lunes, 3 de octubre de 2016

La Tierra Larga, de Terry Pratchett y Stephen Baxter


1916: El frente occidental. El soldado Percy Blackeney despierta. Está tumbado sobre la fresca hierba de primavera. Puede oír el canto de los pájaros y el viento entre las hojas. ¿Dónde están el barro, la sangre y el bombardeado paisaje de la tierra de nadie? Es más, ¿dónde se ha metido Percy?
2015: Madison, Wisconsin. La oficial de policía Mónica Jansson explora los restos incendiados de la casa de un huraño -algunos dicen que loco, otros peligroso- científico que parece haber desaparecido. Rebuscando entre los escombros, Jansson encuentra un curioso aparato: una caja que contiene un cableado rudimentario, un interruptor con tres posiciones... y una patata. Es el prototipo de una invención que cambiará la forma en que la humanidad ve el mundo para siempre.
MI OPINION SOBRE ESTA NOVELA
La idea de la existencia de un multiverso siempre me ha resultado atractiva. Confieso que, pese a todo, abordé esta novela con ciertos recelos ya que si bien conozco a Stephen Baxter –un gran autor de ciencia-ficción– desconocía absolutamente a su compañero de ruta, Terry Pratchett. Informándome vía web, descubrí que es un gran autor reconocido de novelas fantásticas, llenas de mucho humor. Temí entonces que iba a encontrarme con un hibrido extraño, a caballo entre un drama de ciencia-ficción hard y la comedia más pasatista. Lejos de ello.
“La Tierra Larga” parte de la premisa de que existe un multiverso. Copias idénticas a nuestro planeta Tierra se hallan repartidas en diferentes realidades alternativas, a las cuales todo el mundo puede acceder gracias a los oficios del buen científico que descubrió el método y antes de marcharse lo publicó en internet: la construcción de un curioso aparato para cruzar entre dimensiones al alcance de la mano. Ah, sí. Un aparato que funciona con una papa, como fuente de alimentación energética.
Sip, suena bizarro y poco serio. Y creo que es fruto del buen humor de Pratchett. Por suerte, ahí está Stephen Baxter para darle cierto aire de seriedad científica al asunto. De hecho, creo que los méritos principales de que el argumento no caiga en lo risible se lo debemos a él.
Como sea: existe un multiverso y todos podemos acceder a él. Siempre y cuando contemos con una cruzadora –así se llama el aparato– y no llevemos encima nada de hierro. Por motivos que se explican más o menos en la misma novela, el hierro no puede cruzar entre dimensiones.
Salvo estos dos puntos, cualquiera puede hacerse a la aventura en las Tierras vecinas, cosa que cientos, miles de personas hacen en cuanto pueden. La civilización entera cambia. La economía global cambia. La sociedad cambia. Hasta la religión se ve afectada. El conocimiento de un multiverso y la posibilidad de desplazarse por él más o menos libremente, lo cambia todo
No puedo decir que este libro tenga un protagonista fijo. Es más una novela coral que otra cosa. Hay, sin embargo, algunos personajes que fungen de hilo conductor. Ahí están Joshua Valienté, quien tiene el poder de cruzar entre Tierras sin un aparato –gracias a un don heredado genéticamente de su madre– y Lobsang, una especie de entidad artificial, una bizarra IA quien afirma ser la reencarnación de un motorista tibetano muerto –a mí no me miren; Terry Pratchett y su humor extraño de nuevo–. Básicamente, estos dos se disponen a explorar el multiverso, viajando hasta los confines del mismo, y hallando en su camino cosas bastante peculiares y (¿por qué no decirlo?) sorprendentes. Es que a medida que uno se aleja de la Tierra Datum (así llaman en la novela a nuestra Tierra. Parece ser que “Tierra Prima” lo tenía registrado DC Comics, je) se va internando en mundos más salvajes y extraños.
Más allá de Joshua y Lobsang, la novela rota entre las vivencias de algunos de los colonos que se mudan a los mundos más cercanos a casa, un verdadero tour al estilo el Viejo Oeste. Hay un par de historias interesantes y es que, cosa curiosa, este multiverso de miles y miles de réplicas exactas de nuestra Tierra no cuenta –paradójicamente– con replicas nuestras. Son Tierras vírgenes al cien por cien, mundos sin humanos donde la naturaleza ha seguido su curso y abundan la vegetación y la fauna animal, libremente.
EN SINTESIS
LO BUENO: Una narración fluida. Un concepto muy interesante. Algo de humor bien manejado; ni tan exagerado, ni tan disminuido. La dosis justa.
LO MALO: Quizás algo de la extensión y el final, ya que queda con una suerte de enganche que nos indica que… ¡hay segunda parte! Y consultando un poco por internet, no solo parece que hay segunda, también hay tercera y habrá cuarta y quinta... Una saga en sí misma, vamos.
CALIFICACIÓN: 10 puntos.  

No hay comentarios: