martes, 28 de julio de 2015

Otra vez la misma historia…


“¡Que viene el Fin del Mundo! ¡Que viene el Fin del Mundo!” es la cantinela que anda recorriendo por estos días la internet. Y ustedes me dirán –con justa razón– “¿Cuál es la novedad?”. Ninguna, por supuesto. ¿Cuántas veces asistimos a rumores infundados o difundidos por locos o gente alarmista? La nueva “predicción” nos habla de un posible Apocalipsis para este mes de septiembre del año en curso (2015) por parte del choque de un cometa o asteroide en alguna parte del océano atlántico –hay quien dice que caería más cerquita de Panamá–. De nuevo, asistimos a otro alarmismo sin fundamento, desmentido por la NASA y por toda autoridad competente en la materia astronómica y cosmológica.
Y, de nuevo, tristemente, asistimos al desfile de gente que realmente está esperando semejante catástrofe. Como si fueran Jehovistas del tres al cuarto, no paran de esparcir mentiras a diestra y siniestra. Y su mejor herramienta de desinformación, como no, es la internet.
Muchachos, les hablo a ustedes, los “loquitos del Fin del Mundo”¡Déjense de joder con esto! Se los digo en serio, con una mano en el corazón. ¿No sería más productivo intentar hacer un mundo mejor trabajando entre todos, a esperar que una catástrofe venga y lo ponga todos pata para arriba, para salir después del bunker y pelearse por lo poco que pueda quedar? Tenemos un planeta maravilloso, lleno de dones y de bendiciones –esto es válido, tanto si creen en Dios como si no–. ¡Dejen de esperar su destrucción! Dejen de pedir su destrucción. ¡Vivan la vida!
Y sobre todo, ¡BASTA DE ANUNCIAR FINES DEL MUNDO QUE NO SUCEDEN NI SUCEDERAN JAMAS!
Es mi humilde pedido.  

miércoles, 22 de julio de 2015

El Ojo del Tiempo, de Arthur C. Clarke y Stephen Baxter


Hace eones que la Tierra está siendo observada por Los Primeros, unos seres casi tan antiguos como el propio universo. Los Primeros son completamente desconocidos para la humanidad… hasta que entran en acción. En un solo instante, la Tierra se divide en pedazos y se vuelve a unir como un inmenso rompecabezas. Y de pronto, el planeta y todos los seres que viven en él dejan de existir en una única línea temporal. En lugar de eso, el mundo se convierte en un mosaico de eras, desde la prehistoria hasta el año 2037, cada una con sus propios habitantes indígenas.
 Stephen Baxter y Arthur C. Clarke son dos de los mejores autores de ciencia ficción actual. Tras el éxito de “Luz de otros días”, vuelven a ofrecernos una obra en colaboración plena de sentido de la maravilla.
MI OPINION SOBRE ESTA NOVELA:
Hay novelas que uno encuentra casi por casualidad, la sinopsis le atrae y cuando lee… descubre que son maravillosas. Es el caso de este libro.
Esta excelente novela de ciencia-ficción es obra de la dupla Stephen Baxter & Arthur C. Clarke, dos expertos en el género. Lo más interesante de ella es que, en cierta forma, tiene puntos en común con la clásica saga de Clarke, “Odisea en el Espacio”, pero en esta ocasión, el afectado es el factor tiempo.
Así como en “Odisea…” estaban los Monolitos, aquí en “El Ojo del Tiempo” están –justamente– los Ojos… artefactos tecnológicos concebidos por inteligencias alienígenas con un propósito específico: alterar la corriente temporal. Y el resultado de ello es un fenómeno llamado “La Discontinuidad”.
Atrapados en un mundo desolado, un grupo de personas del siglo XXI se juntaran con un ejército de británicos del siglo XIX y con el mismísimo Alejandro Magno y sus guerreros, para vivir mil aventuras –y peligros– y enfrentarse al despiadado Gengis Khan en persona y a sus terribles mongoles, en un combate que podría decidir el destino de la Nueva Tierra. Además, las inteligencias tras la creación de los Ojos no se detendrán allí: un oscuro peligro se gesta más allá del tiempo y del espacio. Una amenaza aún más grande, capaz de borrar en algún futuro no muy lejano a la especie humana del universo.
Me ha encantado muchísimo esta novela. Si bien a la mitad se vuelve un poquitín pesada, se digiere bien y el ritmo de la acción y las dosis de ciencia-ficción están muy bien manejados. Sólo dos talentos –dos genios– podrían haber llevado a cabo tamaña proeza literaria y creo –humildemente– que los autores están a la altura. La novela cumple con las expectativas y las supera con creces.
EL DATO:
Este libro es el primero de una trilogía. Como aquella otra saga de Clarke (Odisea Espacial) esta se subtitula “Odisea en el Tiempo”. La conforman “Tormenta Solar” (también traducido al español y que leeré en breve, si Dios quiere) y “Firstborn” (no traducido todavía).
EN SINTESIS:
Un buen libro de CF, escrito por dos genios de la literatura del género. Altamente recomendable y muy entretenido.
Saludos a todos!

