jueves, 25 de febrero de 2016

Hellraiser: Herencia Maldita 04


4
RESURRECCIÓN  

Medio Oriente.
Cierto tiempo después…

El turista inglés estaba cansado de Medio Oriente. No soportaba el clima extremadamente caluroso del país polvoriento en el que se encontraba. Sin embargo, se obligó a recordar por qué estaba allí –el motivo de su misión– y se consoló sabiendo que pronto estaría volviendo a su Inglaterra natal, a su vida habitual.

El árabe no lo hizo esperar demasiado en su vieja tienda llena de alfombras, baratijas y demás antigüedades excéntricas. Volvió pronto con aquella hermosura, aquella caja laqueada y broncínea tan llamativa. El turista pagó la suma monetaria acordada y se marchó con el objeto en sus manos…  

Ya en su hotel, dispuso todo para la invocación. Cerró las persianas y encendió varias velas, disponiéndolas en la forma de un cuadrado a su alrededor. Se despojó de toda su ropa y desnudo, comenzó a manipular la caja, moviendo sus piezas una por una, hasta resolver el acertijo.

Se produjo una vibración en el aire. Las llamas de las velas se agitaron y un chisporroteo azul recorrió la caja. Le siguió la voz de Pinhead, surgiendo de su interior:

-Henry… - dijo.

-Maestro – el turista inglés asintió, extasiado – Heme aquí, como pediste.

-Has conseguido la caja, finalmente…

-Costó localizar esta, mi señor – admitió Henry – Pero valió la pena. Es la misma caja de Lemarchand que usaste cuando penetraste por primera vez en el Infierno.[1]

-Sí… puedo sentirlo – Pinhead suspiró – Has cumplido con éxito tu misión, Henry, mi fiel servidor. Sin duda, mereces una recompensa…

-Maestro… no soy digno.

-Oh, pero lo eres, Henry. Gracias a ti, no sólo vuelvo a tener mi caja de Lemarchand original, sino que también, mi pase de acceso libre para regresar a la Tierra…

La parte superior de la Configuración del Lamento que Henry sostenía entre sus manos se abrió. Una sola cadena con garfios en su punta salió despedida de su interior y se incrustó en el rostro del incauto hombre, perforando la piel y la carne y tirando de ella con fuerza… muchísima fuerza.

-He aquí tu premio por tan excelente servicio: una muerte terriblemente dolorosa. Pero necesaria, ya que necesito recuperar mi humanidad perdida y esta es la única forma de hacerlo.

Henry se desplomó en el piso. La cadena le arrancó la carne del cuerpo de un tirón en una explosión sanguinolenta. Acto seguido la caja la absorbió con voracidad, se produjo otro chisporroteo eléctrico y una figura comenzó a tomar forma y sustancia, mientras se regeneraba velozmente, surgiendo de ella…

Cuando el proceso culminó, otro hombre se erguía de pie en la habitación, desnudo y cubierto de sangre. Un hombre que abrió los ojos y boqueó, respirando aire con violencia hasta llenarse los pulmones recientemente restaurados de oxígeno.

Un hombre que había sido Pinhead por muchos años, pero que ahora recuperaba su humanidad y su libertad.

Un hombre llamado Elliot Spencer. 
 

EPILOGO
EL NUEVO SEÑOR DEL INFIERNO  

La policía de Los Ángeles acordonó la mansión de Beverly Hills y sus detectives y médicos forenses revisaron a gusto y placer la escena del crimen. Hallaron tres cuerpos en total: dos mujeres y un hombre. Ambos muertos a balazos, a quemarropa.

De Paul Merchant no había ni rastros. Parecía habérselo tragado la tierra.

Uno de los detectives encargados del caso reparó en la pequeña caja colocada sobre una mesita. Sin duda, una antigüedad de mucho valor, juzgó. Decidió llevársela. No era este un acto noble ni legal por parte de un agente de la Ley, pero sucedía que este policía era corrupto y vicioso hasta la medula, a espaldas de sus compañeros. Obtenía réditos y beneficios extras con el tráfico de drogas y el proxenetismo.

El detective estaba al tanto de los sucios manejos del empresario desaparecido, pero creía en la frase aquella que decía: “Ladrón que roba a ladrón…” y lo que seguía. De modo que no vio a mal tomar la caja para sí mismo y pensar que, tal vez, podría hacerse unos buenos pavos con ella en el mercado negro de objetos antiguos.  

Pero la curiosidad pudo más y esa misma noche, en la privacidad de su apartamento, se halló intentando descifrar frenéticamente el enigma del puzzle. Lo consiguió y una vez más las puertas del Infierno se abrieron de par en par, mostrando todo su horror en su máximo esplendor a la nueva víctima…

Pero no todo era igual. Algo había cambiado totalmente.

No hubo ganchos ni cadenas que arrastraran al detective. Sí un torbellino de fuego, que apareció y lo absorbió, transportándolo –e incinerando su carne en el proceso– hasta un páramo infinito, de dimensiones colosales, donde yacían millones y millones de almas condenadas retorciéndose en agonía. Un páramo que reemplazaba al viejo Laberinto de antaño y que era presidido por una figura parada sobre una plataforma elevada. Una figura cuyo cuerpo exhibía su torso desnudo cosido y flagelado, y una cabeza afeitada y llena de clavos incrustados sin simetría alguna.

Alguna vez, había sido llamado Paul Merchant, descendiente directo de Phillip Lemarchand, el creador de la caja. Todo eso había quedado en el olvido…

Ahora su nombre era PINHEAD, maestro del dolor y nuevo señor del Infierno. Y su reinado acababa de comenzar.

Habló, y estás fueron sus palabras:

-Bienvenidos al Infierno. 
 

ESTA HISTORIA CONTINUARA… 
 

NOTA DEL AUTOR  

Sin duda, al lector fan de Hellraiser le llamará la atención que esta historia tenga ciertos paralelos con la actual serie de comics que se publica en los USA, donde Pinhead abandona el Infierno y vuelve a ser Elliot Spencer. Afortunadamente –espero– esta será la única similitud entre estas historias, ya que pretendo –al menos, eso espero– ahondar por cuenta propia en la mitología de Hellraiser a mi modo, con el mismo Elliot de protagonista. El proyecto todavía está en pañales, así que de momento, solo tienen esta historia donde sale un viejo Pinhead de escena y entra uno nuevo.

Respecto a Phillip Lemarchand –el creador de la caja-puzzle– he decidido utilizar una versión más aproximada a la original pergeñada por Clive Barker que a la cinematográfica de la cuarta película de la saga. El descendiente de Lemarchand tiene el mismo nombre que un personaje de la cuarta película solo como homenaje, así como la aparición de Angelique en esta historia también lo es.

El final del relato merece una explicación aparte. La descripción del nuevo Infierno y del nuevo Pinhead no son invenciones mías. Están tomadas del tráiler de uno de los tantos fallidos proyecto de remake de la saga. El proyecto iba a tener el tentativo título de “Hellraiser: Orígenes”, dándonos a entender que se nos contaría la génesis del universo cenobita –quizás– y de Pinhead. Todo el asunto se cayó en pre-producción y actualmente la encarnación cinematográfica de la saga sigue en el limbo, a la espera de una pronta resurrección.

De momento, las ideas desechadas por otros bien pueden reciclarse y servir para nuevos propósitos. Espero les haya gustado.  

¡Nos vemos en la próxima historia!  

Federico H. Bravo
Febrero de 2016, Argentina.


[1] Escena vista en la segunda película de la saga, “Hellraiser II: Hellbound”.

Hellraiser: Herencia Maldita 03


3
EL DESCENDIENTE  

Los Ángeles. California.
Beverly Hills.

Paul Merchant abrió los ojos, con resaca. Observó detenidamente a su alrededor, a la habitación. El dormitorio estaba hecho un desastre; no podía ser de otra manera. Generalmente, todas las fiestas locas que organizaba en su mansión acababan así. La noche previa todo era diversión, lujuria y descontrol, solo que esta vez la cosa parecía haberse excedido un poco más de lo permitido. Tenía mucha suerte de ser quien era y poseer la fortuna que tenía. Con eso, usualmente le bastaba y le sobraba para mantener a raya –y lo más fundamental, contenta– a la policía de Los Ángeles, consiguiendo que no lo molestaran e hicieran la vista gorda y los oídos sordos a su vida cargada de vicios y excesos.

Era, en toda regla, un tipo afortunado.

Paul no lo sabía, pero la riqueza que tenía se la debía a ciertos acuerdos, pactos y servicios que un antepasado suyo había prestado a poderes sobrenaturales infernales. 

Concretamente hablando, Paul era descendiente directo del francés nigromante que inventó la caja, Phillip Lemarchand. 

Lemarchand, un mediocre creador de pájaros cantores mecánicos no vio la gloria sino hasta inventar la Configuración del Lamento, un acertijo que una vez resuelto, abría directamente las puertas del Infierno. A través de ese medio, Leviathan pudo colarse en nuestro mundo y exigir las almas que requería, para saciar su inenarrable apetito por el dolor y el sufrimiento. A cambio de esas almas, la deidad concedió a Lemarchand fama y riquezas terrenales sin límite, las que el francés utilizó para expandir los medios en los que los sirvientes de Leviathan podrían cruzar a nuestra realidad y recolectar las almas que su dios necesitaba.  

Contrario a lo que se creía, no había en el mundo una sola Configuración del Lamento.  

Phillip se encargó de que las cajas-puzzle fueran varias. Eso sí: todas, con el consabido resultado al ser resuelto el enigma. De modo que, de esa manera, Lemarchand contribuyó con el Infierno. Y murió, rico y poderoso, casi a los ochenta años.

Sus descendientes pronto se desentendieron del tema. Su hijo –conocedor de las perversiones, trasgresiones y brujerías de su padre– no continuó con su legado y se enfocó en dos objetivos bien concretos: seguir aumentando la fortuna familiar y enterrar en el pasado y la ignorancia el pacto diabólico que lo había iniciado todo.

Con el correr de los tiempos, la dinastía Lemarchand olvidó su turbio origen y se convirtió en, simplemente, una familia rica más. Y luego, abandonaron Europa y vinieron a América y su apellido sufrió una ligera mutación, un cambio lógico. De “Lemarchand” pasaron a “Merchant”. 

Paul era el actual descendiente de la familia. Tenía 35 años de edad, era bien parecido y ya estaba cansado del mundo, hastiado.  

Acostumbrado a obtener siempre lo que quería desde pequeño, Paul había crecido como un consentido, que en cuanto tuvo la edad legal y pudo hacerse cargo del comando de las empresas familiares, no dudó en utilizar todos sus recursos para malgastarlos en un sinfín de placeres hedonistas. Bebidas, viajes, mujeres, drogas, crimen, actividades ilegales, droga de nuevo, mujeres otra vez y así, en un interminable circulo vicioso de corrupción.

La juventud se pasó volando. La adolescencia –salvaje, rebelde y con mucho dinero encima– acabó hace rato, pero para Paul la búsqueda del placer continuó. Continuó y continuó, llevándolo a explorar nuevas alternativas, nuevos caminos, nuevos rumbos que antes no tomara, ya sea por negación voluntaria o por omisión.

Pero todo en este mundo tiene un límite. Al comenzar la treintena, un agotado Paul Merchant ya había vivido todo lo que podía vivir y experimentado todo lo que podía… y estaba harto.

Por supuesto no de su vida desinhibida de lujos y de placeres hedonistas, sino de la falta de nuevos estímulos.

Paul Merchant sufría del mismo mal que aquejara a cierto rey famoso de la antigüedad, de quien se dice que lloró a lágrima tendida cuando, luego de conquistar al mundo, comprendió que ya no había nuevos territorios que dominar.  

-Esto no pude seguir así – se dijo un momento después, parado frente a un amplio ventanal con una panorámica visión de Beverly Hills y sus mansiones. Allá a lo lejos se alzaban los rascacielos de Los Ángeles hacia el cielo del amanecer – Esto no puede ser todo lo que hay. Debe haber algo más…

-¿Paul? – lo llamó una voz femenina a su espalda. Deliberadamente, la ignoró. Vestido con una bata de seda roja –seda importada directamente de China– Merchant se sirvió un vaso de whisky y se encendió un cigarrillo, fumando y bebiendo alternativamente – ¿Paul? ¿Cariño? – volvió la voz femenina a la carga – ¿Estás bien?

Molesto, Merchant se volvió hacia ella. Una rubia de cuerpo escultural, apenas tapado por una sabana enrollada, lo contemplaba con ojos soñolientos. Era, sin lugar a dudas, la compañera sexual ocasional de la noche. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí… Nicole. Modelo, 21 años. Y si Paul no recordaba mal, en la cama allá en el dormitorio, yacían todavía Mara –23, brasileña, piel oscura. Fogosa y desinhibida en los juegos amatorios– y Robert –de 26, actor, bisexual, un encanto juvenil de físico bien torneado. Un chico con talento, con un gran futuro por delante en su rubro artístico, sin duda–.

Todos ellos, al igual que Nicole, habían sido parte de la parrandesca diversión nocturna en su mansión. Por supuesto, había habido más gente, pero era evidente que se marcharon temprano, despreocupándose por la mugre y los daños ocasionados a la casa. Total, Paul pagaba todo, que “pasta” era lo que menos le faltaba.  

Esos eran sus amigos. Una banda de parásitos y adulones. Juerguistas y hedonistas que vivían a costilla de su dinero y de su ansia por apetitos físicos nuevos y desmedidos. Nada más.  

-¿Paul? – Nicole volvió a hablar. Merchant se hartó. Arrojó el vaso de whisky contra una pared, haciéndolo añicos y luego buscó su pistola. Un arma muy hermosa, que había costado lo suyo, sin lugar a dudas. Siempre la llevaba cargada.

Al verlo con la pistola, a Nicole le entró pánico. Echó la sabana al piso y salió corriendo a los gritos hacia el dormitorio, para despertar al resto de sus amigos. No llegó a entrar en el cuarto: la bala asesina le perforó el pulmón por detrás y acabó con su vida.

Cuando Paul entró en el dormitorio, Mara y Robert saltaban de la cama, aturdidos y asombrados. Sin mediar palabra, Merchant los mató a ambos, dejando sus cadáveres allí tendidos, entre los charcos rojos de su propia sangre.

Acto seguido de cometer los homicidios, volvió al living de la casa y tomó asiento en un sofá, contemplando el amanecer por la ventana. Fumó despacio su cigarrillo hasta acabárselo y luego observó su arma. Vaciló sólo un instante antes de ponérsela en la sien y jalar el gatillo.  

La bala nunca llegó a salir de su sitio.

El tiempo en el mundo terrenal se había detenido.

La luz del amanecer se fue, reemplazada por una triste penumbra.

Intrigado, Paul observó un objeto que antes no estaba allí, colocado enfrente suyo sobre una mesita para tomar café. Una pequeña caja laqueada, de pulidas superficies broncíneas llenas de arabescos indescifrables.

Con cierto estupor, tomó la caja y pronto sus dedos se movieron sobre ella, como poseídos y con vida propia, desentrañando el enigma.

El anhelo, el deseo, todo eso volvió a él. Comprendió en ese fugaz instante que la caja era su pasaporte a un mundo más allá de la mediocridad y que estaba destinada a él, ligada a él, por una curiosa y desconocida línea de sangre.  

Al acabar su trabajo, la Configuración del Lamento se abrió. 

Cadenas y ganchos emergieron de su interior y se clavaron en su carne. Paul gritó y su alarido se vio prolongado y perdido en la vasta dimensión infernal a la que fue transportado. Un lugar tétrico y tenebroso donde un sujeto vestido con un traje de cuero negro y la cabeza calva llena de clavos incrustados le esperaba, con una sonrisa sardónica en los labios… 

miércoles, 24 de febrero de 2016

Hellraiser: Herencia Maldita 02


2
INTERCAMBIO  

Su nombre era Angelique, Princesa del Dolor.

Era una atractiva cenobita –dentro de los retorcidos parámetros y cánones estéticos de los demonios del Infierno– vestida con ropa de cuero y la piel pelada de su cráneo abierta de par en par, mostrando el hueso sangriento que había debajo.

Era la hija predilecta de Leviathan, deidad suprema de aquella región estigia y tenía el curioso honor de haber sido la primera criatura maldita creada de su estirpe.

Para los condenados y sus torturadores, Angelique era lo que para los hombres y mujeres fue en su momento Eva. Con ella se iniciaba la dinastía sangrienta de servidores de Leviathan. Las leyendas afirmaban que, también con ella, terminaría…

Pero Angelique estaba lejos de ser la protagonista de este drama. De hecho, el protagonista acudió a ella directamente y lo hizo por una razón: anunciarle su irrevocable decisión.

-¿Por qué? – fue la única pregunta que Angelique le formuló a Pinhead, luego de escucharlo. El cenobita la miró, con sus ojos profundos y cavernosos desde un rostro pálido, surcado por líneas y del que emergían clavos incrustados en él.

-¿Por qué? – repitió, con su voz gruesa. Suspiró – Hastío. Cansancio. Aburrimiento. Tedio… ¿Alguna de estas razones son válidas para ti, princesa?

-De todos nosotros, tú has sido el sirviente más aplicado de nuestro Padre – terció Angelique. Al contrario que Pinhead, su voz era sutil, suave como la seda. Casi seductora, a su modo – Leviathan te reconoce como su Sumo Pontífice. Has sido el sacerdote y guardián más digno de estas regiones… y ahora, vienes y me dices que te quieres ir. Que quieres abandonarlo todo y regresar a tu mundo de origen. Y cuando te pregunto la razón, esgrimes el tedio y el hastío de tus funciones – hizo una pausa, frunciendo el ceño – Así no son las cosas y tú bien lo sabes – Angelique le puso una mano en el hombro, con cierta firmeza – Cuando resolviste el enigma de la caja y llegaste aquí, nos entregaste tu alma y tu carne. Eres nuestro para siempre.

Pinhead retrocedió, soltándose de ella. La miró gravemente.

-He servido al Infierno y he disfrutado de sus placeres, sí, es verdad – admitió – pero ya no. Ya no siento más anhelo, más deseo que no sea liberarme de mi cargo. Deben dejarme partir. Vine voluntariamente aquí y deseo irme de la misma manera. Recuerda: fue el deseo, el anhelo, lo que movió mis dedos y me impulsó a resolver el enigma de la caja.

Angelique no dijo nada. Simplemente lo observó. En ese momento un feroz sonido, como el de una trompeta colosal, sonó por todo el Laberinto estremeciendo sus paredes. Era la voz de Leviathan; la deidad hablaba y su hija escuchaba.

Angelique cerró los ojos y asintió. Cuando volvió a abrirlos, comunicó el mensaje:

-Nuestro dios concede tu pedido – le informó a Pinhead – Puedes irte y volver a la Tierra… pero con una condición.

-¿Cuál es?

-Alguien tiene que ocupar tú puesto – Angelique se cruzó de brazos, seria – Leviathan reclama un intercambio justo: tu alma por otra.

