañana.
-Así que “Supergirl” – Conner le puso una mano en el hombro, amistosamente – Bienvenida. Ven conmigo. Vamos a ver tu habitación… y a charlar. Hay un montón de cosas que me muero por saber sobre ti…  

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SUPERMAN.
Es extraño volar ahora y sentir el viento fresco contra mi cara, después de oler la atmosfera pestilente de aquella otra Tierra. Extraño pensar en los millones de seres humanos que habitan este planeta, haciendo sus vidas cotidianas, inconscientes de la masacre que aniquiló a sus réplicas…
Y es extraño, también, que ante sus ojos todavía sigo siendo Superman, el héroe. El intachable campeón que lucha por la verdad y la justicia. Pero yo sé –y muy bien– que a partir de ahora, algo cambió. Que las cosas nunca volverán a ser las mismas…  

EPILOGO DOS
LA OSCURIDAD VIENE LLEGANDO  

Los límites del universo.
Al mismo tiempo.
Un vórtice interdimensional se abrió en mitad del negro vacío del espacio. Un planeta entero lo cruzó y se estacionó allí. Un mundo tétrico y demoniaco: Apokolips.
-Transferencia exitosa, Milord – le comunicó Desaad a Darkseid – Hemos penetrado al nuevo universo intactos. Ya estamos sincronizándonos con él.
-Excelente – el Señor Oscuro miraba al horizonte, hacia las lejanas estrellas – Ah, Desaad… He aquí un sitio digno de mi atención y mi presencia. ¡Aquí hallaré desafíos verdaderos! Diles a nuestras fuerzas que se preparen y que estén listas. ¡El momento de otra guerra se aproxima! Y pienso ganarla.

sábado, 20 de junio de 2015

Superman: Earth-2 (Nueve)


9
EL FIN DE LA GUERRA  

El cruel amo de Apokolips observó a Superman. Luego, miró a su contraparte maligna tirada en el piso, muerta por la exposición a la Kryptonita. Y su pétreo rostro se curvó con una sonrisa siniestra.
-Maravilloso. Sin duda, una resolución magnifica – dijo – ¡El héroe más grande de todos, suciamente manchado por una muerte! Ah… la nobleza perdida. ¡Qué tragedia! Que tragedia.
El Hombre de Acero se volvió hacia él. Lo enfrentó.
-En mi universo, te derrotamos…[1]
-Lo sé – Darkseid suspiró – Sin duda, no todos nuestros gemelos pueden ser como nosotros. Mi contrapartida en tu mundo… se confió demasiado. ¡Un error que yo no cometeré jamás!
-¿Qué quieres, Darkseid? ¡He derrotado a tu campeón! ¡Ya no tienes nada que hacer aquí! Vete y deja a este mundo en paz.
-Normalmente, no te haría caso y avanzaría sobre tu planeta adoptivo con todas mis tropas, arrasando lo poco que queda. Pero he decidido que aquí ya no existen desafíos para mí. ¿Qué valor tiene tomar, al fin de cuentas, un mundo arruinado, gastado como este? Ninguno.
-¿Entonces…?
-Oh. Sólo he venido a saludar y decir “hasta luego” – Darkseid le dio la espalda. El Boom-tubo volvió a abrirse. Se detuvo un momento antes de cruzarlo – Creo que puede que tú y yo pronto nos convirtamos en vecinos. ¿Quién sabe? El Multiverso es grande y las posibilidades, infinitas.
El Señor Oscuro se marchó. Superman se acercó a Kara y la ayudó a ponerse de pie. Entre ambos observaron cómo los Parademonios se iban en otros portales de luz, siguiendo a su amo como perros fieles, abandonando el campo de batalla sembrado de cadáveres y de naves destruidas.
Y más, todavía. Mirando hacia el cielo, pudieron ver cómo el planeta Apokolips se movía, alejándose velozmente de la órbita terrestre e, incluso, abandonando el sistema solar.
Una solitaria aeronave aterrizó cerca de los dos superhéroes. Luthor bajó de ella y se les unió. Vio al planeta endemoniado alejándose a lo profundo del espacio, sorprendido.
-¿Qué sucedió? – preguntó.
-Darkseid se ha ido – le contestó Kara – La guerra ha terminado. Ganamos por abandono.
-¿Así nomas? No tiene sentido.
    -Últimamente, nada parece tenerlo – dijo Superman, sombrío – Sospecho que, pese a todo, esta no será la última vez que veremos a Darkseid…


[1] Afirmación verdadera, la de Superman. Para más datos, remito al lector interesado a mi relato “Universo DC: La Noche Final”.