El mes que viene: ¡Supergirl!


La Chica de Acero llega a este blog, debutando con una historia trepidante de acción y aventuras: “LA CIUDAD INFINITA”.
Luego de la partida de Superman de la Tierra, exiliándose en el espacio, Kara Zor-El intenta rehacer su vida en Metrópolis. Pero el destino mete la mano y acaba atrapada en la Ciudad, una urbe monstruosa y fantástica, donde todas las líneas de tiempo y los mundos paralelos del multiverso confluyen. Junto a una aliada impensada, Kara deberá hallar la salida de la Ciudad, al mismo tiempo en que descubre el terrible secreto de su existencia.
¡No se pierdan esta magnífica historia, un homenaje al “Ciudad” de Ricardo Barreiro y J. Giménez! El mes que viene, por este mismo blog.

martes, 21 de julio de 2015

Superman: La Última Familia de Krypton


Esta es la historia de un bebé que llegó en un cohete a la Tierra tras salvarse de la explosión de Krypton, su planeta natal... Pero no llegó solo. La línea Otros Mundos nos ofrece una original revisión del origen de Superman en el que Jor-El y Lara, sus padres biológicos, llegaron con él a nuestro mundo y se integraron en la sociedad terrícola... a su peculiar manera.
Superman: La última familia de Krypton supone el regreso de Cary Bates, mítico guionista que escribió las aventuras del Hombre de Acero antes de Crisis en Tierras Infinitas. El dibujo corre a cargo de Renato Arlem, a quien ya vimos en títulos como El día más brillante: En busca de La Cosa del Pantano. Una obra imprescindible para cualquier fan del Hombre de Acero.
MI OPINION:
¿Qué hubiera pasado si junto a Kal-El –futuro Superman– hubiesen escapado de Krypton tanto Lara como Jor-El, sus verdaderos padres? Este comics genial explora esa posibilidad.
Un mundo diferente hubiera surgido si en vez de un último sobreviviente de Krypton, hubiesen sido tres. Con ellos, a la Tierra llega una nueva Edad Dorada de ciencia y de espiritualidad. Y es que el guion propuesto por el veterano Cary Bates no podía ser de otra manera más que magistral. Una revisión completa al mito del Gran S, donde nos lo presente de una manera totalmente nueva y maravillosa.
Podríamos decir que, amén de Superman, los protagonistas de esta historia son Jor-El y Lara. Ambos con personalidades muy marcadas y tan diferentes: mientras que Jor-El se dedica a ayudar a la gente de la Tierra con la avanzada ciencia kryptoniana, Lara oficia de líder de un nuevo culto basado en el respeto del semejante, la comprensión cósmica y el bien común. Un culto denominado “Raologia” que no tiene nada que envidiarle a las sectas New Age.
Pero esta aventura no se queda solo en eso. La pareja de sobrevivientes de Krypton pronto le da dos hermanos a Kal-El, agrandando la familia… y los problemas.
Y, por supuesto, detrás de toda la maldad a la que tendrán que combatir, están Lex Luthor y Brainiac, este último en una versión llamativa calcada de “Superman: The Animated Series”.
El dibujo corre de la mano de Renato Arlem. No puedo decir que es de los mejores, pero se agradece los esfuerzos por dibujar los rostros de Jor-El y de Luthor parecidos a los de los actores que interpretaron de ambos personajes tanto en el cine como en la televisión (por momento, Jor-El se parece a Marlon Brando y Lex a Michael Rosenbaum, de “Smallville”).
EN SINTESIS:
Comic más que altamente recomendable. No deberían perdérselo. Es una suerte que ECC Ediciones lo sacara en un tomo único, para deleite de los fans de España y Latinoamérica.
Saludos a todos.

domingo, 19 de julio de 2015

Superman: Exilio


(Escrito por Federico H. Bravo) 

Nota del Autor: Todas mis aventuras de Superman, Superboy, la Liga de la Justicia, etc, ocurren en una continuidad alterna a la oficial de DC Comics, a la que yo he dado en llamar Tierra-54. Esta continuidad sufrió un “reseteo” al termino de mi relato “Superman: El Juicio”, cuando un Poder Superior le ofreció al Hombre de Acero hacer borrón y cuenta nueva –dado que al término de la historia anterior, titulada “Armageddon”, la Tierra misma había sido destruida–. Si bien el superhéroe recuerda toda la continuidad anterior, la misma ya no es enteramente válida para el presente relato (y los posibles relatos que vengan después de este). Tan sólo se toma como piedra angular de la nueva continuidad los Fanfictions de Superman “Man of Steel” y “Last Son of Krypton”, ambos –como no podía ser de otra manera– escritos por mí. A esta nueva saga del Hombre del Mañana, yo –personalmente– he decido bautizarla “New 54”. 
 