-Entiendo…

-No puede ser cualquier alma – recalcó la cenobita, con énfasis – Tiene que ser similar a la tuya. Tus mismos deseos, anhelos, apetitos…

Pinhead esbozó una pequeña sonrisa.

-Lo comprendo – dijo – No se preocupen. Tengo al candidato perfecto. 

Hellraiser: Herencia Maldita 01


Escrito por Federico H. Bravo  

1
HASTIO
 

El Infierno.
En los sombríos dominios de Leviathan.

Pinhead observaba en silencio la horrible tortura a la que era sometido el condenado, otra víctima incauta que luego de resolver el enigma de la Configuración del Lamento –la caja-puzzle–, había pagado cara su hazaña en cuerpo y alma. Justamente en ese mismo instante, cientos de horribles cadenas terminadas en ganchos se cebaban con él, tirando y desgarrando piel y carne, convirtiendo al hombre en un amasijo carmesí, similar a una media res colgada.

Durante todo el proceso, el sujeto no había parado de gritar. Y nunca lo haría; una de las virtudes sobrenaturales de aquel reino de pesadilla que Pinhead y sus hermanos cenobitas habitaban era que los condenados vivían allí en perpetua agonía. Nadie podía morir, de modo que no existía escape alguno.

La tortura era eterna.

El hombre gritaba y aullaba, cada vez con más fuerza, mientras ganchos con cadenas volvían a hundirse y perforar su carne una y otra vez. Pinhead permaneció mudo, contemplando el sangriento espectáculo hasta que ya no pudo resistirlo más. El cansancio, el hastío y el aburrimiento, sumados a la desesperación, invadieron su alma. Sin poderse contener, alzó la voz y dijo una sola palabra:

-¡Basta!

De inmediato, la tortura cesó. Las cadenas desaparecieron y el condenado cayó al piso, convertido en un amasijo descarnado y sanguinolento, todavía vivo.

El cenobita le dio la espalda y se marchó, ignorando sus constantes lloros y lamentos. De hecho, por primera vez en años, ignoró también el resto de quejidos, llantos y alaridos que espantosamente llenaban el Laberinto, expresiones de angustia y de dolor, mantra habitual del Infierno.

Pinhead ignoró todo aquello y se retiró a sus aposentos, a su cámara privada, donde se encerró voluntariamente durante mucho tiempo…

Al volver a salir, lo hizo decidido y con una sola cosa en mente: renunciar a su puesto.

martes, 23 de febrero de 2016

Decepción y estafa


Dos palabras con las que siento que debo calificar el último episodio de ayer de la mini-serie de X-Files. Sabía que solo iban a ser seis capítulos. De hecho, me entusiasmó mucho el primero, me pareció potable el segundo, con el tercero me desternille de risa, el cuarto me pareció término medio, el quinto me resulto malísimo –no se salva ni por ver a Mulder bailando– y ahora el sexto, el final… un bodrio de proporciones cataclismicas.
Y creo que como fan de esta serie durante toda la década de los noventa, tengo derecho a expresar mi disgusto por la manera abierta y sin sentido en que quedaron las cosas.
Hablemos claro: si esta hubiera sido una temporada propiamente dicha en los viejos tiempos de la serie, tendríamos al menos la tranquilidad de saber que el año que viene regresarían Mulder y Scully y veríamos cómo acababa la cosa. Si bien dicen que es muy probable que haya otra nueva mini-serie, Chris Carter –creador de todo esto– también admitió que en la FOX lo tienen difícil por la apretada agenda de David Duchovny y Gillian Anderson. ¿¿¿Apretada agenda??? ¡Nunca oí una excusa tan pobre!
Ahora, que la cosa acabe coherentemente y que a los fans nos den un final digno de la serie, depende de los caprichos de dos actores, a quienes amamos, pero que también deberían entender que no nos pueden dejar con ESE final… un final que no solo es abierto, sino que solo podría desembocar en dos maneras: irremediablemente o Mulder y Scully salvan al mundo de nuevo o directamente el Apocalipsis comienza y todos terminan muriendo.
No sé ustedes, pero viendo ayer el final de la mini-serie y sabiendo que dependemos de la “apretada agenda” de los dos actores protagonistas para ver si la cosa continúa o nos dejan con ese mal gusto en la boca, me siento decepcionado y estafado. Como fan que siguió la serie original, más que nada.
¡A la final, tenía razón cierto viejo suplemento dedicado a la vida extraterrestre que salía por el diario Crónica acá en Argentina! En dicho suplemento, el autor de una nota lapidaba la serie de TV en su mejor momento –allá por los noventa– y nos decía –preveía– que todo podría terminar con Mulder y Scully siendo llevados por los marcianos en una nave. Viendo el final de ayer de la mini-serie, pienso que este tipo resultó un visionario con su incisiva critica…
Que decepción, mi Dios. L

sábado, 20 de febrero de 2016

El remake de Hellraiser que no fue…


Hace cierto tiempo atrás, hubo un proyecto en concreto para traer a la vida un nuevo film de la saga de pesadilla de Hellraiser, una de las mejores creaciones del escritor Clive Barker cuyo “villano” principal, Pinhead, se ha convertido en todo un icono de la misma.
El proyecto de remake se titulaba Hellraiser: Origins. Lamentablemente, se cayó en pre-producción –cosas que suelen suceder con mucha frecuencia en Hollywood por estos días– y la cosa no ha pasado de un fabuloso tráiler que hoy les traigo para que puedan ver todos ustedes. Un tráiler de una película que, de haberse hecho, hubiese sido bastante llamativa de ver. No solo hubiera inyectado nueva vida a una popular saga de terror alicaída en estos tiempos, sino que hubiera renovado toda su estética de sadomasoquismo infernal.
::suspiro::
Con ustedes, la película que no fue… Hellraiser: Origins.

 

Cosas a destacar del tráiler:
·         La estética es impresionante. No solo se mantiene intacta la idea del cubo-puzzle (La Configuración del Lamento) sino que se acentúa su vital importancia como puerta al mismísimo Averno. Es la escena del inicio. Lo que nos lleva inmediatamente a…

·         …Al Infierno. Una pesadilla terrible de cuerpos vivientes retorciéndose en una eterna agonía, acorde con aquella idea de dolor perpetuo no solo de los infiernos judeocristianos, sino de la dimensión de origen de los Cenobitas. Ya no se ve un laberinto con el Leviatán flotando al fondo, pero lo que lo reemplaza es… tremendamente horrible.

·         Pinhead. Se ve decididamente diferente al original. Ya no tan limpio, ni con tanto cuero encima, sino más bien descarnado y con las flagelaciones de su cuerpo a la vista. Una imagen inquietante con clavos adheridos a su cabeza, que nos mira y nos saluda con su clásico “Bienvenidos al Infierno”. Yo soy fan del original –magistralmente interpretado por Doug Bradley– pero esta versión en carne viva –nunca mejor dicho– de Pinhead no ha estado nada mal.
En síntesis, que hubiera sido una película interesante de ver. Tal vez hubiese sido buena, tal vez no, pero es una pena que el proyecto se cayera. Habrá que esperar para ver si el susodicho remake se intenta hacer de nuevo o como vienen diciendo, se reinicia la franquicia. Fuere como fuere, yo pienso que si Jason y Freddy tuvieron su oportunidad con sus remakes & reinvenciones, Pinhead y su universo particular merecen la suya.
Infernales saludos a todos!  

viernes, 19 de febrero de 2016

El Negro Libro del Horror, de Curtis Garland


A poca distancia de la abadía de Whitby... El lugar donde, según su compañero de viaje, podía hallarse la raíz misma del Mal... Esperando agazapada durante siglos a que alguien la liberase... de un simple libro nigromántico y mítico, de cuya existencia nadie sabía nada en concreto…
MI OPINION:
Sin duda, Curtis Garland era todo un experto en lo suyo. Un escritor consumado que sabía lo que hacía y cómo hacerlo. “El Negro Libro del Horror” es otra muestra de ello…
Es la historia de un libro maldito, un pariente lejano –casi un primo– del nefasto Necronomicón. Todo lo relacionado a él acaba de una sola manera: en tragedia. Sobre el libro pende una maldición y en sus páginas, dicen que se halla escrito el horror abominable en persona.
Pese a eso, un excéntrico millonario de Londres está decidido a adquirirlo, aun si eso signifique comprar las tierras donde se halla la vieja abadía abandonada en la que el terrible tomo descansa. Acompañado de un joven abogado, el millonario Burn Cavendish viaja al poblado de Whitby, para hallar el libro y de paso, comprar unos terrenos que incluyen la citada abadía y una mansión donde encontrará más de un misterio…
El clima gótico de la novela –gótico y victoriano, ya que está ambientada en el 1880 y pico– está muy bien trabajado. Las descripciones de parajes bucólicos y neblinosos, de pueblos costeros y de terrenos boscosos sazonan a la perfección el horror que se desata sobre los personajes, a medida que la historia avanza. Hay mucha influencia Lovecraftiana en esta obra, desde el libro maldito de arcano saber, hasta el extraño nigromante que vive en la costa y los monstruosos seres subhumanos, creados por la magia oscura. Todo suena a un homenaje a la obra de H. P. Lovecraft –aunque no se cite a ninguno de sus personajes ni a sus dioses-monstruos en parte alguna– y a quien le guste los Mitos de Cthulhu, podrá disfrutar también de esta tenebrosa historia.
La recomiendo totalmente, junto con casi toda la obra de Curtis Garland, de quien me he vuelto un gran fan & admirador.
Saludos a todos.

lunes, 15 de febrero de 2016

Death House: Cuando la realidad supera a la (fan) ficción


Hay cosas que son puramente una coincidencia. Por poner un ejemplo, a un escritor X cualquiera se le ocurre una idea y luego, curiosamente, en Hollywood sucede algo similar y acaban haciendo de ello una película. Así parece estar a punto de ocurrir el año que viene con “Death House”, film de terror que pretende juntar en un mismo sitio a iconos del horror de los 80’s como Freddy Krueger, Pinhead y Jason Voorhees, entre otros monstruos.
Pero primero, la noticia. Aclaro que está extraída del sitio infobae.com. Y dice así:
"Death House": los monstruos de los 80 se reúnen en una película
Al mejor estilo de Los Mercenarios, saga en la que Sylvester Stallone decidió reunir a viejas glorias del cine de acción, hoy la fórmula se repite, pero en el género de terror. Death House reunirá a varios icónicos personajes de los 80, en un filme que promete ser un éxito en la próxima temporada.
El director de Camp Dread (2014) se pone al frente de una película cuyo guion lleva la firma de Gunnar Hansen, el recientemente fallecido actor que diera vida a Leatherface en La Masacre de Texas. Englund, quien interpretara a Freddie Krueger en Pesadilla en El Street y sus siete secuelas; Bradley, Pinhead en la franquicia Hellraiser; y Hodder, Jason Voorhes en la saga Viernes 13, serán los principales protagonistas de Death House.
El reparto del largometraje contará además con otros célebres actores del género de terror, como Dee Wallace, Barbara Crampton, Danny Trejo, Ken Foree, Michael Berryman y Bill Moseley, entre otros. Con respecto a la trama de Death House, la historia presentará "el Área 51 de la maldad", una prisión subterránea dividida en nueve pisos.
"En el 'Infierno', el noveno nivel de Dante, están encerrados los Cinco Diablos... Estos individuos son tan crueles que nunca más deben regresar a la sociedad. Podrían ser incluso sobrenaturales. Los agentes federales Toria Boon y Jae Novak llegan al lugar para observar a los residentes y comprobar de primera mano los experimentos que están llevando a cabo las doctoras Eileen Fletcher y Karen Redmane. Su depravado trabajo sigue la estela de los doctores nazis. Un gas alucinógeno mantiene a los criminales bajo control; se les proporcionan víctimas, vagabundos, para estudiar sus asesinatos. El infierno se desata dentro del recinto cuando una explosión libera a los presos y corta toda comunicación con el exterior. Los protagonistas están atrapados en una carrera contra una horda de monstruos", dice la sinopsis del filme.
(Fin de la noticia. Recuerden la fuente: infobae.com)
Ahora bien… esto debo decirlo. ¡Que argumento terriblemente parecido a mi propio Fanfiction “Monster Nation”!
El asiduo lector de este blog sabe que, hace ya algunos añitos atrás, se publicó por aquí un curioso relato donde ya hacían acto de presencia Freddy, Pinhead, Jason y Michael Myers, junto con otros monstruos, quienes eran capturados por las Fuerzas Armadas de los USA y puestos a trabajar en conjunto para combatir –al mejor estilo “El Escuadrón Suicida”– contra un enemigo en común: el terrorista Osama Bin Laden. El relato –cuya premisa argumental, pese a sonar a algo delirante fue escrito con suma seriedad por quien en este momento teclea estas palabras en este ordenador– cosechó algún que otro éxito relativo, aquí y en varias páginas de Fanfics donde lo presenté, llegando a tener una Segunda Parte –no tan atractiva como la primera, por supuesto– y una Tercera –con otros monstruos, otros personajes y otro entorno–. Ahora, lo más llamativo es encontrarme con que Hollywood en verdad va a hacer una película que reunirá a todos estos engendros.
¿Qué puedo decir? No puedo acusar a nadie de “plagio”, por el simple hecho de que se trata de un Fanfiction y por ende, ninguno de los personajes usados son de mi pertenencia. Tampoco podría, ya que el argumento de la futura película es parecido a mi fanfic, más no igual-igual.
Debo admitir con cierto pesar que este es un típico caso de casualidad. Simple y pura casualidad… o el anhelo de muchos fans de estos monstruos, quienes hace rato que vienen –venimos– pidiendo esto.
Así que no me queda otra que sentarme y esperar a ver cómo será la versión Hollywoodense de aquella loca idea mía, ejecutada por otros. Porque, ¿Qué otra cosa puedo hacer? ¿Denunciar a Hollywood por plagio interdimensional? :P
El título del post no está para nada errado: cuando la realidad supera la (fan) ficción.
Cosas que pasan. L
Saluditos!