Superman: Earth-2 (Ocho)


8
LA DECISIÓN MÁS DIFICIL DE SU VIDA 

El Polo Norte.
Superman volaba sobre hielos y glaciares en una tierra todavía blanca e inmaculada. Los polos eran, quizás, unas de las pocas zonas que todavía mantenían su virginidad prístina intacta desde que la guerra contra Apokolips comenzó.
Finalmente, gracias a su aguda vista, el Hombre de Acero encontró lo que andaba buscando. Se trataba de una estructura cristalina de aspecto alienígena y artificial: la Fortaleza de la Soledad.
Descendió dentro de ella y la halló destruida. Se esperaba aquello. Cuando su contrapartida en ese otro universo se volvió oscura, sin duda uno de sus primeros actos viles fue el de profanar el legado de su Krypton. ¿De qué mejor manera podía hacer eso que reduciendo a escombros aquél sitio?
“Este es el único lugar donde, de quedar algún fragmento de Kryptonita, debería estar. Hora de buscar bien, Clark. Fíjate minuciosamente en cada rincón. Observa con tus rayos X cualquier anomalía que pudiera habérsele pasado por alto a tu iracundo doble…”
Así lo hizo. Escudriñó cada centímetro de la Fortaleza, sin dejar ni un sitio sin revisar… y halló lo que quería.
En lo más profundo de la construcción en ruinas, bien escondido aun para él si no lo estuviera buscando, encontró un contenedor de plomo. No le hacían falta muchos datos. Existía una sola cosa que ese contenedor podía albergar en su interior. Pero, por si le quedaban dudas, cuando sacó el cilindro de su lugar de reposo halló sobre su superficie escrito en lenguaje Kryptoniano lo que llevaba dentro.
¡Kryptonita! Kryptonita verde.
“Muy bien, ya la tengo. Ahora viene la decisión más difícil de mi vida”, pensó. Echó a volar velozmente de regreso hacia territorio estadounidense, con el corazón agarrado por un puño, sobrecogido por la angustia, “¿Seré capaz de hacerlo?”, se preguntó durante todo el trayecto.  

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En la zona de guerra, esta iba mal para el bando humano. Las naves aéreas terrestres habían sido aplastadas por los Parademonios, destruidas. Tanto Wonder Woman como Flecha Verde –los dos únicos superhéroes que, junto con el difunto Batman, quedaban con vida de la Liga original– resultaron superados en número por las hordas de Darkseid y murieron de la peor manera…
Todo parecía perdido. Tan sólo Supergirl resistía, pero estaba a punto de perder. Ya cansada de eludir a su rival y de distraerle, la Chica de Acero tuvo un momento de descuido… descuido que fue usado por el Superman oscuro para apalearla sin miramientos y tirarla al piso. Colocándole una bota encima de manera triunfal, el villano se dispuso a ejecutarla.
-Felicitaciones, Kara. Me has hecho sudar – le dijo, con una sonrisa sádica en el rostro – Costó capturarte, pero a la final lo hice. ¡Llegó el momento de hacerte pagar tu osadía! Llegó el momento de que mueras…
Cerró un puño. Una adolorida Kara esperó el fatal desenlace, sintiendo bronca e impotencia por no haber podido dar lo mejor de sí misma y cumplir con su misión… pero Kal-El resultó ser más fuerte que ella y ahora iba a matarla.
-¡Detente! – gritó alguien. Supergirl suspiró, aliviada. El Superman benévolo había vuelto y ya enfrentaba a su doble perverso con algo entre sus manos. ¿Qué era? Parecía un cilindro, un contendedor de alguna clase.
-¡Al fin has vuelto! – festejó el malvado – ¡Justo a tiempo! Mira a tu alrededor, “hermanito”. Observa cómo la gloriosa tropa de Darkseid ha liquidado al ejército terrestre. ¡Ahora, sólo es cuestión de segundos nada más! Segundos, que es lo que nos tomará penetrar en esa ciudad subterránea y masacrar a todos los humanos tontos y débiles que se esconden allí. ¡Yo, personalmente, los mataré uno por uno! Será divertido, ya verás.
-Has ido demasiado lejos – dijo Superman, gravemente – Eres el responsable de la muerte de seis mil millones de seres humanos inocentes. ¡Seis mil millones de vidas! ¡Las asesinaste cruelmente! ¡A todas!
-¡Sí! – su contrapartida se alejó de Kara. Lo enfrentó directamente – ¡Sí, lo hice! ¡Todo, por la gloria de mi dios! ¡Todo, en honor al todopoderoso Darkseid, mi verdadero padre! Sí, lo hice – sonrió – ¿Y qué? ¿Qué puedes hacerme tú, idiota? Llevas el mismo traje y la capa que yo utilizaba antaño, de modo que debes regirte por un patético código de moral y justicia. Veneras la vida. ¡Incluso, la mía! – rió – Y eso es lo que te hace débil.
Silencio. Superman y su doble siniestro se miraron a los ojos, sosteniéndose la vista ambos. Ninguno parecía dispuesto a ceder ni medio milímetro.
-No soy débil – respondió el Hombre de Acero – Tú eres débil. Sucumbiste al lado oscuro. No luchaste contra la negrura de Darkseid. La aceptaste sin más. No puedo culparte por eso… la culpable es la radiación de la Kryptonita negra. De lo que puedo culparte, es del genocidio que siguió. Eras consciente de lo que estabas haciendo y, en el fondo, no te importó.
-¿Cuál es el punto? – el otro bostezó – ¡Ve al grano!
-El punto es que la Kryptonita negra tan sólo fue un catalizador para la oscuridad que yacía latente en ti. Créeme: lo sé muy bien. Aunque de diferentes universos, eso lo entiendo perfectamente, puesto que yo también tengo un lado oscuro.
-¡Entonces deberías abrazar la negrura, como yo lo hice!
-Ese sería el camino más fácil. No, mis padres terrestres me enseñaron cómo son en verdad las cosas, lo que está bien y lo que está mal. Porque hay un Bien y un Mal en el universo (sea cual fuere ese universo)… y tú has elegido el camino del Mal.
-¿Y? Te lo repito: ¡No puedes hacer nada para detenerme! ¡Nada!
-Te equivocas en eso – Superman comenzó a destapar el contenedor, enfocando la abertura hacia su doble – Lo que voy a hacer ahora, es lo más difícil que tuve que hacer nunca… pero soy el único que puede hacerlo. El único que tiene y puede cargar con esta cruz, con este pecado imperdonable. El único que, en este caso, puede ejercer de juez, jurado… y verdugo.
Abrió el contenedor. El brillo esmeralda de la Kryptonita iluminó la faz del Superman oscuro, quién palideció al ver aquél ultimo fragmento, el único que se le había escapado destruir.
-¡No, no, no! – aulló, doblándose de dolor. Las mortíferas radiaciones comenzaban a hacerle efecto. Parado detrás del contenedor, el Hombre de Acero estaba a salvo, lo mismo que Kara, quien yacía todavía tirada en el suelo bastante lejos… llorando por lo que sucedía – ¡No! ¡No puede ser…! ¡NO!
El Superman oscuro se desplomó. Tuvo convulsiones y se sacudió. Suplicó por su vida… y luego, murió.
Se hizo el silencio otra vez, mientras que el otro Superman cerraba el contenedor y guardaba de nuevo la Kryptonita. Miró al cadáver de su contraparte y cerró los ojos un momento.
…Y como Kara, también lloró…
Pero parecería que no habría ni tiempo para lamentaciones, puesto que un enorme Boom-tubo se abrió en el aire y el mismísimo Darkseid en persona emergió de él, los ojos fieros brillando de color escarlata.
 