PROLOGO
UNA DIFICIL DECISION  

SUPERMAN
He intentado olvidarlo, pero no puedo. Me persigue en todo momento, incluso ahora, mientras floto lentamente sobre la Tierra, mecido por el viento solar y observando en silencio al azul planeta bajo mis pies…
Me persigue. Como un fantasma implacable, feroz. Perturba mis pocas horas de sueño y ha comenzado a afectar mi trabajo en el Planet. Evidentemente, me he subestimado a mí mismo. Esto es algo que no puedo esquivar.
¿Cómo pude arruinarme la vida así? Estaba tan seguro de mí mismo antes de esto… de ir a ese otro universo… una especie de “segunda Tierra”, una versión desviada de nuestra realidad, donde el mundo entero había sido devastado por una contrapartida mía. Un doble alternativo, cuyos poderes rivalizaban con los míos. Un monstruo, corrompido por la maldad de Darkseid y la oscuridad, responsable de la muerte de millones y millones… y que no parecía dispuesto a parar.[1]
Tuve que ponerle freno. Tuve que hacerlo. Yo era el único que podía castigarlo por sus crímenes, de modo que lo maté… maté por primera vez en mi vida, a un ser racional. Un ser que se veía como yo mismo. Tuve que hacerlo y fue la tarea más dura que jamás he tenido que hacer. Volví aquí, intenté olvidarlo, pero no puedo. ¡No puedo! Este acto me persigue, me acosa. Es un pecado que no me deja en paz.
…Esto no puede seguir así… ¿Cómo puedo mirar a los ojos a aquellas personas que depositan su confianza en mí? ¿A aquellos a los cuales he inspirado a intentar ser mejores? No. No puedo seguir así… la Tierra no merece esto. Ni el planeta, ni su gente. De modo que sólo me queda un camino que seguir… por más doloroso que sea, por más difícil, es el único que puedo tomar ahora.
¡Debo irme de este mundo para siempre!  

1
LA DESPEDIDA  

Metrópolis.
Apartamento de Lois Lane.
-¡No puedes estar hablando en serio! – exclamó Lois, indignada. Clark y ella se encontraban en el living y la muchacha lo miraba con los brazos en jarras – “Smallville”, si esta es una broma, créeme, es de pésimo gusto…
-No lo es – Clark, con la mirada baja, se sentía fatal – Ya sabes que yo nunca bromearía con algo tan serio.
Lois resopló. Intentó calmarse, sin éxito.
-Recapitulemos: Has venido a verme para decirme que te vas, que lo nuestro no puede seguir porque te tienes que marchar. No sólo de Metrópolis, sino de la Tierra… y cuando te pregunto los motivos, cuando quiero saber por qué, me sales con: “No puedo decírtelo”. ¡Es ilógico, Clark!
-Lo sé, lo sé – intentó apaciguarla él – Pero hay una razón de peso… algo que compete a Superman. Es por eso que tengo que irme.
-¿Y no piensas decírmelo? ¿No piensas siquiera explicarme por qué ahora, cuando decidimos tener algo serio tú y yo, simplemente decides irte? Clark, mira… - Lois hizo una pausa. Se sentó a su lado en el sillón – Reflexiona un poco. ¡Nada de esto tiene sentido!
-Lo entiendo. Pero en eso voy a discrepar contigo: hay un motivo. Hay una razón…
-Entonces, ¡dime cual es! – exclamó ella. Lo tomó de las manos – Confía en mí, así como confiaste cuando me revelaste el secreto de tu doble identidad. Clark, hay algo que te atormenta, eso se nota a kilómetros… y sospecho que tiene que ver con tu viaje a esa Tierra paralela.
Silencio. Clark continuó con la mirada baja, atormentado por sus pensamientos.
-“Smallville”, escúchame lo que te digo: confía en mí.
La firmeza en el tono de su voz le hizo finalmente levantar la vista. Se observaron el uno al otro directamente a los ojos.
-He matado a alguien – le reveló.
Lois palideció, pero no dijo nada. Se limitó a escucharlo.
-Un doble alternativo de mí mismo – le explicó – poseído por la oscuridad… había asesinado a sangre fría a millones de personas en aquella Tierra. Tuve que pararlo… tuve que matarlo.
-Cielo santo, Clark – Lois le apoyó una mano en el hombro – Ahora comprendo. Con razón estás tan perturbado.
-Fui juez, jurado y verdugo – se sacó las gafas y se masajeó los ojos, conteniendo las lágrimas. Se sentía fatal.
-Clark, escucha: mi padre, como sabes, es militar… ahora es General del Ejército Estadounidense, pero en su juventud, fue soldado y estuvo en la guerra. Me lo pudo contar cuando tuve edad suficiente para saberlo y comprenderlo, pero allí tuvo que defenderse del enemigo. Era matar o morir. Y ahí entendí que, a veces, no hay otra opción. Cuando te ponen entre la espada y la pared, más en una situación límite, no hay otra opción: o son ellos o tú.
-No, Lois. Yo soy Superman. Debí hallar una alternativa.
-¡Eres un hombre! No somos perfectos.
-Si hubiera encontrado otra manera… no sé… enviarlo a la Zona Fantasma, quizás…
-¿Y si ese doble tuyo se hubiese liberado y te hubiese seguido hasta aquí? ¿Entonces…? ¡Tal vez no estaría aquí, sino muerta!
Clark se cubrió la cara con las manos, apesadumbrado.
-¿Crees que un policía que mata en acto de servicio no siente las mismas dudas que tú? – insistió Lois – ¡Reacciona, Clark! Hiciste lo que tenías que hacer y yo te conozco… no eres un asesino.
-Pero maté. He ahí el punto – se puso de pie – Superman no mata. Yo no mato. Siempre busco otras opciones. Esta vez, he elegido el camino más corto y, por supuesto, habrá consecuencias. Nadie está por encima de la ley, muchísimo menos Superman.
-¿Y tú solución a todo eso es escapar? – Lois se cruzó de brazos, indignada de nuevo.
-Tengo que poner distancia… aclarar mi mente… ¡No puedo simplemente seguir aquí, como si nada!
Silencio de nuevo. Lois lo miró, con fuerza.
-¿Qué hay de tu trabajo en el periódico? ¿De tu vida aquí en Metrópolis? – le preguntó.
-Ya he hablado con Perry.
-¿Y?
-Le dije que tenía que hacer un viaje largo al extranjero por un asunto familiar. Y que me tomaba los días que me correspondían legalmente por ese motivo.
-¿Y cuando pase el periodo de gracia, qué? ¿Qué voy a decirle a las personas cuando me pregunten dónde estás, Clark?
-Eres una chica lista… supongo que ya se te ocurrirá algo.
-Sí eso intentó ser gracioso, no lo fue.
-Lo siento… En verdad, lo siento. No era la intención – intentó besarla, pero ella no se lo permitió – Por favor, perdóname. No me odies. Esto es algo que tengo que hacer.
Salió del apartamento con el corazón destruido, pero no miró atrás. Lois lloró en silencio. Un rato después se dio una ducha, se dirigió a la cocina y preparó café, mientras encendía un cigarrillo y comenzaba a fumar.  