sábado, 13 de febrero de 2016

Expedientes X: Combate al Futuro, de Elizabeth Hand


En el subsuelo de un apacible pueblo del norte de Texas, el futuro de la humanidad espera…
Después de cuarenta años, los miembros de una conspiración global saben que finalmente se acercan a la consumación de su siniestro proyecto. Sólo los agentes especiales del FBI Fox Mulder y Dana Scully vislumbran la pesadilla que aguarda al resto del mundo: una invasión alienígena provocada por el más devastador virus de la historia.
Y sólo ellos saben que la verdad ya no está ahí fuera.
Ahora está aquí.
MI OPINION:
Antes de empezar, conviene ponernos en situación espaciotemporal respecto al fenómeno que fueron –y siguen siendo– los X-Files. Corría la década del noventa en el pasado siglo XX y una serie de televisión de ciencia-ficción, terror y drama rompía records en cuanto a ratings en la cadena FOX en USA y en el mundo. Dicha serie eran los Expedientes X, las aventuras –y desventuras– de dos agentes del FBI, Mulder y Scully, mientras investigaban casos con ribetes paranormales de todo tipo. Él era crédulo, ella era escéptica y entre los dos formaban un dúo maravilloso que se complementaba perfectamente y avanzaba con la seguridad de una maquina aceitada…
En 1998, entre la sexta y la séptima temporada –si no me equivoco– salió en los cines la primera película de la saga de X-Files, el desembarco natural de un éxito de la tele en la pantalla grande. Aquella historia ahondaba en el misterio alienígena que el show televisivo solía explorar –y era su principal impulsor–. Con David Duchovny y Gillian Anderson en sus respectivos papeles, la peli tuvo un moderado éxito y sirvió para que la cosa continuase en la misma serie de televisión otra vez, como si de una especie de retroalimentación se tratase.
Inevitablemente, tenía que llegar la novelización del film.
La encargada de haberla hecho fue Elizabeth Hand, quien concibió este libro basándose en guiones de Chris Carter –el creador de la serie–. De esta autora no puedo decir mucho, ya que no le conozco otra obra más, salvo la adaptación del primer episodio de “Millenium”, la serie de TV hermana de X-Files.
Respecto a la novelización en sí misma…
La historia sigue siendo la que vimos en la pantalla grande: Mulder y Scully enfrentados a un nuevo misterio. Uno grande. En el momento en que la acción se inicia, los Expedientes X –la sección de casos extraños que ambos investigaban y archivaban para el FBI– había sido cerrada por sus superiores y los dos agentes tenían que ver cómo lidiar con sus vidas a partir de ese punto. La calma no duraría mucho, rompiéndose cuando un extraño hecho ocurrido en Dallas (Texas) volviera a llamarlos a la acción. Un ancestral plan alienígena para colonizar nuestro mundo estaba en marcha y solo Mulder y Scully podrían frenarlo…
La novelización no es larga y ese es un factor positivo. Con un buen ritmo, Elizabeth Hand nos cuenta la misma historia que vimos en los cines pero desde una perspectiva más íntima, más de cerca de nuestros personajes. Y los elementos que hicieron popular a la serie durante aquellos tiempos están aquí sin falta: el Fumador, los hombres en las sombras, la conspiración, los alienígenas colonizadores, el “aceite negro”, etc. Todo este episodio no sería nada más que la punta del iceberg de lo que luego acabaría convirtiéndose en lo que seguiría hasta el final de la serie en 2002 y la ahora mini-serie de 2016.
Como dato curioso & frikie, debo decir que adquirí mi ejemplar por esas mismas fechas (1998) en Eternia Comics, tienda en la que suelo comprar (o solía) historietas. Se me entregó el libro con un bonito poster de la peli, el cual estuvo colgado durante mucho tiempo en mi habitación hasta que pasó a mejor vida por ciertas roturas que sufrió –cosas que suceden, je–.
EN SINTESIS:
La novelización y todos los libros sobre X-Files, totalmente recomendados. Sin lugar a dudas.
Saludos a todos.  

jueves, 11 de febrero de 2016

El Regreso de los Expedientes X


El 24 de enero de este 2016 que recién comienza, debutó en FOX el primer capítulo de la mini-serie que nos ha traído de regreso las aventuras de Mulder y Scully, los dos hiper-famosos agentes del FBI que tantas alegrías –y sustos– nos dieron allá por la década del noventa y principios de los 2000.
Es innegable que el paso del tiempo se ha sentido en sus dos protagonistas, los actores David Duchovny y Gillian Anderson. Hay que reconocerlo: ambos se ven más viejos. Aunque si bien la edad le sienta –y condenadamente bien– a la Anderson, en cambio lo de Duchovny es otro tema; todavía está medio “durito” retomando un papel que lo consagró y mucho en su momento, el de nuestro querido Fox Mulder.
Edades aparte y años pasados, lo cierto es que a muchos fans de la vieja serie –como yo– nos tocó la veta sensible y melancólica cuando esta nueva andadura de X-Files empezó, con su clásica partitura musical compuesta por Mark Snow. Fue realmente un reencuentro con un universo de ficción que muchos amamos y seguimos fielmente durante los años que duró en emisión el show original.
O más o menos. En mi caso, medio lo abandoné cuando Mulder / Duchovny se retiró del cast y lo reemplazó el insufrible Robert Patrick interpretando al poco digerible John Dogget. Por suerte, luego el bueno de Mulder regresó y –algo es algo– pudo acabar la serie en 2002, con un final un tanto… bien, que dejaba muchísimos cabos sueltos para el futuro.
Futuro que, ahora con la mini-serie, ha llegado.
Hasta ahora, lo que veo me gusta. Hay un nuevo GRAN misterio en puerta y para su resolución, habrá que esperar un poquito. En tanto, nos aderezan la cosa con los clásicos capítulos de relleno que tienen cierto sabor a la vieja serie (el Monstruo de la Semana, los mutantes de turno, el capítulo gracioso, etc).
Los Expedientes X están de regreso. ¡Ojala que no se quede solo en esta mini-serie! Ojala que tengamos más sobre Mulder y Scully actuando en nuestro atribulado mundo actual.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, así que…
QUIERO CREER! J