Superman: Earth-2 (Siete)


7
LA ÚLTIMA ESPERANZA 

Superman volaba sobre las ruinas de Metrópolis, siguiendo la pista de su doble. En mitad del feroz combate entre ambos, su versión oscura había –aparentemente– huido en esa dirección. Sin duda, se trataba de una especie de estrategia de combate.
Así que, con pesar por tener que alejarse de la batalla aérea de las fuerzas terrestres contra los Parademonios, fue tras él, sobrevolando un territorio que le era dolorosamente familiar.
La Metrópolis de aquella Tierra había sido arrasada, destruida totalmente. Lo único que se levantaba a su paso eran los cascarones carbonizados de los edificios. Nada más que ruinas de lo que antiguamente fuera una orgullosa ciudad.
Su doble oscuro lo sorprendió al surgir de detrás del esqueleto calcinado del Planet, arrollándolo como un bólido. Le encajó un puñetazo y luego otro, y otro…
¡Había caído en una emboscada! Un grave error de su parte que podía costarle todo. Fácilmente, el Superman oscuro lo levantó con sus brazos, aprovechando su aturdimiento, y lo arrojó hacia el suelo, enterrándolo literalmente en él por la fuerza del impacto.
“Esto no está bien”, pensó el Hombre de Acero, “Esta versión oscura de mí mismo es totalmente imparable. ¡Es más rápido y más fuerte! Sin duda, no tiene ningún freno moral. ¡Me matará en la primera oportunidad que tenga, a menos que sea más cuidadoso!”
-¿Qué sucede, “Superman”? ¿Ha sido demasiado para ti? – se mofó su doble, aferrándolo del cuello y desenterrándolo. Con suma facilidad, lo levantó en el aire y lo sacudió como a un muñeco. Lo empotró contra los restos de una pared, provocando una lluvia de ladrillos y cascotes sobre él – Muy pobre, lo tuyo. No sé de donde seas ni cómo hayas llegado aquí, pero me temo que este es tu final. De modo que te daré dos opciones: te rindes, aceptas a Darkseid como tu único Señor y Dios, y te mato. O no te rindes, no aceptas a Darkseid como tu Señor y Dios, y te mato igual. ¡Tú eliges!
-Creo que ya conoces cuál sería mi respuesta a eso…
-¿Ah, sí?
-Es la misma que tú elegirías si no estuvieras bajo el yugo de Darkseid.
Los ojos del Superman malvado brillaron escarlatas con la proximidad de la visión calorífica. Se disponía a quemar a su rival, a incinerarlo totalmente.
-¡Muere! – gritó.
-¡No! – gritó a su vez Supergirl, apareciendo en el lugar como un borrón rojo y azul y derribándolo de un puñetazo en la mandíbula. El Superman oscuro rodó por el suelo plagado de escombros y quedó –en apariencia– fuera de juego, inconsciente.
-¿Kara? – preguntó el Superman benévolo, asombrado.
-¿Estás bien? – la chica se volvió hacia él, preocupada.
-Sí, pero… ¿Qué haces aquí?
-Lex me dejó venir a ayudar. Estoy lista para pelear en esta batalla.
Superman la observó. Vio decisión en sus bellos ojos celestes. Decisión, coraje y fuerza.
“Dios mío”, pensó, “Es tan parecida a mi Kara… pero, ¿no es acaso un clon de ella? Es como si fuera ella en verdad”.
-Está bien. Pero esto está lejos de terminar todavía – miró a su contrapartida maligna. Estaba recuperándose velozmente. En unos instantes, estaría de pie otra vez – Escucha, Kara: he estado pensando en lo que Lex me dijo sobre la Kryptonita verde…
-Kal-El localizó toda la que había en la Tierra y la destruyó – Supergirl asintió – Conozco esa historia.
-Creo que hay un lugar donde puedo hallar al menos un último fragmento… Escucha con atención, ya que voy a pedirte algo sumamente difícil.
-Te oigo.
-Necesito que distraigas a mi doble. Lo suficiente al menos, hasta que yo regrese. Tratare de ser lo más rápido que pueda. ¿Crees que podrás hacerlo?
Kara sonrió.
-Claro. Ve. Yo mantendré ocupado a Kal-El.
Superman alzó vuelo. Mientras volaba rápido por el cielo en dirección al norte, deseó fervientemente no haberse equivocado. Su doble bien podría matar a Kara sin titubear. Era capaz de semejante aberración y de más, no le cabía ninguna duda. Odiaba pensar que –tal vez– podría volver a perder a su prima… pero no tenía más opciones. Debía ir él personalmente hacia ese lugar sí o sí y si hallaba lo que buscaba, luego tendría que tomar una decisión. Una decisión que no iba a ser fácil ni bonita.  