2
ADIOS, QUERIDA TIERRA  

Granja Kent.
Smallville. Kansas.
-¿Abandonaras la Tierra? – le preguntó Kara, preocupada.
-Está decidido – respondió Clark – Ya no puedo quedarme aquí.
-No puedo decir que apoye la idea, pero te entiendo – dijo Conner – Ahora que sé lo que pasó en esa otra Tierra… pero deberías habérmelo dicho antes, Clark – el muchacho suspiró – Yo también sé lo que es tener un gran peso en la consciencia. Parte de mí fue antiguamente Superboy Prime. No es algo bonito ni que precisamente ayude a la hora de conquistar chicas, ¿sabes?[2]
Kara le apoyó una mano en el hombro a su primo.
-¿Y Lois? ¿Ya lo sabe?
-Sí.
-¿Cómo lo ha tomado?
-No muy bien.
-Lo lamento.
-Yo no. Me lo merezco – Clark se quitó sus gafas. Las guardó en un cajón. Acto seguido, procedió a cambiarse de ropa, colocándose el uniforme de Superman – Es el precio que tengo que pagar por lo que he hecho.
-¡No puedes decir eso! – estalló Kara – Kal, ¡tú has salvado a todo un mundo!
-Pero, ¿a qué precio? – negó con la cabeza – No, Kara. He cometido un acto reprobó. Está decidido: no puedo quedarme aquí. Tengo que poner distancia.
Silencio. Los tres se miraron.
-Quiero que se cuiden el uno al otro – les pidió – Ahora, más que nunca. Y que en mi ausencia, cuiden del mundo y de Lois.
-Lo haremos, Clark – Superboy asintió – No te preocupes.
-No puedo creerlo – Kara le dio un abrazo, con lágrimas en los ojos – Sencillamente, no puedo creer que te vayas.
-Tengo que hacerlo – repitió él, devolviéndole el gesto – Para estar bien con mi consciencia y con este, mi mundo adoptivo.
-Pero… ¿Por cuánto tiempo, Kal? ¿Cuánto?
-No lo sé – se apartó de ella y miró al exterior por una ventana – El necesario, quizás.
De nuevo, silencio. El Hombre de Acero caminó hacia fuera de la casa. Kara y Conner le siguieron.
-¿Cómo harás para sobrevivir en el espacio? – le preguntó su prima.
-Está todo arreglado – Superman miró hacia las alturas, con tristeza – Un amigo me prestará una nave. Con ella viajaré… hasta donde llegue.
Se volvió. Los miró a ambos con cariño.
-Sean fuertes y no desfallezcan. Tal vez, entre las estrellas, encuentre paz… y la redención que busco. Cuídense.
Sin más, se elevó en el aire y desapareció en la distancia. Kara y Conner lo observaron marcharse en el más total de los silencios, cada uno de ellos procesando lo ocurrido a su manera.  