lunes, 8 de febrero de 2016

La Tierra Permanece, de George R. Stewart


Cuando Isherwood Williams, un graduado en geografía, vuelve de unas vacaciones descubre que todo el mundo está muerto, víctima de un virus. Va a la deriva, observa la degradación del paisaje, plagas de insectos y roedores, y al regresar a San Francisco, encuentra a una sobreviviente y forman una pareja y tienen hijos que vuelven a la manera de vivir de los nativos americanos, completando un círculo. Ish queda como único testigo al pasado y recuerda que `los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece`.
Esta hermosa meditación sobre la ecología, el pasado y la inexorabilidad del cambio, es una de las obras maestras de la ficción especulativa de todos los tiempos.
MI OPINION:
Esta es una hermosísima novela que tuve el placer de leer allá por el año 2005, que es cuando me la compré. Ahora, tanto tiempo después, he decidido abordar su lectura otra vez, reencontrándome con una historia muy buena a la par que también muy triste…
El protagonista es Isherwood Williams, quien por esas cuestiones del azar (o quizás, no tanto) se halla vacacionando entre las montañas cuando se desata una pandemia de proporciones bíblicas. Un virus extraño y desconocido acaba a la práctica con casi toda la población del mundo, dejando a la Tierra deshabitada de nosotros y a la naturaleza libre para actuar a sus anchas. Es así como en el transcurso de varias décadas, el mundo va volviendo paulatinamente a un estado salvaje, pareciéndose más y más a un inmenso jardín o jungla donde animales y plantas proliferan sin control –y sin amenazas–.
Entre este panorama desolador –para lo que fuéramos nosotros, los humanos– Ish se erige como líder de una comunidad de sobrevivientes que se ubican cerca de las ruinas de la antigua orgullosa ciudad de San Francisco. La novela trata del día a día de estas sencillas personas y sobre las dudas, temores, sueños y esperanzas de Ish sobre el futuro y el renacer –posible de la civilización humana.
Es –como ya he dicho– una novela muy buena, pero también es muy triste; el Fin del Mundo propuesto por el autor es realmente el fin de la civilización, ya que pese a todo el desastre –llamado en la novela, justamente, El Gran Desastre– como reza el dicho “los hombres pasan /  pero la Tierra permanece” .
Como datos negativos o contras, este libro tiene cierta ingenuidad en algunos de sus planteamientos. Por ejemplo, cuando Ish se da cuenta de lo sucedido, el grueso del desastre ya ha pasado. Estando en las montañas, el protagonista se ha perdido el colapso de la civilización por culpa del virus, un virus de origen incierto –hoy en día, bien podría haber sido fabricado en laboratorios por terroristas para la guerra biológica– y al arribar a las ciudades, se encuentra con carreteras desiertas y totalmente transitables y ausencia de cadáveres. Realmente, de ocurrir un ataque vírico como el planteado por la novela, con la agresividad del susodicho patógeno, las calles y avenidas deberían desbordar de vehículos chocados y abandonados y estar llena a reventar de cuerpos en descomposición. No ocurre aquí; para suerte de Ish y su gente, parece que el grueso de la población mundial o bien escapo a alguna parte para morir lejos o bien se encerró en hospitales hacinados. Como sea, es un error que se subsana con lo interesante de la historia…
Para muchos podría resultar aburrido el día de día de una comunidad de gente simple que vive en un mundo post-apocalíptico donde no hay ni zombis ni mutantes. Nada más lejos de la realidad. La Tribu –así se bautizan ellos– tiene momentos tensos que interrumpen su aparente calma, como por ejemplo la aparición de otros sobrevivientes, gente tan diferente y ajena a ellos que pueden poner en peligro a su pequeña comunidad.
Otro dato negativo que mencionaré es el tratamiento que el autor da al personaje de Evie, una chica con problemas mentales –a la que califica lisa y llanamente, en palabras de Isherwood, como una “idiota”– que se une a la gran familia de supervivientes del Apocalipsis. Me dio vergüenza y hasta cierta bronca la segregación a una muchacha tan bonita cuyo único pecado en vistas del autor y de su personaje principal parece ser deficiente mental. ¡Que pobre que un escritor piense eso de gente que padece esta problemática! Sin duda, el Sr. George R. Stewart podría escudarse diciendo que él no piensa realmente eso y que en realidad “es Isherwood, mi personaje, el que lo dice y lo siente”. Es una excusa muy pobre, me temo. La primera vez que leí la novela, también consideré injusto el tratamiento a Evie… lo mismo me pasó en esta ocasión, por lo que aprovecho esta reseña & opinión para repudiar todo destrato, segregación y lo que se parezca a la gente que padece problemáticas de salud mental.
Tengo una madre que trabaja en el área de la salud mental, así que –justamente– sé del tema y no estoy tocando de oído, como suele decirse.
EN SINTESIS:
Es una novela excelente que gustara a casi todo el mundo, en especial a aquellos lectores ecologistas. No hay guerras nucleares aquí, no hay zombis, mutantes ni extraterrestres. Solo un virus que acaba con casi todos nosotros y perdona la vida a la naturaleza, permitiéndoles a los animales y las plantas renacer con la fuerza que se merecen.
Saludos a todos.  

Viaje al Planeta de los Simios (Epilogo)



EPILOGO UNO  

LONDRES. INGLATERRA.
ENERO DE 1900.

El reloj volvió a sonar en la casa de Wells, dando doce campanadas. Era medianoche y afuera, Londres dormía bajo una fría tormenta de nieve, aprestándose a la nueva jornada laboral que comenzaría cuando el sol volviese asomarse en el horizonte.

Philby suspiró. Se levantó de su asiento y se pasó una mano por el rostro, mirando al exterior por una ventana.

-Dios mío, George… Creo que sería un buen momento para tomar algo. No sé… ¿Licor? ¿Brandy? De veras, necesito un trago.

Wells asintió. Se levantó de su sillón y le sirvió a su amigo una copa de oporto. Philby la apuró de un trago. Temblaba.

-¿Y ahora? ¿Cómo sigue esto? – preguntó.

-Lo he meditado bastante antes de que llegases – le confesó George, acariciándose la barba – Y mí única conclusión es esta: debo destruir mi máquina.

-¿Eh? ¿Destruir la maquina? ¿Pero por qué?

-Es lógico, Philby. Es la causa de todo este mal. Un mal que se extiende a través del tiempo, hacia el futuro. Para cambiar ese oscuro mundo, ese temible porvenir, la maquina debe ser destruida. Inmediatamente.

Silencio. Philby miró a su amigo. Vio resolución en su demacrado rostro.

Sin más, George se encaminó a su laboratorio. Philby le siguió. Allí, iluminada bajo lámparas de gas, estaba la máquina, una construcción tan terrible como maravillosa.

Wells alargó una mano y jaló la palanca, sin sentarse en ella. La máquina vibró, pareció girar sobre sí misma y se desvaneció en el aire, sin dejar rastros de su existencia.

-¿Qué has hecho, George? – inquirió Philby, asombrado – ¿Adónde la mandaste?

-A un viaje sin fin al pasado. Puesto que nadie va a bordo para jalar la palanca y detenerla, viajara eternamente, hasta el inicio del tiempo, donde quizás las titánicas energías que crearon nuestro universo la harán pedazos. Eso, suponiendo que tales energías existiesen. De otra forma, simplemente seguirá marchando indefinidamente, sin volver jamás…

Silencio de nuevo. Philby observó que Wells parecía un tanto más aliviado.

-¿Y tú crees que con esto, has cambiado el futuro, George? – le preguntó.

-Estoy seguro. Pero más que por este accionar, lo estoy por otra razón, amigo. ¿Recuerdas lo que Vox 114 dijo sobre mí cuando se lo pregunté en el 2030? Dijo que, hasta 1900, no había más datos sobre mí. Que yo desaparecí misteriosamente en este año. Ahora que he regresado y que la maquina no está más y no tengo posibilidad de recuperarla, la historia irremediablemente va a cambiar.

-Válgame Dios. ¡Es cierto!

-¿Lo ves? Esto nos demuestra que nada, absolutamente nada está escrito en piedra. El futuro ya es otro, aunque no lo veamos, Philby. Respecto a mí, a partir de mañana, amigo mío, voy a comenzar la vida que realmente debería tener.
 

Los dos volvieron a la casa. Wells ayudó a su amigo a ponerse su abrigo y su sombrero. Ambos se despidieron en la puerta de la vivienda, mientras el cochero aguardaba con los caballos listos.

-Entonces, George… ¿Dejaras las ciencias? ¿Vas a dedicarte a otra cosa?

-Sí. Creo que sí. Voy a tratar de seguir mi otra pasión: la escritura.[1]

Philby sonrió. Ambos se estrecharon las manos con fuerza.

-…Y tal vez, consiga novia y me case. Ya basta de esta vida solitaria para mí. Estuvo bien mientras duró, pero se terminó.

-Eh… un consejito al respecto, George…

-Dime.

-Ya sabes que esto no te lo diría si no fuéramos amigos de verdad…

-¿De qué se trata, David?

-Si estás pensando en conquistar a alguna dama que se precie como tal, mejor córtate el cabello. Ah, y aféitate esa barba, ¿quieres? Dudo que con esa facha, consigas algo.

Wells rió. Philby se tocó el sombrero, subió al carruaje y se marchó.

George lo observó alejarse con melancolía. Luego, volvió al interior de la casa y cerró la puerta.
 

EPILOGO DOS  

NORTEAMERICA.
3955.

Taylor y Nova cabalgaban sobre su caballo por las costas adyacentes de la “Zona Prohibida”, dejando atrás a sus amigos Cornelius y Zira, y a su enemigo, el pérfido orangután Zaius. El astronauta –cuya nave se estrelló hace poco en aquél extraño planeta– iba preguntándose cómo podían su compañera y él continuar con sus vidas ahora que eran fugitivos de los simios que gobernaban ese mundo, cuando de repente divisó algo llamativo al frente. Algo sumamente familiar para él –demasiado– y totalmente incongruente con todo lo que había visto y creía…

-No… No puede ser – Taylor desmontó del caballo y se acercó para mirar. No había duda alguna; sus ojos no le estaban jugando una mala pasada.
 

Allí, semi-enterrado en la playa, se alzaba el torso superior oxidado de la Estatua de la Libertad.
 

Taylor se desplomó en la arena, abatido.

-¡Malditos sean! ¡Malditos sean todos! – gritó, comprendiendo la cruda verdad: aquello era la Tierra en el futuro, no otro planeta como había creído – ¡Lo hicieron! ¡Finalmente, lo hicieron! ¡Nos destruyeron a todos! ¡¡Malditos sean!!
 

¿FIN?

 

NOTA FINAL DEL AUTOR  

Esta historia acababa originalmente con el epilogo uno. Un final muy acorde a como acababa la película de “La Máquina del Tiempo” de 1960, ahora con el viajero del tiempo cerrando la puerta de su casa y despidiendo a su amigo Philby. Un preludio a la vida normal y sin sobresaltos extraños que se propone abordar.

Pero luego de haber escrito “ese” final, me arrepentí y comprendí que la saga de “El Planeta de los Simios” es –esencialmente– pesimista. Así que elegí incluir el epilogo dos, con el cual quiero dar a entender que, muy posiblemente, no importa cuántos esfuerzos podamos hacer para cambiar las cosas: el futuro bien podría estar predestinado de antemano por poderes superiores, cuyas últimas intenciones desconocemos.

De este modo, ambos finales están allí. El final “optimista”, con George creyendo que con su accionar evitará el oscuro mundo del futuro donde el simio suplantará al hombre y el “pesimista”, donde Taylor descubre que ese mundo oscuro está ahí y es imposible evitarlo –aunque las causas que llevaron a él podrían ser distintas a la original–.  


[1] Guiño personal al autor original de la novela “La Máquina del Tiempo”, H.G.Wells.