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Mientras el Hombre de Acero volaba hacia su destino, su doble maligno acabó de recuperarse y se puso de pie.
-¿Dónde está ese cobarde? – rugió, al no verlo – ¿Acaso ha huido como la sucia rata que es? – observó a la chica y frunció el ceño – Vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí? ¡La bella Kara Zor-El! Mi supuesta prima, venida también de Krypton. ¡Qué alegría inmensa! Ahora que al fin te tengo frente a frente, podre darme el gusto: ¡Te aplastaré y te haré gritar como a un cerdo en el matadero!
Supergirl aspiró una amplia bocanada de aire. Luego, lo soltó en un soplido tremendo. El viento huracanado dio de lleno en el Superman oscuro y lo arrojó hacia el horizonte, eyectándolo. No pasó mucho tiempo hasta que volvió, más furioso que nunca, dispuesto a matarla.
-¡¡Morirás!! – aulló.
Supergirl echó a volar huyendo en otra dirección, haciéndose seguir por su enemigo. Confiaba de esta forma obtener toda su atención. Lo estaba haciendo: venía detrás de ella, como un titán iracundo.
Kara esperaba que aquello fuera suficiente para darle tiempo al otro Superman de conseguir la Kryptonita. A su vez, rezaba para que el enemigo no terminara con su vida. No, al menos –pensaba ella– hasta no haber cumplido con su misión: derrotar de una vez por todas al ejército de Darkseid.

viernes, 19 de junio de 2015

Superman: Earth-2 (Seis)


6
SUPERGIRL ENTRA EN ACCIÓN 

New Metrópolis.
Bajo la superficie terrestre.
Lex Luthor se hallaba coordinando a todas sus tropas desde un enorme salón lleno de monitores. A sus órdenes, empleados y técnicos de Lexcorp se ufanaban por mantener la maquinaria del mundo subterráneo funcionando.
-¡Atentos todos! ¡Nuestro ejército nos necesita! ¡Monitoreen todos los movimientos de nuestros enemigos y comuníquenselo a nuestra fuerza aérea de inmediato! ¡Y refuercen el perímetro! ¡Nadie puede entrar o salir del complejo sin autorización! – hizo una pausa. Se volvió hacia otro grupo de operarios – Evacuen a la población de la ciudad a los refugios. Algo me dice que esos malditos están dispuestos a que este asalto contra nosotros sea el definitivo…
-Lex – lo llamó Supergirl, acercándosele – Quiero pelear. Déjame entrar en combate.
-No, Kara. Todavía no estás lista – replicó Luthor, todo lo amable que pudo con ella en semejante momento – Además, la gente de New Metrópolis te necesita. Ayuda a los civiles a moverse a áreas más seguras, por favor.
-Pero Lex… ¡No es justo! Tengo poderes, ¡debe haber algo que yo pueda hacer allá arriba! Algo útil.
-Cariño, te repito que no estás lista todavía. ¡Ir ahora a la batalla sería un suicidio!
-¡Quiero ayudar!
-Lo harás si sigues mis órdenes. Ahora, se buena chica y ve a…
El atronador sonido de una explosión interrumpió al calvo. De repente, la sala de control pareció volar por los aires. Pero lejos de ser una explosión común, su origen era bien distinto: la provocó el luminoso vórtice de un rugiente Boom-tubo al abrirse en el aire.
Del portal, sin perder un solo segundo, emergió un contingente de furiosos soldados Parademonios, seguidos por una figura alta y peluda… un monstruoso ser que respondía al nombre de Kalibak, el Terrible.