3
HACIA LO DESCONOCIDO  

Michael Holt, mejor conocido por todos como el superhéroe “Míster Terrific”, era uno de los hombres más inteligentes del planeta. Atleta de nivel olímpico y maestro en las artes marciales, Terrific utilizaba todo su genio para desarrollar tecnologías avanzadas de punta. De hecho, Superman sabía lo que hacía cuando acudió a verlo con el pedido de una nave para un largo viaje por el espacio. Ambos se reunieron en un inmenso laboratorio orbital, construido por Industrias Holt. Un satélite que bien podría rivalizar con aquél otro que utilizaba la Liga de la Justicia como cuartel general.
-Tengo que ser franco contigo – le dijo Holt, mientras caminaban por un largo pasillo metálico hacia la nave – No tengo ni idea para qué puedas necesitar este vehículo que me perdiste, pero pienso que es una muy mala idea que te marches ahora.
-Aprecio mucho tu preocupación, Michael, pero tengo que hacerlo. Hay razones muy poderosas de fondo.
Terrific suspiró. A su alrededor, mientras caminaba, varias Esferas-T flotaban, siguiéndolo a cierta distancia.
-Como te dije, no tengo ni idea de lo que te lleva a salir allá afuera, pero aparte de ateo, soy un tipo pragmático: me limito a ayudar a mis amigos cuando lo necesitan y punto. No hago preguntas – Holt abrió una compuerta metálica. Ambos accedieron a una gran bahía de carga – Superman, te presento a la “Traveler”.[3]
La nave propiamente dicha no era muy grande pero sí lo suficiente para llevar a una persona. Era una joya tecnológica de diseño aerodinámico de color plateado. Terrific le explicó el funcionamiento básico del vehículo que –entre otras cosas– contaba con un motor experimental capacitado para viajar a velocidades cercanas a la de la luz.
-Básicamente, es poco lo que tienes que hacer – le dijo Holt – La computadora de abordo es una de las IA más avanzadas del planeta…
-Gracias, Michael. Nunca me alcanzará para pagarte este gran favor – Superman y él se estrecharon las manos.
-Sí, bueno, trata de que tu ausencia no sea muy prolongada. No es que sea tu fan número 1, pero allá abajo te quiere mucha gente. Odiaría pasar a la historia como el tipo que hizo desaparecer a Superman de escena para siempre.  

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Un instante después, la “Traveler” surgía del laboratorio orbital de Holt, encendiendo sus motores y preparándose para dar un salto al hiperespacio…
Cómodamente sentado en la cabina, Superman miró a la Tierra por última vez y se despidió de ella –y de Lois– con lágrimas en los ojos. Luego, el vehículo aceleró y se perdió en la inmensidad estrellada… hacia lo desconocido.  

ESTA HISTORIA CONTINUARA… 


[1] Ver “Superman: Earth-2”, para más datos.
[2] En mi particular continuidad DC, Conner Kent y Superboy Prime son parte de un mismo ser, separados por un accidente de teleportación al ser enviados desde su Krypton a la Tierra. Hallaran más información sobre este tema en la propia saga de Fanfics de Superboy.  
[3] “Traveler”, en español quiere decir “Viajero”.

viernes, 17 de julio de 2015

Próximamente: El Mundo Sin Superman


Y no, no es el comic. Si vienen siguiendo esta nueva saga del Hombre de Acero (titulada “New 54”) sabrán que el héroe tuvo que cometer un acto terrible para parar una gran amenaza. Un acto que transgrede su código moral y que lo llevará (en la siguiente historia) a la decisión más difícil de su vida: abandonar la Tierra y todo aquello que conoce y que ama.
Que nadie se asuste. El Ultimo Hijo de Krypton muy posiblemente volverá. Esta movida es a propósito de mi parte, ya que quiero –y deseo– poder explorar a otros personajes fascinantes del entorno del Gran S, algunos de ellos recientemente re-introducidos en esta nueva continuidad DC, como por ejemplo Kara Zor-El, alias Supergirl.
Así que ya saben… ¡El Súper se marcha! Pero por un tiempo. ¡No se pierdan su partida en el próximo relato a publicarse por este mismo blog!

jueves, 16 de julio de 2015

Terminator: Tierra en Llamas


Este es el primer trabajo del multi-famoso Alex Ross y uno de los primeros comics sobre la franquicia del Exterminador metálico venido del futuro. Aunque en el susodicho comic, Arnold no aparece; más bien, está ambientado en el futuro…
El año no está claro, aunque –según la cronología de Terminator– sin duda, la acción transcurre en la devastada Tierra post-apocalíptica del periodo comprendido entre 2029-2032, y nos muestra al mismísimo John Connor, quien liderando a la Resistencia, decide plantarle cara a Skynet (la Inteligencia Artificial malévola detrás de los Terminators) para salvar lo que queda del mundo de un nuevo holocausto nuclear, quizás uno más terrible que el anterior...
Para haber sido el primer trabajo de Ross, está muy bueno sin llegar a cuotas magistrales. Sin duda, este artista iría mejorando más y más con el tiempo. Lo que sí es un poco flojo es el guion, a cargo de Ron Frontier. Es que la premisa argumental, si bien es buena, toda la trama puede resumirse a lo siguiente: apaguemos a Skynet y salvemos al mundo.
Y es que (ALERTA: SPOILERS) efectivamente, luego de una ardua travesía, Connor y su gente logran entrar en las instalaciones de Skynet en el NORAD y luego de cortarle los suministros de poder, destruyen la CPU del ordenador, acabando con él. Una CPU monstruosa, de tamaño gigante… muy digno de épocas pasadas, cuando los ordenadores eran verdaderos monstruos de tamaño enorme. Nada que ver a nuestras computadoras de ahora, las cuales curiosamente pueden hasta caber en la palma de una mano. Miren los teléfonos celulares, sino. ¿Qué otra cosa son que una PC completa, más que un teléfono en sí mismo? (FIN DEL SPOILER).
Más allá del desliz del guion acerca de la naturaleza de Skynet (revisionada en la película “Terminator 3: La Rebelión de las Maquinas”, donde era imposible apagar a Skynet ya que no habitaba en un núcleo fijo, sino en todo el ciberespacio, esto es, en todas y cada una de las maquinas), es un comic bastante bueno. Sus limitaciones son entendibles, puesto que es del año 1989… En 1991 el universo de Terminator se expandiría más con la segunda película y ni hablemos de las tres siguientes (Terminator 3, 4 y la más actual, la 5, reinicio de saga & nuevo origen).
Les recomiendo ampliamente este comic. Ojala puedan conseguirlo. Sino, pues… hay muchos sitios donde creo que podrán descargarlo gratuitamente. ;)
Saludos a todos.

Superman Vs Terminator (Seis)


6
EL FINAL DE SKYNET  

El puño del T-10000 se estrelló en el pecho de Superman. El héroe recibió el impacto –similar al choque de un tren de carga– y salió despedido hacia atrás.
-¿Qué sucede? – preguntó la criatura, una bizarra mezcla entre John Connor y Skynet – ¡Vamos! ¡Defiéndete! ¡Atácame!
Pero Superman no lo hizo. En realidad, no podía: Connor seguía ahí. Bajo el metal viviente y el dominio de Skynet, seguía habiendo un hombre, latía un corazón humano. No podía hacerle daño, puesto que cualquier daño seria letal para John.
De modo que, simplemente, se dejó golpear por su enemigo.
-Eres patético – el T-10000 lo aferró con sus poderosas manos de la cabeza y lo levantó en el aire – Conozco tu estúpido código de moralidad, pero no creí que serías capaz de seguir sosteniéndolo todavía. No, cuando estoy a punto de destruir tu mundo…
-¡John! ¡Sé que estás ahí! – le gritó – ¡Resiste! ¡Lucha contra Skynet!
-Es inútil, Superman. ¡John ya no existe! – el T-10000 sonrió – Sólo estoy yo. Sólo soy yo. ¡Y voy a matarte!
Las manos del Terminator fluctuaron y se derritieron. El metal viviente avanzó al rostro del Hombre de Acero y comenzó a colarse en su boca, nariz, oídos y ojos.
-¡HMF! – Superman pataleó, intentando resistirse a la intrusión, en vano.
-Eres una criatura muy curiosa, ¿sabes? – le dijo el cyborg – Físicamente, eres un kryptoniano, pero en esa limitada capacidad craneal tuya, te consideras humano – hizo una pausa – Eres una amalgama, un ser nacido de una mezcla de mundos – continuó – Igual que yo, ahora – sonrió – Mitad máquina, mitad humano… pero a su vez, ni uno ni lo otro.
-¡HMF!
-Despídete de tu mundo, Superman. ¡Hoy se termina! Hoy, se inicia la Era de las Maquinas – el metal viviente ya cubría todo el rostro del superhéroe, ahogándolo en un interminable mar gris…  

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Supergirl volvió junto a Superboy justo a tiempo. El Chico de Acero estaba rodeado por toda una nueva horda de T-9000 con capacidad de vuelo, lista para despedazarlo.
-¡Al fin! ¿Dónde te habías metido? – le preguntó Conner. Kara se acercó, flotando a su lado, sosteniendo entre sus brazos el aparato que Luthor (a su manera) le entregó – ¿Y eso qué es?
-Algo que espero que sirva – apuntó con el arma a los Terminators – Cruza los dedos. ¡Es ahora o nunca!
La activó. Un violento pulso electromagnético a alta frecuencia salió disparado. El efecto fue instantáneo: todos los T-9000 que se encontraban rodeándolos fueron fulminados. Sus baterías se apagaron y sus CPUs se borraron. Sin nada que los mantuviera en el aire, se desplomaron hacia el suelo, haciéndose trizas contra el asfalto.
-¡Guau! ¡Eso estuvo genial! – Superboy sonrió – No sé quién te dio ese aparato, nena, pero está genial.
-No festejes todavía – Kara se volvió hacia la nave de Skynet – Kal-El está en apuros. ¡Vamos a rescatarlo!
-¡Adelante! Te sigo.
Los dos volaron a toda velocidad hacia la inmensa nave con forma de cubo, preocupándose por llegar a tiempo.
…Mientras, en los silos de misiles nucleares de todo el mundo, los cohetes encendían sus motores, listos para partir…  