-¡Mátenlos a todos! ¡Aniquilen a los humanos! – ordenó aquella bestia – ¡Por la gloria de Darkseid!
-¡Atención! ¡Perímetro violado! – gritó Lex. Una alarma empezó a sonar – ¡Todas las tropas, diríjanse aquí! ¡Ya mismo! – con la ayuda de la fuerza que le confería su armadura, tumbó a un Parademonio de un puñetazo. Se volvió hacia Kara – ¡Sal de aquí! ¡Ve y has lo que te dije! ¡Protege a los civiles!
Más Parademonios lo atacaron, echándosele encima. Su armadura lo protegía, pero no por mucho tiempo. Con sus garras afiladas como estiletes, los soldados infernales de Apokolips comenzaron a destrozársela velozmente…
Kara no lo pensó dos veces. Lex la necesitaba. Lista o no, no iba a quedarse de brazos cruzados, de modo que voló en su ayuda. Con su superfuerza, arrojó a los enemigos por el aire, sacudiéndolos por toda la habitación. Asestó patadas y puñetazos, hasta que los Parademonios fueron derrotados.
Kalibak se adelantó, entonces. Se irguió, cuan alto era, sobre la menuda chica. Gruñó, enseñando sus dientes afilados.
-¡Niña estúpida! ¡Pagaras por esto!
-¡Kara! ¡Sal de aquí! – dijo Luthor, intentando ponerse de pie. Su armadura humeaba y chisporroteaba, severamente dañada.
-¡Ni hablar!
Valientemente, Supergirl le asestó un puñetazo al gigante peludo. Kalibak se tambaleó y retrocedió. Escupió un diente y sonrió con maldad.
-Bien hecho, niña. ¡Ahora es mi turno!
El bestial guerrero cerró su puño. Lo levantó sobre su voluminosa cabeza y se dispuso a asestárselo con toda su brutal fuerza.
Jamás llegó a tocar a Kara.
La chica desapareció en un borrón rojo y azul. El gigante parpadeó, confuso. Se volvió hacia Luthor, amenazante.
-¿Qué truco es este? ¿Dónde está? ¿Dónde se ha ido? ¡Habla ya, humano, o te mataré!
-Detrás de ti… imbécil.
¡PAM! El golpe de Supergirl lo mandó contra una pared, haciéndosela atravesar y enterrándolo en un mar de cascotes y hierros retorcidos.
Kalibak quedó inconsciente, fuera de juego.
-¡Lex! ¿Estás bien? – le preguntó la chica, preocupada.
-Sobreviviré. Eso es lo importante – esbozó una agotada sonrisa – ¿Cómo…?
-Supervelocidad. Creo que soy un poco más rápida que mi primo.
-Con razón. Ya decía yo que no podía ser… por poco, llegué a creer que te habías teletransportado – Luthor suspiró. Un grupo de soldados y guardias de seguridad llegaron justo en ese momento – ¿Reporte de daños? – les preguntó.
-Ni un solo Parademonio ha ingresado a New Metrópolis, señor. No pasaron más allá de la sala de control.
-Y todo gracias a ti, Kara – Lex le apoyó una mano en el hombro – Perdóname por dudar de ti. Eres formidable. Estás más que lista para afrontar esta batalla.
-Entonces… ¿Puedo ir?
-Ve, querida. Ve y ayuda a nuestras tropas. ¡Inclina de una vez por todas la balanza a nuestro favor!
Supergirl sonrió, pero al momento se puso seria. Comprendía –y muy bien que lo hacía– que todavía no había nada que festejar. Iba a dirigirse al corazón de una gran batalla. El futuro del mundo dependía del resultado de ella.
De modo que, besando rápidamente a Lex en la mejilla, la Chica de Acero salió volando en dirección de la superficie, rezando por llegar a tiempo y dar lo mejor de sí misma en el combate por venir.