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Superman se ahogaba. Iba a morir y lo sabía. Como también sabía que la única manera de derrotar a Skynet de una vez por todas era matando al T-10000.
Pero no podía hacer eso; John Connor estaba ahí, fusionado con la malévola Inteligencia Artificial. No importa lo que dijera… bajo el metal viviente de su composición, Connor seguía vivo y era un ser humano.
No lo mataría.
No. Superman no iba a matar. No, después de haberlo hecho una vez.
Todavía nadie en el mundo – a excepción de Kara– sabía de la vida que se vio obligado a tomar en su anterior aventura en aquella Tierra paralela. Todos seguían creyendo que el héroe todavía era incorrupto, puro e inmaculado… pero la verdad, era otra muy distinta.[1]
Todo el asunto le pesaba en el alma y en la consciencia. Por eso, no podía volver a hacerlo. No iba a tomar la vida de John Connor… no, mientras siguiera poseído por Skynet.
Estaba en un callejón sin salida: a punto de morir y de permitirle a su enemigo destruir al mundo y a su vez, atado de pies y manos por una resolución moral más fuerte que el acero.
-¡Muere, Superman! – rugió el T-10000 – ¡MUERE!
Hubo una explosión y una pared se vino abajo. Supergirl y Superboy ingresaron por un gran agujero abierto en la nave, con el arma de Luthor. Habían llegado justo a tiempo; al ver la escena, se paralizaron de terror.
-¿Qué diablos es eso? – Conner miró con asco al Terminator.
-¡No lo sé, pero por el bien de Superman, reza para que este aparato funcione con él! – Kara encendió el emisor electromagnético. Azotó al Terminator con una potente descarga.
El T-10000 soltó al Hombre de Acero y se tambaleó. El metal viviente de su cuerpo vibró y fluctuó.
-¡Tu arma no me puede dañar! – dijo – ¡Yo soy Skynet! ¡Soy la cosa más poderosa de este mundo! ¡Yo…!
Pero pese a sus terribles palabras, el cyborg comenzaba a desarmarse. El metal se caía del cuerpo de Connor, liberándolo…
-¡Kal! ¿Estás bien? – Kara y Superboy lo ayudaron. Superman había quedado libre de lo que intentaba asfixiarlo y respiraba bocanadas de aire, intentando recuperarse. Junto con sus dos compañeros, observaron cómo la fusión se revertía y John Connor acababa tirado en el piso, desnudo, mientras que el metal viviente de Skynet se juntaba e intentaba volver a crear un cuerpo nuevo.
-No… ha sido… dicha… la última palabra – habló aquella cosa, cuando consiguió formar una cabeza. Le costaba horrores mantenerse completamente estable – ¡El futuro es mío!
-No, Skynet. Esta vez no – Superman acercó a él. Levantó su pie – Pese a todo lo que has dicho, el futuro no está escrito. Y hoy lo comprobamos: puede cambiarse. Esta vez, perdiste.
-Yo… ¡Volveré! - juró la cosa de metal viviente, antes de ser aplastada de un fuerte pisotón por la bota del Hombre de Acero.
-Te estaremos esperando – le prometió él – Y de nuevo, te venceremos.  

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Casi simultáneamente a la derrota de Skynet, en todos los silos del mundo, los cohetes nucleares se apagaron al unísono sin llegar a salir de sus lugares, para desconcierto de los militares que los custodiaban, quienes volvieron a tener el total control sobre sus sistemas defensivos.
El Día del Juicio había sido cancelado.
…Al menos, por ahora…  

EPILOGO
UN FUTURO LLENO DE POSIBILIDADES NUEVAS  

Superman, Supergirl y Superboy volaron por toda la ciudad de Metrópolis a súper-velocidad, recogiendo los restos de los Terminators destruidos.
-Tenemos que recoger todo lo que queda – les dijo el Hombre de Acero – Circuitos, tornillos… todo. Si queda algo de tecnología, podría ser usada para crear a Skynet. ¡Es mejor evitar esa posibilidad!
De modo que el trio superpoderoso lo juntó todo en el interior de la nave cubica, donde utilizando su visión de calor, procedieron a fundir el material en una inmensa bola de chatarra inutilizada.
-Se terminó la pesadilla, John – le dijo Superman a Connor, momentos después. Ambos se encontraban en el puente de mando del cubo. La tecnología de Skynet había sido reprogramada y el vehículo estaba listo para partir en un nuevo crono-viaje de regreso al punto de partida: el año 2032.
-Es una sensación tan... rara, ¿sabes? – Connor suspiró – He luchado durante tanto tiempo… sin apenas posibilidad de vencer… He visto morir a tanta gente… amigos, colegas… pero ahora, cuesta creer que hayamos ganado.
Se miró las manos.
-Incluso, sabiendo que mi cuerpo y mi mente fueron parte del mismo Skynet durante un tiempo – levantó la vista. Observó a Superman – Lo has comprobado, ¿cierto? ¿Al cien por cien?
-Lo he hecho. Te he revisado dos veces con mis rayos X. Quédate tranquilo – Superman le apoyó una mano en el hombro – No hay un solo rastro de metal viviente en tu organismo.
-¿Nada?
-Nada. Ni una partícula. Estás limpio.
-Qué alivio – Connor suspiró – No querría pasar por ese horror otra vez. La mente de Skynet (si se la puede llamar así) es terrible. Como no imaginas – se estremeció.
-Entonces… ¿Utilizaras esta nave y volverás al 2032?
-Pese a que el futuro pueda haber cambiado y el 2032 que yo conocía ya no sea el mismo, tengo que hacerlo. No me queda otra. Por más que quiera quedarme, este sitio, esta época, no es mi lugar – revisó algunas pantallas de ordenador – A decir verdad, esta es simplemente una victoria a medias. No sabemos cuántos Terminators mandó Skynet al pasado por mí. Aún pueden matarme… y si su tecnología llega a malas manos, Skynet (una nueva Skynet) podría ser creada.
-Ya te lo he dicho, John Connor – Arnold, el T-800, entró en el lugar. Estaba algo maltrecho después de su combate a puño tendido contra los T-9000 en la redacción del Planet, pero todavía seguía intacto. Cubría sus ojos con unas gafas oscuras – Me encargaré personalmente de proteger a tu yo del pasado. Me quedaré aquí y destruiré a todas las unidades de Skynet que vengan a por ti. Te lo garantizo.
-Todavía se me hace difícil creer el volverte a ver… Más aun, teniendo en cuenta que la última vez que lo hice, en 1991, te hundías a ti mismo en el horno de una fundición.[2]
-Negativo. Ese 800 del que hablas, no soy yo. Era otra unidad. Lo mismo puede decirse de aquella que intentó matar a tu madre – explicó.
-Sí, bueno… da igual. Gracias por lo que vas a hacer.
-Creí que tu misión era protegerme a mí – acotó Superman, jocosamente.
-Y así fue. Esa directriz ha sido cumplida con éxito.
-¿Y no piensas revelarme quién te reprogramó y te envió aquí?
-Negativo. Al menos, no lo sabrás de mi boca. El futuro ha sufrido bastantes alteraciones ya.
-Hablé con Lois, ¿sabes? Dijo que se lo habías dicho… pero no quiso contarme nada al respecto.
Silencio. El cyborg lo observó, imperturbable como una estatua.
-Lois Lane es una mujer inteligente – dijo, al final – Sin duda, será una digna esposa para un gran campeón como tú.
Le alargó la mano. Superman se la estrechó, un poco sorprendido por la espontaneidad del gesto... y la revelación de colofón.
“Bueno, ¿Dónde está lo extraño?”, pensó, con una sonrisa en los labios, “Puede que el futuro haya cambiado, pero algunas cosas no lo harán nunca… Creo que es el destino”.  

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Connor volvió al futuro y, montado en una motocicleta Harley-Davidson, Arnold se marchó por la ruta hacia el oeste, dispuesto a encontrar al John del presente. Según pudo averiguar, estaba viviendo en una zona cercana a Los Ángeles…
Solos los tres en la Granja Kent, Clark, Kara y Conner se juntaron para cenar y ahí fue donde la Chica de Acero le contó a su primo acerca de la “ayuda” que habían recibido de parte de Lex Luthor y su arma electromagnética. Saber esto no le gustó ni medio a Clark.
-Es todo muy extraño – dijo – ¿Cómo sabía Luthor lidiar con los Terminators? Nos proporcionó un arma efectiva, al ciento por ciento.
-Buena pregunta – acotó Conner – Chicos, creo que el viejo tío Lex nos está escondiendo algo…
-No lo entiendo – Kara frunció el ceño – ¿Qué podría ser?  

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Lexcorp. Interior de un bunker subterráneo.
Al mismo tiempo…
Lex Luthor observaba un cráneo de metal metido dentro de una urna de vidrio. Era el cráneo de un T-800. A su alrededor, se alzaban trofeos similares: endoesqueletos de Terminators completos o separados, piezas de brazos y piernas, todos y cada uno encerrados en urnas similares. Además, había dibujos y diagramas de circuitos y de intrincados componentes electrónicos colgados en las paredes.
-Oh, sí – dijo el empresario, abriendo la urna y sacando el cráneo – A decir verdad, conozco la existencia de los Terminators desde hace años. Fue gracias a ese conocimiento, que he podido crear el arma que los inutiliza.
Lex hizo una pausa. Acarició la calavera metálica con sumo placer.
-Un día, aprenderé a dominar todo su poder – continuó diciendo, devolviendo el objeto a su lugar de reposo – Skynet nacerá… ¡Y yo lo controlaré!  

¿FIN?


[1] Efectivamente, Superman tuvo que tomar una vida para salvar a todo un mundo. Los detalles, en mi relato “Superman: Earth-2”, para más información.
[2] John hace referencia a una escena de la película “Terminator 2: El Juicio Final”. Recuérdese que el presente relato toma las dos primeras películas de la saga como válidas y deja fuera de continuidad la tercera y la cuarta.